Déjame sin aliento 4.

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Carolina había pasado una semana bastante agitada. Desde que el sábado por la noche se encontró de nuevo con Lucas, su imaginación tenía voluntad propia y no obedecía a la razón. Necesitaba mantenerse concentrada en el trabajo para no pensar en él y, por las noches, era inevitable que apareciera en sus sueños y se adueñara de su subconsciente.

–  Carol, ¿me estás escuchando? – Le preguntó Lorena a su amiga zarandeándola por el brazo al ser la tercera vez que le hablaba sin obtener respuesta.

–  ¿Qué? – Preguntó Carolina distraída. – Perdona, no te estaba escuchando.

–  Lo sé, llevas así toda la semana. – Se quejó Lorena. – Te estaba preguntando por el proyecto, ¿sabes ya si han tomado una decisión?

–  No, aún no. – Respondió Carolina mientras terminaba de tomarse el café antes de ir al trabajo. – Esta mañana tenemos una reunión con los inversores, espero que hayan escogido a nuestro gabinete. – Cogió su bolso, le dio un beso en la mejilla a Lorena y añadió antes de salir rumbo al trabajo: – Me voy que llego tarde, ¿comemos juntas?

–  He quedado con David en el restaurante vasco que hay a dos calles de tu oficina, ¿te apuntas?

–  Sí, te llamo cuando salga de la reunión.

Lucas estaba en el gabinete del hermano y a la vez socio de su jefe, Fernando Luján. Fernando había creado junto a su hermano Moisés un gabinete de arquitectos pero cuando alcanzaron la fama decidieron dividirlo en dos partes y cada uno se ocupaba de una en sus respectivas oficinas. Pese a que estaban ubicados en distintos edificios, a efectos prácticos seguían siendo un único gabinete.

Esta vez se habían reunido para  recibir la visita de unos inversores muy importantes que habían organizado una especie de competición entre gabinetes de arquitectos de todo el mundo y el ganador se haría con el contrato del diseño de un museo de arte e historia que otorgaría al gabinete mucho dinero y un mayor reconocimiento a nivel internacional. Fernando le había hecho participar y había enviado su proyecto justo un día antes de conocer a Carolina. Si la hubiera conocido antes, no hubiera sido capaz de concentrarme y acabar el proyecto, reflexionó Lucas mientras esperaba sentado en aquella sala de reuniones a que los inversores llegaran.

–  Buenos días, Lucas. – Lo saludó Moisés, el hermano de Fernando. – ¿Qué tal va todo?

–  Buenos días, señor Luján. – Le dijo Lucas estrechándole la mano. – Estoy impaciente por conocer la decisión de los inversores.

–  Lo sabremos en una hora. – Respondió Moisés alegremente, pero su gesto cambió cuando vio entrar en la oficina al mensajero de la floristería cargado de ramos de rosas. – Me temo que el día se nos acaba de complicar.

–  ¿Qué ocurre, hermano? – Le preguntó Fernando al ver su reacción.

Pero no hizo falta que Moisés le explicara nada porque en ese preciso momento salió del ascensor Carolina y, tras intercambiar un par de palabras con la recepcionista, cogió la tarjeta que acompañaba aquellos ramos y, tras leerla, la introdujo en la trituradora de papel y se encaminó hacia la sala de reuniones, donde los tres hombres la observaban tras aquella pared de cristal.

–  Buenos días. – Saludó Carolina alegremente al entrar en la sala de reuniones, pero su gesto se endureció al ver allí a Lucas.

–  Buenos días, Carolina. – La saludó Fernando con un par de besos en la mejilla. – Me alegro de verte, sigues tan preciosa como siempre.

–  Yo también me alegro de verte, Fernando. – Le respondió algo aturdida. Se volvió hacia a Moisés y le preguntó: – Moisés, ¿podemos hablar un momento? En privado.

–  ¿No piensas saludar a los amigos, Carolina? – Le dijo Lucas molesto por su actitud.

–  ¿A qué amigos? – Le replicó Carolina.

Fernando y Moisés se miraron sorprendidos y el segundo preguntó:

–  ¿Os conocéis?

–  Más o menos. – Respondió Carolina. – ¿Podemos hablar? Es importante, estoy tratando de evitar que tu gabinete se convierta en un maldito jardín botánico.

–  Hablaré con él y, si vuelve a molestarte, le denunciaremos. ¿O prefieres que le denunciemos ya? – Le preguntó Moisés queriendo saber su opinión.

–  Me da igual lo que hagas, sólo quítamelo de encima si no quieres tener que pagar mi fianza. – Le respondió Carolina en un susurro pero que fue audible para todos los allí presentes.

Lucas prefirió no abrir la boca, no tenía ni idea de qué hacía allí Carolina y mucho menos de la extraña conversación que acababa de mantener con Moisés.

–  Carolina, no sé si ya conoces a Lucas Molina, es el mejor arquitecto de mi gabinete. – Le dijo Fernando tratando de suavizar la situación. Se volvió hacia a Lucas y añadió: – Lucas, Carolina Hernández es tan buena como tú en su trabajo, estoy seguro de que tenéis mucho en común.

–  Ni se te ocurra seguir por ahí, hermano. – Le recriminó Moisés. – No pienso dejar que te la lleves.

Lucas y Carolina se estrecharon la mano educadamente y ambos sintieron como el cuerpo del otro se estremeció ante aquel contacto. Lucas sonrió y Carolina se ruborizó, algo que no pasó inadvertido para los dos hermanos que observaban divertidos a aquellos dos jóvenes.

–  Bueno, os hemos reunido una hora antes de la reunión con los inversores porque hay algo que no sabéis. – Empezó a decir Moisés. – Os pedimos a ambos que presentarais un proyecto para el museo y teníamos que decidir entre uno de los dos, pero no fuimos capaces. Tras negociar con los inversores, accedieron a que presentáramos dos proyectos y eso hicimos. Y eso significa que nos hemos presentado al concurso por separado.

Los inversores llegaron antes de tiempo y los hermanos Luján no quisieron hacerles esperar. Tras hacer las presentaciones oportunas, todos se sentaron alrededor de la rectangular mesa de la sala de reuniones y uno de los inversores empezó a decir:

–  Les permitimos presentar los dos proyectos por separado ya que ustedes alegaron que eran incapaces de decirse por uno de ellos. – Hizo una pausa para dar más expectación a sus palabras y añadió: – El caso es que nos ha resultado fácil descartar al resto de gabinetes, pero nos ha ocurrido lo mismo con sus dos proyectos, no hemos sabido decidirnos por uno. Nos gusta la seguridad y la personalidad del edificio diseñado por el señor Molina, pero la pasión y la clase del edificio de la señorita Hernández nos ha dejado a todos impresionados, por no mencionar lo doblemente impresionados que estamos al constatar su juventud.

–  Y, eso exactamente, ¿qué significa? – Preguntó Moisés cansado de tanto rodeo.

–  Como no hemos podido decidirnos por ninguno de los dos proyectos, hemos pensado que lo ideal sería que ambos diseñaran en conjunto un nuevo proyecto, queremos un edificio con vuestras cualidades porque encajan a la perfección, tan solo tenéis que trabajar en equipo. ¿Hay algún problema con eso?

Los hermanos Luján volvieron a intercambiar su mirada, pero esta vez con preocupación. Ambos conocían el carácter de esos dos arquitectos y sabía que aquello no iba a acabar bien, pero tampoco querían que los inversores estuvieran al corriente de los problemas internos. Por suerte, Carolina y Lucas, conscientes de que aquello no era un juego y que de ello dependía su profesión, contestaron al unísono:

–  No hay ningún problema.

Fernando y Moisés respiraron aliviados, habían estado conteniendo la respiración desde que los inversores preguntaron y los arquitectos respondieron. Una vez acordaron un plazo de entrega del proyecto de tres meses, se despidieron de los inversores y los cuatro se quedaron de nuevo a solas en aquella sala de reuniones.

Moisés fue el primero en hablar, sabiendo que ambos arquitectos eran de armas tomar y que aquella encerrona no les haría gracia a ninguno de los dos, especialmente a Carolina, que desde que entró a trabajar en el gabinete dejó sus normas muy claras y una de ellas era que jamás mezclaba el trabajo con el placer y que por placer se refería a todas aquellas personas a las que hubiera conocido fuera del ambiente laboral o que tuvieran otras intenciones para acercarse a ella que no tuviera nada que ver con él con el trabajo. De hecho, ya está bastante molesta por el acoso floral al que la está sometiendo el hijo de Ricardo Villa, uno de nuestros mejores clientes, pensó para sus adentros Moisés antes de decir en voz alta:

–  Sé que esto no es lo que ninguno teníamos pensado, pero así son los negocios. Ambos le habéis asegurado al inversor que no iba a haber ningún problema, ¿debo creer que va a ser así?

–  Ambos somos adultos y responsables, lo suficiente como para saber mantener nuestras diferencias personales alejadas mientras trabajemos juntos. – Le aseguró Lucas.

–  ¿Carol? – Preguntó Moisés esperando su respuesta.

–  Sabes tan bien como yo que no es una buena idea, pero tampoco tenemos alternativa. – Reconoció Carolina tratando de asimilar que iba a tener que trabajar codo con codo con Lucas.

–  En ese caso, el lunes empezaréis el nuevo proyecto juntos. – Sentenció Fernando. – El próximo viernes volveremos a reunirnos para que nos informéis de cómo vais evolucionando.

Tras escuchar aquellas palabras, Carolina asintió y, tras disculparse para atender un asunto supuestamente urgente, salió de aquella sala de reuniones tan cargada de tensión y se adentró en la seguridad de su confortable despacho. Necesitaba estar sola para asimilar los últimos acontecimientos y no podía pensar con la mirada penetrante de Lucas fijada en ella.

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