Confía en mí 7.

Confía en mí

Muchos de los invitados que conocían personalmente a Valeria se acercaron a felicitarla por su ascenso y su nuevo puesto como directora general de la delegación de Editorial Love en Sunbeach. La interrumpían constantemente, todos querían saludarla y darle la enhorabuena y Jason se fue impacientando. Quería hablar con ella y disfrutar de su compañía, pero estaba claro que mientras siguieran en la masía todo el mundo querría acercarse a ella. Aprovechando que Valeria iba a estar ocupada durante algunos minutos cuando se le acercó un grupo de cinco personas, todos escritores de los cuales Valeria era editora, Jason se acercó a Vladimir para que le mantuviera al corriente de la situación.

La poca paciencia que tenía Jason se esfumó en cuanto regresó junto a Valeria y la vio hablando de nuevo con Anthony Spencer. Valeria buscaba a su alrededor, estaba claro que no se sentía cómoda y ni Mario ni Olivia estaban junto a ella, por lo que se apresuró a colocarse a su lado y, colocando el brazo alrededor de la cintura de Valeria, le dijo a Spencer en un tono bastante amenazador:

–          Aléjate de ella, Spencer.

–          Tranquilo Smith, Valeria y yo solo estábamos charlando. – Le respondió Anthony Spencer sonriendo con malicia. Se volvió hacia a Valeria y, mostrando una sonrisa de lo más seductora, se despidió de ella: – Un placer hablar de nuevo contigo, Valeria.

Valeria no se despidió de Anthony Spencer, tan solo se limitó a seguirle con la mirada hasta que desapareció de su campo de visión.

–          Gracias. – Le agradeció Valeria a Jason con un hilo de voz.

–          ¿Estás bien? – Quiso asegurarse Jason.

–          Sí, Anthony Spencer no me ha dicho ni hecho nada desagradable, pero hay algo en su mirada que hace que salten todas mis alertas. – Le confesó Valeria. – Creo que ya he tenido suficiente fiesta por esta noche, será mejor que me despida de Grace y Charles y regrese a casa.

–          ¿Dónde están Mario y Olivia?

–          Han ido a pedir un par de copas.

–          Vamos a despedirnos de todos y te llevo a casa. – Sentenció Jason.

Tras despedirse de Grace y Charles Stuart, de Olivia y de Mario, Valeria y Jason se dirigieron al aparcamiento. Jason tenía previsto ir en uno de los todoterrenos de su agencia, pero Valeria le recordó que había dejado su coche allí y finalmente Jason accedió a ir en el coche de ella.

Jason condujo en silencio y concentrado en la carretera durante los quince minutos que apenas duró el trayecto. Cuando llegaron al edificio donde vivía Valeria, ella le señaló la entrada al aparcamiento del edificio y le preguntó:

–          ¿Te importa dejar el coche en el garaje? No me gusta dejarlo en la calle de noche.

Jason asintió con la cabeza y se dirigió hacia el garaje al mimos tiempo que Valeria le indicaba cuál era su plaza de aparcamiento. Una vez estacionado el coche, ambos caminaron hacia el ascensor.

Valeria no quería despedirse tan pronto de Jason, pero él se mostraba frío y distante con ella y no sabía qué hacer para que se quedara un rato más con ella.

Jason tampoco quería separase de Valeria, esa mujer se había convertido en su obsesión y Spencer se había dado cuenta de ello, razón de más para que Jason no quisiera separarse de ella.

–          Es pronto, ¿te apetece subir y tomar una copa? – Se arriesgó a preguntar Valeria.

Jason la miró sorprendido, no esperaba aquella invitación y no pensaba desaprovecharla.

–          Por supuesto, me encantaría. – Le respondió Jason con gesto serio.

Valeria ya no sabía qué más hacer o decir para que cambiara la cara de pocos amigos con la que Jason había estado prácticamente toda la noche, pero al menos había aceptado tomarse una copa con ella, lo que significaba que podría estar un rato más con él.

Entraron en el ascensor y cuando las puertas se cerraron la tensión sexual se instaló en el pequeño y metálico cubículo. Ambos fueron conscientes de la tensión que existía entre ellos y, cuando sus miradas se encontraron, Valeria se mordió el labio, estaba nerviosa, y Jason tuvo que controlar su instinto más primitivo para no devorarla, se sentía intensamente atraído por ella. Las puertas del ascensor se abrieron y a Valeria se le escapó un pequeño suspiro de alivio, estar encerrada con él en un ascensor era más de lo que podía soportar. Se dirigieron a la única puerta que había en el rellano, la puerta del apartamento de Valeria. Sacó las llaves de su pequeño bolso de mano, la introdujo en la cerradura y al girarla la puerta se abrió. Valeria dio un paso y se detuvo antes de entrar al ver el caos que había en el apartamento. Había empezado a empaquetar sus cosas para mudarse a Sunbeach, pero el desorden que había dejado en su apartamento antes de irse no era el caos que veía en esos momentos. Entonces vio una fotografía tamaño póster clavada en la pared con un cuchillo de cocina, una foto de esa misma noche en la que aparecían ella y Jason agarrándola por la cintura. – Valeria se tensó y se quedó paralizada ante la escena, bloqueando la puerta. Jason se percató de que algo no iba bien, se acercó a ella y, agarrándola por la cintura desde su espalda, le preguntó:

–          ¿Va todo bien?

Pero Valeria no contestó, parecía sumida en otro mundo y Jason se preocupó.

–          Valeria, ¿qué ocurre? – Se colocó a su lado y siguió su mirada hasta la pared donde estaba la fotografía. Jason sacó su pistola y le ordenó a Valeria: – No te muevas de aquí, voy a comprobar que no haya nadie.

Valeria estaba en estado de shock, aunque hubiera querido no hubiera podido moverse. Jason recorrió todo el apartamento para comprobar que no hubiera nadie. El sonido de su móvil devolvió a Valeria a la realidad, había recibido un mensaje. El remitente era un número oculto, abrió el mensaje y leyó: “Vas a ser mía.” Junto al texto, una fotografía en la que salía de espaldas y mirando de lado. Apenas un minuto más tarde, Jason regresó a su lado y le dijo mientras guardaba su pistola y sacaba el móvil para llamar a Vladimir:

–          No hay nadie. Dame un minuto, voy a hacer una llamada para… – Se detuvo al mirarla y ver el pánico en sus ojos. Sostenía su móvil entre las manos con fuerza y Jason se lo arrebató de las manos. Cuando vio el mensaje acompañado de esa foto en la que salía tan sexy ya no pudo controlarse, la furia le invadió y descargó su ira lanzando un puñetazo contra la pared al mismo tiempo que blasfemó: – ¡Maldita sea!

Valeria dio un respingo asustada ante aquella reacción que no se esperaba. Jason le había pegado un puñetazo a la pared y había hecho un agujero. Vio sus nudillos cubiertos de sangre y yeso y ya no pudo más. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, tampoco entendía por qué Jason estaba tan enfadado y, sin poder evitarlo, las lágrimas se derramaron de sus ojos y cayeron por sus mejillas.

En cuanto la vio llorar, Jason se maldijo en silencio por ser tan bruto y la estrechó entre sus brazos con fuerza al mismo tiempo que le susurraba:

–          Eh, tranquila, no va a pasarte nada. Estoy aquí, contigo. – Cuando pasados unos minutos logró calmar a Valeria, acunó su rostro con las manos y, limpiándole las lágrimas de las mejillas con ambos pulgares, se disculpó por su reacción: – Lo siento, no pretendía asustarte. ¿Te sientes mejor?

Valeria a duras penas asintió, con los ojos rojos por el llanto y el cuerpo tembloroso. Estaba asustada, pero en los brazos de Jason se sentía segura.

Jason la tomó de las manos, la llevó al salón y la hizo sentar en el sofá. Advirtió que estaba temblando y se quitó la americana de su traje para echársela a Valeria sobre los hombros al mismo tiempo que marcaba en su teléfono móvil el número de Vladimir.

Vladimir seguía en la masía donde se celebraba el aniversario de Editorial Love cuando recibió la llamada de Jason.

–          ¿Todo bien? – Le preguntó Vladimir nada más descolgar.

–          No, necesito que vengas junto con un par de hombres de confianza al apartamento de Valeria. – Le respondió Jason con tono gélido. – Ven rápido, es importante.

–          Salgo ahora mismo. – Le aseguró Vladimir antes de colgar.

Quince minutos más tarde, Vladimir entraba en el apartamento de Valeria acompañado por dos de los agentes de la agencia Smith, la agencia de seguridad de Jason. Nada más cruzar el umbral de la puerta, Vladimir vio la foto de Jason y Valeria clavada a la pared con un cuchillo y justo al lado vio un agujero en la pared, que adivinó que había sido obra de Jason al ver su puño cubierto de yeso y sangre reseca. Parecía que hubiera pasado un huracán por el interior del apartamento, Vladimir se acercó hasta a donde estaban Jason y Valeria y, al ver los ojos rojos de ella y su rostro compungido, le preguntó a Jason preocupado:

–          ¿Qué ha pasado aquí?

A Vladimir no le pasó por alto que Valeria le rehuía la mirada, estaba nerviosa y, por alguna razón, también advirtió que Jason se sentía culpable.

–          Cuando hemos llegado todo estaba revuelto y alguien había clavado una foto nuestra en la pared, dos minutos después Valeria ha recibido un mensaje de un número oculto con foto incluida. – Le respondió Jason.

–          La cerradura no está forzada y la foto es de esta noche, necesitaríamos saber quién tiene llaves del apartamento. – Comentó Vladimir. – Tomaremos huellas y revisaremos las imágenes de las cámaras de video vigilancia, algo encontraremos. – Le echó una rápida mirada a Valeria y le preguntó a Jason en voz baja: – ¿Qué vas a hacer con ella? Aquí no puede quedarse y tampoco es buena idea que se quede sola, deberías avisar a alguien que se ocupe de ella.

–          Yo me ocuparé de Valeria. – Sentenció Jason.

–          ¿De la misma forma que te has ocupado de la pared? – Le reprochó Vladimir. Jason lo fulminó con la mirada y Vladimir le dijo: – Llévatela, yo me ocuparé de todo.

–          Llámame cuando hayas acabado. – Le pidió Jason. Vladimir asintió y se dirigió hacia a los dos agentes que le acompañaban para darles instrucciones. Jason se acercó de nuevo a Valeria y, tomándola de las manos, la ayudó a ponerse en pie y le dijo suavizando el tono de voz para no asustarla todavía más de lo que ya estaba – Vladimir se ocupará de todo, coge todo lo que necesites para un par de días y nos vamos.

–          ¿A dónde vamos? – Preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          No puedes quedarte aquí, al menos no esta noche. – Le contestó Jason. Valeria lo miró confundida y, cuando su mirada se topó con los ojos tristes de ella, decidió seguir el consejo de Vladimir y le dijo: – Esta noche te quedarás en el hotel, necesitas descansar.

–          No quiero ir al hotel ni regresar a la masía, no quiero preocupar a mis padres. – Le dijo Valeria con un hilo de voz.

–          Voy a llevarte al hotel donde me alojo, Valeria. – Le aclaró Jason mientras la ayudaba a preparar una bolsa de deporte con algo de ropa y productos de higiene personal. Valeria lo miró confundida, no estaba segura de haber entendido correctamente lo que le acababa de decir. Jason advirtió la confusión y el miedo en sus ojos y le aseguró: – Voy a cuidar de ti, no dejaré que te ocurra nada, ¿de acuerdo?

Valeria asintió, por un momento pensó que Jason la llevaría al hotel donde se alojaban sus padres y la gran mayoría de invitados al aniversario de la editorial y casi le da algo. Conociendo a su padre, si se llegaba a enterar de lo que había ocurrido no la hubieron dejado ni un minuto a solas y la habría obligado a trasladarse a Smalltown junto a ellos.

En cuanto Valeria hubo recogido todo lo que necesitaba, ambos se marcharon del apartamento dejando allí a Vladimir con los dos agentes y se dirigieron en el coche de Valeria al hotel donde Jason se alojaba.

Veinte minutos más tarde, entraban en la suite del hotel donde se alojaba Jason. Valeria recorrió la habitación con la mirada, era una suite amplia, con habitación, baño y cocina independiente, pero en la habitación solo había una cama.

–          ¿Voy a dormir aquí? – Se oyó preguntar.

–          Sí, tú dormirás en la cama y yo dormiré en el sofá. – Le respondió Jason dedicándole una tierna sonrisa. – Ve a ponerte cómoda mientras yo nos sirvo una copa, tenemos que hablar.

Valeria obedeció sin rechistar, le devolvió la americana a Jason y, tras coger la bolsa de deportes con sus cosas, se encerró en el baño para cambiarse de ropa y ponerse el pijama.

Jason se lavó las manos, eliminó los restos de yeso y sangre seca de su puño y sirvió un par de copas. Acto seguido se quitó la corbata y se arremangó la camisa antes de sentarse en el sofá mientras esperaba a que Valeria regresara. Cuando por fin la vio aparecer, tuvo que respirar con profundidad para tratar de controlarse y se recolocó el pantalón para disimular el bulto que crecía en su entrepierna. Vestida con un short de algodón ajustado y una camiseta de tirantes, que era lo que utilizaba para dormir, Valeria se sentó en el sofá junto a Jason y, cuando le miró, no supo si estaba enfadado, cansado o de mal humor, pero sabía que algo le ocurría a pesar de que tratara de ocultarlo con su máscara de hielo.

–          ¿Estás más tranquila? – Le preguntó Jason luchando en silencio contra su instinto más primitivo, quería hacerla suya en ese mismo momento. Valeria asintió y Jason continuó hablando: – Valeria, ¿tienes alguna ligera sospecha de quién puede haber entrado en tu casa y enviarte el mensaje?

Antes de responder, Valeria lo meditó. La única persona que podía tener alguna razón para estar enfadado con ella era Brian, su ex novio. Lo había dejado la misma noche que le propuso matrimonio y, apenas tres meses después, aparecía en la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love con otro hombre, una fiesta a la que iban a asistir juntos. Pero Brian era demasiado correcto y educado, en los dos años de relación que había tenido con Brian nunca había sido posesivo ni celoso, no sería capaz de hacer algo así.

–          No, no sé quién pudo haberlo hecho. – Le respondió Valeria.

–          La cerradura no estaba forzada, pudieron entrar con llave. – Prosiguió Jason. – Piensa en quién tiene o puede tener llaves de tu apartamento.

–          Cambié la cerradura hace tres meses. – Contestó Valeria recordando que había preferido llamar a un cerrajero antes que llamar a Brian y pedirle que le devolviera las llaves de su apartamento. – Solo le di una copia a Grace por si surgía alguna emergencia.

–          Está bien, no te preocupes. – Trató de tranquilizarla Jason. Le ofreció una de las copas que había servido y siguió con sus preguntas – Sé que no es fácil, pero debes intentar pensar en ello. Quien quiera que sea está celoso por habernos visto juntos esta noche y te considera suya, de su propiedad. – Jason la miró a los ojos y preguntó: – ¿Crees que hay alguien a tu alrededor que pueda encajar en ese perfil?

A Valeria le regresó a la mente el nombre de Brian, pero estaba totalmente segura de que él no había sido.

–          No lo sé, no lo creo. – Le contestó Valeria aturdida.

–          Estás agotada, lo mejor será que descanses. – Sentenció Jason. La tomó de las manos y la acompañó a la habitación. Retiró las sábanas para que Valeria se metiera en la cama y le dijo casi en un susurro: – Estaré justo al otro lado de la puerta, avísame si necesitas algo.

Valeria asintió y, cuando Jason estaba a punto de marcharse, lo agarró del brazo con suavidad y le dijo:

–          Gracias por todo, Jason. No sé qué habría hecho esta noche sin ti.

Jason le dedicó una sonrisa, la besó con ternura en la frente y le dijo antes de marcharse para dejarla descansar:

–          No tienes nada que agradecerme, ha sido un placer. Buenas noches, Valeria.

–          Buenas noches. – Le respondió Valeria ya casi dormida.

Jason la arropó, cerró la puerta de la habitación para que Valeria descansara y se dirigió al salón de la suite, donde se sirvió otra copa y llamó a Vladimir.

–          ¿Todo bien? – Preguntó Vladimir nada más descolgar.

–          Sí, aquí todo bien. – Le confirmó Jason. – ¿Alguna novedad por ahí?

–          Sí y no te va a gustar. – Le advirtió Vladimir. – Hemos localizado dos cámaras, una en el salón y otra en la habitación de Valeria. – Jason respiró profundamente y Vladimir continuó hablando – También habían pinchado el teléfono fijo y el ordenador de sobremesa, no se trata de alguien cualquiera, Jason. – Vladimir sabía que no era un buen momento, pero tenía que insistir: – ¿Has hablado con ella? Tiene que tener alguna ligera sospecha de quién puede estar haciendo esto. ¿Te ha hablado de Brian Adams? Ese tipo estuvo hablando con ella al principio de la noche y después se largó.

–          ¿Brian Adams estuvo allí? – Preguntó Jason sorprendido.

–          Sí, estuvo hablando con ella justo antes de que Anthony Spencer se acercara a ella para saludarla. – Le confirmó Vladimir. – Veré qué puedo averiguar sobre él.

–          Llámame cuando sepas algo. – Le dijo Jason antes de colgar.

Jason estaba furioso, la ira se apoderaba de él en cuanto pensaba que alguien se había colado en el apartamento de Valeria, alguien que creía que Valeria era suya, algo que, sin pretenderlo, lo destrozaba por dentro. Necesitaba despejarse o acabaría bebiéndose la botella y quería estar al lado de Valeria cuando despertara, así que decidió darse una ducha para tratar de calmarse.

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