Archivo

Propuesta indecente 14.

Alma Gemela

Erika se sorprendió cuando Nick le empezó a hablar de su vida sin que ella se lo pidiera. Había evitado preguntarle nada porque él nunca mencionaba nada de su familia y temió meter la pata, además tenían ese estúpido trato de que su relación sería estrictamente profesional. Nick le contó que se había criado en una familia de clase media y que sus padres, a pesar de que no le habían podido dar todo lo que él quería, siempre le habían dado cariño a él, a su hermano Daniel y a su hermana Jessica, la pequeña de los tres hermanos. Había ido a la universidad con la ayuda de una beca y lo que sus padres le habían podido dar. Él solo se había labrado su futuro y se había ganado hasta el último céntimo trabajando con esfuerzo y dedicación.

A Erika le gustaba oír cómo Nick hablaba de sus padres, de sus hermanos y sobre todo le encantaba oírle contar anécdotas y travesuras de su infancia y adolescencia.

–  ¿Qué dices de las chicas? ¿Has tenido alguna relación seria? – Le preguntó Erika.

–  No desde el instituto. – Confesó Nick. – Desde que entré en la universidad me centré en mis estudios y después en mi trabajo. No tenía ni tiempo ni ganas de mantener una relación estable, aunque quizás era porque no había encontrado a la persona adecuada que me hiciera cambiar de opinión. – Nick la miró a los ojos y cuando vio que Erika le miraba un poco confundida decidió preguntarle algo que quería saber: – ¿Qué me dices de tus relaciones? Tengo entendido que te los buscas… peculiares, como el tal Piero Varoso.

–  Digamos que me gustan las relaciones complicadas, por suavizarlo de algún modo. – Bromeó Erika. – De todos los tipos “peculiares” con los que he salido, Piero es la única relación estable que he tenido. Lo conocí en Barnacles durante el primer año de universidad y nuestra relación duró unos dos años, hasta que nos detuvieron en una de las carreras ilegales que Piero organizaba. Las cosas no acabaron muy bien ese día y decidimos dejar la relación por el bien de los dos.

–  Pero, os habéis estado viendo después, ¿no? – Insistió Nick.

Erika le miró a los ojos antes de responder. Sabía que su respuesta no le iba a gustar pero tampoco estaba dispuesta a mentir, así que le dijo:

–  Sí, hemos seguido viéndonos.

Nick no dijo nada pero Erika pudo ver cómo su mandíbula se tensaba y se lamentó por habérselo contado a Nick, acababa de fastidiar la noche. Erika quería salvar la noche y no pensaba dejar las cosas así.

–  Entre Piero y yo no hay nada, solo somos dos viejos amigos que de vez en cuando coinciden en la misma ciudad y salen a cenar. – Le dijo Erika.

–  No tienes que darme explicaciones, Erika. Tan solo quiero conocerte. – Le dijo Nick. – Si no quieres contarme algo, no tienes por qué hacerlo.

Erika contuvo las ganas que tenía de besarle y, armándose de valor, le dijo:

–  Soy un desastre, no debería haber dicho nada, ¿verdad?

Nick ya no pudo contenerse más y la besó, le arrebató un apasionado en los labios que ambos saborearon y disfrutaron. Cuando sus labios se despegaron, se miraron a los ojos durante unos segundos y finalmente Nick susurró:

–  No eres ningún desastre y te agradezco que seas sincera. – Besó el lóbulo de la oreja de ella y descendió por su cuello dejando un reguero de besos por donde pasaban sus labios. Paró al llegar a su hombro y Erika esperó que continuará, pero Nick le dijo: – Me encantaría seguir con lo que estoy haciendo cómo sé que te gustaría a ti, pero antes debo contarte algunas cosas.

–  Soy todo oído. – Le contestó ella con la voz ronca.

Nick pudo comprobar lo excitada que estaba cuando oyó su voz. Quería ser sincero con ella al igual que ella lo había sido con él, pero sabía que eso podía traerle problemas. En cualquier caso, decidió arriesgarse y ser sincero con Erika.

–  Creo que, si recuerdas la noche que nos conocimos, puedes hacerte una ligera idea de la clase de relaciones que tenía. – Le dijo Nick.

Erika se percató de que hablaba en pasado, pero por el momento prefirió ignorarlo.

–  ¿Nunca repites con ninguna?

–  Solo con las que buscaban lo mismo que yo, un poco de buen sexo. – Contestó Nick. – Aún conservo el estudio donde viví mientras estaba en la universidad y lo he estado utilizando de picadero todo este tiempo.

Erika ya sabía todo eso, Jason se había encargado de mantenerla informada, pero aun así admiró el valor de Nick por confiar en ella y contarle algo así.

–  A mí me llevaste a un hotel, ¿el apartamento quedaba muy lejos de dónde estábamos? – Bromeó Erika después de beber de su copa de vino.

–  El estudio está justo al lado del Lovers. – Fue la respuesta de Nick.

–  Entonces, ¿por qué me llevaste al Seasons? – Le preguntó Erika sin entender nada.

–  No quería llevarte al estudio y tampoco quería llevarte a mi apartamento, se suponía que solo íbamos a vernos esa noche, así que el Seasons me pareció el mejor lugar. – Le contestó Nick. – Por la mañana me desperté y ya te habías ido. Entonces supe que había cometido un error, quería volver a verte.

–  Y entonces nos encontramos en casa de mi padre, casi me muero cuando te vi allí. – Comentó Erika divertida.

–  Casi me muero yo cuando fingiste que no me conocías. – Le reprochó Nick.

–  Se suponía que ese era nuestro trato, si volvíamos a vernos fingiríamos no conocernos. – Se defendió Erika.

–  No utilices mis palabras en mi contra. – Le replicó Nick. – He pasado la última semana más tiempo contigo que con cualquier otra persona los últimos cinco años, con la excepción de tu padre, y la verdad es que me gusta estar contigo. No eres como el resto de las chicas, te gusta comer comida rápida, no cuentas las calorías de todo lo que comes, no eres superficial y, a pesar de que has nacido en una familia rica, eres una persona humilde y trabajadora. Sé que teníamos un trato, pero esta noche hemos decidido olvidarnos de todos los tratos. Solo quiero seguir conociéndote, pero no estoy dispuesto a compartirte con nadie, Erika.

–  A ver si lo he entendido, quieres que nos acostemos juntos pero con exclusividad, supongo que por ambas partes, ¿no? – Intentó aclarar Erika.

–  No has entendido nada. – Le dijo Nick armándose de paciencia. – No quiero acostarme contigo, bueno sí quiero, pero no te estoy proponiendo eso. – Trató de aclarar Nick. – Quiero que vayamos poco a poco, que nos conozcamos sin prisas…

–  A ver si lo he entendido ahora. – Le interrumpió Erika. – Quieres que nos conozcamos poco a poco y mientras tanto no me puedo acostar con nadie, pero tampoco contigo.

–  No me estás entendiendo. – Le dijo Nick sonriendo con ternura. – Me gustas, Erika. Quiero ir despacio contigo porque quiero que esto funcione. No quiero que te acuestes con nadie que no sea yo, pero estoy dispuesto a esperar si así lo deseas.

Erika entendió al fin lo que Nick le estaba proponiendo y no supo qué decir. Nick se puso tenso mientras esperaba la respuesta de Erika, que instantes después asimiló todo lo que acaba de decirle Nick y le contestó:

–  Está bien, poco a poco.

Nick alzó su copa junto a la de Erika y brindó:

–  Por nosotros.

–  Por nosotros. – Dijo Erika antes de besarle.

Se besaron apasionadamente y Nick la estrechó contra su cuerpo para instantes después separarla con suavidad mientras le susurraba al oído:

–  Si seguimos así, nos va a ser difícil ir despacio.

–  No quiero ir despacio, al menos no en cuanto al sexo se refiere. – Le dijo Erika a Nick con la voz ronca. – Ya hemos estado juntos, no tiene sentido esperar a menos que pretendas torturarme.

Nick sonrió al oír las palabras de aquella chica a veces dulce, a veces pícara y a veces una fiera. A penas hacía poco más de una semana que se conocían pero ella le había hechizado.

–  Te aseguro que lo último que haría sería torturarte. – Le susurró Nick a Erika. – Pero me temo que, antes de cumplir tus deseos, tenemos que pasar por el pub donde hemos quedado con Daniel y Alice, a menos que quieras darles plantón.

–  Tengo que confesar que me resulta tentador, pero Alice se enfadará. – Reconoció Erika. – Al menos deberíamos tomar una copa con ellos y luego…

–  ¿Y luego? – Le preguntó Nick maliciosamente para que continuara con lo que iba a decir.

–  Y luego nos iremos a algún lugar dónde tengamos un poco de intimidad para seguir con esta conversación que vamos a dejar pendiente. – Le respondió Erika con una pícara sonrisa en los labios.

Erika y Nick acabaron de cenar, se despidieron de Irving y Armando y se marcharon tras prometerles que regresarían otro día.

Nick condujo hasta llegar al Lovers, entró en el parking del pub y aparcó el coche. Ayudó a Erika a salir del coche y la besó antes de entrar en el pub sabiendo que una vez dentro debían tratar de ser discretos, pues habían decidido ir despacio.

Propuesta indecente 13.

Alma Gemela

Una hora después de haberse marchado, Nick regresaba al apartamento de Erika. Henry, el conserje del edificio, ya le conocía y no le preguntaba a dónde iba, simplemente le saludaba amablemente y le daba los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches. Cuando llegó al apartamento, Erika le invitó a pasar y él le dijo esbozando una gran sonrisa:

–  Estás preciosa.

–  Gracias, tú tampoco estás mal. – Le contestó Erika bromeando.

Nick la siguió al salón y la observó con ese vestido rojo con escote palabra de honor y con el pelo suelto y rizado mientras ella servía dos copas de vino.

–  He reservado mesa a las nueve y media en La Pampa. – Le dijo Erika entregándole una de las dos copas de vino que había servido. – Espero que hayas venido con hambre.

–  ¿En La Pampa? – Preguntó Nick sorprendido. – Creía que tenía una lista de espera de más de seis meses.

–  Y así es, pero conozco al dueño y me ha prometido que nos conseguiría una mesa a las nueve y media. – Le contestó Erika. – Pero esta noche invito yo, es lo menos que puedo hacer por haberte metido en todo este lío.

–  De eso nada, esta noche invito yo que tú has ganado la apuesta. – Le dijo Nick sonriendo. – Y, si quieres agradecerme lo buena persona que soy, estaré encantado de que me invites a cenar otra noche.

–  ¿Te han dicho alguna vez que eres un poco bipolar? – Preguntó Erika.

–  ¿A qué te refieres? – Preguntó Nick confundido.

–  Dijiste que no debíamos volver a vernos, de hecho hiciste bastante hincapié en esa parte, pero ahora me propones que salgamos juntos continuamente, lo cual es justo todo lo contrario a lo que dijiste en un principio y empiezas a desconcertarme. – Le explicó Erika sin reproches.

–  Cuando hicimos el primer trato, no sabía que íbamos a trabajar juntos. – Alegó Nick. – El trato tiene que actualizarse según las circunstancias.

–  Y, ¿qué propones? – Le preguntó Erika divertida.

–  La verdad es que no quiero hacer ningún trato contigo. – Le contestó Nick. – Tengo que decirte que trabajo a gusto contigo y también disfruto tomando una copa contigo. No quiero que nuestra relación sea estrictamente laboral, simplemente quiero poder hablar contigo sin pensar en si estoy rompiendo o no un trato.

–  Siempre y cuando nuestra vida personal no influya en la profesional, estoy completamente de acuerdo. – Le dijo Erika. – Podemos ser dos compañeros de trabajo que de vez en cuando salen a cenar o a tomar una copa.

–  Necesito preguntarte algo, Erika. – Le dijo Nick con rostro serio. – Entre tú y Jason… ¿Hay algo que yo deba saber?

–  Jason es mi mejor amigo. – Le respondió Erika. – ¿Qué problema tienes con él?

–  Creía que era tu prometido, creo recordar que eso fue lo que dijo cuándo se presentó en la oficina el lunes. – Apuntilló Nick.

–  Mi padre y los padres de Jason se conocen desde hace muchos años. Jason y yo siempre nos hemos llevado y tienen la esperanza de que algún día los dos formemos una estupenda pareja, por eso Jason y yo siempre bromeamos con eso. – Le dijo Erika hasta que cayó en la cuenta de algo y le preguntó con una sonrisa burlona: – ¿Creías que me había acostado contigo estando prometida con Jason?

–  ¡Yo que sé! Fuiste tú la que se empeñó en que nuestra relación fuese única y exclusivamente laboral cuando nos enteramos de que trabajaríamos juntos. – Le reprochó Nick molesto.

–  Vale, ¿qué te parece si nos olvidamos de todo y nos limitamos a hacer lo que nos apetezca? – Le propuso Erika a Nick.

–  Eso engloba muchas posibilidades, Erika. – Le dijo Nick con una sonrisa pícara en los labios.

–  Siempre que los dos estemos de acuerdo, no habrá problema. – Le contestó Erika sonriendo divertida. Bebió de su copa y añadió levantándose del sofá: – Será mejor que nos vayamos ya o llegaremos tarde al restaurante.

Nick y Erika salieron del apartamento de Erika y se subieron al BMW i8 de Nick para dirigirse a La Pampa, el restaurante argentino donde iban a cenar. Nick aparcó frente a la puerta y le entregó las llaves del coche al aparcamiento nada más bajarse para después dirigirse hacia la puerta del copiloto para ayudar a salir del coche a Erika, que estaba espectacular con ese vestido.

–  ¿Te he dicho ya que estás preciosa? – Le susurró Nick a Erika mientras entraban en el lujoso local cogidos de la mano.

–  Creo que sí, pero no me importa oírlo de nuevo. – Le contestó ella divertida.

–  En ese caso, estás preciosas. – Le volvió a susurrar Nick al oído, esta vez con la voz ronca.

Erika le dedicó una sonrisa coqueta y ambos se pararon frente al atril del maître, quien saludó alegremente a Erika nada más verla:

–  ¡Señorita Blackwell, qué grata sorpresa!

–  Buenas noches, Irving. – Le saludó Erika con una sonrisa. – He llamado a Armando para que nos reserve una mesa para dos personas a las nueve y media.

–  Ya tenemos la mesa preparada, ¿quieren acompañarme? – Les propuso Irving con su sonrisa permanente en los labios.

Erika y Nick siguieron a Irving a hasta uno de los reservados de los balcones donde habían dispuesto una romántica mesa para dos. Erika se quedó un poco parada y, al ver su gesto de confusión, Irving le dijo con timidez tratando de disculparse al ver que había metido la pata:

–  Armando me dijo que venías con un amigo así que pensé…

–  No te preocupes, Irving. La mesa es perfecta, aunque no me esperaba que tuvierais un reservado libre llamando tan solo con un par de horas antes. – Le cortó Erika antes de que la situación se tornara incómoda.

–  Siempre tenemos un reservado por si aparece un cliente VIP. – Le contestó Irving agradecido.

Nick ayudó a Erika a tomar asiento y después se sentó a su lado. Por suerte para Nick, la mesa estaba dispuesta para contemplar las vistas de la ciudad y ambas sillas estaban colocadas una al lado de la otra, permitiéndole estar todo lo cerca posible de ella.

Irving dejó la carta de vinos y fue a buscar la carta de comida, dejándoles a solas. Nick se volvió hacia a Erika y le susurró divertido:

–  Cuando has visto la mesa, he pensado que saldrías corriendo.

–  Lo siento, es solo que no me lo esperaba. – Le contestó Erika sonrojada. – Le dije a Armando que venía con un amigo y supongo que me malinterpretó. Solo vengo a comer aquí con mi padre, con Alice o con Jason.

Nick se alegró de oír eso porque significaba que no iba allí con alguien cualquiera, aunque no le había gustado la cara de pánico que había puesto al ver la romántica mesa para dos.

–  Nunca había venido aquí, aunque he oído hablar muy bien del lugar. – Comentó Nick tratando de que Erika se relajara. – ¿Qué vino te apetece beber?

–  El que elijas estará bien. – Le contestó Erika con la mirada perdida en el horizonte.

Por supuesto, Nick se percató de que Erika tenía la mente en otra parte pero después de todo lo que había pasado esa tarde, le parecía normal. De hecho, él mismo estaba distraído pensando mil cosas, todas relacionadas con la chica que estaba sentada a su lado.

Irving regresó con Armando Quiroga, el propietario del local y buen amigo de la familia Blackwell, quien saludó a Erika con un efusivo abrazo.

–  ¿Cómo es posible que cada vez que te veo estés más bella? – Le dijo Armando cuando la soltó de su efusivo abrazo. – Además, vienes muy bien acompañada. – Añadió mirando a Nick. – Soy Armando Quiroga, amigo de Erika y de su padre.

–  Encantado de conocerle, soy Nick Button. – Le dijo Nick estrechándole la mano amablemente.

–  ¿Nick Button? ¿Trabajas con Eduard? – Preguntó Armando sorprendido.

–  Sí, trabajo para Eduard Blackwell. – Corroboró Nick confundido.

Armando miró a Erika confundido y ella, a modo de respuesta, se encogió de hombros y le respondió con total naturalidad:

–  Lo sé, pero ya sabes que me gusta ponerle emoción a la vida.

–  Cielo, la gente suele hacer deportes de riesgo, como puenting, barranquismo o se van al parque de atracciones. – Le dijo Armando a Erika cariñosamente. – A ti te gusta tirarte al vacío sin cuerdas de seguridad, cielo. –  No es nada personal, me pareces un hombre encantador y creo que hacéis una buena pareja, pero no me gustaría estar en tu pellejo cuando Eduard se entere. – Le dijo Armando a Nick. – El pobre aún tiene esperanzas de que su única hija acabe contrayendo matrimonio con Jason.

–  ¡Armando! – Le regañó Erika.

–  Querida, creo que si ha conseguido que le traigas aquí, un lugar público lleno de gente, también se merece saber lo que le espera. – Bromeó Armando.

–  Armando, no quiero que lo asustes y acabar cenando sola. – Le dijo Erika divertida.

–  ¿Qué te hace pensar que saldré corriendo? – Le preguntó Nick a Erika en un susurro mientras sonreía pícaramente.

–  Ningún hombre saldría corriendo de tu lado, cielo. – Le dijo Armando a Erika. – ¿Os puedo sorprender con el vino y la comida?

–  A mí me parece estupendo. – Dijo Erika agradecida.

–  Como la señorita desee. – Confirmó Nick sonriendo.

Irving y Armando asintieron y se retiraron, dejando a ambos a solas. Nick, con curiosidad por lo que había dicho Armando sobre lo que Eduard pensaba sobre su hija y Jason Milton, le preguntó a Erika:

–  ¿Alguna vez le has dado falsas esperanzas a tu padre sobre tu relación con Jason?

–  Creo que será mejor que me preguntes qué es realmente lo que quieres saber y así evitaremos rodeos. – Le sugirió Erika.

–  De acuerdo. – Le dijo Nick con el semblante serio. – ¿Ha habido, en algún momento de vuestra vida, algo más que una inocente amistad entre tú y Jason?

–  Ya te dije que Jason y yo solo somos buenos amigos, nada más. – Le contestó Erika sonriendo al ver cómo Nick fruncía el ceño. – Nunca ha habido nada entre nosotros y nunca lo habrá porque es como un hermano para mí.

–  He notado que no le gusto en absoluto, así que deduje que… – Nick se interrumpió cuando Irving apareció para servirnos el vino en dos copas de fino cristal. Cuando Irving se fue, Nick le acercó la copa a Erika y brindó: – Por esta magnífica noche.

Erika brindó con Nick y ambos entablaron una nueva conversación, esta vez y para sorpresa de Erika, sobre la vida de Nick.

Propuesta indecente 12.

Alma Gemela

Nick dejó claro que no era fiable dejar que Erika y Alice continuaran viviendo solas en el apartamento y Eduard, Jason y Daniel estuvieron de acuerdo. Erika y Alice no estaban de acuerdo, pero tampoco estaban dispuestas a llevarle la contraria a los cuatro hombres que las miraban con preocupación, pero tampoco estaban dispuestas a dejar su apartamento.

–  Creo que, mientras evaluamos la situación, podemos seguir viviendo aquí. – Opinó Alice decidida a no abandonar el apartamento.

–  No puedes quedarte aquí, esos narcos pueden venir a buscaros. – Le replicó Daniel a Alice decidido a proteger a su amada.

–  ¿Y qué vamos a hacer? ¿Nos mudamos a casa de nuestros padres? – Ironizó Erika. – Esos tipos nos encontrarán dónde quiera que vayamos, no tiene sentido que nos escondamos.

–  Puede que os encuentren de todos modos, pero si estamos todos juntos, será más fácil evitar que os hagan daño. – Replicó Nick.

–  ¿Qué quieres decir? – Le preguntó Alice.

–  Si no estáis dispuestas a abandonar el apartamento, podríamos contratar a una empresa de seguridad para que os escolte. – Le contestó Nick.

–  No quiero ver a tipos desconocidos merodeando en mi casa. – Les advirtió Erika.

–  Tengo entendido que Nick y Daniel dominan las artes marciales, es posible que logremos llegar a un acuerdo sin tener la necesidad de contratar a una empresa de seguridad. – Opinó Eduard. – Si Nick y Daniel estuvieran dispuestos a protegeros, ¿aceptaríais que se quedaran con vosotras en el apartamento?

–  Por supuesto. – Les contestó Alice.

–  De eso nada. – Claudicó Erika. – Piero no está en Hidden City, diga lo que diga la DEA y a pesar de lo que penséis de mí todos vosotros.

–  En eso estoy de acuerdo con Erika. – Dijo Jason. – Dudo mucho que Varoso pusiera en riesgo la vida de Erika, la hubiera llamado por teléfono antes de arriesgarse a venir a la ciudad.

–  No pienso dejar que os quedéis aquí solas, así que solo tenéis dos opciones. – Les dijo Eduard a Alice y Erika. – O venís a casa o podéis quedaros en el apartamento con Nick y Daniel, si ambos están de acuerdo.

–  Esto es ridículo, estamos poniendo la venda antes de tener la herida. – Protestó Erika.

–  Tienes una hora para localizar a Varoso, si en una hora no lo has localizado, solo te quedarán esas dos opciones. – Sentenció Eduard.

Erika miró su reloj, se encogió de hombros y entró en su habitación para coger el ordenador portátil y le envió un correo electrónico a Piero diciéndole que necesitaba hablar con él menos de una hora. Erika regresó al salón y, dos minutos después, su teléfono móvil empezó a sonar.

–  ¿Es Piero? – Le preguntó Jason.

Erika asintió con la cabeza, descolgó el teléfono y salió a la terraza para contestar:

–  ¿Piero?

–  Aquí estoy, nena. – Le respondió Piero. – ¿A qué viene tanta prisa? ¿Me echas de menos?

–  Han estado en mi apartamento dos agentes de la DEA, dicen que unos narcos te están buscando y creen que estás en Hidden City. – Le espetó Erika furiosa. – ¿Me puedes decir qué está pasando? Si alguien va intentar matarme, me gustaría saberlo.

–  Nena, yo nunca te pondría en peligro y lo sabes. – Trató de tranquilizarla Piero. – No estoy en Hidden City y tu vida no corre peligro. Esos tipos de la DEA probablemente me estén buscando y por eso han ido a verte. Están tratando de llegar a mí a través de ti pero no tienes de qué preocuparte, nadie te va a hacer daño. Si esos tipos de la DEA vuelven a buscarte les dices que no sabes nada de mí ni quieres saberlo, que piensen que no tenemos ningún tipo de contacto. No debería decirte esto pero, para que estés más tranquila, te diré que nunca he dejado de protegerte, aunque desde que llegaste a Hidden City otro hombre también se encarga de protegerte.

–  ¿Me vigilas? – Le preguntó Erika molesta.

–  Te protejo. – Aclaró Piero. – Erika, nunca dejaré que te pase nada malo y, si estuvieras ante el más mínimo peligro, te aseguro que tú serías la primera en enterarte porque yo mismo te lo diría, pero necesito que mantengas a la DEA alejada de ti. Deben creer que nosotros no seguimos en contacto y así te dejarán en paz.

–  Está bien, así lo haré. – Claudicó Erika.

–  Llámame si necesitas algo. – Le dijo Piero.

–  Espero no tener que hacerlo. – Le replicó Erika y añadió antes de colgar: – Cuídate, Piero.

–  Lo mismo digo, pequeña. – Se despidió Piero.

Erika entró de nuevo al salón y se encontró con cinco pares de ojos que la miraban con expectación y dos de ellos también la miraban molestos.

A Nick y Eduard no les hizo ninguna gracia que Erika hablara con Piero, aunque por motivos diferentes. Eduard no quería que su única hija saliera con un tipo como Piero Varoso, un hombre que se había hecho rico sobre todo por realizar carreras ilegales de coches. Eduard sabía que ambos se habían amado profundamente y que, a pesar de que hacía tres años que ya no estaban juntos, sabía que se veían de vez en cuando y eso no le gustaba nada, pero respetaba las decisiones que su hija tomaba. Nick acababa de saber lo que estaba ocurriendo y apenas sabía quién era Piero Varoso, además de saber lo que Eduard ya le había dicho, que era un tipo que se dedicaba a las carreras ilegales de coches y que había salido con Erika hacía tres años. Por eso no le hacía ninguna gracia que ella hablara con ese tipo. Y lo que más le molestaba era que Jason Milton, lejos de molestarse por la situación con ese Piero Varoso, parecía divertido.

–  No tenemos nada de qué preocuparnos, la DEA simplemente quiere tenerlo localizable. – Les dijo Erika. – Si logro convencer a la DEA de que no mantengo ningún tipo de contacto con Piero me dejarán tranquila.

–  ¿Cómo se supone que les vas a convencer? – Preguntó Jason.

–  Tú me vas a ayudar. – Le dijo Erika. – Les llamaré y nos reuniremos con ellos. Les diré que llevo tres años sin ver ni hablar con Piero y que estoy con Jason. Si tengo otra pareja, no tiene sentido que quiera seguir manteniendo el contacto con Piero, o al menos así espero que piensen ellos.

–  Lo más seguro es que la DEA haya investigado a tu círculo familiar y eso me incluye a mí. – Le advirtió Jason. – Nuestra relación ya existía antes de que Piero apareciera en tu vida, por mucho que finjamos ser pareja no lograremos convencerles de que no mantienes el contacto con Piero.

–  Puede que no funcione contigo, pero sí puede funcionar con Nick. – Opinó Eduard. – Os guste o no, pasáis mucho tiempo juntos y, si la DEA quiere asegurarse de que Erika no sigue en contacto con Piero Varoso, probablemente la estén vigilando. Simplemente tenéis que dejaros ver por algún restaurante o cualquier otro lugar además de la oficina y la DEA ya interpretará las señales.

–  Estoy segura de que el señor Button tiene demasiadas cosas qué hacer como para perder el tiempo de esta manera. – Erika trató de mantener al margen a Nick.

–  ¿Qué dices tú, Nick? – Le preguntó Eduard a su mano derecha.

–  Por mí no hay ningún problema y, si no recuerdo mal, creo que esta noche íbamos a salir a cenar, ¿verdad Erika? – Fue la respuesta de Nick.

–  Es cierto, algo de eso había oído. – Comentó Eduard. Se levantó del sillón y dijo sonriendo para despedirse: – Que os lo paséis bien esta noche y mañana os podéis tomar el día libre, habéis hecho un buen trabajo en la reunión con Wolf y os merecéis un descanso después de tantos días de trabajo.

–  Hasta el miércoles, entonces. – Le dijo Erika a su padre dándole un beso en la mejilla.

–  Voy contigo, Eduard. – Dijo Jason. Se volvió hacia Erika y le dijo: – Ya hablaremos mañana, ahora tengo que irme. – Le dio un beso en la mejilla y se dirigió a su hermana Alice y a Daniel: – Y con vosotros dos ya quedaré un día. – Besó a Alice en la mejilla y le estrechó la mano a Daniel amistosamente. Después de dirigió a Nick y, mientras le estrechaba la mano con firmeza, le susurró para que solo él pudiera escucharle: – Cuida de Erika, ella no es como las mujeres que tú sueles frecuentar.

Nick le devolvió el estrechón de manos con firmeza y le desafió con la mirada, pero no le dijo nada. Esta noche Nick iba a salir a cenar con Erika y en ese momento eso era lo único que le importaba.

Eduard y Jason se marcharon dejando a las dos parejas en el apartamento.

–  Voy a casa a ducharme y vestirme de etiqueta y vuelvo a buscarte, ¿de acuerdo? – Le propuso Nick a Erika con una seductora sonrisa.

–  De acuerdo, yo haré lo mismo. – Le respondió Erika.

–  Nosotros también íbamos a salir a cenar, podemos vernos después en el pub y juntos tomar unas copas. – Propuso Alice.

–  Por mí estupendo. – Dijo Nick alegremente. – Os veo luego, entonces. – Se volvió hacia a Erika y le susurró mientras le daba un beso en la mejilla: – ¿Has pensado ya dónde vamos a ir a cenar?

–  Por supuesto y te aseguró que te encantará. – Le respondió Erika sonriendo relajada por primera vez esa tarde.

Nick se marchó y Erika se metió en la ducha. Alice y Daniel tomaron un par de cervezas en el salón mientras charlaban de todo lo que había ocurrido y decidían dónde ir a cenar.

Propuesta indecente 11.

Alma Gemela

Erika se despertó al oír un tremendo estruendo procedente del hall del apartamento. Se levantó de un salto del sofá donde se había quedado dormida después de llegar de comer con Nick y se encaminó hacia a la puerta.

Apenas pudo llegar a poner un pie en el salón cuando tropezó con dos tipos que parecían dos gorilas y uno de ellos la atrapó poniéndole la mano enguantada en la boca para que no gritara mientras le sujetaba ambas muñecas con la otra mano.

–  Hemos tenido suerte, la hemos encontrado a la primera. – Dijo uno de los tipos sonriendo.

Erika trataba de resistirse y zafarse de las garras de aquel tipo, pero era demasiado grande y fuerte comparado con ella.

–  Tranquila, fiera. – Le susurró el mismo tipo, que parecía el jefecillo de los dos. – Solo hemos venido a preguntarte por Piero Varoso. Sabemos que está en la ciudad y estamos seguros de que ha tenido que venir a verte.

Erika forcejeó para destapar su boca y les espetó:

–  Hace casi tres años que no veo a Piero. – Mintió. Pero luego dijo una verdad: – Ni siquiera sabía que estaba en la ciudad y dudo que haya venido a verme. Deberíais buscarle en otra parte.

–  Puede que ya no estéis juntos, pero sé que él te tiene en alta estima y contactará contigo. – Le contestó el tipo mientras sacaba una tarjeta del bolsillo para entregársela. – Sabemos que un grupo de narcotraficantes le está buscando y, si nosotros hemos llegado hasta a ti, ellos también pueden hacerlo.

Erika se fijó en la tarjeta que aquel tipo le había entregado y se sorprendió de que fuera de un agente de la DEA.

–  ¿Qué hace la DEA irrumpiendo en mi casa? – Les preguntó molesta.

–  Será mejor que se mantenga alejada de Piero Varoso, señorita Blackwell. – Le aconsejó el tipo que no había abierto la boca. – Tampoco debería salir a la calle sola ni ir por lugares con poca gente, es posible que traten de llegar a Varoso a través de usted.

–  ¿Me están diciendo que unos narcotraficantes que están buscando a Piero, para nada bueno me imagino, pueden tratar de buscarme a mí también? – Les preguntó Erika preocupada. Lo último que necesitaba eran más quebraderos de cabeza.

–  Tiene nuestra tarjeta, llámenos si necesita algo y si dispone de alguna información. – Le contestó el tipo que le daba consejos.

–  Estoy segura de que si alguien entra en mi casa y me apunta con una pistola, con una sola llamada ustedes lo solucionarán todo. – Ironizó Erika molesta. – Por favor, salgan de mi casa.

Los dos agentes de la DEA se despidieron de ella con un leve gesto de cabeza y salieron del apartamento sin decir nada más.

Erika no se lo podía creer. Hacía ya tres años que no salía con Piero, aunque desde entonces se habían visto alguna que otra vez esporádicamente, y ya estaba otra vez metida en líos. Solo podía pensar en cómo se lo iba a tomar su padre, pero decidió decírselo cuanto antes y quitárselo de encima. Su padre siempre le había dicho que había que coger el toro por los cuernos y eso era lo que pensaba hacer.

Buscó su teléfono móvil y llamó a su padre.

–  Papá, tenemos que hablar. – Le dijo nada más descolgó.

–  Hija, ¿qué ocurre? – Preguntó Eduard preocupado.

–  Acaban de irrumpir en mi apartamento dos agentes de la DEA, me han dicho que unos narcotraficantes están buscando a Piero y están seguros de que Piero está en la ciudad. – Le explicó Erika nerviosa. – Papá, me han dicho que esos narcotraficantes pueden venir a buscarme a mí y la única ayuda que me han ofrecido es una tarjeta con sus teléfonos.

–  No te muevas del apartamento, voy hacia allí. – Le dijo Eduard a su hija antes de colgar.

Erika sacó una cerveza del frigorífico y se bebió la mitad de un trago. Se encendió un cigarrillo y salió a la terraza para que le diera el aire. Estaba aturdida, ni siquiera podía pensar con claridad. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Lo primero era tratar de localizar a Piero, pero lo iba a tener difícil dado que siempre era él quien la encontraba a ella. Pero esos dos agentes de la DEA le habían dicho que Piero estaba en la ciudad, así que tarde o temprano Piero terminaría apareciendo ante los ojos de ella. Erika se sobresaltó de nuevo al oír la puerta, pero pronto descubrió que era Alice acompañada por Daniel. Al ver a Daniel se acordó de Nick, había quedado con él a las ocho para ir a cenar y ya eran las seis y media.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué tienes esa cara de susto? – Le preguntó Alice alarmada al ver el rostro de su amiga. – ¿Qué ha pasado, Erika?

Erika le sostuvo la mirada a Alice, después miró un instante a Daniel y, sabiendo que a su amiga no le iba a gustar nada de lo que iba a decir, le sugirió:

–  Será mejor que te tomes una cerveza, mi padre está de camino y no tardará en llegar.

Alice sacó tres cervezas de la nevera, una para cada uno, y regresó al salón, donde vio la tarjeta de los dos tipos de la DEA le habían entregado. En cuanto Alice leyó la tarjeta, supo que todo estaba relacionado con Piero Varoso y se tensó antes de preguntar:

–  ¿Esto tiene que ver con Piero?

Erika asintió preocupada y, antes de contestar a Alice, miró un instante a Daniel, quién la observaba con curiosidad.

–  Alice, creo que no nos vamos a poder quedar en el apartamento, al menos no hasta que se solucione todo esto.

–  Erika, ¿has visto a Piero desde que llegamos? – Le preguntó Alice con cuidado, Piero era un tema bastante tabú y conocía las reacciones de su amiga ante tales preguntas.

–  No, no lo he vuelto a ver desde el mes de julio y la última vez que hablé con él fue el día antes de mudarnos aquí. – Se sinceró Erika.

–  A tu padre le va a encantar oír eso. – Dijo Alice con sarcasmo.

Llamaron a la puerta y Erika volvió a tensarse, así que Alice se levantó y fue a abrir. En cuanto abrió la puerta, Eduard y Jason entraron en el apartamento y, tras saludar a Alice, se dirigieron al salón en busca de Erika.

–  ¿Estás bien? – Le preguntó Eduard a su hija.

–  Sí, pero necesito hablar con Piero, papá. – Le respondió Erika con un hilo de voz.

–  ¿Tienes forma de localizarle? – Preguntó Jason.

–  La DEA dice estar segura de que Piero está en la ciudad, por eso han venido aquí. Creen que si está aquí es por mí, pero lo cierto es que yo lo dudo. – Contestó Erika.

–  ¿Dudas de que esté aquí por ti? – Se mofó Jason.

–  Dudo que esté en la ciudad, si estuviera aquí hubiera venido a verme antes que la DEA y, si está en peligro como ellos dicen, no vendría a la ciudad para ponerme a mí en peligro. – Dijo Erika sin opción a réplica.

Eduard saludó a Alice y después a Daniel, el hermano de Nick. Le sorprendió verle allí y le preguntó:

–  ¿Desde cuándo os conocéis?

–  Desde el sábado pasado. – Le respondió Daniel saludando al jefe de su hermano con un apretón firme de manos.

Volvieron a llamar a la puerta y Eduard dijo:

–  Ya voy yo a abrir.

Nick llamó a la puerta del apartamento de Erika y esperó a que le abrieran la puerta. Su jefe le había llamado por teléfono veinte minutos antes y le había pedido que se reuniera con él en el apartamento de su hija, lo cual le decía que eso no era algo bueno.

Cuando la puerta se abrió, Nick saludó a Eduard y ambos entraron en el salón. Erika se sorprendió de ver allí a Nick. Miró su reloj, era temprano para ir a cenar.

–  Me he tomado la libertad de llamar a Nick, estoy seguro de que su ayuda nos será de gran utilidad para lo que sea que esté pasando. – Le explicó Eduard al ver la confusión en el rostro de su hija. – Por cierto, si os conocisteis el sábado pasado, ¿por qué el domingo cuando vinisteis a comer a casa fingisteis que no os conocíais?

Nick sonrió y contestó:

–  Supongo que ambos estábamos demasiado sorprendidos como para reaccionar de otra manera, no esperábamos encontrarnos allí. – Nick saludó a su hermano y a Alice y cruzó una fría mirada con Jason para después saludarle con un ligero movimiento de cabeza. Después se volvió hacia a Erika y le dijo: – Si queréis que sea de ayuda, tendréis que decirme qué pasa.

Sin andarse con rodeos, Eduard le explicó a Nick la situación mientras Erika evitaba cruzar su mirada con la de Nick. Nick escuchó todo lo que Eduard le contaba y trataba de encontrar la mirada de Erika pero ella le esquivaba continuamente. Nick supo que debía esperar a quedarse a solas con ella para saber algo más de lo que Eduard contaba, así que se armó de paciencia y escuchó a Eduard sin preguntar nada que no le quisieran decir, y la primera decisión que tomó fue que Erika y Alice no podían seguir viviendo solas en el apartamento hasta que todo se aclarara.

Propuesta indecente 10.

Alma Gemela

Nick se levantó el lunes a las seis de la mañana, como acostumbraba a hacer entre semana, se duchó y revisó el contrato por última vez antes de ir a buscar a Erika.

Erika fue puntual cómo casi siempre y a las ocho en punto de la mañana salió del portal y se encontró con Nick apoyado en un BMW i8 de color negro esperándola. Llevaba puesto un traje gris marengo con una camisa blanca y una corbata del mismo tono de gris que el traje. Erika había pasado dos horas la noche anterior para escoger qué se pondría para la reunión con Wolf y finalmente se decidió por una falda de tubo del mismo gris marengo que el traje de Nick, una camisa blanca sin mangas y unos zapatos de tacón de aguja. Sin haberlo planeado, se habían vestido a conjunto y eso hizo sonreír a Erika mientras caminaba hacia dónde estaba Nick.

–  Buenos días. – La saludó Nick sonriente mientras le abría la puerta del copiloto y la ayudaba a entrar en el coche.

–  Buenos días, Nick. – Le respondió ella de buen humor. Nick rodeó el coche y se sentó en el asiento del conductor. Nada más arrancar el coche, Erika añadió: – Menudo coche, es increíble.

–  ¿Quieres conducirlo? – Le propuso Nick.

–  Me temo que no sería una buena idea, pero gracias de todos modos. – Le contestó Erika.

Nick le dedicó una maliciosa sonrisa que a ella no le gustó nada. A Erika le hubiera gustado conducir ese cochazo, pero su padre ya le había advertido que no quería verla conducir ningún vehículo, al menos hasta que recuperara el carné de conducir que le habían quitado por participar en carreras ilegales en Barnacles y que no recuperaría hasta principios del próximo año.

Nick tomó la salida de la autopista a un área de servicio y Erika le miró extrañada sin decir nada mientras él aparcaba en el parking del restaurante.

–  Son las ocho y media, la reunión es a las diez y estamos a diez minutos de la empresa de Wolf, así que creo que podemos parar a tomar un café y relajarnos un poco. – Le dijo Nick tras apagar el motor del coche. Entraron en la cafetería, pidieron un par de cafés y se sentaron en una de las mesas que quedaba apartada del resto. – Wolf es bastante hostil, si a eso le sumas tu juventud, tendrás que estar muy segura de ti misma para que no dude de lo que dices y pueda confiar en ti. Yo no le caigo demasiado bien, así que no esperes que pueda echarte una mano para que la negociación resulte favorable, pero estoy seguro de que lo sabrás manejar.

–  He investigado lo suficiente a Wolf cómo para crear un perfil bastante acertado de su persona y te aseguro que será una negociación más fácil de lo que crees. – Le advirtió Erika.

–  ¿Apostarías una cena si lo consigues?

–  Si lo consigo me invitas a cenar donde yo elija. – Apuntilló Erika. – Y si no lo consigo…

–  Si no lo consigues, entonces tú me invitarás a cenar a mí donde yo elija. – La interrumpió Nick divertido por la apuesta. Ganara o perdiera la apuesta, se había asegurado una cena con ella.

–  Trato hecho. – Le dijo Erika estrechándole la mano para formalizar el trato. – Espero que no tengas planes para esta noche, me gustaría salir a cenar para celebrarlo.

–  Vamos a esa reunión, demuéstrame que puedes conseguirlo y te invitaré a comer y cenar. – Le contestó Nick llevándosela a su terreno.

Después de tomar café se dirigieron a la empresa de Wolf, que estaba situada en una gran nave industrial moderna. Presents, la empresa de Wolf, llevaba dos meses en suspensión de pagos y se hallaba en una situación crítica. Erika se había informado bien y lo tenía todo controlado para conseguir que Adolf Wolf firmara el contrato. Nada podía salir mal.

Entraron en el hall de la empresa y rápidamente la secretaria de Wolf les hizo pasar a su despacho. Adolf Wolf se puso en pie para recibirlos, pero su gesto distaba mucho de dar una bienvenida, algo que Erika y Nick ya se esperaban.

–  Buenos días, señor Wolf. – Saludó Erika estrechándole la mano con firmeza. – Soy Erika Blackwell.

–  Debería decir que estoy encantado de conocerla, pero dudo que realmente piense eso cuando finalice esta reunión. – Le respondió Adolf Wolf con desgana, cansado de que otros trataran de beneficiarse de su empresa en precaria situación.

–  Estoy segura de que cambiará de parecer en cuanto me escuche. – Le contestó Erika dedicándole una coqueta sonrisa que a Nick no le gustó nada. – Creo que ya conoce al señor Button, ¿verdad?

–  Sí, aunque hubiera preferido no conocerlo. – Se sinceró Wolf con cara de pocos amigos. – Debo decirle, señorita Blackwell, que si ha venido con la misma intención con la que vinieron su padre y el señor Button, está perdiendo su tiempo.

–  No he venido hasta aquí para repetir lo que ya le han dicho, señor Wolf. – Le respondió tajante Erika. – Y le aseguro que no me gusta perder el tiempo, así que me gustaría ir al grano.

Adolf Wolf la estudió con la mirada y les hizo un gesto a ambos para que se sentaran. Nick y Erika intercambiaron una mirada y Nick le hizo saber que iba por buen camino al dedicarle una breve y pequeña sonrisa que apenas pudo percibir.

–  El motivo de esta reunión no es otro que hacerle una propuesta, pero una propuesta muy distinta a la que mi padre le ha hecho. – Comenzó a decir Erika. – Para ser sincera, estoy aquí porque entiendo su postura y que quiera mantener la empresa familiar. Si yo estuviera en su situación, le aseguro que tampoco la vendería.

–  Si no quiere comprar la empresa, ¿para qué ha venido? – Preguntó Wolf con curiosidad.

–  Si no quiere vender, necesitará inversores para poder hacer resurgir la empresa y, dado a que lleva en esta situación más de seis meses, deduzco que no le está resultando fácil encontrar a quien invierta tanto dinero en su empresa, mucho menos desde que está en suspensión de pagos a los trabajadores. – Apuntó Erika. – Estamos dispuestos a invertir en su empresa y hacer que vuelva a estar en lo más alto, si logramos llegar a un acuerdo.

–  Supongo que ahora viene una retahíla de condiciones. – Dijo Wolf con sarcasmo.

–  El señor Button ha redactado un contrato que puede satisfacernos a ambos. – Continuó Erika con la voz cortante mientras cogía los documentos que Nick le entregaba. – Usted podrá seguir siendo el presidente, director y jefe de la empresa, pero nosotros dispondremos del 40% de las acciones y, en consecuencia, del 40% de los beneficios obtenidos. Dada la situación económica actual de la empresa no obtendremos beneficios durante el primer año, creemos que lo prioritario es pagar a los empleados y mantener los pocos clientes que aún les quedan. Una vez haya firmado el contrato, usted será el único que tome decisiones y no tendrá que dar explicaciones a nadie, ni siquiera a nosotros. Le daremos seis meses para que empiece a obtener beneficios, de lo contrario nos veremos obligados a intervenir y nos encargaremos de la parte financiera, pero solo hasta haber recuperado lo invertido, después usted seguirá dirigiendo la empresa. Si logra obtener beneficios antes de que pasen los seis meses, nosotros continuaremos manteniéndonos al margen y solo precisará de nuestra presencia como accionistas a la hora de tomar decisiones importantes en las cuales se requiere que el 80% de las acciones. En cualquier caso, usted siempre tendrá el 60% de las acciones, así que continuará siendo el accionista mayoritario.

–  No puedo darle una respuesta ahora. Necesito estudiar su propuesta, señorita Blackwell. – Le respondió Wolf visiblemente interesado en la negociación. – No obstante, le confesaré que estoy realmente interesado, esta empresa tiene un valor emocional para mí que no se puede comprar con dinero.

–  Como le he dicho, no me gusta perder el tiempo. – Le recordó Erika. – Tiene una semana para pensarlo, si el próximo lunes no tenemos noticias suyas retiraremos la oferta.

–  Tendrá una respuesta antes de que finalice la semana, señorita Blackwell.

–  En ese caso, esperaremos sus noticias. – Le dijo Nick con tono nada amable. – Aquí tiene mi tarjeta, llámame cuando haya tomado una decisión.

Tras estrecharse la mano educadamente, Nick y Erika se despidieron de Wolf y salieron de la nave industrial de Wolf. En cuanto estuvieron sentados en el coche, Erika le dijo a Nick:

–  Creo que ha ido bastante bien, ¿no crees?

–  ¿Bien? ¡Lo tienes comiendo de tu mano! – Rio Nick, fascinado por las habilidades carismáticas de Erika. – ¿Ya sabes dónde vas a querer ir a cenar para celebrarlo?

–  Por supuesto, pero ya te adelanto que se tiene que ir de etiqueta. – Le contestó Erika divertida.

–  Y yo que creía que me llevarías a un establecimiento de comida rápida. – Bromeó Nick. – ¿Un cinco tenedores?

–  Es una sorpresa, pero te gustará. – Fue la única pista que ella le dio. – Volviendo al trabajo, deberíamos estudiar la situación de mercado. La imagen de Presents ha sido dañada al igual que su reputación. Necesitamos hacerle un lavado de cara a la empresa.

–  El contrato no te permite tomar ningún tipo de decisión. – Le recordó Nick.

–  No puedo tomar decisiones, pero sí puedo dar buenos consejos. – Alegó Erika. – Wolf quiere y necesita más que nosotros que la empresa obtenga beneficios, estoy segura de que oirá nuestros consejos aunque la decisión final sea suya.

Nick sonrió, le gustaba poder hablar con Erika de trabajo y que fuera capaz de entenderle, pero le gustaba aún más escucharla hablar con tanta soltura y precisión como lo hacía. Se había sorprendido al descubrir cómo se las había apañado para llevarse a Wolf a su terreno.

Llegaron a la oficina y, tras reunirse con el jefe del departamento marketing, sacaron algunas ideas para dar una nueva imagen a Presents.

A la hora de comer, Nick cumplió su propósito y la invitó a un restaurante cercano a la oficina, donde comieron mientras charlaban sobre trabajo. Después de comer, Nick se empeñó en acompañar a Erika hasta el portal de su edificio para que descansara y recobrara fuerzas para la noche.

–  Pasaré a recogerte a las ocho, vestido de etiqueta. – Se despidió Nick con una de sus mejores sonrisas.

En cuanto Érika entró en su apartamento, llamó a su padre y le puso al corriente sobre la negociación con Wolf. Tras hablar un rato con él, le dijo que iba a salir a cenar con Nick y que probablemente al día siguiente no llegarían temprano a la oficina. Eduard sabía que su hija y su mano derecha se traían algo entre manos, pero no sabía decir si era algo bueno o malo así que, como siempre, prefirió callar y no meterse en la vida privada de su hija.