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Siempre cuidaré de ti 17.

Siempre cuidaré de ti

Pablo, Axel y yo regresamos juntos a casa de mi padre en el coche de Axel mientras que nuestros padres y el resto de agentes que les acompañaban se quedan en la casa para encargarse de la situación. Puede que en otra ocasión me hubiera sentido furiosa por haberme echado a un lado, pero en este momento lo agradezco. Lo último que me apetecería sería tener que explicar a todo el mundo lo que ha pasado, no tengo ganas ni fuerzas.

Pablo se empeña en conducir y nos obliga a Axel y a mí a sentarnos juntos en la parte de atrás para que tratemos de descansar un poco, es un viaje largo. Axel, sorprendiéndome, le hace caso y se sienta a mi lado, me rodea los hombros con su brazo y me estrecha contra su cuerpo dejando descansar mi cabeza sobre su hombro al mismo tiempo que me susurra al oído:

–  Descansa un poco, princesita.

Cierro los ojos y me quedo dormida al instante. Podría estallar una guerra en este mismo momento y yo seguiría en calma siempre y cuando estuviera en los brazos de Axel como lo estoy en este momento. ¿Es eso estar enamorada? Tendré que preguntárselo a Angie, ella es la que entiende de estas cosas.

Cuando me despierto, Axel me lleva en brazos y sube las escaleras de casa de mi padre para llevarme a mi habitación. Me sonríe con dulzura y me susurra:

–  Princesita, es la segunda vez en menos de una semana que te tengo que llevar en brazos a tu habitación.

–  La culpa es tuya. – Le contesto medio dormida volviendo a cerrar los ojos y abrazándome a él con fuerza. – Si me tratas como a una princesita, luego no te quejes si me terminas convirtiendo en una.

Axel se echa a reír pero no dice nada, me lleva hasta a mi habitación y me deposita sobre la cama con sumo cuidado, como si fuera tan frágil como el cristal. Después me quita las zapatillas de deporte y me echa una pequeña mantita por encima antes de decirme:

–  Sigue durmiendo, princesita.

Axel da media vuelta dispuesto a marcharse, pero le agarro del brazo y susurro con un hilo de voz:

–  Por favor, no…

–  Eh, ¿qué ocurre, Ari? – Me pregunta sentándose junto a mi lado y, antes de que pueda contestar, añade: – No pasa nada, aquí estás segura y no tienes nada de qué preocuparte ahora. Además, te he prometido que siempre cuidaré de ti.

–  Entonces, no te vayas. – Le pido con tristeza.

–  Ari… – Resopla y, abrazándome, me dice: – Quieres acabar conmigo, ¿verdad?

Le miro sin entender nada. No he hecho ni dicho nada malo para que piense que quiero acabar con él, de hecho creo que es la primera vez que soy tan sincera y amable con él. Axel parece leerme la mente porque me lanza una sonrisa tranquilizadora, se tumba a mi lado en la cama y me dice con ternura:

–  Duérmete, te prometo que no me moveré de esta habitación mientras descansas.

Más tranquila sabiendo que Axel estará aquí cuando despierte, vuelvo a quedarme dormida de inmediato. Cuando vuelvo a despertarme, Axel no está tumbado conmigo en la cama, pero está en mi escritorio escribiendo en el ordenador, probablemente escribiendo el informe de lo que ha ocurrido esta mañana en la casa del bosque.

Tiene gracia, antes creía que Axel era un psicópata, después creí que era un idiota que me odiaba por el simple hecho de existir y ahora es una de las pocas personas en las que confío. Y no, no se me olvida que creo que estoy enamorada de él, pero eso es algo en lo que prefiero no pensar.

–  Buenos días, princesita marmota. – Me dice alegremente Axel cuando se percata de que estoy despierta. – ¿Qué tal has dormido?

–  No lo sé, creo que sigo estando cansada y me duele la cabeza. – Le respondo escondiendo mi cara bajo la almohada. – ¿Qué hora es?

–  Las nueve de la mañana. – Me responde. – Y te aconsejo que te des una ducha para espabilarte y hables con tu padre, no ha terminado de entender por qué me he quedado aquí toda la noche.

–  Te vas a reír, pero me sentía más segura sabiendo que estabas cerca. – Le respondo. – La gente que me quiere me miente y me traiciona, sin embargo, tú me odias y me cuidas, a pesar de que crees que soy una princesita.

–  Yo nunca he dicho que te odiara. – Me responde muy serio. – Ariadna, yo…

–  ¡Ari! – Gritan Angie y Debby entrando en mi habitación como un huracán e interrumpiendo lo que  Axel me iba a decir: – ¿Cómo estás? – Me pregunta Angie.

–  Ya te lo digo yo, fatal. – Le responde Debby. – Ari, no puedes seguir así. Esta noche tenemos planes, me da igual si quieres o no venir, lo harás igualmente.

–  No pienso salir a ninguna parte. – Le respondo molesta por la interrupción.

Axel estaba a punto de decirme algo cuando ellas han aparecido. Me ha llamado Ariadna y él nunca antes me había llamado por mi nombre completo, normalmente me llama princesita y en alguna rara ocasión Ari. Axel se pone en pie y, antes de salir de mi habitación, me dice más serio de lo normal:

–  Te dejo en buena compañía.

Me quedo observando cómo Axel desaparece de mi vista y, en cuanto lo hace, Debby me da un codazo y me dice burlonamente:

–  Cuenta por esa boquita que te traes con el buenorro del vecino.

–  Creo que estoy enamorada. – Confieso dejándome caer en la cama y tapándome la cabeza con la almohada.

–  No hace falta que lo jures, se te ve a la legua. – Me responde Debby. – Pero no es eso lo que te he preguntado. Por tu cara sé que no te has acostado con él, pero sé que algo hay, tu padre nos ha dicho que cuando llegaron anoche él estaba sentado donde seguía hasta hace un momento y no ha consentido moverse, pese a que todos han insistido en que se fuera a descansar. Según me ha dicho tu padre, ha insistido en que te había prometido que no se movería hasta que te despertases y eso es lo que ha hecho.

–  ¡Qué mono! – Digo medio alegre y medio triste.

–  Sí, muy mono, pero sigues sin contestarme. – Apunta Debby.

–  No ha pasado nada, estaba a punto de decirme algo cuando habéis entrado, pero ni siquiera sé si iba a decir algo bueno o malo. – Les respondo abatida. – Para él solo soy una niña mimada y consentida que se ha visto obligado a cuidar.

–  Cielo, esta noche te vas a poner el vestido más sexy que tengas y nos vamos a ir a tomar unas copas con los chicos, así Axel podrá ver todo lo que se va a perder si te deja escapar. – Me dice Angie.

–  ¿Con los chicos? – Pregunto sorprendida. – ¿Qué chicos?

–  Querida Ari, por fin Angie y Pablo están oficialmente juntos. – Me dice Debby burlonamente al mismo tiempo que Angie se ruboriza.

–  ¿Por qué Pablo no me ha dicho nada? – Le pregunto divertida. – ¿Es que lo guardabais en secreto?

–  Le hice prometer que me dejaría a mí darte la noticia, aunque Debby se ha adelantado. – Me contesta Angie. – Ah, y Debby se tiró anoche al escolta de tu padre.

–  ¡¿Qué?! – Exclamo sorprendida. – ¿Con Ben? – Las tres nos echamos a reír y finalmente añado divertida: – ¿Pretendéis que Axel acceda a venir a esa cita triple que tenéis planeada? Lo único que conseguiréis es que se ría de mí.

–  Cuando te vea con el vestido sexy que te vas a poner, solo podrá babear y te seguirá como un patito sigue a la mamá pata. – Se mofa Debby.

–  Lo siento chicas, pero no lo veo. – Les confieso. – Y tampoco tengo ganas de salir de copas, si os soy sincera, de lo único que tengo ganas es de pasarme el día encerrada en mi habitación escuchando canciones tristes de amor y llorando hasta deshidratarme.

–  ¡Se ha puesto en plan melodramática! – Exclama Debby. – ¡Esto es más grave de lo que me imaginaba!

–  Ari, nos da igual lo que quieras. – Me dice Angie. – Necesitas salir y desconectar y esta noche vamos a ir todos juntos a tomar unas copas. Axel no tiene ni idea de lo que hay entre Pablo y yo y mucho menos de lo que hay entre Debby y Ben, así que simplemente seremos un grupo de amigos que salen juntos a tomar algo.

–  Chicas, os agradezco vuestro interés, pero prefiero que no os metáis en esto. – Les ruego.

–  Vale, no nos meteremos si tú no quieres. – Me dice Angie. – Pero le invitamos a venir con nosotros, aunque solo sea por educación y luego ya dejamos en vuestras manos todo lo demás.

–  Está bien, cómo queráis. – Cedo finalmente. – Voy a darme una ducha y a ver a mi padre, luego hablamos del tema.

No muy convencidas, salen de mi habitación y yo me levanto decidida a darme una ducha y dejar la mente en blanco aunque solo sea por un instante. Antes de pensar en salir de copas esta noche, tengo que pensar en lo que me espera en el salón con mi padre y apuesto que saldré más furiosa y deprimida de lo que voy a entrar.

Siempre cuidaré de ti 16.

Siempre cuidaré de ti

Estoy abrazada a Axel y él me tiene abrazada a mí cuando me despierto, pero esta vez no abro los ojos, quiero quedarme un rato más entre sus brazos. Axel se mueve un poco y me acaricia suavemente la espalda, pero lo hace inconscientemente porque sigue dormido, lo noto en su respiración. Axel vuelve a moverse y esta vez me abraza con más fuerza, me da un beso en la coronilla y me susurra:

–  Buenos días, princesita.

¿Cómo ha sabido que estoy despierta? Sin abrir los ojos, musito medio dormida:

–  Buenos días.

–  Buenos días, pareja. – Oigo una voz con acento alemán al otro lado del sofá.

Axel y yo nos incorporamos de un salto y nos despertamos de golpe. Frente a nosotros se encuentra Wolf con una docena de hombres, todos ellos apuntándonos con sus respectivas pistolas.

–  Por fin volvemos a vernos, señorita Ayala. – Me dice Wolf. – La otra vez no pudimos hablar, pero esta vez he venido mejor preparado, no me esperaba que fueras toda una leona.

Nos hace un gesto para que salgamos de la casa y le obedecemos, son trece hombres armados y nosotros solo somos dos y estamos desarmados, ahora mismo no tenemos nada qué hacer contra ellos.

Cruzamos el porche y bajamos las escaleras que nos llevan al jardín y en el suelo veo el cadáver de Juan, le han pegado un tiro en la cabeza. Axel me coge de la mano y me la aprieta en señal de apoyo, pero yo no muestro mis sentimientos, llevo puesta mi máscara especial para esta clase de situaciones.

–  No sientas lástima por él. – Me dice Wolf. – Su misión era hacer que te enamoraras de él para que así tú estuvieras más a nuestro alcance, pero el muy idiota no solo no consiguió que te enamoraras, si no que él se enamoró de ti y pretendía jugárnosla. Lo que él no se esperaba es que no acudieras a la cita en París y por lo contrario vinieras a un lugar perdido en las montañas con otro hombre.

–  ¿Haces todo esto por tu hija? – Le pregunto. – ¿Crees que matándome a mí ella volverá? ¿Crees que te sentirás mejor?

–  ¡Cállate! – Me grita Wolf acercándose y dándome una bofetada.

Ese es el momento que aprovecho para arrebatarle la pistola y utilizarlo de escudo contra sus propios hombres.

–  ¿Sabes cuál es el verdadero problema de los hombres? – Le pregunto a Wolf. – Subestimáis a las mujeres y la mayoría de las veces suelen ser más inteligentes. – Alzo la voz para dirigirme a los hombres de Wolf y añado: – Dejad las armas en el suelo sin hacer ningún movimiento brusco para no asustarme y apriete el gatillo.

Apunto directamente a la sien de Wolf y todos sus hombres me obedecen al instante, mientras Axel se encarga de recoger las armas y atarlos a todos. Cuando termina, se acerca a Wolf y, tras darle un tremendo puñetazo que le hace caer al suelo, le dice furioso:

–  Así no se trata a una princesita.

Axel me abraza y yo me dejo abrazar, por fin ha acabado todo y vuelvo a sentirme cómoda y segura entre sus brazos. En ese mismo momento empiezan a llegar coches del Servicio Secreto y veo bajarse de ellos a mi padre, a Manuel, Arturo y Pablo, entre algunos otros agentes que ya conozco y otros que no había visto en mi vida.

–  ¿Estáis bien? – Nos pregunta mi padre. – Hija, ven aquí. – Me dice abrazándome con lágrimas en los ojos. – Perdóname, siento todo lo que ha ocurrido y me arrepiento de no haberte dicho toda la verdad.

–  Ya hablaremos de eso más tarde, papá. – Le respondo abrazándole con fuerza. – Quiero saber la verdad, pero puedo esperar un poco más.

–  Chicos, ¿estáis bien? – Nos pregunta Manuel.

Axel asiente con la cabeza, todo rastro de buen humor y de buen rollo entre nosotros ha desaparecido, vuelvo a ser la princesita para la que hace de niñera.

–  Ari, ¿qué te ha pasado en el labio? – Me pregunta Manuel horrorizado.

–  Creo que es mejor que preguntes qué le ha pasado a Wolf, creo que tiene la mandíbula rota. – Dice Arturo mirándonos a Axel y a mí alternativamente.

–  Axel, ¿nos lo puedes explicar? – Le pregunta mi padre molesto.

–  Solo nos hemos defendido. – Intervengo furiosa. – ¿Es que ahora somos nosotros los sospechosos?

–  Nada de esto hubiera pasado si os hubierais comportado como dos adultos. – Me reprocha mi padre.

–  Si no nos hubieras ocultado lo que estaba pasando no habríamos llegado a esta situación, si buscas un culpable, el único responsable eres tú. – Le espeto más furiosa que nunca. De hecho, creo que nunca le había hablado así a mi padre. Axel trata de calmarme colocando su brazo sobre mis hombros, pero sin obtener el resultado que esperaba. – Trece hombres armados han entrado en la casa mientras dormíamos, tienes suerte de que los hayamos capturado a todos y que ninguno haya muerto. De hecho, tienes suerte de que nosotros estemos vivos, si es que te importa, claro.

–  Ari, ¿a qué viene esto? – Me pregunta mi padre sorprendido y confundido. – Que tú y Axel estéis bien es lo más importante para mí. Perdóname, estoy muy nervioso y…

–  Todos estamos nerviosos. – Le interrumpe Axel quitándole importancia al asunto. Se vuelve hacia a mí y, tras revisar con delicadeza la herida en mi labio, me dice: – Princesita, deberías ir a limpiarte ese labio y ponerte un poco de hielo.

No hago el menor intento de moverme porque no quiero alejarme de Axel, aunque sé perfectamente que me acaba de echar y sin ningún miramiento. Pablo me rodea la cintura y me arrastra hasta dentro de la casa, donde me acompaña a mi habitación y me hace sentar a los pies de la cama mientras me empieza a curar el labio con una gasa húmeda.

–  ¿Quieres contarme cómo te has hecho esto? – Me pregunta Pablo sin presionarme.

–  He provocado a Wolf para que me lo hiciera y así poder distraerlo para quitarle la pistola.

–  ¿Y él tiene la mandíbula rota por qué…? – Me dice Pablo esperando que yo acabe la frase.

–  Porque se lo merecía. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Fuiste tú o Axel?

–  ¿Qué más da? – Le inquiero. – Tiene suerte de tener sólo la mandíbula rota, tendría que haberle disparado en las piernas y haber dejado que muriera desangrado.

–  ¿Y Juan? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

–  Wolf me investigó y averiguó que me veía con Juan, así que hizo un trato con él para que me enamorara y así poder controlarme. – Le contesto con los ojos anegados en lágrimas. – Según Wolf, Juan se había enamorado de mí y quería decirme la verdad cuando estuviéramos en París, pero Wolf se dio cuenta de sus intenciones y lo trajo aquí antes de matarlo. Supongo que quería que viese que en vez de estar con él estaba con otro hombre, supongo que él no sabría nada de todo esto.

–  Ven aquí, pequeña. – Me dice abrazándome mientras yo lloro desconsoladamente entre sus fuertes y familiares brazos. – Toda esta pesadilla ya se ha acabado.

Pablo me da la tranquilidad y la seguridad que en estos momentos necesito. Pablo es como mi hermano mayor y actúa como tal, aunque también hace de madre, padre y niñera. El pobre tiene el cielo ganado conmigo. Me limpia las lágrimas y me lava la cara, como lo haría con su hermana pequeña y, cuando termina, me dice bromeando:

–  Venga, cambia esa cara ya si no quieres que termine creyendo que de verdad eres una princesita como dice Axel.

–  Idiota. – Le respondo sonriendo. – Déjame que me dé una ducha, me visto y recojo todas mis cosas antes de irnos.

–  No tardes, ahí fuera se palpa la tensión y no me gusta nada estar en medio. – Me contesta antes de marcharse de la habitación.

Me doy una ducha rápida, me pongo unos tejanos y una camiseta de tirantes con las zapatillas deportivas y recojo todas mis cosas. Cuando estoy a punto de salir de la habitación, Axel aparece por la puerta y, con una sonrisa burlona, me dice:

–  Princesita, has acojonado a todo el mundo y nadie quiere llevarte a casa.

–  ¿Aún te quedan ganas de seguir haciendo de niñera? – Le pregunto con un hilo de voz.

–  Siempre cuidaré de ti, princesita. – Me dice sonriendo al mismo tiempo que coge mi maleta. – Venga, vamos juntos de camino a casa y Pablo nos acompañará. – Pongo cara de triste sin darme cuenta y Axel me pregunta con ternura: – Princesita, ¿qué te pasa? Si no quieres volver en mi coche, estoy seguro de que convenceremos a alguien para que te lleve, puede que tenga que sobornarles o amenazarles pero, ¿qué más da?

–  Idiota, deja de reírte de mí. – Le respondo medio riendo medio sollozando.

–  Oye, ¿por qué te has quitado ese pijama tan sexy? – Se mofa. Abro la boca fingiendo estar muy ofendida y añade riendo: – Tienes razón, eso ha sido un golpe bajo.

–  No. – Le respondo sonriendo. Le doy un leve golpe en el vientre que le hace doblarse, pero solo por acto reflejo, no de dolor, y añado: – Eso ha sido un golpe bajo.

–  Princesita, te vas a librar porque tu herida del brazo me tiene preocupado y ya has tenido suficientes emociones fuertes por hoy, pero esta me la pagarás. – Me contesta mientras yo camino divertida por el pasillo. Se acerca a mí por detrás y me susurra para que solo yo lo escuche: – Cuando menos te lo esperes, princesita.

Sus palabras susurradas tan de cerca me estremecen y me doy cuenta de lo mucho que Axel me gusta y me atrae. ¿Hay algo más que me pueda salir mal?

Definitivamente, mi vida es un desastre y ahora más que nunca. Mi padre me oculta cosas, han matado a mi amante por enamorarse de mí cuando debería haberme enamorado él a mí, han intentado matarme dos veces en una misma semana y, por si fuera poco, creo que me he enamorado de un mujeriego que solo está conmigo porque le han enviado de niñera y que cree que soy una princesita. Debería haber dejado que Wolf me matara, no le hago ningún bien a todo el que me rodea.

Siempre cuidaré de ti 15.

Siempre cuidaré de ti

El viernes por la mañana vuelvo a despertarme en los brazos de Axel, pero esta vez ya es de día y él, pese a que sigue tumbado en el sofá conmigo, ya está despierto y no se ha levantado. Le miro ruborizada y me echo a un lado del sofá, pues estaba prácticamente encima de él.

–  Lo siento, suelo moverme bastante cuando duermo. – Me disculpo incorporándome.

–  No pasa nada, no he querido moverme para no despertarte. – Me responde como si fuera la cosa más natural del mundo. Desde luego, a él no le afecta dormir conmigo como me afecta a mí. Otra razón más para quitármelo de la cabeza. – Voy a darme una ducha.

Axel se levanta y entra en su habitación, dejándome sola en el salón y vuelvo a tumbarme en el sofá. Si lo llego a saber, me hago un rato más la dormida. Lo sé, nada de lo que estoy pensando tiene sentido.

Decido mirar mi correo en el ordenador de Axel para distraerme, pero la mayoría son correos publicitarios, así que decido llamar a Angie:

–  ¡Ari, por fin llamas! – Me espeta nada más descolgar. – ¿Cómo va por ahí? ¿Ha llegado ya la sangre al río o habéis preferido aliviar tensiones de una manera más placentera?

–  ¡Joder Angie, hablas igual que Debby! – Exclamo divertida. – Por aquí sigue todo igual, salvo que yo estoy cada vez más confundida…

–  Ari, ten cuidado. – Me advierte Angie. – No creo que Axel sea un mal tío, pero por lo poco que he podido averiguar sé que tiene fama de mujeriego y…

–  No quiero saberlo, Angie. – La interrumpo. – Tengo demasiadas cosas y preocupaciones en la cabeza y no quiero tener que preocuparme de algo por lo que ni siquiera sé si quiero preocuparme.

–  Estás fatal. – Sentencia Angie. – ¿Qué te está haciendo ese idiota? ¿No te trata bien?

–  Estoy bien Angie, de verdad. – Le respondo con tristeza. – Axel no me está tratando mal, de hecho creo que me está tratando mejor de lo que yo le trato. Es solo que… Olvídalo, solo son tonterías.

–  A mí no me parece ninguna tontería que estés así. – Me dice Angie.

–  Supongo que me siento un poco confundida y sola, también está lo de mi padre, que aún no he hablado con él y sinceramente, tampoco tengo ganas de hacerlo. – Le confieso. – Es como si de un día para otro mi vida ya no fuera mi vida y yo ya no fuera yo. Creo que tengo una crisis de identidad.

–  ¿Lo de la crisis de identidad tiene que ver con Axel? Porque si es así voy hasta el maldito culo del mundo donde os encontráis y le parto la cara. – Me dice Angie.

–  Angie, Axel no tiene la culpa de mis desgracias. – Le respondo empezando a impacientarme.

–  Me alegra saber eso. – Oigo la voz de Axel detrás de mí.

Me vuelvo y lo veo envuelto de cintura para abajo con una toalla, recién salido de la ducha y más sexy que nunca. Ahora la que necesita la ducha soy yo, pero de agua fría.

–  Angie, tengo que colgar. – Le digo a mi amiga sin dejar de mirar a Axel. – Te llamaré pronto.

Cuelgo el teléfono y Axel continua mirándome con una sonrisa burlona en los labios. Debo de estar más roja que un tomate y eso a Axel le parece divertido, pero a mí me resulta de lo más incómodo, así que me levanto del sofá y le digo todo lo digna que puedo:

–  ¿No te han enseñado que no se escuchan las conversaciones ajenas?

–  Princesita, cuando mantienes una conversación sobre mí en mi propia casa, no creo que se pueda considerar una conversación ajena a mí. – Me responde burlonamente.

–  Voy a ducharme. – Le respondo antes de huir del salón y esconderme en el baño de mi habitación.

Finalmente, decido darme un baño con espuma en vez de una ducha. Podría llenar el jacuzzi pero no quiero malgastar tanta agua, sobre todo teniendo en cuenta que empezará a llover en breve y Axel ya me advirtió que si llueve nos quedamos sin luz y si nos quedamos sin luz nos quedamos sin agua caliente.

Una hora más tarde, Axel llama a la puerta de mi baño y me pregunta:

–  Princesita, ¿piensas salir de ahí algún día?

–  ¡No! – Le respondo molesta.

–  Será mejor que te cubras si no quieres que te vea desnuda, voy a entrar. – Me responde antes de abrir la puerta y entrar en el baño. Por suerte, sigo dentro de la bañera y el agua y la espuma cubren todo mi cuerpo, excepto del cuello para arriba y mis rodillas, que al tener las piernas dobladas sobresalen un poco por encima del nivel del agua. – Princesita, te vas a arrugar si sigues ahí metida. Además, ha empezado a llover y nos quedaremos sin luz de un momento a otro.

Justo es decir eso e irse la luz.

–  ¡Mierda! – Exclamo. – Si antes lo llegas a decir…

–  Anda, sal de ahí antes de que te quedes helada. – Me dice tendiéndome la mano para ayudarme a salir, pero al ver que dudo añade: – Estamos a oscuras, no puedo verte, princesita.

–  Más te vale que sea verdad o te sacaré los ojos para que no vuelvas a ver nada en tu vida. – Le respondo con tono amenazador, pero Axel parece divertirse.

Me pongo en pie en la bañera sin soltar la mano de Axel y después pongo un pie en el suelo, momento en que él me coge de la otra mano para asegurarse de que no me doy de bruces contra el suelo. Coge mi albornoz para ayudarme a ponérmelo y, cuando ya estoy del todo tapada, enciende una vela y la deja sobre la encimera del lavabo, iluminando toda la estancia.

–  No tardes, la cena ya está lista. – Me dice antes de dar media vuelta para salir.

–  Axel, espera. – Le digo sujetándole del brazo. – Gracias y… Lo siento.

–  De nada, princesita. – Me responde sonriendo. – No tardes.

Y desaparece. Y me alegro, si se hubiera quedado un solo segundo más me hubiera arrojado a sus brazos y eso no puede pasar. Me pongo un pijama de franela nada sexy de cuando Axel era adolescente, cortesía del propio Axel para que no me muera de frío por las noches, me cepillo el pelo y salgo del baño llevando la vela encendida que me ha dejado Axel en el baño, pero él ya se ha ocupado de iluminarme el camino dejando velas en la habitación y el pasillo hasta llegar al salón.

Cuando entro en el salón, me quedo anonadada. La mesa está preparada para empezar a cenar y un precioso candelabro de plata con seis velas en el centro de la mesa ilumina toda la estancia. Todo resulta de lo más romántico, si omites el pequeño detalle que realmente estamos sin luz y que Axel no tiene la más mínima intención de ser romántico conmigo.

–  Te has puesto preciosa para la ocasión, princesita. – Me dice burlonamente en cuanto me ve entrar en el salón. – Estás muy sexy con ese pijama.

–  Muy gracioso. – Le replico sacándole la lengua. – Podría haberme puesto uno de los vestidos que tú me obligaste a dejar en la ciudad.

Oigo que Axel murmura algo entre dientes pero no logro adivinar el qué, así que decido no hacerle caso y sentarme a la mesa. Axel también se sienta y empieza a servir los platos.

–  He hecho tallarines al pesto, un pajarito me ha dicho que es tu plato preferido y me ha amenazado con matarme si no me portaba bien contigo. – Me dice divertido.

–  Voy a tener que hablar con el pajarito de Angie. – Le digo sintiéndome fatal. – Me imagino lo que estarás pensando, pero te aseguro que no es lo que parece.

–  Lo sé, además de escuchar parte de vuestra conversación esta mañana, Angie me ha llamado para decirme que aunque tú se lo negaras sabía que yo me estaba portando mal contigo y por eso tú estabas tan deprimida. – Me responde poniéndose serio. – Ari, siento si he sido poco tolerante contigo y…

–  Axel, no le he dicho a Angie que me tratabas mal porque no considero que me trates mal. – Le contesto con un hilo de voz. – No he sido justa contigo, desde que salimos de casa de mi padre te has comportado como una verdadera niñera conmigo y yo ni siquiera te lo he agradecido.

–  Princesita, vamos a hacer un trato. – Me propone sirviendo nuestras copas de vino. – Tú cuidas de mí y yo cuido de ti, ¿qué te parece?

–  Me parece una idea estupenda. – Le digo cogiendo mi copa para brindar con él y después dar un trago y saborear el delicioso vino. – Mmm. Está buenísimo.

–  Debe estarlo, es una botella de reserva de 1000€ y tengo otra igual en el alféizar de la ventana para que se mantenga fresca. – Me dice sonriendo.

Cenamos bajo la luz de las velas, hablando y bromeando, recogemos juntos la mesa sin dejar de bromear y seguimos con nuestra animada charla en el sofá frente a la chimenea para bebernos la segunda botella de vino. Estamos tan cerca el uno del otro que puedo notar como nuestros cuerpos se rozan con el subir y bajar de nuestras respiraciones.

El estruendo de un trueno me sobresalta y parte del vino que había en mi copa cae sobre Axel y sobre mí, empapándonos.

–  Princesita, si no te gustaba el pijama bastaba con que no te lo pusieras, no hacía falta que nos echaras el vino por encima, ahora yo también me tengo que cambiar de ropa. – Me dice mofándose.

–  ¡No te rías! – Le reprocho riendo. – ¡Nos hemos puesto perdidos!

–  ¿Nos hemos puesto? Querrás decir que nos has puesto. – Me corrige sin dejar de reír. – Voy a buscar algo para ponernos, dame un segundo. – Se marcha y regresa segundos después con un par de pijamas limpios y secos. – Aquí tienes, igual de bonito que el anterior.

Me lanza el pijama y me dispongo a cambiarme allí mismo cuando Axel me pregunta:

–  ¿Es que piensas cambiarte aquí?

–  No pienso ir a la habitación, me congelaré. – Le respondo. – Si te incomoda no mires, pero no verás más de lo que ves cuando vas a la playa.

Axel me sonríe divertido y ambos nos cambiamos de ropa, poniéndonos un pijama limpio, para continuar bebiendo vino. Cuando la segunda botella de vino se acaba, Axel apaga las velas que ha dejado encendidas en el pasillo y la habitación y nos tumbamos en el sofá de lado, mirando hacia la chimenea. Axel me abraza desde atrás, estrechándome entre sus brazos contra su firme y atlético cuerpo, me besa en la coronilla antes de susurrarme al oído:

–  Buenas noches, princesita.

Siempre cuidaré de ti 14.

Siempre cuidaré de ti

Me despierto de madrugada muerta de frío y veo que estoy en el sofá del salón con Axel, nos debimos de haber quedado dormidos mientras hablábamos. Intento incorporarme sin hacer demasiado ruido para no despertarlo, pero no da resultado:

–  ¿Qué pasa, princesita?

–  Me estoy muriendo de frío, voy a echar más leña a la chimenea.

Axel me agarra del brazo para detenerme, se incorpora de un salto y me dice con la voz de medio dormido:

–  Sigue durmiendo, ya lo hago yo.

Se levanta, coge un par de troncos cortados y los echa dentro de la chimenea para que ardan en ella. Después desaparece en dirección a su habitación y regresar un minuto más tarde con una gruesa colcha de algodón que me echa por encima.

–  ¿Mejor ahora? – Me pregunta.

Lo cierto es que no. Su cuerpo me daba calor y ya no lo tengo, por no mencionar las ganas de abrazarlo que tengo, me hubiera gustado que no se hubiera despertado y poder seguir durmiendo entre sus brazos, aunque solo sea por accidente.

–  Princesita, no sé cómo decirte esto pero creo que vamos a tener que compartir sofá, a menos que prefieras que me muera congelado en una de las habitaciones. – Me dice tumbándose a mi lado. – Estás helada y temblando, ven aquí.

Me estrecha contra su cuerpo abrazándome desde mi espalda y yo me dejo hacer, entrando de nuevo en calor, quizás sintiendo más calor del necesario.

–  ¿Cómo es posible que haga tanto frío? – Le pregunto. – O mejor aún, ¿por qué decidiste instalar un jacuzzi en vez de calefacción?

–  Princesita, tenemos calefacción, pero está averiada. – Me responde susurrándome al oído. – Ahora duérmete, mañana tenemos mucho trabajo que hacer.

Relajada y con menos frío, vuelvo a quedarme dormida en los brazos de Axel.

Cuando vuelvo a despertarme Axel ya no está en el sofá durmiendo conmigo, pero hay una nota sobre la mesa del salón: “Estoy en el lago, avísame si necesitas algo. A.” Demasiado escueta para mi gusto, pero al menos ha tenido el detalle de decirme dónde estaba para que no me preocupara cuando me despertara y no lo encontrara en casa.

Me levanto y me asomo por la ventana de la cocina desde donde mejor se ve el lago y puedo divisar a Axel nadando con rapidez y destreza. Me bebo un zumo mientras lo observo nadar desde la ventana y regreso al salón cuando veo que sale del lago y camina de regreso a casa. No quiero que piense que le estaba observando, aunque eso es exactamente lo que estaba haciendo. Recojo las mantas del sofá y las copas de vino de la noche anterior justo antes de que llegue Axel.

–  Buenos días, Princesita. – Me dice de buen humor cuando entra en casa. – ¿Has desayunado ya?

–  Me estoy bebiendo un zumo y por ahora es todo lo que mi cuerpo puede digerir.

–  Voy a ducharme, tardo diez minutos y cuando regrese nos ponemos a trabajar. – Da un par de pasos acercándose a mí y noto como su buen humor se esfuma de su cara. – Ari, ¿es que no te has visto como tienes la herida? Joder, estás pálida y ojerosa, ¿te encuentras bien?

Miro la herida de mi brazo, otra vez está sangrando. No me he mirado en el espejo, pero deduzco que mi tez pálida y mis ojeras se deben a la pérdida de sangre y al frío que he pasado esta noche.

–  ¡Mierda, otra vez! – Musito entre dientes. – Voy a ver qué puedo hacer para que esto deje de sangrar antes de morir desangrada.

–  Espera, me doy una ducha rápida y te ayudo con eso. – Me dice Axel preocupado. – Ves quitándote el vendaje y limpiando la herida que en seguida estoy contigo.

Entro en mi habitación y me dirijo al baño, donde me quito la camiseta y, quedándome tan solo vestida con unos tejanos y el sujetador, empiezo a quitarme el vendaje cubierto de sangre. Tengo que ir con cuidado, los puntos se enganchan y al estirar los puedo soltar. Cuando termino, cojo una gasa, la empapo en suero y limpio todo el perímetro de alrededor de la herida para quitar la sangre seca. Estoy cogiendo otra gasa para empaparla en suero y seguir limpiando la herida cuando mi mirada se cruza con la de Axel en el espejo y, tras quitarme la gasa de la mano, me dice:

–  Deja que siga yo.

Se ha puesto un pantalón corto de deporte y va desnudo de cintura para arriba, con algunas gotas de agua sobre el pecho y la espalda que lo hacen todavía más atractivo de lo que ya es. Axel termina de limpiar mi herida con sumo cuidado y cuando termina me aplica un apósito para cubrirla y finalmente vuelve a vendarme el brazo.

–  No entiendo por qué te sangra tanto. – Me dice tirando a la basura los restos de vendajes y gasas utilizados. – Si mañana sigues igual iremos al pueblo más cercano para que el doctor te revise la herida, estás perdiendo mucha sangre.

–  Estoy bien, no te preocupes. – Le respondo quitándole importancia.

–  Si vamos a ir a por Wolf, necesitas estar al 100%, no quiero correr ningún riesgo. – Me contesta con rotundidad. Me mira dulcificando su mirada y me pregunta: – Has pasado mucho frío esta noche, ¿verdad?

–  Un poco. – Le confieso avergonzada. Solo imaginar que he pasado la noche entre sus brazos hace que una descarga eléctrica recorra mi cuerpo y me excito.

–  ¿Por qué te ruborizas? No pasa nada porque reconozcas que has pasado frío, yo también he pasado frío esta noche. – Me dice divertido. – No te preocupes, te prometo que esta tarde encenderé la chimenea antes y por la noche toda la casa estará más caldeada. – Me ayuda a ponerme una camiseta limpia que me ha traído de mi armario y añade: – Esta mañana he estado investigando un poco a Wolf, según parece ha salido del país y en estos momentos está en Tokio. Eso nos da mínimo un par días de tregua para que podamos investigar y así tú también podrás terminar de curar tu herida.

–  ¿En Tokio? – Le pregunto confusa. Juan también está en Tokio, ¿puede tratarse de una inocente casualidad? Decido no alertar a Axel, al menos no sin tener pruebas, y le digo: – ¿Qué puede estar haciendo Wolf en Tokio?

–  No lo sé, supongo que nada bueno. – Me responde encogiéndose de hombros. – ¿Hay algún motivo para que hayas puesto esa cara cuando has escuchado Tokio?

Joder, no se le escapa ni una. Le miro a los ojos y ambos nos sostenemos la mirada sin parpadear, desafiándonos. Finalmente, decido ceder:

–  Está bien, te lo contaré. – Le respondo. – Pero no es nada importante y…

–  Suéltalo, princesita. – Me apremia.

–  Juan me dijo en su carta que iba a estar toda la semana en Tokio y cuando me has dicho que Wolf estaba allí… No sé, puede que sea una coincidencia, pero me han educado para no creer en ellas y, por alguna razón, me temo que Juan puede tener algo que ver con esto, al fin y al cabo, apenas lo conozco.

–  Según tengo entendido, te acuestas con él y te ha invitado a pasar un fin de semana romántico en París, ¿por qué de repente desconfías de él?

–  Lo conozco desde hace unos cuatro años y nuestra relación se ha basado únicamente en el sexo, ambos sabíamos que no queríamos una relación estable, al menos hasta hace unos días…

–  ¿Lo has investigado alguna vez? – Me pregunta Axel.

–  No, no investigo a nadie de mi ámbito personal, me siento mal al hacerlo. – Le confieso. – ¿Crees que puede tener algo entre manos con Wolf por el simple hecho de estar en Tokio la misma semana?

–  Princesita, yo no creo en las casualidades y, por lo que me estás contando, tu amigo ha dado un cambio repentino en vuestra relación y resulta un poco sospechoso. – Me contesta. – ¿Te parece bien que le echemos un vistazo a su expediente?

Asiento con la cabeza y camino detrás de Axel hasta llegar al salón, donde nos sentamos en el sofá y Axel coloca el portátil sobre su regazo, por lo que me acerco a él para poder ver mejor la pantalla. Teclea el nombre y apellido de Juan en el buscador de la base de datos del Servicio Secreto y aparece su expediente en la pantalla. Ambos lo leemos minuciosamente y finalmente Axel termina diciendo:

–  No hay nada que nos haga sospechar de él, pero si piensas seguir en contacto con él, preferiría que lo mantuvieras al margen hasta que hayamos solucionado todo esto.

–  De acuerdo. – Le respondo.

Lo cierto es que no termino de confiar en Juan. Nunca hemos sido amigos de verdad, nos hemos limitado a quedar casi siempre en su casa, pasar la noche allí y por la mañana regresar a mi apartamento. Nunca me había mencionado que quisiera algo serio conmigo, acordamos los límites de nuestra relación al principio y desde entonces ambos hemos mantenido las condiciones.

Axel abre de nuevo el expediente de Wolf y, mientras lo revisamos, se me ocurre algo interesante que preguntarle a Axel:

–  Oye, ¿debo suponer que investigas a todo aquel con el que te cruzas?

–  Así es.

–  ¿Incluida a mí? – Vuelvo a preguntar.

–  Lo intenté, princesita. – Me responde encogiéndose de hombros. – Pero tu padre se ha encargado de bloquear tu expediente y no pude entrar. Al principio pensaba que se trataba de un error, pero después tu padre me confirmó que tu expediente estaba bloqueado por razones de seguridad y que todo lo que tenía que saber de ti era que eres su hija y quiere protegerte, fue la única explicación que me dio para que hiciera de niñera contigo. Claro que entonces no tenía idea de que habías sido entrenada como una agente desde que naciste.

–  Siento que te hayas visto involucrado en todo esto. – Le susurro con un hilo de voz.

–  Princesita, ambos hemos querido involucrarnos en esto, por eso estamos aquí. – Me dice pasando su brazo sobre mis hombros para abrazarme brevemente. – Todo saldrá bien.

Nos pasamos el día investigando el expediente de Wolf y leyendo todos los informes del Servicio Secreto en donde se le menciona. Solo tenemos un ordenador y lo compartimos, pero eso no es ningún problema, al menos para mí. Cada vez me gusta más estar con Axel, me gusta hasta discutir con él. Puede que cuando todo esto acabe él desaparezca de mi vida y todo vuelva a ser como antes de conocerle, pero tampoco puedo evitar sentir lo que siento.

Por otra parte, Axel parece comportarse más suavemente conmigo, incluso podría decir que se empeña en tratarme como a una verdadera princesa. Aunque siga llamándome princesita, sé que está empezando a disfrutar de mi compañía como yo empiezo a disfrutar de la suya.

Siempre cuidaré de ti 13.

Siempre cuidaré de ti

Cuando me despierto ya es completamente de día, pero el cielo está totalmente cubierto de nubes negras que seguro nos traerán lluvia. Me paso al asiento del copiloto bajo la atenta mirada de Axel, que me observa por el retrovisor sin decir nada.

–  No me odies, pero necesito parar. – Le digo con un hilo de voz.

–  Pararé en la siguiente área de servicio y almorzaremos. – Me contesta deteniendo su mirada en mi brazo. – Ari, la herida te está volviendo a sangrar.

–  Lo sé, por eso necesito parar. – Le respondo encogiéndome de hombros. – Creo que se han soltado un par de puntos de la herida, he traído el pequeño botiquín que cogí ayer de mi apartamento, pero no sé si yo sola voy a poder coserme la herida, necesitaré que me ayudes.

–  Quedan un par de horas de camino para llegar a la casa del bosque, será mejor que curemos la herida ahora, has perdido bastante sangre los últimos dos días y apenas puedes con tu alma. – Me dice Axel sin desviar la mirada de la carretera.

–  Solo quiero cambiarme el vendaje y ponerme uno limpio, cuando lleguemos ya la limpiaré y coseré los puntos que se han soltado. – Le respondo quitándole importancia.

Axel toma la salida de la siguiente área de servicio y aparca el coche frente a los servicios públicos del área de descanso que hay antes de llegar al restaurante y la gasolinera.

Cojo el botiquín y Axel entra conmigo a los servicios, dispuesto a ayudarme a cambiar el vendaje y eso es lo que hace mientras yo se lo permito confiando plenamente en él.

Una vez cambiado el vendaje de mi herida, nos dirigimos al restaurante y nos sentamos para comernos un bocadillo de jamón y bebernos una Coca-Cola. Una hora más tarde, retomamos nuestro camino.

Vamos por una estrecha y solitaria carretera entre montañas y durante más de una hora no nos cruzamos con ningún otro coche. Aquí el clima es muy húmedo y frío y aún nos queda otra hora de camino. Miro por la ventana y contemplo el paisaje, el verde vivo de las montañas contrasta con el cielo gris y amenazador, pero aun así el paisaje y las vistas son asombrosas.

–  Ya te dije que no íbamos a un palacio. – Me recuerda Axel algo molesto.

–  Solo contemplar las vistas transmite paz. – Le respondo sin dejar de mirar el paisaje. – De niña soñaba con vivir en mitad de la naturaleza, a lo Pocahontas. – Le digo sonriendo. – Supongo que eso se lo debo a mi padre y sus campamentos de verano.

–  ¿Tu padre te llevó al campamento de agentes? – Me pregunta sorprendido.

–  Sí, todos los veranos desde que tengo uso de razón. – Le respondo. – Mi padre siempre me decía que si quería vivir tenía que aprender a sobrevivir primero y nos dejaban a Pablo y a mí perdidos en el bosque para que nos las apañáramos. Tengo que confesar que, aunque puede que no esté muy cuerda, me gustaban esos veranos en el bosque.

–  Princesita, acabas de sorprenderme. – Me dice sonriendo felizmente. – Para serte sincero, te diré que esperaba que pusieras el grito en el cielo cuando descubrieras a dónde te estoy llevando.

–  Si te hubieras molestado en conocerme en lugar de dar por hecho que soy una princesita ahora no estarías sorprendido. – Le respondo un poco molesta porque pensara de verdad que soy una “princesita” cómo a él le gusta llamarme.

–  Supongo que no he sido justo contigo, no debe ser fácil ser la hija del director del Servicio Secreto.

–  No, no lo es. – Le confieso. – Los que saben quién soy se acercan a mí para hacerme la pelota o me ignoran por ser quién soy y los que no saben quién soy realmente… Bueno, es difícil mantener una relación con alguien a quien tienes que mentir y ocultar parte de tu vida.

–  Tal y cómo lo cuentas, parece que te has resignado a encontrar a alguien con quien compartir toda tu vida. – Comenta Axel sin dejar de mirar la carretera.

–  No podría compartir mi vida con alguien que solo conoce una parte de mí, que solo conoce de mí la parte que yo le dejo ver. Y tampoco podría enamorarme de alguien en quien no confío lo suficiente como para decirle quién soy en realidad. De hecho, creo que ni siquiera yo sé quién soy. – Le contesto encogiéndome de hombros.

–  Eres una princesita inquieta, sorprendente y un poco salvaje, como Pocahontas. – Me dice Axel bromeando. Le miro y sonrío pero con un matiz de tristeza que a él no le pasa inadvertido. Se pone serio de repente, coge mi mano para acariciarla y añade sin desviar su atención de la carretera: – Mi padre siempre ha querido que nos conociéramos, tu padre me tiene en gran estima y a menudo me dice que soy uno de sus mejores agentes y que tú y yo en el mismo equipo podríamos ser capaces hasta de dominar el mundo. Yo me reía imaginando a una niña mimada, consentida y caprichosa, no entendía lo que decían.

–  Y supongo que sigues sin entenderlo, para ti sigo siendo la princesita mimada, consentida y caprichosa hija del director de tu agencia. – Le digo fingiendo no estar molesta. – Puede que tengas razón, solo soy una princesita.

–  No, no lo eres. – Me contradice Axel mirándome a los ojos para después devolver su mirada a la carretera. – No pienses que voy a dejar de llamarte princesita, pero sí te diré que eres una princesita poco convencional.

–  Creo que eso es lo más parecido a un cumplido que voy a conseguir de ti, así que supongo que debería estar agradecida. – Le digo riendo. Axel también se ríe y añado bromeando: – ¡Pero si sabes reír!

El resto del camino lo pasamos más relajados hasta que por fin llegamos a la casa de Axel, una preciosa casita en mitad de una pequeña llanura frente al lago y rodeada por un frondoso bosque montañoso. Sin duda alguna el lugar más bello y tranquilo que pueda existir.

Apenas Axel para el motor del coche, salgo disparada y doy vueltas sobre mí misma con los brazos extendidos, como haría cualquier niña pequeña o una de las princesitas de Disney, pero no me importa lo que piense Axel viéndome así, él ya me ha juzgado como a una princesita.

–  ¡Me encanta este sitio! – Exclamo fascinada. Axel me mira confundido y creo que con tristeza, ha torcido el gesto y me ha dedicado una mueca que pretendía ser una sonrisa. – ¿Estás bien? ¿He dicho algo que no tendría que haber dicho? Te prometo que estaba siendo sincera, me encanta este sitio de verdad y…

–  Me has recordado a mi madre, siempre que veníamos aquí ella era la primera en salir del coche y hacía exactamente lo que tú has hecho. – Me interrumpe hablando con tristeza. – Mi padre nos trajo un verano aquí y mi madre se enamoró del lugar. La propiedad era de un tipo que la alquilaba durante todo el año y mi madre no dejó de perseguir al propietario durante todo el verano hasta que consiguió que se la vendiera. Durante el invierno mi madre contrató a una empresa de reformas y modernizó la casa, que entonces no era más que una cabaña de madera. Desde entonces, vinimos todos los veranos hasta que ella murió. Mi padre no ha vuelto por aquí desde entonces y yo tampoco vengo muy a menudo, solo para echar un vistazo o cuando necesito alejarme un par de días de la ciudad.

–  Tu madre debió de ser una persona muy convincente y persuasiva, yo nunca hubiera vendido una propiedad como esta, solo hay paz y naturaleza alrededor. – Le contesto sin dejar de contemplar el paisaje con admiración mientras Axel me sonríe divertido. – Deberías venir más a menudo, el aire de este sitio te favorece y además calma ese carácter huraño que tienes.

–  Sigues estando bastante lejos de parecerme adorable. – Me contesta con su tono burlón de siempre, volviendo a ser el mismo Axel que yo conozco. Coge las maletas del coche y me dice pasando por delante de mí: – Vamos, te ensañaré la casa.

Caminamos por el estrecho camino embaldosado del jardín hasta llegar a las escaleras que dan acceso al pequeño porche. Axel saca sus llaves y abre la puerta de la casa. Entra primero él y acciona los diferenciales del cuadro eléctrico para encender las luces de la casa antes de dejarme pasar.

–  No hay muchas comodidades, pero tampoco nos faltará lo básico. – Me dice dejando las maletas a un lado. – Hay dos habitaciones, escoge la que quieras.

–  Prefiero que seas tú quién escoja mi habitación. – Le respondo con cautela, no quiero quitarle su habitación y mucho menos la de sus padres. – ¿Cuál es la habitación de invitados?

–  No hay habitación de invitados, solo hay dos habitaciones. – Me responde. – No pasa nada, puedes escoger la que quieras.

Echo un vistazo a las dos habitaciones y decido quedarme con la más pequeña de las dos, que supongo que será la de Axel, ya que hay un pequeño tablón de corcho lleno de fotografías de él, de sus padres y de los que supongo que serán sus amigos.

–  Princesita, ¿por qué has escogido la habitación más pequeña? – Me pregunta curioso.

–  Si lo prefieres, puedo dormir en el sofá. – Le respondo molesta.

–  Princesita, solo tengo curiosidad. – Me contesta a la defensiva.

–  Axel, ¿dónde cojones duermo? – Le pregunto acabando con mi paciencia.

–  Duerme en mi habitación, hice una reforma en el baño y estarás más cómoda. – Me dice metiendo sus maletas en la otra habitación. – Será mejor que te instales rápido, tenemos un montón de cosas por hacer y en pocas horas se hará de noche.

Entramos cada uno en su habitación y deshacemos las maletas. Cuando termino de guardar mi ropa en el armario decido entrar en el baño que Axel me ha dicho que había reformado hace poco y me quedo sin aliento al verlo. Es un baño amplio con bañera, ducha y jacuzzi. Cuando veo el jacuzzi, una enorme sonrisa se dibuja en mi cara y corro hacia la habitación de Axel, que está guardando su ropa en el armario, y le pregunto emocionada como una niña con zapatos nuevos:

–  ¿Puedo utilizar el jacuzzi? Por favor, dime que funciona.

Axel estalla en carcajadas y asiente con la cabeza sonriendo antes de responder:

–  Sí, funciona. En cuanto a lo de utilizarlo, tienes que saber que solo hay un jacuzzi en la casa y yo también querré utilizarlo.

–  Es un jacuzzi enorme, cabemos los dos. – Le digo sin tener la intención de que suene como una invitación, pero sin tener claro haberlo conseguido.

–  Princesita, primero tenemos que ocuparnos de la casa si quieres tener agua caliente en el baño y encender la chimenea para que cuando anochezca y la temperatura baje más de veinte grados puedas estar caliente. – Hace una pausa y matiza: – Me refería a que no haga frío dentro de la casa…

–  Te he entendido. – Le interrumpo.

Ayudo a Axel a buscar leña para encender la chimenea y después limpiamos la casa y hacemos juntos la cena. No discutimos, pero sí que soltamos más de una de nuestras pullas, aunque ahora solo lo hacemos para divertirnos, como si de un juego entre nosotros se tratara.

Después de cenar nos sentamos en el sofá frente a la chimenea, la temperatura, tal y como me había advertido Axel, ha bajado unos veinte grados de golpe y tengo frío. Nos bebemos una copa de vino acomodados en el sofá con una pequeña manta echada sobre nuestras piernas mientras le explico a Axel con pelos y señales todas y cada una de las pruebas sobre el caso de la hija de Wolf que revisé y las conclusiones que saqué hasta que, sin darnos cuenta, ambos nos quedamos dormidos.