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Confía en mí 13.

Confía en mí

Valeria se despertó gritando y sollozando a las tres de la madrugada y, en tan solo un par de segundos, Jason entró en la habitación y se acercó a ella. Sin decir nada, la cogió en brazos y la acunó tratando de que se calmara. Valeria se abrazó con fuerza a Jason, con él se sentía segura, se sentía a salvo. Jason la besó en la sien, se puso en pie cargando con ella entre sus brazos y la llevó a su habitación, donde la dejó con cuidado sobre su cama y se tumbó a su lado, estrechándola entre sus brazos.

–          Intenta volver a dormir, no me moveré de tu lado. – Le susurró al oído Jason.

Y Valeria volvió a quedarse dormida, era muy fácil estando entre los brazos de Jason.

Los dos días siguientes, Jason trabajó desde casa, se pasaba el día reunido en su despacho con Vladimir y Klaus, tratando de localizar a Luke Benson al mismo tiempo que mantenían controlados los movimientos de César Merino y gestionaban la agencia. Valeria pasaba el día pegada a su ordenador portátil buscando por internet edificios de oficinas para alquilar o comprar y Gisela la ayudaba. Jason pasaba a verla a cada rato, la saludaba, le preguntaba si todo iba bien y regresaba a su despacho para continuar trabajando.

Por la noche, Jason acompañaba a Valeria a la habitación de invitados que le había asignado, le daba las buenas noches y se marchaba a su habitación a dormir hasta que se despertaba cuando la oía sollozar a causa de las pesadillas. Entonces Jason iba a buscarla, la abrazaba y la llevaba a su habitación, donde se metía con ella en la cama y ambos se dormían abrazados.

El viernes Valeria concertó una cita con un agente inmobiliario para visitar varios edificios de oficinas y Jason la acompañó junto con Vladimir. Uno de los edificios que visitaron estaba justo al lado de la Agencia Smith y a Jason le pareció perfecto y así se lo hizo saber cuándo llegaron a casa:

–          El último edificio que hemos visto está muy bien, está bien de precio, es amplio, solo le hace falta una capa de pintura y amueblarlo, y es bastante céntrico.

–          A mí también me ha gustado, pero antes de tomar una decisión quiero ver algunos edificios más. – Le contestó Valeria.

Jason no insistió más por el momento, pero estaba decidido a salirse con la suya y que Valeria ubicara en él la nueva delegación de Editorial Love.

Esa noche, cuando subieron las escaleras para irse a dormir, Jason acompañó a Valeria a su habitación como cada noche pero en vez de darle las buenas noches, le susurró:

–          Ponte el pijama y ven a mi habitación, así evitaremos los traslados nocturnos.

Valeria se ruborizó y también se sintió un poco avergonzada, pensando que Jason creería que estaba loca o, peor aún, que era igual que una niña pequeña. A pesar de ello, entró en la habitación donde tenía todas sus cosas, se dio una rápida ducha y se puso el pijama para después dirigirse a la habitación de Jason. Llamó a la puerta antes de entrar y un segundo después la puerta se abrió y Jason la recibió con una amplia sonrisa. Ambos se metieron en la cama y Jason la envolvió con sus brazos.

Valeria durmió de un tirón hasta las diez de la mañana, cuando el sonido del teléfono móvil de Jason la despertó.

–          ¿Qué hora es? – Le preguntó medio dormida a Jason.

–          Son las diez. – Le susurró Jason estrechándola entre sus brazos. Alargó el brazo derecho y cogió su teléfono móvil para contestar la llamada, era Vladimir. – ¿Qué ocurre Vladimir?

–          Necesito que bajes, hay algo que tienes que ver.

–          De acuerdo, dame cinco minutos. – Le respondió Jason antes de colgar. Se volvió hacia a Valeria y le preguntó: – ¿Has dormido bien?

–          Mejor que nunca, no he tenido pesadillas. – Le confesó Valeria.

–          Eso me gusta. – Le respondió Jason sonriendo y añadió: – Tengo que hablar con Vladimir, no tardes en levantarte si quieres ir al apartamento de Olivia a recoger algunas de tus cosas.

Jason se levantó, se dio una rápida ducha y salió del baño vestido con unos tejanos y una camiseta negra. Le dedicó una amplia sonrisa a Valeria, que seguía tumbada en la cama, y salió de la habitación para dirigirse a su despacho donde Vladimir le esperaba.

–          ¿Qué es lo que ocurre? – Le preguntó con el ceño fruncido.

–          Han accedido a las cámaras de seguridad de la casa esta noche. – Le informó Vladimir con cara de pocos amigos. – Han accedido al ordenador central del sistema de seguridad y no han dejado apenas rastro.

–          ¿Cómo es posible que alguien haya podido acceder? ¡Maldita sea! – Blasfemó Jason furioso. – Voy a estar toda la mañana y parte de la tarde fuera con Valeria, asegúrate de que refuerzan todo el sistema de seguridad de la casa antes de que regresemos.

–          Los técnicos están de camino, van a instalar un nuevo sistema de seguridad que nos permitirá saber en tiempo real si alguien ajeno intenta acceder a él.  – Le continuó informando Vladimir. – Klaus se está encargando de reforzar la seguridad tanto aquí como en la agencia. No se trata de un aficionado, Jason. Se trata de alguien que sabe muy bien lo que hace.

–          Esta noche hemos quedado con los padres de Valeria para ir a cenar a su casa, no quiero ponerla más nerviosa de lo que está, pero hablaré con ella mañana. – Le aseguró Jason.

–          De acuerdo. – Opinó Vladimir. – Vete tranquilo, Klaus y yo nos encargaremos de todo.

Jason regresó a su habitación y se encontró a Valeria vestida y arreglada, y ambos se dirigieron juntos a la cocina para desayunar.

Una hora más tarde, Valeria y Jason llegaban al apartamento de Olivia y, mientras las chicas rebuscaban entre las cajas de la mudanza de Valeria y hablaban de sus cosas, Jason decidió retirarse a la cocina y llamar a Klaus para que le informara de cómo iban las cosas por la oficina. Mientras tanto, Valeria le contaba a Olivia lo bien que la trataba Jason y lo mucho que le gustaba.

–          Si tanto te gusta, toma las riendas. – Le aconsejó Olivia.

–          No sé, Oli. Está pendiente de mí, me cuida y es muy cariñoso conmigo, pero hemos dormido juntos todas las noches desde que llegamos a Sunbeach y él no ha intentado nada más allá de protegerme. – Le confesó Valeria. – Puede que no le interese lo más mínimo.

–          He visto cómo te mira y cómo te trata, te aseguro que le gustas y mucho.

–          Puede que le guste, pero ya sabes cuál es su reputación. – Le contestó Valeria encogiéndose de hombros. – Él no es de los que quiere encontrar a su media naranja y formar una familia, Oli.

–          Todo el mundo cambia, algunos para bien y otros para mal, pero nadie se mantiene en la misma postura toda la vida. – Le dijo Olivia. – Si no te arriesgas nunca lo sabrás pero si te arriesgas, aunque no salga como tú esperas, al menos le habrás dado un homenaje a tu cuerpo.

Entre bromas y risas, Valeria terminó de recoger las cosas que necesitaba y lo guardó todo en un par de maletas.

Cuando se despidieron de Valeria ya eran más de las dos de la tarde y regresaron a casa. Gisela había preparado la comida para todos y, después de comer, a Valeria le entró morriña y no dejaba de bostezar.

–          Ve a descansar un rato, todavía es pronto y tienes tiempo de echarte una siesta. – Le sugirió Jason.

–          Tú no descansas nunca, empiezo a pensar que funcionas con pilas. – Bromeó Valeria.

–          Tú también deberías descansar. – Le aconsejó Vladimir a Jason.

–          Tengo que ocuparme de un par de asuntos y estaré fuera un par de horas. – Le dijo Jason a Valeria. – Te despertaré cuando regrese e iremos a casa de tus padres, ¿de acuerdo?

Valeria asintió con la cabeza pero sus ojos delataban que no estaba del todo conforme con lo que Jason le acababa de decir. Ella quería quedarse con él, pero sabía que no podía robarle más tiempo de lo que ya le robaba, no podía pedirle más de lo que ya le estaba dando.

–          Ve a echarte la siesta en mi habitación, así apenas te darás cuenta de que me he marchado.

Jason le dio un beso en la mejilla a Valeria y ella aprovechó la cercanía para susurrarle:

–          Te estaré esperando.

Aquella afirmación a Jason le supo a gloria. Estaba a punto de volverse loco teniendo a Valeria tan cerca todos los días a cada momento y sin poder siquiera besarla, pero la situación era bastante complicada, Valeria había dejado a su novio hacía tres meses, César Merino la estaba amenazando y cinco años atrás la había secuestrado, así que no era el mejor momento para devorarla a besos como deseaba desde que la había visto por primera vez.

Jason se dirigió a las oficinas de la Agencia Smith junto a Vladimir y allí se reunieron con Klaus y se pusieron al corriente de la situación. Valeria, sin nada mejor que hacer, decidió echarse una siesta y durmió hasta que se despertó a causa de las pesadillas. Esta vez no se trataba de una pesadilla que le recordara el horror que vivió durante los tres días que estuvo secuestrada por César Merino, esta vez la pesadilla era una especie de premonición. En el sueño César Merino la encontraba y, antes de matarla a ella, mataba a Jason. Los gritos de Valeria alertaron a Gisela y rápidamente se dirigió a la habitación de Jason, donde ella estaba sentada en la cama, temblando y llorando como si se hubiera muerto alguien.

–          Valeria, ¿estás bien? – Le preguntó Gisela asustada. Gisela sabía que Valeria tenía pesadillas todas las noches, Jason se lo había contado porque estaba muy preocupado, pero tampoco se atrevía a preguntarle. – Valeria estás temblando y estoy asustada, dime que estás bien.

–          Estoy bien, lo siento. – Le dijo Valeria entre sollozos. – No le digas nada a Jason, por favor.

–          No le diré nada a Jason si no quieres, pero cuéntame qué te ha pasado. – Le dijo Gisela.

–          Solo ha sido una pesadilla, siento haberte asustado. – Se disculpó Valeria.

–          Valeria, todos estamos preocupados por las horribles pesadillas que sufres, sobre todo Jason, pero él no quiere presionarte ni incomodarte, cree que hace bien dándote tu espacio y no haciendo preguntas. – Empezó a decir Gisela. – Yo creo que te vendría bien hablar de ello con alguien y, tanto si lo haces como si no, solo quiero que sepas que aquí tienes una amiga.

–          Gracias Gisela.

Valeria se levantó y se dio una larga ducha, necesitaba despejarse. Cuando salió del baño envuelta tan solo en una diminuta toalla, se encontró de frente con Jason. Jason tuvo que contar hasta diez y respirar profundamente para controlarse. Miró a Valeria de arriba abajo, cerró los ojos y finalmente se oyó decir:

–          ¿Has podido dormir un poco?

–          Sí, he descansado como para mantenerme despierta el resto de mi vida. – Bromeó Valeria divertida. – Desde que llegué a Sunbeach no he hecho otra cosa que dormir.

–          Será mejor que te vistas, yo voy a darme una ducha. – Le contestó Jason con una sonrisa maliciosa en los labios. – Tardo diez minutos.

Jason y Valeria se terminaron de vestir y se dirigieron a casa de los padres de Valeria en uno de los todoterrenos de la Agencia Smith junto con dos agentes que les escoltaban. Jason y Valeria iban sentados en los asientos traseros del vehículo y Jason, que había notado a Valeria bastante preocupada desde que había llegado de la agencia, decidió preguntarle directamente:

–          ¿Va todo bien, Valeria?

–          Eh, sí. ¿Por qué lo preguntas? – Le preguntó Valeria con el ceño fruncido.

–          No sé, estás muy callada desde que he llegado y pareces preocupada.

–          Estoy bien, al menos todo lo bien que se puede estar teniendo en cuenta la situación en la que estamos. – Le respondió Valeria sonriendo ampliamente para no preocupar todavía más a Jason. – Agradezco todo lo que estás haciendo por mí, pero me gustaría que todo esto acabara y poder hacer mi vida normal.

–          ¿Qué es lo que te gustaría hacer? – Le preguntó Jason tratando de hacer algo por complacerla.

–          Cualquier cosa normal como salir a cenar o ir a tomar una copa sin tener que ir escoltada.

–          Ahora mismo no puedo darte lo que deseas, pero sí podemos cenar en casa de tus padres sin escoltas y después podemos tomarnos unas copas en el jardín de mi casa. – Le propuso Jason. – Sé que no es lo mismo, pero prometo llevarte a cenar y a tomar una copa como se debe cuando solucionemos el asunto de César Merino.

Valeria se estremeció al escuchar el nombre de César Merino y Jason la rodeó con su brazo y la estrechó contra su cuerpo.

–          Te tomo la palabra, quiero esa copa en el jardín. – Le susurró Valeria.

Llegaron a casa de los Mancini y Jason se tensó. Sabía que a Frank Mancini no le había hecho ninguna gracia que estuviera tan pegado a su hija, pero contaba con el apoyo y simpatía de Paola, la madre de Valeria.

–          Esperadnos aquí y llamad a mi teléfono móvil si hay cualquier novedad. – Le dijo Jason a los dos escoltas que les acompañaban. – Salió del vehículo y ayudó a salir a Valeria tendiéndole la mano.

Valeria agarró la mano que le tendía Jason y salió del todoterreno. Jason la miraba esperando que Valeria le confirmara con algún gesto que estaba bien pero, como no lo hizo, Jason le preguntó para asegurarle:

–          ¿Estás bien, Valeria?

–          Tengo que confesarte que estoy un poco nerviosa. – Le confesó Valeria. – Solo espero que no te incomoden demasiado. – Añadió señalando la casa de sus padres. – Y tampoco quiero que les digas lo que está ocurriendo, no quiero preocuparles.

–          No hay problema, pero supongo que querrán saber qué relación tengo contigo y lo cierto es que no sé muy bien qué responder a eso. – Le dijo Jason con sinceridad.

–          Supongo que, además de convertirte en mi sombra durante la última semana, también nos hemos hecho amigos, ¿no? – Le dijo Valeria. – Relájate, esta noche no estás aquí como agente.

Valeria le dio un beso en la mejilla a Jason, le dedicó una sonrisa arrebatadora y le agarró de la mano para tirar de él, guiándole hacia el porche principal de la casa. Valeria llamó a la puerta y dos segundos después se abrió y apareció Paola sonriendo satisfecha de ver allí a su hija pequeña junto a Jason.

–          ¡Cielo, os estábamos esperando! – Le dijo Paola a su hija al mismo tiempo que abrazaba a Valeria. Se volvió hacia a Jason y lo saludó afectuosamente: – Jason, me alegro de que hayas venido.

–          Yo también me alegro de haber venido, Paola. – Le dijo Jason mostrando su sonrisa más carismática y Paola cayó rendida a sus pies.

–          ¡Tita Val! – Gritó la pequeña Lía corriendo hasta llegar a los brazos de Valeria. – ¿Has venido con tu novio?

Paola se echó a reír, Jason miró a Valeria alzando las cejas sorprendido y Lía esperaba que su tita Val le confirmara si aquel desconocido era su novio. Valeria se puso pálida en cuanto oyó preguntar a su sobrina si Jason era su novio, pero el rubor tiñó sus mejillas cuando cruzó su mirada con la de Jason.

–          Princesa, ven aquí. – Le dijo Valeria a su sobrina cogiéndola en brazos. – Él es Jason, un amigo con el que quiero que te portes muy bien, ¿de acuerdo?

La pequeña asintió y saludó a Jason:

–          Hola Jason. Yo me llamo Lía.

–          Hola Lía, tienes un nombre precioso. – Le dijo Jason ganándose a la pequeña con tan solo una frase.

Paola les hizo pasar al salón donde les esperaban Bianca y Steve. Valeria hizo las presentaciones oportunas:

–          Jason, ellos son mi hermana Bianca y su marido Steve. – Se volvió hacia su hermana y su cuñada y les dijo: – Él es Jason, un amigo.

–          Encantado de conocerte. – Se saludaron los tres.

–          ¿Dónde está papá? – Le preguntó Valeria a su madre.

–          Está en su despacho, ve a buscarle y dile que ya has llegado, tenía muchas ganas de verte. – Le respondió Paola.

Valeria lo dudó un instante, no quería dejar a Jason solo con su madre y su hermana y que le sometieran a un tercer grado, por eso le dijo a su cuñado antes de ir en busca de su padre:

–          No dejes que le agobien demasiado. – Se volvió hacia Jason y añadió antes de marcharse: – No tardaré en regresar.

Jason asintió y la observó salir del salón. Se dio cuenta de que Valeria estaba nerviosa y le incomodaba dejarle a solas con su familia, así que no pudo evitar pensar que Valeria no confiaba en él, a pesar de que le había asegurado que no les diría nada sobre el asunto de César Merino.

Confía en mí 12.

Confía en mí

Durante dos horas, Jason, Vladimir y Klaus estuvieron sentados en el despacho mientras organizaban una estructura de seguridad para Valeria y decidían qué doce agentes intervendrían en la operación.

Jason dejó que Vladimir y Klaus se encargarán de informar y dar instrucciones a la docena de agentes y él se dirigió a la cocina para preparar el desayuno de Valeria. Nunca antes le había preparado el desayuna a una mujer, excepto a su madre, a quién él y sus hermanos le llevaban a la cama el desayuno el día de su cumpleaños. Preparó café, zumo de naranja recién exprimido, tostadas, galletas y cereales, lo colocó todo sobre una bandeja y la llevó a su habitación.

Cuando abrió la puerta se encontró a Valeria dormida sobre la cama y no pudo evitar sonreír y pensar que estaba preciosa. Dejó la bandeja sobre la cómoda y se sentó en la cama junto a ella, contemplándola dormir durante unos segundos antes de despertarla.

–          Buenos días, Valeria. – Le susurró mientras le acariciaba el brazo con ternura. – Te he traído el desayuno, ¿tienes hambre?

–          Un ratito más. – Le rogó Valeria escondiendo la cabeza bajo la almohada. – Túmbate un rato, ya verás qué bien se está.

–          Me encantaría tumbarme un rato contigo, créeme. – Murmuró Jason entre dientes y, tras coger aire para mantener el control, le susurró al oído: – Tienes que ponérmelo fácil, ¿lo recuerdas?

Valeria sacó la cabeza de debajo la almohada y le miró a los ojos sin acabar de entender lo que le acababa de decir. Jason le dedicó una traviesa sonrisa y entonces fue Valeria la que respiró profundamente y trató de calmar el deseo que invadía su cuerpo cuando estaba cerca de Jason. Se incorporó apoyando la espalda en el cabezal de la cama y Jason le colocó la bandeja sobre las piernas.

–          Tenemos una conversación pendiente. – Empezó a decir Valeria mientras se llevaba la taza de café a los labios.

–          Primero desayuna, después hablaremos. – Sentenció Jason.

Valeria rodó los ojos, Jason era un mandón. No obstante, Valeria le obedeció y desayunó en silencio bajo la atenta mirada de Jason. Cuando ya no pudo comer más, Valeria se volvió hacia Jason y, retirando la bandeja hacia a un lado, le dijo a Jason:

–          Ya he terminado, ¿podemos hablar ahora?

Jason cogió la bandeja del desayuno y la dejó sobre la cómoda. Se sentó de nuevo sobre la cama junto a Valeria y le dijo:

–          Iré al grano. Hasta que todo este asunto se calme, necesitarás protección. – La miró a los ojos y añadió: – Sé que tenías la intención de instalarte en el apartamento de Olivia, pero si te quedas aquí todo será más cómodo y seguro para todos.

–          ¿Quieres que me quede aquí? – Le preguntó Valeria sorprendida.

–          Así es. – Le confirmó Jason.

–          No quiero seguir molestándote y…

–          Valeria, ambos hicimos una promesa. – Le dijo interrumpiéndola. – Tú me prometiste que dejarías que yo me encargara de todo y yo te prometí que cuidaría de ti y te protegería. – Le recordó Jason. – Cumple tu promesa y deja que yo cumpla la mía.

–          Está bien, de acuerdo. – Aceptó Valeria. – Pero voy a tener que hacer algunas llamadas y me has quitado mi teléfono móvil.

–          Ya tenemos tu nuevo número de móvil, la tarjeta va a nombre de la agencia para evitar que lo localicen. – Le dijo Jason. – Por cierto, ¿seguimos teniendo planes para el sábado por la noche? – Valeria lo miró confundida y Jason le aclaró sonriendo: – La cena en casa de tus padres.

Valeria abrió la boca y la volvió a cerrar. Tenía que pensar muy bien sus palabras antes de pronunciarlas. Miró a Jason a los ojos, pero su gesto era indescifrable y no supo si estaba molesto, enfadado o si se estaba divirtiendo teniéndola en aquella situación, así que decidió tantear el terreno:

–          Si no vamos a ir, tendré que avisar a mi madre.

–          ¿Quieres ir?

–          ¿Puedo ir? – Le preguntó Valeria en respuesta.

–          Sí, puedes ir siempre que yo te acompañe. – Le contestó Jason.

–          Y, ¿quieres acompañarme?

–          Te prometí que te protegería, iré donde tú vayas. – Le aseguró Jason. Valeria asintió, era todo lo que quería saber y escuchar de sus palabras. – Vístete, quiero enseñarte la casa y presentarte a los agentes de seguridad y a Gisela para que no te asustes si te los cruzas por los pasillos. En diez minutos vengo a buscarte.

Jason cogió la bandeja del desayuno y salió de la habitación cargando con ella.

A Valeria le saltaron todas las alarmas internas al oír el nombre de una mujer, pero se las ingenió para disimular y Jason ni siquiera se percató. Como no sabía quién era la tal Gisela y tampoco estaba dispuesta a preguntárselo y mostrar el menor interés en ella frente a Jason, Valeria sacó de su maleta unos tejanos pitillo que le quedaban bien ceñidos y realzaban su perfecta figura, una fina y ajustada camiseta de tirantes de color blanco y una camiseta de hombro caído de color gris, junto con sus botines negros de tacón. Se aseó, se vistió y se peinó mientras se miraba en el espejo tratando de estar perfecta sin que se note el esfuerzo que había hecho para parecerlo.

Diez minutos más tarde, Jason acudió en busca de Valeria y le hizo un recorrido por la casa para que pudiera moverse con libertad por ella. Dejó en último lugar el salón, donde sabía que Vladimir y Klaus estarían reunidos con los agentes.

–          ¿Estás preparada? – Le preguntó Jason a Valeria antes de abrir la puerta del salón.

–          ¿Cambiaría algo si te dijera que no?

Jason le dedicó una amplia sonrisa, la agarró de la mano con ternura y abrió la puerta para entrar en el salón tirando suavemente de ella. Nada más abrirse la puerta, el silenció se instaló en el salón y todos los allí presentes se volvieron para ver al director de la agencia protegiendo personalmente a una jovencita de la que se decía era su novia.

–          Chicos, prestad atención. – Les dijo Jason alzando la voz para llamar la atención de todos. – Quiero presentaros a Valeria Mancini. – Agarró a Valeria por la cintura y la estrechó contra su cuerpo, un gesto de posesión que no le pasó por alto a ninguno de los que allí estaban. – La señorita Mancini se quedará aquí hasta que solucionemos el problema. – Se volvió hacia Valeria y le dijo suavizando el tono de voz: – Valeria, son doce agentes que se dividirán en dos turnos de doce horas. – Se Volvió hacia a los doce agentes y les ordenó: – Seguid las instrucciones y mantenedme informado de todo lo que ocurra. – Los agentes asintieron y se retiraron, dejándoles a solas con Vladimir y Klaus, y Jason continuó con las presentaciones: – Ya conoces a Vladimir, él vive aquí junto a su esposa Gisela, que es una gran amiga. Y creo que también conoces a Klaus, estuvo en el aniversario de Editorial Love.

Valeria miró fugazmente a los dos aludidos y asintió. Si hubiera tenido que escoger quién de los dos daba más miedo, no hubiera sido capaz de decidirse. Jason sintió como Valeria se tensaba y, sin dejar de rodear la cintura con su brazo, la miró y le dedicó una sonrisa para que se calmara. Vladimir ya se había acostumbrado al comportamiento de Jason estando con Valeria, pero Klaus fue testigo por primera vez de la complicidad y confianza que parecía haber entre los dos y no pudo evitar sonreír por mucho que trató evitarlo. Klaus se acercó despacio a Valeria y le tendió la mano a modo de saludo, Valeria se la estrechó y Klaus le dijo bromeando en un tono amigable:

–          Encantado de conocerla oficialmente, señorita Mancini. – Miró a Jason y le sonrió burlonamente al mismo tiempo que le decía a Valeria – El señor Smith es un obseso del control, tendrá que tener paciencia con él.

Valeria supo que Klaus tan solo trataba de fastidiar a Jason mientras que Vladimir se divertía contemplando la escena, notaba la complicidad que existía entre ellos. Valeria sonrió divertida y Jason le susurró al oído:

–          No le hagas ni caso, está bromeando.

–          Me temo que tiene algo de razón. – Murmuró Valeria divertida.

Los cuatro tomaron asiento en los dos sofás y Jason fue el primero en sacar el tema por el cual se habían reunido:

–          Tenemos la casa asegurada y estamos vigilando los movimientos de César Merino, en cuanto ponga un pie en el país lo sabremos. – Valeria se estremeció tan solo con oír su nombre y Jason la calmó colocando una mano sobre la rodilla de ella al mismo tiempo que continuaba hablando. – Me ocuparé personalmente de acompañar a Valeria a donde tenga que ir, siempre con dos agentes como escoltas. Trabajaré desde casa hasta que todo regrese a la normalidad.

–          César Merino está fuera del país y lo tenéis vigilado, ¿es necesario todo esto? – Preguntó Valeria sintiéndose culpable por complicarle la vida a tanta gente. – No quiero causar más molestias.

–          Creía que ya habíamos hablado de esto y estábamos de acuerdo. – Le recordó Jason con una mirada dura.

–          Está bien, de acuerdo. – Se resignó Valeria.

Jason les explicó a grandes rasgos que Valeria tenía que encontrar una oficina donde ubicar la nueva delegación de Editorial Love y decidieron que lo mejor era que buscase oficinas en venta o alquiler por internet y, una vez hubiera escogido las que más le interesaban, Jason la acompañaría a visitarlas.

–          Y, ¿qué pasa si quiero salir a tomar una copa con mis amigos? ¿No voy a poder salir de aquí a menos que sea para ir a ver oficinas? – Preguntó Valeria con el ceño fruncido.

–          Salir de copas con tus amigos no es una buena idea. – Le respondió Jason tajante.

–          Pues a tomar un café. – Le replicó Valeria.

–          Valeria. – Le advirtió Jason mirándola a los ojos.

Valeria le sostuvo la mirada, ambos se desafiaron y finalmente Valeria resopló y rodó los ojos resignándose a su destino. Era inútil discutir con Jason. Vladimir y Klaus observaron divertidos la escena, pero Jason les fulminó con la mirada y ambos se pusieron serios.

–          Necesito llamar a Olivia, todas mis cosas están a punto de llegar a su apartamento y ella ni siquiera sabe dónde estoy. – Le dijo Valeria enfurruñada.

Jason resopló, tenía que ceder un poco o Valeria querría marcharse de su casa. La observó durante un par de segundos y finalmente le dijo:

–          Llama a Olivia, dile que venga a verte y le cuentas todo lo que le quieras decir. Podéis hablar en tu habitación o en cualquier otra parte de la casa o el jardín, incluso podemos enviar a alguien a buscarla y que después la lleve a casa. – Le ofreció Jason. – No nos lo pongas difícil.

–          Está bien. – Bufó Valeria cansada de obedecer órdenes.

–          Vladimir, dale el teléfono a Valeria con su nuevo número. – Le ordenó Jason. Se volvió hacia Valeria y le recordó: – No te olvides de llamar a tu madre y confirmar la cena del sábado.

Valeria volvió a bufar y Jason la miró con desaprobación. Vladimir le entregó el teléfono móvil a Valeria y ella, tras informarles de lo que iba a hacer, salió del salón y se dirigió a su habitación para llamar a Olivia.

Tras escuchar lo que su amiga Valeria le contaba, Olivia no lo dudó dos veces y decidió ir a visitarla a casa de Jason, sobre todo porque quería comprobar con sus propios ojos que Valeria estaba bien. Mario la había puesto al corriente sobre la reputación de Jason y a Olivia no le terminaba de encajar el comportamiento de Jason con Valeria, aunque se cuidó mucho de mencionárselo a Valeria.

Tras colgar a Olivia, Valeria decidió llamar a su madre. Aquella conversación le resultó más difícil de lo que esperaba, Paola se había montado su propia película y Valeria no sabía qué decir para sacarla de su error sin contarle nada de lo que realmente estaba ocurriendo.

–          Jason parece un hombre maduro y responsable. – Le decía su madre. – Aunque es algunos años mayor que tú, ¿cuántos años tiene?

Valeria recordó que Mario le había dicho que Jason era un par de años mayor que él, así que le contestó a su madre:

–          Creo que treinta y siete.

–          Son once años de diferencia, pero apenas se nota. – Comentó Paola. – Además, se le ve muy pendiente de ti en todo momento.

–          Mamá, Jason y yo no…

–          Lo sé, cielo. – La interrumpió su madre. – Sé qué hace poco que dejaste tu relación con Brian, pero han pasado tres meses desde entonces y debes rehacer tu vida. No te estoy diciendo que busques un marido y formes una familia de inmediato, tan solo te digo que no cierres la puerta a lo que sea que esté por venir.

Continuó hablando con su madre un rato más y, cuando colgó, decidió llamar a Grace para decirle que ya había llegado a Sunbeach y que había empezado a buscar un lugar donde ubicar la nueva delegación de Editorial Love. Habló con Grace por teléfono durante un largo rato hasta que alguien golpeó suavemente la puerta de su habitación y Valeria se despidió:

–          Grace, tengo que colgar. Te mantendré informada y te enviaré fotos de la nueva oficina antes de tomar una decisión. – Colgó el teléfono y abrió la puerta de su habitación para encontrarse con la intensa mirada de Jason. – Hola.

–          Hola. – Le respondió Jason visiblemente molesto. – Estaba esperando a que bajaras de nuevo al salón para presentarte a Gisela.

–          Perdona, he hablado con Olivia, con mi madre y con Grace y se me ha ido el santo al cielo. – Se disculpó Valeria.

Jason le dedicó una sonrisa y, suavizando su tono de voz, le dijo:

–          Vamos, Klaus, Vladimir y Gisela nos están esperando para comer.

Valeria obedeció sin rechistar, no quería enfadar a Jason ahora que parecía haberse relajado un poco.

Bajaron las escaleras y se dirigieron directamente a la cocina, donde Klaus, Vladimir y Gisela les esperaban para comer.

Jason colocó su brazo alrededor de la cintura de Valeria cuando los demás se volvieron al escucharles entrar y a ninguno se les escapó ese gesto posesivo y natural que nunca antes le habían visto hacer a Jason.

–          Tú debes ser Valeria, ¿verdad? – Le preguntó Gisela sonriendo con dulzura al mismo tiempo que se acercaba a Valeria. Le dio un par de besos en la mejilla y le dijo: – Por fin te conozco, he oído hablar mucho de ti los últimos días. Por cierto, yo soy Gisela, la esposa de Vladimir y una amiga de Jason.

Valeria, sorprendida por lo que acababa de oír, intercambió una rápida mirada con Jason y acto seguido le devolvió la sonrisa a Gisela y le dijo:

–          Encantada de conocerte, Gisela.

Tras una breve charla, los cinco se sentaron a comer y el tema de conversación se centró en Valeria y en su trabajo en la editorial.

A media tarde recibieron la visita de Olivia y, tras saludarla y hacer las presentaciones oportunas, Jason salió de la estancia junto con Klaus, Vladimir y Gisela y dejó a las dos amigas en el salón para que tuvieran intimidad para hablar de lo que quisieran.

–          Menuda mansión tiene Jason. – Comentó Olivia cuando se quedaron a solas. – Y también me he dado cuenta que no se despega de ti, ¿hay algo que me quieras contar?

–          Hay muchas cosas que te quiero contar. – Le confirmó Valeria.

Durante más de dos horas, Valeria le explicó a Olivia que había estado recibiendo mensajes al móvil y que creían que César Merino estaba detrás de las amenazas. También le explicó que, por motivos de seguridad, se quedaría en casa de Jason mientras todo se aclaraba. Olivia, que conocía la historia de Valeria con Luke y también que el motivo de la ruptura de esa relación había sido el secuestro de Valeria por César Merino, suspiró aliviada al saber que Jason se iba a encargar de proteger a su amiga.

Olivia se despidió de su amiga con un fuerte abrazo y Jason la acompañó hasta a la puerta, donde Olivia le dijo antes de marcharse:

–          Cuida de ella, aunque se haga la fuerte sé que lo está pasando mal con todo esto.

–          Cuidaré de ella y no dejaré que le ocurra nada. – Le aseguró Jason.

Olivia se marchó y Jason regresó al salón junto a Valeria. Jason y Vladimir pasaron el resto de la tarde trabajando cada uno en su ordenador portátil y Gisela ayudó a Valeria a buscar edificios en venta y/o alquiler en las páginas de internet de las inmobiliarias de la ciudad.

Cenaron los cuatro juntos y, después de cenar, Jason acompañó a Valeria a su habitación para que descansara, le dio las buenas noches y se fue a dormir, él también necesitaba descansar.

Confía en mí 11.

Confía en mí

Jason vivía en una casa de dos plantas con jardín, piscina y garaje, situada a las afueras de la ciudad de Sunbeach. Era una casa grande y muy amplia. La planta baja estaba compuesta por el hall de entrada, una amplia estancia que hacía de cocina y comedor, un gran salón con chimenea, un despacho y un aseo. En la planta superior estaban las cinco habitaciones, todas ellas con baño, y un pequeño gimnasio. El garaje estaba anexado a la casa y un pasillo lo conectaba a la cocina y a unas escaleras que llevaban al apartamento independiente que había sobre el garaje en el cual vivía Vladimir y su esposa Gisela.

Cuando Vladimir aparcó el coche en el garaje de casa de Jason ya eran más de las dos de la madrugada. Valeria se despertó al escuchar abrirse la puerta del vehículo y cuando abrió los ojos se encontró entre los brazos de Jason, que caminaba cargando con ella.

–          ¿Dónde vamos? ¿Qué pasa? – Preguntó Valeria aturdida.

–          No pasa nada, sigue durmiendo. – Le susurró Jason al oído.

Jason le hizo una señal a Vladimir para que le esperara en su despacho y continuó cargando con Valeria escaleras arriba hasta llegar a una de las habitaciones de invitados, la que estaba justo al lado de la suya, donde la depositó con sumo cuidado sobre la cama. Jason le quitó los botines y la arropó con una manta mientras ella, medio dormida, se dejó hacer. Jason aseguró de que Valeria estaba cómoda y, al verla dormida de nuevo, depositó un dulce beso rozando la comisura de los labios y bajó las escaleras para reunirse con Vladimir en su despacho.

–          ¿Alguna novedad? – Preguntó Jason.

–          Estaba a punto de preguntarte lo mismo. – Se mofó Vladimir.

–          Valeria está cansada, apenas ha dormido y no he querido despertarla. – Le replicó Jason un poco molesto, no quería pensar en lo que Valeria le hacía sentir. – ¿Has podido localizar a Luke Benson?

–          Ha sido imposible. – Le confesó Vladimir. – Ese tipo es un pez gordo y tiene a muchos que cuidan de él, no permitirán que nos acerquemos. Si quieres seguir tirando de ese hilo tendrás que hablar con la chica del tema. Fue su novio durante dos años, puede que incluso siga manteniendo contacto con él.

Jason se tensó, apretó los puños y sus ojos se volvieron de un gris tan oscuro que apenas se podía diferenciar el iris de la pupila. Cada vez que pensaba en un hombre cerca de Valeria la furia le invadía por todo el cuerpo y era incapaz de controlarlo. Por mucho que trató de contenerse, Jason no pudo evitar golpear con fuerza la pared de su despacho, necesitaba desahogarse y soltar toda esa ira que había estado acumulando a lo largo de la semana.

–          Dime una cosa, Jason. – Le dijo Vladimir mirando a su amigo a los ojos. – ¿Qué intenciones tienes con ella? – Jason le sostuvo la mirada pero no respondió. – La conoces desde hace diez días, aceptas un trabajo que no necesitábamos y que nos ha complicado la vida a todos y lo has hecho solo por estar con ella. Has utilizado todos los recursos de la agencia para protegerla como si fuera un cliente más, pero no lo es porque la has traído a tu casa y con la intención de que se quede una temporada. – Jason estaba cada vez más furioso y Vladimir se percató de ello. – No te estoy reprochando nada, tan solo trato de entenderte.

–          Ni siquiera yo me entiendo. – Bufó Jason. – No puedo quitármela de la cabeza y mi prioridad ahora es su seguridad.

–          Te conozco desde hace años y nunca te he visto así por una chica, solo te ha interesado el sexo con ellas. – Comentó Vladimir.

–          Me intereso por Gisela y nunca he tenido la menor intención de hacerlo con ella.

–          Gisela es mi mujer y casi una hermana para ti, ella no cuenta. – Le respondió Vladimir marcando su terreno.

–          Ves, esa sensación de posesión es la que me invade a mí cuando otro hombre se acerca a Valeria. – Le dijo Jason suspirando con resignación.

–          ¿Te has metido con ella en la cama? – Le preguntó Vladimir alzando una ceja.

–          Sí, dos noches seguidas. – Le respondió Jason sonriendo con tristeza. – Pero no ha habido sexo, si es eso lo que quieres saber.

–          Interesante. – Comentó Vladimir sorprendido.

Continuaron charlando un rato hasta que oyeron gritar a Valeria en la planta de arriba. Ambos intercambiaron una rápida mirada y, sin pensarlo dos veces, corrieron pistola en mano hacia la habitación de Valeria. Jason abrió la puerta y la vio tendida en la cama, moviéndose nerviosa mientras se lamentaba entre sollozos. Jason le hizo una señal a Vladimir para indicarle que él se encargaba y Vladimir cerró la puerta de la habitación y se marchó dejándole a solas con Valeria.

Jason se acercó a ella despacio, se sentó en la cama junto a ella y la abrazó al mismo tiempo que le susurraba al oído:

–          No pasa nada, Valeria. Solo es una pesadilla.

Valeria se relajó, dejó de sollozar y se dejó abrazar por Jason durante algunos minutos, hasta que se sintió con fuerzas para decir con un hilo de voz:

–          Lo siento.

–          No pasa nada, preciosa. Estoy aquí para cuidarte. – Le recordó Jason. – ¿Quieres hablar de lo que has soñado? – Le preguntó sin querer presionarla.

–          Es una pesadilla que ya he tenido antes y que se repite cuando estoy asustada. – Le confesó Valeria con un hilo de voz.

–          ¿Tiene que ver con el secuestro y César Merino? – Se aventuró a pregunto.

Valeria se estremeció y Jason no necesito que ella le respondiera para adivinar la respuesta, estaba claro que César Merino era el causante de las pesadillas de Valeria.

–          Necesito darme una ducha.

–          Tienes que descansar, ¿no puedes esperar unas horas? – Valeria hizo un mohín y Jason no pudo evitar sonreír, no podía negarle nada. – Está bien, una ducha rápida y vuelves a la cama. Yo también voy a darme una ducha y a intentar descansar. – Valeria se tensó, no quería separarse de Jason. – ¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo? – Le preguntó Jason confundido.

–          No, no pasa nada. – Le respondió Valeria fingiendo una sonrisa.

–          Miente fatal, señorita Mancini. – La acusó Jason. – Confía en mí, Valeria. Cuéntame qué se te está pasando por la cabeza en este momento.

Valeria le miró a los ojos, le sostuvo la mirada durante unos instantes y, finalmente, le confesó:

–          No quiero que te vayas.

–          Ven aquí. – Le dijo Jason sonriendo al mismo tiempo que la agarraba de la cintura y la colocaba en su regazo. – Mi habitación está justo al lado, voy a darme una ducha y regreso a por ti.

Valeria se lo agradeció con una sonrisa, un abrazo y un beso en la mejilla. Jason la estrechó con fuera con sus brazos, disfrutando de aquel momento con ella. Se puso en pie con Valeria entre sus brazos, la llevó al baño y la dejó sentada sobre la encimera de mármol del lavabo y abrió el grifo de la ducha para que el agua cogiera una temperatura adecuada.

–          No tardes, regresaré en quince minutos. – Le susurró Jason antes de marcharse y dejarla a solas.

En cuanto se quedó sola en el baño, Valeria se desnudó y se dio una rápida y relajante ducha. Se secó con una toalla y se puso el albornoz para cubrir su desnudez mientras rebuscaba en su maleta hasta encontrar su pijama.

Tras salir de la habitación de Valeria, Jason se dirigió a su habitación y se dio una ducha de agua fría, sabía que iba a ser una noche larga. Apenas quince minutos después, Jason regresó a la habitación de Valeria vestido tan solo con unos pantalones cortos de algodón de color negro y el cabello todavía mojado.

–          ¿Se puede? – Preguntó tras golpear la puerta con suavidad para no asustarla.

–          Está abierto. – Le respondió Valeria invitándolo a entrar.

Jason abrió la puerta y entró en la habitación. Valeria estaba en el baño cepillando su larga y rubia melena frente al espejo y vestida con una fina camiseta de tirantes de color blanco y un short de algodón ajustado. Jason tuvo que respirar profundamente y armarse de paciencia para controlarse y no devorarla.

–          ¿Ya estás lista? – Le preguntó Jason con la mandíbula apretada.

A Valeria le llamó la atención su tono de voz. Estaba serio, pero no parecía enfadado y tampoco estaba contento.

–          Sí. – Le respondió Valeria estudiándolo con la mirada. – ¿Va todo bien?

–          ¿No tendrás frío? – Le preguntó Jason mirándola de arriba abajo.

Valeria le miró sorprendida y alzando las cejas le replicó:

–          Yo podría preguntarte lo mismo.

Para sorpresa de Valeria, Jason le dedicó una sonrisa traviesa y, sin más dilación, agarró a Valeria de la mano y la llevó hasta su habitación. Nada más entrar en la amplia estancia, Valeria observó cada detalle de aquella habitación. La cama era enorme, tamaño King size, de madera de roble, al igual que las mesitas de noche, la cómoda, el escritorio y la estantería que había junto a la ventana. No tenía ninguna fotografía a la vista ni nada que delatara cualquier gusto o afición de Jason, todo estaba decorado con un estilo muy impersonal, como si fuera la habitación de un lujoso hotel.

–          Venga, a la cama. – Le ordenó Jason suavizando el tono de voz.

Abrió la boca para añadir algo más, pero Valeria le interrumpió adivinando lo que le iba a decir:

–          Sí, lo sé. Tengo que descansar. – Rodó los ojos con sorna y, metiéndose en la cama, le preguntó: – ¿Tienes un lado de la cama?

–          Siempre duermo solo, nunca he tenido que escoger un lado de la cama. – Le respondió Jason de pie junto a los pies de la cama. – ¿En qué lado te gusta dormir?

–          Yo duermo en el lado derecho siempre, aunque duerma sola. – Le contestó Valeria sonriendo divertida.

Jason le devolvió la sonrisa, se metió con ella en la cama, apagó la luz y le susurró a Valeria con la voz ronca:

–          Buenas noches, señorita Mancini.

–          Buenas noches, señor Smith.

Valeria cerró los ojos y tardó pocos minutos en quedarse dormida, se sentía segura sabiendo que Jason estaba a su lado. Pero a Jason le costó dormir, pese a que apenas había dormido durante los últimos diez días. Toda su vida se había vuelto un caos desde que conoció a Valeria.

Llevaba dormido tres horas cuando se despertó al escuchar a Valeria hablar y sollozar en sueños y la abrazó cuando se dio cuenta que estaba teniendo otra pesadilla.

–          No pasa nada, estoy aquí Valeria. – La despertó Jason. – Solo ha sido una pesadilla, estás a salvo.

Valeria se dejó abrazar mientras trataba de calmarse, las pesadillas no la dejaban descansar y cada vez parecían más reales, casi premonitorias. Cuando logró tranquilizarse, hizo el intento de separarse de Jason, pero él no se lo permitió, la retuvo en sus brazos acunándola y Valeria se lo agradeció en silencio. Al ver que ella no oponía resistencia, Jason se incorporó apoyando la espalda en el cabezal de la cama y colocó a Valeria en su regazo. Ella le abrazó por la cintura y se recostó sobre el pecho de Jason, hundiendo la cara en el cuello de él. Jason la acunó y le acarició la espalda hasta que consiguió que Valeria volviera a dormirse. Sabía que esas pesadillas escondían mucho más de lo que Valeria le había contado y estaba dispuesto a averiguarlo, pero sin presionarla, sabía que necesitaba su tiempo para que ella se lo contara. La otra opción era Luke Benson, pero Vladimir no había podido encontrarle y parecía que no había nadie dispuesto a ayudarlos para encontrarlo.

Valeria se despertó en la misma posición en la que se quedó dormida, entre los brazos de Jason y con la cabeza apoyada en su hombro. Él continuaba abrazándola y le acariciaba la espalda con ternura, no quería despertarla, necesitaba mantener el contacto físico con ella constantemente para sentirse bien, para sentirse feliz.

–          Buenos días, señorita Mancini. – La saludó en cuanto vio que Valeria abría los ojos. Le dedicó una sonrisa socarrona y le preguntó: – ¿Ha dormido bien?

–          Buenos días, señor Smith. – Lo saludó Valeria divertida, le encantaba cuando Jason se mostraba de tan buen humor. – He dormido muy bien, pero me temo que no te he dejado pegar ojo en toda la noche. – Le dijo sintiéndose culpable.

–          No me lo pones fácil, pero me encantan los retos. – Le contestó divertido.

Jason no la dejó de abrazar y Valeria tampoco hizo el menor intento de moverse, se sentía demasiado a gusto entre sus brazos.

–          Tienes que desayunar, apenas has comido en los últimos días. – Le recordó Jason sin moverse de donde estaba.

–          Un ratito más. – Le suplicó Valeria.

Jason suspiró y la estrechó con fuerza entre sus brazos dispuesto a complacer a Valeria y quedarse un rato más con ella.

Pocos minutos después, alguien llamó a la puerta de la habitación de Jason y Valeria resopló, no quería que ese momento se viera interrumpido.

–          Jason, necesito hablar contigo. – Le dijo Vladimir desde el otro lado de la puerta. – Es importante.

–          Dame un minuto, en seguida salgo. – Le respondió Jason. Besó a Valeria en la frente y le susurró al oído – Tengo que levantarme, pero tú puedes quedarte durmiendo un rato más.

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria resignada.

–          Te traeré el desayuno a la habitación en un rato. – Le aseguró Jason. – Trata de dormir un poco más.

Jason le dio un beso en la mejilla a Valeria, se levantó y, tras ponerse una camiseta de manga corta para cubrir su torso desnudo, salió de la habitación y se reunió con Vladimir en la cocina.

–          ¿Qué es eso tan importante que no puede esperar? – Le preguntó Jason un tanto molesto por la interrupción.

–          Ha llegado esto en el correo. – Le respondió Vladimir entregándole un sobre marrón.

Por el gesto de Vladimir, Jason supo que no iban a ser buenas noticias. Se sentó en uno de los taburetes y examinó el sobre. No tenía remitente, tan solo había escrito en el destinatario “Agencia Smith”. Jason abrió el sobre y sacó el contenido del mismo, tres fotografías y una nota escrita a ordenador. Miró las fotografías con detenimiento, en las tres aparecía junto a Valeria en distintos escenarios. En la primera fotografía, Valeria y él se despedían en la puerta del edificio donde vivía Valeria; en la segunda fotografía, Jason aparecía agarrando a Valeria por la cintura tras salir de la limusina que les llevó hasta la masía la noche del aniversario de Editorial Love; y en la tercera fotografía, Jason aparecía bajando del avión cargando con Valeria que dormía entre sus brazos. Apretó los puños y leyó la nota para sí mismo: “Pronto dejará de ser tuya y será mía.” Jason estaba furioso, tanto que ya no pudo controlar la irá y arremetió con la pared que tenía justo detrás. Las paredes de la casa eran fuertes y robustas, no eran de pladur como las paredes del apartamento de Valeria.

–          Busca en los vídeos de las cámaras de seguridad, el sobre viene sin remitente y ha tenido que dejarlo alguien personalmente. – Le ordenó Jason.

–          Ya lo he hecho, el sobre lo ha dejado un motorista con casco y traje negro que conducía una moto negra sin matrícula. No tenemos nada. Y seguimos sin localizar a Luke Benson. – Le respondió Vladimir preocupado por su amigo.

–          Refuerza la seguridad de la casa.

–          ¿Qué vas a hacer con la chica, Jason? – Quiso saber Vladimir.

–          Protegerla hasta que acabemos con todo esto. – Sentenció Jason al mismo tiempo que se pasaba las manos por la cabeza. – Valeria tenía pensado quedarse en el apartamento de una amiga mientras encontraba un apartamento dónde vivir, intentaré convencerla para que se instale aquí, pero no creo que me lo vaya a poner fácil. Tampoco quiero que sepa nada de esto, tiene pesadillas con César Merino y no quiero asustarla más.

–          Si le cuentas lo que está pasando y consigues que hable todo será más fácil y rápido, Jason. – Le aconsejó Vladimir. – Ella puede llevarnos hasta Benson para así poder ir a por César Merino.

–          No, de momento quiero mantenerla al margen lo máximo posible. – Insistió Jason con rotundidad y añadió: – Llama a Klaus, ponlo al corriente de la situación y dile que venga a casa. Seleccionaremos a una docena de agentes y les daremos indicaciones. Por el momento, la prioridad es la seguridad de Valeria.

Vladimir obedeció sin hacer preguntas, llamó a Klaus y media hora más tarde los tres hombres estaban reunidos en el despacho de casa de Jason.

–          ¿Desde cuándo tienes novia? – Le preguntó Klaus a Jason una vez hubo escuchado toda la historia.

–          ¿Esa es la única pregunta que se te ocurre hacer? – Le reprochó Jason.

–          Oh, vamos. – Le dijo Klaus con tono burlón. – Tú no dejas que nada interfiera en tu trabajo y menos un lío de faldas. Llevas diez días sin aparecer por la oficina para dedicarte a ella y su seguridad, podrías haber puesto a un par de agentes para que la protegieran, pero has preferido meterla en tu casa. Esto se ha convertido en algo personal entre tú y el psicópata que ha enviado esas fotos y la nota. Pierdes el tiempo tratando de localizar a Luke Benson para que te explique qué fue lo que pasó en aquel secuestro, es tan fácil como preguntárselo a ella directamente.

Jason resopló. El recuerdo de Valeria despertándose en mitad de la noche por una pesadilla hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo. Cerró los ojos y lo meditó. El camino más fácil y rápido era preguntarle a ella directamente lo que quería saber, pero no quería presionarla, así que decidió seguir tratando de localizar a Luke Benson y mantener a Valeria al margen.

Confía en mí 10.

Confía en mí

Valeria se despertó en su cama algo confusa. Encendió la luz de la mesita de noche y miró el despertador, eran las once de la noche. Lo último que recordaba era que estaba con Jason en el sofá viendo la televisión y se estaba quedando dormida, así que dedujo que se durmió y Jason la había llevado a su cama. Suspiró con resignación antes de levantarse de la cama. Anhelaba estar entre los brazos de Jason y fue en su busca.

Salió al pasillo y escuchó la voz de Jason que procedía del salón, estaba hablando con alguien. Se acercó sigilosamente y se quedó tras la puerta del salón, escuchando lo que Jason decía:

–          Valeria está bien, ahora está descansando en su habitación. – Le decía Jason a su interlocutor. – Quiero que mantengas localizado a César Merino y a sus hombres, mañana regresamos a Sunbeach y quiero que todo esté bajo control. – Hizo una pausa larga y añadió antes de colgar: – Mantenme informado, quiero estar al corriente de todo.

Valeria esperó unos segundos antes de entrar en el salón. Jason estaba sentado en el sofá trabajando en su portátil cuando la oyó entrar y levantó la vista para mirarla. Pensó que estaba preciosa recién levantada y despeinada, tanto que tuvo que recolocarse el pantalón.

–          ¿Te he despertado? – Le preguntó Jason poniéndose en pie y acercándose a ella.

–          No, pero deberías haberlo hecho, llevo horas durmiendo. – Le contestó Valeria con una sonrisa en los labios.

–          Necesitas descansar, anoche no dormiste nada. – Le recordó Jason. – ¿Quieres que te prepare algo de cenar?

–          No, no tengo hambre.

–          Pues entonces, a dormir. – Le ordenó Jason. Valeria abrió la boca para protestar, pero Jason le puso un dedo sobre los labios para evitarlo y le recordó: – Has prometido seguir mis recomendaciones.

–          Tú también necesitas descansar. – Le replicó Valeria.

–          Está bien, nos vamos los dos a dormir. – Sentenció Jason divertido. Jason acompañó a Valeria a su habitación, le dio un beso en la mejilla y le susurró: – Buenas noches.

–          Buenas noches.

Valeria entró en su habitación, se vistió con el pijama y se metió en la cama. Jason también hizo lo mismo, pero en la habitación de invitados.

Habían pasado más de dos horas desde que Valeria se había metido en la cama y no conseguía dormirse cuando un mensaje llegó a su teléfono móvil: “Vas a ser mía, no lo olvides. Da igual cuantos agentes te protejan, me perteneces.” Valeria se estremeció. El mensaje había sido enviado desde un número oculto pero eso no le impedía saber quién era el remitente. Valeria se levantó de la cama y se dirigió a la cocina a beber agua, necesitaba calmarse, estaba temblando.

Sin hacer ruido, entró en la cocina, se sirvió un vaso de agua y se sentó en un taburete junto a la ventana, desde donde se podía contemplar gran parte de la ciudad de Suncity. No pudo evitar mirar con nostalgia la ciudad que le había dado los mejores momentos de su vida y también los peores. Las lágrimas inundaban su rostro cuando escuchó la voz de Jason a su espalda:

–          Valeria, ¿qué estás haciendo aquí? – Valeria se tensó y Jason se acercó a ella preocupado. – Valeria, dime qué está pasando. – Le ordenó agarrándola del brazo para que le mirase a los ojos y vio cómo las lágrimas corrían por sus mejillas, había estado llorando. – Valeria. – Añadió con tono de advertencia.

Valeria resopló, lo último que le apetecía era hablar del tema, se sentía frágil y vulnerable, no quería que Jason la viera así.

–          Estoy bien, no pasa nada. – Mintió Valeria. – No podía dormir y me he levantado a beber agua.

–          Mientes fatal. – La acusó Jason mirándola con el ceño fruncido y los ojos de un tono gris claro que delataban su preocupación. La escudriñó con la mirada y supo que le estaba ocultando algo. – Valeria, si no me cuentas qué ocurre no podré ayudarte. Confía en mí.

Valeria le sostuvo la mirada durante un instante, pero finalmente le entregó su teléfono móvil y le dijo la verdad:

–          He recibido otro mensaje.

Jason leyó el mensaje en el teléfono móvil de Valeria y sus ojos se tornaron de color gris oscuro. Apretó la mandíbula con fuerza, respiró profundamente tratando de controlarse y estrechó a Valeria entre sus brazos.

–          Me voy a quedar con tu teléfono móvil, mañana iremos a comprarte una tarjeta con un número nuevo. – Le susurró Jason. La cogió en brazos y la llevó a su habitación, donde la dejó con cuidado sobre la cama. – ¿Quieres que me quede contigo? – Valeria asintió y Jason se metió con ella en la cama, la abrazó y le susurró: – Duérmete, no me moveré de tu lado.

Valeria se quedó dormida en seguida, los brazos de Jason la calmaban y la hacían sentirse segura, era todo lo que necesitaba para poder relajarse y dormir. Jason apenas durmió en toda la noche, estaba pendiente de cada movimiento de Valeria, ella dormía plácidamente y él se había quedado hipnotizado mirándola.

A las ocho de la mañana, Valeria se despertó y lo primero que vio al abrir los ojos fue el rostro sonriente de Jason. Seguía entre sus brazos y Valeria no quiso moverse para no tener que separarse de él, pero le devolvió una tímida sonrisa al mismo tiempo que el rubor cubría sus mejillas.

–          Buenos días, señorita Mancini. – La saludó Jason de buen humor. – Voy a darme una ducha, tú puedes dormir un rato más.

–          No, un ratito más. – Le rogó Valeria con cara de niña buena.

Jason le sonrío, la besó en la frente y la estrecho contra su cuerpo, le gustaba tenerla entre sus brazos.

–          Me quedaría aquí contigo todo el día, pero el camión de la mudanza llegará en una hora para recoger tus cosas. – La besó de nuevo en la frente y añadió: – Necesito darme una ducha, no tardaré.

Jason se levantó y se dirigió al baño. Diez minutos después regresó a la habitación de Valeria envuelto en una toalla que le cubría de la cintura a las rodillas. Valeria seguía en la cama, no se había levantado. Jason le dedicó una sonrisa y fue a la habitación de invitados, donde tenía todas sus cosas, y se vistió. Fue entonces cuando Valeria se levantó y se dio una ducha.

A las nueve en punto de la mañana el camión de la mudanza aparcaba frente al portal del edificio y dos hombres robustos vaciaron el apartamento de Valeria bajo la supervisión de Jason, él se ocupó de todo mientras Valeria desayunaba en la cocina.

A las diez y media ya habían terminado de llevarse todas las cosas de Valeria y, tras recoger sus maletas, se dirigieron a la editorial en el coche de Valeria.

Valeria se despidió de sus compañeros, de Nadia, de Grace y de Charles, recogió las cuatro cosas que le quedaban en el que había sido su despacho y echó un último vistazo a la oficina en la que había trabajado los últimos cinco años.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason al ver la tristeza en sus ojos.

Valeria asintió con la cabeza para hacerle saber a Jason que estaba bien, aunque en realidad estaba triste por abandonar Editorial Love, por alejarse de los Stuart y de sus compañeros y por dejar atrás la vida que había tenido durante los últimos cinco años.

Jason la rodeó por la cintura con su brazo y juntos salieron del edificio de Editorial Love, había empezado a llover con fuerza y el cielo estaba tan gris que parecía como si estuviera anocheciendo. Tras subirse al coche, se dirigieron al aeropuerto, había llegado la hora de regresar a Sunbeach.

–          ¿Has comprado los billetes? – Le preguntó Valeria cayendo en la cuenta que no se había preocupado por nada de eso.

–          Más o menos. – Le respondió Jason sonriendo divertido.

–          ¿Más o menos?

–          Te dije que lo dejaras todo en mis manos, ¿confías en mí?

–          Te he entregado las riendas de mi vida hasta que todo esto se acabe, si no confío en ti, ¿en quién voy a confiar? – Le respondió Valeria coqueta.

–          Entonces, no te preocupes por nada.

La sonrisa de Jason hizo que Valeria sospechara que le estaba ocultando algo, pero se le veía tan alegre y relajado que no quiso hacer más preguntas, prefirió dejarlo todo en sus manos como él le decía.

Jason condujo hasta llegar al aparcamiento subterráneo del aeropuerto, donde paró frente a unas barreras que le impedían el paso. Jason enseñó una tarjeta a uno de los tipos de seguridad que se acercó hasta el vehículo y acto seguido las barreras se abrieron.

–          ¿A dónde vamos? – Le preguntó Valeria desorientada. – No había entrado por aquí al aeropuerto nunca.

–          Es una zona privada del aeropuerto, no vamos a volar en un avión comercial. – Le aclaró Jason mientras aparcaba en una de las pocas plazas reservadas que habían. – Volaremos en el avión privado de la agencia, llegaremos más rápidos y estaremos más cómodos y seguros.

Jason sacó el equipaje del maletero del coche y, cargando con las maletas, le hizo un gesto a Valeria para que subiera al ascensor que había justo al lado de donde habían aparcado. Cuando las puertas se abrieron, Valeria se encontró frente a una gran sala de espera con todas las comodidades imaginables.

–          ¿Dónde estamos? – Le preguntó Valeria a Jason susurrando.

–          En una de las salas de espera VIP del aeropuerto. – Le respondió Jason.

A excepción de los dos agentes de seguridad, no había nadie más en la sala. Jason le hizo un gesto a Valeria para que se sentase en uno de los sillones y él se acercó a los agentes de seguridad para hablar con ellos. Dos minutos después, regresó junto a Valeria y le dijo:

–          A causa de la tormenta saldremos con un poco de retraso, pediré que nos traigan algo para comer, llegaremos a Sunbeach pasadas las seis de la tarde.

Valeria asintió únicamente para que Jason supiera que le había entendido, pero ella tenía la cabeza en otra parte. Y, curiosamente, pensaba en él. Valeria no entendía por qué Jason se empeñaba en protegerla, pero tampoco quería saberlo, lo único que le importaba era que él estaba con ella y había prometido cuidarla.

Pasaron más de cinco horas en aquella sala esperando a que amainase la tormenta para que el avión privado de Jason pudiera despegar. Durante ese tiempo, Jason y Valeria charlaron, comieron y trabajaron desde sus respectivos ordenadores portátiles.

Valeria estaba navegando por internet buscando una oficina en alquiler o en venta para ubicar la nueva delegación de Editorial Love cuando uno de los hombres de seguridad del aeropuerto se acercó a ellos y le dijo a Jason:

–          Señor Smith, ya está todo listo para despegar, pueden subir al avión cuando lo deseen.

Jason asintió y rodeó a Valeria por la cintura al mismo tiempo que cruzaban la sala de espera seguidos por el agente de seguridad que cargaba con el equipaje de ambos. Atravesaron la puerta y salieron a la pista, donde un coche les esperaba para llevarles hasta el avión privado de la agencia de Jason.

Subieron al avión y se acomodaron en los sillones individuales para despegar. A Valeria no le pasó por alto que la joven y atractiva azafata le ponía ojitos a Jason mientras que a ella la miraba con odio y no pudo evitar pensar en si ambos habían tenido un affaire.

Jason se sentó al lado de Valeria y, al verla tan distraída, le preguntó mientras le abrochaba el cinturón de seguridad:

–          ¿Va todo bien? Estás muy callada.

–          Sí, es solo que estoy… asombrada. – Le confesó Valeria. – No sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí.

–          Si quieres agradecérmelo, solo tienes que cumplir tu promesa. – Le respondió Jason.

–          Cumpliré mi promesa y seguiré todas tus recomendaciones sobre seguridad. – Le aseguró Valeria. – Y, si voy a utilizar los servicios de la agencia, lo justo es que pague como todos los clientes.

–          No eres un cliente de la agencia, Valeria. Y por supuesto no voy a dejar que pagues. – Le dijo Jason sin opción a réplica. – Me has prometido que lo dejarías todo en mis manos y no te preocuparías por nada. – Le recordó Jason al ver cómo Valeria abría la boca para replicar.

–          ¿Por qué lo haces? – Le preguntó Valeria mirándole a los ojos.

–          Yo también te he hecho una promesa y voy a cumplirla. – Le respondió dedicándole una dulce sonrisa. – No dejaré que te ocurra nada.

El piloto anunció que iban a despegar y el copiloto y la azafata tomaron asiento en cabina. Valeria estaba nerviosa, nunca le había gustado volar con tormenta, odiaba las turbulencias y lo pasaba realmente mal durante el viaje.

–          Todo va ir bien. – Le aseguró Jason colocando su mano sobre la de Valeria.

El avión despegó y Valeria no se relajó hasta que alcanzaron la suficiente altura para estabilizar el avión y la luz del cinturón de seguridad se apagó. La azafata se acercó a ellos y, mostrándole su más seductora sonrisa, le preguntó a Jason con voz sensual:

–          ¿Desea que les traiga algo para beber, señor Smith?

Jason ni siquiera la miró, se volvió hacia Valeria y le preguntó:

–          Valeria, ¿te apetece algo?

–          Un poco de agua, por favor. – Le respondió Valeria sonriendo a Jason solo para fastidiar a la azafata que no dejaba de comérselo con la mirada.

–          Traiga una botella de agua para la señorita Mancini. – Le dijo Jason a la azafata tras devolverle la sonrisa a Valeria. Esperó a quedarse de nuevo a solas con Valeria y le dijo casi en un susurro: – Llegaremos a Sunbeach pasada la medianoche, pasaremos la noche en mi casa y mañana hablaremos de cómo nos organizaremos.

–          Creía que habíamos acordado que podría instalarme en el apartamento de Olivia.

–          Hablaremos de ello mañana. – Zanjo la cuestión Jason.

Valeria no le replicó, había visto cómo sus ojos se habían tornado de color gris y sabía que aquello no era una buena señal.

La azafata regresó hasta a ellos y le entregó una pequeña botella de agua a Jason, no sin antes dedicarle una sugerente sonrisa de la que Jason ni siquiera se percató. Pero Valeria sí se dio cuenta y aquello la puso de mal humor.

–          Aquí tienes el agua. – Le dijo Jason a Valeria entregándole la botella. – Intenta descansar un poco, apenas has dormido esta noche.

–          Como usted diga, director Smith. – Le replicó Valeria molesta.

–          ¿Estás enfadada? – Le preguntó Jason escudriñándola con la mirada.

–          No. – Le contestó Valeria de morros.

–          Valeria, mañana hablaremos y me temo que también discutiremos sobre el tema, pero esta noche te quedarás en mi casa. – Sentenció Jason. – Y ahora, descansa.

Valeria resopló, rodó los ojos y se resignó, no quería discutir con Jason y optó por hacerle caso y trató de descansar.

Jason encendió su ordenador portátil y continuó trabajando, pasar una semana fuera de la oficina le había retrasado mucho trabajo y tenía que ponerse al día cuanto antes.

Aterrizaron en un aeropuerto privado de Sunbeach pasada la medianoche. Valeria había pasado casi todo el vuelo durmiendo y Jason no quiso despertarla cuando aterrizaron, así que la cogió en brazos y salió del avión cargando con ella. Vladimir los estaba esperando al pie de las escaleras y alzó las cejas sorprendido en cuanto vio aparecer a Jason llevando a Valeria entre sus brazos.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Vladimir a Jason al mismo tiempo que abría la puerta trasera del todoterreno y le ayudaba a entrar cargando con Valeria.

–          Sí, está dormida. – Le respondió Jason en un susurro. – No quiero despertarla, no ha dormido nada los dos últimos días.

Sin dejar de sostener a Valeria entre los brazos, Jason se subió en los asientos traseros del todoterreno y Vladimir condujo rumbo a casa de Jason.

Confía en mí 9.

Confía en mí

Valeria estaba sentada a una de las mesas del bar del jardín junto a sus padres, Olivia y Mario, lidiando con su madre y sus preguntas. Paola quería saber qué se traía su hija con Jason Smith y Valeria estaba bastante reacia a hablar del tema. Pero Frank también quería saber más de aquella extraña relación, al fin y al cabo, era un padre preocupado por su hija pequeña.

–          Cielo, ese chico está pendiente de ti a cada momento y no he podido evitar fijarme en que anoche llegaste a la fiesta con él y esta mañana también. – Continuó hablando Paola.

–          ¿Has pasado la noche con él? – Preguntó Frank con reproche.

–          Papá, tengo veintiséis años. – Le recordó Valeria.

–          Da igual los años que cumplas, siempre serás mi niña pequeña. – Le replicó Frank.

–          Entonces, ¿estás con él? – Insistió de nuevo Paola.

–          No mamá, no estoy con él. – Zanjó el tema Valeria.

–          Cielo, no hace falta que me lo cuentes si no quieres, pero tampoco es necesario que nos mientas, no hay más que ver cómo te mira ese chico para saber que hay algo entre vosotros. – Concluyó Paola.

Valeria rodó los ojos, había olvidado lo que era tener que dar explicaciones de todo lo que hacía a sus padres. Todavía no había regresado a Sunbeach y ya se sentía como si tuviera quince años otra vez.

Cuando hubo acabado la reunión con Charles para darle el informe sobre los pequeños incidentes durante la fiesta, Jason se subió de nuevo a su coche y se dirigió al hotel en busca de Valeria. Le preguntó a la recepcionista por Valeria y se dirigió al jardín cuando le dijo que Valeria se encontraba allí con su familia. Le pareció ver a Valeria feliz y relajada con los suyos y sonrió al pensar en la buena noticia que Vladimir le había dado por teléfono. Jason se acercó a ellos mostrando su sonrisa más carismática, por alguna razón en la que no quería pensar, Jason quería causar buena impresión a la familia de Valeria.

–          Ahí viene Jason a buscarte, cielo. – Le anunció Paola a su hija.

–          Mamá, por favor. – Le advirtió Valeria.

Jason llegó hasta a ellos con una encantadora sonrisa en los labios y saludó a Mario y Olivia con alegría para posteriormente hacer lo mismo con el matrimonio Mancini. Paola le invitó a sentarse junto a ellos pero Valeria se puso en pie y dijo antes de que Jason contestara:

–          No podemos, mamá. Jason y yo ya tenemos planes y vosotros tenéis que salir ya hacia el aeropuerto si no queréis perder el avión.

–          Está bien, tendrá que ser en otra ocasión. – Se resignó Paola. Pero no satisfecha con eso, le dijo a Jason: – Podrías venir a cenar a casa con Valeria el próximo sábado.

Frank vio la cara de horror de su hija y decidió echarle una mano:

–          Paola, no pongas en un compromiso a los chicos, seguro que prefieren ir a cualquier otro lugar un sábado por la noche.

–          Lo cierto es que, si a Valeria no le importa, me encantaría acompañarla. – Intervino Jason dejándoles a todos sorprendidos, sobre todo a Valeria.

–          ¡Genial! – Exclamó Paola encantada. – Nos vemos el próximo sábado, ¿verdad, Valeria?

–          Eh, sí. – Balbuceó Valeria incrédula. – Supongo que sí.

Aturdida por lo que acababa de pasar, Valeria se despidió de sus padres, de Mario y de Olivia y les acompañó hasta el taxi que les llevaría al aeropuerto. Una vez el taxi desapareció de su vista, Valeria se volvió hacia a Jason y él, divertido, le preguntó:

–          ¿Qué planes tenemos?

–          De momento, ir a cenar a casa de mis padres el próximo sábado. – Le reprochó Valeria un poco molesta. – ¿Cómo se te ocurre? Mi madre piensa que estamos juntos y, mientras yo trataba de aclararle que estaba en un error, tú llegas y… En fin, ¿qué más da?

–          ¿Estás enfadada conmigo? – Le preguntó Jason sin comprender el motivo.

–          No. – Le aseguró Valeria tras meditarlo un instante. – Lo siento no pretendía…

–          No pasa nada. – La interrumpió Jason dedicándole una amplia sonrisa. – Tengo una buena noticia que darte.

–          ¿Cuál? – Preguntó Valeria impaciente.

–          Vamos al hotel y hablamos allí. – Sentenció Jason.

Vladimir le había confirmado a Jason que César Merino había entrado al país el lunes y que esta misma mañana lo había abandonado. Todavía existía algún que otro riesgo, ya que César Merino podría haber encargado a sus hombres que continuaran con el trabajo por él, pero también habían confirmado que las cámaras y los micrófonos habían sido instalados pero no los habían conectado, por lo que no habían podido obtener ninguna imagen ni ninguna conversación.

Valeria se contagió del buen humor de Jason y, sin hacer más preguntas, se subió al asiento del copiloto y sonrió mientras se dirigían al hotel donde Jason se alojaba.

Entraron en la suite y Jason se deshizo de la americana y la corbata mientras Valeria esperaba impaciente que se explicara hasta que no pudo más y le preguntó:

–          ¿No tenías una buena noticia que darme?

Jason se volvió hacia a ella y le sonrió de una manera tan sensual que Valeria tuvo que agarrarse al borde de la mesa del salón para no caerse al suelo cuando su cuerpo entero tembló. Jason se dio cuenta de lo que producía en ella y se acercó y le susurró al oído con la voz ronca:

–          No seas impaciente.

Valeria no supo descifrar si Jason había dejado caer aquella frase con doble sentido, pero tampoco le importaba, no estaba dispuesta a seguir esperando o acabaría volviéndose loca.

–          ¿Cuánto tiempo más voy a tener que esperar? – Le preguntó Valeria de morros.

Jason no pudo evitar soltar una carcajada al verla enfurruñada como una niña pequeña, al igual que tampoco pudo evitar pensar que Valeria estaba adorable e increíblemente sexy.

–          Vamos a sentarnos en el sofá. – Le dijo Jason a Valeria agarrándola de la mano. Esperó a estar sentados para empezar a decir: – En realidad, tengo dos buenas noticias pero, antes de dártelas, quiero que me prometas algo.

Valeria se fijó en los ojos de Jason, eran de un color gris claro. Intuyó que estaba preocupado, pero no furioso.

–          Tú dirás. – Lo animo a seguir hablando.

–          Quiero que me prometas que, hasta que todo esto se solucione del todo, dejarás que yo me encargue de tu seguridad y que seguirás mis recomendaciones. – Valeria frunció el ceño y Jason continuó hablando antes de que protestara: – No tienes que preocuparte de nada, tan solo déjalo en mis manos.

–          No quiero causarte más molestias, Jason.

–          No es ninguna molestia, lo hago porque quiero. – Musitó Jason con su tono de hombre de hielo. – Prométemelo, Valeria.

–          Está bien, te lo prometo. – Le prometió finalmente. – Dejaré que tú te encargues de todo este asunto y seguiré tus recomendaciones. Seré una buena chica. – Se mofó.

–          Recuerda que me has hecho una promesa. – Le dijo Jason molesto por el tono burlón de Valeria. – La primera buena noticia es que las cámaras y los micrófonos de tu apartamento acababan de ser instalados y todavía no estaban operativos, así que no han podido obtener ninguna imagen ni ninguna información. – Valeria sonrió y, contagiándose de su sonrisa, Jason continuó: – La otra buena noticia es que César Merino ha abandonado el país esta mañana.

Valeria se quedó helada. No le hacía falta conocer demasiado a César Merino para saber que jamás hubiera llegado a su apartamento únicamente para asustarla y amenazarla, era una advertencia y regresaría, estaba segura de ello.

–          Va a regresar, ¿verdad? – Quiso saber Valeria.

–          No lo sé, Valeria. – Le confesó Jason. Envolvió el rostro de ella con sus manos y, con un tono de voz suave y dulce, le susurró: – Voy a cuidar de ti, no dejaré que nadie te haga daño.

–          ¿Me lo prometes? – Le preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          Te lo prometo, Valeria. – Le aseguró Jason estrechándola entre sus brazos. La abrazó hasta que notó que estaba más tranquila y le dijo: – Valeria, sé que no es agradable hablar de ello, pero sabes que tarde o temprano tendrás que hacerlo, ¿verdad? – Valeria se tensó y Jason le susurró: – Tampoco hace falta que hablemos de ello ahora, pero tendremos que hacerlo.

–          ¿Puedo regresar a mi apartamento?

–          Valeria, sabemos que César Merino no está en el país, pero ha podido dejar a sus hombres aquí. – Le dijo Jason haciendo un esfuerzo por contener su furia. – Me has prometido que dejarías que me encargue de tu seguridad y seguirías mis recomendaciones. – Le recordó tratando de suavizar su tono de voz.

–          Entonces, ¿qué me recomiendas? – Preguntó Valeria con un hilo de voz al ver a Jason con la mandíbula apretada y sus ojos se tornaron de un tono gris oscuro.

–          No puedes quedarte sola en tu apartamento, no es seguro. – Le quitó la idea de la cabeza Jason. Pero Valeria le miró enfurruñada y finalmente se oyó decir – Si quieres podemos quedarnos en tu apartamento en vez de aquí. – Valeria sonrió y le abrazó feliz, no se esperaba que Jason le permitiera tan fácilmente regresar a su apartamento. – De acuerdo, esta noche dormiremos en tu apartamento. – La complació Jason. – Tienes que decirme cuándo tienes previsto mudarte a Sunbeach, tendremos que organizarnos para el traslado.

–          ¿Viajarás conmigo a Sunbeach?

–          Mi trabajo en Suncity ya ha acabado, mis agentes han regresado a Sunbeach y yo también lo haré en cuanto tú hayas arreglado todo lo de la mudanza.

Valeria asintió. Jason le había prometido que iba a cuidar de ella y lo estaba haciendo. Sus agentes había regresado a Sunbeach y él se había quedado en Suncity solo por Valeria.

–          Tengo que hablar con Vladimir, me está esperando en su habitación. – Le anunció Jason a Valeria. – Tardaré cinco minutos, recoge tus cosas mientras tanto, nos marcharemos cuanto antes.

Jason dejó a Valeria en su suite recogiendo las escasas pertenencias que había cogido de su apartamento la noche anterior y se dirigió a la suite de al lado, donde Vladimir le esperaba. Llamó a su puerta y Vladimir abrió y le dejó pasar. Ambos intercambiaron una intensa mirada, Jason se había saltado todas las normas de su propia agencia, pero Vladimir no dijo nada.

–          Me quedaré con Valeria un par de días más, hasta que solucione todo lo que tiene pendiente aquí. – Le informó Jason. – Quiero que regreses a la agencia y averigües todo lo que puedas sobre César Merino y Luke Benson pero sin llamar la atención, quiero la máxima discreción con este asunto. – Vladimir asintió y Jason añadió: – Yo me ocuparé de la organización del equipo de seguridad para las vacaciones de los Duques de Sunbeach, puedo trabajar desde mi portátil.

–          No te preocupes por la agencia, yo me ocuparé del resto. – Le aseguró Vladimir, que sabía que Jason sentía algo especial por esa chica y estaba preocupado por ella, nunca lo había visto así. – ¿Cómo está ella?

Jason apretó los puños al recordar lo que Valeria les había confesado esta mañana, no sabía nada de ese secuestro y Valeria tampoco parecía querer hablar de ello, pero iba a tener que hacerlo.

–          Está más tranquila, pero creo que voy a volverme loco. – Le contestó Jason. – No quiere hablar y yo tampoco quiero presionarla, no quiero ponérselo más difícil.

–          Dale una tregua y recuerda que ella no es uno de tus agentes, no puedes darle órdenes y esperar que las cumpla sin hacer preguntas. – Le aconsejó Vladimir. – ¿Qué vas a hacer con ella cuando regreses a Sunbeach?

–          No lo sé, me ha prometido que dejaría que yo me ocupara de su seguridad, pero no me lo va a poner fácil.

–          La chica tiene carácter. – Se mofó Vladimir.

Jason se despidió de Vladimir, que regresaba a Sunbeach, y él se dirigió de nuevo a su suite, donde Valeria le esperaba. Ambos terminaron de recoger todas sus cosas de la suite y se dirigieron al apartamento de Valeria en el coche de Valeria.

Nada más llegar al apartamento, Valeria le enseñó a Jason la habitación de invitados y le dijo que se instalara mientras ella ponía un poco de orden en el apartamento. Las cajas con todas sus cosas invadían el hall, el pasillo y buena parte del salón, pero aún quedaban cosas por empaquetar antes de marcharse a Sunbeach.

Jason se instaló en la habitación de invitados y se dio una ducha mientras Valeria continuaba empaquetando cosas, aunque ya casi lo tenía todo listo.

–          Prepararé algo de comer con lo que encuentre en la cocina. – Le dijo Jason asomándose por el umbral de la puerta de la habitación de Valeria.

–          ¿Vas a preparar la comida? – Le preguntó Valeria sin poder ocultar un tono burlón en su voz.

–          Sí, se me da muy bien cocinar. – Le respondió Jason divertido, por fin la veía sonreír desinhibida. – ¿Confías en mí?

–          Sí, confío en ti. – Le confirmó Valeria mirándole a los ojos, que en ese momento eran de un azul intenso que hipnotizaban.

–          Entonces, déjalo en mis manos. – Concluyó Jason.

–          De acuerdo, termino de empaquetar la última caja, me doy una ducha y te ayudo, no tardaré mucho.

Valeria terminó de empaquetar la caja, hizo una pequeña maleta con ropa para tres días, se dio una ducha y se reunió con Jason en la cocina, donde no pudo evitar sonreír al verlo cocinando con tanta destreza. Jason estaba preparando unos macarrones a la boloñesa, Valeria lo adivinó por el delicioso aroma que desprendían.

–          Qué bien huele. – Le dijo a Jason.

–          Siéntate, ya casi está lista la comida. – Le dijo Jason haciéndole un gesto a Valeria para que se sentara a la mesa de la cocina.

–          Voy a coger una botella de vino que hace años que guardo para una ocasión especial y que, a día de hoy, sigue estando en el botellero. – Valeria cogió la botella de vino y sirvió un par de copas antes de sentarse.

Jason apartó la olla del fuego y sirvió los macarrones en dos platos que llevó a la mesa donde Valeria le esperaba sentada y le miraba sonriendo.

Comieron prácticamente en silencio, Jason no le quitaba el ojo de encima a Valeria y ella empezaba a ponerse nerviosa.

Después de comer, Jason la vio bostezar y, preocupado por ella, le dijo:

–          Tienes que descansar, anoche apenas dormiste.

–          Si duermo ahora esta noche no dormiré. – Se excusó Valeria encogiéndose de hombros.

–          ¿Quieres que hablemos? – Le preguntó Jason pero al ver el pánico en los ojos de Valeria añadió: – Necesito saber cuándo vendrá el camión para la mudanza y cuándo quieres ir a la editorial, me dijiste que querías pasar por allí para despedirte.

–          El camión de la mudanza llega mañana a las nueve de la mañana y tenía pensado pasar por la editorial en cuanto se llevaran todas mis cosas. – Le respondió Valeria. – Debería reservar los billetes de avión para regresar a Sunbeach.

–          Yo me encargo de todo, no tienes nada de lo que preocuparte. – Le susurró Jason agarrándola de la mano y llevándola al salón, donde hizo que se sentara junto a él. – Y también tenemos que hablar de tu regreso a Sunbeach, ¿dónde te vas a instalar?

–          Me instalaré con Olivia en su apartamento hasta que encuentre una casa dónde vivir, ni siquiera he empezado a buscar vivienda, todo ha sido tan repentino. – Le contestó Valeria pero, al ver su ceño fruncido y sus ojos grises, le preguntó preocupada: – ¿Hay algún problema con eso?

–          Tendremos que organizarnos, no puedes ir sola por ahí. – Fue la respuesta de Jason.

Valeria no hizo más preguntas, no quiso saber nada más. Le había prometido a Jason que dejaría que él se ocupara de su seguridad y ella siempre cumplía sus promesas.

Se acomodaron en el sofá a ver la televisión y Valeria acabó quedándose dormida. Jason la cogió en brazos y la llevó a su habitación, donde la depositó con cuidado sobre la cama y le echó una manta por encima. Eran las siete de la tarde, pero Valeria necesitaba descansar y Jason no quiso despertarla.