Cállame con un beso 6.

Cállame con un beso

MIGUEL.

Mientras esperamos a que el camarero venga a tomarnos nota de nuestras bebidas, yo me dedico a seguir observando a Silvia. Desde que hemos llegado al pub, se ha quedado mirando al mar, ensimismada en sus propios pensamientos. ¿En qué estará pensando? Cualquiera se atreve a preguntárselo…

El camarero llega rápidamente y nos toma nota a todos excepto a Silvia, que sigue en su mundo mirando al mar. Lety, incómoda por la expresión del camarero que espera pacientemente a que Silvia se vuelva hacia a él, decide pedir por ella:

–  A ella tráigale un Absolut con naranja, por favor. – El camarero asiente y se marcha. Lety se vuelve hacia Silvia y, tras darle un codazo en las costillas, le dice: – ¿Te importaría bajar a la tierra con el resto de humanos?

Silvia se vuelve hacia a nosotros y nos mira aturdida, después se recompone y, levantándose del sillón donde estaba sentada, nos dice con una sonrisa forzada:

–  Disculpadme un momento, tengo que hacer una llamada.

Silvia y Lety intercambian una mirada hasta que, finalmente, Lety sonríe y asiente comprensiva, sabe de qué llamada se trata. Silvia desaparece caminando cerca de la orilla y yo aprovecho para preguntar:

–  ¿Va todo bien?

–  Si, pero como ya os he dicho antes, Silvia está aquí para solventar un asunto personal y, aunque esté tomando una copa con nosotros, tiene algunos asuntos que atender. – Me responde Lety lo más educadamente posible pero sin desvelar nada que a mí me pueda interesar.

Me dan ganas de preguntarle de qué asunto personal se trata, pero mi hermano me mira furioso y decido dejar de hacer preguntas.

Silvia regresa quince minutos más tarde después de haberse y parece igual de ensimismada que cuando se fue.

–  ¿Está todo bien? – Le pregunta Lety.

–  Más o menos. – Responde. – ¿Me has pedido tú una copa? – Pregunta al ver que hay cuatro copas sobre la mesa.

–  Absolut con naranja, supuse que beberías eso. – Dice Lety encogiéndose de hombros al mismo tiempo que le dedica una dulce sonrisa. – ¿Necesitas algo más fuerte?

–  Creo que con esto me apañaré por el momento. – Murmura divertida.

En ese momento, empieza a sonar la canción “Recuérdame” de Marc Anthoni con Natalia de la Quinta Estación y Lety exclama:

–  ¡Oh, me encanta esta canción!

–  ¡Pues vamos a bailar! – Le dice mi hermano divertido y se la lleva hacia un pequeño tablado sobre la arena que hace a su vez de pista de baile.

Mi mirada se cruza con la de Silvia y me oigo decir:

–  Barbie, ¿tú también quieres bailar?

–  Soy capaz de romperme una pierna con tal de no bailar contigo. – Me bufa furiosa.

Su gesto de niña enfadada y su comentario me hacen reír, pero a ella no le ha hecho ninguna gracia. ¿Le habrá molestado que la haya llamado Barbie o simplemente el hecho de mencionar que baile conmigo?

Decidido a enterrar el hacha de guerra, le digo:

–  Lo siento, tenía curiosidad por ti e hice más preguntas de las que debí hacer, pero no creo que sea para que te pongas así. – Hago una pausa y, al ver que no dice nada, añado: – ¿Qué te parece si pactamos una tregua y empezamos de cero?

–  No me caes bien, el único motivo por el que estoy aquí es porque Lety me lo ha pedido y he aceptado porque Daniel me parece una buena persona. – Me dice con el desafío en la mirada. – Pero tienes razón, deberíamos mantener una tregua aunque sea solo para cuándo ellos estén delante.

–  Vaya, se te da bien eso de dar órdenes. – Murmuro no lo suficiente bajo como para evitar que ella me escuche y me fulmine con la mirada. – Tienes muy poco sentido del humor.

–  Mi sentido del humor es estupendo, a lo mejor es que tú no tienes gracia. – Puntualiza con malicia en sus ojos.

No sé por qué, pero me atrae esta mujer. Sí, es cierto que, como dice mi hermano Daniel, es una diosa rubia, pero es su extraño carácter y su misterio lo que me atrae de ella. Quizás cuando descubra quién es y qué relación tiene con mi padre se me pase. Solo de pensar en que puede ser la amante de mi padre me revuelve el estómago. Solo me faltaría que se convirtiese en mi madrastra…

Doy un largo trago a mi copa para alejar mis dolorosos pensamientos cuando el móvil de Silvia comienza a sonar de nuevo. Tras coger el móvil, mira la pantalla y lanza un suspiro. No necesito preguntar para saber quién es el que llama. Estoy seguro de que es Abel, su amigo con derecho a roce al que ha dado calabazas cuando le ha pedido matrimonio. Silvia silencia el móvil y bebe de su copa sin decir nada.

–  Si quieres, puedo echarte una mano con eso. – Le digo señalando su móvil.

Por primera vez en toda la noche, Silvia me mira con verdadero interés y me pregunta:

–  ¿Qué te propones hacer?

–  La próxima vez que llame, deja que me ponga yo. – Le sugiero.

–  ¿Crees que se va a asustar por hablar contigo? – Me pregunta burlonamente. – No sé qué clase de hombres se dejarían intimidar por algo así, pero te aseguro que Abel no es uno de ellos.

–  Cuando llame, le diré que acabo de comprar el móvil y me han dado este número, así dejará de llamarte. – Le explico. – ¿Pensabas que iba a decirle que eras mi novia o algo así?

–  Sabrá que eso no es cierto. – Me contesta.

–  ¿Por qué lo dices?

–  Vuelves a hacer demasiadas preguntas. – Me dice molesta.

–  Y tú vuelves a comportarte como una Barbie engreída. – Le contesto y en ese mismo momento me arrepiento. Silvia me fulmina con la mirada. – Vale, está claro que no va a ser fácil mantener una tregua contigo.

–  Lo siento, pero los monos gruñones no se me dan demasiado bien. – Me espeta furiosa.

¡Joder, qué mujer! ¡Menudo carácter! No entiendo cómo el idiota ese de Abel anda detrás de ella, yo en su lugar me hubiera mudado de continente.

En ese momento, Lety y Daniel regresan a sus asientos y Silvia sonríe como si no hubiera pasado nada, así que yo intento hacer lo mismo.

–  Acaba de llamarme mi hermano. – Le dice Lety a Silvia. – Dice que tu padre está como una moto porque el idiota de Abel no deja de llamarle porque no te localiza.

–  ¿Te ha dicho cuándo viene? – Pregunta Silvia con un brillo especial en los ojos.

–  Aún no lo sabe, pero me ha dicho que te diga que te echa de menos y que vendrá en cuanto tu padre le deje respirar. – Le contesta Lety encantada.

¿Es que Silvia y el hermano de Lety estaban juntos? No lo creo, de lo contrario Lety nunca hubiera hablado tan abierta y cómodamente del asunto de Abel.

–  ¿Sois cuñadas? – Pregunta mi hermano y yo se lo agradezco en silencio.

–  Por desgracia, no. – Dice Lety encogiéndose de hombros. – Mi hermano Alan y Silvia se conocen desde siempre, trabajan juntos, son inseparables y se llevan perfectamente bien, pero ellos insisten en que son solo amigos y, dado a que se han criado juntos, alegan que son como hermanos.

–  ¿Solo amigos, Silvia? – Insiste Daniel.

–  Solo amigos. – Secunda Silvia. – De hecho, es como el hermano mayor que nunca tuve.

Por alguna extraña razón, me siento aliviado de oír lo que Silvia acaba de decir. ¿Me estoy volviendo loco?

El resto de la noche, me divierto bastante. Cuando Daniel o Lety están cerca de Silvia y de mí, ambos nos sonreímos y fingimos pasarlo bien, pero en cuanto esos dos desaparecen ambos volvemos a lo nuestro y, si nos dirigimos la palabra es para tratar de ofendernos mutuamente. Es extraño, pero todas estas idas y venidas me excitan y en mi mente se apodera un solo pensamiento: besar esos labios carnosos y esa lengua viperina. Silvia me ha envuelto con su misterio y soy incapaz de pensar con claridad.

A las cinco de la mañana, dejamos a las chicas en el hotel. Daniel se despide de Lety con un breve beso en los labios y ella le sonríe. Entonces, Silvia se acerca a mí y me dice sonriendo burlonamente:

–  Tengo que reconocer que al final me he divertido bastante, a pesar de estar en compañía de un horrible mono gruñón.

–  Supongo que eso, viniendo de ti, debe de ser un cumplido. – Le digo sonriendo. – Yo también me he divertido bastante, Barbie. A pesar de estar con una pitufa gruñona.

Esta vez, Silvia ni se ofende ni me ataca. En lugar de eso, me sonríe y yo me excito. Me siento como un adolescente en celo. ¿Qué me está pasando?

–  Chicas, ¿qué os parece si quedamos el sábado de nuevo? – Les propone Daniel.

Lety asiente encantada y acto seguido le da un codazo a Silvia, que resopla y finalmente responde:

–  Planea lo que quieras, pero puede que en cualquier momento tenga que dejaros, no estoy aquí de vacaciones, Lety.

–  Cuenta con nosotras. – Le dice Lety a mi hermano que asiente entusiasmado.

– ¿Os pasamos a recoger el sábado a las nueve? – Pregunta Daniel.

–  Quedad vosotros, yo iré directamente al restaurante. – Dice Silvia y, mirando a su amiga, le recuerda de nuevo: – Ya te he dicho que no estoy de vacaciones.

Lety pone los ojos en blanco y se despide de mi hermano con otro beso en los labios pero igual de breve y una sonrisa. A continuación, se despide de mí con un par de besos en la mejilla en el momento en que Silvia se despide del mismo modo de mi hermano. Me acerco a Silvia con intención de darle un par de besos en la mejilla a modo de despedida y al hacerlo me susurra al oído:

–  Tendremos que volver a vernos, mono gruñón.

Y yo estoy encantado de volver a verte, le tendría que haber dicho. Pero en lugar de eso, me limito a sonreír educadamente al mismo tiempo que sujeto mis manos tras la espalda para no lanzarme sobre ella y devorarla allí mismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.