Cállame con un beso 32.

Cállame con un beso

SILVIA.

Estamos en el sofá, yo sentada en el regazo de Miguel, besándonos, cuando mi padre y Lorenzo entran en el salón y, al vernos, nos sonríen. Me incomodo un poco al haber sido descubierta besándome con Miguel pero él, lejos de incomodarse, me abraza con fuerza, me besa y les dice:

–  Ha sido difícil, pero todo ha salido bien.

–  Me alegro, porque Lety, Daniel y Fernando acaban de llamar para preguntar si ya os habíais matado y no sabíamos qué decirles. – Contesta mi padre sonriendo. – Por cierto, me han dicho que a lo mejor me dabais una grata sorpresa, ¿es eso cierto?

–  Oh no. – Se lamenta Miguel.

–  ¿Qué ocurre? – Le pregunto.

–  Necesitaba hablar con alguien y les conté a Daniel y a Lety lo que me pasaba…

–  ¿Qué? – Le pregunto medio furiosa, medio divertida. – Genial, ahora todos creerán tus locuras.

–  ¿De qué estáis hablando? – Pregunta mi padre.

–  Miguel encontró unos test de embarazo en nuestra habitación y creyó que eran míos y ahora todos creen que estoy embarazada. – Le explico.

–  ¿Te enfadaste con mi princesa porque creíste que se había quedado embarazada? – Le pregunta Lorenzo a Miguel mirándolo con dureza.

–  No. – Responde Miguel rotundamente y les aclara: – Me enfadé porque intenté por todos los medios que confiara en mí y lo confesara y no lo hizo, lo cual ahora tiene su lógica.

–  Entonces, ¿de quién eran los test? – Pregunta mi padre divertido.

–  De Natasha, se los hizo en mi habitación porque no quería que sus padres la descubriesen, lleva meses saliendo en secreto con Vladimir. – Les explico.

–  Te juro que todo me hacía creer que estabas embarazada. – Me confiesa Miguel. – Tuviste vómitos por la mañana, encontré los test de embarazo en nuestra habitación. Si incluso cuando he llegado lo primero que me ha dicho Lorenzo es que en tu estado no debía alterarte.

–  ¿En mi estado? – Pregunto molesta. – ¿Qué significa eso?

–  En tu estado, Silvia. – Se reafirma Lorenzo. – Estás anémica y muy débil. De hecho, en este momento deberías estar descansando.

–  Y yo creía que estabas así por el embarazo. – Me dice Miguel estrechándome con fuerza entre sus brazos. – Voy a cuidar de ti, muñeca.

–  Eso espero, porque yo tengo que regresar a Ciudad de Perla. – Le dice mi padre. – Eso sí, procura no cagarla esta vez porque yo no voy a volver a meterme en vuestros asuntos. Os recuerdo que Fernando y yo somos grandes amigos y no queremos que nada de esto haga que eso cambie, así que espero que ambos seáis responsables. Una cosa más, si pensáis hacerme abuelo, me gustaría enterarme por vosotros y no por terceras personas.

–  Tranquilo papá, quedarme embarazada no entra en mis planes. – Le tranquilizo.

–  ¿Por qué no? – Me pregunta Miguel. – Yo ya me había hecho a la idea y tengo que reconocer que me he decepcionado un poco al saber que no estás embarazada.

–  Estás de coña, ¿verdad?

–  Me voy antes de que empecéis a discutir. – Dice mi padre para después despedirse.

Lorenzo también se despide y Miguel y yo nos quedamos a solas.

–  ¿Qué vamos a hacer ahora, muñeca? – Me pregunta Miguel. – No pienso separarme de ti ni un instante, así que supongo que tendremos que buscar un sitio para vivir.

–  ¿Irnos a vivir juntos? – Pregunto sorprendida. – Si te parece bien, podemos pasar unos días aquí, disfrutando del sol y de la playa. Cuando me recupere, podemos ir a Kiel y pasar allí una temporada, así podrás cuidar de tus asuntos allí y podemos ver cómo nos va. Pasado un tiempo prudencial, ya veremos qué hacemos con eso de irnos a vivir juntos.

–  Cielo, ¿no estás segura?

–  ¿Qué pasará si sale mal? – Le pregunto. – Un año de prueba. – Sentencio. – Durante todo un año estaremos juntos como el señor y la señora Hoffman. Podemos alternarnos viviendo en Kiel y Moscú y podremos venir aquí, a Ciudad de Perla y a Ciudad del Cielo cuando queramos.

–  Y, cuando pase un año, ¿qué hacemos?

–  Entonces, viviré contigo donde quieras. – Le contesto feliz.

–  Me gustaría vivir aquí contigo, en Isla del Sol. – Me dice tras besarme en los labios. – Pero supongo que eso ya lo discutiremos el año que viene.

Los abrazos dan paso a los besos y los besos dan paso a una pasión desenfrenada. Sin poder contener las ganas y la necesidad de fundirnos el uno con el otro, hacemos el amor allí mismo. Miguel me penetra lentamente, con sumo cuidado, mientras me susurra al oído lo mucho que me quiere. Me embiste una y otra vez con delicadeza y, a pesar de que no es nuestro estilo en cuanto a sexo se refiere, ambos disfrutamos y llegamos al clímax de inmediato.

Cuando nuestras respiraciones se normalizan, Miguel me coge en brazos al más estilo princesa y me lleva a la habitación, donde me deposita sobre la cama con cuidado y después se tumba a mi lado.

–  Cielo no te ofendas, pero me gusta más el sexo contigo cuando estás un poco gruñón. – Le digo divertida.

–  Muñeca, estás débil y Lorenzo me ha amenazado con matarme si no cuido de ti y hago que guardes reposo. – Me contesta estrechándome contra él. – Te prometo que, en cuanto estés recuperada, te haré el amor cómo me pidas.

–  Mmm. Suena muy prometedor. – Le digo sonriendo pícaramente. – De hecho, creo que me he recuperado milagrosamente.

–  Muñeca, no me provoques que no soy de piedra.

–  Me alegra oír eso. – Le contesto antes de arrojarme a sus brazos para besarlo apasionadamente al mismo tiempo que busco su pene para introducirlo de nuevo en mí.

Estar con él es como estar en el paraíso. Estoy segura de que discutiremos todos los días, pero aun así estoy convencida de que con él seré feliz.

FIN

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