Confía en mí 2.

Confía en mí

Después de cenar, Olivia y Valeria se despidieron de los Mancini y se subieron al coche de Olivia para dirigirse a Sunbeach. Desde que empezó a salir con Brian hacía poco más de dos años y desde que la ascendieron en la editorial, Valeria fue reduciendo sus visitas a Smalltown y ya habían pasado más de tres meses desde la última visita. A pesar de la distancia, Valeria y Olivia continuaban manteniendo el contacto, pero la relación se había enfriado un poco. Por ese motivo, Valeria quería salir de copas con Olivia, quería relajarse con su mejor amiga, ponerse al día mutuamente y divertirse olvidándose de todas las responsabilidades aunque fuera solo por una noche.

–          Tienes muchas cosas que contarme, ¿quieres empezar a ponerme al día o prefieres hacerlo con una copa entre las manos? – Le preguntó Olivia a Valeria mientras conducía por la autopista dirección a Sunbeach.

–          Mejor te lo cuento con una copa entre las manos. – Le respondió Valeria divertida.

Casi una hora más tarde, ambas amigas estaban sentadas en la zona chill-out del pub de moda de la ciudad y con una copa entre las manos.

–          Ha llegado el momento, Val. – Le dijo Olivia. – Ya estás soltando por esa boquita qué ha pasado con Don Perfecto.

Olivia llamaba a Brian Don Perfecto. Había tratado poco con Brian, pero la relación de su amiga con él parecía tan sumamente perfecta que no parecía real. Olivia sabía desde el primer día que vio a Brian que él no era el hombre adecuado para Valeria, les faltaba chispa.

–          Brian no te ha gustado nunca, ¿verdad? – Quiso saber Valeria.

–          No es que Brian no me guste, es vuestra relación lo que no me gustaba. – Le confesó Olivia a su mejor amiga. – Todo era monótono, superficial y protocolario, ¡parecíais dos actores en mitad de un rodaje!

–          Supongo que tienes razón, Brian y yo nunca tuvimos esa clase de relación apasionada, todo lo planeábamos con antelación y lo hacíamos porque “tocaba”. – Comentó Valeria, consciente de que aquella relación no tenía futuro.

–          ¿Cómo rompisteis?

–          Brian planeó una velada romántica y me pidió que me casara con él, fue entonces cuando me di cuenta que eso no era lo que quería hacer con mi vida. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – No quiero una relación cómoda, quiero una relación apasionada, quiero poder discutir a gritos con mi pareja y reconciliarnos haciendo el amor salvajemente. Brian es demasiado correcto para mí. Tuve que confesarle que no estaba enamorada de él y que lo mejor era que lo dejáramos, aunque creo que aún le está costando entenderlo, cree que me he asustado y por eso he reaccionado así.

–          Y tú, ¿estás bien?

–          He tenido épocas mejores, pero supongo que no me puedo quejar. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros.

–          Lo bueno es que puedes seguir buscando a tu alma gemela y, mientras lo encuentras, pasarás un buen rato con los candidatos.

–          Tanto buscar, acabaré con el peor de todos. – Le dijo Valeria entre risas.

–          Siempre te han gustado los chicos malos. – Bromeó Olivia y ambas estallaron en carcajadas.

Más que los chicos malos, a Valeria le gustaban los tipos duros. Era algo que no podía evitar y que le ocurría desde bien jovencita. Además del físico, el poder y la determinación hacen a un hombre muy atractivo y a Valeria le gustaban los hombres directos, precisos y seguros de sí mismos. Aunque, como a casi todas las mujeres, un hombre con uniforme podía volverla loca.

–          No me puedo creer que dejaras a Brian justo en el preciso momento en el que te pidió que te casaras con él. – Comentó Olivia divertida.

–          No tiene gracia, Oli. – La regañó Valeria.

–          Para él, desde luego que no. – Se mofó de nuevo Olivia.

–          Y tú, ¿cómo llevas lo del amor?

–          Sigo sin saber lo que es, ya me conoces. – Respondió Olivia mientras se encogía de hombros. – El día que conozca a un hombre del que no me aburra después de la tercera cita, me casaré con él.

Las dos amigas continuaron charlando, bromeando y bebiendo de sus respectivas copas hasta que empezó a sonar la canción de moda del momento y ambas se dirigieron a la pista de baile dispuestas a divertirse y dejarse llevar. Hacía tiempo que no salían las dos juntas de copas y, brindis tras brindis, se achisparon bastante.

–          He tenido un déjà vu, Oli. – Le dijo Valeria cuando, agotadas de tanto bailar, regresaron a sentarse a la zona chill-out. – Es como estar de vuelta a nuestra adolescencia.

–          Yo ya no soy una adolescente, estoy mayor para salir de copas y bailar. – Se lamentó Olivia dramatizando.

Valeria y Olivia se miraron y se echaron a reír.

–          Será mejor que vayamos a dormir como las dos abuelas que somos, de lo contrario corremos el riesgo de quedarnos dormidas aquí. – Opinó Valeria sin poder dejar de reír.

Entre risas, bromas y confidencias, las dos amigas se dirigieron al apartamento de Olivia donde, tras tomarse la última copa sentadas en el sofá charlando, se fueron a dormir.

Al día siguiente no se despertaron hasta pasadas las tres de la tarde. Ambas se habían pasado con el alcohol y la consecuencia era una horrible resaca.

–          Confirmado: estoy mayor para estas cosas. – Le dijo Olivia a Valeria mientras se preparaban algo para comer. – Pero tenemos que repetirlo, hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien juntas.

–          Podemos repetirlo el viernes por la noche, no regreso a Suncity hasta el próximo domingo. – Le propuso Valeria.

–          ¡Cuenta conmigo! – Exclamó Olivia feliz y abrazó a su amiga, la había echado muchísimo de menos.

Después de comer Olivia llevó a Valeria de regreso a Smalltown y, aprovechando el viaje, Olivia también decidió quedarse unos días en casa de sus padres.

El lunes por la mañana Valeria se levantó temprano y se fue con su padre al circuito de Sunbeach para ver los entrenamientos. Frank trabajaba como ingeniero de pista y mecánico en el circuito y el lunes comenzaban los entrenamientos para el gran premio que allí se celebraría en agosto. Valeria compartía con su padre la afición por los coches y por las carreras y, siempre que podía, acudía al circuito con su padre para disfrutar de la carrera en primera línea.

–          ¿Cuándo fue la última vez que fuimos juntos al circuito? – Le preguntó Frank a su hija mientras conducía por la autopista su Audi A5 de color negro dirigiéndose al circuito de Sunbeach.

–          El verano pasado vimos juntos la última carrera de la temporada, creo que fue a finales de julio. – Comentó Valeria con tristeza y añadió: – Ha pasado ya casi un año desde entonces.

–          Cielo, ¿estás bien? Tu madre me ha dicho que has dejado a Brian porque te ha pedido que te cases con él y yo la verdad es que no entiendo nada, pero me basta si me dices que tú estás bien. – Le dijo Frank a su hija.

–          Estoy bien, papá. – Le aseguró Valeria. – Sé que últimamente he estado un poco distante, pero te prometo que eso va a cambiar.

–          Supongo que ahora puedo confesarte que Brian nunca me ha gustado para ti, es demasiado correcto y educado, tú necesitas a alguien que sea capaz de apaciguar tu temperamento, y Brian no te llevaría la contraria para ahorrarse una discusión.

Valeria se sorprendió por cómo su padre había calado su relación con Brian pese a que en dos años de relación tan solo lo había visto en un par de ocasiones. Y Frank no se había equivocado en absoluto, Valeria lo sabía, aunque se había dado cuenta un poco tarde.

Frank aparcó su coche en el parking privado para empleados del circuito y se dirigió con Valeria hacia el box principal donde todo el equipo de ingenieros y mecánicos se habían reunido. Valeria había crecido en ese circuito, allí todos la conocían y se alegraron de verla. Saludó a todos los compañeros de su padre, pero echó de menos a alguien y preguntó:

–          ¿Dónde está Mario?

Mario Colucci es el ingeniero de pista más joven que ha tenido el circuito de Sunbeach. Su padre también había sido ingeniero de pista y él había crecido en aquel circuito y había visto crecer a Valeria, la hija pequeña de su compañero y amigo Frank. A sus treinta y cinco años, Mario es un hombre soltero, las mujeres lo deseaban y su fama de mujeriego es conocida en toda la región del sur del país. Mario es muy atractivo, es alto y fuerte, tiene la piel bronceada por el sol y unos ojos negros de mirada intensa y penetrante que es su mejor arma para seducir a las féminas.

–          Mario debe estar comprobando los monitores del muro. – Le respondió Frank. – Ve a saludarlo, se llevará una gran sorpresa cuando te vea.

Valeria no se lo pensó dos veces y salió del box, cruzó el pitline y se acercó al muro dónde Mario estaba trabajando tan concentrado en los monitores que ni siquiera se percató de la presencia de Valeria que, parada a escasos metros de él, lo observaba con admiración. Ella y Mario se conocen desde que tienen uso de razón, pues ambos han crecido entre coches en el circuito de Sunbeach, y siempre han sido grandes amigos a pesar de que se llevan nueve años de diferencia. Mario se dio media vuelta y se encontró de frente con Valeria. Esbozó una sonrisa maliciosa y, acercándose a ella despacio, le preguntó bromeando:

–          La chica más sexy de la gran ciudad ha venido de visita y, ¿soy el último en enterarme?

Mario alcanzó a Valeria y la abrazó con fuerza, feliz de que su amiga se dejara ver.

–          Estabas tan concentrado que me daba apuro interrumpirte. – Le dijo Valeria. – He venido unos días de visita y no podía irme sin venir a verte.

–          Si tantas ganas tienes de verme, supongo que no podrás rechazar una invitación para salir de copas el viernes por la noche, ¿verdad?

–          Le prometí a Oli que saldríamos juntas.

–          Pues ven con ella, a mí no me importará que me vean acompañado de dos jóvenes bellezas como vosotras. – Le respondió Mario bromeando.

Continuaron charlando mientras regresaban al box donde todos los ingenieros de pista y los mecánicos se habían reunido para organizar la tanda de entrenamientos. Valeria se sentó en un rincón del box y prestó atención a todo lo que allí decían. Una vez la reunión finalizó, Mario se la llevó a la pista para dar una vuelta al circuito en uno de los coches de carrera mientras Frank se dedicaba a confirmar que todo estuviera en orden. Hablaron de trabajo, de la ruptura con Brian y de lo mucho que Valeria echaba de menos la vida en Smalltown y no se había dado cuenta hasta estos últimos días.

–          Entonces, vuelves a estar soltera después de dos años con pareja. – Comentó Mario burlonamente y añadió divertido: – Las épocas de sequía son muy duras.

–          ¡Como si tú supieras lo que es la sequía! – Se mofó Valeria.

Cuando se despidieron, Valeria le prometió a Mario que el viernes por la noche le acompañaría junto con Olivia a la inauguración del pub de su amigo.

El martes Valeria pasó la mañana con su madre, la acompañó a comprar, la ayudó a preparar la comida y ambas disfrutaron de los agradables momentos de madre e hija que tanto les gustaban y que tanto habían echado de menos las dos.

–          Cielo, ¡no sabes cuánto me gustaría que vivieras más cerca! – Le dijo Paola a su hija por enésima vez.

–          Lo sé, mamá. – Le respondió Valeria con cariño. – Pero te prometo que vendré a veros más a menudo.

El miércoles por la tarde Valeria quedó con su hermana Bianca cuando salió de trabajar. Bianca trabaja en el colegio de Smalltown donde llevaba a Lía a clase, así que a las cinco de la tarde Valeria y Bianca charlaban sentadas en un banco del parque mientras que Lía jugaba con los demás niños y niñas de su edad sin que ninguna de las dos hermanas le quitaran el ojo de encima.

–          Y dime, ¿has salido con alguien desde que lo dejaste con Brian? – Le preguntó Bianca burlonamente.

–          No he salido con nadie desde entonces, estoy muy liada con la preparación del aniversario de Editorial Love y tampoco me apetece lo más mínimo quedar con un hombre, la verdad.

–          Hace tres meses que lo dejaste con Brian, ¿no has salido con ningún hombre desde entonces? – Le preguntó Bianca incrédula.

–          Ya te he dicho que no. – Respondió Valeria molesta.

–          Cielo, tres meses sin sexo son demasiados días con sus correspondientes noches, deberías darle una alegría al cuerpo antes de que empieces a pagar tu mal humor con quien menos culpa tiene. – Le aconsejó su hermana mayor. – No te estoy diciendo que te metas en otra relación, ahora necesitas un tiempo para organizar tu vida y saber qué es lo que quieres hacer, pero eso no está reñido con salir a divertirse, tomar unas copas y, se surge la ocasión, disfrutar de una noche loca con un absoluto desconocido.

–          Deberías dejar de ver sexo en Nueva York. – Se mofó Valeria. Bianca la miró con reproche y Valeria añadió: – Estoy bien, no necesito ninguna noche loca con ningún desconocido, pero no te preocupes, si surge la ocasión no la desaprovecharé.

Valeria nunca había sido de las que se acostaban con un hombre en la primera cita y mucho menos si el hombre en cuestión era un absoluto desconocido. Por supuesto, le atraía el buen físico en un hombre, como a todo el mundo, pero Valeria consideraba muy íntimo el hecho de meterse en la cama con un hombre y siempre había necesitado conocerlos un poco más y decidir si realmente le interesaba.

–          Disfruta de tu soltería, Val. – Le aconsejó su hermana. – Y no escojas a tu hombre porque creas que te vaya a dar una buena vida y te vaya a cuidar, escoge a un hombre que te haga sentir viva, un hombre que te mire con pasión y te desee, porque ese será el único hombre que podrá hacerte feliz.

–          No necesito ningún hombre para ser feliz, Bianca. – Le replicó Valeria a su hermana un tanto molesta.

–          No te estoy diciendo que necesites a un hombre para ser feliz, te estoy diciendo que si quieres ser feliz con un hombre solo hay un tipo de hombre que con el que podrás serlo, Valeria. – Sentenció Bianca confundiendo todavía más a Valeria.

–          Da igual, por el momento, nada de hombres. – Sentenció Valeria.

Ambas hermanas resoplaron, las dos se querían mucho, pero a veces no llegaban a entenderse demasiado bien.

–          Tita Val, mi amiga Kim dice que no vas a venir a mi cumple. – Le dijo la pequeña Lía parada frente a ella y con el ceño fruncido. – ¿A que sí vas a venir, tita Val?

–          Cariño, todavía falta más de un mes para tu cumpleaños. – Trató de calmarla Bianca intentando sin éxito ocultar la risa.

–          Pues claro que iré a tu cumple, princesa. – Le aseguró Valeria a su única sobrina, a la cual adora. – Y te voy hacer un regalo que te va a encantar, ya lo verás.

–          ¿Me lo prometes? – Preguntó Lía.

–          Te lo prometo, princesa. – Le prometió Valeria. Lía regresó con su amiga Kim y continuaron jugando. Valeria observó a su sobrina durante unos minutos y después le dijo a Bianca: – Lía crece muy rápido, parece que fue ayer cuando empezaba a andar y ahora habla por los codos.

–          En los dos últimos años apenas has venido cuatro o cinco veces de visita. – Comentó Bianca sin reproche en su voz. – Lía te adora, siempre pregunta por ti y presume de tita, ella también te echa mucho de menos, Val.

–          Te prometo que voy a venir más a menudo, Bianca. – Le aseguró Valeria a su hermana al mismo tiempo que la abrazaba. – Yo también os he echado mucho de menos a todos.

El jueves Valeria lo dedicó a ir de compras con Olivia a Sunbeach y ambas se compraron un precioso vestido para la fiesta de inauguración del pub del amigo de Mario. Mario les había dicho a las chicas que se trataba de un pub muy exclusivo y ellas querían estar perfectas para la ocasión.

Durante toda la semana, Valeria había telefoneado a su asistente Nadia para que la mantuviera al corriente de cómo iban las cosas por la oficina, pero Nadia le respondía todos los días lo mismo: tenía órdenes directas de Grace y Charles Stuart de no decirle absolutamente nada. Y el viernes cuando llamó de nuevo a Nadia, Valeria obtuvo la misma respuesta, así que decidió olvidarse de todo lo que tuviera que ver con el trabajo y disfrutar de la estupenda noche que tenía por delante con Olivia y Mario.

Los tres amigos cenaron con los padres de Valeria en la casa del matrimonio y después de cenar se dirigieron juntos a Sunbeach. Mario condujo hasta llegar a la avenida principal de Sunbeach, donde aparcó en el parking privado de un edificio de tres plantas con un cartel enorme con la palabra “Lovers” en neón rosa escrita en la fachada.

–          Está lleno de cochazos. – Opinó Olivia echando un vistazo al parquin.

–          Es un pub privado bastante exclusivo, aquí no puede entrar cualquiera. – Le contestó Mario. – Chicas, vamos a entrar. He quedado con un amigo y debe estar esperándonos dentro.

Caminaron hacia a la puerta principal del edificio, donde dos tipos de seguridad con traje negro les pidieron los nombres.

–          Olivia Verino, Valeria Mancini y Mario Colucci. – Le dijo Mario.

Tras comprobar sus nombres en la lista de invitados, uno de los tipos de seguridad les dijo abriendo la puerta:

–          Pueden pasar.

Nada más traspasar el umbral de aquella puerta, Valeria se dio cuenta de que aquel pub no era un pub normal y corriente y no solo por el alto nivel económico de los clientes que allí había, era un lugar bastante peculiar. La primera planta es una amplia estancia que está escasamente iluminada con una tenue luz roja, convirtiendo la estancia en un lugar bastante oscuro y sugerente. Al lado izquierdo hay una barra de bar un poco más iluminada, con taburetes de cuero blanco a juego con la barra de bar y las estanterías para las botellas que hay en la pared. Al lado derecho está la zona chill-out, una zona de relax llena de camas con dosel, sofás, pufs y mesitas bajas. Y en el centro del local estaba la pista de baile, donde las parejas bailaban acarameladas mientras sonaba una lenta balada de lo más sugerente. Todavía era temprano pero el lugar ya estaba lleno de gente, Mario tuvo que abrir paso entre la multitud para guiar a las chicas hacia a la barra y pedir unas copas.

–          No es un pub normal, ¿verdad? – Le preguntó Valeria a Mario.

–          Ya te he dicho que es un pub muy exclusivo. – Le respondió Mario sonriendo maliciosamente.

–          ¿Es un club de intercambio de parejas? – Se aventuró a preguntar Valeria.

–          No exactamente. – Contestó Mario divertido. – El local tiene tres plantas, esta de aquí y dos más. Esta es la primera planta, que es el pub, un lugar donde tomar una copa, charlar y bailar. En la segunda planta está la zona VIP, donde están los reservados de estilo chill-out y cuentan con camarero exclusivo. Y en la tercera planta están las habitaciones, que se alquilan un mínimo de dos horas.

–          Supongo que eso justifica el nombre del local. – Le dijo Valeria encogiéndose de hombros.

–          Pero, ¿habrán algunas normas, no? – Preguntó Olivia interesada en el Lovers.

–          Normas básicas de convivencia y respeto. – Le respondió Mario. – En la primera planta puedes hacer lo que quieras siempre que lleves la ropa puesta, pero si quieres sexo tienes que subir a un reservado o a una habitación. Siempre y cuando se mantenga el respeto hacia a los demás, no hay ningún problema.

–          Esto es lo que vulgarmente se conoce como un picadero, ¡me encanta! – Exclamó Olivia excitada por estar en ese lugar.

Mario pidió tres copas al camarero, que vestía de blanco impoluto, y los tres brindaron por la magnífica noche que tenían por delante. Pocos minutos después, Ethan Gumers, el propietario del local y amigo de Mario, se acercó hasta a su amigo para saludarlo.

–          Mario, me alegra que hayas podido venir y tan bien acompañado. – Lo saludó Ethan guiñándoles un ojo a las chicas.

–          Cuidado con ellas que son como mis hermanas. – Le advirtió Mario y añadió más relajado: – Te presento a Olivia y Valeria. – Se volvió hacia las chicas y les dijo con una sonrisa maliciosa en los labios: – Chicas, él es Ethan Gumers, el propietario del Lovers.

Ethan Gumers es un hombre de treinta y nueve años, uno de los solteros de oro de la ciudad de Sunbeach. Su pelo rubio, su sonrisa traviesa y sus ojos azules lo hacían resultar muy atractivo y allí a dónde iba los hombres y las mujeres se volvían para mirarlo. Es un hombre muy educado y simpático que le hacen resultar muy carismático. También es conocido por su fama de mujeriego, pues las relaciones no suelen durarle más de un par de meses.

Ethan les besó la mano a las dos amigas a modo de saludo y les dijo sonriendo:

–          Encantado de conocerlas, señoritas. Espero que disfruten de la inauguración y espero que se diviertan tanto como para que quieran regresar. – Ethan le estrechó la mano a su amigo y se despidió por el momento: – Tengo que saludar a algunos invitados, te veo luego por aquí. Un placer, señoritas. – Se despidió también de las chicas.

Poco después de que Ethan se alejara para saludar al resto de invitados como el perfecto anfitrión que era, apareció Álex Dinoso, el amigo con el que Mario había quedado. Álex es un hombre de treinta y cinco años, iba a clase con Mario en el colegio de Sunbeach y desde entonces son muy buenos amigos. Tiene el pelo castaño oscuro, los ojos marrones y unos labios carnosos muy sugerentes que incitan a ser besados. Es amable, simpático, divertido y muy atractivo, pero insiste en ser un eterno soltero, le gusta demasiado la vida que tiene y no quiere cambiarla. Valeria había oído hablar de él muchas veces, pero nunca había llegado a coincidir con él.

–          ¿Qué tal, Mario? – Lo saludó Álex abrazando brevemente a Mario.

–          No tan bien cómo tú, colega. – Le respondió Mario. Ambos intercambiaron un par de bromas sobre el otro y después Mario añadió – Álex, ellas son Valeria Mancini y Olivia Verino, dos buenas amigas.

–          Encantado de conocerlas, señoritas. – Las saludó Álex plantándoles a cada una un par de besos en la mejilla. – ¿Qué hacen dos chicas guapas como vosotras en un sitio como este? ¿Saben vuestros novios que habéis venido? – Bromeó Álex.

–          No tenemos novio y, aunque lo tuviéramos, tampoco tendríamos que pedirle permiso para ir a ninguna parte. – Le respondió Olivia coqueta, guiñándole el ojo y mostrando su sonrisa más seductora.

Los cuatro se acomodaron en los taburetes frente a la barra y Mario pidió otra ronda de bebidas al camarero. Entre trago y trago, los cuatro charlaron alegremente, bailaron cuando la música empezó a ser más animada y se divirtieron más de lo que en un principio habían pensado que podrían divertirse. Valeria estaba bailando con Olivia en mitad de la pista cuando Álex se acercó a ellas y, viendo la complicidad que existía entre Álex y su amiga Olivia, decidió apartarse de ellos con discreción y se dirigió hacia el baño, situado al fondo de la amplia estancia. Apenas le faltaban un par de metros para llegar hasta a la puerta del baño de mujeres cuando un hombre le bloqueó el paso con descaro y, mostrándole una sonrisa que a Valeria no le auguró nada bueno, el tipo acercó su boca al oído de Valeria y le susurró:

–          ¿Has venido sola, preciosa?

Valeria se lo quedó mirando durante una milésima de segundo. Era un tipo muy atractivo, como todos los invitados, que parecían sacados de una agencia de modelos. Debía rondar los treinta y cinco años, más o menos. Sus ojos pequeños, rasgados  y de color ámbar le daban un aire exótico que incrementaba su atractivo, pero había algo en él que a Valeria no le inspiraba confianza.

–          No creo que eso sea asunto tuyo. – Le respondió Valeria de malos modos al mismo tiempo que se apartaba de él para continuar su camino.

–          Vamos preciosa, estoy seguro de que juntos nos podemos divertir mucho. – Insistió el tipo al ver que Valeria quería alejarse de él. – Discúlpame, he sido un grosero. Mi nombre es Anthony Spencer, ¿y usted es…?

–          Valeria Mancini. – Le respondió Valeria estrechándole la mano con desgana.

A Valeria no le gustó el tacto de la mano de aquel hombre, tenía la mano áspera y fría como el hielo, tan fría que un escalofrío recorrió su cuerpo.

–          Un placer conocerla, señorita Mancini. – Le contestó Anthony fingiendo no darse cuenta de lo molesta que estaba Valeria. – ¿Qué te parece si, para compensarte esta intromisión, te invito a una copa?

–          Otro día, hoy he venido acompañada. – Le contestó Valeria para quitárselo de encima sin parecer más descortés de lo que estaba siendo. – Ya nos veremos.

Valeria le dedicó una fingida sonrisa y se encaminó a la seguridad del baño de mujeres, donde Anthony no la seguiría.

Jason Smith había visto a Valeria en cuanto puso un pie en el local acompañada por Mario Colucci y otra chica a la que tampoco conocía y desde entonces no le había quitado el ojo de encima. Poco rato después se les unió Álex, quién claramente estaba interesado en la otra chica, con la que ahora bailaba en el centro de la pista. Al principio, Jason pensó que podría tratarse de la nueva conquista de Mario, pero al observarlos durante toda la noche y ver que se trataban con bastante familiaridad, había descartado la idea. Si Mario hubiera tenido hermanas, hubiera pensado que sería su hermana, pero Jason sabía que Mario era hijo único.

Jason se había obsesionado con Valeria desde que la vio entrar por la puerta del Lovers, no podía dejar de mirarla y sonreía cuando la veía sonreír por lo que, aprovechando que ella estaba en el baño y Álex estaba bailando con la otra chica, Jason se acercó a saludar a Mario. No le había gustado en absoluto que el capullo de Spencer se le hubiera acercado y estaba dispuesto a cualquier cosa para evitar que se volviera a acercar a ella.

Él y Mario nunca habían sido grandes amigos, pero se conocían desde el instituto y habían pasado muchos años desde entonces. Al vivir en la misma ciudad, coincidían constantemente y se saludaban con cordialidad y educación, eran esa clase de amigos que se conocen desde que se tiene uso de razón y con el que, a pesar de no tener una estrecha relación, se le tiene en gran estima.

–          Mario, ¿qué haces tan solo en un lugar como este? ¿Es que has sentado la cabeza? – Le saludó Jason divertido.

Se estrecharon la mano, se dieron un breve abrazo con palmada en la espalda incluida y Mario, haciéndole un gesto para que se sentara en el taburete que había junto a él, le respondió:

–          Estoy con Álex y dos amigas.

–          Entonces, estás de caza. – Comentó Jason tratando de averiguar qué relación tenía con esa chica de la que ni siquiera sabía el nombre.

–          Yo siempre estoy de caza, ya me conoces. – Bromeó Mario. – Pero esta noche tengo otras prioridades.

–          ¿Otras prioridades? Te me estás haciendo mayor, amigo. – Bromeó Jason.

Valeria salió del baño y se dirigió hacia a la barra donde estaba Mario, tratando de esconderse de Anthony Spencer entre la gente que bailaba. Cuando llegó hasta a Mario, lo encontró sentado de espaldas hablando con un hombre. Los observó a escasos tres metros de distancia sin querer interrumpirles y se dedicó a observarlos durante un instante. Mario estaba relajado y bromeaba, así que Valeria intuyó que se trataba de otro de sus amigos. Valeria se fijó en el hombre que lo acompañaba, también parecía estar relajado y sentirse cómodo. A pesar de estar sentado en el taburete de la barra, Valeria pudo percatarse de que era un hombre alto y fuerte, de los que van al gimnasio a diario y les gusta mantenerse en forma. Tenía el pelo muy corto, pero aún y así pudo ver que era de un color castaño claro. Desde donde estaba no podía verle el color de los ojos, pero estaba segura de que eran de un color claro. Se acercó hasta llegar junto a ellos y pudo observarlo más de cerca, era muy atractivo. Se fijó en sus preciosos ojos, pero no supo adivinar si eran azules o grises.

–          Valeria, justo estábamos hablando de ti. – Le dijo Mario agarrándola por la cintura y pegándola a su lado. Se volvió hacia a Jason y añadió con tono de advertencia: – Jason, esta es mi amiga Valeria, es como una hermana pequeña para mí.

–          Encantado de conocerte, Valeria. – La saludó Jason plantándole un beso en la mejilla y aprovechando la ocasión para deleitarse con su aroma a jazmín. – Soy Jason, un amigo de Mario.

Valeria tuvo que esforzarse en no devorarlo con la mirada cuando se acercó a saludarla y la besó en la mejilla. Todo su cuerpo se había rendido ante su contacto y notó como el rubor se instaló en sus mejillas.

–          Encantada, Jason. – Fue lo único que Valeria fue capaz de decir.

–          Parece que Oli y Álex se lo están pasando muy bien, ¿no crees? – Le preguntó Mario a Valeria mientras miraba hacia a la pista de baile.

–          Si se lo lleva a casa, esta noche me quedo a dormir contigo. – Le contestó Valeria que se negaba a dormir en la habitación contigua a la de su amiga y oírla gemir con Álex toda la noche.

–          ¿Soy tu segundo plato? – Bromeó Mario haciéndose el ofendido.

Justo en ese momento se unieron a ellos Álex y Olivia y Valeria se apresuró en cambiar de conversación:

–          ¿Pedimos otra ronda?

Todos asintieron y Mario se encargó de llamar al camarero para que les sirviera otra ronda de bebidas. Durante un par de horas, los cinco continuaron bebiendo, bailando y charlando entre bromas. Jason se quedó con ellos y no perdió de vista a Valeria ni un solo segundo, pero se quedó charlando con Mario cuando ella se dirigió de nuevo a la pista de baile. Mario había ido al baño cuando Valeria se encontró de nuevo con Anthony Spencer en la pista de baile. Jason, que no había dejado de observarla, se acercó a ella en cuanto vio que Spencer se acercaba y trataba de bailar con ella. La agarró de la cintura y le susurró al oído:

–          ¿Va todo bien, Valeria?

Valeria le abrazó, le dedicó una amplia sonrisa y le respondió:

–          Tengo sed, ¿me acompañas a pedir una copa a la barra?

Jason asintió con gesto serio y, antes de dar media vuelta y marcharse con Valeria, le dedicó una mirada de advertencia a Spencer para que no se acercara a ella.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason preocupado.

–          Sí, gracias. – Le respondió Valeria avergonzada, sintiéndose como si fuera una niña pequeña. – Lo siento, ese tipo me ha entrado antes cuando iba al baño y no me da muy buena espina.

–          Mantente alejada de Spencer, no te conviene. – Le aconsejó Jason con gesto serio.

Valeria asintió, no tenía la menor intención de acercarse a Anthony Spencer. Cuando Mario regresó del baño y vio las caras largas de Valeria y Jason, Valeria le contó lo ocurrido y Mario decidió dar la noche por finalizada. Se despidió de Álex y Jason, dejó que las chicas también se despidieran de ellos, y las llevó al apartamento de Olivia, donde quedó en ir a buscarlas al día siguiente.

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