Dulce tentación 11.

Dulce tentación

Samuel condujo en el más absoluto de los silencios y sin apartar la vista de la carretera hasta que aparcó frente al restaurante y Norah le preguntó antes de salir del coche:

–  ¿Estás enfadado?

Samuel suspiró antes de volver la cabeza para mirarla a los ojos y le respondió tratando de que su voz sonase calmada:

–  No estoy enfadado, pero tampoco estoy contento. – Le confesó Samuel. – Gerard Benson nos ha amenazado con irse con la competencia y saber que le conocías y ver cómo te abrazaba no me ha puesto de mejor humor.

–  ¿Estás celoso? – Preguntó Norah sonriendo divertida.

–  ¿Debería estarlo? – Le preguntó Samuel con el ceño fruncido y sin dejar de mirarla a los ojos.

–  No deberías estarlo y por muchas razones. – Le respondió Norah encogiéndose de hombros. – Eres mi jefe, se supone que no deberíamos estar haciendo esto.

–  Si supone un problema para poder salir contigo, el lunes pongo mis acciones a la venta. – Le dijo Samuel sin bromear. – Dame una oportunidad para conocerme, olvídate que soy accionista de Events. Si decides no seguir viéndonos yo lo aceptaré y no te molestaré. Ya te dije que mis intenciones no eran cambiar el funcionamiento de Events, por lo que no tendrás que verme si no quieres.

–  De acuerdo, pero tienes que dejar de fruncir el ceño. – Le dijo Norah con dulzura, besándolo levemente en los labios.

–  Una cosa más, ¿has tenido algo con Benson? – Le preguntó Samuel.

–  Me salvó la vida cuando tenía quince años y desde entonces siempre se ha preocupado por mí. – Le dijo Norah. – Es como un hermano mayor, no tienes ningún motivo para estar celoso de él.

–  De acuerdo, pero continuaremos con esta conversación en otro momento. – Sentenció Samuel y le dio un beso en los labios. – Vamos a entrar, Josh y Amy estarán esperándonos.

Bajaron del coche y entraron en el restaurante cogidos de la mano. Josh y Amy les esperaban sentados en una de las mesas y se unieron a ellos.

Mientras cenaban y bebían, Amy sacó el tema de que pasarían el fin de semana en Palmville y eso hizo que ambos amigos arrugaran la nariz, sobre todo ahora que sabían que probablemente allí las chicas se encontrarían con Gerard Benson.

–  Por cierto, mis abuelos quieren que paséis el fin de semana con ellos si no estáis ocupados, les gustaría agradeceros lo que ambos estáis haciendo. – Les dijo Norah.

–  Se lo prometí a Anne, así que cuenta conmigo. – Le confirmó Samuel.

–  ¿Qué dices tú, Josh? – Le preguntó Norah.

–  Me encantaría ir, si a Amy no le importa. – Contestó Josh tímidamente.

–  Me encantará que vengas, pero debes saber que mis padres viven en la casa de al lado de los abuelos de Norah. – Le advirtió Amy.

–  Me muero de ganas por conocer a tus padres, muñeca. – Le dijo Josh divertido.

Amy besó a Josh y Norah se acercó a Samuel y le susurró al oído:

–  Deja de pensar en Gerard, estoy segura de que acabará firmando el contrato con vosotros.

–  No es eso lo que me preocupa. – Le dijo Samuel.

–  Pues no tienes ningún otro motivo para preocuparte. – Le recordó Norah la conversación que habían tenido en el coche. Se acercó aún más a él y le susurró sin que nadie más la escuchara: – Tendré que ocuparme de quitarte toda esa preocupación esta noche.

–  ¿Cómo piensas hacerlo, pequeña? – Le preguntó Samuel sonriendo descaradamente.

–  Tendrás que esperar para averiguarlo. – Le contestó Norah sonriendo pícaramente.

Entre bromas y risas terminaron de cenar y se fueron a tomar unas copas a un pub cerca del centro de la ciudad, en uno de los barrios que se había puesto de moda.

Tras tomar un par de copas y bailar un par de canciones, Norah regresó a sentarse junto a Samuel que no había dejado de observarla sentado a la mesa.

–  ¿Nos vamos a casa? – Le preguntó Norah tras besarle en los labios.

Samuel asintió, le devolvió el beso y, tras despedirse de Amy y Josh, salieron del pub y se subieron al coche de Samuel. Él condujo en dirección a su casa y Norah, que pensaba que pasarían la noche de nuevo en su casa, le dijo al ver la dirección que tomaba:

–  Vas en dirección contraria.

–  Vamos en la dirección correcta, te llevo a mi casa. – La informó Samuel.

–  ¿A tu casa? – Preguntó Norah sorprendida.

–  Sí, a mi casa. – Le confirmó Samuel.

Llegaron a una casa enorme situada en el barrio más caro y elegante de la ciudad. Una casa demasiado grande para que viva un solo hombre. Samuel le enseñó a Norah toda la casa y dejó su habitación para lo último, donde pensaba pasar con ella el resto de la noche. Norah adivinó las intenciones de Samuel en cuanto vio aquel brillo en sus ojos y decidió ponérselo fácil, se volvió hacia a él y, a un metro escaso de distancia, se desnudó frente a él, dejando caer su vestido al suelo y quedando vestida tan solo con su ropa interior.

–  Pequeña, eres realmente tentadora. – Le dijo Samuel con la voz ronca.

Se acercó a ella despacio y la envolvió entre sus brazos al mismo tiempo que la besaba y acariciaba. Norah empezó a deshacerse de la ropa de Samuel y él la dejó hacer mientras acariciaba sus pechos y mordisqueaba sus pezones.

Pasaron la noche haciendo el amor una y otra vez hasta quedarse dormidos completamente agotados por el desgaste de energía.

2 pensamientos en “Dulce tentación 11.

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