Confía en mí 8.

Confía en mí

Estaba a punto de amanecer y Valeria continuaba durmiendo. Jason se acercaba a cada rato a la habitación para comprobar que ella estuviera bien. No sabía por qué se sentía tan protector y posesivo con ella, pero tampoco le importaba. El deseo y la necesidad de estar cerca de Valeria eran superior a cualquier razonamiento lógico.

Jason trataba de distraerse trabajando desde su portátil cuando escuchó hablar a Valeria. Le pareció que se estaba quejando y se puso en pie dispuesto a dirigirse hacia a ella cuando la escuchó gritar aterrada y corrió hasta llegar a su lado. La encontró sentada en la cama con la respiración agitada y los ojos anegados en lágrimas. Sin pensárselo dos veces, se sentó en la cama y la abrazó. La estrechó entre sus brazos y la acunó intentando que se calmara al mismo tiempo que le susurraba:

–          No pasa nada, solo ha sido una pesadilla.

Valeria estaba temblando. Había tenido una horrible pesadilla, una pesadilla que de vez en cuando regresaba para atormentarla en sus sueños. Habían pasado cinco años desde entonces, pero aquellas pesadillas continuaban acechándola y trayéndole de vuelta dolorosos y aterradores recuerdos que Valeria quería olvidar.

Cuando vio que Valeria se había calmado un poco, hizo que se tumbara de nuevo en la cama, la arropó y le susurró con un tono de voz suave que le sorprendió hasta a él mismo:

–          Duerme un rato más, todavía ni ha amanecido.

Valeria se sintió fría, insegura y sola en cuanto Jason dejó de estrecharla entre sus brazos. No quería separarse de él, necesitaba sentirlo junto a ella.

–          No te vayas, por favor. – Le suplicó Valeria en cuanto adivinó las intenciones de Jason de dejarla sola en la habitación.

Jason se quedó paralizado, ¿había escuchado bien? La miró a los ojos tratando de adivinar su gesto e intuyó que estaba asustada. No quería asustarla más de lo que estaba y para asegurarse de que la había entendido le preguntó:

–          ¿Quieres que me quede aquí? – Valeria asintió y Jason no se lo pensó dos veces, se metió con ella en la cama, la envolvió con sus brazos y le susurró al oído: – Ahora descansa, te prometo que no me moveré de aquí.

Entre los brazos de Jason, Valeria consiguió volver a dormirse. Jason la observó mientras dormía, Valeria parecía tan frágil y vulnerable dormida entre sus brazos que no pudo dejar de mirarla hasta que finalmente él también se quedó dormido.

Jason se despertó tres horas después y Valeria todavía dormía entre sus brazos, ni siquiera se había movido. No quería moverse para no despertarla y perdió la noción del tiempo contemplando lo bella que estaba Valeria mientras acariciaba la suave piel de su mejilla. Valeria empezó a moverse pero todavía seguía dormida. Se acurrucó contra el cuerpo de Jason y él se tensó, aquel gesto inconsciente de ella le había excitado y tuvo que hacer un esfuerzo para controlar sus impulsos. Intentó separarse de ella con cuidado para no despertarla, pero Valeria protestó todavía dormida y se acercó más a él.

–          Vas a acabar conmigo. – Musitó Jason entre dientes.

Media hora más tarde Valeria se despertó y lo primero que vio al abrir los ojos fue la sonrisa de Jason. Imágenes de la noche anterior acudieron a su mente, recordó que tuvo una maldita pesadilla y cómo Jason la complació quedándose con ella, le prometió que no se movería de su lado y todavía continuaba entre sus brazos.

–          Buenos días. – La saludó Jason.

–          Buenos días. – Le respondió Valeria con el rubor en las mejillas.

–          ¿Has dormido bien?

–          Sí, gracias por quedarte conmigo. – Le agradeció Valeria con un hilo de voz.

–          No tienes nada que agradecerme. – Le respondió Jason sonriendo. – Voy a pedir que nos traigan el desayuno, tienes que comer algo. Mientras tanto, si quieres puedes ducharte y vestirte. Vladimir no tardará en llegar, tenemos que hablar de lo que ocurrió anoche.

Lo que menos le apetecía a Valeria era hablar del tema y mucho menos estando Vladimir delante, a pesar de su aturdimiento la noche anterior, se había dado cuenta del gesto de desaprobación de Vladimir cuando llegó a su apartamento y vio a Jason pegado a ella y con la mano dañada a causa del puñetazo que le había dado a la pared.

Jason le dedicó una sonrisa antes de dejarla a solas y regresar al salón de la suite para pedir que les subieran el desayuno.

Valeria se levantó, se dio una larga y relajante ducha y se vistió con unos vaqueros pitillo y una camiseta con tirantes cruzados por detrás de color fucsia junto con unos botines negros de tacón alto. Estaba terminando de cepillarse el pelo cuando alguien golpeó la puerta de la habitación. No le dio tiempo a preguntar quién era cuando la puerta se abrió y pudo comprobarlo con sus propios ojos. Jason no llegó a entrar en la habitación, se quedó parado en el umbral de la puerta observándola. Valeria estaba saliendo del baño y ambos se quedaron mirando durante unos instantes hasta que Jason recordó para qué había ido allí y le dijo:

–          Acaban de traer el desayuno, tienes que comer un poco.

Valeria asintió y ambos pasaron al salón donde se sentaron a la mesa y desayunaron juntos en el más absoluto de los silencios.

Ella estaba nerviosa, sabía que de un momento a otro Vladimir aparecería por la puerta de la suite y con él las preguntas que ella quería evitar responder. Él también estaba nervioso, sabía que Valeria le estaba ocultando algo y ese algo la tenía aterrada, tenía que intentar que confiara en él pero no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo plantearle la situación. También se había dado cuenta que Vladimir la intimidaba desde el primer día que lo conoció, pero Vladimir era su mano derecha, su amigo y también el mejor de sus agentes, no podía prescindir de él en este asunto. Finalmente, Jason se armó de valor y le dijo:

–          Valeria, quiero protegerte, pero no puedo hacerlo si no me ayudas, si no confías en mí.

–          Gracias Jason, pero estoy bien y en un par de días me mudo a Sunbeach. – Le respondió Valeria tratando de mantenerlo al margen de aquella locura en la que se había convertido su vida. – Probablemente haya sido una broma de mal gusto…

–          Ha sido mucho más que eso, Valeria. – La interrumpió Jason dando un golpe sobre la mesa, sin poder controlar su frustración. – Habían cámaras y micros en tu apartamento, es mucho más que una broma de mal gusto.

Valeria se puso pálida y Jason se arrepintió en ese mismo momento de lo que le acababa de decir y del tono que había utilizado. Debía aprender a controlar los impulsos si no quería que Valeria se asustara más de lo que ya estaba. El teléfono móvil de Valeria empezó a sonar y, aprovechando la ocasión, Valeria se levantó para coger el móvil y responder:

–          Hola Oli. – Saludó nada más descolgar al ver que era su amiga.

–          Val, ¿va todo bien? Ayer Mario y yo nos quedamos un poco preocupados cuando te fuiste tan de repente.

–          Todo está bien, Oli. – Mintió Valeria.

–          Me alegro, porque quiero verte y hablar contigo antes de regresar a casa o cancelo mi billete de avión y me quedo contigo en Suncity unos días más hasta que te mudes a Sunbeach. – Le dijo Olivia sin opción a réplica. – Últimamente estás muy rara, tenemos que hablar y ponernos al día, no podemos seguir así, Val.

Valeria lo pensó durante un segundo. Necesitaba hablar con Olivia, contarle todo lo que estaba ocurriendo y escuchar su opinión. Ella era la única que conocía su historia completa con Luke Benson y la única con la que podía hablar abiertamente de sus sospechas.

–          De acuerdo, dame una hora y voy a buscarte, así aprovecho y veo a mis padres antes de que regresen a casa. – Le dijo Valeria a Olivia. Su mirada se cruzó con la mirada de desaprobación de Jason y Valeria se afanó en despedirse de Olivia antes de colgar: – Te veo en un rato, tengo que colgar.

Jason estaba furioso, tenía la mandíbula tensa y los puños apretados, algo que no le pasó inadvertido a Valeria.

–          ¿Ocurre algo? – Le preguntó Valeria con fingida inocencia.

–          Dímelo tú, Valeria. – Musitó furioso. – Alguien entra en tu apartamento, te amenaza y tú haces como si nada y quedas con tu amiga Olivia para ir de paseo.

–          No pienso dejar de hacer mi vida, Jason. – Le advirtió Valeria. – Prefiero morir que vivir escondiéndome.

Justo en ese momento alguien llamó a la puerta de la suite y Jason fue a abrir. Dos segundos más tarde regresaba acompañado por Vladimir. Vladimir supo que algo no iba bien en cuanto vio la cara desencajada de su amigo y lo confirmó cuando vio a Valeria con el ceño fruncido y mirándoles a ambos con hostilidad.

–          Si no es buen momento, puedo volver más tarde. – Murmuró Vladimir.

–          Acabemos con esto cuanto antes, por favor. – Les respondió Valeria.

Vladimir miró a Jason para pedirle permiso antes de empezar a hablar, lo que había descubierto no era nada bueno y hubiera preferido hablarlo primero con él, pero Jason asintió, quería que Vladimir hablara claro delante de Valeria porque confiaba en que lo que Vladimir tuviera que decir influiría en la decisión de ella.

–          No traigo buenas noticias. – Empezó a decir Vladimir. – Además de las cámaras de vídeo, los micrófonos y el teléfono pinchado hemos descubierto una huella dactilar en el cuchillo que clavaron en la pared junto a vuestra foto.

–          ¿Has podido averiguar de quién es esa huella? – Le preguntó Jason con interés.

–          No te va a gustar. – Le previno Vladimir. – La huella pertenece a César Merino.

Jason se quedó inmóvil, no podía creerse lo que Vladimir acababa de decir. Pero la reacción de Valeria le hizo volver en sí. No pareció sorprenderse y tampoco preguntó quién era César Merino, lo conocía. Vladimir también tuvo la misma intuición y no dudó en preguntar:

–          ¿De qué lo conoces?

Valeria resopló resignada, no la dejarían salir de allí si no les daba una explicación. Sospechaba de César Merino pero Vladimir acababa de confirmárselo.

–          Es una larga historia. – Respondió Valeria. – Y no me apetece hablar de ello.

–          ¡Maldita sea, Valeria! – Vociferó Jason fuera de sus cabales. Ya no lo soportaba más, esa mujer iba a acabar con él y con su cordura.

Vladimir le lanzó una mirada a Jason para que se controlase, nunca lo había visto así, él siempre lo tenía todo bajo control, pero no podía controlar lo que esa mujer le hacía sentir y en ese momento se sentía frustrado. Como nada bueno iba a salir de la boca de Jason, Vladimir decidió intervenir y mediar entre ambos:

–          Señorita Mancini, es importante que entienda que César Merino es una persona muy peligrosa. – Empezó a decir Vladimir. – Ese tipo la está vigilando y la ha amenazado, va a por usted. Nosotros no pretendemos juzgarla, tan solo queremos protegerla y para ello es de vital importancia que nos facilite toda la información que nos pueda ser útil para mantenerla a salvo.

Valeria agradeció en silencio las palabras de Vladimir. La había tratado con respeto y le había hablado con sinceridad sin necesidad de maldecir ni hacerla sentir una mala persona. No entendía por qué Jason reaccionaba así con ella.

–          Durante el último año de universidad empecé a salir con Luke Benson, un chico malo al que le gustaba demasiado el dinero fácil. – Empezó a decir Valeria. – Estuvimos juntos un par de años, hasta que uno de sus trapicheos no salió bien y su cliente quiso tomarme como moneda de cambio. Los hombres de César Merino me secuestraron con el fin de usarme de garantía para que Luke les pagara lo que les debía. Estuve secuestrada durante tres días, el tiempo que Luke tardó en conseguir el dinero.

–          Eso no explica que César Merino venga a por ti, a menos que tu ex le deba dinero otra vez. – La acusó Jason usando un tono de voz frío como el hielo.

–          Intentó violarme, Luke llegó en ese momento y, en medio de un tiroteo, logró sacarme de allí. – Bufó Valeria sosteniéndole la mirada. – ¿Ya estás contento?

–          Vladimir, déjanos a solas. – Ordenó Jason sin dejar de mirar a Valeria. Vladimir obedeció y desapareció, ya tenía información suficiente para empezar a hacer su trabajo. Valeria estaba pálida y sus ojos reflejaban el pánico que tenía y que no quería reconocer. Jason se acercó a ella despacio y Valeria dio un paso atrás asustada. – Valeria, no voy a hacerte daño, solo quiero protegerte.

Valeria sabía que las intenciones de Jason eran sinceras y solo quería protegerla, probablemente por deformación profesional. Pero estaba segura que si continuaba tan cerca de Jason ella acabaría sufriendo, estaba empezando a sentir cosas por Jason que no debería sentir y aquello no acabaría bien para ella. Mario se lo había advertido, Jason no es de los que se comprometen con una mujer, no busca casase y formar una familia. Anthony Spencer también se lo había advertido, Jason solo buscaba sexo con ella y después se olvidaría, solo era uno de sus tantos caprichos. Pero Valeria no estaba dispuesta a alejarse de él, al menos no voluntariamente. Puede que todo aquello fuera un error, pero estaba dispuesta a seguir adelante aunque después tuviera que asumir las consecuencias.

–          Valeria, deja que cuide de ti hasta que todo esto se calme. – Le dijo Jason suavizando su tono de voz, no quería volver a asustarla. – No tienes que dejar de hacer tu vida si tienes protección. – Se acercó de nuevo a ella y esta vez Valeria no se retiró, se quedó dónde estaba. Jason acunó el rostro de ella con ambas manos y le susurró: – Confía en mí, solo quiero que estés bien. – Valeria asintió con la cabeza, las palabras de Jason le parecían sinceras. Jason sintió como el cuerpo de ella temblaba y, sin poder contenerse, la estrechó entre sus brazos, solo abrazado a ella conseguía sentirse bien. – Tengo una reunión con Charles Stuart en una hora en la masía, puedo llevarte al hotel donde se alojan tus padres y así tú estarás con ellos mientras yo estoy con Charles. Más tarde ya decidiremos lo que vamos a hacer.

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria más calmada entre los brazos de Jason. – ¿Puedo pedirte algo, Jason?

–          Lo que quieras.

–          No le digas nada de esto a nadie. – Le rogó Valeria con un hilo de voz. – No le conté a nadie lo que ocurrió, excepto a Olivia.

–          ¿No lo denunciaste? – Le preguntó Jason volviendo a ser el hombre de hielo. Valeria se tensó y Jason decidió darle una tregua. – De acuerdo, no pasa nada. Ya hablaremos más tarde, cuando los dos estemos más tranquilos. – La besó en la frente con ternura, le dedicó una amplia sonrisa y le susurró con voz seductora: – Vas a acabar volviéndome loco.

Valeria le devolvió la sonrisa, aquellas palabras de Jason decían mucho más de lo que pretendían y eso le alegró el día.

Veinte minutos más tarde, Jason y Valeria llegaban en uno de los vehículos privados de la agencia al hotel donde se alojaban los padres y los amigos de Valeria. Aparcó el coche y acompañó a Valeria al salón del hotel donde los invitados charlaban y se despedían antes de regresar a sus casas. Jason colocó su brazo alrededor de la cintura de Valeria nada más entrar en el salón y Valeria maldijo en silencio cuando vio a Anthony Spencer, lo último que le apetecía era tener que hablar de nuevo con él. Jason notó la tensión en el cuerpo de Valeria y supo que ella también había visto a Spencer.

–          Tranquila, no tienes que preocuparte de él. – Le susurró al oído.

Paola había visto entrar a su hija junto con el señor Smith y fue testigo de la complicidad de ambos cuando los vio hablándose al oído. Estaba segura de que había algo entre su hija y Jason y estaba dispuesta a averiguar de qué se trataba.

–          ¡Cielo, te estábamos esperando! – La saludó Paola al mismo tiempo que abrazaba a su hija.

Jason retiró su brazo de la cintura de Valeria y ella se volvió a mirarle rogándole que no la dejara sola y Jason no se movió de su lado.

–          Hola mamá. – La saludó Valeria. – He venido a despedirme antes de que regreséis a Smalltown.

–          Lo sé, cielo. Olivia nos lo ha dicho hace un rato. – Miró a Jason y añadió: – Me alegro de verle de nuevo, señor Smith.

–          Lo mismo digo, señora Mancini. – Le respondió Jason mostrándole una encantadora sonrisa que Valeria no había visto antes.

–          Val, ¡por fin llegas! – Exclamó Olivia apareciendo detrás de Paola. – Tenemos que salir hacia el aeropuerto en un par de horas y necesito hablar contigo antes de irme.

–          Mamá, voy un momento con Oli a su habitación, en un rato regresamos y hablamos. – Le dijo Valeria a su madre.

–          Ve tranquila, estaré con tu padre y Mario en el jardín. – Paola le dio un beso en la mejilla a su hija y le dijo a Jason antes de marcharse: – Nos vemos luego, señor Smith.

Jason se despidió de Paola con una amplia sonrisa y Valeria no pudo evitar sentirse un poco celosa, aunque fuera de su madre. A ella nunca le había sonreído así. Jason se acercó a Valeria y le susurró al oído:

–          Tengo que reunirme con Charles en la masía, no te separes de Olivia y llámame si ocurre cualquier cosa. – Tomó su mano y depositó un beso sobre ella, un gesto de lo más sensual y seductor que hizo que Valeria se derritiera. – No tardaré en regresar.

Jason se despidió de ambas amigas y se dirigió al aparcamiento para subirse al coche e ir a la masía donde Charles le esperaba. Olivia agarró a su amiga del brazo y la arrastró hasta a su habitación, donde tras cerrar la puerta, le preguntó a Valeria:

–          ¿Qué ha sido eso que he visto? ¿Te has tirado al hombre de hielo?

–          No, anoche todo se complicó. – Le empezó a explicar Valeria. – Jason me acompañó a casa y le invité a subir al apartamento para tomar una última copa, pero cuando entramos alguien había estado allí.

Durante más de una hora, Valeria le contó todo lo que había pasado y cómo Jason había reaccionado frente a todos los acontecimientos. Valeria le confesó lo mucho que Jason le atraía, pero que a él no parecía interesarle.

–          No sé mucho sobre Jason Smith, sé lo poco que me ha contado Mario, pero hasta él me ha confesado que Jason parece una persona distinta cuando está contigo. – Le dijo Olivia a su amiga. – Te mira con una intensidad que me pone cachonda hasta a mí y no hay más qué ver lo posesivo que se pone cuando algún hombre merodea a tu alrededor.

–          Nada más lejos de la realidad. – La sacó de su error Valeria. – Oli, le pedí que se quedara conmigo después de tener la pesadilla y, a pesar de estar abrazados en la misma cama, no intentó nada.

–          Val, acababas de tener una pesadilla, estabas asustada y actuó como todo un caballero, dándote protección y consolándote, ¿o acaso hubieras querido que en ese momento te hubiera metido mano? – Le dijo Olivia tratando de animarla. – Anoche en la fiesta estuvo todo el tiempo pendiente de ti, sé que le gustas, lo sé yo y todos los que anoche os vieron juntos en la fiesta.

–          No sé qué pensar, supongo que tendré que esperar para averiguarlo.

–          ¿Cuándo te mudas a Sunbeach?

–          Tenía previsto viajar mañana o pasado mañana, pero después de averiguar que César Merino es quien está detrás de esto no sé qué pasará. – Le respondió Valeria.

–          Instálate en mi apartamento, tengo sitio de sobra y sigo en paro, podré quedarme contigo las veinticuatro horas del día si así lo quieres. – Le propuso Olivia. – Al menos mientras toda esta situación se normaliza, Val.

–          Esta noche hablamos de nuevo y te digo algo. – Le contestó Valeria sin querer asegurarle nada hasta haber hablado con Jason primero.

–          De acuerdo. Ahora vamos a buscar a tus padres y a Mario, en poco tiempo tenemos que marcharnos al aeropuerto.

Tras pasar más de una contándose confidencias, Valeria y Olivia salieron al jardín para reunirse con el matrimonio Mancini y Mario, Valeria quería hablar con ellos y despedirse antes de que regresaran a casa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.