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Sedúceme 1.

Habían pasado tres meses desde la boda de Ana y Nahuel y todavía seguían de luna de miel. Ruth continuaba teniendo aventuras sexuales con completos desconocidos pero, tras la bronca que tuvo con Eva, ya no los llevaba al apartamento que ambas compartían.

Eva se había volcado totalmente en su trabajo. Su jefe directo se había jubilado y a ella la habían ascendido a directora ejecutiva. Desde que regresó de sus vacaciones de verano había trabajado quince horas diarias de lunes a domingo.

Después de su aventura con Derek la noche antes de la boda de Ana y Nahuel, Eva decidió olvidarse de él y centrarse en su relación con Norbert, pero al regresar a la ciudad todo cambió. Cada vez le apetecía menos estar con él y, con la excusa de su reciente ascenso, Eva se refugió en su trabajo hasta que, un mes más tarde, Norbert ya no pudo callar por más tiempo y se lo reprochó:

—Nuestra relación es de mentira. Tú no estás enamorada de mí, lo sé desde que vi cómo mirabas al hermano del marido de tu amiga el día que se casaron.

—No sé de qué estás hablando —le dijo Eva tratando de disimular.

—Lo sabes perfectamente —le dijo Norbert tras un profundo suspiro—. No es de mí de quién estás enamorada.

Eva podría haber sido una hipócrita y haberle dicho que le amaba, podría haber seguido viviendo una mentira con Norbert. Pero estaba cansada de fingir. Se aburría demasiado con Norbert y ya ni recordaba la última vez que practicaron sexo. Se armó de valor y le dijo:

—Tienes razón, no estoy enamorada de ti. Pero el problema no eres tú, soy yo. Eres todo lo que siempre he deseado en un hombre, eres bueno conmigo y cuidas de mí, pero no siento mariposas en el estómago cuando estoy contigo, no tenemos química.

—Sin embargo, esa química te sobra con el cuñado de tu amiga Ana —le reprochó Norbert.

—Esto no tiene nada que ver con él, Norbert —le dijo Eva sin saber si realmente era sincera o no.

Norbert no dijo nada más, tan solo dio media vuelta y se marchó. Ya habían pasado dos meses desde entonces y Eva no había vuelto a saber nada de él.

Eva necesitaba hablar con alguien para desahogarse y, como Ana seguía de luna de miel con Nahuel, decidió hablar con Ruth, a quien tuvo que confesarle su aventura con Derek la noche antes de la boda de Ana. Ruth no se escandalizó, sobretodo porque siempre había creído que Norbert era un tipo simple y aburrido, pero no pudo evitar sorprenderse al descubrir que su amiga Eva, una maníaca de “hacer lo correcto”, había tenido una aventura con Derek estando con Norbert. Ruth no la juzgó ni se mofó de ella, Eva necesitaba desahogarse y Ruth la supo escuchar.

— ¿Y qué pasa con Derek? —Quiso saber Ruth.

—Con Derek no pasa nada, él está en la costa y yo en la ciudad, como debe ser —fue la respuesta de Eva.

Ruth discrepaba con ella, pero no quiso presionarla, era Eva quién debía darse cuenta por ella misma de lo que quería o a quién quería.

De lo único que estaba segura Eva era que necesitaba tiempo para pensar, para centrarse y aclarar sus ideas, así que volcó todo su tiempo en el trabajo. Le pidió a Ruth que no le dijera nada a Ana sobre su ruptura con Norbert, ya hablaría con ella cuando regresara de su luna de miel.

Eran las nueve de la noche cuando Eva entraba en el apartamento después de un largo día de trabajo. Ruth la recibió con una sonrisa en los labios y le dijo en cuanto puso un pie en el hall:

— ¡Ana regresa a la ciudad mañana por la mañana!

— ¿En serio? —Preguntó Eva animada por la buena noticia—. Tengo muchas ganas de verla, la he echado mucho de menos.

Ruth también había echado mucho de menos a Ana, sobretodo porque necesitaba que le echara una mano con Eva, a la que veía muy perdida en la vida y no sabía cómo ayudar.

Al día siguiente, Eva fue a trabajar por la mañana y decidió tomarse la tarde libre para ir a comer con Ana y con Ruth. Podrían haber quedado en cualquier restaurante, pero prefirieron quedar en el apartamento para poder hablar con mayor intimidad, tenían muchas cosas que contarse. Eva fue la última en llegar. Ana la abrazó en cuanto la vio y a Eva se le saltaron las lágrimas.

—Pero bueno, ¡si te has vuelto una sensiblera! —Le dijo Ana con cariño—. Chicas, os he echado muchísimo de menos y, como me he acordado mucho de vosotras, os he traído un montón de regalos.

Las tres amigas se sentaron en el sofá del salón para escuchar las aventuras de Ana durante su luna de miel con Nahuel. Después Ruth las puso al día sobre los últimos hombres con los que se había metido en la cama, la Ruth dulce, romántica e ilusa había desaparecido por completo desde que, dos años atrás, regresaron de aquellas idílicas vacaciones que disfrutaron el último verano sin responsabilidades. Eva, animada por Ruth, se sinceró con sus dos amigas. Ruth ya estaba al corriente de todo, pero Ana no tenía ni idea y se sorprendió. Al igual que Ruth, Ana no se sorprendió de que aquella relación finalizara, se sorprendió por el estado de su amiga, quién siempre había sido la mente fría de las tres.

—Eva, has tomado la decisión de dejar a Norbert porque él no significa nada para ti y con él jamás hubieras sido feliz —le recordó Ana—. No tengas miedo, has hecho lo correcto.

Las palabras de Ana reconfortaron a Eva, no podía sentirse mal por hacer lo que creía correcto, ella no tenía la culpa de no amar a Norbert como él esperaba.

— ¿Qué piensas hacer con Derek? —Le preguntó Ana con naturalidad. Ruth le hizo un gesto para hacerle saber que era mejor no mencionar el tema pero Ana lo omitió—. Has dejado a Norbert porque no eras feliz con él porque no lo amas, pero Derek también ha formado parte de esa decisión.

—No quiero hablar de Derek. Que haya terminado con Norbert no significa que vaya a salir corriendo a los brazos de Derek —espetó Eva sintiéndose atacada, aunque tan solo era el efecto que causaba negarse a aceptar la realidad—. Ahora mismo no estoy preparada para estar con un hombre y entre Derek y yo no hay nada, él vive en la costa y yo en la ciudad, él se divierte metiendo en su cama a una mujer distinta cada noche y yo quiero dormir todas las noches con el mismo hombre y que me sea fiel. Derek no es para mí, él no entra en mis planes.

Eva fue tan tajante en su respuesta que ninguna de las dos amigas quisieron seguir insistiendo con el asunto, pese a que ambas sabían lo evidente: Eva estaba enamorada de Derek aunque no quisiera aceptarlo.

Sedúceme.

Después del relato El último verano y de la novela Búscame, llega la novela Sedúceme, una novela que sigue la historia de Eva y Derek.

Tras la boda de Ana y Nahuel, Eva es ascendida en su trabajo y pasa la mayor parte en la oficina. Su relación con Norbert es cada vez más inexistente y él, que se percató de cómo mirada al cuñado de su amiga en la boda, sabe que el trabajo de Eva es solo una excusa para alejarlo.

Eva finalmente reconoce que, pese a ser el hombre perfecto con el que siempre había soñado, no está enamorada de él y deciden romper con la relación. Sus amigas se alegran de la ruptura, pues ambas sabían que Norbert jamás hubiera hecho feliz a Eva. Ana y Nahuel, tras regresar de la luna de miel, ofrecen una cena para los amigos y Eva se encuentra allí a Derek.

Revivir aquellas vacaciones de verano junto a él y la noche clandestina que vivieron un día antes de la boda de Ana y Nahuel, ponen a Eva en una situación confusa: quiere alejarse de Derek pero es incapaz de sucumbir a las ganas de estar con él. Derek la busca, le pide explicaciones y Eva acepta una cita con él, solo para hablar.

Pero cuando la atracción es tan grande, ¿de qué sirve resistirse? Eva decide seguir adelante, dejarse llevar y lamentarse cuando le toque. Mientras tanto, disfrutará de su relación con Derek sabiendo que tiene fecha de caducidad.

¿Será capaz de disfrutar sin preocuparse por lo que ocurrirá en el futuro? ¿Conseguirá que Derek deje de ser el mujeriego que es para comprometerse con ella? Si quieres saber más, aquí tienes todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Búscame 19.

El día de la boda por fin llegó. Ana estaba nerviosa y apenas había podido pegar ojo en toda la noche. A las seis de la mañana ya no pudo aguantar más en la cama y se levantó. Sin embargo, Nahuel seguía profundamente dormido. Como no quería despertarlo, Ana salió de la habitación sin hacer ruido y bajó a la cocina para beber un vaso de leche. Media hora más tarde, Ana subía las escaleras cuando se encontró a Eva saliendo de la habitación de Derek. Ana la miró arqueando las cejas y Eva, visiblemente avergonzada, le hizo un gesto para que entrara con ella en su habitación.

—Antes de que digas nada: lo sé, lo que he hecho está fatal —le dijo Eva cerrando la puerta de la habitación para hablar con mayor intimidad—. Estoy con Norbert, voy a verlo en unas horas y yo acabo de meterme en la cama con otro hombre.

—Eva, yo no voy a juzgarte, creo que eso ya lo haces tú misma —le dijo Ana sentándose a los pies de la cama—. Pero si te voy a dar mi opinión. No te veo feliz cuando estás con Norbert, creo que solo estás con él porque piensas que tienes que estar con él. Sin embargo, cuando estás con Derek la cara se te ilumina y los ojos te brillan, él es quien te hace cometer las mayores locuras y eso, siendo tú tan disciplinada, dice mucho de lo que Derek te hace sentir.

– Con Derek no tengo ningún futuro, él en la costa y yo en la ciudad, la distancia acabaría con nuestra relación si no lo hace otra cosa antes —se sinceró Eva—. Norbert es todo lo que he deseado siempre en un hombre. Puede que no exista la misma química que siento con Derek, pero Norbert es un buen hombre, cuida de mí y quiere hacerme feliz —Eva empezó a sollozar y añadió entre balbuceos—: Lo voy a ver en unas horas y no voy a poder mirarle a la cara.

—Tranquila, Eva —le susurró Ana abrazándola para calmarla—. Decidas lo que decidas, estaré a tu lado para apoyarte.

—Gracias, Ana.

Ana se quedó con Eva hasta que se tranquilizó y después regresó a su habitación. Nahuel se había despertado y al descubrir que Ana no estaba en la cama junto a él se puso nervioso. Se estaba vistiendo para salir a buscarla cuando ella entró en la habitación.

—Cariño, me habías asustado —dijo Nahuel aliviado de verla allí.

— ¿Creías que había huido? —Se mofó Ana. Nahuel frunció el ceño y Ana, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Por nada en el mundo huiría de ti.

Se besaron apasionadamente y no pudieron evitar dejarse llevar por el deseo que sentían el uno por el otro.

 

Esa misma tarde, Nahuel esperaba nervioso la llegada de Ana en el jardín de la isla privada donde celebraban su boda. Era una boda íntima, tan solo habían invitado a los familiares más cercanos y a los amigos más íntimos. Irene estaba a su lado y le susurró bromeando para que se relajara:

—Tranquilo, es imposible que Ana salga de la isla, así que no puede huir.

—Ana jamás huiría —le dijo Nahuel orgulloso de su chica.

—Ahí viene, ¡está preciosa! —Exclamó Irene.

Nahuel levantó la vista y la vio. Le pareció la mujer más hermosa que jamás había visto. Llevaba un vestido blanco con escote de palabra de honor, ceñido hasta la cadera desde donde caía hasta el suelo. Las ondas de su pelo le daban un aspecto angelical y la amplia sonrisa en su rostro le hacía parecer una diosa. Cuando Ana llegó a su lado, Nahuel tuvo que controlar sus ganas de besarla.

—Estás preciosa, cariño —le dijo mirándola a los ojos.

Ana le dedicó una amplia sonrisa, jamás se había sentido tan feliz como lo era en ese momento. Deseaba ser la esposa de Nahuel hasta que la muerte les separase.

La ceremonia se llevó a cabo a pesar de los sollozos de las madres de los novios que, emocionadas, no podían contenerse. Cuando por fin se convirtieron en marido y mujer, Nahuel la besó en los labios apasionadamente mientras todos los presentes aplaudían y les vitoreaban felices y alegres.

—Te quiero, preciosa.

—Y yo a ti —le respondió Ana antes de volver a besarle.

Tras la ceremonia, todos se dirigieron al improvisado salón cubierto con carpas para celebrar el enlace. Las botellas de vino y champagne se descorchaban con bastante frecuencia y todos acabaron achispados por el alcohol. Todos excepto Norbert, que estaba con el ceño fruncido al descubrir cómo se miraban Eva y Derek. Ana se acercó a Eva y, tras abrazarla, le preguntó en un susurro para que nadie más que ella la escuchara:

— ¿Va todo bien?

Eva forzó una sonrisa y asintió, aunque en realidad nada estaba bien. Había asistido a la fiesta acompañada por Norbert, su novio, pero con quien realmente quería estar era con Derek. Sabía que su relación con Derek era tan solo una atracción física y sexual que no llegaría a ninguna parte, así que se repitió mentalmente una y otra vez que estar con Norbert era lo correcto y lo que debía hacer.

Pasada la medianoche los familiares y amigos del recién estrenado matrimonio seguían divirtiéndose y brindando por la pareja. Nahuel ya no lo soportaba más, deseaba quedarse a solas con Ana y ya había aguantado suficiente durante todo el día y parte de la noche. Sin dar ninguna explicación a los allí presentes, Nahuel cogió a Ana en brazos y caminó cargando con ella hasta llegar al pequeño embarcadero de la isla privada.

— ¿Qué pretendes hacer? —Le preguntó Ana divertida.

—Llevarte a nuestra luna de miel, cariño —le respondió Nahuel tras besarla en los labios.

Apenas les dio tiempo a besarse cuando todos los invitados se dirigieron al embarcadero y Leonor, la madre de Ana, le reprochó a Nahuel:

— ¿Acaso pretendes llevarte a mi hija sin dejar que se despida?

—Hijo, ¿qué modales son esos? —Le regañó Irene.

—La pareja quiere celebrarlo en privado —dijo burlonamente Ruth.

Se despidieron de todos los invitados en el embarcadero y acto seguido subieron al yate. Nahuel se había encargado de organizar la luna de miel, quería sorprender a Ana y ella le complació, pero la curiosidad la mataba.

—Cariño, no me has dicho a dónde vamos y no he cogido nada de ropa.

—Te dije que yo me encargaba de todo, ¿no confías en mí? —Le preguntó Nahuel divertido.

—Sabes que sí, pero quiero saber a dónde vamos —insistió Ana poniendo cara de niña buena.

Nahuel rio a carcajadas, la abrazó y la besó en los labios con ternura antes de decirle:

—Navegaremos hasta la costa, dormiremos en casa y mañana por la mañana iremos al aeropuerto privado para subirnos a un avión y viajar muy lejos, pero no lo descubrirás hasta que lleguemos.

—Supongo que puedo esperar un día más para averiguarlo —le dijo Ana encogiéndose de hombros con resignación.

—Puedo intentar distraerte de algún modo para que el tiempo te pase más rápido y no sientas tanta curiosidad por descubrir a dónde vamos —le sugirió Nahuel juguetón. Ana lo miró sonriendo con picardía y Nahuel añadió—: Quiero hacerte el amor por primera vez como señora Smith.

Ana no se lo pensó dos veces. Era de noche y estaban en alta mar, allí nadie podría verles, así que comenzó a desnudar a Nahuel al mismo tiempo que lo besaba y le acariciaba. Nahuel no se hizo de rogar y se ocupó de desnudarla con cuidado de no romper su vestido.

—Cariño, ¿estás segura de que quieres hacerlo aquí? —Le preguntó Nahuel una vez ambos se quedaron desnudos.

—No importa el lugar, solo nosotros —le susurró Ana—. Pero si no te gusta el lugar, cierra los ojos, cuenta hasta diez y búscame.

Ana se escondió en el camarote principal del yate y, diez segundos más tarde, Nahuel la encontró e hicieron el amor apasionadamente y por primera vez como marido y mujer.

 

FIN

 

Si quieres saber más sobre la historia de Eva y Derek no te pierdas la próxima novela Sedúceme.

 

Búscame 18.

Nahuel quería casarse cuanto antes, pero Ana consiguió aplazar la boda hasta la primavera, se negaba a casarse en invierno y celebrar la boda en otoño era una locura, así que el mes de abril fue el elegido para celebrar la boda. Nahuel propuso celebrar la boda en la pequeña isla privada, ya que ambos querían celebrar una boda íntima, y Ana le encantó la idea, ya que la casa era enorme y tenía muchas habitaciones para acoger a todos los invitados.

Ana nombró a Eva y a Ruth como sus damas de honor y las tres amigas se encargaron de organizar la boda con la ayuda de Irene y Leonor, las respectivas madres de Nahuel y Ana. Antes de la boda tuvieron que viajar a la costa un par de veces para ponerse de acuerdo con Irene, ya que ella al estar más cerca se encargaba de supervisar los preparativos. En uno de esos viajes, Eva la acompañó. Eva seguía saliendo con Norbert, su relación seguía avanzando pero ella no estaba enamorada de él y cada vez la aburría más. Echaba de menos aquel verano en la costa con Derek y sus tórridas aventuras, Norbert jamás hubiera accedido a hacer algo así y ella lo anhelaba. Eva acompañó a Ana a la costa con la intención de ayudarla con la organización de la boda ya que era su dama de honor, pero lo que no se le pasó por la cabeza fue la posibilidad que existía de reencontrarse con Derek, al fin y al cabo era el hermano pequeño de Nahuel. Por eso cuando vio aparecer a Derek en la casa de la costa de Nahuel, a Eva casi le da algo.

— ¿Qué hace él aquí? —Le preguntó a Eva.

—Es el hermano de Nahuel —le recordó Ana—. ¿No te alegras de verle?

Ana sonrió divertida. Sabía que su amiga estaba estancada con su relación con Norbert y que no estaba enamorada de él, pero Eva continuaba adelante como si nada y Ana pensó que Derek quizás fuera lo que Eva necesitaba para darse cuenta de lo que de verdad quería.

—Derek, ¡qué alegría verte! —Lo saludó Ana abrazándolo. Señaló a Eva y añadió con malicia—: ¿Te acuerdas de mi amiga Eva?

—Como para olvidarla —murmuró Derek. Saludó a Eva con un beso en la mejilla y le susurró al oído—: Me alegro de verte, nena.

Eva se quedó paralizada. No supo reaccionar ante las emociones que la invadieron. Solo oír su voz la había excitado, pero al mismo tiempo se sentía culpable al pensar en Norbert.

— ¿Cómo has conseguido que mi hermano no venga contigo? —Se mofó Derek hablando de nuevo con Ana—. Apuesto lo que quieras a que se presenta aquí antes de que regreses a la ciudad.

—Y no te equivocarías —dijo Nahuel entrando en el salón.

— ¡Cariño! —Exclamó Ana encantada de verlo allí.

—No puedo estar sin ti, pequeña —le susurró al oído Nahuel al mismo tiempo que la abrazaba y la besaba en los labios.

Al día siguiente regresaron a la ciudad, pero Ana tuvo tiempo suficiente para percatarse que entre Eva y Derek saltaban chispas. Ana intentó hablar del tema con Eva, pero Eva insistió en que no quería nada con Derek y le recordó que estaba con Norbert.

Los días fueron pasando y por fin llegó la noche anterior al día de la boda, la noche de recepción. Irene se empeñó en celebrar la cena de recepción en el jardín de su casa y Ana y Nahuel aceptaron para complacerla. Eva, Ruth, Jason y Derek se instalaron en la casa de la costa de Nahuel, junto con él y Ana, mientras que los padres de Ana se instalaron en casa de Irene y James. Norbert tenía que trabajar y no llegaría a la costa hasta el día siguiente, así que Derek aprovechó que Eva estaba sola para provocarla hasta que consiguió que ella bajara la guardia y la besó en los labios cuando la acorraló en uno de los pasillos de la planta superior con la mala suerte de que Ana salía de la habitación en ese mismo momento y los pilló con las manos en la masa.

— ¡Mierda! —Exclamó Eva separándose bruscamente de Derek—. No es lo que parece, Ana.

—Pues parecía que estabais besándoos —murmuró Ana.

—Eso pensaba yo —musitó Derek.

Ana se encogió de hombros, dio media vuelta y bajó las escaleras para dirigirse a la cocina. Tendría que hablar más tarde con Eva, pero sabía que ahora no era un buen momento y ella tenía que terminar de arreglarse para la cena de recepción.

Irene y James recibieron a los novios, a la familia más cercana y a los amigos más íntimos de la pareja en su casa. Irene quiso sorprenderles y se encargó de prepararlo todo para que los novios no tuvieran que preocuparse de nada la noche antes de la boda.

Cenaron en el jardín trasero de casa de los padres de Nahuel y brindaron por el futuro matrimonio de Nahuel y Ana, Todos y cada uno de los presentes quiso dedicar unas palabras a los novios. Cuando le llegó el turno a Derek, no dejó escapar la oportunidad de enviarle un mensaje a Eva y, tras concluir con su dedicatoria para los novios, añadió:

—Jamás olvidaré el verano en el que Ana y Nahuel se conocieron.

Le guiñó un ojo a Eva con complicidad y brindó por los novios. A ninguno de los allí presentes les pasó por alto el gesto de Derek hacia Eva, pero Ruth intervino y cambió de tema:

—Supongo que, siendo la noche previa a la boda, los novios no dormirán bajo el mismo techo, ¿no?

Ana fulminó a Ruth con la mirada, ya había discutido con su madre suficiente por ese asunto. Nahuel frunció el ceño y rodeó con los brazos a Ana al mismo tiempo que dijo sin opción a réplica:

—No pienso separarme de Ana y mucho menos la noche antes de nuestra boda.

—Hijo, no pasará nada porque durmáis separados una noche —insistió Irene, la madre de Nahuel.

— ¡Qué más da, hace más de un año que viven juntos! —Intervino Ramón, el padre de Ana.

—No entiendo a qué viene tanto drama por dormir separados —comentó Leonor.

—Mamá, ya hemos hablado del tema —le advirtió Ana a su madre.

—No hay nada de lo que hablar, no vamos a dormir separados y punto —sentenció Nahuel, que no estaba dispuesto a pasar sin Ana ni una sola noche.

Eva cambió de tema y comenzó a hablar de trabajo, cualquier tema era válido siempre que no tuviera que ver con Derek.

Tras aquella agradable cena tan familiar, los jóvenes regresaron a casa de Nahuel. Ana entró en la habitación seguida de Nahuel, cerró la puerta y echó el cerrojo.

— ¿Temes que me escape? —Bromeó Nahuel—. Porque no pienso hacerlo, jamás me separaré de tu lado, cariño.

—Eso espero —le susurró Ana al oído al mismo tiempo que se desnudaba.

Nahuel la besó y la acarició mientras la ayudaba a deshacerse de su ropa. Tras desnudarse por completo, Ana desnudó a Nahuel. Ambos se abrazaron, se acariciaron y se besaron con urgencia, con verdadera necesidad de estar el uno con el otro, de fundir sus cuerpos.

Búscame 17.

Los meses fueron pasando, Ana y Nahuel continuaban viviendo su amor como el primer día, trabajaban juntos en la Agencia y Ana se había mudado a casa de Nahuel. Al final, Ana aceptó viajar a la costa en diciembre y pasaron la Navidad en la casa de la costa de Nahuel junto a los padres de ambos y también junto a Derek, el hermano pequeño de Nahuel. Derek aprovechó aquel encuentro con Ana para averiguar con sutileza cómo le iba a Eva y no le sentó nada bien descubrir que Eva salía con un tipo desde hacía meses. El encuentro en Navidad entre los padres de Ana y Nahuel fue sobre ruedas y se repitió en primavera, cuando los padres de Ana invitaron a los padres de Nahuel a pasar en el pueblo unos días de vacaciones.

Eva inició una relación con Norbert, el tipo estirado y aburrido que conoció en una cafetería cerca de la oficina. A las chicas les pareció un buen hombre, pero lo bautizaron como don Aburrido. Era un hombre joven, aunque unos años mayor que ella, pero parecía que fuera un abuelo. A Ana no le gustó desde el momento en el que lo escuchó decir que si se casaba con Eva no consentiría que continuara trabajando porque debía ocuparse de la casa y de los hijos. A pesar de que sus amigas pensaban que Norbert era un troglodita machista, Eva seguía adelante con aquella relación porque él era todo lo que siempre había querido en un hombre, era su prototipo perfecto, pero no estaba enamorada de él.

Desde que recibió aquel duro mensaje de David en el que le pedía cortar totalmente el contacto, Ruth dejó de creer en el amor. Ella que siempre había sido la romántica empedernida del grupo, la que soñaba con tener un cuento de hadas. Ahora Ruth ya no buscaba a su príncipe azul, tan solo buscaba algún hombre interesante y atractivo con el que pasar un buen rato y a quien no volviese a ver. Ruth se centró en su trabajo en la galería de arte, esa era su prioridad.

Con la llegada del verano llegaron también las ansiadas vacaciones. Ruth pasó el verano trabajando en la galería, la ciudad estaba llena de turistas y la galería recibía miles de visitas diarias.

Eva decidió pasar sus vacaciones con Norbert en su casa del lago, eran sus primeras vacaciones juntos y Eva dejó que Norbert se encargara de organizarlo todo.

Ana y Nahuel decidieron pasar unos días en el pueblo con los padres de Ana, otros días en la costa con los padres de Nahuel. Pero Nahuel había planeado en secreto dos semanas a solas en una pequeña isla paradisíaca que había comprado y a la que tan solo se podía acceder en barco. Quería disfrutar de la compañía de Ana sin que nadie les interrumpiese, sin preocuparse por nada que no fuera divertirse juntos.

Cuando se subieron al todoterreno con el equipaje en el maletero, Ana dio por sentado que se dirigían al aeropuerto privado para regresar a la ciudad, así que cuando vio que Nahuel entraba en el puerto, le preguntó:

— ¿Te has olvidado algo en el yate?

—Nuestras vacaciones aún no han acabado, cariño —le respondió Nahuel dedicándole una pícara y seductora sonrisa.

— ¿A dónde vamos? —Quiso saber Ana, emocionada con aquella noticia y riendo divertida.

—De momento, vamos a dar un paseo en barco —le contestó Nahuel manteniendo el misterio.

Ana no hizo más preguntas, tan solo sonrió y ayudó a Nahuel a sacar el equipaje del maletero del todoterreno para llevarlo al yate.

Una vez lo tuvieron todo listo, Nahuel navegó rumbo a la pequeña isla privada que había comprado y que pretendía regalarle a Ana para celebrar su compromiso, si es que aceptaba casarse con él.

Cuando por fin Nahuel atracó en el pequeño embarcadero de la isla, Ana ya no pudo aguantar más y le preguntó para saciar su curiosidad:

— ¿Dónde estamos?

—No seas impaciente —le dijo Nahuel burlonamente. Ana puso morritos y Nahuel aprovechó para robarle un beso. La agarró de la mano y tiró suavemente de ella para salir del barco al mismo tiempo que añadía—: Ven, deja las maletas ahí y vamos a dar una vuelta.

Ana le siguió sin rechistar. La curiosidad podía con ella, Nahuel la sorprendía día tras día, pero aquello era demasiado. Cuando pensaba que las vacaciones habían terminado y regresaban a casa, Nahuel la sorprendía con unas inimaginables vacaciones en un lugar remoto en medio del mar y que no sabría ubicar en un mapa.

— ¿Estamos en una isla? —Adivinó Ana.

—Así es, estamos en una isla privada de tan solo 3 kilómetros de diámetro.

A Ana no le hizo falta hacer más preguntas. Pudo ver la enorme casa que presidía la pequeña isla. Se subieron a un cochecito de esos que se utilizan en los campos de golf y cruzaron hermoso y cuidado jardín por un sendero de piedra.

—Primero rodearemos la casa para que veas el jardín, en la parte de atrás de la casa hay una enorme piscina y un jacuzzi que te encantarán —le dijo Nahuel de buen humor.

Recorrieron el jardín en el carrito de golf al mismo tiempo que rodeaban la casa. Ana quedó fascinada, la casa era enorme, una piscina climatizada presidía el jardín trasero y desde allí se podía vislumbrar un sugerente jacuzzi en la terraza de la segunda planta. Una vez vieron los alrededores de la casa, Nahuel le enseñó el interior de la misma a Ana. Cuando llegaron a la habitación principal, Ana se puso juguetona pero Nahuel, tras darle un casto beso en los labios, le dijo:

—Voy a buscar las maletas para instalarnos y después nos damos un baño juntos, ¿de acuerdo?

Ana resopló con resignación, pero acató las indicaciones de Nahuel. Tras deshacer las maletas e instalarse en la habitación principal, Nahuel cogió en brazos a Ana y la llevó al cuarto de baño. Ana se encargó de llenar la bañera con agua tibia mientras Nahuel se desnudaba y después la desnudaba a ella. Se metieron en la bañera y Nahuel se colocó detrás de Ana, rodeándola con sus brazos y con sus piernas. Nahuel la cubrió con sus besos y sus caricias y Ana le correspondió de igual modo. Había pasado un año desde que hicieron el amor por primera vez y seguían sintiendo el mismo deseo y pasión cuando sus cuerpos se unían.

Después de aquel entretenido y romántico baño, Nahuel convenció a Ana para que se echara un rato en la cama a descansar y, mientras ella dormía, él aprovechó para preparar la cena, tenía previsto organizar una velada romántica y especial.

Ana se despertó y bajó a la cocina, donde se encontró con Nahuel. Se sorprendió al descubrir que Nahuel había preparado la cena y también una romántica mesa a la luz de las velas en el jardín.

—Pero bueno, ¿qué es todo esto?

—He preparado la cena —le respondió Nahuel divertido.

— ¿Otra sorpresa más? —Le preguntó Ana divertida y añadió bromeando—: Espero que todo esto no sea para decirme que vas a tener un hijo con otra mujer.

—Tan solo te deseo a ti —le susurró Nahuel abrazándola desde la espalda y deslizando sus manos hacia el vientre de ella—. Aunque debo confesarte que me gusta la idea de ser papá.

—Cariño, creo que es demasiado pronto para tener esta conversación, ¿no crees?

—Poco a poco, cariño —cambió de tema Nahuel—. Ahora vamos a cenar, la cena ya está lista.

Cenaron en el jardín bajo la luz de las velas. Ana notó que Nahuel estaba nervioso aunque tratara de disimular, así que le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Cariño, en realidad he preparado todo esto por una razón —empezó a decir Nahuel—. Es evidente que, después de un año, sigo queriéndote en mi vida y siempre será así. Ambos seguimos igual o incluso más enamorados que cuando empezamos, hace meses que vivimos juntos, nuestras familias ya se han conocido y yo quiero dar un paso más —se sacó la pequeña caja con el anillo de compromiso que le había comprado y, tras enseñárselo, le preguntó mirándola a los ojos—: Cariño, ¿quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz de la tierra?

Ana se arrojó a sus brazos y le besó con urgencia. Ni siquiera le prestó atención al anillo, aquello era algo secundario.

— ¿Eso es un sí? —Le preguntó Nahuel divertido.

— ¡Por supuesto que es un sí! —Exclamó Ana riendo.

Nahuel sacó el anillo de la cajita y se lo colocó a Ana en el dedo. Acto seguido, Ana se deshizo de su ropa y se sentó a horcajadas sobre Nahuel. Estaban en el jardín, pero en una isla privada que tan solo estaba habitada por ellos dos, así que Nahuel no se lo pensó dos veces y le hizo el amor allí mismo.