Confía en mí 14.

Confía en mí

Valeria salió del salón y se dirigió al despacho en busca de su padre pese a que se sentía un poco nerviosa al dejar a Jason a solas con su madre y con su hermana. Por suerte Steve estaba con ellas y él no dejaría que le atosigaran demasiado. Valeria llamó a la puerta del despacho y esperó a que su padre diera permiso para entrar antes de abrir la puerta.

–          Hola cielo, ¿ya has llegado? – Le preguntó Frank mientras abrazaba a su hija con cariño y ternura. – ¿Has venido acompañada?

–          Así es, Jason Smith ha venido conmigo. – Le confirmó Valeria.

–          Valeria, ese hombre es bastante mayor que tú y no tiene una buena reputación con las mujeres. – Empezó a decir Frank preocupado. – Sé que no tengo ningún derecho a inmiscuirme en tus relaciones, pero no quiero que sufras.

–          No tienes nada de lo que preocuparte, papá. – Le aseguró Valeria. – Jason es un buen amigo que se preocupa por mí, ni siquiera ha intentado besarme.

–          ¿Te gustaría que lo hiciera? – Le preguntó Frank con el ceño fruncido.

–          Pues sí, papá. – Le confesó Valeria. – Sé que es pronto, que acabo de terminar mi relación con Brian y que no debería pensar en esto, pero lo cierto es que no puedo evitarlo.

–          El amor llega sin previo aviso, mi pequeña. – Le dijo Frank abrazando de nuevo a su hija. – Será mejor que vayamos a rescatar a tu amigo de las garras de tu madre y tu hermana, ¿cómo se te ocurre dejarle con ellas?

–          He dejado a Steve de intermediario. – Le contestó divertida.

Padre e hija se dirigieron al salón y sonrieron al encontrar a Jason bromeando con Lía, a quien se había ganado desde el primer momento. Valeria se acercó a su padre y le susurró:

–          Sé bueno con él, él es bueno conmigo.

–          Jason Smith, me alegro de volver a verte. – Lo saludó Frank amablemente para complacer a su hija.

–          Lo mismo digo, señor Mancini. – Lo saludó Jason.

–          Por favor, llámame Frank.

Todos miraron a Frank sorprendido, a él nunca le habían gustado los novios de Valeria, era su pequeña. Sabía que a Jason no le interesaba formar una familia, él se dedicaba plenamente a su trabajo, pero también sabía que era un tipo serio y responsable y que jamás se hubiera presentado en su casa si no le interesaba lo más mínimo Valeria.

Paola les hizo pasar a todos al comedor cuando la cena ya estuvo lista y Jason se sentó junto a Valeria y ella aprovechó la cercanía para susurrarle al oído sin que los demás la escucharan:

–          ¿Todo bien, director Smith?

–          Todo bien, preciosa. – Le susurró Jason dedicándole una seductora sonrisa que la derritió.

Cenaron tranquilamente hasta que Paola comenzó a hacer preguntas a Jason y Valeria se tensó, pero él la agarró de la mano por debajo de la mesa y le hizo saber que todo iba bien. Paola le preguntó sobre su trabajo, preocupada por lo peligroso que era, pero poco después comenzó a hacer preguntas más personales:

–          Dime Jason, ¿te gustaría tener hijos?

Valeria estaba bebiendo de su copa de vino en ese momento y se atragantó. Jason tuvo que darle unas palmaditas en la espalda para evitar que se ahogara y Bianca regañó a Paola:

–          Mamá, por favor.

–          Solo era una pregunta inocente, como lo he visto tan entretenido con Lía… – Se excusó Paola.

–          Con la mujer adecuada, me gustaría tener hijos. – Respondió Jason acariciando suavemente la espalda de Valeria. Valeria le miró incrédula y él, tras dedicarle una amplia sonrisa, le preguntó: – ¿Estás bien?

–          Sí, creo que sí. – Murmuró Valeria.

Valeria fulminó a su madre con la mirada y Paola decidió cambiar de tema y no volver a preguntar sobre Jason. Después de cenar Lía se durmió y Bianca y Steve se despidieron y regresaron a casa. Frank y Jason se tomaron una copa en el salón mientras que Valeria ayudaba a Paola recoger la mesa y la cocina.

–          Jason es un buen hombre y se nota que le gustas mucho. – Comentó Paola.

–          Solo somos amigos. – Insistió Valeria por enésima vez.

–          Ese chico te gusta de verdad y no deberías tratar de evitar lo que sientes, no es nada malo, cielo. – Le dijo Paola.

–          Me gusta, pero a él no parece que yo le guste tanto. – Resopló Valeria. – Ni siquiera ha intentado besarme, mamá. Y pasamos muchas horas juntos, demasiadas.

–          Puede que no te haya besado todavía, pero te ha acompañado a cenar a casa de tus padres y solo hace un par de semanas que lo conoces, eso dice mucho de lo que pretende.

Valeria continuó charlando con su madre en la cocina y, mientras tanto, Frank y Jason se tomaban una copa en el salón. Jason estaba alerta, sabía que si se quedaba a solas con Frank tendrían una conversación difícil y no se equivocó:

–          Valeria es mi hija pequeña y, por mucho que crezca, siempre será mi niña. – Empezó a decir Frank. – Me ha dicho que cuidas de ella y la respetas y yo me alegro de ello, pero…

–          No pretendo hacerle daño a Valeria, Frank. – Le interrumpió Jason. – Mis intenciones con ella son serias, de lo contrario no me hubiera presentado aquí.

En ese momento Paola y Valeria entraron en el salón y ambos hombres se volvieron para mirarlas y recibirlas con una sonrisa en los labios.

–          Creo que ya va siendo hora de marcharse. – Le dijo Valeria a Jason sentándose a su lado en el sofá, colocando su mano sobre la rodilla de Jason.

Jason rodeó con su brazo la cintura de Valeria y, dedicándole una seductora sonrisa, le dijo:

–          Cuándo tú quieras.

–          ¿Os vais tan pronto? – Les preguntó Paola con tristeza.

–          Cariño, Jason y Valeria estarán cansados y tienen que regresar a Sunbeach, ya regresarán otro día. – Intervino Frank.

–          Dentro de dos semanas celebraremos el cumpleaños de Lía, ¿querrás venir, Jason? – Le invitó Paola.

–          Me encantaría, si a Valeria le parece bien. – Le respondió Jason mirando a Valeria a los ojos, esperando que confirmase que irían juntos a la fiesta de cumpleaños de su sobrina.

–          Ya veremos, mamá. – Le dijo Valeria a su madre. Se despidió de Paola y Frank con un beso en la mejilla un afectuoso abrazo.

–          Gracias por esta magnífica cena, lo he pasado muy bien. – Se despidió Jason del matrimonio Mancini.

Valeria y Jason se subieron en la parte trasera del todoterreno de la agencia y regresaron a casa de Jason. Durante todo el camino de regreso, Valeria estuvo callada y mirando por la ventanilla, pensando en por qué Jason había aceptado ir al cumpleaños de su sobrina Lía. Su familia creía que había algo más que una amistad entre ellos y Jason no hacía nada para sacarlos de su error, más bien todo lo contrario. Jason supo que a Valeria no le había gustado que aceptara aquella invitación al cumpleaños de la pequeña Lía y no sabía por qué, él tan solo pretendía facilitarle las cosas y cuidar de ella como le había prometido.

–          ¿Estás enfadada conmigo? – Le preguntó Jason escudriñándola con la mirada en cuanto entraron en casa y se quedaron a solas.

–          No, no estoy enfadada contigo. – Le respondió Valeria distraída.

–          Valeria, dime qué te pasa. – Insistió Jason agarrándola del brazo.

Valeria frunció el ceño y finalmente le respondió:

–          No sé qué pretendes, te agradezco todo lo que estás haciendo pero me confundes. – Jason la miró sorprendido y Valeria continuó: – Mi familia se ha montado su propia película sobre nosotros y, a pesar de que he intentado sacarlos de su error tú no ayudas nada aceptando invitaciones a cumpleaños como el yerno perfecto.

–          ¿Estás enfadada porque he sido amable con tu familia? – Le preguntó Jason burlonamente.

–          Olvídalo. – Le dijo Valeria sintiéndose como una niña pequeña. – Creo que será mejor que me vaya a dormir.

Valeria subió las escaleras y se dirigió a la habitación de Jason, allí era donde tenía casi todas sus cosas. Se dio una ducha y se puso un short de algodón blanco y una camiseta de tirantes muy ceñida también de color blanco. No se había puesto ropa interior, esta noche pensaba ponérselo muy difícil a Jason.

Jason respiró profundamente, la observó mientras subía las escaleras y decidió ir a la cocina y servirse una copa para tranquilizarse. Allí se encontró con Vladimir, que le había escuchado llegar y quiso comprobar que todo estuviera bien.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Vladimir.

–          Valeria está un poco enfadada conmigo y no entiendo muy bien por qué. – Le respondió Jason encogiéndose de hombros tras darle un trago a su copa.

–          Algo le habrás hecho. – Apuntó Gisela entrando en la cocina y sirviéndose un vaso de agua. – ¿No te ha dado ninguna pista?

–          Creía que se había enfadado porque he aceptado la invitación para el cumpleaños de su sobrina dentro de dos semanas, pero cuando le he preguntado me ha dado a entender que había algo más. – Le respondió Jason. – No he entendido nada y le he preguntado si se había enfadado porque había sido amable con su familia, entonces me ha dicho que lo mejor era que se fuera a dormir y se ha ido a la habitación. Creo que su familia piensa que hay algo entre nosotros y me reprocha que yo no haya hecho nada para sacarles de su error.

–          Quizás lo que te reprocha es que su familia piense que estáis juntos y tú no hayas hecho nada para convertirlo en una realidad. – Opinó Gisela. – Ve a hablar con ella, no dejes que se duerma estando enfadada.

Jason se bebió de un trago el contenido de la copa y, tras darles las buenas noches a Vladimir y Gisela, se dirigió a su habitación en busca de Valeria. Abrió la puerta de la habitación y la luz estaba apagada, pero podía notar la presencia de Valeria y logró distinguir su silueta sobre la cama.

–          Valeria, me pediste que no les hablase de nada relacionado con César Merino y eso he hecho. – Le dijo Jason entrando en la habitación. – Solo pretendía ser amable pero si no quieres que vaya no hay ningún problema, les diremos que me ha surgido un asunto de última hora en el trabajo. – Jason se sentó a un lado de la cama y añadió: – No te enfades, Valeria.

–          No estoy enfadada contigo. – Le dijo Valeria volviéndose hacia a él. Estiró el brazo y encendió la luz de la habitación al mismo tiempo que se incorporaba en la cama. – Y sí que quiero que vayas al cumpleaños de Lía, le has caído muy bien y se alegrará cuando te vea.

Jason la miró con deseo. Apenas llevaba ropa puesta y aquella ceñida y fina camiseta marcaba deliberadamente los pezones de Valeria. Ella le sonreía con descaro, le estaba provocando.

–          No me lo estás poniendo fácil, Valeria. – Le susurró con la voz ronca.

–          Eres tú quien se empeña en hacerlo difícil. – Lo provocó Valeria desafiándole con la mirada.

Jason le sonrió con picardía, Gisela tenía razón y Valeria quería lo mismo que él deseaba desde el primer momento en que la vio. Se quitó la camisa y los vaqueros y se metió en la cama con Valeria. La miró a los ojos, le sonrió, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído con la voz ronca por la excitación:

–          Tu pijama me va a matar.

–          Ayúdame a deshacerme de él. – Le pidió Valeria.

Jason ya no pudo contenerse más, había intentado ser prudente para no asustarla, para que no malinterpretara la razón por la que quería ayudarla, pero ella ya lo había decidido y a él ya no le quedaba fuerza de voluntad. Acercó sus labios a los de ella y la besó. Fue un beso lento que ambos saborearon, ya que ambos lo deseaban desde hacía mucho tiempo. Valeria se estrechó contra el cuerpo de Jason y le rodeó el cuello con las manos, no quería que se separase de ella. Jason continuó besándola y, cuando Valeria se dio cuenta que Jason no pasaría del beso, se armó de valor y se arriesgó. Se separó de él un instante, se quitó la camiseta por la cabeza, se estrechó de nuevo contra el cuerpo de Jason y le volvió a besar. Jason se incorporó arrastrando a Valeria con él, la colocó a horcajadas sobre él y le susurró al oído:

–          Vas a volverme loco.

Jason le devoró la boca el cuello y los pechos. La tumbó en la cama y la deleitó con millones de besos y caricias por el cuerpo hasta que Valeria gimió en forma de protesta, estaba excitada y necesitaba más. Jason se deshizo del short de Valeria y acarició sus piernas con un movimiento ascendente hasta que sus manos se perdieron entre los muslos de Valeria. Valeria gimió excitada, Jason acariciaba su clítoris con una mano, mordía y pellizcaba sus pezones y ella estaba al borde del abismo. Jason la besó de nuevo en los labios mientras ella gemía, introdujo un dedo en su interior y después otro. Valeria se arqueó y buscó el miembro de Jason para acariciarlo. No sabía cómo ni cuándo, pero Jason se había deshecho de su bóxer y su duro y erecto miembro estaba completamente desnudo y al alcance de su mano. Valeria notó cómo Jason se estremeció con su contacto y le acarició apasionadamente.

–          Cariño, voy a hacerte el amor. – Le susurró Jason excitado.

Valeria gimió y se arqueó a modo de respuesta. Jason se puso un preservativo, se colocó entre sus piernas, la besó en los labios con urgencia y la penetró de una sola estocada. Ambos gimieron y Jason continuó entrando y saliendo de ella rítmicamente, al mismo tiempo que la besa y acariciaba con adoración. Valeria le rodeó la cintura con sus piernas y le arañó la espalda cuando las embestidas se tornaron más rápidas y profundas hasta que juntos alcanzaron el clímax. Jason se desplomó hacia un lado llevándose a Valeria con él, dejándola tumbada sobre su pecho. La besó en la frente y, cuando sus respiraciones se normalizaron, le preguntó:

–          ¿Estás bien?

–          Mejor que nunca. – Le respondió Valeria abrazándose a Jason.

Jason la envolvió con sus brazos y ambos se quedaron dormidos pocos minutos después.

A la mañana siguiente Valeria se despertó entre los brazos de Jason, había dormido de un tirón y no había tenido ninguna pesadilla. Jason le sonrió en cuanto la vio abrir los ojos y la besó en los labios.

–          Buenos días, preciosa. – La saludó Jason. – ¿Has dormido bien?

–          He dormido como un lirón y no he tenido pesadillas.

–          Valeria, algún día tendremos que hablar de esas pesadillas. – Tanteó el terreno Jason con pies de plomo. – Sé que tienen que ver con César Merino, pero no me has contado nada de lo que ocurrió cuando te secuestraron.

–          Ya te dije lo que pasó, me secuestró durante tres días, hasta que Luke me encontró y me rescató. – Le dijo Valeria. – Durante esos tres días me trató bien, intentaba seducirme pero como no lo consiguió, al tercer día se le acabó la paciencia e intentó violarme. Luke llegó justo a tiempo, me sacó de allí y nunca más había vuelto a saber nada más de César Merino hasta ahora.

Jason cerró los ojos tratando de contener la ira al escuchar las palabras de Valeria y la estrechó con fuerza entre sus brazos al mismo tiempo que le susurró al oído:

–          No dejaré que te ocurra nada, preciosa.

Se hicieron los remolones en la cama durante un rato por el simple hecho de permanecer juntos y abrazados un poco más.

Jason pasó la mañana trabajando encerrado en su despacho, tenía que ponerse al corriente de la situación de la agencia y llevaba dos semanas sin ir por la oficina. Valeria aprovechó la mañana para llamar a Grace y hablarle del edificio que había decidido alquilar, le envió las fotos y la ficha de la inmobiliaria y le pidió que lo revisase todo antes de dar el visto bueno. Grace le recordó que necesitaría un abogado para el papeleo y le sugirió que contratara a su amiga Olivia, sabía que estaba en paro y Grace quería que Valeria se sintiera lo más cómoda posible en su nuevo puesto de trabajo.

Valeria también llamó a su amiga Olivia y le ofreció el puesto de directora jurídica en la editorial, un puesto que Olivia no dudó en aceptar.

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