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Tú eres mi destino.

Alysa solo piensa en vengar la muerte de sus padres, a quienes mataron delante de ella cuando tan solo tenía diez años. Alysa consiguió huir de la casa y fue en busca del maestro Lee, quien la acogió bajo su protección y la entrenó durante quince largos años para que estuviera preparada para vengar a su familia.

Sus investigaciones la llevarán a Termes, donde reside Diego Morales, el compañero de proyecto de su padre. Tras hacerle una visita inesperada, Diego le cuenta la verdad sobre el proyecto Alpha y la relación con la muerte de su familia, igual que la muerte de la esposa de Diego. Alysa y Diego se alían con el fin de acabar con quienes acabaron con su familia. Pero Diego no está solo, su hijo Alberto y su sobrino Marcos le acompañarán hasta el final.

Alysa y Alberto no empiezan con buen pie, pero convivir juntos en la misma casa hace que se conozcan mejor e incluso que ambos se sientan atraídos. ¿Dejará Alysa de lado su afán de venganza para dejarse llevar por lo que siente por Alberto? Y Alberto, ¿será capaz de comprometerse con una mujer para el resto de su vida?

¿Quieres descubrir más sobre la historia de Alysa y Alberto? No te pierdas la novela Tú eres mi destino, disfrútala capítulo a capítulo:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Noventa minutos 19.

A las ocho de la tarde, Gina y Jake llegaron a casa de Henry y Grace. Jake aparcó el coche en el garaje y aprovechó esa intimidad para besar a Gina, que estaba muy nerviosa. Jake también estaba nervioso, pero lo disimulaba muy bien. Uno de los miembros del equipo de seguridad de los Hudson les abrió la puerta y Jake y Gina entraron en la casa y se dirigieron al salón cogidos de la mano.

Grace, Paulina y Franco sonrieron cuando vieron entrar a Gina y Jake cogidos de la mano, pero a Henry le preocupaba que aquella historia no acabara bien y, pese a que lo intentó, no pudo sonreír. Jake conocía a su padre y sabía que se le pasaría con el tiempo, cuando viera que lo suyo con Gina iba en serio.

—Estáis guapísimos, chicos —les saludó Grace emocionada—. Y hacéis una pareja estupenda.

Jake sonrió y Gina se ruborizó. Franco y Paulina también les saludaron con una sonrisa y Henry, haciendo un esfuerzo por disimular todas las dudas y la preocupación que aquella relación le provocaba, también les saludó amablemente:

—Me alegro de que hayáis venido a cenar.

Jake colocó su brazo alrededor de la cintura de Gina y la guió hasta uno de los sofás de dos plazas que quedaba libre, donde se sentó junto a ella.

Charlaron durante un buen rato en el salón antes de pasar a cenar al comedor. Durante la cena, la conversación se fue animando y todos parecían estar de buen humor. Jake estaba pendiente de Gina en todo momento, quería que se encontrara cómoda y lo consiguió.

—Y, ¿desde cuándo se supone que estáis juntos? —Preguntó Grace sonriendo feliz.

—Bueno, supongo que desde antes de saber quiénes éramos realmente —confesó Jake—. Ya han pasado casi tres meses.

—Puede que parezca poco tiempo, pero teniendo en cuenta que durante esos tres meses han estado las veinticuatro horas del día juntos, creo que es un tiempo más que considerable para que sepan qué es lo que quieren —apuntó Franco queriendo echar una mano a la pareja y añadió—: Vuestra relación cuenta totalmente con mi apoyo.

—Y con el mío también, me alegro de tener un yerno que me caiga tan bien —le secundó Paulina.

—Es la primera vez que veo a mi hijo realmente feliz y adorando a una chica —comentó Grace emocionada. Se volvió hacia a Gina y añadió—: Debes de ser muy especial para que mi hijo esté así de feliz, Gina. Ambos tenéis también nuestra bendición.

Henry sonrió y asintió con la cabeza para dejar claro que él también estaba de acuerdo con lo que su esposa acababa de decir. Todos brindaron por la recién estrenada pareja y Gina y Jake se besaron frente a todos para sellar su amor.

Regresaron a casa pasada la medianoche y, nada más bajar del coche, Jake cogió en brazos a Gina y la llevó directamente a la habitación.

—Jake, ¿qué pretendes hacer conmigo? —Le preguntó Gina sonriendo con picardía.

—Cariño, pretendo pasarme toda la noche dándote placer —le contestó Jake divertido y la besó.

 

***

 

Cinco meses más tarde, en pleno mes de agosto, Jake quiso irse de vacaciones con Gina a una isla paradisiaca para desconectar del estrés de la ciudad, relajarse y divertirse juntos. Se alojaron en una lujosa cabaña en la playa, desde donde podían contemplar el amanecer y la puesta de sol.

Gina tomaba el sol en la orilla del mar mientras leía para pasar el rato y Jake pescaba a su lado cuando sonó el aviso de la llegada de un mensaje en el móvil de Gina.

—Cariño, creía que habíamos acordado apagar el móvil mientras estuviéramos de vacaciones —le dijo Jake divertido, pues su chica no era de las que cumplía las normas.

—Te he dicho millones de veces que los acuerdos a los que llegamos mediante tu persuasión sexual no tienen ningún tipo de validez —le replicó Gina sonriendo—. Además, anoche me levanté a beber agua y te vi pegado al portátil, pero como soy una niña buena no dije nada.

— ¿Y desde cuándo eres una niña buena? —Se mofó Jake.

— ¿Quieres que te demuestre cómo no soy una niña buena? —Le preguntó Gina con una sonrisa traviesa en los labios.

Jake alzó las cejas, dejó la caña sobre la arena y cogió en brazos a Gina dispuesto a llevarla a la cabaña y hacerle el amor.

—Jake, ¿a dónde me llevas? —Le preguntó entre risas.

—Cariño, te tengo dicho que esa sonrisa traviesa hace que no pueda controlar mis impulsos —le respondió Jake con la voz ronca—. Te voy a llevar a la cabaña y te voy a hacer el amor.

A Gina aquello le sonó a gloria y le dejó hacer lo que se proponía porque lo deseaba tanto como él. Jake la tumbó en la cama, la besó y la acarició excitándola como el primer día, guiándola por el camino del placer. Pero Jake se traía algo entre manos y, cuando la tuvo al borde del orgasmo, se paró y le susurró al oído:

—Cariño, cásate conmigo —y añadió rápidamente—: Si aceptas, el acuerdo tendrá validez legal.

—Acepto —le confirmó Gina con la voz ronca.

Jake no se hizo de rogar y la penetró de una sola estocada para proseguir con un va y ven de placenteras embestidas que hicieron que ambos alcanzaran el clímax al mismo tiempo. Agotados por aquella sensación tan intensa, se quedaron abrazados en la cama. Cuando las respiraciones de ambos se normalizaron, Jake le susurró a Gina en el oído:

—Te quiero, cariño. Tenía planeado pedirte que te casaras conmigo esta noche, tras una romántica cena en la playa y bajo la luz de la luna llena, pero ya sabes que contigo no corro riesgos.

— ¿Eso significa que me quedo sin cena romántica en la playa bajo la luz de la luna llena? —Le preguntó Gina divertida.

—Claro que disfrutaremos de una noche romántica —le respondió Jake sonriendo y la besó en los labios antes de añadir—: Ya te he dicho que solo quería asegurarme de que no puedas decirme que no.

Ambos se besaron y volvieron a hacer el amor.

Aquella noche, disfrutaron de una romántica cena en la playa bajo la luz de la luna llena y Jake le regaló un precioso anillo de compromiso de oro blanco con diamantes y zafiros. Brindaron por su amor y por su futura boda y terminaron bañándose en el mar y haciendo el amor en la orilla.

 

FIN

Noventa minutos 18.

Jake despertó a Gina a las siete de la mañana, se ducharon, desayunaron y la llevó a la oficina. Jake tenía que ir también a su oficina, así que habló con el escolta de Arthur para que aumentara la seguridad en Global, se despidió de Gina y se marchó a las oficinas de su empresa. Regresó a buscar a Gina a la hora de la comida para llevarla a comer y se volvía a marchar para regresar a las seis de la tarde y llevar a Gina a casa y pasar el resto del día juntos como una pareja.

Mantuvieron la misma rutina durante las dos semanas siguientes, hasta que un viernes que Arthur le dio fiesta a Gina en la oficina, mientras preparaban la comida en casa entre bromas, Franco y Paulina llamaron al timbre de la puerta de la casa de su única hija.

—Papá, mamá, ¿qué hacéis aquí? —Les preguntó Gina preocupada al ver a sus padres allí—. ¿Ha pasado algo?

—No ha pasado nada malo, ¿nos invitas a entrar? —Le contestó Franco.

—Claro, pasad —les dijo Gina saludando a sus padres con un beso en la mejilla. Entraron al salón y dijo alzando un poco la voz para que Jake, que estaba en la cocina, le escuchara—: Jake, tenemos visita.

— ¿Quién es, cariño? —Preguntó Jake antes de salir de la cocina y toparse con sus futuros suegros en el comedor—. Franco, Paulina, ¿ha ocurrido algo?

—Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros —comentó Franco divertido posando su mirada de su hija a Jake.

—Papá —le advirtió Gina—. ¿A qué habéis venido?

—Brad me ha enviado esto y he preferido enseñártelo en persona, así aprovechábamos para haceros una visita —respondió Franco y le entregó el sobre que Brad le había enviado.

Gina cogió el sobre y lo abrió. Del sobre sacó cinco fotografías y un papel con un pequeño escrito que en seguida reconoció como la letra de Brad. Gina miró las fotografías con detenimiento y reconoció en cada una de ellas a cada uno de los cinco miembros de los Servasky, todos muertos de un tiro en la frente. Gina no necesitaba leer el pequeño escrito de Brad para hacerse una idea de lo que había pasado, pero aun así decidió leerlo: “Problema resuelto, ya no tenéis que preocuparos por los Servasky. Los cinco miembros están muertos y te adjunto cinco fotografías como prueba. Si quieres, puedes pedir el informe a la DEA para comprobar que lo que digo es cierto. Solo quiero lo mejor para Gina.”

Gina le entregó el sobre a Jake para que él mismo pudiera ver con sus propios ojos lo que ella misma también había visto y después se volvió, miró a su padre y le preguntó:

— ¿Lo has confirmado con la DEA?

—Sí, lo he confirmado —respondió Franco—. Les he pedido una copia del informe de la operación, te la haré llegar en cuanto la reciba.

—Creía que queríais a los Servasky vivos —comentó Jake.

—Y así era, pero la DEA también iba detrás de ellos y, conociendo a Brad, no iba a dejarlos escapar si tenía la más mínima oportunidad de liquidarles —contestó Franco—. Hay muchas cosas que los Servasky se han llevado a la tumba, pero tengo que reconocer que también es un alivio saber que no vamos a tener que volver a preocuparnos por ellos.

— ¿Os quedáis a comer? —Preguntó Jake a sus futuros suegros—. Estamos preparando tallarines al pesto, aunque no nos saldrán igual de buenos que a Paulina.

—Os agradecemos la invitación, pero ya hemos quedado con Henry y Grace para comer —les dijo Paulina agradecida—. Podríamos ir a cenar todos juntos, ¿qué os parece?

—Paulina, a lo mejor los chicos ya tienen planes para esta noche —le dijo Franco a su esposa.

—Creo que es una buena idea que salgamos a cenar todos juntos —opinó Jake. Gina le apretó el brazo para mostrar su desacuerdo, pero Jake le acarició la mano y le susurró—: Tarde o temprano tendremos que hacerlo, ¿por qué no esta noche?

— ¿Qué dices, Gina? —Insistió Paulina—. ¿Salimos a cenar todos juntos?

—Eh, creo que eso parece —respondió Gina nerviosa.

Franco y Paulina les dijeron que les llamarían por la tarde para quedar y salir a cenar, se despidieron de ellos y se marcharon a casa de los Hudson contentos por haber podido comprobar con sus propios ojos la relación que existe entre Gina y Jake.

En cuanto Paulina y Franco salieron de casa de Gina, Gina se volvió hacia Jake y le preguntó:

— ¿De verdad crees que es una buena idea?

—Cariño, si vamos a tener una relación de pareja, lo lógico es que nuestras familias lo sepan y cuanto antes mejor —le respondió Jake—. Además, tanto tus padres como los míos saben que hay algo entre nosotros y solo esperan que lo hagamos oficial —la estrechó entre sus brazos, la besó en los labios y le susurró al oído—: No tienes de qué preocuparte, es imposible no adorarte, cariño.

—Me encanta que me llames cariño —le confesó Gina entre risas y bromeó—: Incluso hasta cuando lo haces delante de mis padres.

–  No sabía que eran tus padres, pero me alegro de que lo hayan oído porque nos ahorrará muchas explicaciones esta noche. – Le dijo Jake sonriendo. – No te preocupes, te prometo que todo saldrá bien y que incluso te divertirás. Ahora, vamos a comer.

Jake y Gina comieron, recogieron y estaban a punto de empezar a ver una película cuando llamaron a Jake del trabajo, se retiró a la cocina para hablar y, tras casi media hora de conversación, regresó al salón y le dijo a Gina:

—Cariño, tengo que ir a la oficina —le dio un beso en los labios y añadió—: Me gustaría que vinieses conmigo, así te puedo enseñar las oficinas.

Media hora más tarde, Gina entraba en las oficinas de la empresa de Jake. Jake le colocó un brazo alrededor de la cintura con posesión, para que todo el mundo supiera lo que ella significaba para él. Jake nunca había llevado a ninguna de sus amantes a su empresa al igual que tampoco las llevaba a su casa, así que en cuanto les vieron aparecer, todo el mundo supo que aquella relación iba en serio. Subieron es ascensor a la planta superior del edificio, donde les esperaba Samuel, la mano derecha de Jake.

—Hola Sam —saludó Jake—. Te presento a Gina Verona, mi novia —se volvió hacia a Gina y le dijo sonriendo—: Cariño, él es Samuel, mi mano derecha. Sin él estaría perdido.

—Encantado de conocerla, señorita Verona —la saludó Samuel sonriendo y estrechándole la mano.

Gina le devolvió la sonrisa mientras estrechaba la mano de Samuel y los tres se dirigieron al despacho de Jake donde Samuel les puso al corriente de la situación. Tom Taker, uno de los principales inversores de la empresa, estaba furioso porque Jake llevaba desaparecido del mapa casi dos meses. Hacía dos semanas que Jake había vuelto a la oficina, pero aún tenía mucho trabajo retrasado por haber pasado dos meses en Castle. Tom Taker era su principal inversor y lo había descuidado, aquello no era propio de Jake.

—Tom Taker está de camino, de hecho, ya debería estar aquí —le informó Samuel—. ¿Has pensado en algo para calmarlo o improvisarás sobre la marcha?

— ¿Puedo estar presente en la reunión? —Preguntó Gina. Jake y Samuel la miraron sorprendidos, no entendían por qué quería estar presente en una reunión que iba a ser desagradable, así que Gina les dijo para tranquilizarles—: Conozco a Tom y estoy segura que mi presencia suavizará las cosas.

Jake aceptó la propuesta de Gina, pero solo porque así no tendría que separarse de ella. Tom Taker era de los que necesitaba llamar la atención y por eso montaba ese circo, pero en cinco minutos se le habría pasado. En cuanto llegó Tom Taker, le hicieron pasar al despacho y su rostro enfurruñado cambió nada más ver a Gina, a quién saludó con familiaridad:

— ¡Querida, qué alegría verte! —La besó en ambas mejillas y le preguntó—: ¿Qué haces por aquí?

—He venido con Jake —respondió Gina cogiendo la mano de Jake.

— ¡Oh! De haber sabido que estabas con él no se me hubiera ocurrido interrumpiros y, si tenéis algo qué hacer, podemos dejar la reunión para otro momento…

—Ya que estamos aquí, hagamos lo que hemos venido a hacer —le interrumpió Jake.

La reunión apenas duró media hora en la que Gina decidió no intervenir, pero disfrutó escuchando a Jake cómo se manejaba en sus negocios y eso le gustó.

Jake y Gina se despidieron de Tom Taker y, tras tener otra charla con Samuel, también se despidieron de él y regresaron a casa de Gina con el tiempo justo para cambiarse de ropa y dirigirse a casa de los padres de Jake para cenar con sus respectivas familias.

Noventa minutos 17.

Gina y Jake llegaron a la ciudad por la tarde, ya que decidieron parar a comer en el camino. Nada más entrar en casa, Gina desconectó la alarma y le dijo a Jake:

—No hay nada para comer, deberíamos ir a comprar.

—Iremos a comprar mañana, esta noche quiero que salgamos a cenar —le dijo Jake sonriendo—. Creo que podríamos ir a cenar al Dunkan, ¿te apetece?

—No podemos ir sin reserva y el Dunkan tiene una lista de espera de más de seis meses —le respondió Gina.

—Conozco al propietario, nos darán mesa si hago una llamada —informó Jake—. ¿Te apetece salir conmigo a cenar o estás tratando de darme una excusa?

—Me confundes, Jake —le dijo Gina encogiéndose de hombros—. Desde el primer momento me dejaste claro que lo nuestro solo se trataba de sexo y yo lo acepté, pero ahora pides más y no entiendo por qué. ¿Me he perdido algo?

—He cambiado de opinión, por eso he querido cambiar el acuerdo y creía que tú también querías cambiarlo —alegó Jake—. ¿De qué tienes miedo? Ambos nos lo pasamos bien juntos, hemos estado un mes y medio encerrados en la misma casa durante veinticuatro horas al día y no hemos acabado matándonos como todo el mundo esperaba. ¿Qué problema hay en que salgamos a cenar, cariño?

—No lo sé, Jake —le respondió Gina frustrada por no saber explicarse y por no querer confesar lo que de verdad sentía—. Es solo que todo está yendo demasiado rápido y el hecho que estés tan pendiente de mí o me llames “cariño” no me ayuda para aclararme. Igual que tampoco lo hace que juegues con mis orgasmos para que acepte acuerdos en los que no soy capaz de pensar en ese momento.

—De acuerdo, vamos a hacer una cosa —propuso Jake—. Esta noche te invito a cenar y hablamos tranquilamente de todo esto. Prometo no besarte ni hacer ninguna insinuación sobre sexo hasta que hayamos hablado. ¿Te parece bien?

—Me parece bien —contestó Gina—. Voy a ducharme y ponerme algo decente.

—Tenemos que ir de etiqueta, ¿tienes algún vestido de noche? —Preguntó Jake.

—Algo encontraré, no te preocupes —le respondió Gina antes de desaparecer por el pasillo.

Jake llamó a su amigo e hizo una reserva para dos personas en el Duncan, pero no sin que antes su buen amigo le asegurara de que le daría una mesa íntima y alejada del resto de mesas, quería intimidad con Gina. A las ocho y media, cuando Jake ya había reservado en el restaurante, se había duchado, vestido y deshecho la maleta, Gina salió de su habitación con un vestido rosa pálido de escote en palabra de honor y unos zapatos plateados a juego con su bolso de mano. Se había dejado su larga melena rubia suelta que le caía sobre los hombros como si de un ángel se tratara.

—Estás preciosa, Gina —balbuceó Jake cuando la vio entrar en el salón.

La ayudó a ponerse su chaqueta plateada y ambos salieron de casa de Gina mientras Jake rodeaba la cintura de ella con su brazo. Se montaron en el coche y se dirigieron al Dunkan, dónde un aparcacoches vestido de etiqueta se ocupó de aparcar el coche.

Gina agarró del brazo a Jake y a él le encantó ese gesto. El maître les recibió y les acompañó a su mesa, una romántica mesa para dos, iluminada por un par de velas y bastante alejada del resto de mesas. Jake pidió vino tinto para beber mientras decidían qué pedir para cenar:

—Este lugar es fantástico, me alegro de que me hayas traído —le confesó Gina.

—Y yo me alegro de que hayas aceptado venir —le respondió Jake alzando su copa para brindar con Gina—. Por nosotros.

Ambos entrechocaron sus copas, se sonrieron y le dieron un trago a su copa de vino. Leyeron la carta y decidieron qué pedir y, mientras esperaban que el camarero les sirviera la cena, Jake comenzó a hablar:

—Estamos aquí porque yo he insistido en hablar sobre nuestra relación, así que, si no te importa, empezaré yo —bebió un trago de su copa y continuó—: Me gustas, me gustas desde el primer momento en que te vi. Pero después de pasar todos estos días contigo, mis sentimientos por ti son más fuertes. No sé si es amor porque nunca antes me había enamorado, pero nunca antes lo había sentido por nadie. Jamás había pensado en pasar el resto de mi vida con una mujer hasta ahora. Sé que al principio ambos dejamos claro que ninguno de los dos quería una relación estable pero, si te soy sincero, tengo la esperanza de que, al igual que yo, tú también hayas cambiado de opinión.

— ¿Me estás proponiendo tener una relación estable? —Le preguntó Gina un tanto sorprendida.

—Prácticamente, ya tenemos una relación estable —le contestó Jake—. Tan solo nos hace falta hacerlo oficial.

—Cuando dices que solo nos falta hacerlo oficial, ¿a qué te refieres exactamente?

—Me refiero a que hacemos vida de pareja —le contestó Jake empezando a perder la paciencia—. Me gustaría saber qué sientes, Gina. ¿Qué esperas de nosotros?

—Me gustas —le contestó Gina—. Me lo paso bien contigo y no solo en la cama. Si te soy sincera, quiero seguir estando contigo en todos los sentidos. Me encanta despertarme y tenerte a mi lado, me encana hacer el amor contigo y me pongo hasta nerviosa cuando recibo uno de tus mensajes. Pero también tengo miedo a acostumbrarme a todo lo que me estás dando, porque puede que un día te canses de mí.

—Te quiero, Gina. Si por mí fuera me casaba ahora mismo contigo y así me aseguraba que vamos a estar juntos siempre —le susurró Jake abriendo su corazón—. El sexo es genial entre nosotros, pero no es lo único genial que tenemos. Dame una oportunidad para demostrarte lo que te estoy diciendo y te aseguro que no te arrepentirás.

—Espero que tú tampoco te arrepientas —bromeó Gina—. Entonces, ¿ya podemos besarnos o todavía no? Apenas han pasado un par de horas y ya echo de menos tus besos y que me llames “cariño”.

—Ven aquí, cariño —le dijo Jake acercándose a ella para besarla en los labios—. Solo tienes que pedir por esa boca lo que desees y yo lo haré realidad.

—Entonces te diré que, aunque sé que estás empeñado en salir juntos esta noche, me gustaría que después de cenar nos vayamos a casa —le confesó Gina con una sonrisa traviesa—. Te aseguro que no te arrepentirás.

—Cómo tú quieras, cariño —le contestó Jake divertido y excitado por la sugerencia de Gina—. Si todos los deseos son como ese, estaré encantado de hacerlos realidad.

El camarero llegó con los platos que habían pedido y ambos cenaron felices por la decisión que acababan de tomar.

Después de cenar, se dirigieron a casa de Gina y allí hicieron el amor una y otra vez hasta que quedaron agotados y se durmieron uno en brazos del otro.

Noventa minutos 16.

A la mañana siguiente, todos regresaron a la ciudad excepto Jake y Gina, que se quedaron en la mansión junto a los padres de Gina, Derek, Seb y el resto de los agentes de seguridad de la mansión.

Los días iban pasando y Gina y Jake cada vez estaban más unidos. Jake se quedaba todas las noches con Gina en su habitación y no se marchaba de allí hasta la mañana siguiente cuando ella se despertaba. Pero no se conformaban en verse a solas por las noches, también aprovechaban cada momento del día en el que nadie les veía para besarse, acariciarse, dedicarse un gesto o una mirada que indicara el deseo que ambos sentían. Franco y Paulina observaban en silencio como la relación de su hija y Jake cada vez se hacía más evidente ante los ojos de los demás y ante ellos mismos y se alegraron de que por fin Gina le diera una oportunidad al amor después de cómo terminó su relación con Brad. Henry llamaba a Franco a diario para asegurarse de que todo iba bien entre sus hijos y se alegraba cuando Franco le contaba que todo iba muy bien.

Llevaban ya un mes y medio en la mansión de los Verona cuando Gina se despertó entre los brazos de Jake mientras él la besaba en el cuello y le susurraba al oído:

—Cariño, estás preciosa mientras duermes.

— ¿Eso significa que cuando estoy despierta no lo estoy? —Preguntó Gina bromeando aún medio dormida.

—Siempre estás preciosa, pero cuando duermes pareces tan frágil y vulnerable que hace que resultes todavía más hermosa —le dijo Jake deslizando sus manos por la suave piel de Gina—. Me tienes hechizado y nunca me quedo saciado de ti.

—Me tienes totalmente desnuda entre tus brazos y en una cama, creo que no hace falta que trates de convencerme con palabras que crees que quiero escuchar —le dijo Gina burlonamente.

Ambos se enredaron en una trama de besos y caricias hasta que terminaron haciendo el amor con más pasión y entrega que otras veces. Se quedaron tumbados sobre la cama, totalmente exhaustos pero muy satisfechos. Jake la estrechó entre sus brazos y le dijo:

—Cariño, creo que necesitamos negociar de nuevo nuestro acuerdo de noventa minutos.

—Te escucho —le dijo Gina con curiosidad por lo que le iba a proponer.

—Para empezar, tenemos que quitar el límite de tiempo. Estamos juntos las veinticuatro horas del día y ya me cuesta contenerme delante de tus padres como para contenerme cuando estamos a solas —le planteó Jake.

—Estoy de acuerdo, al fin y al cabo ninguno de los dos estamos respetando los noventa minutos —opinó Gina.

—Genial, pero aún hay más cosas que quiero negociar contigo.

—Soy todo oído —le respondió Gina divertida.

—Quiero exclusividad —apuntó Jake y añadió para dejarlo claro—: – Mientras tengamos este acuerdo, no puedes irte con ningún otro hombre y, por supuesto, yo tampoco me iré con ninguna otra mujer.

—Me parece bien, no soy muy dada a compartir —aceptó Gina sonriendo con picardía.

—Pensaba que no me lo ibas a poner tan fácil, pequeña —le susurró Jake mientras poseía el centro de su placer con los dedos.

—No soy capaz de discutir nada en este estado y no es un reproche, tan solo estoy constatando un hecho.

—Entonces, aprovecharé para pedirte algo más —le susurró Jake mientras deslizaba su pulgar hasta el clítoris de ella para aumentar su placer—. También quiero que salgamos a cenar, a ver una película en el cine o cualquier otra cosa que nos apetezca.

—Eso lo discutimos luego —dijo Gina entre gemidos—. Ahora no puedo pensar.

—Solo tienes que aceptar y te daré lo que tanto deseas —le dijo Jake dejándola al borde del orgasmo pero sin dárselo—. ¿Qué me dices, pequeña?

—Está bien, lo que quieras, pero no pares —le rogó Gina.

Satisfecho por lo que había conseguido, Jake le hizo el amor a Gina con dulzura, con posesión y con rendición absoluta. Tenía claro que quería avanzar en su relación con ella y pensaba conseguirlo.

—Has jugado sucio —le dijo Gina bromeando cuando su respiración se normalizó.

—No quería arriesgarme a que me dieras un no por respuesta —le respondió Jake divertido.

—Estamos encerrados, no podemos hacer nada de lo que dices.

—Hoy espero que me confirmen una buena noticia y, si me lo confirman, podremos ir a dónde queramos, pequeña —le anunció Jake—. Puede que esta misma noche podamos salir a cenar.

— ¿Has esperado a que aceptara el trato para decírmelo? —Le preguntó Gina fingiendo ofenderse.

—Ya te he dicho que no quería arriesgarme a una negativa —se defendió Jake sonriendo—. Duerme un poco más y quizás cuando te despiertes pueda decirte que regresamos a casa.

— ¿Regresamos a casa? —Preguntó Gina sabiendo que le ocultaba algo—. ¿Qué quieres decir con eso exactamente?

—Cariño, es posible que puedas regresar a casa y seguir con tu vida, pero seguiré siendo tu sombra —le susurró Jake al oído. Le dio un beso en los labios y añadió—: Es temprano, quédate durmiendo un rato más.

Gina le obedeció y Jake se levantó de la cama, se fue a su habitación se dio una ducha y al salir de su habitación para bajar a la cocina se encontró con Franco en pasillo.

—Buenos días, Jake —lo saludó Franco extrañado de verlo salir solo de su habitación tras haberse esperado que su hija estuviera con él—. ¿Gina sigue durmiendo?

—Creo que sí —dijo Jake señalando la puerta cerrada de la habitación de Gina—. ¿Sabemos algo de los Servasky?

—Está confirmado, están en Rusia —le informó Franco—. Aun así, quiero que Gina siga teniendo un guardaespaldas y me gustaría que fueras tú, si estás de acuerdo.

—Por supuesto, Franco —le respondió Jake—. Puedes contar conmigo.

Franco respiró tranquilo al escuchar la respuesta de Jake, su hija era demasiado testaruda y el único que podía ser capaz de hacerla entrar en razón era Jake.

Tras desayunar juntos en la cocina y después pasar al despacho de Franco para continuar hablando de los Servasky y del seguimiento que les estaban haciendo para garantizar la seguridad de Gina. A las once de la mañana, Franco miró su reloj y le dijo a Jake:

—Ves a darle la noticia a Gina, estoy seguro de que se alegrará —Jake sonrió y se levantó dispuesto a ir a buscar a Gina, pero Franco le llamó antes de salir del despacho y le dijo—: Es mi única hija, Jake. A veces es un poco cabezona y tiene muy mal genio, pero es lo que más quiero en mi vida junto a mi esposa. Cuida de ella, muchacho.

—Lo haré, Franco —le aseguró—. Tu hija también es lo que yo más quiero en mi vida.

Franco se quedó satisfecho y tranquilo con las palabras de Jake. Jake se dirigió a la habitación de Gina tratando de asimilar que había dicho en voz alta lo que ni siquiera se había atrevido a pensar, pero se sentía feliz de sentir lo que sentía, pese a que era la primera vez que lo sentía. Se había enamorado de Gina y quería pasar el resto de su vida con ella, ahora solo faltaba que Gina deseara lo mismo y él iba a poner todo de su parte para que así fuera.

—Cariño, despierta —le susurró Jake al oído.

—Mm… Un ratito más —le suplicó Gina para que le dejara dormir un poco más.

—Ya podemos regresar a casa, creía que te gustaría saberlo —volvió a susurrarle Jake.

Gina se incorporó en la cama y abrazó a Jake sin que él se lo esperara y ambos acabaron tumbados sobre la cama, justo en el momento que Derek también entraba en la habitación.

—Veo que ya te han dado la noticia —saludó Derek. Gina y Jake se sentaron en la cama sin poder contener las risas y Derek añadió—: Franco quiere que, cuando terminéis de celebrar la vuelta a casa, bajéis a la cocina para que Gina desayune y él os pueda dar la charla sobre el protocolo de seguridad.

Derek les dejó a solas y Gina aprovechó el momento para lanzarse a los brazos de Jake y besarle en los labios apasionadamente, feliz por saber que podía volver a casa y, lo que era mejor, que Jake seguiría estando con ella las veinticuatro horas del día. Como cada vez que se besaban estando en la cama, acabaron haciendo el amor.

Esa misma mañana Jake y Gina recogieron sus cosas, hicieron las maletas, se despidieron de Franco y Paulina y regresaron a la ciudad.