Confía en mí 3.

Confía en mí

Valeria regresó a Suncity el domingo por la tarde. El lunes llegó a la oficina a las siete en punto de la mañana, pero allí no había ni un alma. Nadia, su asistente, no llegaba hasta las siete y media o las ocho; Grace y Charles llegaban entre las ocho y las nueve de la mañana; y el resto de empleados también empezaban su jornada entre las ocho y las nueve de la mañana. Entró en su despacho, encendió el ordenador y empezó a ponerse al día con el correo electrónico.

A las ocho menos cuarto de la mañana llegó Nadia y fue directa al despacho de Valeria para saludarla:

–          ¡Valeria! ¿Qué tal han ido las vacaciones? – Le preguntó Nadia entrando en su despacho y abrazándola. – Te he echado de menos, ¡no sé cómo no te vuelves loca con tanto trabajo! He estado una semana sin ti y creía que me iba a dar algo.

–          ¿Tan malo ha sido? – Le preguntó Valeria sorprendida.

–          Un caos. – Le confesó Nadia sentándose en la silla de enfrente. – La empresa decoradora que hemos contratado para el aniversario de Editorial Love ha decorado el salón completamente de rosa, ¡a Grace casi le da un síncope cuando lo vio el viernes! Poco le faltó para despedirla y se ha negado a tratar con ella, así que ese marrón te toca comértelo a ti.

–          Empezamos bien la semana. – Comentó Valeria con ironía.

–          Pues eso no es todo. – Le continuó informando Nadia. – Charles ha decidido cambiar de agencia de seguridad en el último momento por un pequeño altercado que ha habido y del cual no he sido del todo informada y el director de la agencia de seguridad se ha comprometido a supervisar la seguridad del evento personalmente y, ¿adivinas a quién le ha tocado hacerse cargo de él?

–          No me lo digas, a mí. – Dijo Valeria tras resoplar.

–          Exacto. – Le confirmó Nadia. – Por cierto, tienes una reunión con él a las doce.

–          Va a ser un lunes emocionante. – Ironizó Valeria.

Se dirigieron al office mientras se ponían al día rápidamente y, tras tomarse un café rápido, Valeria regresó a su despacho, tenía mucho por hacer.

Grace y Charles Stuart llegaron a la oficina cuando ya eran pasadas las nueve de la mañana y ambos traían una amplia sonrisa dibujada en la cara. Nada más llegar, saludaron a Nadia y se asomaron al despacho de Valeria también para saludarla.

–          ¡Valeria, querida! – Exclamó Grace abrazándola con cariño. – ¿Te han ido bien las vacaciones?

–          ¡Hola Grace! – La saludó Valeria. – Las vacaciones me han venido genial, aunque tengo entendido que por aquí las cosas se han complicado un poco.

–          ¿Un poco? – Le preguntó Charles a su esposa arqueando las cejas incrédulo. – Ha ocurrido un desastre seguido de otro, esto parecía un campo de batalla.

–          Hemos tenido problemas con la decoradora y con la empresa de seguridad que habíamos contratado. – La informó Grace. – Por suerte, Charles ha conseguido que una de las mejores agencias de seguridad del país acepte el encargo con tan poco tiempo de margen para organizarse.

–          ¿Es que no pensáis explicarme qué ha ocurrido con nuestra agencia de seguridad habitual? – Preguntó Valeria arqueando las cejas.

–          Han filtrado información sensible de la editorial, han incumplido el contrato de confidencialidad y los hemos despedido. – La informó Charles. – Un amigo me recomendó la agencia Smith, así que llamé y les puse al tanto de la situación, pero me dijeron que había muy poco margen de tiempo para organizar la estructura de seguridad de un evento tan grande. Prácticamente les supliqué y debí darle pena al director, porque el sábado me llamó y me confirmó que se harían cargo de la seguridad del evento y que él mismo se encargaría personalmente de dirigir y supervisar a su equipo.

–          La agencia tiene la sede en Sunbeach, pero trabaja en todo el país. – Apuntó Grace.

–          ¿De Sunbeach? – Se sorprendió Valeria. – ¡Qué coincidencia!

Aquello no era ninguna coincidencia, pero Valeria no conocía ninguno de los detalles que podían haberla hecho sospechar.

–          Tienes una reunión con él a las doce. – La informó Charles. – Quiere conocer todo el recinto donde se va a celebrar el aniversario de Editorial Love y no hay nadie mejor que tú para enseñárselo.

–          ¿Qué hay de la decoradora? – Preguntó Valeria sabiendo la respuesta de antemano.

–          No puedo con ella, es una incompetente. – Dijo Grace teatralmente. – Pero no puedo echarla porque sería imposible encontrar a otra decoradora a estas alturas.

–          De acuerdo, veré qué puedo hacer para que el aniversario de la editorial no parezca la fiesta de cumpleaños de Tarta de Fresa. – Se mofó Valeria.

–          Parece que te han sentado muy bien esas vacaciones en Sunbeach. – Comentó Grace mirando a Charles con complicidad. – Siempre que vas a Sunbeach de visita se te ve más feliz y contenta. ¿Qué tal te ha ido por allí?

–          Muy bien, no me doy cuenta de lo mucho que echo de menos Smalltown hasta que voy de visita. – Le contestó Valeria sonriendo con nostalgia. – Echo de menos a mi familia y a mis amigos.

–          Queremos proponerte algo, Valeria. – Le dijo Charles con seriedad. – Hace tiempo que queremos abrir una delegación de Editorial Love en el sur del país, concretamente en Sunbeach, pero lo hemos ido aplazando ya que el proyecto requería dejar a alguien de plena confianza al cargo de la gestión y, hasta ahora, no conocíamos a nadie plenamente cualificado a quien confiarle el proyecto y que ambos estuviéramos puesto de acuerdo. Y digo hasta ahora porque ya lo hemos encontrado, queremos que seas tú, Valeria.

Valeria se quedó muda. Repasó mentalmente lo que acababa de decir Charles y, cuando confirmó que le había entendido bien, decidió asegurarse de ello:

–          ¿Me estás diciendo que quieres abrir una delegación en Sunbeach y quieres que yo me haga cargo de ella?

–          Así es, si tú estás dispuesta a asumir el cargo de directora, claro. – Le confirmó Charles sonriendo.

–          ¡Por supuesto que sí! – Exclamó Valeria sin acabar de creérselo mientras se arrojaba a los brazos del matrimonio Stuart. – ¿Cuándo empezaríamos?

Durante las siguientes dos horas, Charles y Grace pusieron a Valeria al corriente de la situación. Llevaban años estudiando la posibilidad de hacer crecer la editorial, confiaban en Valeria y estaba totalmente capacitada para asumir su nuevo puesto como directora. Además, el matrimonio Stuart le ofreció un 20% de las acciones de la editorial, más un considerable aumento de sueldo. Querían que la nueva delegación en Sunbeach estuviera en funcionamiento cuanto antes, por lo que decidieron que, una vez pasado el veinticinco aniversario de la editorial, Valeria se trasladaría a Sunbeach para encargarse de buscar las nuevas oficinas y empezar a contratar al personal necesario.

Tan concentrados estaban hablando de la nueva delegación de la editorial que ninguno de los tres se dio cuenta de la hora que era hasta que Nadia llamó a la puerta del despacho de Valeria y anunció con el rubor todavía en las mejillas:

–          El señor Smith está aquí, ¿le digo que espere y que en seguida le haréis pasar? – Nadia vio la confusión en el rostro de Valeria y le aclaró – El señor Smith es el director de la agencia de seguridad que habéis contratado para el aniversario de Editorial Love.

–          Oh, claro. – Reaccionó Valeria. – Dame dos minutos, por favor. En seguida salgo a recibirle.

Nadia asintió, salió del despacho de Valeria y cerró la puerta tras de sí. Grace se volvió a mirar a Valeria y le dijo:

–          Anunciaremos la creación de la nueva delegación y tu ascenso en el aniversario de Editorial Love, si te parece bien.

–          Me parece estupendo. – Le confirmó Valeria emocionada con la noticia.

–          En ese caso, será mejor que recibamos al señor Smith. – Comentó Charles.

Jason Smith estaba sentado en uno de los sillones de la sala de espera, esperando a que Charles Stuart le recibiera. Jason había recibido la llamada de Charles el viernes pasado y le había contado lo ocurrido con la agencia de seguridad que habían contratado. Se trataba de un evento importante y con muy poco margen de tiempo para organizar la seguridad, así que trató de rechazar el encargo, pero Charles parecía tan desesperado que le dijo que le diera un par de días para ver qué podía hacer. Lo cierto era que no tenía ningún interés en aceptar el trabajo, pero le supo mal darle un no por respuesta sin ni siquiera intentarlo. Aunque el verdadero motivo por el que estaba en las oficinas de Editorial Love era otro bien distinto. Había conocido a Valeria el mismo viernes por la noche y su obsesión por ella le había llevado a investigarla o, mejor dicho, a pedirle a Vladimir, su amigo y su mano derecha, que lo averiguara todo sobre ella. En cuanto descubrió que Valeria trabajaba en la editorial de Charles, se puso en contacto con él, aceptó el trabajo y le aseguró que supervisaría personalmente el evento, así se aseguraba de coincidir con Valeria.

Charles fue el primero en salir del despacho, seguido de Grace y Valeria. Jason se puso en pie y saludó a Charles sin percatarse de que Valeria también estaba allí presente.

–          Señor Smith, muchísimas gracias por aceptar hacerse cargo de la seguridad del evento con tan poco tiempo de margen. – Lo saludó Charles. – Le presento a mi esposa Grace y a Valeria Mancini, que se encarga de la organización del aniversario de Editorial Love, además de ser nuestra mejor editora. – Se volvió hacia su esposa Grace y Valeria y añadió: – Queridas, os presento al señor Smith, el director de la Agencia Smith.

–          Encantada, señor Smith. – Lo saludó Grace estrechándole la mano. – Muchas gracias por asumir este reto, sabemos que no va a ser fácil con tan poco tiempo.

Mientras Grace saludaba a Jason, Valeria se quedó estupefacta. ¿Qué hacía allí Jason, el amigo de Mario? Su mirada se encontró con la de Jason que, tras dedicarle una amplia sonrisa, le dijo:

–          Me alegro de volver a verte, Valeria. – Le plantó un par de besos en la mejilla y añadió con un tono de voz que a ella le pareció de lo más sensual – No sabía que trabajas en Editorial Love.

–          Ya ves, el mundo es un pañuelo. – Fue lo único que pudo decir Valeria en ese momento, todavía estaba tratando de asimilar que tuviera a Jason delante.

–          ¿Os conocéis? – Preguntó Grace sorprendida.

–          Sí, un amigo en común nos presentó el otro día. – Le respondió Jason sin dar demasiada información pero sin parecer grosero.

–          Bueno, os dejamos trabajar. – Concluyó Charles. – Valeria, avísame si surge cualquier imprevisto.

–          Nos vemos mañana, Val. – Se despidió Grace con un breve abrazo.

Jason se sorprendió al descubrir la familiaridad con la que el matrimonio Stuart trataba a Valeria, más que una empleada parecía la hija de ambos.

–          ¿Te encuentras bien? – Le preguntó Jason preocupado al ver que Valeria parecía tener la cabeza en cualquier parte menos allí.

–          Sí, perdona. – Le contestó forzando una sonrisa. – No sabía que tenías una empresa de seguridad.

–          Yo tampoco sabía que eras editora. – Mintió Jason. – Ha sido una agradable sorpresa verte de nuevo.

–          Será mejor que nos pongamos a trabajar, tenemos mucho trabajo por hacer y muy poco tiempo. – Le dijo Valeria evitando mirarle a la cara para no perderse en la intensidad del color gris azulado de sus ojos. – Si te parece bien, podemos ir al recinto donde celebraremos el aniversario de la editorial, así tú conoces el lugar y yo podré ver con mis propios ojos el supuesto desastre con la decoración. – Se volvió hacia a Nadia y le dijo todavía medio aturdida: – Me voy con el señor Smith, Nadia. Avisa a la decoradora que vamos hacia el recinto, quiero que esté allí cuando lleguemos.

–          Recuerda que no estamos a tiempo de buscar a otra decoradora. – Le susurró Nadia a Valeria, conociendo el genio que se gastaba.

Valeria resopló, ya estaba bastante nerviosa con tener que afrontar todo lo que se le venía encima como para que también tuviera que hacerlo bajo la total atención de Jason que tanto la desconcertaba, la confundía y la hipnotizaba.

Valeria cogió su bolso, se despidió de Nadia y salió de la oficina con Jason. Una vez en la calle, Jason colocó su mano sobre la parte baja de la espalda de ella y le dijo casi en un susurro:

–          Vladimir nos llevará. – Valeria le miró confundida y Jason le aclaró – Vladimir es mi mano derecha, además de un buen amigo. Está allí.

Jason señaló a un hombre de dos metros de alto y una espalda de uno de ancho que había apoyado en un todoterreno negro y Valeria se tensó, aquel tipo intimidaba con tan solo mirarle y, por si fuera poco, tenía unas facciones duras y marcadas que le hacían parecer un mafioso ruso.

–          Vladimir es de absoluta confianza, intimida un poco pero es un buen tipo. – Le dijo Jason mientras la guiaba hacia el coche donde les esperaba Vladimir y, una vez llegaron junto a él, Jason hizo las presentaciones oportunas. – Valeria, te presento a Vladimir Ivanov, mi mano derecha. Vladimir, te presento a la señorita Valeria Mancini que, por lo que he podido comprobar, es la mano derecha de los Stuart.

Vladimir le ofreció la mano a Valeria y ella se la estrechó un tanto desconfiaba, no podía evitar sentirse intimidada por él. Vladimir abrió la puerta trasera del coche y le hizo un gesto a Valeria para que subiera. Después intercambió una mirada cómplice con Jason y meneó la cabeza de un lado a otro con incredulidad. Vladimir estaba al tanto de las intenciones de Jason. Él mismo le había pedido el sábado anterior que investigara a Valeria Mancini y dos días después estaban en la otra punta del país aceptando un encargo de la editorial donde ella trabajaba solo porque quería volver a verla. Conocía a Jason desde hacía años y él nunca había actuado así. Con su atractivo físico y su carisma, podía conseguir a la mujer que quisiera y nunca se había interesado por ninguna en particular, hasta el momento. Sin embargo, desde que Jason había conocido a Valeria la noche del viernes, se había saltado su única regla: no mezclar los negocios con el placer. Nunca antes se había involucrado profesionalmente con ninguna de las muchas mujeres con las que había salido, todas ellas relaciones esporádicas con las que jamás aparecía en público. Vladimir le había advertido a su amigo que todo aquello era una locura, pero Jason no había querido ni escucharle.

–          ¿Hacia a dónde me dirijo? – Preguntó Vladimir mirándoles por el retrovisor.

–          Tienes que coger la autopista del norte hasta la salida 15, después yo misma te guío hasta la masía donde se va a celebrar el evento. – Le respondió Valeria un poco más tranquila.

Jason la miró y le dedicó una sonrisa que hizo que a Valeria le temblaran hasta las pestañas, no acababa de acostumbrarse a la intensidad con la que los ojos de Jason la miraban.

En apenas quince minutos llegaron a la masía de campo donde se iba a celebrar el veinticinco aniversario de Editorial Love y Jason admiró el lugar en silencio. Sin lugar a dudas, aquella masía era un lugar perfecto para organizar un evento como el que iban a organizar.

–          ¿Qué os parece? – Preguntó Valeria a los dos hombres que continuaban contemplando la masía en absoluto silencio.

Vladimir miró a Jason, negó con la cabeza y trató de no sonreír sin conseguirlo. Jason se volvió hacia a Valeria, le dedicó una amplia y seductora sonrisa y le contestó:

–          Es un lugar magnífico, pero bastante más grande de lo que habíamos imaginado. – Lo pensó durante un minuto y añadió – Vamos a tener más trabajo del que pensábamos, que ya era bastante, pero estoy seguro de que todo saldrá bien.

–          ¿Los invitados también se hospedarán en las habitaciones de la masía? – Quiso preguntar Vladimir.

–          No, no había suficientes habitaciones en la masía así que reservamos un hotel situado a unos 5 km de distancia. – Le respondió Valeria. – Solo nos hospedaremos en la masía los empleados de Editorial Love, algunos familiares y amigos y, si así lo queréis, vuestro equipo de seguridad también puede quedarse. Podéis echar un vistazo por la masía y los alrededores para familiarizaros con el terreno, mañana os daré una copia de los planos y espero que con eso ya podáis empezar.

–          ¿Puedo preguntar qué ha pasado con la otra empresa de seguridad que habíais contratado? – Preguntó Vladimir.

–          No lo sé con exactitud, pero según parece incumplieron el contrato de confidencialidad y pusieron en riesgo información comprometida de Editorial Love. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – Los abogados de la editorial ya se están encargando del asunto.

Vladimir asintió, se mostraba serio y de pocas palabras, aunque en realidad era un tipo muy divertido, pero su apariencia de mafioso ruso intimidaba a cualquiera que no le conociera.

Valeria les dejó recorrer el terreno mientras ella se adentraba en la masía en busca de Elsa Claims, la decoradora. Le había dado instrucciones muy concisas y precisas y, según le había dicho Grace, había convertido la masía en la casa de Tarta de Fresa.

Entró en el hall, vio a Elsa hablando con uno de los técnicos de sonido y la observó mientras se acercaba a ella.

Elsa es una mujer muy atractiva, es alta y delgada, con una larga melena de color dorado y los ojos de un color verde intenso. Siempre va vestida muy exuberante, enseñando el canalillo y una parte considerable de sus pechos.

Cuando Valeria traspasó la puerta del hall que daba acceso al salón principal de la masía y lo vio todo completamente rosa, casi le dio un síncope. Valeria pensaba que Grace había exagerado con los nervios de la cercanía del evento y las diversas dificultades que habían sufrido en su ausencia de vacaciones obligadas, pero lo cierto es que se había quedado corta. Las cortinas que cubrían los ventanales eran de color rosa pastel, al igual que las paredes, los manteles de las mesas y el tapizado de las sillas. Era como si alguien hubiera puesto una bomba de pintura rosa en medio del salón y la hubiera hecho explotar. Elsa debió de apreciar el gesto de horror que puso Valeria cuando vio el salón, así que trató de adelantarse:

–          ¡Señorita Mancini! Ya sé que no es lo que buscabais, pero os aseguro que estará todo cambiado y listo antes del sábado.

–          No pienso esperar al sábado para encontrarme otra horterada como esta. – Le espetó Valeria horrorizada. – El miércoles quiero que esté todo como te pedí, no como si hubiera estallado una maldita bomba rosa en mitad del salón.

–          Pero…

–          ¡Ni peros ni nada! – Estalló Valeria furiosa. – Era muy sencillo, tenías que ceñirte a lo que te dijimos, tonos negros y dorados. Y en lugar de eso me encuentro en el puto salón del castillo de la princesa Pink. Si el miércoles no está todo como debe estar, te demandaremos.

Elsa Claims asintió con la cabeza, se disculpó con Valeria y se marchó de la masía. Valeria nunca había estado tan furiosa, no era una persona prepotente ni borde, más bien todo lo contrario, pero aquello ya era demasiado. La decoradora había hecho lo que le había dado la gana y había ignorado las premisas que le habían impuesto y, en vez de estar trabajando para solucionarlo, se la encontraba coqueteando con uno de los técnicos de sonido.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Jason entrando en el salón al escuchar los gritos de Valeria.

–          No, nada va bien. – Resopló Valeria. – ¿Has visto el salón? ¡Es horrible!

–          Tendría que tratar de restarle importancia, pero es horrible lo mires por donde lo mires, no hay por dónde cogerlo. – Se mofó Jason. – Y tienes razón, parece que ha estallado una bomba de pintura rosa en mitad del salón.

–          No te rías, no tiene ninguna gracia. – Protestó Valeria sin poder evitar sonreír. – Grace está histérica, ni siquiera quiere hablar con la decoradora y la verdad es que no es para menos.

–          Habéis tenido una semana caótica por lo que me cuentas. – Comentó Jason.

–          En realidad, yo no he sufrido la semana caótica, al menos no directamente. – Le dijo Valeria encogiéndose de hombros. – Grace y Charles se empeñaron en que me fuera unos días de vacaciones y fui a ver a mi familia y amigos a Sunbeach. No tendría que haberme ido.

–          No puedes llevar tú toda la responsabilidad de la editorial. – Le dijo Jason colocando sus manos sobre los hombros de ella para quitarle tensión aunque consiguiendo el efecto contrario. – Estás muy tensa, deberías relajarte un poco.

–          ¡Ojalá fuera tan fácil! – Exclamó Valeria.

–          Lo es, déjalo en mis manos. – Sentenció Jason. – Vladimir está echando un vistazo por los alrededores, en cuanto regrese salimos de aquí y te invito a comer. Solos tú y yo, como Valeria y Jason.

La propuesta de Jason pilló a Valeria desprevenida. Ya le costaba pensar con coherencia cuando tenía a Jason delante y esa invitación había sonado de lo más sugerente. Tampoco le dio tiempo a decir nada, Vladimir entró en el salón y dijo:

–          Tres plantas de unos 1500 m2 cada una más el jardín, es mucho más grande de lo que habíamos previsto, necesitaremos veinte hombres más.

–          El equipo de Klaus regresó anoche a la base, estarán descansados para el sábado, llámale e infórmale, quiero tener el recinto cubierto. – Le dijo Jason frunciendo el ceño.

Valeria pudo observar en primera fila cómo los ojos de Jason pasaban de un color azul a un gris borroso al mismo tiempo que fruncía el ceño. No pudo adivinar qué se le estaría pasando por la cabeza, su rostro permanecía impasible, pero Valeria percibió aquel cambio de color en su iris.

–          ¿Ocurre algo? – Preguntó Valeria preocupada.

–          No pasa nada de lo que debas preocuparte, deja esto en mis manos. – Le susurró Jason acercándose a ella.

Valeria se quedó paralizada cuando sintió de nuevo el tacto de la mano de Jason sobre su espalda. No podía encontrar una explicación razonable para ello, pero el caso era que cada vez que lo tenía cerca se sentía torpe, no podía pensar con claridad. Evitaba mirarle a los ojos porque la hipnotizaban y, pese a que le encantaba lo que sentía cuando sus cuerpos se rozaban ligeramente, Valeria tenía miedo. Lo que aquel hombre le hacía sentir habiéndolo visto tan solo en dos ocasiones era algo que nunca antes había sentido.

–          ¿Te encuentras bien, Valeria? – Le preguntó Jason haciendo que volviera en sí.

–          Sí, perdona. – Le respondió Valeria ruborizada. – Creo que tienes razón, necesito relajarme un poco. – Añadió sonriendo tímidamente.

–          Vamos, te invito a comer. – Sentenció Jason devolviéndole la sonrisa y, sin retirar su mano de la espalda de Valeria, la guio hasta donde estaba aparcado el coche.

Mientras Valeria pensaba en todo lo que Jason la hacía sentir siendo prácticamente un extraño, Jason se estrujaba la cabeza por tratar de averiguar en qué pensaba Valeria. La notaba distraída, estaba a mil años luz del coche en el que viajaban uno al lado del otro y Jason quería saber qué o quién la mantenía en ese estado. Cruzó una mirada con Vladimir por el retrovisor y, tras sostenerse la mirada durante un instante, Jason sonrió y Vladimir ladeó la cabeza con resignación. Valeria no se percató de nada, estaba concentrada pensando que no sabía nada de Jason pero se moría de ganas de saberlo todo acerca de él.

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