Archivo

Sedúceme 18.

Eva y Derek bajaron al salón de casa de los padres de Eva. Victoria les recibió con su amplia sonrisa en los labios, pero Vicente estaba más serio de lo habitual y a Eva no le pasó desapercibido. Quería que Derek se sintiera cómodo con sus padres, pero su padre no se lo estaba poniendo fácil. Con la única intención de quedarse un momento a solas con su padre, Eva le dijo a Derek:

—Cariño, me he dejado el teléfono móvil sobre la isla de la cocina del loft, ¿te importaría ir a buscarlo, por favor?

—Claro —la complació Derek y desapareció al instante.

—Papá, no estás colaborando nada —le reprochó Eva a Vicente.

—Tu madre ya está colaborando por los dos —protestó su padre.

—Por favor, papá —le rogó Eva—. Tengo intención de pasar el resto de mi vida con Derek, te agradecería que le trataras como a uno más de la familia, porque para mí lo es.

—De acuerdo, cielo —fue incapaz de negarse Vicente—. Pero si en algún momento no se comporta contigo como te mereces, yo mismo me ocuparé de estrangularle con mis propias manos.

—Estoy segura que eso nunca llegará a suceder —le confesó Eva con una amplia sonrisa en los labios.

Vicente pudo ser testigo de la felicidad que Derek causaba en Eva, hacía tanto tiempo que no la veía tan radiante como lo estaba en ese momento y supo que era gracias a Derek. Lo único que Vicente quería era seguir viendo así de feliz a su hija, así que no le costó ningún esfuerzo ser amable y simpático con su futuro yerno, algo que Eva agradeció en silencio. Derek notó aquel cambio en el comportamiento de Vicente hacia a él y adivinó que Eva tenía algo que ver en ello, pero prefirió no comentar nada.

La cena fue mucho mejor de lo que Eva esperaba. Derek se había ganado la confianza de sus padres en pocas horas, aunque el cambio de comportamiento de Vicente en realidad había sido producido por Eva.

Tras la cena, Eva quiso salir a tomar una copa pese al frío que hacía y Derek trató de convencerla para quedarse en el loft.

—Cariño, ¿no prefieres quedarte en casa? —Le preguntó Derek mientras Eva se ponía el abrigo.

—Si pretendes tenerme en abstinencia, será mejor que pasemos el menor tiempo posible en loft o acabaremos discutiendo —le respondió Eva visiblemente molesta.

—Nena, subamos al loft —le susurró al oído con tono sugerente al mismo tiempo que la agarraba por la cintura para estrecharla entre sus brazos—. Si vas a torturarme hasta que no pueda más, prefiero caer ya en la tentación.

Eva sonrió satisfecha y le besó apasionadamente. Derek le quitó el abrigo, la cogió en brazos y la llevó junto a la cama. La desnudó lentamente, disfrutando del placer de ir descubriendo poco a poco cada centímetro de su piel. Cuando se quedó completamente desnuda, Eva gimió demandando lo que tanto ansiaba y Derek no se hizo de rogar.

Hicieron el amor con ternura y alcanzaron el clímax al mismo tiempo, quedándose abrazados el uno al otro hasta que recobraron la respiración.

—Nena, quiero darte tu regalo de navidad —le susurró Derek sonriendo con complicidad.

—Faltan dos días para navidad —comentó Eva intrigada—. ¿Qué me has comprado que no pueda esperar? ¿Has adoptado un amiguito para Thor? —Preguntó emocionada.

—Es algo que tenía pensado regalarte cuando regresemos a la ciudad, pero creo que no puede haber un mejor momento que este —Derek se levantó de la cama, rebuscó en su maleta y regresó junto a Eva con una pequeña cajita con un lazo rojo—. Cariño, esto es para ti.

Eva lo miró a los ojos antes de abrir su regalo. Derek parecía nervioso y ella se apresuró en averiguar qué contenía la caja. La abrió sin más ceremonia y se quedó petrificada cuando vio el anillo. Era un hermoso anillo de compromiso de oro blanco con un enorme diamante con forma de lágrima.

—Derek… —Balbuceó Eva sin dejar de mirar el anillo pero sin cogerlo.

—Cariño, te quiero —le dijo Derek mirándola a los ojos—. Eres la persona con la que quiero acostarme y levantarme todos los días, la persona más importante de mi vida. Quiero vivir la vida contigo, en lo bueno y en lo malo. Cásate conmigo, nena.

Eva se quedó muda. Estaba tan emocionada por lo que acababa de escuchar de los labios de Derek que continuaba procesándolo.

—Nena, dime algo por favor —le rogó Derek.

—Sí. ¡Claro que sí! —Exclamó arrojándose a sus brazos.

Se fundieron en un apasionado beso y Derek le colocó el anillo de compromiso en el dedo antes de hacerle el amor de nuevo.

Al día siguiente, cuando se reunieron con toda la familia, la pareja dio la feliz noticia y todos les felicitaron por el reciente compromiso. Irene y Victoria comenzaron a hacer planes para la boda, Ana les dio algunos consejos y todos dieron su opinión sobre una boda perfecta. Pero Derek y Eva no les escuchaban, tan solo se miraban y se sonreían con complicidad, sin ser conscientes de lo que ocurría a su alrededor.

Aquella navidad en el pueblo fue la mejor que habían vivido, rodeados por la familia y sus mejores amigos. Derek y su familia congeniaron muy bien con la familia de Eva. Junto a la familia de Ana y la de Ruth pasaron la navidad y el fin de año.

Después de aquellos días de vacaciones, regresaron a la ciudad. Derek trató de convencer a Eva durante esos días en el pueblo para que se mudara a su casa, pues se negaba a dormir ni una sola noche lejos de ella. Eva, tras la insistencia de Derek, la necesidad que sentía por estar cerca de él y el hecho de que ya pasaba casi todas las noches en su casa, decidió aceptar y se trasladó con él. Se sintió mal por Ruth, no quería dejarla sola, pero Ruth la tranquilizó alegando que estaría bien e incluso bromeó diciendo que ahora podría subir al apartamento a tantos hombres como quisiera.

Tres meses más tarde, Derek y Eva seguían disfrutando de su amor y conviviendo en armonía. Habían establecido una agradable rutina, se compenetraban a la perfección y ambos colaboraban en las tareas domésticas, pese a que Derek tenía contratada a una asistenta.

Eva estaba terminando de arreglarse para ir al hospital a ver a Ana y a su bebé recién nacido. Se estaba demorando más de lo habitual y Derek empezaba a impacientarse.

—Nena, si no te das prisa no llegaremos ni al primer día de colegio —protestó Derek, que la esperaba impaciente para ir a conocer a su sobrino recién nacido.

—Ya estoy lista —anunció Eva bajando las escaleras.

Derek se acercó a ella, la besó en los labios y, agarrados de la mano, se encaminaron hacia el garaje, donde se subieron al coche de Derek.

Apenas veinte minutos más tarde, llegaron a la clínica de maternidad donde Ana había dado a luz. Se encontraron a Nahuel en el pasillo, frente a la puerta de la habitación.

—Felicidades papá novato —felicitó Derek a su hermano.

—Enhorabuena —lo saludó Eva—. ¿Cómo está la mamá y el pequeñín?

—La mamá feliz pero cansada y el pequeñín está perfectamente, ahora mismo duerme como un tronco —les respondió Nahuel feliz—. Pasemos a la habitación, así podréis conocer a vuestro primer sobrino.

Nahuel entró en la habitación y Derek y Eva lo siguieron. Ana estaba estirada sobre la cama con el pequeño bebé recién nacido en sus brazos. Se quedaron observándola con ternura hasta que Ana se percató de su presencia y les saludó dedicándoles una amplia sonrisa:

— ¡Si están aquí los titos! Mirad al pequeño Nahuel, tiene los mismos morritos que los Smith.

Durante más de una hora, el pequeño Nahuel pasó de mano en mano para estar en brazos de sus tíos y de sus papás.

Ruth llegó poco después, parecía nerviosa y contrariada, pero cuando le preguntaron tan solo se excusó diciendo que tenía mucho trabajo en la galería. Apenas estuvo treinta minutos en la habitación del hospital y se marchó aún más nerviosa de lo que llegó.

— ¿Qué le ocurre a Ruth? —Preguntó Ana cuando la aludida se marchó.

—No lo sé, pero eso no ha sido nada normal —comentó Eva—. Debe tener mucho lío en la galería, en un par de semanas inauguran una nueva exposición.

Derek y Eva se despidieron de los recién estrenados papás y del pequeño retoño que habían traído al mundo. Cuando llegaron a casa, Derek abrazó por la espalda a Eva y le susurró al oído:

—Nena, quiero que tengamos un bebé. Un pedacito de nosotros.

—Y lo tendremos, pero después de la boda.

—Solo quedan cinco meses, estoy deseando que seas mi esposa —le confesó Derek.

—Y yo estoy deseando serlo —le aseguró Eva—. Pero no pienso casarme gorda como una morsa, así que nada de bebés hasta que estemos casados.

—En ese caso, deberíamos ir practicando… —sugirió Derek.

Se fundieron en un apasionado beso de tornillo, encendieron su deseo e hicieron el amor con ternura, despacio y sin prisa, como acostumbraban a hacerlo desde que se prometieron en Navidad.

 

FIN

 

Si quieres saber más sobre la historia de Ruth, no te pierdas la novela “Enamórame“.

Sedúceme 17.

El miércoles por la mañana la pareja se acercó a casa de Irene y James para despedirse, aunque se verían dentro de un par de días en el pueblo, pues los padres de Derek habían sido invitados a casa de los padres de Ana por navidad, al igual que los padres de Eva y de Ruth.

Eva estaba más tranquila, sabía que su madre adoraba a Derek y lo trataría como a uno más de la familia, pero su padre le preocupaba. A Vicente nunca le había gustado ninguno de los novios de su hija Eva, no importaba lo inteligentes, buenos o adinerados que fueran. Para él no existía un hombre lo suficiente bueno para su única hija. Pero, con la ayuda de su madre y estando al lado de Derek, Eva se veía capaz de afrontar cualquier cosa.

Sin embargo, el que ahora estaba nervioso era Derek. Conocía a sus padres y estaba seguro que tratarían bien a Eva y les facilitarían las cosas evitando cualquier conversación incómoda, pero Derek no conocía muy bien a los padres de Eva y tampoco ayudaba que ella tan solo mencionase que “su madre lo adoraría”. Cuando le preguntaba por su padre, Eva se limitaba a responder que ella estaría con él en todo momento y cambiaba de tema.

—Estás muy callado, ¿va todo bien? —Le preguntó Eva cuando bajaron del avión.

—Solo estoy un poco nervioso, voy a conocer a tus padres —le respondió Derek sonriendo satisfecho.

Derek le había confesado a Eva que nunca había conocido a los padres de las chicas con las que había estado, al menos nunca de una manera formal. Con Eva todo era distinto, era él quien desde un principio quería una relación estable y formal y ella la que se resistía, pero por fin había accedido y él, aunque nervioso, se sentía feliz por ello.

Vicente y Victoria fueron a buscarlos al aeropuerto y Eva, dispuesta a hacer que Derek se sintiera tan cómodo como se lo había hecho sentir a ella estando en la costa, agarró a Derek de la mano, le dedicó una confortable sonrisa y le susurró al oído:

—Te quiero.

Derek se detuvo en seco, agarró a Eva por la cintura y, estrechándola entre sus brazos, le dijo antes de besarla apasionadamente:

—Yo también te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Tras el beso, se fundieron en un intenso abrazo y se quedaron uno en brazos del otro durante varios segundos, hasta que escucharon a alguien fingir toser. Derek se separó bruscamente de Eva cuando se volvió y vio a sus padres, pero Eva lo abrazó de nuevo, le dio un leve beso en los labios y acto seguido saludó a sus padres:

— ¡Mamá, papá! —Exclamó abrazándoles. Regresó a su posición junto a Derek y añadió—: ¿Os acordáis de Derek, verdad?

—Por supuesto que nos acordamos —le confirmó Victoria sonriendo contenta. Le plantó dos besos a Derek y añadió—: Hacéis una bonita pareja y seguro que tendremos unos nietos guapísimos.

— ¡Mamá! —La regañó Eva.

—Antes de que lleguen los nietos supongo que habrá boda, ¿verdad? —Preguntó Vicente con tono amenazador.

—Papá —dijo Eva lanzando una mirada de advertencia a su padre.

Vicente saludó a Derek estrechándole la mano y Derek, tras mantener una corta pero educada conversación con sus futuros suegros, le dijo a Eva:

—Voy a buscar el equipaje, ahora vuelvo.

Eva aprovechó que Derek se había marchado y la había dejado a solas con sus padres para dejar las cosas claras:

—Derek y sus padres se han portado muy bien conmigo y me han hecho sentir como a una más de la familia —les desafió con la mirada y añadió—: Espero que él pueda decir lo mismo de vosotros cuando regresemos a la ciudad.

—Pero si no hemos hecho nada —se excusó Vicente.

— ¿Hablar de boda y de nietos en un primer encuentro no os parece un tanto precipitado? —Les preguntó Eva retóricamente.

—Solo queremos verte feliz, cielo —le dijo Victoria a su hija.

—Lo sé, mamá. Derek me hace feliz, lo amo y quiero pasar el resto de mi vida con él, así que no me lo asustéis.

—Si de verdad le importas, no se asustará —alegó Vicente.

Eva resopló resignada. Dijese lo que dijese, sus padres terminarían haciendo lo que les diera la gana, así que tampoco insistió. Derek regresó poco después cargando con las dos maletas y los cuatro se dirigieron al aparcamiento donde Vicente había dejado el coche para ir a casa.

Veinte minutos más tarde llegaban a la casa de los padres de Eva. Victoria se apresuró en indicarles que subieran al apartamento independiente de encima del garaje para que se instalaran y añadió:

—Voy a preparar la comida, avisadme si necesitáis algo.

Vicente siguió a su mujer, pero antes le dedicó una mirada de advertencia a Derek. No era nada personal, tan solo trataba de proteger a su pequeña.

Eva agarró a Derek de la mano y lo guió escaleras arriba hasta entrar en el apartamento tipo loft que sus padres habían construido sobre el garaje. Era un espacio amplio, con baño y una pequeña cocina, donde tendrían todo lo que pudieran necesitar. Deshicieron las maletas y se instalaron en el apartamento. Eva trató de provocar a Derek, pero él se excusó alegando:

—Nena, estoy seguro que tus padres vendrán a buscarnos de un momento a otro y, después de la advertencia implícita en los ojos de tu padre, me temo que será mejor que lo dejemos para otro momento.

—Vamos a pasar aquí diez días, espero que ese otro momento llegue antes de regresar a la ciudad —murmuró Eva un tanto decepcionada.

Derek la agarró por la cintura y la atrajo hacia a él, estrechándola contra su cuerpo. La abrazó, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

—Según parece, no me quieres lo suficiente —le reprochó Eva bromeando.

—Te haría el amor ahora mismo, me encantaría escucharte gritar mi nombre mientras te corres, pero tengo intención de seguir viendo a tus padres y me temo que eso complicaría las cosas —bromeó Derek.

—No estás jugando limpio, nene. Pero a ese juego podemos jugar los dos.

La sonrisa traviesa que Eva le dedicó a Derek lo puso sobre alerta. Pero Eva tan solo cogió algo de ropa limpia y fue al cuarto de baño para darse una ducha rápida. Derek estuvo tentado de ir tras ella, pero recapacitó y esperó a que Eva saliera de la ducha para entrar él, de lo contrario se entretendrían más de la cuenta y no quería que sus futuros suegros pensaran que era un invitado grosero y maleducado.

Eva maldijo en silencio ante la increíble contención de Derek, pero no estaba dispuesta a quedarse sin sexo diez días, hasta que regresaran a la ciudad. Así que, mientras terminaba de arreglarse y Derek se daba una ducha rápida, comenzó a maquinar un plan para seducir a Derek durante su estancia en el pueblo.

Para que su plan tuviera un mayor efecto positivo, se cambió de ropa, incluso de ropa interior. Decidió estrenar un conjunto de sujetador y braguitas con liguero que sabía que a Derek le volvería loco, y se puso un vestido ceñido hasta la cadera que dejaba la falda caer con vuelo. Se recogió el pelo para acentuar aún más el marcado escote del vestido.

—Estás preciosa, cariño —le dijo Derek sonriendo cuando salió del baño y la vio, adivinando sus intenciones.

—He pensado que después de cenar podríamos ir a tomar una copa —comentó Eva con fingida inocencia.

—Cómo quieras, nena —contestó Derek tratando sin éxito de ocular su sonrisa.

Eva también sonrió, pero lo hizo tan disimuladamente que Derek no se percató. Decidido a complacer a Eva y a seguir con su juego pese a desconocer las normas, Derek accedió a salir a tomar un par de copas después de cenar.

Sedúceme 16.

A la mañana siguiente Eva se despertó antes que Derek y se dirigió a la cocina para prepararse una tila. Estaba nerviosa, aunque ya conocía a Irene y James, no era lo mismo ir a visitarles como la novia de su hijo pequeño que como la amiga de la esposa de su hijo mayor. Adoraba a Irene y a James, pero no podía evitar sentirse nerviosa. Derek se despertó y al no encontrar a Eva en la cama se levantó y fue en su busca. La encontró sentada en uno de los taburetes de la cocina tomándose una tila y mirando por la ventana.

— ¿Qué haces levantada, nena? Son las siete de la mañana —le susurró Derek abrazándola desde atrás.

—No podía dormir —le respondió Eva con una sonrisa forzada.

—Nena, no tienes nada de lo que preocuparte —le aseguró Derek adivinando el motivo por el que Eva no podía dormir. Esperó a que se tomara la tila y la cogió en brazos para llevarla de nuevo a la cama—. Vamos a dormir un rato más, nena.

Se acostaron de nuevo y ambos se quedaron dormidos abrazados el uno al otro. Se despertaron tres horas más tarde y, tras darse una ducha y desayunar, se dirigieron a la casa de los padres de Derek.

Derek había conseguido que Eva se relajara pero, nada más bajar del coche, la agarró por la cintura y le recordó:

—Todo va a salir bien, nena.

Eva le sonrió y lo besó en los labios. Justo en ese momento, Irene salió al porche y los vio besándose. Sonrió satisfecha, ella había sido testigo durante los últimos dos años de la infelicidad de su hijo menor, tan solo se le veía realmente feliz cuando estaba con Eva.

—Chicos, ¡qué guapos estáis! —Los saludó Irene acercándose a ellos para abrazarlos—. Os sienta muy bien eso de estar enamorados, se os ve radiantes.

Eva se ruborizó al instante y Derek la abrazó divertido. Irene les hizo pasar al salón, donde James se encontraba sentado en el sofá leyendo el periódico.

— ¿Qué tal, pareja? —Los saludó James.

—Sentaos mientras yo os traigo algo de beber —les dijo Irene.

—Te echo una mano, Irene —le respondió Eva siguiéndola a la cocina. Eva se sentía en la obligación de explicarle muchas cosas a Irene sobre la repentina relación con Derek. Una vez a solas en la cocina, Eva se armó de valor y empezó a decir—: Irene, sé que todo esto os puede parecer muy repentino, pero lo cierto es que entre Derek y yo había algo desde que nos conocimos hace más de dos años.

—Cielo, no tienes que decirme nada si no quieres —le dijo Irene con dulzura—. Yo no soy nadie para juzgaros, solo quiero veros felices y parece que lo estáis.

—He hecho cosas de las que no estoy orgullosa, pero quiero que sepas que amo a Derek más que a mi propia vida, Irene. Ese verano mis hijos estuvieron rebosantes de felicidad, hasta que regresasteis a la ciudad. Nahuel lo tuvo más fácil, él vivía en la ciudad y regresó con Ana un par de semanas después, pero Derek no. Desde que te marchaste cambió muchísimo. Él siempre había sido un casanovas, pero de repente dejó de salir con chicas y se centró en la creación de su empresa junto con Víctor. No lo volví a ver tan feliz hasta que os volvisteis a ver unas semanas antes de la boda de Nahuel y Ana. Entonces me di cuenta de lo que realmente le ocurría: se había enamorado de ti —hizo una breve pausa y añadió—: Derek me contó que pasasteis juntos la noche antes de la boda. No fue fácil para él verte con Norbert, pero supongo que para ti tampoco fue nada fácil.

—Nada de lo que ocurrió estaba planeado, Irene. Simplemente pasó.

—Lo sé, cielo —Irene acarició la mano de Eva con ternura y añadió—: Derek me lo contó todo después de la boda y yo le dije que luchara por ti, pero él prefirió no interferir en tu vida. Prefería que fueras feliz con otro hombre antes que infeliz a su lado —Irene la miró a los ojos y le dijo—: Si te estoy diciendo todo esto es porque sé que, aunque ya lleváis juntos cuatro meses, seguís yendo con pies de plomo. Sé que Derek siempre ha sido un mujeriego, pero debes saber que jamás había traído a una chica a casa, jamás nos había hablado de ninguna de las chicas con las que ha estado y, por supuesto, jamás ha amado a nadie como te ama a ti.

—Te lo ha contado —murmuró Eva muerta de vergüenza.

—Es normal que temas perderle, Eva. Igual que él teme perderte a ti. Solo se teme perder a quiénes realmente amamos.

Derek, alarmado por el rato que llevaban las dos mujeres en la cocina, decidió ir a buscarlas. En cuanto puso un pie en la cocina, ambas se quedaron calladas. Derek las observó durante un instante y acto seguido, les preguntó:

— ¿Va todo bien por aquí?

—Fenomenal —le confirmó Eva dedicándole su mejor sonrisa.

—Mamá, espero que no estés asustando a Eva —le advirtió Derek a Irene.

—No la estoy asustando, me preocupa más que seas tú quien la asuste a ella —bromeó Irene—. Venga, vamos al salón que ya tengo las bebidas preparadas.

Pasaron al salón como Irene les había indicado y allí se acomodaron en los sofás. Derek se sentó junto a Eva y la abrazó, le resultaba imposible no hacerlo viéndola tan nerviosa, pese a que no tenía motivos para estarlo.

Irene y James la trataron como si ya fuera una más de la familia. Eva se sintió acogida y cómoda en todo momento, todos se lo habían puesto muy fácil y ella lo agradeció.

Después de comer y pasar la tarde con Irene y James, Eva y Derek se despidieron y regresaron al apartamento de Derek.

— ¿Estás más tranquila? —Le preguntó Derek cuando entraron en el apartamento—. Te dije que todo iba a salir bien, nena.

Derek la besó en los labios y la estrechó entre sus brazos. Sabía que para Eva no había sido nada fácil dar ese paso y todavía tenían que decírselo a sus padres. Para Derek, sin embargo, todo le resultaba mucho más fácil de lo que hubiera esperado, ese era el efecto que Eva causaba en él: a su lado todo le parecía más fácil.

—Tus padres son fantásticos —le confirmó Eva—. Tenías razón, no debería haberme preocupado tanto, aunque deberías haberme dicho que le habías contado toda nuestra historia a tu madre.

—Mi madre jamás nos juzgará, Eva. Ella tan solo quiere vernos juntos y felices.

—Siento haber desconfiado de ti —se disculpó Eva—. Te juzgué sin apenas conocerte, no he sido justa contigo.

—Si te pregunto algo, ¿serás sincera conmigo?

—Adelante, pregunta.

—Si no confiabas en mí, ¿por qué seguiste adelante con lo nuestro?

—Al principio lo hice porque me resultaba imposible resistirme a ti. Jamás te lo he dicho, pero nunca he dejado de pensar en ti. Incluso estando con Norbert te echaba de menos. Ana y Ruth no dejaban de repetirme que mi relación con Norbert no era real, que eras tú el hombre del que realmente estaba enamorada, pero yo no quise escucharlas, lo nuestro no podía ser estando tú en la costa y yo en la ciudad, así que me centré en Norbert. Cuando ya estaba casi convencida de que estar con Norbert era lo mejor para mí, te volví a ver y acabamos pasando la noche juntos. Cuando salí de tu habitación me encontré con Ana. No hizo falta que le dijera nada, ella me comprendió tan solo con mirarme a los ojos y me dijo que, hiciera lo que hiciera, siempre podría contar con su apoyo incondicional —le confesó Eva—. No fue fácil, pero decidí seguir adelante con la relación con Norbert y olvidarme de ti, él era el prototipo de hombre que siempre me había gustado, pese a que nunca había estado enamorada de él. Una vez en la ciudad, mi vida se convirtió en un verdadero caos, me ascendieron en el trabajo y me olvidé de Norbert. Apenas nos veíamos y cuando nos veíamos yo siempre estaba distraída pensando en el trabajo o en ti. Finalmente, Norbert descubrió que algo me pasaba y que el causante eras tú. Hablamos del tema y, a pesar de que propuso que continuáramos adelante, decidimos que lo mejor era que cada uno siguiera su camino. Me centré única y exclusivamente en mi trabajo y entonces apareciste tú de nuevo. Casi me muero cuando te vi en casa de Ana, me ocultaron que tú estarías allí porque temían que buscara una excusa para no ir.

—Casi tuve que amenazarte para que accedieras a cenar conmigo —recordó Derek sonriendo divertido—. Pero al final lo conseguí.

—Sabía que si me quedaba a solas contigo volvería a caer en la tentación, tan solo trataba de alejarte para que no me hicieras daño. Pero fuiste tan insistente y yo tenía tan poca fuerza de voluntad que caí en tus redes. Creía que lo nuestro apenas duraría, que tú te cansarías de mí y decidí dejarme llevar y que fuese lo que tuviese que ser.

Derek la abrazó y la besó. Tenerla entre sus brazos era lo que más deseaba y su deseo se había hecho realidad. La cogió en brazos y la llevó a la cama donde, siguiendo el ritual de todas las noches, le hizo el amor con verdadera adoración. Cuando sus respiraciones se normalizaron, Derek la abrazó y le susurró al oído antes de que Eva se quedara dormida:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Sedúceme 15.

Después de tres horas de vuelo, aterrizaron en el pequeño aeropuerto de la costa y un taxi les estaba esperando para llevarles al apartamento de Derek. Eva sentía curiosidad, nunca antes había estado en su apartamento de la costa, nunca la invitó allí durante el verano que estuvieron juntos.

Nada más poner un pie en el apartamento, Eva se sorprendió al encontrarlo todo tan distinto a lo que se esperaba. El apartamento era grande, tenía tres habitaciones, una de ellas con baño propio. La cocina era tipo americana, separada del comedor con una amplia barra que hacía a la vez de ventana interior. Todas las estancias tenían enormes ventanales que aportaban una agradable luz natural al apartamento. La decoración era sobria y elegante, todo estaba limpio y ordenado, nadie hubiera dicho que ahí vivía un joven soltero como Derek.

— ¿Qué te parece el apartamento? —Le preguntó Derek al ver que Eva no decía nada.

—Es fantástico, sobre todo porque venía mentalizada para encontrarme el picadero de un soltero mujeriego —bromeó Eva.

—Eres la primera mujer que pisa este apartamento. Bueno, en realidad eres la tercera si contamos a mi madre y a la asistencia —le respondió Derek estrechándola entre sus brazos—. Este apartamento ha sido mi santuario, aquí las mujeres estaban prohibidas, hasta que has llegado tú.

— ¿Eso significa que a partir de ahora desfilarán mujeres por aquí? —Continuó bromeando Eva.

—Eso significa que solo tú desfilarás por aquí, nena —le aclaró Derek. La besó en los labios y añadió con la voz ronca—: Estoy deseando verte desfilar desnuda por el apartamento.

—En ese caso, quizás deba empezar a desnudarme.

— ¿Qué te parece si deshacemos el equipaje, nos instalamos y nos echamos una siesta? —Le propuso Derek al mismo tiempo que la agarraba por la cintura y la acercaba a él para estrecharla entre sus brazos—. Quiero invitarte a cenar fuera y presumir de novia.

— ¿La siesta incluye algo más que dormir?

—Por supuesto, nena —le confirmó Derek mostrando su sonrisa más traviesa.

A Eva le pareció una idea estupenda y, tras instalarse en el apartamento, ambos se metieron en la cama con la intención de hacer algo más que dormir.

Cuando se despertaron eran más de las siete de la tarde. Derek se levantó y llamó al restaurante para reservar una mesa para dos. Quería llevar a Eva a un restaurante elegante y pasar con ella una noche romántica y tranquila ya que apenas habían salido a cenar por ahí desde que le entregaron las llaves de la casa de la ciudad a Derek.

Se ducharon juntos, razón por la cual se demoraron más de lo que pretendían y llegaron tarde al restaurante. Eva se había puesto un elegante vestido negro con un escote profundo en forma de v que pronunciaba aún más sus generosos pechos y dejaba al descubierto su espalda. Derek tuvo que hacer un esfuerzo por no abalanzarse sobre Eva cuando entraron en el restaurante y la ayudó a quitarse el abrigo. A Eva no le pasó inadvertida la mirada cargada de lujuria con la que Derek la repasó de arriba abajo. Se sentaron a cenar y ambos disfrutaron de una agradable y romántica velada en el restaurante. Después de cenar, Derek propuso ir a tomar una copa y Eva le sugirió ir a un pub exclusivo del que Derek le había hablado el verano que pasaron juntos en la costa y al que no llegaron a ir. Derek torció el gesto, la sugerencia de Eva no le hacía ninguna gracia. Cada vez que Eva mencionaba que quería regresar a la masía Derek buscaba alguna excusa, pero ya no le quedaban excusas y la propuesta de Eva le había cogido por sorpresa.

—Está bien, pero solo una copa —cedió Derek finalmente—. Mañana vamos a comer a casa de mis padres y supongo que no querrás ir con resaca.

Eva sonrió complacida, hacía tiempo que no se adentraban en una de sus peculiares aventuras sexuales. Eva no estaba dispuesta en participar en ninguna orgía, ni siquiera un trío. A ella tan solo le daba morbo mirar cómo otras parejas se dejan llevar por la pasión y el deseo; como también le gustaba sentirse observada cuando se entregaba a Derek. Era algo que solo había hecho con él y no se imaginaba haciéndolo con ningún otro hombre, él le daba la seguridad que necesitaba, la enloquecía hasta el punto de desinhibirla por completo. Sin embargo, las excusas de Derek le preocupaban, Eva pensaba que Derek podría haber dejado de divertirse con ella y buscar a otra con la que divertirse. Esa era una de las razones por la que Eva insistía en ir a la masía, aunque jamás lo confesaría ante nadie.

Derek traspasó las puertas de una villa situada a las afueras y aparcó frente a la puerta de una casa de estilo victoriano. Eva echó un vistazo alrededor, todo estaba muy tranquilo y silencioso. Derek la agarró por la cintura y caminó a su lado para entrar en la casa. Un tipo trajeado les recibió en el hall y les hizo pasar a una de las estancias de la casa. Eva se aferró a la mano de Derek, pero se relajó cuando vio que allí solo había un pub escasamente iluminado donde la gente bailaba o se tomaba una copa mientras charlaba en la zona chill-out. Se dirigieron a la barra y Derek le pidió un par de copas al camarero mientras Eva observaba el lugar con más detenimiento ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la escasa luz. Las personas que estaban en la pista de baile no solo bailaban, también se acariciaban con sensualidad y se rozaban con descaro. Se fijó en una de las parejas que bailaban abrazados mientras otras personas a su alrededor les observaban de cerca  y se animaban a participar acariciándolos, magreándoles todo el cuerpo. Echó un vistazo hacia la zona chill-out y vio a una chica cabalgando a horcajadas sobre un hombre sentado en un sillón que la agarraba con fuerza del trasero. Justo al lado de esa pareja, un hombre les observaba al mismo tiempo que se masturbaba. Mirase a donde mirase, Eva veía lujuria por todas partes. Continuó observando y su mirada se detuvo en una pareja que se besaba apasionadamente. El chico se sentó en uno de los sofás y sentó a la chica sobre su regazo, dejando la espalda de ella pegada a su pecho. Le abrió las piernas e hizo que las apoyara sobre el sofá, exponiendo la entrepierna de la chica que no llevaba braguitas. Introdujo su dedo corazón en la boca de ella para que lo chupara y, cuando creyó que estaba lo suficiente humedecido, lo deslizó hacia su entrepierna y lo introdujo en su vagina. Ella se arqueó para facilitar el acceso y él continuó dándole placer, metiendo y sacando su dedo corazón en ella mientras acariciaba el clítoris con su dedo pulgar. Otra pareja se acercó a ellos, se sentaron justo al lado, en el mismo sofá, y les imitaron. Intercambiaron miradas y acto seguido intercambiaron parejas. Aquello excitó muchísimo a Eva, pero le dieron náuseas al imaginar intercambiando a Derek por otro hombre mientras él la cambiaba por otra mujer, ella jamás sería capaz de hacer algo así, aunque tenía que reconocer que la excitaba muchísimo verlo.

—Olvídalo, nena. Eso no pasará —le susurró Derek al oído—. Jamás te compartiré con nadie, te quiero solo para mí —la besó en los labios y añadió—: No tengo ningún problema en venir contigo y tomarnos una copa, pero el amor lo hacemos en privado.

—No quiero que otro hombre que no seas tú me toque, Derek —le confesó Eva—. Y tampoco estoy dispuesta a compartirte con nadie.

—Me alegra saber que estamos de acuerdo —concluyó Derek. Eva hizo un pequeño mohín y Derek añadió—: Nena, nos divertimos mucho el verano que pasamos juntos, pero entonces tan solo éramos dos jóvenes que buscan nuevas aventuras y no tenían responsabilidades. Puede que solo hayan pasado poco más de dos años, pero todo ha cambiado mucho desde entonces. Ahora somos una pareja que se quiere y que planea pasar el resto de su vida juntos. Te quiero, nena. Me gusta lo que tenemos y lo cierto es que no quiero cambiarlo. Además, tengo que confesarte que no soporto la idea de poseerte mientras otros hombres te miran excitados. Quiero ser el único que te acaricie, que te bese y el único que te lleve al cielo, nena.

—Al final resultará que eres un hombre celoso —bromeó Eva con coquetería.

—Lo soy y mucho más de lo que nunca hubiera imaginado —reconoció Derek.

—Yo también tengo que confesarte algo: He insistido tanto en que viniéramos porque pensaba que comenzabas a aburrirte conmigo y temía que te fijaras en otra.

—Cariño, ¿te das cuenta de que eso es absurdo? —Le preguntó escudriñándola con la mirada. Eva se encogió de hombros y Derek añadió—: Eva, llevo cuatro meses intentando convencerte de que te quiero y eres lo único que me importa. Estamos en la costa para presentarte a mis padres oficialmente como a mi novia, aunque ya te conozcan. ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí?

—Confío en ti, Derek —le aseguró Eva—. Es solo que todo está saliendo demasiado bien y me cuesta creer que todo vaya a seguir así.

—Vamos a dejar esta conversación para cuando regresemos a la ciudad —sentenció Derek—. Si después de navidad sigues teniendo dudas sobre mis intenciones, entonces deberé replantearme qué estoy haciendo mal.

Derek no lo dijo como un reproche, pero Eva no pudo evitar sentirse mal. Derek se esforzaba día tras día para complacerla, era bueno con ella y no le había dado ningún motivo para que desconfiara, pero el pasado de Derek la aterraba. Una pequeña voz en su mente le repetía una y otra vez que nadie podía cambiar tanto y mucho menos en tan poco tiempo.

—Olvidémoslo, nena —le rogó Derek—. Vamos a tomarnos la copa y nos vamos al apartamento a disfrutar de la intimidad de nuestro hogar —la besó en los labios y le susurró al oído—: Será mejor que disfrutes de las vistas, no creo que regresemos por aquí, nena.

Inmersos en su propio mundo, Derek y Eva se tomaron la copa mientras se besaban y comentaban las distintas formas de darse placer que veían, incluso prestando atención a las técnicas para ponerlas en práctica cuando regresaran al apartamento.

Regresaron al apartamento y, nada más cerrar la puerta, Derek cogió a Eva en brazos y la llevó a la habitación, donde la desnudó y le hizo el amor.

Sedúceme 14.

A la mañana siguiente, Derek se levantó temprano. Dejó a Eva durmiendo, se despidió de ella con un tierno beso en la frente y se marchó a la oficina, tenía que dejarlo todo arreglado para poder tomarse tantos días de vacaciones como pretendía. Eva se levantó poco después de que Derek se marchara. Se dio una ducha y desayunó para obtener fuerzas y enfrentarse a esa conversación pendiente que tenía con su madre. Su familia no entendía por qué lo había dejado con Norbert, a sus ojos formaban la pareja perfecta. Su madre no había dejado de hacerle preguntas, sospechaba que algo no iba bien, pero Eva empleaba la excusa del trabajo para todo.

—Parece que te has acordado que tienes una familia —le reprochó Victoria nada más descolgar.

—Hola mamá —la saludó Eva ignorando el reproche de su madre—. ¿Qué tal va todo por ahí?

—Por aquí todo bien, como siempre. Tu padre y yo estábamos hablando ahora mismo de ti, ¿vendrás al pueblo por navidad, no?

—Por eso te llamaba…

—Aix hija, no me digas que no vienes —se lamentó Victoria—. Estás empezando a asustarme, no te vemos desde primavera, siempre andas ocupada trabajando y no quieres hablar de tu ruptura con Norbert. Tu padre y yo estamos preocupados, Eva.

Eva se sintió culpable. No visitaba a sus padres desde unos días antes de la boda de Ana y Nahuel. A partir de entonces su vida fue un caos: le fue infiel a Norbert con Derek, la ascendieron en el trabajo, rompió con Norbert y empezó su aventura con Derek a espaldas de todo el mundo.

—Siento no haber ido a veros antes, mamá. Os echo mucho de menos aunque no os lo diga —le confesó Eva.

—Cielo, ¿estás bien? Lo único que nos preocupa es que tú estés bien. Si no puedes venir no te preocupes, ya iremos nosotros a la ciudad un par de días.

—En realidad llamaba para decirte que adelanto un par de días mi viaje al pueblo, estaré allí el miércoles.

— ¿Ocurre algo?

—Quiero presentaros a alguien, mamá —dejó caer Eva—. Sé que últimamente he estado muy distante con todos, pero él me ha abierto los ojos y quiero que le conozcáis.

—Oh.

— ¿Oh? ¿Qué pasa, mamá?

—No pasa nada, cielo. Es que los padres de Ana me han dicho que los padres y el hermano de Nahuel pasarán la navidad con ellos y nos habían invitado, querían que estuviéramos todos juntos pero no importa. Cenaremos en casa y más tarde nos reuniremos con ellos, ¿qué quieres que prepare para la cena? ¿Le gusta comer de todo? Por cierto, ¿os quedaréis en casa, no? Ya sabes que aquí tenemos sitio de sobra. Si queréis más intimidad podéis quedaros en el loft independiente de encima del garaje. Solo queremos que seas feliz, cielo.

Eva dejó hablar a su madre. No prestaba la menor atención a los argumentos que Victoria le daba para que ella y su pareja se quedaran a dormir en la casa familiar. Eva estaba pensando cómo decirle a su madre quién era su pareja, como ella había empezado a llamarle. Finalmente, decidió decírselo sin rodeos:

—Mamá, no hace falta que cambies de planes. Es Derek.

— ¡Oh, qué bien! —Aplaudió Victoria—. Ese chico es muy simpático y siempre que lo he visto estaba pendiente de ti. Será una navidad perfecta y en familia. Pero, ¿os quedaréis en casa, verdad?

—Por supuesto que sí, mamá —le confirmó Eva para complacerla, más tarde ya pensaría cómo se lo explicaba a Derek.

Continuó hablando con su madre un poco más y le explicó que el motivo de viajar unos días antes de lo previsto, además de pasar más tiempo con ellos, era que quería que conocieran a Derek antes de navidad. A pesar de lo que Eva temía, Victoria se había tomado muy bien la noticia. Ella conocía muy bien a su hija y sabía que con Norbert no sería feliz, así que se alegró cuando Eva le dijo que ya no estaban juntos. Durante la celebración de la boda entre Ana y Nahuel, Victoria se percató de cómo se miraban Derek y Eva pese a que Norbert estaba junto a ellos. Sin duda alguna, estaban hechos el uno para el otro y Victoria estaba segura que Derek la haría feliz.

— ¿Qué tal la mañana, cariño? —Le preguntó Derek tras saludarla con un beso en los labios cuando unas horas más tarde regresó a casa.

Eva sabía muy bien a qué se refería. No quería saber qué había hecho durante la mañana, lo que en realidad quería saber era si había llamado a sus padres para avisar de nuestra visita.

—Aburrida sin ti —le respondió encogiéndose de hombros, fingiendo inocencia.

Pero Derek no estaba para bromas. Se volvió para encararse con ella y, mirándola a los ojos, le preguntó con cara de pocos amigos:

—Eva, ¿has llamado a tus padres?

—Sí.

— ¿Y?

—Y nada. Les he dicho que llegaremos el miércoles —Derek la escudriñó con la mirada y Eva añadió casi en un susurro—: Mi madre ha insistido en que nos instalemos en el loft que hay encima del garaje y no he podido decirle que no. Pero no te preocupes, es un apartamento independiente a la casa y tendremos más intimidad.

Derek la miró incrédulo. Temía que Eva se echara atrás en el último momento y no les dijera nada a sus padres, pero había cumplido con su palabra.

—Nena, acabas de hacerme feliz —sin decir nada más, Derek la abrazó y la besó en los labios.

—Entonces, ¿quieres quedarte en casa de mis padres?

—Así es, cariño. Siempre que tú y yo durmamos en la misma cama —le contestó Derek juguetón, atrayendo a Eva hacia su cuerpo.

—Mm… ¿Estás juguetón, nene?

La respuesta de Derek llegó en forma de gruñido gutural. La cogió en brazos y la llevó a la habitación, donde hicieron de nuevo el amor. A Eva no le pasó por alto que Derek últimamente solo le hacía el amor en la cama. Tampoco habían regresado a la masía, pese a que Eva lo había comentado en más de una ocasión.

—Nena, tenemos que salir ya hacia el aeropuerto o llegaremos tarde. ¿Lo tienes todo listo? —Le preguntó Derek mientras se vestían de nuevo.

—Sí, tengo las maletas preparadas.

Tras terminar de vestirse, Derek y Eva cogieron sus maletas y cargaron el equipaje en el coche. Derek condujo hasta el aeropuerto, donde subieron a uno de los aviones privados de la agencia de Nahuel que les llevaría a la costa.

—Estoy muy nerviosa —le confesó Eva una vez subidos al avión.

—Cariño, mis padres están deseando volver a verte, ya te he dicho que te adoran.

— ¿Se lo has contado ya?

– Sí, ya lo saben —le confirmó Derek sin mirarla a los ojos.

—Derek, me estás rehuyendo la mirada —le recriminó Eva—. ¿Qué ocurre?

—Nena, mi madre conoce nuestra historia.

Eva lo miró durante unos segundos sin decir nada. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que Eva finalmente le preguntó:

— ¿Qué es lo que sabe exactamente?

— ¿Se puede saber por qué te preocupas tanto? Todo está bien, vamos a pasar unos días en la costa y nos instalaremos en mi apartamento. Relájate, hace mucho tiempo que no te tomas unas vacaciones y quiero que disfrutes, no que te agobies más.

A Eva esa respuesta no le acabó de convencer. Irene era una mujer muy agradable y habían congeniado mucho ayudando a Ana a organizar la boda, hacía ya ocho meses. El problema era que por aquel entonces ella estaba saliendo con Norbert, quien la acompañó a la boda, y ahora le resultaba de lo más incómodo presentarse como la novia de Derek frente a sus padres. Pese a que Derek le había pedido que no se preocupara, lo cierto era que Eva no estaba para nada tranquila, aunque trató de disimular su preocupación e intentó relajarse solo por complacer a Derek.