Déjame sin aliento 19.

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Carolina se despertó en la misma posición en la que se quedó dormida: en el regazo de Lucas y entre sus brazos. Alzó la vista y se topó con la radiante sonrisa de Lucas, que la miraba totalmente embelesado. Ella se estrechó aún más contra su cuerpo y Lucas la abrazó y la besó en los labios.

–  Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?

–  Mejor que nunca, me encanta dormir contigo. – Le respondió Carolina divertida.

–  Me alegra que me digas eso porque quiero pedirte algo.

–  Y por la cara que has puesto supongo que no me va a gustar. – Le responde ella.

–  Cariño, tengo que ir a buscar a mi hermana a casa de Lorena y llevarla a casa de mis padres, que han vuelto de su viaje al enterarse del accidente de Rocío, y me gustaría que vinieras conmigo. – Le dice Lucas con cautela, observando su rostro para adivinar su reacción.

Si la hubieran pinchado, a Carolina no le habrían sacado sangre. Hacía unas horas creía que el hombre del que estaba enamorada la había abandonado y sin embargo ahora le estaba proponiendo acompañarlo a buscar a su hermana y llevarla a casa de sus padres. No me lo puedo creer, ¿quiere que conozca a su familia?

–  Cariño, si no me contestas acabarás provocándome un infarto.

–  ¿Quieres que conozca a tu familia? – Le preguntó Carolina con un hilo de voz.

–  Mis padres y mi hermana están deseando conocerte, cariño. Y yo ya conozco a tu familia, ¿no te parece justo que quiera que tú conozcas a la mía?

Una hora más tarde, ambos regresaban a la ciudad. Llegaron a casa de Lorena y Carolina, donde Lorena cuidaba de Rocío, la hermana de Lucas. Sin dejar de rodear con su brazo la cintura de Carolina, saludó a su hermana y a Lorena y le estrechó la mano a su amigo Jordi para después presentar a su hermana a la mujer que tenía entre los brazos:

–  Cariño, quiero que conozcas a mi hermana Rocío. – Se vuelve hacia su hermana y añade: – Rocío, te presento a Carolina.

–  Por fin te conozco, mi hermano no ha dejado de hablar de ti. – La saluda Rocío al mismo tiempo que Carolina se inclina para darle un par de besos en la mejilla e impedir así que se mueva. – Encantada de conocerte, Carolina.

–  Lo mismo digo, Rocío. – La saluda Carolina. – ¿Cómo te encuentras?

Tras explicar de nuevo cómo fue el accidente, Rocío se puso en pie con la ayuda de Lucas y los tres se encaminaron a casa de los Molina, donde Lucas volvió a hacer las pertinentes presentaciones y Carolina les saludó con una tímida sonrisa. Los padres de Lucas estaban felices de ver a su hijo tan feliz y se mostraban amables con Carolina. La madre de Lucas insistió en que se quedaran a comer, pero Lucas rechazó su invitación para regresar a la Vall d’Haràn y la mujer hizo que les prometieran que pronto regresarían juntos a comer.

–  Descuida mamá, no pienso despegarme de Carolina y pienso seguir viniendo a veros, así que me temo que os guste o no, la vais a tener que seguir viendo. – Bromeó Lucas con sus padres mientras se despedía de ellos. Envolvió a Carolina entre sus brazos mientras caminaban en dirección al coche y le susurró al oído: – Cariño, a partir de ahora soy todo tuyo. Regresaremos a la suite de ese precioso hotel y estaré total y absolutamente a tu disposición.

–  ¿Solo para mí? – Quiso asegurarse Carolina.

–  Solo para ti, cariño. – Le confirmó Lucas. La besó en los labios y le abrió la puerta del copiloto para ayudarla a sentarse. Rodeó el coche y se sentó en el asiento del conductor. – Vamos a buscar a Jordi y Lorena y nos vamos a la Vall d’Haràn, ¿te parece bien, señorita?

–  Me parece perfecto.

Pasaron a buscar a Jordi y Lorena y los cuatro se dirigieron a la Vall d’Haràn en el coche de Lucas, pues el coche de Carolina seguía allí y era una tontería llevar un tercer coche, sobretodo porque Lucas no estaba dispuesto a separarse de Carolina.

Nada más llegar al hotel, dejaron a Lorena y Jordi en la recepción para registrarse, y se dirigieron directamente a su suite presidencial.

–  Cariño, ahora sí que soy todo tuyo. – Le dijo Lucas sonriendo al mismo tiempo que la cogía en brazos y la llevaba a la enorme cama para acurrucarse con ella entre sus brazos. – Me encanta estar así contigo, constantemente en contacto contigo.

–  Pues quedémonos así para siempre, a mí no me importa. – Le respondió Carolina juguetona.

–  ¿Estás agotada pero sigues teniendo ganas de jugar? – Le pregunta Lucas socarronamente. – Cariño, ya sabes que estoy a tu disposición, tan solo tienes que pedirme lo que quieras.

–  Déjame sin aliento. – Responde Carolina son una sonrisa picarona.

Lucas no se hizo de rogar, adoraba a la mujer que tenía entre sus brazos y quería en complacerla en todo lo que ella le pedía, sobre todo si se trataba de dejarla sin aliento…

 

FIN

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