Caprichos del destino 14.

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Cuando el doctor me dio el alta dos días después, decidí regresar a mi casa. Raúl se quedó en casa conmigo ya que no podía regresar a su casa hasta que la reparasen y tampoco quería dejarme sola. Durante toda la semana los periodistas no dejaban de llamar al teléfono fijo y lo desconecté. Por supuesto, tampoco me arriesgué a conectar mi móvil, demasiadas cosas tenía ya en la cabeza.

Como la noticia se extendió por todos los medios de comunicación, mi cara salió en todos los programas de televisión, en las noticias, periódicos y revistas, relacionándome también con Jason.

Pasé dos semanas sin apenas salir de casa, pues los periodistas siempre estaban en la puerta del edificio, esperándome. Mi padre pasaba los fines de semana en mi casa, preocupado porque me oía llorar todas las noches que se quedaba, hasta que una noche entró en mi habitación y le conté que estaba embarazada. Lejos de disgustarse, mi padre se alegró de mi embarazo y me aconsejó que hablara con Jason y le explicara todo para arreglar las cosas, pero me negué.

Ana, que también me había visto en las noticias, supongo que avisada por el responsable de prensa de King Race, llamó a Alice y, cuando le dijo que estaba en mi apartamento, Ana decidió venir a verme sin avisar ya que no respondía a ninguna de sus llamadas ni mensajes. Abrí la puerta cuando llamaron al timbre y me encontré con ella. Por suerte, llevaba ropa holgada y mi barriga que ya empezaba a abultarse con tres meses y medio de embarazo quedaba oculta bajo mi ancha camisa.

–  ¡Sara, por fin te encuentro! – Me dijo Ana nada más verme y me abrazó. Su barriga era completamente redonda y tersa, una barriga perfecta de una embarazada de cinco meses y medio. – Siento todo lo que ha pasado, Alicia ya me ha puesto al corriente de todo. – Ana se queda callada al ver aparecer a mi espalda a Raúl.

–  ¿Va todo bien? – Me pregunta Raúl. Asiento con la cabeza y añade: – Me alegro de verte, Ana. Voy a aprovechar que estás aquí para salir a hacer unos recados, así Sara no se quedará sola.

Dicho esto, Raúl se marcha y yo invito a Ana a pasar al salón y le ofrezco una bebida. Ana me observa sin decir nada hasta que me siento junto a ella en el sofá.

–  Alicia me ha dicho que no estás ni has estado nunca con Raúl, que dejaste que Jason lo creyera para protegerle. Lo que no entiendo es porque no le has dicho nada, esos tipos llevan más de dos semanas entre rejas, ya no hay peligro y podéis seguir con la relación.

–  Ana, te agradezco que hayas venido y tu buena intención, pero no quiero hablar de Jason. – Le ruego con un hilo de voz. – Cuéntame mejor cómo llevas tu embarazo, ¿sabes si es niño o niña?

–  ¡Sí! ¡Es una niña! Aunque aún no nos hemos puesto de acuerdo a la hora de escoger un nombre, pero todavía tenemos tiempo.

Ana y yo charlamos de todo menos de Jason. Sé que Jason ha tratado de llamarme en varias ocasiones, incluso les ha dado mensajes a Esther y a Aitor para que intenten convencerme de que lo llame, pero me he negado a escuchar nada que tenga que ver con Jason.

En cuanto Ana se marcha, me doy cuenta que necesito cambiar de aires y decido irme una temporada a Salou, donde David tiene un apartamento y me ha invitado a ir. Como él trabaja, estaré sola y podré desconectar de todo y de todos.

Hasta ahora, los únicos que saben que estoy embarazada son mi padre y Raúl, pero como pronto ya no lo voy a poder ocultar, decido reunir a todos mis amigos y darles la noticia.

Después de comer, saco una botella de champagne y Aitor, al que no se le escapa una, me pregunta:

–  ¿Qué celebramos?

–  Algo muy importante, así que prestad atención. – Le respondo sonriendo. – Como todos sabéis, estos últimos meses han sido complicados para mí, he estado estresada y con mil cosas en la cabeza y eso sumado a lo despistada que soy… En fin, que mi vida ha sido un caos. Cuando me desperté en el hospital, el doctor me dio una noticia que, tal y cómo me encontraba entonces, me afectó. No sabía cómo asimilarla y guardé silencio, pero ahora ya lo he asimilado, lo he aceptado y estoy muy ilusionada, así que quiero compartir mi pequeña felicidad con vosotros. – Me llevo las manos a la barriga y me ajusto la camisa al abdomen para dejar ver mi pequeña barriga abultada. – Estoy embarazada.

–  ¿Qué? – Preguntaron todos al unísono, todos excepto Raúl que, conocedor de la noticia desde el primer día, me sonríe para darme ánimos.

–  Pero… ¿Cómo…? – Empieza a preguntar Esther.

–  Hermanita, el cómo es evidente. – La interrumpe Raúl.

–  ¿De cuánto estás? – Me pregunta Alicia.

–  Estoy de tres meses y medio. – Respondo.

–  Y, ¿tú estás bien? – Me pregunta Aitor.

–  Si te soy sincera, no sé cómo estoy, pero si de algo estoy segura es de que quiero a este bebé. – Le contesto. – Aunque este bebé no haya sido buscado, sí es un bebé deseado.

–  ¿Lo sabe Jason? – Me pregunta Alicia.

–  Es evidente que no y así debe seguir siendo. – Le increpo.

–  Sara, deberías hablar con él. – Me sugiere Raúl. – Es el padre y tiene derecho a saberlo.

–  No me puedo creer que me digas eso, tú escuchaste lo que me dijo. – Le espeto furiosa. – ¿Quieres que me quite a mi bebé?

–  ¿De qué estás hablando? – Pregunta Alicia con la boca abierta.

–  Jason pensó que Sara estaba conmigo y se puso furioso, así que empezó a decir cosas fuera de lugar para hacer daño a Sara igual que él creía que ella le había hecho y le dijo que si hubieran tenido hijos se los hubiera quitado y nunca se los dejaría ver, por eso Sara no quiere que Jason sepa que está embarazada, por si cumple con su amenaza. – Les explica Raúl.

–  Pero eso es una tontería, ¡Jason jamás te quitará a su hijo! – Exclama Alicia.

–  No pienso arriesgarme, Alicia. – Le digo con severidad. – Y espero que vosotros tampoco le digáis nada.

–  Todos respetamos tu opinión, pero eso no significa que la compartamos. – Me dice Raúl.

–  Me voy a marchar una temporada. – Dejo caer como una bomba. – Necesito cambiar de aires y me voy a ir unas semanas a Salou, al apartamento de David.

–  ¿Te vas con él? – Me pregunta Víctor, que hasta ahora había estado callado.

–  No, David trabaja y quiero estar sola. – Les aclaro.

–  ¿Te vas a ir sola? ¿Cuánto tiempo? – Me pregunta Esther preocupada.

–  No te preocupes, estaré bien. – La tranquilizo. – Será un mes, un par de meses como mucho, te lo prometo.

–  ¿Podremos ir a verte? – Me pregunta Alicia.

–  Si os vais a quedar más tranquilos, os invito los sábados a comer, aunque os advierto que mi padre también estará allí los sábados. – Les digo riendo. – Me ha obligado a instaurar un día de visita a la semana.

Como bien me había dicho Raúl, todos respetan mi decisión, aunque ninguno de ellos la comparta. A pesar de que todos quieren que hable con Jason, ninguno lo vuelve a mencionar.

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