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Tu hada de la suerte 23.

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Un año más tarde…

Llevo varios días encontrándome fatal, vomito a todas horas, el olor a comida me provoca náuseas y me duermo por los rincones. Mike está preocupado, pero le he quitado importancia alegando que se trataba de un virus gastrointestinal, aunque sé perfectamente lo que me ocurre. Igual que también lo sabe Carmen, que esta mañana se ha confabulado con Mike y se han negado a dejarme salir de la cama. Mike se ha ido a trabajar y Carmen se ha quedado cuidándome.

–  ¿Cuándo vas a decírselo? – Me ha preguntado con cautela, pero con un ligero reproche en la voz.

–  ¿Ha decirle el qué a quién? – Me hago la sueca.

–  Milena, hasta yo me he dado cuenta de lo que te ocurre. – Me dice Carmen acariciando mi mano para darme ánimo. – ¿Estás asustada?

–  Estoy aterrada. – Le confieso. Necesito hablar con alguien o me volveré loca y Carmen es la única que sabe lo que me ocurre. – Ni siquiera me he hecho el test de embarazo, pero sé que va a dar positivo. Mike y yo ni siquiera hemos hablado de tener hijos, no sé cómo se lo va a tomar y yo estoy confundida. No sé si estoy preparada para tener un bebé y, por si fuera poco, no dejo de vomitar, mi comida preferida me da asco y me duermo por los rincones.

–  Mi niña, creo que deberías hablar con Mike. – Me aconseja Carmen. – Estoy segura de que él desea a ese bebé tanto como tú.

Animada por Carmen, hemos ido a la farmacia y he comprado un par de test de embarazo. He decidido hablar primero con Mike y hacerme el test de embarazo con él presente, tal y cómo me ha aconsejado Carmen. Al fin y al cabo, si estoy embaraza él será el padre de ese bebé.

Cuando Mike llega de trabajar, Carmen nos dice que ha dejado preparada y lista para calentar la cena en el horno y se retira a su habitación para dejarnos a solas.

–  ¿Qué le has hecho a Carmen para que salga tan rápido de la cocina? – Bromea Mike al entrar en la cocina y toparse con Carmen. Me besa en los labios y añade: – ¿Cómo se encuentra mi hada de la suerte?

–  Estoy bien, pero necesito hablar contigo. – Balbuceo nerviosa.

Mike me escruta con la mirada, tratando de adivinar qué es lo que ocurre. Se pasa las manos por la cabeza y, mirándome a los ojos con gesto indescifrable, me dice:

–  Te escucho.

–  No sé muy bien cómo decirlo… Es un poco complicado. – Empiezo a decir. – El caso es que desde hace unos días no me encuentro muy bien, como ya te habrás dado cuenta… Tengo náuseas, sueño a todas horas y hace diez días que tendría que haberme venido la regla. – Le dejo caer como una bomba y le observo esperando su reacción.

Los labios de Mike se curvan formando una amplia sonrisa y me pregunta para asegurarse:

–  ¿Me estás diciendo que vamos a tener un bebé? – Sin duda alguna, la noticia le ha hecho feliz tal y como me ha dicho Carmen que ocurría.

–  He comprado esto en la farmacia para confirmarlo. – Le respondo enseñándole los dos test de embarazo que he comprado.

Mike me abraza, me coge en brazos y da vueltas sobre sí lleno de felicidad y alegría. Me besa en los labios con adoración y me dice sin dejar de abrazarme:

–  Temía que fueras a darme una mala noticia y sin embargo acabas de hacerme el hombre más feliz del planeta. – Me besa de nuevo en los labios y añade: – Vamos a confirmarlo.

Me lleva al cuarto de baño y me sienta en el inodoro tras subirme el vestido y bajarme las bragas. Saca el aparato del envoltorio y me lo entrega, después saca las instrucciones del test de embarazo y las lee en voz alta para que las siga al pie de la letra. Cuando por fin logro hacer pipí sobre la tira reactiva del aparato, le pongo el capuchón y lo dejo sobre la encimera, a la vista de ambos. Mientras esperamos que aparezca el resultado, Mike me abraza desde la espalda y me da besos por el cuello y la nuca, tratando de relajar la tensión que siento en este momento. En la pequeña ventana del aparato aparecen dos palitos de color rosa y Mike se afana en leer las instrucciones para averiguar el resultado. A mí no me hace falta, sé lo que significan los dos palitos: estoy embarazada. Mike descubre el resultado y sonríe feliz al conocer la noticia, pero mi cara debe ser un poema porque me mira a los ojos y su sonrisa se desvanece, me coge en brazos y me lleva a la cama al mismo tiempo que me pregunta preocupado:

–  Cielo, ¿estás bien? Te has puesto pálida y…

–  Tengo miedo, Mike. – Le interrumpo. – No sé si estoy preparada para esto, si voy a ser capaz de cuidar de una vida que va a depender absolutamente de mí y…

–  Sht. – Me calma Mike meciéndome entre sus brazos. – Vas a ser la mejor madre del mundo y no tienes que asustarte porque no vas a estar sola, yo voy a estar contigo y con nuestro bebé en todo momento y te voy a ayudar. – Me da un beso en los labios y añade: – Además, Carmen se volverá loca de alegría y estará encantada de ayudarnos; nuestros padres también estarán encantados de tener un nieto. Kate lleva tiempo pidiéndonos un sobrinito al que malcriar y pronto se lo vamos a dar. – Me acaricia la inexistente barriga con ambas manos y me susurra al oído: – Soy el hombre más feliz del mundo y todo gracias a ti, que me lo has dado todo, cariño. Te quiero, pequeña.

–  Yo también te quiero. – Le respondo dejándome envolver por sus cálidos brazos.

 

FIN

 

 

Tu hada de la suerte 22.

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El sábado por la mañana Mike me lleva a casa de mis padres. Se ha levantado de muy buen humor y se muestra excesivamente cariñoso y dulce conmigo. Me siento en el séptimo cielo, así es como me hace sentir Mike. Tengo que reconocer que estoy un poco nerviosa, mis padres nos someterán a un tercer grado y, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, estoy segura de que hablaremos de Daniel y eso me hace sentir incómoda. No quiero hablar de él, me gustaría fingir que nunca ha existido, olvidarme de él y de todo lo que sufrí por él. Ahora solo quiero ser feliz al lado de Mike y voy a luchar por mi felicidad.

–  ¿En qué piensas? – Me pregunta Mike curioso.

–  En lo bien que me siento cuando estoy contigo. – Le confieso.

Mike me sonríe con dulzura, coge una de mis manos y se la lleva a los labios para besarla con ternura. Pese a lo tenso que estaba anoche, hoy parece relajado y contento.

Llegamos a casa de mis padres antes del mediodía y mi madre sale a recibirnos con una amplia sonrisa en los labios y los brazos abiertos e impacientes por envolverme con ellos.

–  Mi niña, me alegro de que estés aquí. – Me dice mientras me abraza con fuerza. – ¿Cómo estás? ¿Va todo bien, cielo? Últimamente nos tienes preocupados y después de lo que nos enteramos ayer… Supongo que ya sabrás lo de Daniel, ¿verdad?

–  Estoy bien, mamá. – La tranquilizo. Mike se acerca y me apresuro en añadir antes de que llegue donde estamos nosotras: – Sé lo de Daniel, pero no quiero hablar de ello ahora y menos delante de Mike.

–  Lo único que me importa es que estés bien y parece que Mike se ha encargado de que así sea. – Me dice mi madre con complicidad. – ¿No vas a presentármelo?

Espero a que Mike llegue a mi lado, le cojo la mano para que me transmita seguridad y transmitírsela también a él y hago las presentaciones oportunas:

–  Mamá, éste es Mike, mi novio. – Puedo sentir como Mike respira aliviado, el pobre aún tenía alguna duda de que lo fuera a presentar como a mi jefe. – Mike, ésta es mi madre, Katia.

–  Encantado de conocerla, señora Ayala. – La saluda Mike amablemente estrechándole la mano.

–  Lo mismo digo, Mike. – Le responde mi madre. – Y por favor, llámame Katia.

Mi madre nos invita a pasar y nos sentamos en el sofá del sillón mientras ella nos sirve un par de refrescos y va a buscar a mi padre a su despacho para informarle de nuestra llegada. Mi madre regresa al salón acompañado de mi padre. Mike se pone en pie para saludarlo y noto cómo se tensa igual que anoche. Mi padre me mira a los ojos tratando de averiguar mi estado de ánimo y yo le hago saber que estoy feliz mostrándole una de mis mejores sonrisas, eso hace que su expresión se torne más amistosa y Mike se relaja un poco.

–  ¡Hola papá! – Lo saludo echándome a sus brazos.

–  ¿Cómo está mi pequeña? – Me pregunta paternal mientras me abraza con fuerza. – Tu madre y yo te hemos echado mucho de menos.

–  Tendrás que darle las gracias a Mike, él es el responsable de que esté aquí. – Le respondo pidiéndole paz con la mirada, a mi padre siempre le ha gustado asustar a mis novios. – Papá, quiero presentarte a Mike.

Ambos hombres se miran con firmeza y seguridad y se estrechan la mano con cordialidad, pero con cierta desconfianza.

–  Me alegro de que ambos estéis aquí. – Comenta mi padre.

Nos tomamos el refresco mientras charlamos con mis padres sobre nuestra peculiar relación, pero omitiendo los detalles más privados. Mike justifica nuestra repentina y temprana relación alegando que fue amor a primera vista y que desde entonces no he salido de su cabeza ni de su corazón. Ni qué decir tiene que se mete a mi madre en el bolsillo en el momento y creo que a mi padre también, aunque no lo muestre tan abiertamente como ella.

Algunos amigos y vecinos de mis padres empiezan a llegar a saludarme, mi madre les ha avisado de mi llegada y ha organizado una pequeña “fiesta de bienvenida” y yo pongo los ojos en blanco.

–  Lo intentado evitar pequeña, pero ya conoces a tu madre. – Me dice mi padre resignado pero mirando a mi madre con verdadera adoración.

Por el rabillo del ojo veo como Mike sonríe divertido, está disfrutando con la situación. Mi madre se apresura a presentar a su “yerno”, como lo llama ella, a todos los invitados y Mike los saluda a todos amablemente. Ahora soy yo la que sonríe divertida.

–  Hacía tiempo que no te veía tan feliz. – Me dice mi padre aprovechando que todos están entretenidos charlando con mi madre y con Mike. Me ofrece una cerveza y añade: – Supongo que es mérito de Mike.

–  Supones bien, papá. – Le confirmo sonriendo. – Puede que todo esté pasando demasiado deprisa, pero nunca había sido tan feliz como lo soy hoy. Os tengo a vosotros, lo tengo a él y no tengo ninguna preocupación en la cabeza excepto la de continuar siendo y sintiéndome así de feliz.

–  Soy feliz si tú eres feliz, pequeña. – Me dice mi padre con ternura. – Mike parece un buen hombre, está pendiente de ti todo el tiempo y te mira con verdadera adoración. Me recordáis a tu madre y a mí cuando éramos jóvenes. Nuestra relación también empezó de una forma repentina, no quise alejarme de ella desde la primera vez que la vi y treinta años después sigo adorándola como el primer día.

Mi padre me abraza y me besa en la coronilla con ternura. Últimamente no se lo he hecho pasar muy bien a mis padres, mi vida era un caos pero ahora está calmada y relajada, todo gracias a Mike. Y a mi padre eso no se le ha pasado por alto.

En cuanto puede escabullirse de mi madre y sus amigas, Mike viene a mi encuentro mostrando su mejor sonrisa pese a que el día se le debe estar haciendo eterno. Le devuelvo la sonrisa y acerco mis labios a los suyos para besarle. Mike acepta el beso pero enseguida lo corta mirando de reojo a mi padre y sintiéndose incómodo. Mi padre nos sonríe y sale al encuentro de mi madre, dejándonos a Mike y a mí solas.

–  ¿A qué ha venido eso? – Me pregunta Mike con sorna, refiriéndose al beso.

–  Decías que no querías esconderte. – Le respondo divertida mientras me encojo de hombros. – Y te he visto con cara de necesitarlo.

–  No sabes cuánto necesito tus besos en este momento, pero si empiezo no voy a poder parar y no querrás que demos un espectáculo en casa de tus padres rodeados de sus vecinos y amigos. – Me susurra al oído con voz ronca. Lo provoco rozando mi mano por su entrepierna y añade con la mirada incendiada por el deseo: – Deja de torturarme o me las pagarás cuando lleguemos a casa.

–  ¿Me vas a castigar como a una chica mala? – Continúo con mi juego de provocación.

Mike abre la boca para decir algo, pero justo en ese momento mis padres entran en el salón acompañados por todos los invitados y nos hacen sentar a la mesa.

Disfruto de un día rodeada de mis padres y sus amigos acompañada por Mike, que se ha mostrado abierto y amable con todo el mundo. Tiene un carisma que raya lo divino y se los mete a todos en el bolsillo, incluido mi padre.

Cuando el sol se oculta tras las montañas, Mike y yo decidimos regresar a la casa de campo y nos despedimos de mis padres. Mi madre me hace prometer que regresaré pronto a visitarles y le hace prometer a Mike que me acompañará, él acepta encantado.

Llegamos a la casa de campo bien entrada la noche. Hace frío y Mike enciende la chimenea. Nos sentamos en el sofá y Mike me coloca entre sus brazos y nos echa una manta por encima para combatir el frío.

–  ¿Lo has pasado bien hoy, pequeña? – Me pregunta con ternura.

–  Lo he pasado genial, me encanta estar contigo. – Le respondo con franqueza.

–  Pues lo mejor del día está por llegar, preciosa. – Me dice Mike con tono sugerente a la vez que me tumba sobre el sofá y se echa sobre mí como un lobo hambriento. – Voy a besarte, a acariciarte, a meterme dentro de ti y a hacerte el amor. Quiero oírte gemir bajo mi cuerpo, quiero oírte gritar cuando te corras y que te dejes llevar por la pasión el deseo, cariño. Quiero que te entregues a mí y seas completamente mía, de nadie más.

Nuestras bocas se encuentran y nos besamos salvajemente, nos desnudamos el uno al otro en milésimas de segundos y nuestros cuerpos se pegan con urgencia, con la necesidad de permanecer unidos. Hacemos el amor frente a la tenue y mágica luz del fuego de la chimenea y alcanzamos juntos el clímax, abandonándonos en un grito de placer incontrolable. Nos quedamos tumbados uno al lado del otro hasta que nuestras respiraciones se acompasan y Mike me coge en brazos y me lleva a la cama, donde me acurruca entre sus brazos y me acuna hasta quedarnos dormidos.

Tu hada de la suerte 21.

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Tras instalarnos en la habitación principal, Mike se empeña en preparar la cena y yo decido ayudarle, pese a que soy una nefasta cocinera. Me sorprendo al descubrir la destreza de Mike con los fogones, nunca lo hubiera imaginado.

Después de cenar, pasamos al salón y nos sentamos en el sofá frente a la chimenea y, mientras Mike rellena las copas de vino, me dice con voz firme y segura:

–  Ha llegado el momento de tener esa conversación. – Me acerca mi copa y añade: – Sé que el hecho de que trabajemos juntos te perturba, pero te aseguro que nuestra relación personal no afectará en nuestro trabajo.

–  Eres mi jefe, Mike. – Le recuerdo, ya que habla como si fuera un compañero más.

–  Sé que apenas hace un mes que nos conocemos y quiero seguir conociéndote, pero quiero hacerlo sin tener que escondernos. – Me dice Mike mirándome a los ojos. – Me gustaría poder pasear contigo y cogerte de la mano, me gustaría besarte sin tener que contenerme porque haya alguien delante, y también me gustaría que dejaras de presentarme como tu jefe.

–  ¿Y cómo se supone que debo presentarte? – Le pregunto con un hilo de voz, rogándole en silencio a todos los dioses para que su respuesta no me rompa el corazón.

–  A mí me gustaría que me presentaras como a tu pareja, siempre que tú estés de acuerdo.

–  ¿Me estás proponiendo una relación formal y estable? – Pregunto sorprendida.

–  Ya te he dicho que no quiero salir contigo a escondidas, tengo muy claro lo que quiero y te quiero a ti, te quiero solo para mí. – Me dice con la seguridad que le caracteriza. – Dime algo, Milena.

–  No sé qué decir. – Le digo con sinceridad. – Quiero estar contigo, pero todo esto está yendo demasiado rápido y tengo miedo, Mike…

–  No debes temer nada, pequeña. – Me susurra Mike. – Danos una oportunidad a los dos, te prometo que no te presionaré y que, si lo necesitas, te daré tu espacio.

–  ¿Y si no sale bien? – Me aventuro a preguntar hecha un manojo de nervios.

–  Saldrá bien, pequeña. – Me asegura Mike. – No pienso dejar escapar a mi hada de la suerte, solo deja que te demuestre cuánto deseo tenerte en mi vida. ¿Qué me dices? ¿Me das una oportunidad?

–  Sí, pero antes hay algo que quiero aclarar. – Le respondo sonriendo. – Si yo soy solo tuya, tú eres solo mío, estamos en igualdad de condiciones.

–  Soy tuyo desde el primer día en que te vi en el hall del Luxe, desde entonces me acuesto y me levanto pensando en ti. – Me besa en los labios y añade: – Mi vida empezó a tener sentido cuando te conocí.

Le devuelvo el beso con urgencia y verdadera necesidad. El calor de su cuerpo y la seguridad con la que sus brazos me envuelven me hacen sentir querida y relajada. Los besos y las caricias se tornan más apasionadas y excitantes y terminamos haciendo el amor allí mismo, en el cómodo sofá del salón frente al calor de la chimenea.

El viernes por la mañana, tras desayunar y llamar a mis padres para decirles que el sábado les iré a visitar acompañada de mi novio, Mike me coge en brazos y me lleva al baño, donde me deja sentada sobre la encimera de mármol del lavabo mientras llena de agua la bañera.

–  Me encanta bañarme contigo. – Me susurra cogiéndome de nuevo en brazos para depositarme en la bañera. Se sienta detrás de mí y, colocándome entre sus piernas, añade: – ¿Cómo se han tomado tus padres la noticia?

Mike se refiere a la visita que mañana les haremos a mis padres. Cuando he llamado a mi madre y le he dicho que iría a visitarla acompañada no me ha hecho falta decirle quién será mi acompañante. Al parecer, mi abuela Anika le ha dado todos los detalles. El hecho de que Mike cuente con la aprobación de mi abuelo Oleg no ha hecho más que acrecentar la curiosidad de mis padres, pues mi abuelo es muy estricto y por regla general nadie le cae bien. Mi madre está encantada, pero mi padre se ha mostrado más reservado con el asunto, como siempre.

–  Se lo han tomado muy bien y tienen muchas ganas de conocerte. – Le respondo. Noto como Mike se tensa bajo mi cuerpo y, abrazándolo con más fuerza, lo tranquilizo: – Mis abuelos les han hablado muy bien de ti, no tienes de qué preocuparte.

–  Voy a conocer a mis futuros suegros, es normal que esté nervioso. – Me dice divertido. – Por cierto, eso me recuerda que debemos volver a casa de mis padres y hacer una presentación formal.

–  Vayamos por pasos. – Le ruego.

Mike me sonríe burlonamente y me besa en los labios con una ternura y una dulzura que me derrite y, apretando su pelvis contra la mía para que note su excitación, me susurra con voz ronca y sugerente:

–  Creo que ambos necesitamos aliviar tensiones.

–  Estoy totalmente de acuerdo. – Le respondo antes de devorarle la boca.

Hacemos el amor en la bañera y me entrego en cuerpo y alma al hombre que tanto deseo y sin el cual ya no querría vivir.

Por la tarde Mike recibe una llamada y su semblante se pone serio. Se dirige a la cocina para hablar con mayor intimidad y regresa al salón casi una hora después. Sé que está nervioso, se pasa las manos por la cabeza y se muerde el labio mientras se acerca y se sienta a mi lado.

–  ¿Quieres contarme qué te pasa? – Le pregunto con cautela.

–  Era Joe. – Me responde nervioso. – Tu ex novio ha tenido un accidente de tráfico esta mañana, los médicos han intentado hacer todo lo posible pero…

–  ¿Daniel está muerto? – Pregunto intuyendo la respuesta.

Mike asiente con la cabeza y me escruta con la mirada tratando de adivinar mis sentimientos, pero ni yo misma sé cómo me siento. Estoy sorprendida por la noticia y no me alegro, pero tampoco me entristece. Es como si una parte de mí se hubiera liberado de la carga mental que la existencia de Daniel me generaba, aunque suene tremendamente egoísta y desalmado. Yo no quería que le ocurriera nada malo ni me alegro por ello, pero tampoco puedo decir que me entristezca, hace tres meses que para mí Daniel está muerto.

–  ¿Cómo ha ocurrido? – Pregunto finalmente.

–  Estaba borracho, robó un coche y se dio la fuga de la policía, pero se estrelló contra un camión en la autopista al tratar de adelantarlo. – Mike coloca una de sus manos sobre mi rodilla y me pregunta: – ¿Estás bien?

–  Estoy bien, de verdad. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Supongo que debería afectarme, pero lo cierto es que me siento un poco aliviada, aunque suene fatal…

Mike me abraza con fuerza, me coloca entre sus brazos y me besa en la frente. Le noto tenso, tiene la mandíbula apretada y sé que me está ocultando algo.

–  ¿Hay algo más, verdad? – Le pregunto. – Dímelo Mike, no quiero mentiras.

–  La policía ha registrado el piso de Daniel y ha encontrado cientos de fotos tuyas, ha estado siguiéndote desde poco antes de que empezaras a trabajar en Luxe. – Me dice Mike. – Él fue quien envió las fotos en las que aparecíamos juntos, pero supongo que ya nada de eso importa.

–  No, ya no importa nada. – Le secundo. – Ahora lo único que me importa y en lo único que quiero pensar es en nosotros, Mike. – Mi teléfono móvil empieza a sonar e interrumpe el beso que a punto estaba de dar a Mike, que gruñe a modo de protesta pero no impide que coja el móvil y conteste: – ¿Sí?

–  Hola Milena, soy Brad. – Me saluda Brad al otro lado del teléfono. – Tenemos a Ivanov y a toda su banda, ahora mismo están camino a una base secreta de la Interpol donde serán interrogados. Hemos reabierto el caso de Erik Clark, solo quería que lo supieseis. Llamaré de nuevo cuando haya novedades sobre el caso.

–  Gracias Brad, te debo una. – Le agradezco.

–  No tienes nada que agradecerme, pero me harás feliz si tú también lo eres y en mí siempre tendrás un amigo en el que refugiarte y que te ayudará cuando lo necesites, no lo olvides.

–  Lo mismo digo, Brad.

Tras despedirme de Brad y colgar, le cuento a Mike la noticia que me acaba de dar por teléfono y él parece alegrarse, pero no parece del todo satisfecho.

–  Le tienen que interrogar y llevar a cabo una nueva investigación, estas cosas llevan su tiempo. – Trato de animarle. – En cualquier caso, puedes estar seguro de que Ivanov no volverá a ver la luz del sol.

–  Lo sé, solo quiero que todo esto acabe cuanto antes. – Me responde Mike estrechándome con fuerza entre sus brazos. – De lo único que quiero preocuparme es de que tú estés bien, pequeña.

–  Estoy bien siempre que estoy contigo. – Le confieso dándole tiernos besos por su cuello. – Cariño, tu hada de la suerte está muy caliente, necesita que su ángel de la guarda le haga arder.

–  Tu ángel de la guarda se vuelve loco por satisfacer tus deseos, pequeña.

Mike me coloca a horcajadas sobre él y se deshace de la bata y el camisón de seda roja que llevo puesto en cuestión de dos segundos. Estoy desnuda y totalmente expuesta frente a él y al ver cómo sus ojos arden de deseo me siento fuerte, segura y poderosa. Ayudo a Mike a deshacerse de su camiseta y sus pantalones y ambos quedamos desnudos en el sofá frente la luz y el calor de la chimenea. Me tumba en el sofá y con una mano sujeta mis manos por las muñecas por encima de la cabeza mientras que con la otra acaricia mis pechos y se lleva a la boca mis pezones para lamerlos y morderlos, sometiéndome a una dulce tortura a la que me he vuelto adicta. Sus labios descienden por mi cuerpo en línea recta pasando por el ombligo hasta llegar a mi pubis, que muerde juguetonamente y yo gimo excitada. Me abre las piernas para tener un mejor acceso a mi entrepierna y desliza su lengua por los labios vaginales hasta encontrar el clítoris y lo estimula con fuertes lametones, presionándolo y succionándolo mientras sus manos acarician lascivamente todo mi cuerpo. Me arqueo y gimo, envuelta en un manto de placer supremo. Lo quiero dentro de mí y se lo hago saber arrastrándolo hasta ponerlo a mi altura. Mike me comprende con solo mirarme, lleva su pene erecto a la entrada de mi vagina y me penetra de una sola estocada haciéndome gemir y sacudiendo mi cuerpo con descargas de éxtasis que se adueñan de todo mi ser. Mi cuerpo tiembla y se sacude ante la inminente llegada del orgasmo mientras Mike entra y sale de mí con fuerza y rapidez, haciéndome vibrar con cada embestida, dejándome llevar por las olas de placer que Mike me provoca. Una última estocada y ambos alcanzamos juntos el clímax, gritando el nombre del otro mientras nuestros cuerpos se sacuden y convulsionan ante el delirante placer del orgasmo.

Tu hada de la suerte 20.

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Tras darles las buenas noches a mis abuelos, Mike y yo nos dirigimos a la casa de invitados. Estoy tan agotada que ni siquiera pienso en deshacer la maleta, ya lo haré mañana por la mañana. Mike me abraza desde la espalda y me susurra al oído:

–  No te imaginas las ganas que tenía de sentirte entre mis brazos. – Me besa en el cuello con dulzura y añade: – Por cierto, me gustaría saber de qué hablabas con tu abuela. Aunque me imagino lo que te habrá dicho.

–  ¿Qué te imaginas que ha dicho? – Pregunto con curiosidad.

–  ¿Me equivoco si te digo que te ha preguntado por qué has venido a Rusia con tu jefe?

–  Te equivocas. – Le confirmo. – Mi abuela ha querido dejarme muy claro que no le hace ninguna gracia que te presente como mi jefe.

–  ¿Y cómo quiere que me presentes?

–  Esa respuesta formaría parte de una conversación que se suponía que íbamos a tener cuando regresásemos a Highland después de pasar unos días en Kazan, pero tú has suspendido nuestra estancia y yo me niego a tener esa conversación hasta entonces.

–  Te compensaré los días perdidos en Kazan por unos días memorables en mi casa de campo, donde solo estaremos tú y yo. – Me promete Mike. – En un par de días regresamos a Highland, arreglo unos asuntos en la oficina y nos vamos fuera de la ciudad unos días, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo. – Le confirmo feliz de que quiera que sigamos viéndonos cuando lleguemos a Highland.

–  Estás agotada. – Me susurra empezando a desnudarme. Nos metemos en la cama y me coloca entre sus brazos al mismo tiempo que me susurra al oído: – Duérmete pequeña, necesitas descansar.

Realmente estoy agotada y me quedo dormida al momento. A la mañana siguiente cuando me despierto Mike sigue envolviéndome con sus brazos y, tras besarme en los labios, me dice:

–  Buenos días, pequeña. ¿Has dormido bien?

–  Buenos días. – Lo saludo acurrucándome a su lado. – No podía haber dormido mejor, ¿y tú?

–  Fatal, tus ronquidos no me han dejado pegar ojo. – Bromea para provocarme. – Creo que me lo deberías compensar de algún modo.

Me coloco a horcajadas sobre él pero Mike, agarrándome por la cintura, me hace rodar en la cama hasta que invierte nuestras posiciones y comienza a besarme apasionadamente. Sus manos acarician cada recoveco de mi cuerpo, arrancando gemidos de placer de mi garganta al mismo tiempo que mi cuerpo se arquea invitándolo a poseerme y finalmente reclamando su posesión con urgencia.

–  Mmm… Mi hada de la suerte está que arde. – Murmura Mike con voz ronca.

Hacemos el amor en la cama y volvemos a repetir en la bañera. Mi cuerpo no se sacia del cuerpo de Mike y él tampoco parece saciarse de mí.

Pasamos dos días en Kurovo y mis abuelos terminan cogiéndole cariño a Mike al ver cómo me mira y cómo me trata. Mi abuela insiste en recordarme que solo tenemos una vida y que no debo dejar pasar la oportunidad de ser feliz que el destino me brinda. Según ella, Mike y yo estamos hechos el uno para el otro.

El miércoles por la noche regresamos a Highland y Joe viene a buscarnos al aeropuerto. Mike ni siquiera me pregunta si quiero ir a mi casa o a la suya, directamente le dice a Joe que nos lleve a casa y veinte minutos más tarde llegamos a casa de Mike.

Subimos a la planta superior y caminamos por el distribuidor para dirigirnos a las habitaciones cuando, al llegar a la habitación de invitados donde he dormido las veces anteriores, me paro frente a la puerta para entrar pero Mike se para a mi lado y me pregunta un tanto molesto:

–  ¿Qué haces? – No me deja responder y añade con voz triste: – ¿Es que no quieres dormir conmigo?

Por supuesto que quiero dormir con él, pero en lugar de eso le respondo:

–  Alguien podría vernos.

La cara de Mike es un poema, no le han gustado nada mis palabras y me espeta:

–  ¿Acaso te supone un problema que te vean conmigo?

–  No he querido decir eso y lo sabes. – Me apresuro en contestar y, tratando de que me entienda, continúo: – Eres mi jefe, Mike. Y por si fuera poco tan solo llevo tres semanas trabajando en Luxe.

–  Necesitamos tener con urgencia esa conversación. – Farfulla irritado. Me lleva a su habitación y me dice antes de meternos en la cama: – Mañana iré temprano a la oficina y cuando regrese nos iremos fuera de la ciudad hasta el domingo. – Me besa en los labios, me acomoda entre sus brazos y añade: – Y ahora descansa, mañana no te dejaré dormir hasta que hablemos y dejemos claras algunas cosas.

Cuando me despierto, Mike no está en la cama y tampoco en la habitación. Son las diez de la mañana, he dormido casi doce horas seguidas y sigo estando cansada. ¡Maldito jet-lag! Me siento en la cama y veo una nota sobre la mesita de noche: Buenos días, pequeña. He ido a la oficina para arreglar unos asuntos, pero regresaré antes de comer. Llámame si necesitas algo y siéntete como en tu propia casa. Mike.

No puedo evitar sonreír al leer la nota, Mike no deja de sorprenderme.

Me ducho y bajo a desayunar a la cocina, donde me encuentro con Carmen que me saluda con cariño y se muestra discreta respecto a mi relación con Mike. Carmen me hace compañía mientras espero que Mike regrese y se lo agradezco, siempre es muy amable y cercana conmigo.

Mike regresa antes de la hora de comer, tal y como me ha prometido. Mike y Joe entran en la cocina, donde me encuentro ayudando a Carmen a preparar la mesa, y Mike me atrae hacia a él y me besa en los labios delante de ellos. Estoy segura de que lo ha hecho por la pequeña discusión de ayer, si se puede llamar discusión porque no me dio opción a rebatirle.

–  Te he echado de menos. – Me susurra Mike al oído. Se vuelve hacia a Carmen y le dice con tono alegre: – Carmen, estaremos fuera de la ciudad hasta el domingo. Joe se quedará en casa, avísale si necesitas algo.

Después de comer, Mike y yo nos subimos a su coche y nos dirigimos a su casa de campo, situada a unos 200 km de la ciudad. Paramos por el camino en un supermercado para comprar algo de comida, ya que a donde vamos estaremos rodeados de naturaleza y nada más. Cuando llegamos me quedo asombrada, esperaba ver una pequeña casa en mitad del campo y me encuentro con una enorme casa de dos plantas con jardín, piscina y garaje. Está situada en una explanada junto a un lago y rodeada de bosques, el lugar perfecto para desconectar y relajarse.

Mike me enseña la casa, compuesta de cinco habitaciones, cinco baños, un aseo, una cocina-comedor y un amplio salón con chimenea. La casa de campo no tiene mucho que envidiarle a la casa habitual de Mike.

–  Estás muy callada, ¿no te gusta la casa? – Me pregunta Mike preocupado. – Si no te gusta…

–  La casa me encanta. – Le aseguro antes de que pueda terminar la frase. Mi móvil empieza a sonar y respondo al ver que es mi madre: – Hola, mamá.

–  Hola, mi niña. – Me saluda cariñosamente y acto seguido me dice decepcionada: – Prometiste llamarme cuando regresaras a Highland y no lo has hecho, espero que al menos vengas a vernos este fin de semana.

–  Lo siento, mamá. He estado algo liada y se me ha pasado llamarte. – Me disculpo sintiéndome culpable y añado: – Y no creo que pueda ir a veros este fin de semana, pero te prometo que el próximo fin de semana iré.

–  Tus promesas empiezan a perder valor, Milena. – Me regaña mi madre. – Hemos organizado una pequeña comida para reunirnos el sábado, ¿estás segura de que no vas a poder venir?

–  Veré qué puedo hacer, mamá. – Me resigno ante su insistencia. – Pero no te prometo nada.

–  Te llamaré mañana y ya quedamos para el sábado. – Me dice mi madre como si le hubiera asegurado que voy a ir. – Tengo muchas ganas de verte y también tenemos muchas cosas de las que hablar, como de la relación que te traes con tu supuesto jefe, la abuela me ha dicho que es tu alma gemela.

–  La abuela tiene la boca muy grande. – Refunfuño. – Mañana hablamos, mamá.

–  De acuerdo, mi niña. – Se despide mi madre. – Te quiero, no lo olvides.

–  Yo también te quiero, mamá. – Le digo antes de colgar.

Mike, que ha estado escuchando todo lo que le he dicho a mi madre, me pregunta inquieto:

–  ¿He estropeado los planes que tenías para este fin de semana?

–  No has estropeado nada, pero a mi madre no le ha sentado nada bien que retrase mi visita para el próximo fin de semana. – Le respondo. – Ha organizado una de sus reuniones para el sábado y se ha molestado un poco cuando le he dicho que al final no voy a poder ir.

–  Tus padres no viven muy lejos de aquí, podría llevarte con ellos el sábado y, si quieres, me encantaría acompañarte. – Me dice Mike abrazándome por detrás. – Pero antes tenemos que hablar, Milena.

No suele llamarme por mi nombre, solo cuando está enfadado o cuando la situación es demasiado seria y eso me inquieta. Necesitamos hablar de nuestra relación y deseo hacerlo, pero también me inquieta y me atemoriza. Es posible que Mike se haya cansado de mí y quiera dar por finalizado nuestra relación personal.

Tu hada de la suerte 19.

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Cuando me despierto Mike no está a mi lado en la cama, ya se ha levantado. Suspiro sonoramente tratando de aliviar la tensión que siento, pero sin lograrlo. Mi suspiro ha debido de alertar a Mike, que sale del baño envuelto en una toalla a la altura de la cintura y todavía mojado de la ducha. Nuestras miradas se encuentran pero Mike no dice nada, así que intento hablar con él:

–  Buenos días.

–  Buenos días. – Me responde sin mirarme.

Está claro que sigue enfadado, pero decido ignorar su enfado ya que no tiene ningún sentido.

–  La chica que estaba con Ivanov anoche en el restaurante es su prometida y se conocieron hace tres meses. – Empiezo a decir mientras él se viste. – Le enviaré a mi abuelo las fotos que les hice anoche y podremos saber el nombre de ella.

–  No. – Me dice con rotundidad. – Regresamos a Highland.

–  ¿Cómo? – Pregunto incrédula y protesto: – No podemos regresar ahora, acabamos de llegar y no hemos venido hasta aquí para nada.

–  Teníamos un acuerdo que no has respetado, todo esto se me está escapando de las manos y no pienso dejar que te pongas en peligro por no ser capaz de cumplir una sola cosa que te pido. – Me espeta Mike furioso. Se pone la chaqueta y, sin mirarme a la cara, me ordena antes de marcharse: – Dúchate y baja a desayunar, vendré a buscarte en un par de horas.

Y, sin más, Mike desaparece dejándome sola. No sé a dónde ha ido, pero tampoco me atrevo a preguntar, intuyo su respuesta…

Me ducho, preparo el equipaje (Mike ya ha dejado listo el suyo) y bajo al restaurante del hotel a desayunar. Estoy absorta en mis propios pensamientos cuando un hombre se sienta junto a mí. Es Brad, un agente de la Interpol con el que he colaborado en alguna ocasión y con el que me llevo muy bien, pero sé qué está haciendo aquí y le pregunto molesta:

–  ¿Quién te lo ha dicho?

–  Yo también me alegro de verte, Milena. – Me responde mofándose. – Tengo entendido que tu abuelo te dijo que Ivanov estaba siendo investigado por la Interpol y aun así has decidido intervenir por tu cuenta.

–  No sé de qué me hablas. – Le respondo con fingida inocencia.

–  Puede que esto te refresque la memoria. – Me responde Brad entregándome varias fotos en las que aparezco cenando con Mike a dos mesas de Ivanov.

–  Aunque no te lo creas, salimos a cenar y coincidimos en el mismo restaurante. – Le explico sabiendo que no se lo va a creer pese a que es la verdad. – Pero tranquilo, me temo que regreso hoy mismo a casa.

–  Ivanov es demasiado peligroso, Milena. – Me advierte Brad. – Sé lo que has venido buscando y prometo que lo conseguiré y te mantendré informada de toda la operación, pero tienes que mantenerte al margen, ¿me lo prometes?

–  Te lo prometo. – Me resigno.

Y Brad me da un cálido abrazo que dura hasta que la voz de Mike inquiere a mis espaldas:

–  ¿Interrumpo algo?

Si antes estaba enfadado y furioso, ahora parece estar fuera de sí, lo noto en sus ojos a pesar de que trata de mantener la compostura. Brad sonríe burlonamente, divirtiéndose observando la situación.

–  Brad, él es Mike Madson, mi jefe. – Le digo a Brad sin apenas mirar a Mike.

Brad le tiende la mano y le dice con amabilidad:

–  Soy Brad, un viejo amigo de Milena. – Le hace un gesto a Mike para que se siente con nosotros y continúa hablando: – Milena me estaba diciendo que os vais hoy de la ciudad.

–  Así es. – Le confirma Mike.

–  Es lo mejor que podéis hacer, las cosas por aquí están un poco tensas y meses de investigación se pueden ir por el retrete si no actuamos en consecuencia. – Comenta Brad. Se vuelve hacia a Mike y le dice con una sonrisa de complicidad: – No sé qué le habrás hecho, pero la tienes bastante cabreada. – Brad se levanta de la silla, me abraza, me besa en la frente con cariño y se despide: – Te llamaré todos los días, pero recuerda lo que me has prometido. – Se vuelve hacia Mike y añade antes de marcharse: – Ten paciencia con ella, la vas a necesitar.

Brad se marcha sonriendo y yo continúo desayunando como si nada hubiera pasado. Si Mike se había enfadado porque hablé con la prometida de Ivanov en el baño de un restaurante, yo me he enfadado por su manera de ignorarme y decido pagarle con la misma moneda.

–  ¿Qué clase de amigo es Brad? – Me pregunta Mike con cara de pocos amigos.

–  Uno bueno. – Respondo con indiferencia.

–  Algo más que un amigo será cuando me has presentado como tu jefe. – Me reprocha molesto.

–  Que eres mi jefe es lo único que tengo claro. – Farfullo en voz baja pero lo suficientemente alto como para que Mike me escuche.

Termino de desayunar en silencio y bajo la atenta mirada de Mike, que sigue furioso, pero también me mira con curiosidad. Sé que está esforzándose por no preguntar lo que quiere saber, el muy orgulloso no da su brazo a torcer.

Cuando subimos a la habitación para coger el equipaje, Mike se me echa encima, me acorrala contra la pared y me besa con urgencia y necesidad. Se apodera de mi cuerpo mientras yo me dejo arrastrar por el placer que sus besos y caricias me proliferan.

–  Acabarás matándome. – Susurra cuando nuestros labios se despegan.

–  Y tú a mí volviéndome loca. – Le replico al recordar que hace apenas dos horas estaba furioso conmigo.

–  Supongo que los dos necesitaremos tener paciencia. – Bromea de buen humor. Me abraza y añade con rotundidad: – Regresaremos a Kurovo, pasaremos un par de días en casa de tus abuelos si así lo deseas y regresaremos a Highland. Tengo que arreglar unos asuntos en el Luxe, pero en cuanto los termine nos iremos unos días fuera de la ciudad tú y yo, tenemos muchas cosas de las que hablar. – Me da un leve beso en los labios y añade: – Será mejor que nos demos prisa, no quiero que se nos haga de noche conduciendo.

Después de casi ocho horas conduciendo tan solo hemos recorrido unos 400 km cuando decidimos parar y alojarnos en un hotel para pasar la noche.

Durante el viaje le he explicado a Mike que Brad, además de un buen amigo, es un agente de la Interpol con el que he colaborado en el pasado y que ahora está investigando a Ivanov. Mike parece relajarse un poco, pero sé que hay algo que le ronda la cabeza y lo averiguo cuando nos metemos en la bañera de nuestra habitación de hotel:

–  ¿Brad es como Tom? ¿Son la misma clase de amigos?

–  No. – Le respondo. – Tom es como un hermano para mí, no tengo esa relación de amistad con nadie excepto con Tom. Brad es un buen amigo y no me he acostado con él, si es eso lo que quieres saber.

–  Pero él lo ha intentado, lo he visto en su mirada. – Me responde Mike estrechándome contra su cuerpo con fuerza. – Te quiero solo para mí, pequeña. Eres mía.

–  Demuéstramelo. – Le ordeno con picardía.

Mike no lo duda ni un segundo, me besa y me hace el amor en la bañera y después en la cama hasta que nos quedamos dormidos uno en brazos del otro.

A la mañana siguiente retomamos nuestro camino hacia Kurovo. Llegamos a casa de mis abuelos maternos al anochecer y mis abuelos nos esperan para cenar juntos. A pesar de que lo único que me apetece es meterme en la cama con Mike y dormirme entre sus brazos, hago un esfuerzo y trato de poner buena cara frente a mis abuelos, aunque no tengo demasiado éxito.

–  Mi niña, ¿va todo bien? Pareces un poco triste… – Comenta mi abuela en ruso para que Mike no la entienda.

–  Estoy bien, abuela. – Le respondo forzando una sonrisa. – Tan solo estoy cansada por el viaje.

–  Sea lo que sea lo que haya pasado, no hay más que mirar a este chico a los ojos para saber que te adora y te idolatra, no sé por qué te empeñas en presentar a Mike como tu jefe, yo lo presentaría como tu alma gemela. – Me dice mi abuela con ternura. Mike no entiende lo que decimos, pero ha escuchado su nombre en la conversación y nos mira intrigado. Mi abuela, que se da cuenta, le sonríe y le dice para tranquilizarlo: – Le estaba diciendo a Milena que deberíais descansar, estaréis agotados por el viaje.

–  ¿Has hablado con Brad? – Me pregunta mi abuelo muy inoportuno.

El gesto de Mike se contrae y tensa la mandíbula al oír el nombre de Brad, a pesar de que le he aclarado que entre él y yo no hay nada, Mike continúa teniendo sus dudas.

–  Ahora no, abuelo. – Le corto de inmediato. Y poniéndome en pie para dirigirme a la casa de invitados y retrasar esa conversación, añado: – Necesitamos descansar, mañana hablamos.