Déjame sin aliento 18.

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Carolina salió del ascensor y se dirigió a la entrada del restaurante. Estaba agotada, pero se había obligado a bajar a cenar porque había hecho una reserva en el restaurante. Cenaría y después regresaría a la suite presidencial, donde trataría de dormir en la enorme cama con dosel que sin duda le haría sentir aún más sola. Se acercó al maître y le dijo:

–  Buenas noches, tenía reserva a las nueve para cenar, a nombre de Carolina Hernández.

–  Sí, aquí está. – Le confirma el maître. – Una reserva para dos personas.

–  ¿Para dos personas? Disculpe, pero creo que…

–  Sí, para dos personas. – Confirma Lucas desde su espalda. La abraza pegando su pecho contra la espalda de ella y le rodea la cintura con los abrazos antes de besarla en la mejilla y añadir: – Cariño, si te hubieras traído el móvil, sabrías que venía de camino.

Lucas aprovechó la sorpresa de Carolina para llevarla rápidamente a la mesa que el maître les indicaba y pidió vino para beber cuando el camarero se acercó.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? – Le pregunta Carolina cuando recobra la capacidad de hablar.

–  Cariño, he venido a buscarte. – Le contesta Lucas acariciando su brazo con las yemas de los dedos desde la muñeca hasta la parte interior del codo. – Soy un imbécil, cuando salimos del restaurante me llamaron del hospital porque mi hermana había tenido un accidente de tráfico y se negaron a darme más información por teléfono. Me olvidé de todo lo demás y me marché al hospital, debí decirte lo que pasaba y por qué me marchaba. Claro que tampoco me imaginaba que fueras a dar por hecho que lo nuestro se había acabado tras la presentación del proyecto.

–  Ese era nuestro trato. – Se defendió Carolina.

–  Carolina, ¿de verdad crees que ese trato tenía algún valor después de todo lo que ha pasado entre nosotros durante los tres últimos meses? – Tras mirarla a los ojos y ver que ella no pensaba abrir la boca, le apretó la mano con ternura y le confesó: – Cariño, te quiero. Debería habértelo dicho antes y no haberlo dado por hecho. Me he portado como un auténtico idiota pero, si me das una oportunidad, te demostraré que estamos hechos el uno para el otro, cariño.

–  ¿Quieres una relación de pareja?

–  Así es, cariño. Quiero acostarme y despertarme contigo todos los días, quiero que salgamos a cenar, quiero llevarte a casa de mis padres y también que me lleves a casa de los tuyos. Por cierto, tengo que llamar a Lorena, la he dejado en el hospital a cargo de mi hermana y probablemente ya le han dado el alta.

–  ¿Qué le ha pasado a tu hermana? – Con todo lo que le ha dicho Lucas, ni siquiera se había dado cuenta hasta ahora que su hermana había tenido un accidente y está en el hospital.

–  Está bien, salvo por una costilla rota y una brecha en la cabeza. – Le contesta Lucas con dulzura, quitándole importancia al asunto. – La han dejado en observación por el golpe en la cabeza, pero le daban el alta esta tarde y Lorena me dijo que se llevaría a mi hermana a su casa para que yo pudiera venir a buscarte.

–  Lo siento. – Murmura Carolina con un hilo de voz.

–  No lo sientas cariño, solo ven y bésame. – Le dice Lucas agarrándola de la cintura y sentándola sobre su regazo, sin importarle dónde se encuentran. – Bésame, cariño. Necesito sentirte cerca, no vuelvas a dejarme.

–  Lo mismo digo. – Le responde Carolina antes de besarle en los labios.

–  Te he echado de menos. Será mejor que no vuelvas a escaparte si no quieres que acabe esposándote a mí.

El camarero regresó y, tras pedir la cena, Lucas llamó a Lorena, quien le confirmó que le habían dado el alta a su hermana Rocío, que descansaba en la habitación de invitados mientras ella y Jordi veían una película en el salón y colgó tras decir que volvería a llamar mañana por la mañana.

Cenaron en apenas media hora y subieron en el ascensor a la suite presidencial. Carolina estaba agotada y Lucas la cogió en brazos cuando las puertas del ascensor se abrieron. Entró a la suite cargando con ella y la depositó con sumo cuidado sobre la cama. Se volvió para cerrar la puerta de la habitación y se sentó en la cama junto a Carolina para empezar a desnudarla. Le quita las botas, los calcetines, los vaqueros y el jersey, y la deja en ropa interior para envolverla entre las sábanas. Le da un beso en la frente y se levanta para coger su móvil y desconectarlo, esta noche no va a estar disponible para nadie, salvo para Carolina.

–  ¿A dónde vas? – Le pregunta Carolina aterrorizada ante la idea de volver a quedarse sola.

–  A ninguna parte, cariño. – Le responde sonriendo y acercándose a los pies de la cama mientras se desnudaba hasta quedarse con el bóxer puesto y metiéndose en la cama junto a ella. – Estás loca si piensas que voy a volver a alejarme de ti, preciosa. – La coge de la cintura hasta colocarla en su regazo y le susurra al oído: – Ahora duérmete, estás agotada.

–  Estoy agotada, pero también estoy demasiado nerviosa como para dormirme. – Le responde Carolina revolviéndose entre sus brazos. – Quizás tú puedas relajarme…

–  Cariño, ¿qué me estás diciendo? – Le pregunta Lucas burlonamente.

–  Lo sabes perfectamente. – Le contesta Carolina con voz sensual al mismo tiempo que desliza sus manos por el pecho y el abdomen de Lucas.

–  Estás agotada, deberías descansar y mañana te dejaré otra vez sin energía. – Intenta convencerla pero sin demasiado énfasis. – Cariño, deja de incitarme o no podré controlarme.

–  No quiero que te controles. – Le susurra Carolina al oído al mismo tiempo que roza descaradamente la erección de Lucas contra el punto donde sus muslos se unen. – Te necesito, necesito sentirte cerca.

–  Cariño, me tienes a tus pies, dispuesto a cumplir todas tus órdenes. – Le contesta Lucas agarrándola del trasero para darle la vuelta y acabar sobre ella. La incorpora levemente para desabrocharle y quitarle el sujetador y después hace lo mismo con las bragas. – Eres preciosa, cariño. – Recorre a besos la suave piel de Carolina, desde el tobillo hasta su cuello, deteniéndose alrededor de su ombligo y en sus pechos, lamiendo y mordisqueando sus pezones hasta hacer que se pusieran duros. – Dime que eres mía y de nadie más, cariño. Yo soy solo tuyo. Solo tuyo.

–  Yo también soy toda tuya. – Le contesta Carolina arqueando la espalda.

–  Entonces pídemelo, cariño. – Le susurra al oído Lucas.

Carolina sabe perfectamente qué es lo que Lucas quiere que le pida y no lo hace esperar para dar su respuesta:

–  Déjame sin aliento.

Con un gruñido gutural, Lucas la besó al mismo tiempo que pasaba sus dedos por la hendidura de ella para esparcir su humedad y facilitar el acceso. Cuando consideró que estaba bien lubricada, llevó su miembro a la entrada de su sexo y le susurró al oído:

–  Te voy a hacer el amor, cariño. Y te voy a dejar sin aliento.

Muy despacio, Lucas se adentró en ella al mismo tiempo que la llenaba de besos por la cara y el cuello con ternura. Nunca antes había sido tan dulce y tan atento como lo estaba siendo con ella, la amaba. Entraba y salía de ella con delicadeza, moviendo las caderas en círculos cuando llegaba a lo más profundo, besando sus labios con verdadera devoción.

–  Te he echado de menos. – Susurra Carolina arqueando la espalda, anticipando las primeras olas del orgasmo que se avecina.

–  Lo sé, cariño. – Le contesta Lucas acariciando su clítoris con el pulgar de una mano mientras que con la otra pellizca y estira sus pezones para después calmarlos con la lengua. – Yo también te he echado de menos, preciosa. – Introduce de nuevo totalmente su miembro en el interior de ella, mueve las caderas en círculos y le susurra al oído: – Cariño, quiero que te corras conmigo. – Le da un beso en los labios y tira de su labio inferior, dejando que se deslice entre sus dientes. – ¿Estás preparada?

–  Hum…

–  Me tomaré eso como un sí. – Bromeó Lucas.

Tan solo dos suaves estocadas bastaron para que ambos alcanzaran juntos el clímax. Se quedaron abrazados unos minutos hasta que recobraron la respiración y Lucas le dijo mirándola a los ojos:

–  Te quiero, cariño. Pero no vuelvas a dejarme así o me dará un infarto. – Carolina abre la boca para protestar, pero él la besa y le dice: – Lo sé, cariño. Te prometo que jamás volveré a comportarme como un tarado, deja que te lo demuestre.

–  Más te vale. – Le advirtió Carolina acurrucándose en el regazo de Lucas antes de quedarse dormida.

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