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Sedúceme 3.

Había pasado casi una semana desde su encuentro con Derek en casa de Ana y Nahuel. Eva estaba nerviosa, ni siquiera sabía por qué había aceptado salir con él. Derek la atraía demasiado, pero no era el hombre fiel y comprometido que ella deseaba encontrar. Sabía que mantenerse alejada de él era la mejor opción para no sucumbir a sus encantos, pero no supo reaccionar ante su provocación y finalmente accedió a salir con él. Podría haberse inventado cualquier excusa para cancelar aquella especie de cita pero, como sus amigas le habían dicho, no podía pasarse la vida huyendo de él o evitándolo.

Derek esperaba que Eva se echara atrás, pero no se puso en contacto con él para cancelar la cita, así que decidió llamarla un día antes para recordárselo, no fuese que se le hubiera olvidado.

— ¿Sí? —Respondió Eva nada más descolgar, pues no reconocía el número.

—Hola nena —la saludó Derek con la voz ronca, excitado tan solo de oír su voz—. Solo llamaba para recordarte que mañana tenemos una cita, espero que no hayas cambiado de opinión y quieras echarte atrás.

Cómo si pudiera olvidarlo, pensó Eva. Pero en lugar de decirle eso, le contestó con desgana:

—Mañana a las ocho, no se me olvidará.

—Perfecto —exclamó Derek satisfecho—. Una cosa más —se aventuró a pedirle—, me gustaría que llevaras el vestido rojo que llevabas el otro día.

—No pienso ponerme lo que tú me digas —le espetó Eva molesta.

—Tan solo era una sugerencia, estabas muy sexy con ese vestido, nena —hizo una pequeña pausa en la que a Eva le pareció que suspiraba y añadió—: He reservado mesa en un restaurante al que debemos ir de etiqueta, ponte un vestido. Nos vemos mañana, pasaré a recogerte a las ocho.

—Hasta mañana —se despidió Eva antes de colgar.

Aquella noche apenas durmió. A la mañana siguiente se levantó temprano, se duchó y fue a la oficina. Su nuevo cargo como directora ejecutiva en la empresa de publicidad para la que trabajaba conllevaba muchas responsabilidades, pero Eva disfrutaba trabajando y las horas se le pasaban volando. Cuando llegó a casa eran pasadas las siete de la tarde. Derek llegaría en menos de una hora y ella todavía tenía que ducharse y arreglarse. Ruth estaba a punto de salir cuando Eva entraba por la puerta.

—Llegas pronto —comentó Ruth mirando su reloj de pulsera—. ¿Es que tienes planes para esta noche?

—Tengo que ir a una cena de negocios —mintió Eva—. Pero no regresaré tarde. ¿Vas a salir?

—Sí, he quedado para divertirme un rato y probablemente no duerma en casa —le confirmó Ruth sonriendo alegremente—. Te veo mañana.

Ruth se despidió de Eva con un beso en la mejilla y se marchó. Eva, que ya iba bastante justa de tiempo, se metió en el cuarto de baño y se duchó.

Derek la llamó por teléfono a las ocho en punto.

—Estoy en la puerta de tu edificio, ¿bajas?

—Dame cinco minutos —le pidió Eva.

Derek esperó a Eva apoyado en su coche de alquiler. Mientras tanto, Eva se apresuraba en terminar de maquillarse. Se echó un último vistazo en el espejo grande del hall y, tras quedar satisfecha con su aspecto, salió del apartamento. Se había puesto un elegante y discreto vestido negro que le llegaba por encima de la rodilla. No era muy escotado, pero los anchos tirantes del vestido que caían por sus hombros le daban un aspecto muy seductor. Una cosa era no darle el gusto a Derek y otra muy distinta era no estar sexy. Traspasó el portal del edificio y allí se encontró a Derek apoyado en un coche de alquiler. Eva no pudo evitar pensar en lo guapo que estaba con traje y corbata. Tan solo lo había visto así vestido en la boda de Nahuel y Ana.

Derek sonrió al verla. No se había puesto el vestido rojo, pero a él le pareció que estaba preciosa, como siempre. Se acercó a ella despacio, mirándola con picardía.

—Disculpa el retraso —le dijo Eva avergonzada por hacerle esperar veinte minutos. Ella siempre era puntual porque odiaba la impuntualidad—. Se ha alargado la reunión y no me he dado cuenta de la hora.

—La espera ha merecido la pena —le dijo Derek con su eterna sonrisa en los labios. La besó en la mejilla a modo de saludo y añadió con la voz ronca—: Estás preciosa, nena.

A Eva le tembló todo el cuerpo, era el efecto que Derek provocaba en ella. Solo oír su voz la excitaba y le hacía recordar aquel ardiente verano dos años atrás.

Derek no era el perfecto caballero y Eva lo sabía, así que no esperó que la acompañara y le abriera la puerta del coche, directamente se subió en el asiento del copiloto. Derek condujo en silencio por la ciudad hasta coger la autopista, cuando Eva le preguntó:

— ¿A dónde vamos?

—Ahora lo verás —le respondió Derek apartando la vista de la carretera un segundo para dedicarle una de sus pícaras sonrisas.

Eva cerró los ojos y no hizo más preguntas, le daba igual a dónde la llevara Derek, tan solo le importaba estar con él. No pudo evitar comparar a Norbert con Derek, Norbert era un hombre muy rutinario y disciplinado, en su vida no había lugar para las sorpresas. Sin embargo, con Derek cada minuto era una aventura, su vida estaba llena de sorpresas. Eran la noche y el día, al igual que Derek y ella. Eva no entendía por qué no sentía por Norbert la misma atracción que sentía por Derek. Norbert era el hombre perfecto para ella, su prototipo de hombre ideal. Derek era todo lo opuesto, pero encendía su deseo tan solo con una mirada o una sonrisa.

—Ya hemos llegado —anunció Derek tras aparcar.

Eva abrió los ojos y miró a través del cristal de la ventanilla. Estaban frente a una antigua masía rodeada de viñedos. Derek bajó del coche y, sin que Eva se lo esperara, le abrió la puerta y la ayudó a bajar. Eva se lo agradeció con una tímida sonrisa, sintiéndose un poco contrariada con aquella situación. Derek rodeó la cintura de Eva con su brazo y la guió hasta llegar a la entrada de la masía. A Eva le extrañó que la llevara a un sitio tan romántico, él no era de esos. Además, aquella sonrisa traviesa que no se le quitaba de los labios le hacía sospechar que Derek se traía algo entre manos y Eva no se equivocaba.

Nada más traspasar el enorme portón de madera de la masía, Eva supo que aquella no era una masía normal. El hall era enorme, pero allí solo había un mostrador de recepción ocupado por dos agentes de seguridad que se acercaron a ellos y les preguntaron los nombres para comprobar que estuvieran en la lista.

—Derek Smith y Eva Méndez. Tienen el reservado número 3 —confirmó uno de los agentes de seguridad—. Está situado en la primera planta, tal y cómo salgan del ascensor a la derecha, sigan hasta el final del pasillo, es la última puerta.

El agente de seguridad les entregó una llave-tarjeta y Derek asintió para hacerle saber que le había entendido bien. Agarró a Eva de la cintura y juntos cruzaron el hall para dirigirse a los ascensores. Tal y cómo le había indicado el agente de seguridad, al salir del ascensor se dirigieron a la derecha hasta el final del pasillo, donde encontraron la puerta del reservado número 3.

Eva estaba nerviosa, no sabía lo que iba a haber detrás de esa puerta. Sospechaba que podía tratarse de una de esas masías antiguas que habían sido restauradas y se habían convertido en hoteles con habitaciones rústicas, pero esa sospecha no la hizo echarse atrás, algo que volvió a hacer que se sintiera contrariada porque, en el fondo, sabía que deseaba volver a sentir el cuerpo desnudo de Derek junto al suyo.

—Ya hemos llegado —anunció Derek abriendo la puerta con la tarjeta-llave. Pulsó un interruptor y las luces de la pequeña estancia se encendieron—. Adelante, las damas primero.

Eva entró en el reservado y se sorprendió al descubrir que allí tan solo había una pequeña mesa redonda con dos sillas, un sofá de dos plazas y una mesa de café que lo acompañaba. La mesa estaba decoraba para albergar una velada romántica, con flores y velas. Los platos, los cubiertos y las copas estaban dispuestos para cuando llegara la comida y la bebida. Una de las paredes de la pequeña estancia estaba formada por un espejo enorme, imposible de pasar inadvertido. Y al fondo, una puerta dividía la estancia.

— ¿Qué hay allí? —Le preguntó Eva con curiosidad a Derek.

—Es un cuarto de baño —le contestó Derek divertido ante la curiosidad de Eva, que no dejaba de mirarlo todo—. Ven, vamos a sentarnos a la mesa para mirar la carta. En seguida vendrá el camarero a tomarnos nota.

Eva obedeció sin rechistar y sin hacer más preguntas, a pesar de que se moría de curiosidad. Podían haber ido a cualquier restaurante de la ciudad, pero Derek decidió llevarla allí. La Agencia de su hermano Nahuel se encargaba de la seguridad de la masía y cuando Nahuel le dijo que se trataba de una masía especial, Derek decidió llevar a Eva. Por supuesto, Derek no le confesó a su hermano con quién tenía pensado ir allí, tan solo le pidió el teléfono del gerente de la masía para llamar y hacer la reserva. Nahuel no era de los que preguntaba, no le gustaba interferir en la vida de los demás.

Sedúceme 2.

Dos semanas después de su regreso a la ciudad, Ana y Nahuel organizaron una pequeña fiesta en su casa donde reunieron a todos sus amigos. Nahuel invitó a su hermano Derek pese a que sabía que estaba bastante ocupado con el traslado de su empresa a la ciudad, pero se sorprendió cuando Derek le confirmó su asistencia. En cuanto Ana se enteró de que Derek estaría en la fiesta, llamó a Ruth para decidir si informaban o no a Eva de la presencia de Derek. Finalmente, optaron por no decírselo para evitar que Eva utilizara cualquier excusa para no presentarse en la fiesta.

Eva decidió tomarse aquel sábado para ella misma. Se levantó temprano, se dio un baño de espuma, bajó a desayunar a la cafetería de la esquina y después se fue de compras. Últimamente estaba un poco deprimida y decidió ponerse guapa para la fiesta y subir su autoestima. Se compró un vestido rojo muy ceñido que le llegaba hasta por encima de las rodillas. Tenía un generoso escote que le hacía parecer que tenía más pecho y el vientre más plano. Un vestido atrevido que combinaría con unos zapatos negros con un tacón de aguja. Regresó al apartamento y salió a comer con Ruth para después ir juntas a la peluquería.

A las siete en punto de la tarde, ambas entraban en casa de Ana y Nahuel. Tras saludar a los anfitriones, Eva y Ruth pasaron al jardín trasero de la casa donde se encontraban los invitados que ya habían llegado. Eva vio a Derek en cuanto puso un pie en el jardín trasero. Se quedó paralizada, no esperaba encontrarse con él y no estaba preparada.

— ¡Maldita sea! —Musitó Eva. Agarró a Ruth del brazo y le preguntó furiosa—: ¿Se puede saber por qué no me habéis avisado de que él estaría aquí?

—Si lo hubiéramos hecho te habrías buscado cualquier excusa para no venir —le respondió Ruth encogiéndose de hombros—. No puedes huir de él eternamente, tendrás que aprender a comportarte como una persona normal y saludarle, te recuerdo que es el cuñado de Ana.

A Eva no le hacía falta que le recordasen nada de Derek, ella lo tenía grabado a fuego en su cuerpo y en su alma. Se volvió para mirarle y vio que caminaba hacia a ellas con su socarrona sonrisa en los labios, aquella sonrisa traviesa que a Eva le volvía loca.

—Estáis preciosas, chicas —las saludó Derek cuando llegó hasta a ellas.

—Lo mismo digo, Derek —lo saludó Ruth con un beso en la mejilla y añadió antes de marcharse y dejarle a solas con Eva—: Voy a saludar a Jason, no le veo desde la boda.

Eva la fulminó con la mirada por provocar aquella encerrona. Derek agradeció en silencio que Ruth les dejara a solas, no veía a Eva desde la boda de su hermano con Ana. Habían pasado más de tres meses desde aquel encuentro y entonces ella estaba acompañada por su novio.

—Hacía mucho que no nos veíamos, nena —la saludó Derek con la voz ronca al mismo tiempo que la besaba rozando la comisura de sus labios.

Eva cerró los ojos y trató de no sucumbir a lo que Derek la hacía sentir. La atracción que existía entre ambos era tan arrolladora que era casi imposible controlarse.

— ¿Y tu novio? ¿No has venido con él? —Le preguntó Derek buscando a Norbert a su alrededor.

—Ya no estoy con Norbert —Le soltó Eva sin pensar.

Derek la miró a los ojos y sonrió ampliamente. Aquella era la mejor noticia que le podía haber dado, se volvía loco solo de imaginarse a Eva en los brazos de otro hombre.

—Me alegro por ti, Norbert parecía un tipo bastante aburrido incluso para ti —comentó Derek burlonamente. Eva dio media vuelta dispuesta a marcharse, pero Derek la agarró del brazo para impedírselo, se acercó a ella y le susurró al oído—: Nena, estás muy tensa. Te vendría bien pasar unos días en la costa para relajarte.

A Eva le pareció que aquello era una invitación, pero por si acaso decidió no responder. Derek sabía que Eva lo deseaba tanto como él a ella, pero no entendía por qué se resistía si ya no estaba con aquel tipo serio y aburrido.

—Tenemos un asunto pendiente —le recordó Derek sosteniéndole la mirada.

—No tenemos nada pendiente —le replicó Eva deshaciéndose de su agarre.

— ¿Vas a seguir huyendo de mí?

—Yo no huyo de nadie —se volvió Eva para plantarle cara.

—Voy a hacer memoria porque creo que se te ha olvidado algo —comenzó a decirle Derek con la voz ronca—. Tú y yo desnudos sobre la cama la noche antes de la boda de Nahuel y Ana. Tú el día siguiente en la boda acompañada por ese tipo aburrido, tu novio. ¿Te suena de algo o continúo haciendo memoria?

Aunque las palabras de Derek no sonaron a reproche, Eva se sintió culpable. Se sentía tan mal y confusa por haberle sido infiel a Norbert, apenas podía mirarle a la cara y, por si fuera poco, Derek se sentaba en la misma mesa que ella. Sus propios problemas e inquietudes no le permitieron pararse a pensar en cómo lo debía estar pasando Derek. Tras pasar una noche apasionada con él, Eva se marchó a hurtadillas de su habitación y cuando la volvió a ver ella estaba agarrada del brazo de Norbert.

—Sabías que estaba con otro cuando decidiste seducirme, ¿qué esperabas? —Le replicó Eva deseando acabar con aquella conversación.

— ¿Decidí seducirte? Yo puedo decir lo mismo de ti —le contestó Derek.

—Derek, este no es el momento ni el lugar para discutir sobre esto —le dijo Eva con la intención de parar aquel intercambio de opiniones que no iba a llegar a ninguna parte.

— ¿Y cuál es el momento y el lugar para continuar con esta discusión? —Le preguntó Derek molesto—. Creía que habías dicho que tú no huyes de nadie.

— ¿Cuándo regresas a la costa?

—El próximo domingo, ¿podrás hacerme un hueco en tu agenda? —Le preguntó Derek.

—Trabajo toda la semana.

—Genial, entonces quedamos el viernes por la noche para ir a cenar —sentenció Derek—. Así podrás relajarte un rato después del trabajo —Derek no lo dijo con un doble sentido, pero al escucharse decidió añadir—: Me refería a que…

—Te he entendido —lo interrumpió Eva.

—De acuerdo, pasaré a recogerte por tu apartamento el viernes a las ocho —concluyó Derek—. Espero que no cambies de opinión y decidas seguir huyendo.

Justo en ese momento se acercaron hasta a ellos Nahuel y Ana. La feliz pareja sonreía con complicidad, más enamorados que nunca.

— ¿Qué tal todo por aquí? —Preguntó Ana con fingida inocencia.

—Dímelo tú, bruja —murmuró Eva.

Derek, Nahuel y Ana la escucharon, pero el único que se sorprendió fue Nahuel. Ana sonrió maliciosamente, Derek miró hacia otro lado y Nahuel preguntó al no entender nada:

— ¿Qué está pasando aquí?

—Pregúntaselo a tu mujer —le respondió Eva antes de dar media vuelta y marcharse a por una copa.

Nahuel no salía de su asombro, Eva siempre era correcta y educada, pero parecía otra persona. Se volvió hacia su hermano y su esposa y, escudriñándolos con la mirada, les preguntó:

— ¿Se puede saber qué habéis hecho?

—No hemos hecho nada, cariño —le respondió Ana con fingida inocencia. Lo besó en los labios y le susurró al oído—: Estás muy sexy, señor Smith.

Derek aprovechó la ocasión para desaparecer de allí, Nahuel quería respuestas que él no sabía y a Ana se le daba muy bien distraerlo.

—No vas a lograr distraerme con tus armas de seducción, cariño —le advirtió Nahuel—. Vas a tener que confesar qué andas tramando con mi hermano y con Eva.

Nahuel no sabía nada de lo que había ocurrido entre Derek y Eva tres meses y medio atrás, así que Ana tuvo que poner al corriente de todo a Nahuel. A Nahuel no le hizo gracia que Ana se entrometiera en aquella historia, aquello era asunto de su hermano y de Eva y temía que, si algo saliera mal, Ana saliera mal parada.

Sedúceme 1.

Habían pasado tres meses desde la boda de Ana y Nahuel y todavía seguían de luna de miel. Ruth continuaba teniendo aventuras sexuales con completos desconocidos pero, tras la bronca que tuvo con Eva, ya no los llevaba al apartamento que ambas compartían.

Eva se había volcado totalmente en su trabajo. Su jefe directo se había jubilado y a ella la habían ascendido a directora ejecutiva. Desde que regresó de sus vacaciones de verano había trabajado quince horas diarias de lunes a domingo.

Después de su aventura con Derek la noche antes de la boda de Ana y Nahuel, Eva decidió olvidarse de él y centrarse en su relación con Norbert, pero al regresar a la ciudad todo cambió. Cada vez le apetecía menos estar con él y, con la excusa de su reciente ascenso, Eva se refugió en su trabajo hasta que, un mes más tarde, Norbert ya no pudo callar por más tiempo y se lo reprochó:

—Nuestra relación es de mentira. Tú no estás enamorada de mí, lo sé desde que vi cómo mirabas al hermano del marido de tu amiga el día que se casaron.

—No sé de qué estás hablando —le dijo Eva tratando de disimular.

—Lo sabes perfectamente —le dijo Norbert tras un profundo suspiro—. No es de mí de quién estás enamorada.

Eva podría haber sido una hipócrita y haberle dicho que le amaba, podría haber seguido viviendo una mentira con Norbert. Pero estaba cansada de fingir. Se aburría demasiado con Norbert y ya ni recordaba la última vez que practicaron sexo. Se armó de valor y le dijo:

—Tienes razón, no estoy enamorada de ti. Pero el problema no eres tú, soy yo. Eres todo lo que siempre he deseado en un hombre, eres bueno conmigo y cuidas de mí, pero no siento mariposas en el estómago cuando estoy contigo, no tenemos química.

—Sin embargo, esa química te sobra con el cuñado de tu amiga Ana —le reprochó Norbert.

—Esto no tiene nada que ver con él, Norbert —le dijo Eva sin saber si realmente era sincera o no.

Norbert no dijo nada más, tan solo dio media vuelta y se marchó. Ya habían pasado dos meses desde entonces y Eva no había vuelto a saber nada de él.

Eva necesitaba hablar con alguien para desahogarse y, como Ana seguía de luna de miel con Nahuel, decidió hablar con Ruth, a quien tuvo que confesarle su aventura con Derek la noche antes de la boda de Ana. Ruth no se escandalizó, sobretodo porque siempre había creído que Norbert era un tipo simple y aburrido, pero no pudo evitar sorprenderse al descubrir que su amiga Eva, una maníaca de “hacer lo correcto”, había tenido una aventura con Derek estando con Norbert. Ruth no la juzgó ni se mofó de ella, Eva necesitaba desahogarse y Ruth la supo escuchar.

— ¿Y qué pasa con Derek? —Quiso saber Ruth.

—Con Derek no pasa nada, él está en la costa y yo en la ciudad, como debe ser —fue la respuesta de Eva.

Ruth discrepaba con ella, pero no quiso presionarla, era Eva quién debía darse cuenta por ella misma de lo que quería o a quién quería.

De lo único que estaba segura Eva era que necesitaba tiempo para pensar, para centrarse y aclarar sus ideas, así que volcó todo su tiempo en el trabajo. Le pidió a Ruth que no le dijera nada a Ana sobre su ruptura con Norbert, ya hablaría con ella cuando regresara de su luna de miel.

Eran las nueve de la noche cuando Eva entraba en el apartamento después de un largo día de trabajo. Ruth la recibió con una sonrisa en los labios y le dijo en cuanto puso un pie en el hall:

— ¡Ana regresa a la ciudad mañana por la mañana!

— ¿En serio? —Preguntó Eva animada por la buena noticia—. Tengo muchas ganas de verla, la he echado mucho de menos.

Ruth también había echado mucho de menos a Ana, sobretodo porque necesitaba que le echara una mano con Eva, a la que veía muy perdida en la vida y no sabía cómo ayudar.

Al día siguiente, Eva fue a trabajar por la mañana y decidió tomarse la tarde libre para ir a comer con Ana y con Ruth. Podrían haber quedado en cualquier restaurante, pero prefirieron quedar en el apartamento para poder hablar con mayor intimidad, tenían muchas cosas que contarse. Eva fue la última en llegar. Ana la abrazó en cuanto la vio y a Eva se le saltaron las lágrimas.

—Pero bueno, ¡si te has vuelto una sensiblera! —Le dijo Ana con cariño—. Chicas, os he echado muchísimo de menos y, como me he acordado mucho de vosotras, os he traído un montón de regalos.

Las tres amigas se sentaron en el sofá del salón para escuchar las aventuras de Ana durante su luna de miel con Nahuel. Después Ruth las puso al día sobre los últimos hombres con los que se había metido en la cama, la Ruth dulce, romántica e ilusa había desaparecido por completo desde que, dos años atrás, regresaron de aquellas idílicas vacaciones que disfrutaron el último verano sin responsabilidades. Eva, animada por Ruth, se sinceró con sus dos amigas. Ruth ya estaba al corriente de todo, pero Ana no tenía ni idea y se sorprendió. Al igual que Ruth, Ana no se sorprendió de que aquella relación finalizara, se sorprendió por el estado de su amiga, quién siempre había sido la mente fría de las tres.

—Eva, has tomado la decisión de dejar a Norbert porque él no significa nada para ti y con él jamás hubieras sido feliz —le recordó Ana—. No tengas miedo, has hecho lo correcto.

Las palabras de Ana reconfortaron a Eva, no podía sentirse mal por hacer lo que creía correcto, ella no tenía la culpa de no amar a Norbert como él esperaba.

— ¿Qué piensas hacer con Derek? —Le preguntó Ana con naturalidad. Ruth le hizo un gesto para hacerle saber que era mejor no mencionar el tema pero Ana lo omitió—. Has dejado a Norbert porque no eras feliz con él porque no lo amas, pero Derek también ha formado parte de esa decisión.

—No quiero hablar de Derek. Que haya terminado con Norbert no significa que vaya a salir corriendo a los brazos de Derek —espetó Eva sintiéndose atacada, aunque tan solo era el efecto que causaba negarse a aceptar la realidad—. Ahora mismo no estoy preparada para estar con un hombre y entre Derek y yo no hay nada, él vive en la costa y yo en la ciudad, él se divierte metiendo en su cama a una mujer distinta cada noche y yo quiero dormir todas las noches con el mismo hombre y que me sea fiel. Derek no es para mí, él no entra en mis planes.

Eva fue tan tajante en su respuesta que ninguna de las dos amigas quisieron seguir insistiendo con el asunto, pese a que ambas sabían lo evidente: Eva estaba enamorada de Derek aunque no quisiera aceptarlo.

Sedúceme.

Después del relato El último verano y de la novela Búscame, llega la novela Sedúceme, una novela que sigue la historia de Eva y Derek.

Tras la boda de Ana y Nahuel, Eva es ascendida en su trabajo y pasa la mayor parte en la oficina. Su relación con Norbert es cada vez más inexistente y él, que se percató de cómo mirada al cuñado de su amiga en la boda, sabe que el trabajo de Eva es solo una excusa para alejarlo.

Eva finalmente reconoce que, pese a ser el hombre perfecto con el que siempre había soñado, no está enamorada de él y deciden romper con la relación. Sus amigas se alegran de la ruptura, pues ambas sabían que Norbert jamás hubiera hecho feliz a Eva. Ana y Nahuel, tras regresar de la luna de miel, ofrecen una cena para los amigos y Eva se encuentra allí a Derek.

Revivir aquellas vacaciones de verano junto a él y la noche clandestina que vivieron un día antes de la boda de Ana y Nahuel, ponen a Eva en una situación confusa: quiere alejarse de Derek pero es incapaz de sucumbir a las ganas de estar con él. Derek la busca, le pide explicaciones y Eva acepta una cita con él, solo para hablar.

Pero cuando la atracción es tan grande, ¿de qué sirve resistirse? Eva decide seguir adelante, dejarse llevar y lamentarse cuando le toque. Mientras tanto, disfrutará de su relación con Derek sabiendo que tiene fecha de caducidad.

¿Será capaz de disfrutar sin preocuparse por lo que ocurrirá en el futuro? ¿Conseguirá que Derek deje de ser el mujeriego que es para comprometerse con ella? Si quieres saber más, aquí tienes todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Búscame 19.

El día de la boda por fin llegó. Ana estaba nerviosa y apenas había podido pegar ojo en toda la noche. A las seis de la mañana ya no pudo aguantar más en la cama y se levantó. Sin embargo, Nahuel seguía profundamente dormido. Como no quería despertarlo, Ana salió de la habitación sin hacer ruido y bajó a la cocina para beber un vaso de leche. Media hora más tarde, Ana subía las escaleras cuando se encontró a Eva saliendo de la habitación de Derek. Ana la miró arqueando las cejas y Eva, visiblemente avergonzada, le hizo un gesto para que entrara con ella en su habitación.

—Antes de que digas nada: lo sé, lo que he hecho está fatal —le dijo Eva cerrando la puerta de la habitación para hablar con mayor intimidad—. Estoy con Norbert, voy a verlo en unas horas y yo acabo de meterme en la cama con otro hombre.

—Eva, yo no voy a juzgarte, creo que eso ya lo haces tú misma —le dijo Ana sentándose a los pies de la cama—. Pero si te voy a dar mi opinión. No te veo feliz cuando estás con Norbert, creo que solo estás con él porque piensas que tienes que estar con él. Sin embargo, cuando estás con Derek la cara se te ilumina y los ojos te brillan, él es quien te hace cometer las mayores locuras y eso, siendo tú tan disciplinada, dice mucho de lo que Derek te hace sentir.

– Con Derek no tengo ningún futuro, él en la costa y yo en la ciudad, la distancia acabaría con nuestra relación si no lo hace otra cosa antes —se sinceró Eva—. Norbert es todo lo que he deseado siempre en un hombre. Puede que no exista la misma química que siento con Derek, pero Norbert es un buen hombre, cuida de mí y quiere hacerme feliz —Eva empezó a sollozar y añadió entre balbuceos—: Lo voy a ver en unas horas y no voy a poder mirarle a la cara.

—Tranquila, Eva —le susurró Ana abrazándola para calmarla—. Decidas lo que decidas, estaré a tu lado para apoyarte.

—Gracias, Ana.

Ana se quedó con Eva hasta que se tranquilizó y después regresó a su habitación. Nahuel se había despertado y al descubrir que Ana no estaba en la cama junto a él se puso nervioso. Se estaba vistiendo para salir a buscarla cuando ella entró en la habitación.

—Cariño, me habías asustado —dijo Nahuel aliviado de verla allí.

— ¿Creías que había huido? —Se mofó Ana. Nahuel frunció el ceño y Ana, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Por nada en el mundo huiría de ti.

Se besaron apasionadamente y no pudieron evitar dejarse llevar por el deseo que sentían el uno por el otro.

 

Esa misma tarde, Nahuel esperaba nervioso la llegada de Ana en el jardín de la isla privada donde celebraban su boda. Era una boda íntima, tan solo habían invitado a los familiares más cercanos y a los amigos más íntimos. Irene estaba a su lado y le susurró bromeando para que se relajara:

—Tranquilo, es imposible que Ana salga de la isla, así que no puede huir.

—Ana jamás huiría —le dijo Nahuel orgulloso de su chica.

—Ahí viene, ¡está preciosa! —Exclamó Irene.

Nahuel levantó la vista y la vio. Le pareció la mujer más hermosa que jamás había visto. Llevaba un vestido blanco con escote de palabra de honor, ceñido hasta la cadera desde donde caía hasta el suelo. Las ondas de su pelo le daban un aspecto angelical y la amplia sonrisa en su rostro le hacía parecer una diosa. Cuando Ana llegó a su lado, Nahuel tuvo que controlar sus ganas de besarla.

—Estás preciosa, cariño —le dijo mirándola a los ojos.

Ana le dedicó una amplia sonrisa, jamás se había sentido tan feliz como lo era en ese momento. Deseaba ser la esposa de Nahuel hasta que la muerte les separase.

La ceremonia se llevó a cabo a pesar de los sollozos de las madres de los novios que, emocionadas, no podían contenerse. Cuando por fin se convirtieron en marido y mujer, Nahuel la besó en los labios apasionadamente mientras todos los presentes aplaudían y les vitoreaban felices y alegres.

—Te quiero, preciosa.

—Y yo a ti —le respondió Ana antes de volver a besarle.

Tras la ceremonia, todos se dirigieron al improvisado salón cubierto con carpas para celebrar el enlace. Las botellas de vino y champagne se descorchaban con bastante frecuencia y todos acabaron achispados por el alcohol. Todos excepto Norbert, que estaba con el ceño fruncido al descubrir cómo se miraban Eva y Derek. Ana se acercó a Eva y, tras abrazarla, le preguntó en un susurro para que nadie más que ella la escuchara:

— ¿Va todo bien?

Eva forzó una sonrisa y asintió, aunque en realidad nada estaba bien. Había asistido a la fiesta acompañada por Norbert, su novio, pero con quien realmente quería estar era con Derek. Sabía que su relación con Derek era tan solo una atracción física y sexual que no llegaría a ninguna parte, así que se repitió mentalmente una y otra vez que estar con Norbert era lo correcto y lo que debía hacer.

Pasada la medianoche los familiares y amigos del recién estrenado matrimonio seguían divirtiéndose y brindando por la pareja. Nahuel ya no lo soportaba más, deseaba quedarse a solas con Ana y ya había aguantado suficiente durante todo el día y parte de la noche. Sin dar ninguna explicación a los allí presentes, Nahuel cogió a Ana en brazos y caminó cargando con ella hasta llegar al pequeño embarcadero de la isla privada.

— ¿Qué pretendes hacer? —Le preguntó Ana divertida.

—Llevarte a nuestra luna de miel, cariño —le respondió Nahuel tras besarla en los labios.

Apenas les dio tiempo a besarse cuando todos los invitados se dirigieron al embarcadero y Leonor, la madre de Ana, le reprochó a Nahuel:

— ¿Acaso pretendes llevarte a mi hija sin dejar que se despida?

—Hijo, ¿qué modales son esos? —Le regañó Irene.

—La pareja quiere celebrarlo en privado —dijo burlonamente Ruth.

Se despidieron de todos los invitados en el embarcadero y acto seguido subieron al yate. Nahuel se había encargado de organizar la luna de miel, quería sorprender a Ana y ella le complació, pero la curiosidad la mataba.

—Cariño, no me has dicho a dónde vamos y no he cogido nada de ropa.

—Te dije que yo me encargaba de todo, ¿no confías en mí? —Le preguntó Nahuel divertido.

—Sabes que sí, pero quiero saber a dónde vamos —insistió Ana poniendo cara de niña buena.

Nahuel rio a carcajadas, la abrazó y la besó en los labios con ternura antes de decirle:

—Navegaremos hasta la costa, dormiremos en casa y mañana por la mañana iremos al aeropuerto privado para subirnos a un avión y viajar muy lejos, pero no lo descubrirás hasta que lleguemos.

—Supongo que puedo esperar un día más para averiguarlo —le dijo Ana encogiéndose de hombros con resignación.

—Puedo intentar distraerte de algún modo para que el tiempo te pase más rápido y no sientas tanta curiosidad por descubrir a dónde vamos —le sugirió Nahuel juguetón. Ana lo miró sonriendo con picardía y Nahuel añadió—: Quiero hacerte el amor por primera vez como señora Smith.

Ana no se lo pensó dos veces. Era de noche y estaban en alta mar, allí nadie podría verles, así que comenzó a desnudar a Nahuel al mismo tiempo que lo besaba y le acariciaba. Nahuel no se hizo de rogar y se ocupó de desnudarla con cuidado de no romper su vestido.

—Cariño, ¿estás segura de que quieres hacerlo aquí? —Le preguntó Nahuel una vez ambos se quedaron desnudos.

—No importa el lugar, solo nosotros —le susurró Ana—. Pero si no te gusta el lugar, cierra los ojos, cuenta hasta diez y búscame.

Ana se escondió en el camarote principal del yate y, diez segundos más tarde, Nahuel la encontró e hicieron el amor apasionadamente y por primera vez como marido y mujer.

 

FIN

 

Si quieres saber más sobre la historia de Eva y Derek no te pierdas la próxima novela Sedúceme.