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Caprichos del destino 12.

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Después de haberme pasado la noche llorando en el sofá del salón de casa de Raúl, con él consolándome pacientemente y abrazándome para intentar hacerme sentir mejor, de pasar la mañana durmiendo sin saber cómo he llegado hasta la cama, Raúl entra en la habitación de invitados y se sienta a los pies de la cama.

–  Buenos días, bruja. ¿Has podido dormir algo?

–  Sí, aunque no sé cómo he llegado hasta a aquí. – Respondo incorporándome.

–  Después de llorar hasta inundarme el salón, te quedaste dormida y te traje a la cama. – Hace una pausa y me mira nervioso, lo que va a decir no me va a gustar: – Tu móvil no ha dejado de sonar en toda la mañana y he contestado al ver que era Jason.

–  No le habrás dicho…

–  Tranquila, solo le he dicho que ayer salimos a tomar unas copas y que te quedaste a dormir. – Me tranquiliza. – Le he dicho que estabas durmiendo y me ha pedido que te diga que le llames, está preocupado por ti.

–  Tiene gracia, toda la vida creyendo que el amor no existe y cuando lo encuentro tengo que dejarlo escapar. – Protesto con ironía. – ¿Por qué todo me tiene que salir mal?

–  La carrera está a punto de empezar, ¿quieres que la veamos juntos?

A pesar de ser las dos de la tarde, Raúl y yo desayunamos en el sofá mientras vemos la carrera. Tras una intensa carrera, Jason queda primero, Marcos segundo y Wolf tercero. Ni Raúl ni yo lo celebramos como de costumbre, ambos sonreímos forzadamente.

Veinte minutos después de acabar la carrera y después de la obligatoria rueda de prensa, mi móvil empieza a sonar de nuevo y sé que se trata de Jason. Raúl me acerca el móvil y me dice antes de desaparecer:

–  Voy a darme una ducha, no seas dura con él, es otra víctima.

Asiento con la cabeza y contesto sin saber muy bien qué decir cuando escucho la voz de Jason:

–  ¿Sara? ¿Eres tú?

–  Hola.

–  Cariño, me tenías preocupado, ¿estás bien?

–  Sí, más o menos.

–  ¿Más o menos? – Lo escucho respirar sonoramente antes de añadir: – ¿Qué pasa?

–  ¿Cuándo regresas?

–  Le he pedido a Ana que me reserve el primer vuelo que haya a Barcelona.

–  Hablaremos cuando regreses.

–  Sara, dime qué está pasando.

–  No, por teléfono no. – Digo con un hilo de voz.

–  De acuerdo, iré directamente a tu casa en cuanto baje del avión. – Me responde con toda la paciencia del mundo.

–  Estaré en casa de Raúl, ¿puedes ir directamente a su casa?

–  ¿En casa de Raúl? ¿Es que vas a quedarte esta noche también en su casa? – Me pregunta molesto.

–  Jason, no quiero hablar de esto por teléfono, por favor. – Le ruego. – Mándame un mensaje cuando sepas a qué hora llegarás.

–  Está bien, cómo quieras. – Me contesta furioso antes de colgar.

Raúl tiene razón, tengo que decirle la verdad, pero no quiero hacerlo por teléfono, tendré que esperar a que esté aquí para aclararle todo y a partir de ahí ya será decisión suya si quiere irse o quedarse.

Una hora después de colgar, recibo su mensaje: “Mi avión aterriza a las 21:10, iré directo a casa de Raúl.” Y ya está, nada más.

A las diez de la noche suena el timbre de la puerta y salgo de la ducha rápidamente, consciente de que es Jason, me envuelvo en una toalla y salgo del baño para ir en su busca. Llego al hall y Raúl ya ha abierto la puerta y está invitando a pasar a Jason, que lo saluda con un leve gesto de cabeza. Pasamos al salón y Raúl, sin esforzarse en ocultar sus palabras de Jason, me dice antes de besarme en la frente y desaparecer:

–  Si necesitas algo, estaré en mi habitación.

–  ¿De qué va todo esto, Sara? – Me espeta Jason en cuanto se asegura de que Raúl no puede oírlo.

–  Por favor, siéntate y lo hablamos con calma. – Le propongo.

–  ¿Hablar con calma? – Me grita. – Intento contactar contigo desde ayer y me ha sido imposible, cuando logro que me respondas en tu móvil resulta que es Raúl diciéndome que anoche salisteis de fiesta y que te has quedado a dormir en su casa. Son las diez de la noche y sigues en su casa y, a juzgar por tu vestimenta, veo que te sientes muy cómoda con él.

–  ¿Qué insinúas? – Le espeto furiosa.

–  Dímelo tú. ¿Te lo estás tirando? ¿Te has cansado de esperar mientras yo estoy fuera y por eso decides divertirte con él?

–  No puedo creer lo que me estás diciendo…

–  ¡Ni yo tampoco puedo creer que me hayas engañado como a un niño! Ahora doy gracias por no tener hijos contigo y tú también deberías dar gracias por eso porque si los tuviéramos te aseguro que te los quitaría y no dejaría que los vieses nunca.

–  Jason… – El llanto no me deja continuar y Jason me interrumpe:

–  Déjalo, no quiero tus explicaciones. – Me dice caminando hacia a la puerta para decirme antes de marcharse dando un portazo: – No quiero saber nada más de ti, Sara.

Raúl ha salido de su habitación tras escuchar el tremendo portazo que ha dado Jason. Se queda a dos metros frente a mí y me mira esperando una explicación de lo que ha ocurrido, pero solo soy capaz de echarme a llorar y correr a sus brazos. Raúl me envuelve con sus brazos mientras me susurra al oído:

–  Tranquila, cielo. Nos vamos a sentar en el sofá, te vas a tranquilizar y, cuando estés preparada, me cuentas qué ha pasado.

Tras otra noche de llantos, lamentos y de insomnio, consigo quedarme dormida al amanecer.

A las once de la mañana, Raúl me despierta:

–  Sara, Víctor está aquí con su jefe y con el tuyo. Al parecer ya estaban al corriente de lo que ocurría, pero les faltan pruebas para demostrarlo y tú las tienes. Vístete y sal al comedor, yo voy a prepararte un café. Respecto a lo de Jason…

–  Lo de Jason es mejor dejarlo como está, si sigue creyendo que estamos juntos no vendrá a buscarme y estará fuera de peligro.

Raúl abre la boca para contradecirme pero le fulmino con la mirada y decide no decir nada. Diez minutos después entro en el salón y me encuentro a Raúl, Víctor, un tipo al que no conozco y al director de la penitenciaria con sus dos guardaespaldas oficiales.

–  Señorita Moreno, ¿se encuentra bien? – Me pregunta Ernesto Vallejo, el director de la penitenciaria y mi jefe. Asiento con la cabeza y le estrecho la mano mientras él continua hablando. – No puedo creer que usted sola haya conseguido en unos meses la información y las pruebas que nosotros llevamos buscando desde hace un año y medio. – Señala al tipo que no conozco y hace las presentaciones. – Señorita Moreno, le presento al señor Agustín Domínguez, el director general de los Mossos d’Esquadra.

–  Encantado de conocerla, señorita Moreno. – Me dice el jefe de los Mossos. – Su amigo Víctor nos ha puesto al corriente de lo ocurrido y nos ha mostrado toda la información que usted ha recopilado.

–  En realidad, no toda la información la obtuve yo. Contraté a un detective privado y él fue quién me informó sobre la libertad de los presos involucrados. – Les aclaro.

–  Vamos a organizar una redada, con las pruebas que has conseguido podemos solicitar una orden al juez para entrar en todas las propiedades del juez Castro y el fiscal Espinosa y así poder encontrar las pruebas suficientes para ser condenados por corrupción, fraude y algunas otras cosas más. – Me dice el jefe de los Mossos. – Hasta que eso ocurra, queremos mantenerla protegida, por lo que, tras hablar con sus amigos, hemos decidido que lo mejor es que usted se quede aquí para estar segura mientras nosotros tratamos de detenerlos. Habrá dos agentes en casa y otros dos agentes que la acompañaran a donde quiera que vaya, aunque le recomendamos que no salga mucho y evite los sitios a los que suele ir.

Tras recibir las indicaciones oportunas y presentarme a los cuatro agentes que se van a encargar de mi seguridad, mi jefe y Agustín Domínguez se marchan con la promesa de mantenerme informada en todo momento.

Apago mi teléfono móvil con la intención de no hablar con nadie. Víctor me ha tranquilizado diciendo que le han puesto dos agentes a mi padre sin que él mismo lo sepa para evitar dar explicaciones y también han informado al equipo de Jason y Marcos para que refuercen la seguridad, aunque no les han informado del motivo. Al menos sé que ahora estará seguro.

Caprichos del destino 11.

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Después del Gran Premio de Alemania y Hungría, Jason tiene tres semanas de vacaciones que decidimos pasar juntos. Tras pasar diez días en una cabaña frente a una playa paradisiaca y totalmente desierta, fuimos a Londres para pasar unos días con su familia. Helena es una mujer encantadora, dulce y amable. James es más callado, pero igual de amable y encantador que su mujer. Kate tiene esa espontaneidad y esa alegría de la juventud, siempre va de un lado a otro llena de energía y con una sonrisa en los labios. Kevin no se parece en nada a Jason, es extrovertido, habla por los codos y siempre trata de ligar conmigo, aunque solo sea para fastidiar a Jason, pero sigue siendo un tipo encantador. Tengo que reconocer que Jason tenía razón, su familia se ha portado genial conmigo, como si yo fuera una más de la familia Muller.

Tras pasar unas maravillosas vacaciones tengo que regresar a Barcelona y seguir con mi trabajo. El ambiente se ha vuelto un poco hostil en la penitenciaria. El juez y el fiscal a los que estoy investigando a través de un detective privado me han citado hoy en una cafetería para informarme de cómo está el asunto. Me ha dicho que tenía que decirme algo muy importante y me ha pedido que no comente nada con nadie hasta haber hablado con él primero. Ni mi familia ni mis amigos saben nada al respecto, ni siquiera le ha dicho nada a Jason, que no deja de preguntarme qué me pasa desde que regresamos de vacaciones, a lo que yo me limito a contestar que todo va bien. Por suerte, Jason está en Italia y no voy a tener que inventarme ninguna excusa para encontrarme con el detective.

Cuando llego a la cafetería el detective Heredia ya está sentado a una mesa esperándome. Lo saludo con un firme apretón de manos y me siento frente a él.

–  Buenas tardes, señorita Moreno. – Empieza a decir. – He investigado todo lo que usted me pidió y, antes de continuar, debo advertirle que todo esto va más allá de dónde sospechábamos y, en mi opinión, debería facilitar toda esta información a la policía y dejar que ellos se encarguen de todo. – Hace una pausa para abrir un dossier y continúa hablando: – Por lo que he podido verificar, el juez Castro y el fiscal Espinosa están otorgando la libertad condicional a presos pertenecientes a bandas colombianas. Incluso le he traído fotografías e informes que demuestran todas las actividades que estos dos individuos llevan a cabo, la gran mayoría ilegales. – Me entrega un sobre con fotografías y el dossier con todos los informes y, antes de marcharse, añade en forma de consejo: – Estos tipos tienen amigos por todas partes, si de verdad quiere que acaben entre rejas tendrá que asegurarse que el policía a quien le va a contar todo no esté involucrado, de lo contrario, estará poniendo en peligro su vida y la de los que la rodean.

–  Gracias, inspector Heredia. – Le agradezco al mismo tiempo que me guardo en el bolso toda la documentación que me ha facilitado. – Tendré en cuenta su consejo y espero que todo salga bien.

De camino a casa no puedo dejar de darle vueltas al tema. Puedo decírselo a Diego y a David, confío en ellos y estoy segura de que me ayudarían pero, ¿qué puede hacer la policía local de Sitges en un caso de corrupción judicial? Nada. Solo los pondría en peligro. También puedo llamar a Víctor, aunque eso supondría que Esther se enterara y tendría que aguantar el sermón, las lamentaciones y puede que algún insulto que otro relacionados con mi estado de salud mental. Buf. Creo que lo mejor es darme un baño y aclarar un poco las ideas.

Introduzco la llave en la cerradura de mi piso pero de pronto alguien abre la puerta desde adentro. Estoy a punto de sonreír creyendo que es Jason pero la sonrisa se me esfuma de la cara en cuanto me percato que Jason mañana tiene el gran premio de Italia y es imposible que esté en mi piso. No me da tiempo a pensar en nada más. De repente, me encuentro con el cañón de una pistola frente a mis ojos. Solo puedo levantar la vista para ver quién es mi agresor y me quedo horrorizada al descubrir que la persona que tengo delante es Nelson Figueroa, uno de los presos colombianos al que le han concedido la condicional.

–  Es una gringa muy bella, no me extraña nada que tenga un novio que corre en carros de Fórmula 1, aunque supongo que eso también debe suponer un problema teniendo en cuenta lo poco que se podrán ver ustedes. – Me dice con su acento colombiano y con un brillo oscuro en los ojos. – No se preocupe, niñita. Todo va a salir bien siempre y cuando usted mantenga esa bocota cerrada. Nada me gustaría menos que tener que deshacerme de alguien tan bella como usted.

Repulsión es poco comparado con lo que siento en este momento. Solo de pensar que Figueroa podría tocarme con sus sucias manos me pone la piel de gallina. ¿A qué me creía que estaba jugando? ¿Cómo se me ocurre ponerme a investigar semejante cosa sin informar a la policía ni a nadie? Si este hombre me matara y escondiera mi cadáver nadie tendría la menor idea de dónde encontrarme ni a quién culpar.

–  No se asuste, princesa. – Continúa hablando Figueroa. – Estoy aquí solo para advertirle que deje de jugar a los detectives. Si descubro que no se toma en serio mi advertencia, tendré que encargarme personalmente de usted y, cómo le he dicho, nada me gustaría menos.

Dicho esto y con una sonrisa maliciosa en los labios, Nelson Figueroa desaparece por la puerta como si acabara de venir a saludarme mientras yo me dejo caer en el sofá y lloro como una niña. Cuando soy capaz de serenarme un poco, llamo a Víctor y, entre llantos y gemidos, le pido que venga a casa.

Veinte minutos más tarde, Víctor y Esther aparecen por casa junto a Raúl, que estaba con ellos y al enterarse de mi llamada desesperada también ha venido. Les explico todo lo que he averiguado en estos últimos meses mientras ellos me prestan toda su atención. Contesto a todas y cada una de las preguntas que me hace Víctor y, tras analizar lo sucedido, Víctor decide que lo mejor es llevar el asunto con discreción mientras él hace algunas averiguaciones ya que cree que es posible que también hayan policías involucrados en todo esto.

Por el momento, Víctor se encarga de imponer sus normas de seguridad:

–  Es evidente que aquí no te puedes quedar, te quedarás con nosotros en casa. Y, respecto al trabajo, ¿te quedan días de vacaciones? Podrías coger unos días libres. Otra cosa más, si sales a la calle tienes que hacerlo acompañada.

–  Puedes quedarte en casa conmigo, yo estoy de vacaciones y puedo hacerte compañía, al menos mientras tu piloto esté en las carreras. – Me propone Raúl.

–  Jason. – Balbuceo al acordarme de la amenaza de Nelson Figueroa. – Regresará mañana por la noche, tengo que hacer algo para alejarlo, no puedo ponerle en riesgo.

–  Y, ¿qué piensas hacer? ¿Dejarlo? – Me increpa Esther con una sonrisa nerviosa.

–  Es una opción. – Apunto. – Puedo decirle que necesito tiempo o espacio y, cuando todo se solucione, si es que se soluciona, le puedo explicar lo que ha pasado y a lo mejor incluso hasta me perdona. – Mi voz se ha ido debilitando a medida que salían las palabras de mi boca.

–  Yo optaría por decirle la verdad. – Me sugiere Raúl.

–  Entonces se quedaría aquí, en peligro. – No puedo aguantar más y vuelvo a llorar.

Mientras Esther me prepara una maleta en mi habitación, Víctor me prepara una tila en la cocina y Raúl se dedica a abrazarme y consolarme en el sofá del salón.

Antes de salir de mi apartamento, les hago prometer que no le van a decir nada de lo que ha pasado a nadie y, aunque a regañadientes, todos lo prometen.

Caprichos del destino 10.

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Los meses han ido pasando y mi relación con Jason se ha ido haciendo más seria y formal. En el Gran Premio de España, fuimos todos a Montmeló para ver la carrera, incluso vino mi padre. No sé cómo lo habrá hecho, pero Jason ha conseguido ganarse la amistad de mi padre, cosa nada fácil teniendo en cuenta que es el hombre que se acuesta con su hija…

Ahora estoy en Inglaterra, en una habitación de un lujoso hotel con Jason, que se prepara para la carrera de mañana en Silverstone. Aunque yo estoy más nerviosa que él. Se ha empeñado en que viniera para presentarme a su familia, lo que incluye a sus padres, a su hermano y a su hermana. Camino hasta el enorme ventanal de la habitación y me quedo mirando la vida nocturna de la ciudad.

–  Cielo, ¿quieres contarme por qué no dejas de dar vueltas por la habitación? – Me pregunta Jason con una voz suave pero sin poder evitar un tono de irritabilidad. – Creo que soy yo el que debería estar nervioso y no tú. ¿Qué te ocurre?

¿Qué me ocurre? Nada. ¡Solo que mañana voy a conocer a toda tu familia! Me hubiera gustado gritarle. Por si fuera poco, también está el tema de mi trabajo, que he tenido que contratar a un detective privado para que investigue sobre el tema de las condicionales.

–  Estoy un poco nerviosa porque voy a conocer a tu familia. – Le respondo con sinceridad, aunque no sea eso lo único que me preocupa.

–  No tienes que estar nerviosa, les vas a encantar. – Me dice sonriendo al tiempo que se levanta y se coloca detrás de mí para rodearme la cintura con sus brazos y abrazarme. – ¿Hay algo que pueda hacer para calmar esos nervios?

Su sugerente pregunta solo tiene una única respuesta, la cual le hago llegar con un pequeño gemido que él entiende a la perfección.

Tras una tórrida noche en el hotel, Jason se levanta temprano y se dirige hacia el circuito, donde debe empezar a prepararse para la carrera. Dos horas antes de la carrera, Ana y yo llegamos al “hospitallity” habilitado para el equipo de King Race para el que corren Jason y Marcos. Saludo a los técnicos e ingenieros a los cuales ya conocí en Montmeló y bromean sobre lo positiva que está siendo mi relación con Jason, puesto que en estas últimas carreras se ha puesto primero con 154 puntos, seguido de Wolf con 144 y en tercer lugar Marcos con 108. Jason se acerca en cuanto me ve llegar y me da un beso en los labios para después susurrarme al oído:

–  Cariño, mi familia está aquí y quiere conocerte. – Hace una pausa para darme otro beso en los labios y añade: –  Ven, te los voy a presentar.

Me coge de la mano y me arrastra frente a un reducido grupo de personas que se abren en abanico al verme llegar de la mano de Jason. Todos nos miran y sonríen con aprobación, al menos eso es lo que a mí me parece. Una mujer de pelo castaño y ojos verdes, de unos cincuenta años de edad, quien supongo que es la madre de Jason, es la primera en saludarme con dos besos en la mejilla:

–  Por fin te conocemos en persona, Sara. Yo soy Helena, la madre de Jason. – Me dice en un perfecto español. Señala al hombre que está a su lado y añade: – Este es mi marido, James. – Señala a una chica de mi edad y a un chico un par de años mayor que yo y continúa hablando: – Y ellos son mis hijos, Kate y Kevin.

–  Encantada de conocerles. – Les digo con una tímida sonrisa.

El primero en saludarme es Kevin, que se adelanta a su hermana Kate y, tras pasarme la mano por la cintura, me besa en la mejilla mientras me sonríe pícaramente y me dice:

–  Ahora entiendo porque mi hermano te tiene tan escondida, eres un verdadero bombón.

Me ruborizo al instante, pero Jason intercede arrancándome de los brazos de su hermano y con un tono de voz imperativo le advierte:

–  Te quiero a un mínimo de diez metros de ella.

–  Chicos, chicos. – Les regaña su padre. – ¿Qué va a pensar Sara de nosotros? – Se vuelve hacia a mí y me saluda con un leve beso en la mejilla mientras me dice: – No les hagas ni caso, estos dos se pasan la vida discutiendo, yo creo que es su peculiar forma de demostrarse afecto.

–  Tranquila, al final te acabarás acostumbrando. – Me dice Kate divertida al tiempo que se acerca y también me saluda con un beso en la mejilla. – No obstante, si empiezan a desquiciarte, solo tienes que avisarme y ya me encargaré yo de ellos.

–  Gracias, lo tendré en cuenta. – Le respondo sonriendo.

Ana y Marcos se acercan a saludar a la familia de Jason y observo como se besan y se abrazan con total familiaridad, si no los conociera y los viera en la calle hubiese creído que eran todos una familia. De hecho, aunque no fuera de sangre, eran todos una gran familia.

–  Cariño, ¿estás bien? – Me susurra Jason al oído. – Estás muy callada y pareces preocupada. – Hace una pausa para besarme y añade: – Mi familia te adora, no tienes de qué preocuparte. – Uno de los técnicos llama a Jason y Marcos para que regresen y Jason se despide de mí con otro beso en los labios para después decirme: – Tengo que irme, nena. No hagas planes con nadie para esta noche, te quiero para mí solo.

Allí vimos todos juntos la carrera. Wolf salía primero, seguido de Jason y de Marcos respectivamente. Las primeras vueltas fueron difíciles, dos coches chocaron y tuvo que intervenir el coche de seguridad. Apenas habían llegado a la vuelta veinticinco cuando otro accidente se produjo viéndose implicados cuatro coches, por lo que ya habían abandonado seis coches la carrera. El coche de seguridad tuvo que volver a salir, así que las vueltas pasaban y con ellas las oportunidades para que Jason pudiera adelantar a Wolf. Cuando por fin el coche de seguridad se retiró, Jason fue a por todas. Finalmente y tras un duro enfrentamiento con Wolf que no le dejaba espacio, pudo adelantarlo. Pero el alemán no se amilanaba y seguía a Jason muy de cerca, incluso sus coches llegaron a chocarse en una de las curvas en las que Wolf se salió de pista, lo que le hizo perder un par de segundos respecto a Jason y perdió su posición porque Marcos aprovechó la oportunidad para adelantarle. La carrera terminó con Jason primero, Marcos segundo y Wolf tercero, lo que suponía que Jason permanecía primero en la clasificación del campeonato con 179 puntos, seguido por Wolf con 159 puntos y Marcos con 126 puntos. Sin duda alguna, no podría haber un resultado mejor, bueno sí, que Wolf no hubiera puntuado, pero tampoco es cuestión de pedir milagros. Tras subir al podio, recibir los trofeos y rociarse con champagne, Jason ha bajado y ha venido hacia donde estábamos nosotros seguido de Marcos. Tras cogerme en brazos y abrazarme, me besa con uno de esos besos de película delante de todo el mundo (incluida su familia y medio mundo que esté en su casa viendo la Fórmula 1). Al ver su sonrisa maliciosa, no tengo duda alguna del motivo por el que lo ha hecho pero aun así, Jason decide susurrármelo al oído para dejarlo claro.

–  Así todo el mundo tendrá claro que eres mi chica, incluido el idiota de tu ex.

Y es que la semana pasada Alberto se presentó en mi casa con la mala suerte de que fue Jason quién fue a abrir la puerta. Ni qué decir tiene que Jason se puso furioso y las palabras que salieron de la boca de ambos no las voy a repetir porque no fue nada agradable de oír, pero gracias a eso no he vuelto a recibir ni una llamada de Alberto, ha dejado de enviarme flores a todas partes y vivo mucho más tranquila.

–  Chicos, esta noche cenamos juntos, tenemos algo importante que deciros. – Nos anuncia Marcos de la mano de Ana. – A las nueve en el restaurante del hotel.

–  Espero que sea algo realmente importante, ya teníamos planes para esta noche. – Replica Jason.

–  Ya me imagino qué clase de planes tenéis. – Dice Marcos divertido. – Tranquilos, después de la cena os dejaremos que os vayáis a vuestra habitación.

Después de la rueda de prensa, de regresar al hotel, comer y echar una pequeña siesta, aparecemos en el restaurante del hotel a las nueve en punto. Ana y Marcos ya están esperándonos en una mesa para cuatro. Nos sentamos junto a ellos a cenar y, cuándo ya nos están sirviendo el café, Jason no puede más:

–  ¿Pensáis decirnos eso tan importante o vamos a tener que suplicar?

–  Me gustaría verte suplicar a ti. – Se mofa Marcos.

–  Cariño, díselo. – Le dice Ana a Marcos con una tierna sonrisa.

–  Estáis empezando a asustarme, ¿qué pasa? – Les pregunta Jason preocupado.

–  Amigo, estás frente a unos futuros padres. – Nos dice Marcos con orgullo.

–  ¡Enhorabuena! – Les felicitamos Jason y yo al unísono.

Tras un montón de felicitaciones y abrazos, me quedo mirando a Marcos y Ana. Sus rostros emanan felicidad por todas partes, sus miradas reflejan el amor y el cariño que se tienen y que estoy segura le transmitirán a ese bebé.

–  Cariño, te has quedado muy callada. – Me susurra Jason. – ¿Te gusta la idea de ser mamá?

–  Si te soy sincera, nunca me lo había planteado. – Le respondo. – Pero sin duda alguna me lo plantearía si estuviese en su lugar, se les ve tan felices.

–  Bueno, eso ya es algo.

–  ¿Algo de qué? – Pregunto.

–  Bueno, yo estaba pensando en ir practicando la manera de hacer un bebé para cuando quieras tenerlo. – Su contestación, aunque medio en broma, denota algo de verdad en lo que dice.

–  ¿Estás hablando de tener hijos conmigo? – No puedo evitar que mi voz suene temerosa.

–  Tranquila cariño, no quiero que vayas a salir corriendo. – Me dice burlonamente al ver la expresión de terror en mi rostro. – Sé que es pronto, pero no he podido evitar pensar en nosotros con un bebé. ¿Crees que podría llegar a ser el padre de tus hijos?

–  Si algún día tengo hijos, no me cabe la menor duda que será contigo. – Le respondo sonriendo.

–  Me alegra oír eso. – Me responde con una amplia sonrisa.

Caprichos del destino 9.

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Jason se quedó en Barcelona hasta el 4 de enero, que regresó a Londres para pasar la víspera y el día de reyes con su familia. El día 7 de enero volvió a Barcelona, esta vez con gran parte de sus pertenencias, pues ha comprado una casa en la misma urbanización lujosa dónde Ana y Marcos tienen su preciosa casa. Lo primero que hizo fue enseñarme su nueva casa, todavía por amueblar, y después me llevó a comprar un coche, el BMW 118 de color negro, el cual se empeñó en comprar alegando que era su regalo de Navidad para mí.

Jason se queda en Barcelona hasta principios de febrero, que empieza la pretemporada y él y Marcos viajan a Londres. Ana se queda en casa, por primera vez en siete años decide no acompañar a Marcos en la pretemporada. Los chicos vuelan de vuelta a Barcelona todos los fines de semana, hasta mediados de marzo que empieza la temporada. Ana acompaña a su marido pero yo no puedo acompañar a Jason, tengo trabajo del que ocuparme, sobre todo desde que Alicia dimitió el pasado mes de febrero cuando encontró trabajo de lo suyo en un colegio como pedagoga.

Jason y yo hablamos todos los días por teléfono y viene a Barcelona cada vez que tiene un par de días libres, lo cual no ocurre muy a menudo, solo un par de veces al mes.

Aitor y Alicia han seguido viéndose desde la noche de fin de año y su relación parece haberse vuelto más seria de lo que todos esperábamos, lo cual nos alegra.

Como tengo que ponerme al día en el trabajo ya que aún no me han puesto a otra ayudante y creo que tampoco tienen intención de hacerlo, aprovecho y adelanto trabajo. Reviso los informes de los presos a los que se les ha concedido la condicional en los últimos meses y los archivo. Todo va bien hasta que me encuentro con el expediente de Nelson Figueroa, un preso con una condena superior a 20 años de los cuales no ha cumplido ni 6 meses y a quien le han concedido la libertad condicional pese a la existencia de informes por mala conducta en su expediente. Lo aparto para llevármelo a casa y leerlo completamente mientras sigo revisando informes. Al final del día he apartado diez expedientes idénticos al de Nelson Figueroa, y eso que no he terminado de revisar ni la mitad de ellos.

Cuando llego a casa me doy un baño, pido comida china a domicilio y me acomodo en el sofá para revisar los informes. Los diez expedientes tienen las mismas características: presos de nacionalidad colombiana detenidos en España por homicidios premeditados, con condenas superiores a 20 años de los cuales el que más tiempo ha cumplido es Nelson Figueroa y solo ha estado seis meses en prisión. Una banda de sicarios colombianos, asesinos a sueldo, a los que le conceden la condicional por supuesto buen comportamiento a pesar de que no hay aportado ningún informe al respecto en el expediente. Reviso la firma del fiscal y el juez que han llevado los casos y en todos los expedientes aparecen las mismas firmas: el juez Castro y el fiscal Jorge Espinosa. Está claro que esos dos tienen algo entre manos y pienso averiguarlo.

Al día siguiente termino de revisar y archivar expedientes y me encuentro con otros dieciocho casos con las mismas irregularidades, todos firmados por el mismo juez y el mismo fiscal. Entro en la base de datos desde mi despacho y reviso todos los expedientes archivados en los que han coincidido Castro y Espinosa y los copio a un pendrive para llevármelo a casa. Voy a tener que investigar que tienen en común esos veintiocho presos, el juez y el fiscal.

Tras pasar toda la semana revisando minuciosamente todos los expedientes, llego a la conclusión de que el juez Castro y el fiscal Espinosa son dos funcionarios corruptos, pero necesito poder demostrarlo antes de acusarlos, de lo contrario nadie me escuchará y la perjudicada seré yo.

El domingo 21 de abril, quedamos todos en mi casa para ver la carrera del Gran Premio de Bahréin y todos queremos ver a Jason y a Marcos. Es la cuarta carrera de la temporada y Bjorn Wolf va en primer lugar en la clasificación para el mundial con 75 puntos, seguido de Jason que va segundo con 54 puntos y Marcos tercero con 45 puntos. Los tres han subido al podio en las tres carreras, Wolf ha quedado primero en las tres, Jason segundo y Marcos tercero.

Durante la carrera todos gritamos y nos emocionamos en cada vuelta en la que Jason intenta adelantar a Wolf y cuando lo consigue todos nos levantamos de nuestros asientos y saltamos eufóricos. La carrera termina con Jason primero, Wolf segundo y Marcos tercero, pero la clasificación del mundial no mueve puestos, sigue estando primero Wolf con 93 puntos, Jason con 79 y Marcos con 60.

En el podio veo a Jason sonriendo, más de lo que él suele sonreír en público. Vemos cómo se riegan con champagne para después de ser entrevistados. Uno de los reporteros, le hace una pregunta a Jason y presto toda mi atención para escuchar lo que dicen mientras mis amigos bromean y gritan eufóricos:

–  Ha sido una carrera dura, ha perseguido a Wolf vuelta tras vuelta y ha conseguido adelantarle para hacerse con el primer puesto, ¿hay alguien en especial a quién quiera dedicárselo?

El silencio se hace en mi casa y el corazón se me para esperando a escuchar la respuesta de Jason, que sonríe al otro lado del televisor. Desde enero, han salido especulaciones en programas de televisión, periódicos y revistas anunciando que Jason había iniciado una relación estable con una chica de Barcelona y el periodista, un español, ha preguntado lo más sutilmente que ha podido.

–  Se lo dedico a alguien que estará pegada al televisor rogando que no diga su nombre. – Le contesta Jason al reportero con una maliciosa sonrisa en los labios.

Cómo era de esperar, Jason desaparece de la rueda de prensa en cuanto puede. Nunca le han gustado los periodistas, dice que crean un circo de la Fórmula 1 y debo reconocer que en ocasiones es así.

–  Eres la envidia de todas las mujeres del mundo. – Me dice Esther divertida. – Si yo estuviera en tu lugar le rogaría para que dijera mi nombre y todo el mundo supiera que tiene dueña, hay mucha lagarta suelta por ahí. ¿Te has fijado en las azafatas que traen el champagne?

–  Cariño, mejor quédate callada, ¿quieres? – Le sugiere Víctor.

–  ¿Cuándo regresa Jason? – Me pregunta Aitor.

–  Mañana aterriza su avión y hasta el jueves día 9 de mayo no tiene que correr, además el próximo Gran Premio es el de España y nos ha conseguido entradas para ver la carrera en Montmeló, así acompañaremos también a Ana. – Les informo y todos quedan encantados.

–  ¿Tienes ganas de verle, Sara? – Me pregunta Aitor con sorna. – Supongo que estos periodos de abstinencia no son muy buenos para ti.

–  Siempre puedes buscarte un amante, yo en tu lugar elegirá a David. – Bromea Esther.

–  Cariño, creo que la que se va a quedar sin sexo vas a ser tú cómo vuelvas a nombrar al vecinito. – Le advierte Víctor a Esther.

–  ¡Qué celoso, cuñado! – Se mofa Raúl.

–  Estoy segura de que a Jason le encantará que le repitáis todo lo que acabáis de decir. – Les advierte Alicia, la voz de la cordura entre mis amigos.

–  Que conste en acta que yo no he abierto la boca. – Digo bromeando con las manos en alto en señal de inocencia. – Yo no tengo nada que ver con lo que aquí se está diciendo.

–  Oye, ¿crees que si le pido a Jason que me deje probar su coche, lo hará? – Me pregunta Aitor.

–  Lo dudo mucho. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Imagino que esos coches solo los tocarán los mecánicos e ingenieros del equipo, los probadores y los pilotos.

–  Pues a mí me gustaría conducir uno de esos. – Dice Aitor con melancolía.

–  Olvídalo, Aitor. – Le aconseja Raúl y añade con sorna. – Con un poco de suerte, te dejará mirar el coche.

Después de ver la Fórmula 1 y comer, todos empiezan a marcharse hasta que me quedo sola. Recojo y limpio el piso, así mañana no perderá ni un solo minuto en hacer tareas del hogar y podré dedicarme única y exclusivamente a Jason, con la excepción de que tengo que ir a trabajar.

Caprichos del destino 8.

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A la mañana siguiente me despierto rodeada por los brazos de Jason, con la cabeza sobre su pecho. Le miro y está despierto, me sonríe alegremente y me besa en la coronilla antes de decirme:

–  Buenos días, nena.

–  Buenos días, nene. – Le contesto divertida. – Creo que necesito darme una ducha.

–  Lleno la bañera y nos bañamos juntos. – Me dice pícaramente besándome en los labios. – No creas que he acabado contigo todavía.

Tras una sesión de sexo en la bañera no apta para menores, Jason y yo bajamos a desayunar a la cocina, dónde todos están  desayunando, unos con mejor aspecto que otros.

–  Buenos días, parejita. – Nos dice Aitor bromeando. – ¿Qué tal habéis pasado la noche?

–  Seguro que mejor que yo. – Se lamenta Raúl, el único que ha dormido sin compañía.

–  No te preocupes, hermano. – Le consuela Víctor. – Otra vez será.

–  Chicos, tengo que irme. – Nos informa Alicia. – Tengo comida familiar y me gustaría pasar por casa a ducharme y cambiarme de ropa.

–  Nosotros también nos vamos. – Dice Esther. – Raúl ¿vienes con nosotros?

–  Si, nosotros también tenemos comida familiar. – Secunda Raúl.

–  Alicia, espera. – Le dice Aitor. – Te llevo a casa.

–  Y vosotros, ¿qué planes tenéis? – Les pregunto a Ana y Marcos.

–  Ninguno, lo cancelamos todo para dar la fiesta en casa. – Responde Marcos. – ¿Y tú?

–  Iba a ir a casa de mi padre, ¿me queréis acompañar? – Les propongo. – Él estará encantado de teneros por casa y Marcos saldará una deuda conmigo.

–  Por supuesto, me encanta la idea. – Dice Marcos con entusiasmo.

–  A mí también, tengo curiosidad por conocer a tu padre, Esther me ha dicho que si ella pudiera cambiar a su padre lo cambiaría por el tuyo. – Bromea Ana.

–  ¿Voy a conocer a mi futuro suegro? – Pregunta Jason divertido.

–  No, vas a conocer al padre de tu amiga. – Le corrijo. – Y, si quieres llevarte bien con él, te aconsejo que pienses en la palabra “amigo” en el más estricto sentido de la misma.

–  ¿Un suegro duro de roer? – Se mofa Marcos.

–  Si tienes en cuenta que nunca le ha gustado ningún chico con los que he salido, un poco. – Les confieso encogiéndome de hombros.

–  ¿Nunca le ha gustado un novio tuyo? – Me pregunta Jason, sin rastro alguno de mofa. De hecho, bastante preocupado. – Alguien le gustará para su hija, ¿no?

–  Sí, tienes razón. – Le contesto sin importancia. – El hijo de su vecino.

–  ¡Oh, Esther me enseñó una foto suya anoche! – Exclama Ana. – Te aseguro que si no estuviera felizmente casada ese bombón no se me escapaba.

–  Gracias, cariño. – Le dice Marcos con sarcasmo.

–  ¿Algo más que deba saber? – Me pregunta Jason molesto.

–  No le mientas. Tiene un sexto sentido para detectar las mentiras.

–  Genial, tengo que fingir que solo quiero una sana amistad contigo y tu padre es especialista en detectar mentiras. – Responde malhumorado. – ¿No prefieres tirarme al río con los cocodrilos?

–  ¡Qué dramático, por favor! – Estallo en carcajadas. – Mi padre es un hombre normal y corriente, pero solo tiene una hija y quiere lo mejor para ella, como todos los padres. Marcos, ¿qué tal te fue con tu suegro la primera vez que le conociste?

–  Genial, sus padres me invitaron a cenar a su casa y, cuando creía que no había nadie cerca, le di una palmada en el trasero a Ana y su padre me pilló. – Nos cuenta Marcos divertido. – Me echó de su casa en el acto mientras los hermanos y la madre de Ana se reían, totalmente humillante.

–  ¡No fue para tanto! – Protesta Ana.

–  Lo fue, te lo aseguro. – Le reafirma Marcos a Jason.

–  Si no te apetece ir, llamo a mi padre y le digo que voy mañana a verlo, no pasa nada. – Le sugiero.

–  Eso es lo que a ti te gustaría, por eso me estás diciendo todo esto. – Me dice Jason cogiéndome en brazos y haciéndome cosquillas. – Confiésalo.

–  Vale, vale. He exagerado un poquito. – Confieso. – Estoy segura que le caerás bien, tienes a tu favor que entiendes de coches y además eres un piloto de Fórmula 1. Pero no he mentido respecto a la opinión de mi padre sobre mis novios, eso es verdad.

Un par de horas más tarde, los cuatro llegamos a Sitges. Marcos aparca el X6 frente a la puerta del jardín y mi padre sale al porche para recibirnos antes de que bajemos del coche.

–  ¡Feliz año, hija! – Me dice mi padre abrazándome en cuanto llega a mí. Se despega parcialmente de mí para echar un vistazo a mis amigos y los reconoce en seguida: – ¡Pero si son Marcos Roldán y Jason Muller, pilotos de la Fórmula 1! ¿Qué están haciendo aquí?

–  Han venido para comer con nosotros, papá. – Le respondo divertida. – ¿Recuerdas que te he llamado hace un par de horas para avisarte?

–  Si, pero se te ha olvidado mencionar ese pequeño detalle. – Me reprocha mi padre. – Pasad todos dentro, aquí fuera nos vamos a congelar.

Como era de esperar, Diego está en casa con mi padre. David trabaja hoy, pero les ha prometido que se pasará en cuanto acabe el turno. Tras hacer las presentaciones oportunas, mi padre quiere saber de qué los conozco, así que le cuento la verdad, que Jason fue quién me embistió con el coche.

–  ¿Este es el pijo al que le dijiste que tenía que aprender a conducir? – Bromea mi padre, más feliz de lo que lo he visto últimamente.

–  Sus palabras exactas fueron “¿dónde te han regalado el carné de conducir?” – Se mofa Marcos.

–  Me alegro de que no le pasara nada a mi hija. – Le dice mi padre a Jason con un tono de voz bastante amenazador incluso para él. – El viejo Golf aún está en el taller, Sara quiere repararlo en vez de comprarse un coche nuevo.

–  ¿Aún no te has comprado un coche? Me dijiste que ya tenías coche. – Me reproche Jason.

–  Y lo tengo, Aitor me presta el suyo siempre que se lo pido, él no lo utiliza y yo quiero arreglar mi viejo Golf, es una reliquia. – Me defiendo.

–  Es tan cabezona como lo era su madre, no la vas hacer cambiar de opinión. – Le advierte mi padre a Jason. – Es mejor optar por el chantaje emocional, entonces a lo mejor consigues que ceda.

Diego, Marcos y Ana se echan a reír, pero Jason ha captado a la perfección lo que mi padre le acaba de decir y opta por ponerlo en práctica:

–  Sara, si conduces en ese viejo e inseguro coche y te pasara cualquier cosa, todos nos preocuparíamos mucho. Si te compras un coche nuevo, todos viviremos más tranquilos.

–  ¡Aprende rápido, el chico! – Bromea Diego.

Pongo los ojos en blanco y salgo al porche a fumarme un cigarrillo. Antes de cruzar el umbral de la puerta, oigo la voz de mi padre decirle a Jason en voz baja pero audible desde donde yo estoy:

–  Es una cabezota, pero es muy buena chica y mi hija. No sé ni quiero saber lo que os traéis entre manos, ella es muy recelosa con su intimidad y vosotros sois de mundos distintos. No quiero ver sufrir a mi única hija.

–  No tengo la más mínima intención de hacerle daño, señor Moreno. – Oigo a Jason asegurarle.

–  Papá, te estoy escuchando. – Le advierto alzando la voz antes de salir al porche.

Ana se levanta y sale al porche conmigo para hacerme compañía.

–  Qué fuerte, creo que es la primera vez que alguien se atreve a amenazar a Jason. – Se mofa. – Me cae bien tu padre, Esther tenía razón.

Ambas nos reímos y bromeamos sobre el interrogatorio que mi padre le debe estar haciendo a Jason hasta que finalmente me apiado de él y decido ir en su busca.

–  ¿Todo bien por aquí? – Pregunto mirando a mi padre con advertencia.

–  Por supuesto, cariño. – Se afana en responder mi padre. – Jason me estaba contando que su madre es española, de Blanes.

–  ¿Ah, sí? – Pregunto sorprendida. – No sabía que eras medio español. – Le digo a Jason. – ¿Cuál es su historia?

–  Mi madre vivía en Blanes, se fue a estudiar a Londres, conoció a mí padre y se casó. – Me resume rápidamente Jason. – De pequeños, siempre veníamos un par de semanas a Blanes de vacaciones, pero cuando mis abuelos murieron dejamos de venir. Mis padres vienen de vez en cuando para cuidar de la casa y ver a viejas amistades.

–  Vienen a disfrutar del sol y de las playas que no tenéis en Londres. – Se mofa Marcos.

–  A Sara también le gusta mucho la playa y el sol, no creo que seas capaz de conseguir llevártela a Londres, si es eso lo que pretendes. – Le advierte mi padre a Jason.

–  ¡Papá! – Le regaño.

–  Me has dicho que nada de preguntas inoportunas, así que me limito a hacer comentarios. – Se defiende mi padre. – Además, me habéis dicho que sois amigos y puedo ver en sus ojos que Jason quiere mucho más que una amistad contigo.

–  Papá, cierra la maldita boca. – Le espeto furiosa.

–  Tiene razón, señor Moreno. – Le dice Jason dejándome atónita. – Pero le aseguro que no pretendo llevarme a su hija. Estoy buscando residencia en Barcelona.

–  ¿Qué? – Logro preguntar.

–  Quería darte una sorpresa pero, dadas las circunstancias… – Me explica Jason.

–  Vale, nos vamos. – Les digo poniéndome en pie.

–  Pero, ¿no le vas a decir nada? – Me pregunta mi padre. – Se va a comprar una casa aquí por ti, ¿qué clase de amigo hace eso?

–  Papá, te veo el día de reyes. – Me despido de él dándole un beso en la mejilla. – Dale recuerdos a David y dile que lo veré la semana que viene.

Marcos, Ana y Marcos también se despiden de mi padre y de Diego. Quiero salir de aquí antes de que alguien diga algo más de lo que no estoy preparada para escuchar.

Nada más subirnos al coche, Jason, que va sentado a mi lado en la parte de atrás del X6 de Marcos, me pregunta con el ceño fruncido:

–  Creía que te ibas a alegrar de que buscara casa en Barcelona, ¿no quieres que lo haga?

–  No es eso, es que todo está yendo demasiado rápido. – Me excuso. – No quiero que compres una casa sólo para estar cerca de mí. ¿Qué pasa si esto no sale bien?

–  Tengo dinero de sobra, puedo permitirme comprar una casa donde quiera y quiero hacerlo en Barcelona. – Me dice. – ¿Tienes algún problema si compro una casa en Barcelona porque me gusta la ciudad?

–  No. – Le respondo.

–  Bien, en ese caso me compraré una casa porque me gusta la ciudad. – Me dice Jason divertido. Me besa en los labios y añade: – Es una suerte que tú vivas en esta ciudad.

–  Eso es hacer trampas. – Me quejo.

–  Estoy dispuesto a todo por conseguir que estés a mi lado, incluso a trasladarme. – Me susurra al oído desarmándome y dejándome sin argumentos para rebatirle.

Han pasado demasiadas cosas en apenas veinticuatro horas. Cosas que aún no he asimilado porque aún estoy flotando sobre las nubes.