Confía en mí 9.

Confía en mí

Valeria estaba sentada a una de las mesas del bar del jardín junto a sus padres, Olivia y Mario, lidiando con su madre y sus preguntas. Paola quería saber qué se traía su hija con Jason Smith y Valeria estaba bastante reacia a hablar del tema. Pero Frank también quería saber más de aquella extraña relación, al fin y al cabo, era un padre preocupado por su hija pequeña.

–          Cielo, ese chico está pendiente de ti a cada momento y no he podido evitar fijarme en que anoche llegaste a la fiesta con él y esta mañana también. – Continuó hablando Paola.

–          ¿Has pasado la noche con él? – Preguntó Frank con reproche.

–          Papá, tengo veintiséis años. – Le recordó Valeria.

–          Da igual los años que cumplas, siempre serás mi niña pequeña. – Le replicó Frank.

–          Entonces, ¿estás con él? – Insistió de nuevo Paola.

–          No mamá, no estoy con él. – Zanjó el tema Valeria.

–          Cielo, no hace falta que me lo cuentes si no quieres, pero tampoco es necesario que nos mientas, no hay más que ver cómo te mira ese chico para saber que hay algo entre vosotros. – Concluyó Paola.

Valeria rodó los ojos, había olvidado lo que era tener que dar explicaciones de todo lo que hacía a sus padres. Todavía no había regresado a Sunbeach y ya se sentía como si tuviera quince años otra vez.

Cuando hubo acabado la reunión con Charles para darle el informe sobre los pequeños incidentes durante la fiesta, Jason se subió de nuevo a su coche y se dirigió al hotel en busca de Valeria. Le preguntó a la recepcionista por Valeria y se dirigió al jardín cuando le dijo que Valeria se encontraba allí con su familia. Le pareció ver a Valeria feliz y relajada con los suyos y sonrió al pensar en la buena noticia que Vladimir le había dado por teléfono. Jason se acercó a ellos mostrando su sonrisa más carismática, por alguna razón en la que no quería pensar, Jason quería causar buena impresión a la familia de Valeria.

–          Ahí viene Jason a buscarte, cielo. – Le anunció Paola a su hija.

–          Mamá, por favor. – Le advirtió Valeria.

Jason llegó hasta a ellos con una encantadora sonrisa en los labios y saludó a Mario y Olivia con alegría para posteriormente hacer lo mismo con el matrimonio Mancini. Paola le invitó a sentarse junto a ellos pero Valeria se puso en pie y dijo antes de que Jason contestara:

–          No podemos, mamá. Jason y yo ya tenemos planes y vosotros tenéis que salir ya hacia el aeropuerto si no queréis perder el avión.

–          Está bien, tendrá que ser en otra ocasión. – Se resignó Paola. Pero no satisfecha con eso, le dijo a Jason: – Podrías venir a cenar a casa con Valeria el próximo sábado.

Frank vio la cara de horror de su hija y decidió echarle una mano:

–          Paola, no pongas en un compromiso a los chicos, seguro que prefieren ir a cualquier otro lugar un sábado por la noche.

–          Lo cierto es que, si a Valeria no le importa, me encantaría acompañarla. – Intervino Jason dejándoles a todos sorprendidos, sobre todo a Valeria.

–          ¡Genial! – Exclamó Paola encantada. – Nos vemos el próximo sábado, ¿verdad, Valeria?

–          Eh, sí. – Balbuceó Valeria incrédula. – Supongo que sí.

Aturdida por lo que acababa de pasar, Valeria se despidió de sus padres, de Mario y de Olivia y les acompañó hasta el taxi que les llevaría al aeropuerto. Una vez el taxi desapareció de su vista, Valeria se volvió hacia a Jason y él, divertido, le preguntó:

–          ¿Qué planes tenemos?

–          De momento, ir a cenar a casa de mis padres el próximo sábado. – Le reprochó Valeria un poco molesta. – ¿Cómo se te ocurre? Mi madre piensa que estamos juntos y, mientras yo trataba de aclararle que estaba en un error, tú llegas y… En fin, ¿qué más da?

–          ¿Estás enfadada conmigo? – Le preguntó Jason sin comprender el motivo.

–          No. – Le aseguró Valeria tras meditarlo un instante. – Lo siento no pretendía…

–          No pasa nada. – La interrumpió Jason dedicándole una amplia sonrisa. – Tengo una buena noticia que darte.

–          ¿Cuál? – Preguntó Valeria impaciente.

–          Vamos al hotel y hablamos allí. – Sentenció Jason.

Vladimir le había confirmado a Jason que César Merino había entrado al país el lunes y que esta misma mañana lo había abandonado. Todavía existía algún que otro riesgo, ya que César Merino podría haber encargado a sus hombres que continuaran con el trabajo por él, pero también habían confirmado que las cámaras y los micrófonos habían sido instalados pero no los habían conectado, por lo que no habían podido obtener ninguna imagen ni ninguna conversación.

Valeria se contagió del buen humor de Jason y, sin hacer más preguntas, se subió al asiento del copiloto y sonrió mientras se dirigían al hotel donde Jason se alojaba.

Entraron en la suite y Jason se deshizo de la americana y la corbata mientras Valeria esperaba impaciente que se explicara hasta que no pudo más y le preguntó:

–          ¿No tenías una buena noticia que darme?

Jason se volvió hacia a ella y le sonrió de una manera tan sensual que Valeria tuvo que agarrarse al borde de la mesa del salón para no caerse al suelo cuando su cuerpo entero tembló. Jason se dio cuenta de lo que producía en ella y se acercó y le susurró al oído con la voz ronca:

–          No seas impaciente.

Valeria no supo descifrar si Jason había dejado caer aquella frase con doble sentido, pero tampoco le importaba, no estaba dispuesta a seguir esperando o acabaría volviéndose loca.

–          ¿Cuánto tiempo más voy a tener que esperar? – Le preguntó Valeria de morros.

Jason no pudo evitar soltar una carcajada al verla enfurruñada como una niña pequeña, al igual que tampoco pudo evitar pensar que Valeria estaba adorable e increíblemente sexy.

–          Vamos a sentarnos en el sofá. – Le dijo Jason a Valeria agarrándola de la mano. Esperó a estar sentados para empezar a decir: – En realidad, tengo dos buenas noticias pero, antes de dártelas, quiero que me prometas algo.

Valeria se fijó en los ojos de Jason, eran de un color gris claro. Intuyó que estaba preocupado, pero no furioso.

–          Tú dirás. – Lo animo a seguir hablando.

–          Quiero que me prometas que, hasta que todo esto se solucione del todo, dejarás que yo me encargue de tu seguridad y que seguirás mis recomendaciones. – Valeria frunció el ceño y Jason continuó hablando antes de que protestara: – No tienes que preocuparte de nada, tan solo déjalo en mis manos.

–          No quiero causarte más molestias, Jason.

–          No es ninguna molestia, lo hago porque quiero. – Musitó Jason con su tono de hombre de hielo. – Prométemelo, Valeria.

–          Está bien, te lo prometo. – Le prometió finalmente. – Dejaré que tú te encargues de todo este asunto y seguiré tus recomendaciones. Seré una buena chica. – Se mofó.

–          Recuerda que me has hecho una promesa. – Le dijo Jason molesto por el tono burlón de Valeria. – La primera buena noticia es que las cámaras y los micrófonos de tu apartamento acababan de ser instalados y todavía no estaban operativos, así que no han podido obtener ninguna imagen ni ninguna información. – Valeria sonrió y, contagiándose de su sonrisa, Jason continuó: – La otra buena noticia es que César Merino ha abandonado el país esta mañana.

Valeria se quedó helada. No le hacía falta conocer demasiado a César Merino para saber que jamás hubiera llegado a su apartamento únicamente para asustarla y amenazarla, era una advertencia y regresaría, estaba segura de ello.

–          Va a regresar, ¿verdad? – Quiso saber Valeria.

–          No lo sé, Valeria. – Le confesó Jason. Envolvió el rostro de ella con sus manos y, con un tono de voz suave y dulce, le susurró: – Voy a cuidar de ti, no dejaré que nadie te haga daño.

–          ¿Me lo prometes? – Le preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          Te lo prometo, Valeria. – Le aseguró Jason estrechándola entre sus brazos. La abrazó hasta que notó que estaba más tranquila y le dijo: – Valeria, sé que no es agradable hablar de ello, pero sabes que tarde o temprano tendrás que hacerlo, ¿verdad? – Valeria se tensó y Jason le susurró: – Tampoco hace falta que hablemos de ello ahora, pero tendremos que hacerlo.

–          ¿Puedo regresar a mi apartamento?

–          Valeria, sabemos que César Merino no está en el país, pero ha podido dejar a sus hombres aquí. – Le dijo Jason haciendo un esfuerzo por contener su furia. – Me has prometido que dejarías que me encargue de tu seguridad y seguirías mis recomendaciones. – Le recordó tratando de suavizar su tono de voz.

–          Entonces, ¿qué me recomiendas? – Preguntó Valeria con un hilo de voz al ver a Jason con la mandíbula apretada y sus ojos se tornaron de un tono gris oscuro.

–          No puedes quedarte sola en tu apartamento, no es seguro. – Le quitó la idea de la cabeza Jason. Pero Valeria le miró enfurruñada y finalmente se oyó decir – Si quieres podemos quedarnos en tu apartamento en vez de aquí. – Valeria sonrió y le abrazó feliz, no se esperaba que Jason le permitiera tan fácilmente regresar a su apartamento. – De acuerdo, esta noche dormiremos en tu apartamento. – La complació Jason. – Tienes que decirme cuándo tienes previsto mudarte a Sunbeach, tendremos que organizarnos para el traslado.

–          ¿Viajarás conmigo a Sunbeach?

–          Mi trabajo en Suncity ya ha acabado, mis agentes han regresado a Sunbeach y yo también lo haré en cuanto tú hayas arreglado todo lo de la mudanza.

Valeria asintió. Jason le había prometido que iba a cuidar de ella y lo estaba haciendo. Sus agentes había regresado a Sunbeach y él se había quedado en Suncity solo por Valeria.

–          Tengo que hablar con Vladimir, me está esperando en su habitación. – Le anunció Jason a Valeria. – Tardaré cinco minutos, recoge tus cosas mientras tanto, nos marcharemos cuanto antes.

Jason dejó a Valeria en su suite recogiendo las escasas pertenencias que había cogido de su apartamento la noche anterior y se dirigió a la suite de al lado, donde Vladimir le esperaba. Llamó a su puerta y Vladimir abrió y le dejó pasar. Ambos intercambiaron una intensa mirada, Jason se había saltado todas las normas de su propia agencia, pero Vladimir no dijo nada.

–          Me quedaré con Valeria un par de días más, hasta que solucione todo lo que tiene pendiente aquí. – Le informó Jason. – Quiero que regreses a la agencia y averigües todo lo que puedas sobre César Merino y Luke Benson pero sin llamar la atención, quiero la máxima discreción con este asunto. – Vladimir asintió y Jason añadió: – Yo me ocuparé de la organización del equipo de seguridad para las vacaciones de los Duques de Sunbeach, puedo trabajar desde mi portátil.

–          No te preocupes por la agencia, yo me ocuparé del resto. – Le aseguró Vladimir, que sabía que Jason sentía algo especial por esa chica y estaba preocupado por ella, nunca lo había visto así. – ¿Cómo está ella?

Jason apretó los puños al recordar lo que Valeria les había confesado esta mañana, no sabía nada de ese secuestro y Valeria tampoco parecía querer hablar de ello, pero iba a tener que hacerlo.

–          Está más tranquila, pero creo que voy a volverme loco. – Le contestó Jason. – No quiere hablar y yo tampoco quiero presionarla, no quiero ponérselo más difícil.

–          Dale una tregua y recuerda que ella no es uno de tus agentes, no puedes darle órdenes y esperar que las cumpla sin hacer preguntas. – Le aconsejó Vladimir. – ¿Qué vas a hacer con ella cuando regreses a Sunbeach?

–          No lo sé, me ha prometido que dejaría que yo me ocupara de su seguridad, pero no me lo va a poner fácil.

–          La chica tiene carácter. – Se mofó Vladimir.

Jason se despidió de Vladimir, que regresaba a Sunbeach, y él se dirigió de nuevo a su suite, donde Valeria le esperaba. Ambos terminaron de recoger todas sus cosas de la suite y se dirigieron al apartamento de Valeria en el coche de Valeria.

Nada más llegar al apartamento, Valeria le enseñó a Jason la habitación de invitados y le dijo que se instalara mientras ella ponía un poco de orden en el apartamento. Las cajas con todas sus cosas invadían el hall, el pasillo y buena parte del salón, pero aún quedaban cosas por empaquetar antes de marcharse a Sunbeach.

Jason se instaló en la habitación de invitados y se dio una ducha mientras Valeria continuaba empaquetando cosas, aunque ya casi lo tenía todo listo.

–          Prepararé algo de comer con lo que encuentre en la cocina. – Le dijo Jason asomándose por el umbral de la puerta de la habitación de Valeria.

–          ¿Vas a preparar la comida? – Le preguntó Valeria sin poder ocultar un tono burlón en su voz.

–          Sí, se me da muy bien cocinar. – Le respondió Jason divertido, por fin la veía sonreír desinhibida. – ¿Confías en mí?

–          Sí, confío en ti. – Le confirmó Valeria mirándole a los ojos, que en ese momento eran de un azul intenso que hipnotizaban.

–          Entonces, déjalo en mis manos. – Concluyó Jason.

–          De acuerdo, termino de empaquetar la última caja, me doy una ducha y te ayudo, no tardaré mucho.

Valeria terminó de empaquetar la caja, hizo una pequeña maleta con ropa para tres días, se dio una ducha y se reunió con Jason en la cocina, donde no pudo evitar sonreír al verlo cocinando con tanta destreza. Jason estaba preparando unos macarrones a la boloñesa, Valeria lo adivinó por el delicioso aroma que desprendían.

–          Qué bien huele. – Le dijo a Jason.

–          Siéntate, ya casi está lista la comida. – Le dijo Jason haciéndole un gesto a Valeria para que se sentara a la mesa de la cocina.

–          Voy a coger una botella de vino que hace años que guardo para una ocasión especial y que, a día de hoy, sigue estando en el botellero. – Valeria cogió la botella de vino y sirvió un par de copas antes de sentarse.

Jason apartó la olla del fuego y sirvió los macarrones en dos platos que llevó a la mesa donde Valeria le esperaba sentada y le miraba sonriendo.

Comieron prácticamente en silencio, Jason no le quitaba el ojo de encima a Valeria y ella empezaba a ponerse nerviosa.

Después de comer, Jason la vio bostezar y, preocupado por ella, le dijo:

–          Tienes que descansar, anoche apenas dormiste.

–          Si duermo ahora esta noche no dormiré. – Se excusó Valeria encogiéndose de hombros.

–          ¿Quieres que hablemos? – Le preguntó Jason pero al ver el pánico en los ojos de Valeria añadió: – Necesito saber cuándo vendrá el camión para la mudanza y cuándo quieres ir a la editorial, me dijiste que querías pasar por allí para despedirte.

–          El camión de la mudanza llega mañana a las nueve de la mañana y tenía pensado pasar por la editorial en cuanto se llevaran todas mis cosas. – Le respondió Valeria. – Debería reservar los billetes de avión para regresar a Sunbeach.

–          Yo me encargo de todo, no tienes nada de lo que preocuparte. – Le susurró Jason agarrándola de la mano y llevándola al salón, donde hizo que se sentara junto a él. – Y también tenemos que hablar de tu regreso a Sunbeach, ¿dónde te vas a instalar?

–          Me instalaré con Olivia en su apartamento hasta que encuentre una casa dónde vivir, ni siquiera he empezado a buscar vivienda, todo ha sido tan repentino. – Le contestó Valeria pero, al ver su ceño fruncido y sus ojos grises, le preguntó preocupada: – ¿Hay algún problema con eso?

–          Tendremos que organizarnos, no puedes ir sola por ahí. – Fue la respuesta de Jason.

Valeria no hizo más preguntas, no quiso saber nada más. Le había prometido a Jason que dejaría que él se ocupara de su seguridad y ella siempre cumplía sus promesas.

Se acomodaron en el sofá a ver la televisión y Valeria acabó quedándose dormida. Jason la cogió en brazos y la llevó a su habitación, donde la depositó con cuidado sobre la cama y le echó una manta por encima. Eran las siete de la tarde, pero Valeria necesitaba descansar y Jason no quiso despertarla.

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