Confía en mí 1.

Confía en mí

Eran las ocho de la tarde de un viernes y Valeria Mancini todavía estaba en su despacho trabajando. Tan solo quedaban un par de meses para que se celebrase el vigésimo quinto aniversario de Editorial Love, la editorial donde trabajaba.

Valeria se había licenciado en literatura en la Universidad de Suncity, una de las universidades más prestigiosas del mundo, situada en la ciudad de Suncity, la capital del país. Durante el último año de carrera, cursó las prácticas en la Editorial Love y, una vez licenciada, la editora jefe estaba tan encantada con ella que la contrató como su asistente. Dos años más tarde, Valeria ascendió a editora y su carrera profesional despegó, pero su vida social empezó a caer  empicado. Aun y así, Valeria adoraba su trabajo y no lo cambiaba por nada.

–          ¿Todavía estás aquí? – Le preguntó Grace Stuart asomando la cabeza por la puerta de su despacho. – Deberías haberte marchado a casa hace horas, es viernes por la noche y la gente de tu edad sale a divertirse.

Grace Stuart es la editora jefe de Editorial Love y también es la esposa de Charles Stuart, el fundador, presidente y director general de Editorial Love.

A sus cincuenta años, Grace es una mujer más moderna y abierta de mente que cuando tenía veinte. Viste a la moda, es alegre y muy divertida, aunque tiene fama de dura. Es alta y esbelta, lleva el pelo corto por encima de los hombros y de color rojo intenso. Sus ojos son grandes y de color miel.

Los Stuart llevaban veintisiete años casados y seguían igual de enamorados que el primer día. El matrimonio siente una especial predilección por Valeria y siempre la han apoyado y ayudado como si de su propia hija se tratara.

–          Solo faltan dos meses para la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love y quiero que todo salga perfecto. – Se excusó Valeria.

–          Yo también quiero que todo salga perfecto, por eso quiero que descanses para que estés al 100% ese día. – Le replicó Grace con su tono de voz más dulce. – Quiero que te cojas la semana que viene de vacaciones y desconectes de todo, también deberías aprovechar e ir a ver a tu familia, hace meses que no vas a verlos.

–          Estoy bien, Grace.

–          La semana que viene te vas de vacaciones y no es discutible. – Sentenció Grace sin darle a Valeria opción a réplica. – Llámame el lunes desde Smalltown o Charles y yo nos enfadaremos contigo.

–          ¿Me obligas a irme de vacaciones? – Protestó Valeria.

–          Cielo, a la gente normal no hay que obligarla a irse de vacaciones. – Opinó Grace al mismo tiempo que le daba un beso en la mejilla y después se despidió: – Es hora de marcharse a casa, aprovecha estos días y desconecta de todo esto.

Charles Stuart es un hombre con cara de bonachón, con el pelo cano y una sonrisa permanente en los labios. Está un poco entrado en carnes, pero su salud no podría ser mejor a sus cincuenta años. Sus ojos color café y su dulce mirada hacen de él un hombre carismático y muy querido en la sociedad.

Charles fue en busca de su esposa para marcharse a casa con ella y la encontró charlando con Valeria en su despacho.

–          Muchacha, ¿todavía estás aquí? – Le preguntó Charles a Valeria al darse cuenta de que la muchacha todavía seguía trabajando. Se acercó a su esposa, la rodeó con sus brazos por la cintura y añadió: – Esta chica trabaja demasiado.

–          Sí, pero ya se va a casa y se tomará la semana que viene de vacaciones. – Le contestó Grace a su marido.

–          Grace me obliga a marcharme de vacaciones. – Protestó de nuevo Valeria.

–          Pues hace bien, unos días fuera de la ciudad te sentarán bien. – Dijo Charles, que opinaba lo mismo que su esposa.

–          Está bien, ya me echaréis de menos cuando no esté. – Se resignó Valeria sabiendo que no va a ganar esa batalla.

Tras despedirse de Grace y Charles Stuart, Valeria decidió enviarle un e-mail a Nadia, su asistente, informándole que estaría de vacaciones la próxima semana y pidiéndole que aplazara todas sus citas y reuniones. Una vez enviada toda la información a Nadia, recogió su maletín con el ordenador portátil y los manuscritos, cogió su bolso y se marchó a casa.

Valeria sabía que Grace tenía razón, debería desconectar del trabajo unos días e ir a ver a su familia. Hacía tres meses que no iba a Smalltown, justo desde antes de romper con Brian, y su familia estaba preocupada. Les había dado la noticia por teléfono a su familia y amigos y, tras asegurarles que estaba bien, se centró en su trabajo. Lo cierto es que la ruptura con Brian no le había afectado, su relación ya estaba acabada, pero tuvo la mala suerte de darse cuenta justo en el preciso momento en el que Brian le propuso matrimonio. Su mejor amiga Olivia siempre le decía que en Brian había encontrado la comodidad, pero no estaba enamorada de él, y Olivia tenía razón. Cuando Brian le propuso matrimonio, Valeria comprendió que no quería pasar el resto de su vida junto a alguien por comodidad. Quería a Brian, pero no estaba enamorada de él y no podía continuar con aquella falsa relación. El pobre Brian no entendió nada. Al principio creyó que Valeria simplemente se había asustado, que necesitaba tiempo para asimilarlo, pero conforme fueron pasando los días y ella se seguía manteniendo en su postura, a Brian no le había quedado más remedio que respetar su decisión y confiar en que Valeria cambiaría de opinión. Pero ya habían pasado tres meses y Valeria tenía más claro que nunca que no iba a volver con él.

Llegó a casa, se dio una ducha, preparó una ensalada para cenar y cogió su portátil dispuesta a comprar un billete de avión, había llegado el momento de regresar a Smalltown y contestar las incesantes preguntas a las que todo el mundo la sometería. No le había contado a nadie por qué había roto su relación con Brian y por supuesto tampoco había dicho que le había propuesto matrimonio. Sabía que no se había comportado bien con Brian, él la quería y siempre la había tratado como a una reina, a pesar de que ella siempre le daba prioridad a su trabajo. Tenían una buena relación, pero no era la relación romántica y apasionada que ella anhelaba, más bien eran como dos amigos que también disfrutaban juntos del buen sexo, pero eso no era suficiente, al menos no para Valeria.

Es sábado a las 15 horas Valeria aterrizó en el aeropuerto de Sunbeach, la segunda ciudad más importante del país después de Suncity. Sunbeach está situada al sur del país, a unos cincuenta kilómetros de Smalltown, el pueblo natal de Valeria. Podría haberle pedido a su padre que viniera a buscarla al aeropuerto, pero prefirió alquilar un coche y darles una sorpresa a sus padres.

Valeria aparcó frente a la casa de sus padres, se bajó del coche y entró en la propiedad cruzando por la puerta abierta de la verja que rodeaba el jardín. Sus padres viven en una preciosa casa de estilo victoriano con garaje independiente y un precioso jardín. La casa tiene cinco habitaciones: la habitación del matrimonio Mancini, las dos habitaciones de sus hijas aunque hace años que no viven en su casa, un estudio que Frank utiliza de despacho y una habitación de invitados. También cuenta con dos baños, un aseo, una amplia cocina americana y un elegante salón.

No le había dado tiempo ni de llegar a subir las escaleras del porche cuando Paola Mancini, la madre de Valeria, apareció tras abrirse la puerta principal y la recibió con un fuerte abrazo.

Paola Mancini es una mujer no muy alta, casi de la misma estatura que su hija, y también es de complexión delgada. Su cabello es castaño claro y sus ojos son del mismo color verde turquesa que los ojos de Valeria. Es de carácter alegre y cariñoso, sobre todo con sus dos hijas. Es madre, pero también amiga de sus hijas, Paola siempre ha presumido de poder hablar con sus hijas de cualquier cosa sin que ellas se sientan incómodas.

–          Cielo, cuánto me alegro de que estés aquí. – Le dijo Paola sin dejar de abrazar a su hija, que tan preocupada la tenía últimamente. – ¿Cómo estás? Te veo más delgada. ¿Comes bien?

–          Estoy bien, mamá. – Le aseguró Valeria. – Y no estoy más delgada, peso lo mismo que siempre.

–          ¿Has venido para quedarte unos días? – Preguntó Paola.

–          Sí, Grace me ha obligado a tomarme una semana de vacaciones y he pensado en daros una sorpresa y haceros una visita. – Le respondió Valeria.

–          Grace ha hecho bien, de lo contrario seguirías pasando día y noche encerrada en ese despacho. Justo esta mañana tu padre y yo hablábamos de ir a visitarte el próximo fin de semana, nos tienes un poco preocupados.

–          Estoy bien, mamá. – Le aseguró Valeria de nuevo.

–          Esa es una de las cosas que más me preocupa, hija. – Le confesó Paola al mismo tiempo que guiaba a su hija al interior de la casa. – Llevabas saliendo con Brian dos años, lo normal es que hubieras llorado o que te hubieras soltado la melena durante algunas semanas, pero encerrarte en tu despacho y dedicarte solo a tu trabajo no es una reacción sana, cielo. – Sacó un par de cervezas de la nevera y le ofreció una su hija mientras continuaba hablando. – Si te soy sincera, no creo que Brian sea el hombre de tu vida, él es demasiado tranquilo y superficial, tú necesitas a alguien con carácter, alguien que comparta tu manera de ver el mundo.

–          Pensaba que nuestra relación iba bien, creía que me sentía feliz, mamá. – Empezó a decir Valeria. – Me invitó a cenar un restaurante elegante, paseamos por el casco antiguo de la ciudad y, a orillas del río, me pidió que me casara con él. – Valeria resopló y dio un largo trago a su cerveza antes de continuar. – Entonces me di cuenta de que no estaba enamorada de Brian, entre nosotros no hay esa atracción ni esa chispa que te hacen sentirte viva. Con él simplemente me sentía cómoda, pero nada más. Sé que debí darme cuenta mucho antes de llegar a esa situación, pero ya sabes que soy un desastre.

–          Cielo, no eres ningún desastre. – Le aseguró Paola a su hija mientras la abrazaba con ternura. – En algún lugar está esperándote tu príncipe azul, cariño.

–          No creo en príncipes azules, mamá. El amor no está hecho para mí.

–          Cambiarás de opinión cuando conozcas a tu hombre.

Valeria no quiso replicarle a su madre, pero tenía muchas dudas de que en algún lugar hubiera un hombre perfecto para ella. Así que optó por cambiar de tema:

–          ¿Dónde está papá?

Frank Mancini es un hombre familiar que adora su esposa y a sus dos hijas. Siempre ha sentido una especial predilección por Valeria, su hija pequeña, que ha sacado la belleza de su madre pero el carácter de su padre. Se conserva muy bien a sus cincuenta y cinco años, es un hombre tranquilo y de pocas palabras. Su mirada felina y sus ojos verdes lo hacen muy atractivo, pero también es un hombre de carácter.

–          Tu padre está en el circuito, el lunes empiezan los entrenamientos y ha querido ir a supervisar que todo esté bien, ya lo conoces. – Le respondió Paola resignada.

Y Valeria conocía muy bien a su padre, él era tan perfeccionista como lo era ella y entendía perfectamente que quisiera comprobar con sus propios ojos que todo vaya a estar listo para el lunes que empezaban los entrenamientos.

–          Tu hermana vendrá más tarde a traer a Lía, ella y Steve van a cenar con unos amigos y Lía se quedará a dormir en casa. – La informó Paola.

–          Voy a coger las maletas del coche y a instalarme y te ayudo a preparar la cena. – Le dijo Valeria a su madre sin opción a réplica.

Tras instalarse en la habitación, Valeria decide llamar a su mejor amiga Olivia, a quien lleva más de tres meses sin ver. Le debía muchas explicaciones y también la echaba mucho de menos, últimamente se habían distanciado un poco debido al hermetismo de Valeria en cuanto sacaban el tema de la ruptura con Brian.

–          ¡Val, justo en este momento estaba pensando en ti! – Le respondió Olivia nada más descolgar. – Te echo de menos, Val.

–          Yo también a ti, Oli. – Le contestó Valeria. – Por eso te llamo, ¿qué te parece si esta noche nos vamos de copas?

–          ¿Estás en Smalltown? – Preguntó Olivia incrédula.

–          Acabo de llegar a casa de mis padres. ¿Vienes a cenar?

–          Por supuesto que voy, ¡estoy deseando verte!

–          Pues nos vemos sobre las nueve, no llegues tarde.

Valeria se despidió de Olivia y acudió a la cocina para ayudar a su madre a preparar la cena como le había prometido. Paola se alegró de que Valeria hubiera invitado a cenar a Olivia, habían sido amigas desde pequeñas pero en los últimos meses se habían distanciado y esta cena podría ser un buen momento para volver a unirse.

Frank Mancini, tras comprobar que todo fuera según lo previsto en el circuito, decidió regresar a casa. Es un hombre trabajador, ingeniero de pista y mecánico en el circuito de automovilismo de Sunbeach y también posee un taller en Smalltown al que dedica su tiempo cuando no hay carreras en el circuito. Pero también es un hombre familiar que adora su esposa y a sus dos hijas. Siempre ha sentido una especial predilección por Valeria, su hija pequeña, que ha sacado la belleza de su madre pero el carácter de su padre. Se conserva muy bien a sus cincuenta y cinco años, es un hombre tranquilo y de pocas palabras. Su mirada felina y sus ojos verdes lo hacen muy atractivo, pero también es un hombre de carácter.

–          Cariño, ya estoy en casa. – Anunció Frank nada más traspasar el umbral.

–          Estamos en la cocina, cariño. – Respondió Paola alegremente.

Frank se dirigió hacia a la cocina, de dónde provenía la voz de su esposa, y allí se encontró a Paola con Valeria, su hija menor.

–          ¡Val, qué alegría verte! – La saludó Frank estrechándola entre sus brazos. La dejó en el suelo y la separó un poco de él para mirarla de arriba abajo y comprobar con sus propios ojos que su hija estaba en perfecto estado y, tras confirmarlo, añadió: – Tu madre y yo habíamos pensado en ir a visitarte a Suncity, estábamos empezando a preocuparnos, pequeña.

–          He estado bastante liada con el trabajo últimamente, en un par de semana celebramos el veinticinco aniversario de Editorial Love. – Le respondió Valeria eludiendo el tema que su padre amenazaba con sacar a la luz de nuevo. – Por cierto, necesito que me confirméis si vais a asistir.

–          Cielo nosotros ya estamos mayores para fiestas nocturnas. – Protestó Frank al que no le gustaban nada las fiestas multitudinarias.

–          Pues claro que asistiremos. – Le aseguró Paola a su hija haciendo que su marido rodase los ojos con resignación mientras que Paola añadía emocionada: – Recibimos la invitación hace un par de semanas, va a ser una fiesta por todo lo alto.

El timbre de la puerta sonó y Valeria fue a abrir. En el porche se encontró con su mejor amiga Olivia y, tras mirarse a los ojos, ambas se fundieron en un abrazo. Olivia es una chica morena, de ojos castaños y pícara sonrisa; de mediana estatura y complexión delgada. Atractiva, divertida, alocada y sin pelos en la lengua, Olivia es una mujer de armas tomar que vive el momento como si fuera el último.

–          Necesitaba uno de tus abrazos, te he echado mucho de menos. – Le confesó Olivia.

–          Yo también a ti, Oli. – Le aseguró Valeria feliz de estar de nuevo junto a su mejor amiga.

Las dos amigas entraron en la casa y se enfrascaron en una eterna conversación que fue interrumpida cuando el timbre volvió a sonar.

–          Ya voy yo. – Dijo Valeria que era la que estaba más cerca de la puerta.

Valeria abrió la puerta y se encontró a su hermana Bianca, su cuñado Steve y su sobrina Lía, que formaban una preciosa estampa familiar. Lía se le echó a los brazos nada más abrir la puerta.

–          ¡Tita Val! – Gritó la pequeña mientras abrazaba a su tía Valeria.

Valeria abrazo con fuerza a su sobrina Lía, una pequeña de tres años, de pelo rubio y de ojos azules. Es muy parlanchina y curiosa, todo un terremoto y con una energía inagotable. Bianca, la hermana mayor de Valeria, también se unió a ese abrazo, feliz de ver a su hermana pequeña de vuelta en casa. Bianca es dulce, cariñosa y protectora como su madre. Es una mujer responsable, que adora a su familia por encima de todo y con un corazón enorme. Tiene el pelo castaño claro y los ojos del mismo color verde que los ojos de Frank.

–          ¡Te he echado de menos, Val! – Exclamó Bianca sin dejar de abrazar a su hermana pequeña.

–          ¡Menuda sorpresa! – Exclamó Steve Robson, el marido de Bianca. – ¿Qué hace por aquí mi cuñada favorita?

–          Soy la única cuñada que tienes, te guste o no soy tu favorita. – Le respondió Valeria a modo de saludo y también abrazó a su cuñado.

Steve es un buen hombre que adora a su familia por encima de todo. Es cariñoso, divertido, trabajado y tiene mucho sentido del humor. A sus treinta años, es alto, musculoso y muy atractivo. Tiene el pelo de color castaño claro, los ojos azules y una nariz aguileña que le da personalidad. Steve y Valeria siempre se han llevado muy bien y son buenos amigos, ambos se adoran.

–          ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? – Preguntó Bianca sabiendo que su hermana estaba en Smalltown de paso.

–          Estaré por aquí una semana. – Le respondió Valeria. – Por cierto, ¿vendréis al aniversario de la editorial?

–          No podemos, Val. Lía es demasiado diablilla para dejarla todo un fin de semana, no dejaría de llorar y volvería loca a la niñera. – Se lamentó Bianca. – Pero te llamo mañana por la tarde y quedamos, tenemos muchas cosas de las que hablar.

Steve y Bianca saludaron a Frank, Paola y Olivia y, tras dar todas las indicaciones para cuidar de Lía, se marcharon a cenar con unos amigos dejando a la pequeña en casa de los abuelos.

Paola se encargó de dormir a su nieta mientras Frank se daba una ducha y Valeria y Olivia prepararon la mesa para cenar.

A las nueve en punto de la noche, los Mancini se sentaron a la mesa para cenar con su hija Valeria y con su mejor amiga Olivia, a quien conocían desde que nació y a quien consideraban una más de la familia.

–          ¿Tenéis pensado salir esta noche? – Preguntó Paola mientras cenaban.

–          Iremos a Sunbeach a tomar unas copas y nos quedaremos a dormir en el apartamento de Oli. – Le contestó Valeria. – Regresaré mañana por la tarde y me quedaré aquí el resto de la semana con vosotros.

Paola y Frank intercambiaron una mirada, que su hija quisiera salir de copas con Olivia era una buena señal y ambos se alegraron.

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