Confía en mí 6.

Confía en mí

Cuando Valeria salió de la oficina ya eran pasadas las tres de la tarde. Llegó a casa, se preparó una ensalada para comer y se dio una ducha rápida. Tenía el tiempo justo para arreglarse y no hacer esperar a Jason, intuía que no era uno de esos hombres pacientes y relajados.

Se puso un vestido de noche de color rojo que se le ceñía al cuerpo como si de su propia piel se tratara hasta los muslos y después caía suelto hasta el suelo, con un escote abierto sujeto por dos finos tirantes que se unían en la nuca, dejando toda su espalda al descubierto. Se recogió el pelo en un moño alto dejando varios mechones caídos en forma de bucle y se maquilló de una manera muy natural, con un poco de sombra en los ojos, rímel en las pestañas y carmín en los labios del mismo tono rojo que el vestido. Se calzó sus zapatos rojos de tacón de aguja de diez centímetros. Regresó al baño y se perfumó con su perfume favorito que solo utilizaba en las grandes ocasiones, un perfume con esencia de jazmín.

Su teléfono móvil empezó a sonar y Valeria respondió tras echarse un último vistazo en el espejo:

–          ¿Sí?

–          Valeria, soy Jason. – Escuchó su voz al otro lado del teléfono. – Estoy frente al portal de tu edificio, puedes bajar cuando quieras.

A Valeria no le pasó por alto aquel tono distante en su voz, pero decidió ignorarlo, iba a dejarse llevar y disfrutar de la noche, que también iba a ser la noche de su despedida de Suncity.

–          Ya estoy lista, enseguida bajo. – Le respondió con tono alegre.

Jason había ido a buscar a Valeria en una limusina blanca, quería que fuera una noche especial para ella ya que sería una de las últimas noches que pasara en Suncity. Había organizado todo aquello en cuanto Valeria aceptó que asistieran juntos al aniversario de la editorial. Y, a pesar de lo molesto que se había sentido al descubrir que ella no les había dicho a sus amigos que estaban trabajando juntos, él no había cancelado esos planes. Empezaba a pensar que quizás Valeria le había dicho la verdad y simplemente se había olvidado de mencionárselo a sus amigos porque había tenido una semana caótica cuando la vio salir del portal. Estaba realmente impresionante con ese vestido rojo, tanto que tuvo que respirar profundamente para calmarse justo a tiempo para saludarla.

–          Estás… preciosa. – Acertó a decir Jason.

–          Gracias. – Le dijo Valeria tímidamente.

Jason abrió la puerta de la limusina y la invitó a entrar. Valeria subió a la limusina y fue entonces cuando Jason vio la espalda desnuda que el vestido de Valeria dejaba al descubierto. Se sentó junto a ella en la limusina y la observó con el ceño fruncido, no se le había olvidado lo ocurrido por la mañana. Permanecieron en silencio los quince minutos que duró el trayecto a la masía y cuando llegaron, Jason se bajó de la limusina y le tendió la mano a Valeria para ayudarla a salir. Valeria se agarró a la mano de Jason y la estrechó con fuerza cuando los flashes de las cámaras de fotos la deslumbraron. Había estado tan distraída pensando en Jason que había olvidado que el lugar estaría lleno de periodistas cubriendo el evento. Jason colocó su mano sobre la espalda desnuda de Valeria y la guio por la alfombra negra que llevaba a la puerta principal de la masía mientras los flashes de las cámaras les deslumbraban constantemente. A Valeria nunca le habían gustado los paparazzi y por eso tan solo atendía a la prensa en los eventos relacionados con su profesión. Siempre trataba de pasar desapercibida frente a las cámaras y lo había conseguido, al menos hasta esa noche. El aluvión de flashes que recibieron no era a lo que Valeria estaba acostumbrada y todos sus músculos se tensaron. Jason se percató de ello y la estrechó contra su cuerpo para tranquilizarla al mismo tiempo que le susurró al oído:

–          ¿Va todo bien?

Valeria echó un vistazo a su alrededor y mirara dónde mirara había periodistas y fotógrafos, lo cual la llamó bastante la atención.

–          No esperaba que hubiesen tantos periodistas. – Le respondió Valeria con un hilo de voz.

–          No te preocupes, no podrán entrar en la masía. – Le susurró de nuevo Jason. – Déjalo todo en mis manos y disfruta de la fiesta.

Ambos se miraron a los ojos y se sonrieron con complicidad, un momento de complicidad entre ambos que fue fotografiado por varios paparazzi.

A Jason tampoco le gustaba lo más mínimo dejarse ver en eventos públicos y mucho menos en los que la prensa cubría, pero después de todas las normas que se había saltado por Valeria, ya no le importaba saltarse una más. Se estaba dejando ver en público con una mujer, él que nunca se dejaba ver con ninguna de las chicas con las que salía, y ni siquiera la había besado todavía.

Entraron en la masía y fueron recibidos por los anfitriones Grace y Charles, quienes intercambiaron una cómplice mirada al verles llegar juntos.

–          Valeria, estás impresionante. – La aduló Grace mientras Charles le estrechaba la mano a Jason a modo de saludo.

–          Grace tiene razón, estás preciosa. – La secundó Charles.

–          Gracias, vosotros sí que estáis estupendos. – Les respondió Valeria. – ¿Cómo va todo por aquí?

–          Todo va genial, ya casi han llegado todos los invitados, deberíais pasar al salón y tomaros una copa antes de pasar al comedor para cenar. – Les sugirió Charles.

–          Tus padres y tus amigos están en el salón, ve a saludarles y diviértete, esta fiesta también es para ti. – Le recordó Grace a Valeria.

–          Te acompaño. – Sentenció Jason.

Valeria se dejó guiar por Jason hacia el salón y, tras saludar a los invitados con los que se iban cruzando por el camino, consiguieron llegar a donde estaban los padres de Valeria, Olivia y Mario. Jason los saludó educadamente y acto seguido se excusó con ellos al ver a Vladimir haciéndole una señal para que se acercara hacia a él.

–          Regreso en cinco minutos. – Le susurró al oído antes de marcharse.

Valeria siguió con la mirada a Jason hasta que lo vio reunirse con Vladimir y ambos desaparecieron tras subir las escaleras hacia la planta superior.

–          Cielo, Jason parece un buen hombre y está muy pendiente de ti. – Comentó Paola dirigiéndose a su hijo. – Y también es muy atractivo.

–          Paola, ese hombre le saca más de diez años a nuestra hija. – Comentó Frank, que no le hacía gracia que su hija pequeña tuviera un nuevo novio.

–          Jason solo está haciendo su trabajo, mamá. – Le advirtió Valeria. Echó un vistazo a su alrededor buscando una cara conocida para escapar del interrogatorio al que sus padres, Olivia y Mario tenían intención de someterla y vio a Brian, ya tenía la excusa perfecta para huir: – Disculpadme, tengo que saludar a alguien.

Sin añadir nada más, Valeria cruzó el salón y se dirigió hacia a Brian, que estaba de espaldas a ella hablando con alguien. Tuvo que pararse para saludar a muchos de los invitados con los que se cruzó por el camino, pero se excusó alegando que debía de ocuparse de un asunto y llegó hasta a Brian.

–          ¿Qué estás haciendo aquí? – Le preguntó Valeria sin saludarlo.

–          Yo también me alegro de verte. – Le respondió Brian con sarcasmo.

–          ¿A qué has venido? – Insistió Valeria con cara de pocos amigos.

–          Tú misma me invitaste hace unos meses. – Respondió. – Si no querías que viniese, deberías haber cancelado la invitación.

–          Brian, lo único que conseguirás es hacernos más daño.

–          El daño lo has hecho tú, Valeria. Te comportaste como una niñata malcriada y continúas haciéndolo, pero para cuándo decidas madurar, yo ya no estaré aquí. – Le advirtió Brian con la mandíbula tensa y los puños apretados. – Solo quería comprobar con mis propios ojos que los rumores eran ciertos y parece que así es.

–          ¿Qué rumores?

–          No te hagas la tonta Valeria, no te pega nada. – Le contestó con desprecio. – No te preocupes por mí, yo me voy ya.

Dicho eso, Brian dio media vuelta y caminó hacia a la salida. Valeria lo observó hasta que lo vio desaparecer, quería estar segura de que se marchaba de verdad.

–          ¡No me lo puedo creer, está aquí la señorita Mancini! – Exclamó una voz a su espalda.

Valeria no se lo podía creer, aquella noche no acabaría nunca. Había reconocido esa voz y no pudo más que resoplar resignada, dar media vuelta y saludar a Anthony Spencer. Debía ser educada y amable con los invitados, aunque fuera una fiesta no podía olvidar que se trataba de trabajo.

–          Señor Spencer, qué sorpresa verle por aquí. – Le dijo Valeria tratando de sonar amable y de dibujar una sonrisa en los labios, pero sin conseguirlo.

–          Un amigo me invitó a acompañarlo y, tras saber que tú ibas a estar aquí, no pude evitar aceptar la invitación. – Le contestó Anthony.

Aquellos ojos pequeños de color ámbar ocultaban algo oscuro y a Valeria no le gustaban nada, por muy bonitos que fueran. Anthony Spencer es un tipo atractivo, pero a Valeria su atractivo no le impresionaba ni mucho menos le interesaba.

–          Deberíamos salir a cenar una noche, estoy seguro que nos lo pasaríamos muy bien tú y yo juntos. – Continuó hablando Anthony, esta vez en susurros para que solo Valeria le escuchara. – A Jason Smith solo le interesa echar un polvo, mientras más difícil se lo pongas más lo tentarás, pero en cuanto lo consiga se olvidará de que existes. Solo eres su capricho de turno.

Valeria no pudo evitar pensar que todo el mundo opinaba lo mismo sobre Jason. Puede que todos tuvieran razón, pero no era lo que ella quería escuchar ni lo que quería creer y decidió ignorar de nuevo aquella información.

–          No sería una buena idea. No me gustaría hacerle perder el tiempo y menos aún que me lo hiciera perder a mí. – Le respondió Valeria con sequedad. – Si me disculpa, he de saludar al resto de invitados.

Sin más, Valeria dio media vuelta decidida a marcharse a la otra punta del salón para mantenerse alejada lo máximo posible de Anthony, pero cuando estaba a mitad de camino alguien la agarró del brazo y acto seguido se empotró contra el torso de un hombre, un hombre que sí le inspiraba seguridad a diferencia de Anthony Spencer.

–          Jason. – Balbuceó Valeria aturdida.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason tensando la mandíbula, con el ceño fruncido y los ojos de un color gris oscuro que la asustaron cuando le siseó: – Ven, tenemos que hablar. – Jason colocó su mano sobre la espalda de Valeria y la guio fuera del salón hasta llegar a un pequeño despacho donde se encerró con ella. La miró a los ojos, perturbándola aún más de lo que ya estaba, y le ordenó: – No vuelvas a acercarte a Spencer, es peligroso y no te conviene. Solo pretende que seas su juguete.

Valeria no dijo nada, aquella situación la superaba, no era la mejor noche para discutir y no tenía la menor intención de hacerlo por Anthony Spencer. Se sostuvieron la mirada sin decir nada durante unos segundos, ella pensaba en todo lo que le habían dicho de Jason y en lo poco que le había contado él; y él pensaba en qué le había podido decir Spencer a Valeria para que se hubiera quedado tan callada y distante.

Vladimir golpeó suavemente la puerta, sabía que Jason se había encerrado allí con Valeria y tenía que avisarlos, los invitados ya habían pasado al comedor, estaban tomando asiento y los Stuart estaban a punto de empezar el discurso. Jason abrió la puerta y Vladimir le dijo:

–          Todos están ya en el comedor.

–          En seguida vamos. – Le respondió Jason. Vladimir le escrutó con la mirada, aquel comportamiento no era nada normal en Jason y Jason, consciente de lo que estaba pensando Vladimir, añadió: – Solo será un minuto.

Vladimir asintió y se marchó dejándolos a solas de nuevo. Jason volvió a cerrar la puerta del despacho y le dijo a Valeria suavizando el tono de voz:

–          Valeria, si Spencer te molesta en algún momento de la noche solo tienes que decírmelo, ¿de acuerdo?

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria con un hilo de voz.

Valeria estaba empezando a preocuparse, todavía recordaba la reacción de Mario en la inauguración del Lovers cuando había visto a Spencer a su alrededor. Mario le había dicho que Jason era un buen tipo y que no se comprometía con ninguna mujer, pero de Anthony Spencer no había dicho ni una sola buena palabra, a Mario tampoco le gustaba Spencer.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason preocupado. Valeria asintió, Jason se acercó a ella despacio, colocó el brazo alrededor de la cintura de ella y le susurró al oído: – Vamos a disfrutar de la fiesta, no me moveré de tu lado.

Valeria se sintió más relajada, con Jason a su lado se sentía segura y se lo hizo saber dedicándole una tímida sonrisa. Sin despegarla de su lado, Jason acompañó a Valeria al comedor donde todos los invitados ya estaban sentados en sus mesas. Ambos se sentaron en la mesa presidencial, acompañados por Charles, Grace, Nadia y los directores de los departamentos de marketing y contabilidad.

–          Te he estado buscando, he visto a Brian. – Le dijo Nadia a Valeria cuando se sentó a su lado.

–          Lo sé, yo también lo he visto. – Le contestó Valeria.

–          Y, ¿dónde está ahora? – Preguntó Nadia.

–          Se ha marchado, solo ha pasado a saludar. – Mintió Valeria.

Jason, que estaba sentado junto a Valeria, escuchó la conversación pero no dijo nada. Valeria le había dicho que no tenía novio y, si se trataba de un ex novio o de un amigo con derecho a roce, se alegraba de que se hubiera marchado.

Tras hablar con Brian, Valeria se había topado con Spencer y no había tenido tiempo de pensar en lo que le había dicho Brian sobre los rumores, no sabía a lo que se refería pero iba a averiguarlo.

–          Estás muy rara, ¿te encuentras bien? – Le preguntó Nadia.

–          Estoy bien. – Le aseguró Valeria zanjando el asunto.

Charles y Grace subieron al pequeño escenario para pronunciar el discurso del veinticinco aniversario de Editorial Love. Empezó hablando Charles, explicando cómo fundó la editorial con la ayuda de su esposa y Grace continuó diciendo cómo habían ido haciéndose un hueco en el sector hasta convertir Editorial Love en la editorial más importante del país y una de las más reconocidas y reputadas en el mundo. Entre los dos agradecieron el enorme esfuerzo que todos los empleados de Editorial Love habían hecho durante todos estos años y fue entonces cuando, lleno de orgullo, Charles anunció:

–          Tenemos una magnífica noticia que anunciaros y para ello quiero llamar a nuestra querida Valeria, que es la pieza clave en todo este asunto. Valeria, ¿te importaría unirte un momento a nosotros?

Charles sabía que a Valeria le gustaba pasar desapercibida en esta clase de eventos, pero esta vez la necesitaba para dar la noticia. Valeria respiró profundamente para infundirse valor antes de dirigirse hacia el pequeño escenario. Jason la miró a los ojos y le dedicó una sonrisa arrebatadora que la derritió. Ella le devolvió la sonrisa, se acercó a él y le susurró al oído antes de ponerse en pie para dirigirse junto a Charles y Grace:

–          Deséame suerte, la voy a necesitar.

–          Suerte, aunque no la necesitas. – Le aseguró Jason. – Todo va a salir bien.

Valeria se dirigió hacia el pequeño escenario donde Charles y Grace la esperaban y, una vez llegó hasta a ellos, Charles continuó con su discurso:

–          Ahora que ya estamos todos, queremos anunciaros que Editorial Love va a crecer y vamos a abrir una delegación en Sunbeach, de la cual estará al mando nuestra querida Valeria Mancini. – Todos los invitados aplaudieron y Valeria les guiñó un ojo a sus padres y a sus amigos. – Este es un proyecto muy importante para mi esposa Grace y para mí, siempre hemos querido abrir una delegación en Sunbeach, pero necesitábamos a alguien de plena confianza y con capacidad para asumir ese proyecto. Valeria es la persona adecuada para ello y está plenamente capacitada, prácticamente es ella quien se encarga de que la editorial funcione todo lo bien que está funcionando. – Añadió bromeando y todos estallaron en carcajadas. – El caso es que Valeria nació y creció en un pueblo cerca de la ciudad de Sunbeach y, cuando le hemos ofrecido la dirección de la delegación ha aceptado el cargo. – Se volvió hacia a Valeria y le dijo: – Creo que debes ser tú quien les explique en qué va a consistir el proyecto.

–          Buenas noches a todos. – Empezó a decir Valeria nerviosa. Buscó la mirada de Jason y cuando la encontró se sintió más segura, él le transmitía seguridad y serenidad. Respiró profundamente y continuó hablando: – Antes de nada, quisiera agradecer a Grace y Charles esta oportunidad, han depositado toda su confianza en mí y no les voy a defraudar, sobre todo teniendo en cuenta que Nadia me acompañará en este proyecto. Es un gran proyecto que empezaremos a hacer realidad la próxima semana y que esperamos poder inaugurar en septiembre. Estamos impacientes por llevarlo a cabo y estoy segura de que Charles y Grace les irán manteniendo informados sobre su evolución.

–          Por supuesto, estamos impacientes por finalizar el proyecto y aún no lo hemos empezado. – La secundó Grace. – Pero estoy segura de que en manos de Valeria será una realidad muy pronto.

Charles concluyó el discurso dando las gracias a todos los invitados por asistir y les animó para que disfrutaran de la cena y de la fiesta posterior.

Nada más bajar del escenario, Valeria se dirigió a la mesa donde estaban sentados sus padres, Olivia y Mario. Paola fue la primera en preguntar:

–          ¿Significa eso que regresas a casa?

–          Sí y no. – Le contestó Valeria a su madre sonriendo con ternura. – Trabajaré en Sunbeach, así que buscaré un apartamento en la ciudad. Ya no tendrás que coger un avión para venir a verme.

–          ¡Es una gran noticia! – Exclamó Frank levantando su copa para brindar. – Por tu ascenso, cielo.

Todos brindaron y se abrazaron felices por la gran noticia. Paola y Frank estaban encantados de que su hija se trasladara a Sunbeach, ningún padre ni ninguna madre quieren tener a sus hijos lejos. Olivia también estaba feliz con la noticia, su mejor amiga regresaba a casa y la distancia ya no sería un problema para poder verse. Y Mario también estaba contento, Valeria era una buena amiga y casi como una hermana a la que había echado mucho de menos.

Valeria regresó a la mesa presidencial cuando los camareros empezaron a servir la cena y se sentó junto a Jason, que estaba hablando con Vladimir. En cuanto Vladimir la vio llegar, se retiró para seguir con su trabajo. Jason se volvió hacia a ella, la recibió con una amplia sonrisa y le susurró al oído:

–          Todo ha salido genial, ahora ya puedes relajarte y disfrutar de la fiesta.

Cenaron mientras charlaban alegremente. Jason estuvo casi todo el tiempo con Valeria, pero cada hora que pasaba se levantaba de la mesa y se reunía con Vladimir para asegurarse de que todo seguía bien, Vladimir tenía controlado a Spencer en todo momento.

Después de cenar pasaron al segundo salón, donde habían dispuesto una sala de baile y una barra de bar al fondo.

Los padres de Valeria se despidieron y regresaron al hotel, estaban cansados y al día siguiente debían regresar a Smalltown. Acompañada por Jason, Valeria se unió a Olivia y Mario, quienes volvieron a felicitar a Valeria por su nuevo puesto. Había llegado el momento de disfrutar de la fiesta, habían muchas cosas por las que brindar.

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