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Siempre cuidaré de ti 22.

Siempre cuidaré de ti

El día siguiente lo pasamos casi entero en mi habitación. Tratamos de salir de allí en varias ocasiones, pero el solo roce de nuestros cuerpos nos excita de una manera sobrenatural y terminamos haciendo el amor en la cama, en el suelo, en la ducha, en la bañera, sobre la encimera del baño, contra la pared de la habitación y sobre la cómoda.

A las siete de la tarde ambos estamos exhaustos y decidimos bajar a la cocina y comer algo para reponer fuerzas. Pero no hay nadie dentro de casa, tan solo está el personal de seguridad y el personal de servicio. Deben de estar en la base y no han querido molestarnos.

Tras comer un poco y reponer la energía que nos hacía falta, Axel y yo regresamos a la habitación, donde continuamos haciendo el amor hasta el día siguiente.

El lunes nos levantamos casi a la hora de comer y, después de ducharnos juntos, bajamos al salón, donde Pablo, Angie y Debby están tomando una cerveza y un aperitivo.

–  Buenos días, parejita. – Nos saluda Angie.

–  Buenos días. – Respondo ruborizándome.

–  Entonces, ¿estáis juntos? – Pregunta Pablo.

–  ¿Qué crees que han estado haciendo dos días encerrados en la habitación? – Se mofa Debby. – Por cierto Axel, tú padre está escandalizado y horrorizado con tu comportamiento, pero Adolfo le dio una larga charla y le dijo que ya erais mayorcitos, así que supongo que, aunque algo te dirá, no creo que sea muy grave.

–  La culpa es de Ari, me secuestró. – Bromea Axel abrazándome y besándome en los labios.

–  Oye, yo no te he secuestrado. – Le reprocho. – Además, yo puedo alegar lo mismo y estoy segura de que me creerían a mí antes que a ti.

–  Princesita, ¿salimos de la habitación y ya me estás desafiando? – Me pregunta burlonamente. – Voy a tener que volver a entrar contigo a esa habitación para que aprendas a respetarme.

–  Nada me apetecería más, pero debemos comer algo e ir a la base, creo que nos espera una larga tarde de preguntas a las que tendremos que responder. – Le contesto.

Después de comer con los chicos, Axel y yo nos dirigimos en su coche a la base, donde nuestros padres nos esperan para empezar con su gran reunión.

–  Antes de hablar del nuevo puesto y de las condiciones que conlleva, nos vemos obligados a preguntar sobre vuestra relación. – Nos dice mi padre en cuanto nos sentamos frente a él y Manuel. – No queremos meternos en vuestra vida privada, pero sí debemos asegurarnos de que no influirá en vuestra relación laboral.

–  Nuestra relación acaba de empezar, pero ambos estamos seguros de lo que hacemos y de lo que queremos. – Le responde Axel. – Y queremos estar juntos. Quién sabe, quizás hasta os demos nietos.

–  ¡Axel! – Le regaño totalmente ruborizada.

–  ¡No será porque no lo intentéis! – Bromea mi padre.

–  Papá, por favor. – Le pido. – Ambos somos adultos y queremos asumir el riesgo y las consecuencias de seguir adelante con nuestra relación, pero no dejaremos que influya en nuestro trabajo, si es que finalmente decidimos aceptarlo.

–  Perfecto, entonces vayamos directamente al tema que nos trae aquí. – Dice mi padre. – Queremos crear un equipo especial de operaciones secretas, totalmente independiente del Servicio Secreto. Es decir, totalmente independiente a la hora de organizar las operaciones, pero las misiones os las daremos nosotros.

–  Seremos el brazo ejecutor, pero tendremos total libertad para llevar a cabo la misión a nuestra manera, como mejor lo consideremos. – Matiza Axel. – Y, ¿quién formará el equipo?

–  Eso lo dejaríamos en vuestras manos. – Responde mi padre. – Podréis elegir a veinte agentes del Servicio Secreto, que automáticamente pasarán a formar parte de vuestro equipo y a los que tendréis que informar del cambio y a los que deberéis controlar porque esos agentes serán responsabilidad vuestra.

–  ¿Qué decís? – Nos pregunta Manuel.

–  Yo acepto. – Contesta Axel y, mirándome a los ojos, me susurra: – Princesita, se nos daba bien trabajar en equipo cuando queríamos matarnos, ahora somos invencibles.

–  No sé, yo no tenía pensado trabajar como agente, siempre he querido una vida normal. – Les contesto dudando mi respuesta. – Aunque tampoco voy a conseguir una vida normal y quizás esta sea la manera de vivir una vida lo más normal posible, al menos no tendré que mentir a todos los que quiero.

–  Nada de secretos entre nosotros. – Me asegura Axel. – No tienes que contestar ahora si no estás segura de lo que quieres.

–  Sé lo que quiero, quiero hacerlo pero no sé si seré capaz de estar al nivel que me vais a exigir, yo nunca he trabajado como agente. – Les respondo. – Cuando he trabajado lo he hecho bajo mis propias órdenes y sola, yo no trabajo en equipo y creo que no se me da nada bien hacerlo.

–  Eso es mentira, lo vi cuando Wolf y sus hombres os atacaron cuando salías del laboratorio con mi padre y cuando Wolf nos sorprendió en la casa del bosque. – Me dice Axel. – Vales para trabajar en equipo y tienes más agallas que la mayoría de los agentes del Servicio Secreto. Eres fuerte, Ari.

–  Como Axel ha dicho, no queremos una respuesta inmediata. – Nos dice mi padre. – De hecho, hemos pensado que ambos os merecéis unas vacaciones para descansar y poder pensar en nuestra propuesta con tranquilidad. Un mes de vacaciones es tiempo suficiente para que ambos os recuperéis y decidáis si queréis embarcaros juntos en este proyecto.

Ambos estamos seguros de querer aceptar la propuesta, pero la tentación de unas vacaciones juntos me hacen perder la razón y me oigo decir:

–  Creo que unas vacaciones juntos en el Caribe nos abrirán la mente, nos relajará y nos hará verlo todo con mayor positividad.

Todos se echan a reír y Axel, sin poder evitarlo, me besa en los labios y me susurra al oído:

–  Princesita, ¿acaso pretendes torturarme todas las vacaciones yendo con un bikini todo el tiempo?

Le sonrío con ternura y le susurro al oído para que solo él pueda escucharme:

–  En realidad, tenía pensado alquilar una villa con playa privada en la que no hiciera falta llevar bañador, pero si te supone un problema…

–  Ariadna, no puedo escuchar lo que le estás diciendo pero puedo imaginármelo. – Me reprende mi padre. – Largaos de aquí, recoged vuestras cosas e iros a vuestra particular luna de miel. Cuando volváis, volveremos a hablar.

 

Tres días más tarde…

Me despierto abrazada a Axel sobre la cama, ambos estamos totalmente desnudos. Axel, que como siempre ya está despierto, me sonríe y me dice alegremente:

–  Buenos días, princesita. – Me da un beso en la frente y pregunta: – ¿Has dormido bien?

–  Contigo siempre duermo bien. – Le respondo estrechándome contra él. – ¿Dejarás de llamarme “princesita” algún día?

–  No, princesita. – Me contesta divertido. – Eres mi princesa y siempre cuidaré de ti.

Nos besamos levente en los labios, pero nuestros cuerpos, insaciables de sexo, empiezan a excitarse de nuevo y Axel baja su mano para acariciar la húmeda hendidura de mi sexo, al mismo tiempo que dice:

–  Princesita, no sabes lo que me excita comprobar que siempre estás preparada para recibirme. – Me da un beso en los labios y desciende hasta mi pezón, el cual lame, muerde y estira. – Me excitas demasiado, princesita. Quiero hacerte el amor en cada metro cuadrado de esta villa, en la arena de la playa, a la orilla del mar y en el mismo mar.

–  Tienes un mes para cumplir tus fantasías, yo te lo voy a poner fácil. – Le susurro al oído colocándome a horcajadas sobre él. – De momento, empezaremos por donde lo dejamos ayer, en la cama.

Axel me sonríe y me besa en los labios al mismo tiempo que me agarra del trasero para levantarme lo justo para introducir la punta de su pene en la boca de mi sexo y hacerme descender con lentitud provocando su deseo y el mío propio.

La primera noche que hicimos el amor en casa de mi padre, perdí la cuenta de las veces que lo habíamos hecho. Creo que lo he hecho más veces con él en cinco días que con Juan durante cinco años. Pero lo más importante de todo es que, por primera vez en mi vida, me despierto en la cama con un hombre y no siento esa necesidad de querer salir huyendo, quiero comprometerme con él.

–  ¿En qué piensas, princesita? – Me pregunta Axel.

–  Pienso en lo bien que estoy cuando estoy contigo, sobre todo cuando estamos en la cama.

–  Al final pensaré que solo me quieres por el sexo. – Me dice Axel fingiendo molestarse.

–  No te voy a negar que el sexo es una de tus virtudes que me vuelven loca, pero me enamoré de ti sin saber cómo eras sexualmente hablando. – Le respondo divertida. – Y, corrígeme si me equivoco, pero no te he oído quejarte por tener que practicar sexo conmigo.

–  Ni me oirás quejarme, princesita. – Me susurra al oído. – Te quiero, Ari.

–  Yo también te quiero.

 

FIN

Siempre cuidaré de ti 21.

Siempre cuidaré de ti

En el taxi, Axel se sienta a mi lado y me abraza durante todo el tiempo que dura en camino de regreso a casa. Sé que está nervioso, tanto como yo, pero lo disimula muy bien, los dos lo disimulamos muy bien.

Cuando llegamos a casa, Axel le tiende un billete de cincuenta euros al taxista y le dice:

–  Quédese con el cambio.

–  Gracias señor, que pasen una buena noche. – Le responde el taxista con acento inglés.

Axel me ayuda a salir del taxi y caminamos cogidos de la mano hasta llegar a las escaleras del porche que dan acceso a la casa de mi padre. Ambos nos miramos al ver que la luz del salón está encendida, nuestros padres están despiertos.

–  Tarde o temprano se enterarán, pero antes necesitamos hablar. – Me dice Axel besándome en la frente con ternura: – Tendremos que hablar de lo que ambos queremos antes de pregonarlo a los cuatro vientos, princesita.

–  Y, ¿qué es lo que quieres tú? – Le pregunto.

–  Te quiero a ti, princesita. – Me responde mirándome a los ojos. – Mi vida era muy aburrida hasta que te conocí y, desde entonces, no he podido sacarte de mi cabeza por mucho que lo he intentado.

–  ¿Por qué querías sacarme de tu cabeza?

–  Ari, eres la hija de Adolfo. – Me responde molesto. – Y la verdad es que eso me preocupa bastante, puede que a tu padre no le haga ninguna gracia lo nuestro.

–  Estamos yendo demasiado rápido, puede que nos estemos precipitando.

–  Ariadna, yo tengo muy claro lo que quiero. – Me contesta estrechándome contra su cuerpo. – Nunca he sentido nada igual por nadie y, si no lo tienes claro, tampoco te quiero presionar.

–  Lo tengo claro, es solo que… – Suspiro profundamente y añado: – Todo esto es nuevo para mí, nunca he tenido una relación estable, nunca he tenido que darle explicaciones a nadie y nunca he sentido celos por nadie. – Le digo con gesto acusador. – Soy virgen en esto del amor y no sé si estaré a la altura de lo que me pidas…

–  Sht, princesita. – Me susurra callándome con un beso. – Ambos somos vírgenes en esto del amor, pero estoy seguro que entre los dos lograremos convertirnos en unos expertos.

Axel me besa de nuevo, esta vez con más intensidad, pero nuestro beso se ve interrumpido cuando la puerta de casa se abre y escuchamos la voz de mi padre:

–  Supongo que esto explica por qué las maletas de tu hijo siguen en la habitación de mi hija.

–  ¿Vamos a ser consuegros? – Pregunta Manuel burlonamente.

–  Pasad al salón y aclarad nuestras dudas. – Nos ordena mi padre.

–  Lo que acabáis de ver, todavía no lo hemos asimilado y, si estamos aquí, es porque queremos un poco de privacidad e intimidad para poder hablar de ello. – Les contesto. – Lo siento, pero tendréis que esperar igual que nosotros estamos esperando a que llegue el lunes para que nos habléis de ese nuevo puesto que nos habéis ofrecido.

–  Tu hija es tan hermosa como lo era tu mujer, pero ha sacado tu carácter. – Le dice Arturo a mi padre mofándose.

–  Mientras que no acabéis matándoos, podéis hacer lo que os dé la gana. – Nos dice mi padre. – Pero el lunes queremos oír lo que tengáis que decirnos al respecto.

–  ¿Quieres un informe? – Le pregunto con sarcasmo.

–  Ariadna. – Me advierte Axel mirándome a los ojos mientras yo le sostengo la mirada. – Deja de desafiarme con la mirada.

–  Deja tú de decirme lo que tengo qué hacer. – Le respondo.

–  Ariadna, no quiero discutir otra vez. – Me contesta con voz más suave.

–  Ni yo tampoco, pero me lo pones difícil. – Protesto y todos se echan a reír. – Yo no le veo la gracia, no sé por qué os reís.

–  Princesita, todos creemos que eres adorable, sobretodo yo. – Me susurra al oído Axel haciéndome sonreír. Se vuelve hacia nuestros padres y les dice: – Estaremos en el jardín tomando una copa, el lunes tendréis las explicaciones que queréis.

–  No sé cómo lo has hecho, pero creo que eres el único capaz de domar a la fiera de mi hija. – Le dice mi padre a Axel dándole una palmada en el hombro con cariño.

–  ¡Papá! – Le reprocho.

–  ¿Qué pasa? No he dicho nada que no sea verdad. – Se defiende mi padre divertido.

–  Sácame de aquí, por favor. – Le suplico a Axel.

Axel me sonríe y me coge de la mano, arrastrándome dentro de casa en dirección a la cocina, donde coge un par de copas y una botella de vino para después salir al jardín, donde nos sentamos sobre el césped, uno al lado del otro.

–  Princesita, quiero que lo nuestro dure. Quiero despertarme a tu lado todas las mañanas, quiero ser el único que bese y acaricie cada centímetro de tu piel. – Me dice acariciando mis hombros y besando mi cuello.

–  Te estás comprometiendo conmigo y ni siquiera hemos f… practicado sexo. – Me corrijo en el último momento provocando una carcajada de Ángel. – No te rías, no tiene gracia.

–  Princesita, has sido tú la que me ha dicho que íbamos muy rápido. – Me recuerda Axel. – ¿Has cambiado de opinión?

–  Me refería a que íbamos demasiado rápido respecto a lo que tú quieres, si me descuido organizas la boda y les pones nombre a nuestros futuros hijos. – Le contesto molesta. – No te estoy diciendo que no quiera eso contigo, simplemente te pido que me des tiempo para asimilarlo, todo esto es nuevo para mí. Y no quiero esperar respecto al sexo, para mí es importante que nos compenetremos en la cama. Además, tengo mis necesidades y hace mucho que no las satisfago.

–  Me encanta oír eso, princesita. – Me susurra estrechándome contra su cuerpo, colocando mi trasero sobre el duro bulto de su entrepierna. – Me tienes así desde que te vi en el pub de Gabriel.

–  Pues lo has disimulado muy bien. – Le reprocho un poco molesta.

–  Pues te diré que no es fácil de disimular cuando me abrazas mientras duermes, cuando bailas con otros tipos ni cuando vas vestida tan sexy como ahora. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  Si lo que te molesta es el vestido, estaré encantada de que me acompañes a la habitación y me ayudes a quitármelo. – Le propongo.

No me da tiempo a decir nada más, Axel se levanta conmigo en brazos y camina decidido hacia el interior de la casa para subir las escaleras y entrar en mi habitación, donde me deposita con sumo cuidado sobre la cama y me dice sonriendo:

–  La primera vez que te traje aquí en brazos te quedaste dormida en el jardín.

–  Tuve un día malo. – Le contesto encogiéndome de hombros. Me levanto y camino hasta quedarme frente a él y le pregunto con picardía: – ¿Me ayudas a quitarme el vestido?

Axel no me contesta, busca la cremallera de mi vestido y la baja despacio hasta el final, dejando que el vestido resbale por mi cuerpo hasta caer a mis pies, quedándome tan solo con el conjunto de ropa interior sexy que me he comprado esta misma mañana.

–  Joder, princesita. – Murmura sin dejar de mirarme de arriba abajo.

Me acerco más a él y le desabrocho la camisa al mismo tiempo que acaricio su musculoso pecho y abdomen y bajo mis manos hasta llegar a su pantalón y desabrochar el botón que mantiene apretado su abultado y duro miembro. Le sonrío con picardía mientras él me observa en silencio y continúo desnudándolo. Termino de quitarle la camisa dejando que resbale por sus brazos hasta caer al suelo y hago lo mismo con sus pantalones, dejándole vestido tan solo con unos bóxer ceñidos que marcan toda la erección de su miembro, excitándome aún más de lo que ya estoy. Coloco mi mano sobre su vientre y lo rodeo arrastrando mi mano conmigo para acariciar todo el contorno de su cintura hasta llegar al punto de partida, donde desciendo y acaricio suavemente la silueta de su miembro. Le quito el bóxer y me quedo contemplando su gran miembro libre, duro y erecto.

–  ¿Te gusta lo que ves, princesita? – Me susurra.

–  Me gusta mucho. – Le respondo antes de besarle en los labios.

–  Princesita, no estamos en igualdad de condiciones. – Me susurra acariciando el contorno de la tela de mi sujetador. – Quiero verte completamente desnuda. Desnúdate, princesita. Quiero ver cómo lo haces.

Deslizo los tirantes de mi sujetador por los brazos y desabrocho el cierre de mi espalda, dejando caer lentamente la prenda, liberando mis pechos. Axel los mira con admiración y extiende sus manos para acariciarlos mientras yo le doy pleno acceso. Tras jugar con mis pechos, me estrecha contra su cuerpo y, bajándome el culote hasta que caen al suelo con el resto de nuestra ropa, me coge en brazos y vuelve a dejarme sobre la cama al mismo tiempo que me dice:

–  Voy a hacerte el amor, princesita.

–  Lo estoy deseando. – Le confieso excitada.

Me abre las piernas, dejándome totalmente expuesta ante él, y sonríe pícaramente, ambos estamos muy excitados. Acaricia mi sexo con sus dedos, preparándome para lo que va a suceder, y yo gimo de placer. Busco su miembro y lo acaricio con ambas manos hasta que Axel me detiene y, colocándome a horcajadas sobre él, me susurra al oído:

–  Princesita, me estás volviendo loco.

Le sonrío provocadoramente y, sin previo aviso, coloco su pene en la hendidura de mi sexo y empiezo a descender lentamente, dejando que me penetre por completo mientras nos besamos y acariciamos. Muevo mi cuerpo ascendiendo y descendiendo para que su miembro entre y salga de mí una y otra vez. Nuestras respiraciones se vuelven cada vez más rápidas e intensas, nuestros gemidos aumentan de volumen hasta que ambos llegamos juntos al clímax, estallando por el placer que sentimos.

Durante unos minutos, nos quedamos tumbados y abrazados sobre la cama para recuperarnos y, cuando lo hacemos, volvemos a la carga. Empezamos con sexo vainilla pero, conforme van pasando las horas, el sexo es cada vez más duro y cada vez mejor. Ambos empezamos a descubrir los gustos del otro y nos pasamos toda la noche practicando para volvernos unos expertos. Cuando por fin caemos rendidos, los rayos de sol penetran a través de las cortinas de la ventana de mi habitación, pero a ninguno de los dos nos importa.

Siempre cuidaré de ti 20.

Siempre cuidaré de ti

Cenamos bebiendo vino y brindamos por repetir otra noche como esta, rara vez salimos con Pablo y con Ben, y con Axel nunca habíamos salido a cenar y a tomar unas copas como estamos haciendo hoy.

Axel continua callado y bastante serio, creo que no le apetece nada estar aquí. Ni siquiera el vino le está haciendo sonreír.

Cuando terminamos de cenar, los seis pasamos a los sofás para bebernos juntos la primera copa, todo el mundo sabe que a partir de la segunda cada uno empieza a ir a su aire. Me siento junto a Axel en uno de los sofás, ya que se han puesto por parejitas, y bebo un trago detrás de otro de mi copa observándole en silencio mientras él se dedica a mirar por la cristalera hacia la pista de baile, que se está empezando a llenar de gente. Cuando toda mi paciencia me abandona, le suelto:

–  Nadie te ha obligado a venir, si no quieres estar aquí no tienes por qué quedarte. – Se vuelve hacia a mí y añado mirándole a los ojos: – Ya no está de servicio, agente Romero.

–  No te basta con torturarme que también quieres provocarme, ¿verdad princesita? – Me contesta más como un reproche que como una broma.

–  ¿Qué te pasa? – Le pregunto sorprendida. – Se supone que debemos de beber un par de copas, bailar y pasárnoslo bien y no entiendo a qué viene esa cara.

–  Princesita, hay cosas que es mejor no preguntar si sabes que no te va a gustar la respuesta.

–  Oh claro, se me olvidaba que yo solo soy una princesita consentida, mimada y superficial. – Le espeto molesta sintiéndome como una imbécil.

Me levanto del sofá y accedo al pub por la puerta lateral, dispuesta a ir a la barra para pedir otra copa y alejarme de Axel. Soy idiota, para una vez que me enamoro voy y me enamoro de un imbécil.

Me siento en uno de los taburetes de la barra del pub y le pido una copa doble al camarero, la voy a necesitar, de hecho voy a necesitar más de una.

–  ¿Qué hace una chica tan guapa cómo tú sola en un lugar como este? – Me pregunta un tipo sentándose a mi lado. Extiende su mano y me dice: – Soy Adam.

–  Encantada, soy Ari. – Le respondo forzando una sonrisa al mismo tiempo que le estrecho la mano y le observo. Es un tipo bastante atractivo, me recuerda un poco a Nacho, aunque más rubio y con los ojos azules, pero a mí me van más los morenos.

–  Igualmente, Ari. – Me dice sonriendo. Echa un vistazo a nuestro alrededor y pregunta: – ¿De verdad has venido sola?

–  No, he venido con unos amigos. – Le respondo devolviéndole la sonrisa. – Pero me han hecho venir en plan parejita y mi supuesta pareja me odia, así que he decidido escaquearme un rato viniendo a pedir una copa a la barra.

–  Y, ¿te gustaría escaquearte otro rato bailando conmigo? – Me propone. – Te aseguro que soy un buen bailarín y prometo no pisarte.

–  Supongo que entonces no puedo negarme. – Le respondo divertida.

Nos adentramos en la pista de baile y bailamos la canción de “Devuélveme la vida” de Antonio Orozco con Malú. A pesar de ser una canción lenta, Adam se comporta como un caballero y mantiene las distancias conmigo, cosa que agradezco. La canción termina y regreso hacia a la barra con Adam para sentarme de nuevo en el taburete junto a él.

Justo en ese mismo momento, unas manos me rodean la cintura y sin verle sé que es Axel, puedo oler su aroma. Me abraza desde atrás y me susurra al oído:

–  Princesita, ¿quieres bailar conmigo?

Una tremenda corriente eléctrica sacude todo mi cuerpo y el corazón se me dispara. La música que está sonando desde que he entrado son baladas románticas. ¿Quiere bailar conmigo una canción lenta? Recuerdo sus palabras en el coche, si no me arriesgo nunca lo sabré, y salto del taburete al mismo tiempo que le dedico una sonrisa a Adam a modo de disculpa y me doy media vuelta para quedarme frente a Axel, que me coge de la mano y me lleva hacia el centro de la pista, donde vuelve a rodearme por la cintura y me estrecha contra su cuerpo al mismo tiempo que yo poso mis brazos sobre sus hombros y apoyo mi cabeza sobre su pecho. Durante los cuatro o cinco minutos que dura la canción, una balada en inglés que nunca antes había oído pero que me ha encantado, ninguno de los dos habla. Cuando la canción termina, Axel me separa un poco de él y me pregunta susurrando:

–  ¿Hasta cuándo vas a seguir torturándome?

–  ¿Qué? – Pregunto confundida. – Pero, si has sido tú quién quería bailar…

–  Bailar contigo no ha sido una tortura, la tortura ha sido verte bailar con otro. – Me responde susurrándome al oído.

Axel vuelve a abrazarme para continuar bailando conmigo, ahora al ritmo de la canción “Por besarte” de Lu, mientras yo le voy susurrando al oído la canción:

“Y no me has dado tiempo de disimularte

que te quiero hablar,

que por un beso puedo conquistar el cielo

y dejar mi vida atrás.

Quiero pertenecerte ser algo en tu vida,

que me puedas amar,

con un abrazo fuerte hacerte una poesía

renunciar a lo demás.

Y en cada frase oculta de lo que tú digas

en un beso hablara,

ya no me queda duda solo ven y escucha

decidamos comenzar.

Por besarte

mi vida cambiaría en un segundo

tú, serías mi equilibrio, mi destino,

bésame y solo así podré tenerte

eternamente en mi mente.

Un solo intento basta en este momento

para poder saber

si aún nos queda tiempo para estar en medio

de lo que va a suceder.

Conmigo no hay peligro, ven te necesito

la distancia no es

motivo del olvido aquí estoy yo contigo

y para siempre yo estaré.

Por besarte

mi vida cambiaría en un segundo

tú, serías mi equilibrio, mi destino

bésame y solo así podré tenerte

eternamente en mi mente.”

El estribillo vuelve a sonar y Axel me susurra con la voz ronca:

–  Si vuelves a decir “bésame”, no respondo de mis actos, princesita.

–  Bésame. – Le pido mirándole a los ojos.

–  Princesita… – Pero no termina de hablar, me besa en los labios delicadamente. No sé durante cuánto tiempo nos besamos, pero es bastante. Cuando nuestros labios se separan, me pregunta: – ¿Estás bien, princesita?

–  ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo? – Le pregunto a la defensiva.

–  Solo quería estar seguro antes de volver a besarte. – Me contesta antes de besarme de nuevo, esta vez más apasionadamente. Se separa de mí y añade: – Ari, si sigo besándote así…

–  Llévame a casa. – Le digo, sonando más como una orden que como una petición.

–  Princesita, has sido tú la que me has pedido que te bese y yo ya te había advertido… – Le interrumpo besándole en los labios para que se calle.

–  Quiero irme a casa contigo, ¿lo entiendes? – Le susurro al oído.

–  Creo que sí, pero antes tenemos que hablar, quiero decirte algo desde que llegamos y…

–  Hablaremos de lo que quieras en casa. – Le digo haciendo un mohín. – Le envío un mensaje a las chicas para avisarlas y nos vamos.

–  Ari, ¿de verdad quieres ir a casa de tu padre?

–  No podemos pasar la noche en otro sitio, le prometí a mi padre que me quedaría en su casa hasta la reunión del lunes. – Le contesto. – Relájate, nadie se va a enterar de lo nuestro. Bueno, sin contar los que están al otro lado de aquella pared de espejo.

–  Princesita, de eso quería hablarte. – Me contesta. – Pero me gustaría hacerlo en otro lugar que no fuera en casa de tu padre, me refiero a lo de hablar.

Suelto una carcajada a causa del matiz de Axel, es como si hubiera perdido toda esa arrogancia que usa de caparazón. Me mira molesto y le doy otro beso en los labios que le hace sonreír de nuevo.

–  ¿A dónde quieres ir? – Le pregunto.

–  A cualquier parte donde podamos hablar sin que nadie termine interrumpiéndonos, quiero hablar contigo desde que regresamos y cuando me armo de valor alguien nos interrumpe. – Me responde sin dejar de abrazarme, como si temiera que me fuera a escapar. – Si no te fías de mis intenciones, elige cualquier lugar público donde podamos hablar sin que nos interrumpan.

–  Vamos a buscar un taxi, en la entrada de la masía hay una parada. – Le digo cogiéndole de la mano dispuesta a salir de allí. – Iremos a casa de mi padre, pero te prometo que nadie nos interrumpirá, ¿de acuerdo?

Axel asiente con la cabeza y camina pegado a mí, como si fuera mi guardaespaldas. Cogemos un taxi y Axel le da la dirección de casa de mi padre al taxista, mientras yo les rezo a todos los dioses en silencio para que mi padre, Manuel y Arturo estén dormidos cuando lleguemos.

Siempre cuidaré de ti 19.

Siempre cuidaré de ti

Después de recorrer todas las tiendas de la ciudad y de comprarme tres vestidos, dos pares de zapatos y un conjunto de ropa interior de color rosa chicle para ponérmelo con uno de los vestidos que he comprado. Angie y Debby también se han comprado más de lo que pretendían, pero todas volvemos más contentas a casa de mi padre.

–  ¿Ya habéis comprado todo lo que buscabais? – Nos pregunta Pablo sonriendo como un idiota al ver a Angie.

–  Esta noche todas iremos con un vestido sexy. – Les anuncia Debby.

Pablo y Hugo sonríen mientras yo busco a Axel, ¿dónde se ha metido?

–  Ari, ¿tienes un momento? – Me pregunta Hugo. – Me gustaría hablar contigo.

–  Claro, vamos a la cocina y cogemos un par de cervezas. – Le contesto dejando las bolsas en el suelo del hall y encaminándome hacia a la cocina. – Tú dirás. – Le digo cuando estamos a solas en la cocina mientras saco un par de cervezas de la nevera.

–  ¿Qué te traes con Axel?

–  ¿A qué te refieres?

–  Puede que él y yo no seamos precisamente amigos, pero cuando me ha visto aparecer esta mañana sé que le hubiera gustado matarme y la única razón que se me ocurre por lo que quisiera hacerlo es porque se ha puesto celoso al vernos juntos. – Me responde. – Si estás con él, creo que deberías aclararle que entre nosotros no hay nada antes de que intente matarme con algo más que con la mirada.

–  No hay nada entre Axel y yo. – Le contesto.

–  He visto cómo os miráis, he visto cómo le buscabas en cuanto has entrado en casa y no lo has visto, así que no trates de engañarme, solo te engañas a ti misma.

–  En ese caso, te diré que aún no hay nada entre Axel y yo. – Le contesto sonriendo. – Es un tipo complicado, pero conseguiré resultarle adorable.

–  Creo que ya le resultas más que adorable. – Bromea. – Por cierto, está durmiendo porque, según tengo entendido, se ha quedado haciendo guardia mientras tú dormías, cosa que no entiendo porque estabas en casa de tu padre, pero bueno.

–  No ha debido descansar nada, le dejaremos dormir. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Cuando terminamos de bebernos la cerveza, regreso al hall para recoger las bolsas con mis nuevos vestidos y zapatos y subo a mi habitación para guardarlo todo.

Entro en mi habitación y, sin encender la luz, paso directamente al vestidor y, mientras guardo la ropa, voy hablando sola:

–  No sé qué tienen de malo mis tejanos, a mí me gustan.

–  ¿Es que hablas sola?

No le doy tiempo a acabar de decir la frase y, en un acto reflejo, ataco. Pero Axel me sujeta con fuerza ambas muñecas y me susurra al oído con la voz ronca:

–  Princesita, ¿por qué me atacas?

–  ¿Por qué apareces como los fantasmas? ¿Acaso pretendes matarme? – Le replico.

–  Estaba durmiendo cuando te he oído entrar y, ¿estabas hablando sola?

–  Sí, hablo sola y bastante a menudo. – Le contesto molesta. – ¿Por qué estás durmiendo en mi habitación?

–  He pasado la noche aquí y nadie me ha dado una habitación, así que supuse que no te importaría, princesita. – Me contesta encogiéndose de hombros.

–  Touchée. – Le digo. – Lo siento, además de no dejar que descanses por hacer de niñera, cuando por fin te liberan de mí y puedes descansar, no soy capaz ni de darte una habitación.

–  Y yo que pensaba que era porque te habías acostumbrado a dormir conmigo. – Se mofa Axel.

–  Será mejor que duermas un poco más, estás empezando a delirar.

–  Ahora mismo lo que necesito es una ducha. – Me contesta subiendo la persiana y abriendo la ventana para ventilar la habitación. – ¿Dónde me puedo duchar?

–  Utiliza el baño que quieras pero, si optas por el mío, lo necesito libre en una hora. – Le advierto. – Yo también me quiero duchar.

–  Te has duchado esta mañana, princesita.

–  Tienes una hora, ni un minuto más. – Le recuerdo antes de salir de mi habitación.

Una hora más tarde regreso a mi habitación y, tal y cómo le he pedido a Axel, está fuera de mi baño, pero sigue en mi habitación y vestido tan solo con una toalla que va desde su cintura hasta por debajo de su rodilla, dejando visible su musculoso abdomen, sus fuertes brazos y su pecho duro como la piedra.

–  ¿Te gusta lo que ves, princesita? – Me pregunta divertido, dándose cuenta de cómo me lo estoy comiendo con los ojos.

–  No está mal. – Le respondo fingiendo indiferencia. – Voy a darme una ducha, Pablo y Ben te esperan en el salón.

–  ¿Y Hugo? ¿Viene con nosotros? – Me pregunta Axel molesto.

–  No, pero algún día tendrás que contarme qué te pasa con él. – Le advierto.

–  Será mejor que se lo preguntes a él.

–  Ya lo he hecho, pero me gustaría saber cuál es tu versión.

–  No te gustaría saberla princesita, créeme. – Me contesta forzando una sonrisa.

Pongo los ojos en blanco y entro directamente en el baño dispuesta a darme una ducha de agua fría para que mi cuerpo vuelva a su temperatura habitual.

Una hora más tarde, cuando ya estoy vestida y terminando de maquillarme, Hugo entra en mi habitación y me dice en cuanto me ve:

–  ¡Joder Ari, cómo estás!

–  Espero que eso sea un piropo, de lo contrario me pondré el pijama y me meteré en la cama. – Le contesto bromeando. – ¿Ya te vas?

–  Sí, pero estoy pensando en quedarme. – Responde mirándome de arriba a abajo sonriendo con picardía. – ¿Estás segura de que no quieres venirte conmigo a China, preciosa?

–  Hoy no, pero puede que vaya a hacerte una visita en unos días. – Le contesto pensando en que cuando Axel reanude su trabajo se olvidará de mí y yo necesitaré desaparecer unos días para aclarar mis ideas y, probablemente, para llorar hasta deshidratarme.

–  Te tomo la palabra. – Me contesta al mismo tiempo que me abraza con fuerza. – Te echaré de menos, preciosa. Aún no me he ido y ya te echo de menos.

–  Lamento interrumpir esta declaración de amor, pero tenemos que irnos. – Dice Debby apareciendo por la puerta de mi habitación con su vestido rojo nuevo. Me mira y añade: – Joder Ari, te miro y me entran ganas de hacerme lesbiana.

–  ¡Ponte a la cola, pelirroja! – Bromea Hugo.

Entre risas bajamos las escaleras y cuando entramos en el salón veo a Angie coqueteando con Pablo y a Ben y Axel hablando de trabajo, ¡cómo no! Ambos se vuelven hacia a nosotras al vernos llegar y, mientras Ben sonríe a Debby maliciosamente, Axel me mira impasible, no sé qué es lo que estará pensando, pero creo que prefiero no saberlo.

–  ¿Nos vamos? – Pregunta Pablo poniéndose en pie.

Hugo me susurra al oído que espera mi visita en China y Debby, solo para provocar a Axel, nos reprocha divertida:

–  Parejita, ya os habéis declarado hace un momento, ¿es necesario que volváis a repetirlo?

–  ¿Me he perdido algo? – Me pregunta Angie.

–  Te veo en China. – Me dice Hugo sonriendo y dándome un último abrazo y un beso en la mejilla antes de despedirse de los demás y marcharse.

Ben se empeña en conducir y llevarnos a todos en su Hummer, cómo él no bebe, quiere hacer de taxista. Es un agente del Servicio Secreto y, aunque no esté de servicio, nunca deja de ser un agente.

Ben conduce y Debby se sienta en el asiento del copiloto mientras Pablo, Angie, Axel y yo nos sentamos en la parte trasera del coche. Durante el camino, Pablo me pregunta:

–  ¿Acaso piensas irte a China con Hugo?

–  Probablemente vaya a pasar unos días cuando todo por aquí vuelva a la normalidad. – Le contesto con tristeza. – Creo que me vendrá bien alejarme unos días para desconectar, sobre todo después de todo lo que ha pasado últimamente.

–  Dime que lo de que os estabais declarando era una broma de Debby o te juro que dejo de hablarte si te vas a China. – Me amenaza Angie.

–  ¿Qué? Pero, ¿cómo se te ocurre? – Le pregunto riendo. – ¡Parece mentira que no conozcas a tu loca amiga Debby!

–  Cariño, ¿de verdad pensabas que Ari se enamoraría de Hugo? – Se mofa Pablo. – Mejor aún, ¿de verdad pensabas que Ari se puede enamorar?

–  ¡Oye! – Protesto. – Si no me he enamorado es porque aún no he conocido a un hombre del que merezca la pena enamorarse. Además, el amor está sobrevalorado.

–  Te empeñas en llevar una doble vida porque no quieres que los tíos con los que te acuestas sepan quién eres, pero no tendrías ese problema si salieras con un agente. – Me sugiere Pablo.

–  Claro, así cuando la relación termine, nos podemos matar en la oficina. – Le respondo sonriendo con sarcasmo.

–  ¿Por qué das por hecho que la relación se terminará? – Me pregunta Axel, abriendo la boca por primera vez desde que he salido del baño. – Puede que salga bien o puede que salga mal, pero nunca lo sabrás si no te arriesgas.

–  ¿Podemos hablar de otra cosa? – Les pregunto para cambiar de tema. – Cómo, por ejemplo, ¿desde cuándo habéis vuelto a salir juntos?

–  Desde que Axel te hace de niñera. – Se mofa Pablo.

En una situación normal, Axel se hubiera reído e incluso hubiera bromeado al respecto, pero esta no parece ser una situación normal.

Ben aparca frente a una masía a las afueras de la ciudad, una masía restaurante y pub, todo en uno. Ben habla con uno de los camareros y nos hacen pasar a un salón privado con una mesa enorme y seis sillas para seis personas en mitad de la estancia y en la otra mitad tres sofás frente a las ventanas acristaladas que dan a la pista de baile del pub. A un lado del salón hay una puerta que da acceso al pub. El camarero antes de marcharse nos informa que, aunque nosotros podamos ver lo que pasa en el pub, las ventanas al otro lado son espejos, por lo que nadie del pub puede vernos.

Siempre cuidaré de ti 18.

Siempre cuidaré de ti

Cuando bajo al salón, ya están allí esperándome mi padre, Axel, Manuel y Arturo. Todos se me quedan mirando y tengo un deja vu, esto ya lo he vivido antes. Axel me hace un gesto para que me siente junto a él en el sofá y yo le obedezco sin rechistar, últimamente me estoy volviendo muy obediente y eso tiene bastante confundido a mi padre, que me mira extrañado.

Manuel me da un vaso de zumo de melocotón bien fresquito y yo se lo agradezco con una sonrisa, Manuel es un buen tipo, y el padre de Axel.

–  Antes de decir nada, me gustaría daros las gracias por capturar a Wolf y sus hombres. – Nos dice mi padre. – Especialmente a ti, Axel. Sé que no estás hecho para hacer de niñera, pero espero que entiendas que quería dejar a mi hija en las mejores manos.

–  Solo he hecho mi trabajo. – Contesta Axel.

Eso es lo que ha hecho, su trabajo. Es un agente y mi padre es su jefe, ¿qué esperaba que pasara? ¿Que se enamorara de mí? Eso solo pasa en las películas románticas y desgraciadamente no es mi caso.

–  Ari, ¿estás bien? – Me pregunta Manuel preocupado.

–  ¿Qué? – Pregunto Distraída. – Sí, estoy bien.

Axel me escruta con la mirada, pero no dice nada.

–  Ari, anoche llamé al doctor Petersen y se pasará a mediodía por aquí. – Me dice mi padre. – Axel me ha comentado que tu herida no ha dejado de sangrar estos días y es mejor que el doctor le eche un vistazo para asegurarnos de que todo está bien. – Asiento dócilmente y añade: – Creo que os debemos una explicación y ha llegado el momento de dárosla. Todo empezó hace diez años, cuando la mafia rusa secuestró a la única hija y heredera de Wolf. Le chantajearon para obtener la información que querían, pero Wolf se negó a dársela sin que antes le devolvieran a su hija y recurrió a nosotros para que la rescatáramos, pero la cosa se complicó, muchos agentes murieron y la hija de Wolf desapareció. Dos años más tarde, encontraron su cadáver y Wolf no nos lo perdonó nunca, aunque no le culpo por ello.

–  ¿Qué hay del ADN que encontraron en los agentes asesinados? – Le pregunto. – ¿Cómo es posible que aparezca el ADN de esa niña en la escena de un crimen diez años después de haber sido asesinada?

–  No teníamos ni idea hasta que ayer accedimos al ordenador de Wolf. – Me responde mi padre poniéndose tenso. – Durante estos años, Wolf ha estado investigando sobre la clonación, pretendía clonar a su hija con células madre del cordón umbilical que tenía guardado en un banco de células madre. Por lo que sabemos, ninguno de sus clones sobrevivió más de dos o tres días, pero obtuvo ADN suficiente como para hacernos creer que su hija podía estar viva.

–  Tus conclusiones no iban desencaminadas en la investigación, pese a no tener ni idea de lo que estabas investigando. – Me dice Manuel orgulloso. – Si algún día quieres trabajar en mi laboratorio, estaré encantado de poner a todos los científicos bajo tus órdenes.

–  Te agradezco la oferta, pero no estoy hecha para pasarme el día encerrada en un laboratorio. – Le respondo con sinceridad. – Aunque estaré encantada de darte mi opinión siempre que la requieras.

–  No puedo creer que haya intentado clonar a su hija. – Comenta Axel indignado. – ¿Cuántos experimentos habrá llegado a hacer hasta conseguir que los embriones llegaran a salir de los tubos de ensayo vivos?

–  Prefiero no pensar en ello. – Reconozco en voz alta.

–  Wolf rendirá cuentas frente a la justicia internacional y os aseguro que no serán misericordiosos con él dada la gravedad de sus delitos. No solo lo acusarán por jugar a ser Dios, sino que también le acusarán de los asesinatos de dos agentes y de los intentos de asesinato de vosotros tres. – Nos dice mi padre señalándonos a Manuel, Axel y a mí. – Y eso os lo debemos a vosotros dos. – Nos dice a Axel y a mí. – Y por eso queríamos proponeros algo. Queremos crear un nuevo equipo especial de operaciones dentro del Servicio Secreto y queremos que lo dirijáis juntos. Por separado sois los dos mejores agentes que tenemos, pero juntos sois dos agentes imparables, capaces de pensar con la cabeza fría en los momentos más intensos, imprevistos y difíciles. No queremos que nos deis una respuesta en este mismo momento, queremos que lo penséis bien.

–  De todas formas, a mí me gustaría recalcar que, pese a vuestra extraña forma de socializar, por llamarlo de alguna manera, es cierto que no habéis tenido problemas a la hora de convivir y trabajar juntos sin apenas conoceros. – Puntualiza Manuel. – A vuestra manera, habéis sabido sobrellevar la situación y salir de ella de la mejor forma posible.

–  El lunes por la tarde tendremos una reunión más formal y os daremos los detalles de la oferta para que podáis pensarlo tranquilamente con todas las condiciones sobre la mesa. – Nos dice mi padre. – Hasta entonces, creo que deberías descansar y salir por ahí a distraeros. Pablo nos ha dicho que tenéis pensado salir a tomar algo esta noche.

–  Sí, eso parece. – Le respondo resignada.

–  ¿Desde cuándo rechazas una invitación a salir de copas? – Me pregunta Arturo mofándose.

–  Desde que es una imposición, pero supongo que me vendrá bien salir un rato. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  Princesita, nos merecemos una copa como mínimo. – Me dice Axel divertido. – Solo una copa y, si después quieres volver a casa, yo mismo te traigo.

–  ¿El agente Romero sigue estando de servicio, papá? – Le pregunto a mi padre bromeando.

Todos se echan a reír y Axel me dice sonriendo divertido:

–  Princesita, soy un agente del Servicio Secreto, yo siempre estoy de servicio.

–  Pues que conste que eres tú quién ha insistido y eso te quita el derecho de quejarte constantemente que trabajas de niñera. – Le advierto, provocando las carcajadas de todos sin haber tenido la intención de hacerlo, de hecho estaba hablando en serio.

–  Ari, eres adorable. – Me dice Manuel llorando de la risa.

–  Lo sería si estuviera bromeando, pero no bromea. – Se mofa mi padre. Cuando logra dejar de reír, añade: – Por cierto, no os quiero ver aparecer por la base hasta el lunes por la tarde, utilizad estos dos días libres para divertiros.

Manuel, Arturo y mi padre se marchan a la base, ellos sí tienen mucho qué hacer con todo lo de Wolf, pero nosotros por fin podemos descansar y yo estoy feliz de que Axel haya aceptado salir con nosotros esta noche, aunque todavía no sé cuándo le han invitado, probablemente mientras yo me duchaba.

–  Bueno, no hay mal que por bien no venga. – Me dice Axel sonriendo, pero yo me siento mal, me siento hundida. – Princesita, acaban de ofrecernos dirigir un equipo nuevo de operaciones del Servicio Secreto, deberías estar dando saltos de alegría.

–  Yo no soy una agente, Axel. – Le contesto cansada y dolida. – Ni siquiera me había tomado en serio serlo hasta ahora y la verdad es que no quiero…

–  Princesita, vamos a ver al doctor, esta noche saldremos de copas, mañana nos pasaremos el día durmiendo y el lunes escucharemos lo que nos tengan que decir. – Me interrumpe Axel. – Después, podrás tomar la decisión que creas conveniente, pero te ruego que lo pienses antes, al fin y al cabo, no se nos ha dado tan mal trabajar juntos, ¿no crees?

–  Si yo rechazo la oferta, dirigirás tú solo al equipo y no tendrás a una princesita merodeando a tu alrededor y metiendo las narices en todas partes.

–  Ariadna, tenemos que hablar de eso. – Me dice Axel molesto. – Eres una princesita y eso…

–  Ari, el doctor está aquí. – Dice Pablo interrumpiéndonos.

¿Es que nadie nos va a dejar hablar sin interrumpirnos? Y siempre nos interrumpen cuando la conversación se pone más seria, cuando Axel me llama por mi nombre completo.

–  Doctor Petersen, creía que vendría a mediodía. – Le digo sorprendida de verlo tan temprano.

–  Y yo también, pero tus amigas han insistido en que viniera cuanto antes para que os pudierais ir de compras, ¿celebráis algo esta noche? – Me responde el doctor divertido.

–  El funeral de mis amigas como sigan así. – Le respondo furiosa mientras Pablo y Axel se ríen a carcajadas. – Y puede que el de éstos dos también. – Me vuelvo hacia Pablo y le pregunto con tono nada amistoso: – Tú también estás metido en esto, ¿verdad?

–  ¡Dios me libre! – Se mofa Pablo. – Tus queridas amigas solo quieren que estés guapa esta noche, quieren que te diviertas y, si es posible, también que te relajes. – Añade guiñándome un ojo.

Entre risas y bromas, el doctor Petersen me revisa la herida del brazo y me dice que todo está bien y que al menos la herida no está infectada, por lo que no tengo que tomar antibióticos y me da vía libre para beber todo el alcohol que quiera esta noche, aunque me recomienda que es mejor que no abuse.

En cuanto el doctor se marcha, Angie y Debby vienen a buscarme muy sonrientes, dispuestas a llevarme de compras por toda la ciudad.

–  Hemos revisado la ropa que tienes y no hay nada de lo que buscamos, así que nos vamos a comprarte un vestido sexy. – Dice Angie sonriendo dulcemente mientras los chicos nos miran divertidos.

–  No quiero ir, puedo ponerme cualquier cosa. – Protesto.

–  Si lo prefieres, puedo prestarte el pijama de franela sexy. – Se mofa Axel.

–  Soy capaz de ir con ese pijama si con eso me libro de ir de compras. – Confieso.

–  Siempre vas con tejanos, por un día que te pongas un vestido no te va a pasar nada. – Me dice Debby poniendo los ojos en blanco.

–  ¿Qué tienen de malo mis tejanos? – Les pregunto molesta.

–  Preciosa, tus tejanos no tienen nada de malo. – Oigo una voz masculina procedente de la puerta del salón.

Todos nos volvemos al instante y entonces veo a Hugo, uno de los agentes de mi padre con los que mejor me llevo, después de Pablo, claro.

–  ¡Hugo! – Exclamo arrojándome a sus brazos. – ¿Qué estás haciendo aquí? Creía que estabas en China infiltrado, ¿cuándo has vuelto?

–  Acabo de llegar ahora mismo, tu padre me llamó y me contó lo que había pasado así que decidí coger un par de días libres para venir a verte y ver que estás bien con mis propios ojos. – Me contesta Hugo y añade susurrando en mi oído para que nadie más que yo lo escuche: – Uy pequeña, cuánta tensión noto en este salón.

Le miro confusa, sin saber a qué se refiere y entones veo como Axel y Hugo intercambian una mirada nada amistosa y Axel le dice a modo de saludo sin apenas mover los músculos de la cara:

–  Hugo.

–  Axel. – Le saluda de igual modo Hugo.

¿Qué pasa aquí? No me da tiempo a preguntarlo porque Angie y Debby, tras saludar a Hugo fugazmente, me arrastran hacia el jardín y me suben al coche de Pablo, dispuestas a llevarme de compras.