Déjame sin aliento 16.

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Carolina condujo casi tres horas hasta llegar a la Vall d’Haràn. Su subconsciente la había llevado a uno de los lugares más hermosos en los que había estado pero el cual estaba plagado de los recuerdos que quería olvidar, o al menos tratar de mantener lejos de su mente.

–  Terapia de choque. – Murmuró mientras entraba en el hotel con spa donde tenía pensado hospedarse. Caminó hasta llegar a la recepción y saludó a la recepcionista, una mujer de mediana edad que iba ataviada con un inmaculado uniforme y un moño bajo: – Buenas tardes, tenía pensado hospedarme aquí durante unos días, ¿tienen habitaciones libres?

–  Por supuesto, ¿cuántos días desea hospedarse? – Le contestó la recepcionista con una blanca y perfecta sonrisa.

–  Lo cierto es que no estoy segura, pero entre un mínimo de cuatro noches y un máximo de quince. – Le respondió Carolina ruborizada.

La recepcionista le dedicó una sonrisa de comprensión y complicidad, tecleó en su ordenador y le dijo con amabilidad y dulzura:

–  Si lo que busca es desconectar de la rutina y evadirse por completo, aquí lo conseguirá y le aseguró que incluso regresará. Todos nuestros huéspedes regresan. Tenemos la suite presidencial libre hasta dentro de dos semanas, es nuestra mejor suite y le aseguro que es como de cuento de hadas.

–  De acuerdo, me quedo con la suite presidencial.

Diez minutos más tarde, Carolina se instalaba en la suite presidencial, la que sería su habitación durante los próximos días. Era una habitación amplia, con una decoración rústica afín con el resto del hotel. Nada más entrar, aquella habitación le encantó. La luz entraba por tres ventanales desde donde se veía el valle y las montañas, el paisaje que tanto le había fascinado cuando estuvo allí con Lucas semanas atrás. El mobiliario se componía por una enorme cama de madera con dosel, dos mesitas de noche de la misma madera de la cama, un escritorio también de madera rústica a juego con la silla, un sofá de dos plazas situado frente a la chimenea y un armario de grandes dimensiones. Además de la cama con dosel, el equipamiento del baño fue lo que más le gustó: jacuzzi, sauna y ducha con efecto lluvia. Con eso y el spa del hotel no tenía excusas para no relajarse. Deshizo la maleta y se dio un baño de espuma antes de bajar a cenar al restaurante del hotel.

Lorena salió del trabajo y se encontró con Jordi, que la sorprendió yendo a buscarla al trabajo con un precioso ramo de rosas. Jordi tenía intención de invitarla a cenar, pero ella quiso regresar al apartamento para comprobar que Carol estuviera bien, pues no había podido localizarla en todo el día. Justo cuando abrían la puerta para entrar, Jordi recibió la llamada de Lucas que estaba desesperado por no encontrar a Carolina. Jordi miró a Lorena y, tapando el auricular para que Lucas no le oyera, le dijo:

–  Lucas tampoco puede localizar a Carol, está preocupado.

–  Pues no la va a encontrar. – Le respondió Lorena cogiendo la nota que Carol le había dejado en la puerta de la nevera. – Se ha ido dejándome una nota, ¿se puede saber qué le ha hecho ese imbécil?

–  Tío, las cosas no pintan bien. – Le advirtió Jordi a su amigo. Cogió la nota que Lorena le entregaba y añadió: – Ha dejado una nota en la nevera en la que dice que se va de la ciudad para aclarar sus ideas y que no se lleva el móvil. – Bajó un poco el tono de voz y le preguntó: – Lucas, ¿ha pasado algo que quieras contarme? Te recuerdo que Lorena es la mejor amiga de Carolina y está convencida de que se ha ido porque le has hecho algo…

–  No le he hecho nada, pero puede que se haya molestado un poco… – Reconoció Lucas al recordar cómo se había despedido de ella el día anterior tras salir del restaurante donde celebraron la firma del contrato con los inversores del museo. – Tengo que encontrarla, Jordi.

Jordi nunca había visto a su amigo así de desesperado, su voz sonaba apagada, cansada y desesperada, y mucho menos por una chica. Estaba claro que su amigo se había enamorado de Carolina y tenía que echarle una mano.

–  No sabemos dónde está, Lorena tampoco ha podido localizarla. – Le dijo Jordi a su amigo al mismo tiempo que miraba suplicándole a Lorena. – Si averiguamos algo te avisamos, pero ahora intenta descansar.

–  ¿Descansar? – Se mofó Lucas. – Estoy en el hospital, Jordi. Mi hermana tuvo un accidente de tráfico ayer y mis padres están fuera de la ciudad. Carolina se ha largado sin decirme nada y creo que es porque ayer me despedí de ella como un idiota tras recibir la llamada del hospital, ni siquiera le dije por qué me tenía que ir de lo nervioso que estaba…

–  ¿Cómo está tu hermana? ¿Qué le ha pasado?

–  Un coche se saltó un semáforo y chocó contra ella, se ha roto una costilla y tiene una brecha en la cabeza, pero por lo demás está bien. El médico que la ha visitado recomienda que esté en observación cuarenta y ocho horas y, si todo va bien, le darán el alta. – Le contestó Lucas. – Jordi, avísame cuando sepas algo de Carolina, por favor.

–  No te preocupes, te llamo en cuanto sepa algo.

En cuanto colgó, Jordi le explicó a Lorena lo que había ocurrido entre sus dos amigos el día anterior y Lorena ató cabos: su amiga le había dicho que aquella relación era un acuerdo al que habían llegado mientras trabajaban en el proyecto y supo que su amiga había entendido aquello como el final de su relación, por eso se había marchado, necesitaba recomponerse y asimilar lo que estaba ocurriendo antes de que la sometieran a un tercer grado. Decidió enviarle un e-mail y le exigió que la llamara en cuanto la viera, pues tenía algo urgente que decirle.

Cuando Carolina terminó de cenar en el restaurante del hotel, decidió regresar a su habitación y se metió en la cama, necesitaba dormir después de no haber descansado nada la noche anterior. Al día siguiente, Carolina se levantó y desayunó antes de encender el ordenador portátil para enviar un e-mail a su hermano Pablo y a Lorena, pero ambos ya le habían enviado miles de mensajes. Suspiró resignada y los leyó. Su hermano Pablo quería saber cómo se encontraba y si necesitaba algo, pero Lorena le exigía que contactara con ella urgentemente porque tenía algo importante que decirle. Decidió llamarla temiendo que hubiera ocurrido algo:

–  Lore, ¿qué pasa? ¿Estás bien? – Le preguntó en cuanto su amiga descolgó.

–  ¿Eso no debería preguntarlo yo? – Le espetó Lorena un tanto molesta. – ¿Se puede saber por qué te has ido así? ¡Estamos todos preocupados!

–  Me han dado dos semanas de vacaciones en el trabajo y necesitaba salir de la ciudad, siento no haberte avisado, pero no es algo que tenía planeado, simplemente surgió.

–  Carol, Lucas no deja de llamar, está desesperado por hablar contigo y yo ya no sé qué decirle. – Le dijo Lorena. – Ni siquiera sé si tengo que darle una paliza o ayudarle a localizarte. Jordi dice que está seguro de que Lucas está loco por ti y que nunca lo había visto así por una chica. Quizás deberías llamarle.

–  No puedo verlo ni hablar con él, Lore. Me he enamorado como una idiota a pesar de que nuestra relación tenía fecha de caducidad. – Se lamentó Carol. – Necesito aclararme un poco, tomarme unos días para asimilar que se ha acabado.

–  De acuerdo, no seré yo quién te lo impida si eso es lo que quieres, pero al menos dime dónde estás y cómo puedo localizarte.

–  Estoy en la Vall d’Haràn, alojada en la suite presidencial del hotel con el mismo nombre, que por cierto también tiene spa. – Le contestó Carolina resignada. – No tienes de qué preocuparte, aquí estaré bien y regresaré en cuanto me sienta un poco mejor.

–  Está bien, cómo quieras. – Le dijo Lorena. – Pero llámame mañana, quiero saber cómo te encuentras.

Tras despedirse, las dos amigas colgaron.

Carolina decidió salir a pasear por el pueblo para tratar de distraerse y no pensar en las palabras que su amiga le había dicho sobre Lucas. No entendía por qué seguía buscándola después de haberla dejado de aquella manera tras la presentación del proyecto, pero tampoco quería pensar más en ello, por lo que salir a dar una vuelta era una buena idea para desviar sus pensamientos.

Lorena salió del trabajo a las tres de la tarde y decidió llamar a Lucas. Puede que estuviera metiendo las narices donde no debía, pero su mejor amiga estaba enamorada del mejor amigo de su novio y, según le había asegurado Jordi, Lucas también estaba enamorado de Carolina. Tenía que hacer algo para que esos dos arreglaran aquel malentendido antes de que fuera demasiado tarde.

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