Cállame con un beso 17.

Cállame con un beso

MIGUEL.

Después del día de tregua, decidimos empezar a organizar la operación. Silvia tiene algunos contactos porque estuvo infiltrada en Moscú hace un par de años y ella insiste en reactivar su falsa identidad.

–  No seas cabezón, es la manera más segura de entrar en ese pequeño círculo sin llamar la atención ni levantar sospechas. – Insiste de nuevo. – Si has estado infiltrado bajo una identidad que puedas utilizar en Moscú, nos facilitaría aún más las cosas.

–  Estuve infiltrado como narcotraficante en Alemania, el Káiser puede dar referencias de mí. – Le digo como una opción. – Quizás podríamos habernos conocido al hacer algún negocio y encontramos el amor.

–  Si se pule un poco, es una buena idea. – Me dice sonriendo. – El resto es coser y cantar. Solo tendremos que ir a Moscú, dejarnos ver entre la alta sociedad y ellos vendrán directamente a nosotros.

–  Muñeca, aún no me has contado qué hacías infiltrada en Moscú tú sola. ¿Me encontraré con alguno de tus ex amantes allí? – Bromeo.

–  Seguramente, cielo. – Me responde divertida. – Espero que no seas celoso.

–  Pues lo soy y mucho. – Le dejo claro. – Si nos infiltramos, serás mi mujer. Nada de un amigo con derecho a roce, tu novio o tu pareja. Seré tu marido.

Silvia pone los ojos en blanco  pero, finalmente, termina cediendo:

–  Está bien, como tú quieras, cielo. – Dejando a un lado las bromas, añade: – Le pediré a mi padre que nos envíe todo lo que tenga relacionado con mi infiltración en Moscú y tú deberías pedirle a tu padre lo mismo. Si vamos a ser un matrimonio, deberemos conocer muy bien la vida del otro y fijar un lugar de residencia conjunta antes de ir a Moscú, no debemos dejar ningún cabo suelto.

–  ¿Crees que nos investigarán?

–  Estoy segura. – Me responde. – Yo llevo casi dos años sin aparecer por allí, no saben nada de mi vida y de repente apareceré con un tipo al que no conocen de nada. Es bastante sospechoso, sobre todo para esta gente que es tan perspicaz.

–  En ese caso, quizás sería conveniente que nos dejáramos con mi gente antes de ir a Moscú, ¿no crees? – Le sugiero encantado de la vida.

–  Sí, es una buena idea. – Me confirma para mi asombro. – Creo que en un par de meses como mucho, podremos estar en Moscú.

Solo pretendía llevarla a Alemania para pasar unos días con ella a solas, pero cuando pensaba que me iba a mandar bien lejos, me dice que le parece una buena idea. Y lo es, solo que yo no pienso en la misión, sino en cómo estar con ella. Si pasamos un par de semanas en Alemania, serán un par de semanas más de tiempo que pase con Silvia.

Esa misma tarde, recibimos por fax los informes de la operación de Silvia en Moscú, bajo el nombre de Irina Koviakov, y el mío en Alemania, bajo el nombre de Erik Hoffman.

Nos pasamos toda la tarde y parte de la noche leyendo los expedientes, Silvia el mío y yo el suyo, parando únicamente para comer e ir al baño cuando lo considerábamos necesario. Silvia me hacía mil preguntas sobre mi infiltración como Erik, quería saberlo todo y, si no le quedaba claro algo, lo volvía a leer y me volvía a preguntar.

–  ¿Debo entender que mis informes están mal redactados? – Pregunto bromeando cuando me hace la enésima pregunta.

–  Solo hay dos posibilidades: que esté mal redactado y por eso te pregunte todo o, simplemente, que no estás prestando atención a mis informes y por eso no haces ninguna pregunta al respecto. – Me responde sonriendo divertida.

–  ¿Qué te preocupa tanto?

–  No te lo tomes a mal, pero es que no creo que seamos los agentes idóneos para esta misión, puede que lo seamos por separados, pero juntos…

–  ¿Te estás echando atrás? – Pregunto preocupado. Lo último que quiero es que se vaya por donde ha venido y no la vuelva a ver nunca más.

–  Por supuesto que no, Miguel. – Me responde ofendida. – Pero nos va a llevar más tiempo hacerlo juntos que separados y, además, nos va a costar más trabajo.

–  Si estás pensando en infiltrarte tú sola, la respuesta es ni de coña. – Le advierto. – Por alguna razón, tanto tu padre como el mío quieren que lo hagamos juntos.

–  ¿Por alguna razón? – Me pregunta divertida. – ¿En serio no sabes lo que pretenden?

–  ¿Estás insinuando que tu padre y el mío han organizado esto solo para que nos hagamos pasar por pareja? ¿Para que estemos juntos? – Le pregunto. Pero Silvia estalla en carcajadas. – ¿Qué te hace tanta gracia, si puede saberse?

–  Tú, Miguel. – Me responde secándose las lágrimas de tanto reír con el dorso de la mano. – No sé qué hará tu padre, pero te aseguro que el mío no se dedica a buscarme parejas.

–  Entonces, ¿a qué te referías? – Le pregunto molesto.

¿Tan graciosa le ha parecido mi ocurrencia? Porque a mí no me parece tan descabellada…

–  Será mejor que eso se lo preguntes a Fernando, creo que ya he metido bastante la pata. – Me contesta encogiéndose de hombros.

–  Me estás poniendo nervioso. – Le espeto furioso. – Dime ahora mismo qué cojones está pasando, Silvia.

–  ¿Silvia? Creo que es la primera vez que me llamas por mi nombre. – Me dice divertida. – No te lo tomes a mal, solo creo tener una intuición sobre lo que pretenden.

–  Cuéntame tu intuición. – Le ordeno.

Silvia pone los ojos en blanco pero, finalmente, decide contestar a mi pregunta:

–  Sé qué hace tiempo que quieren fusionar ambas agencias, pero no lo han hecho por nosotros. Antes de hacer la fusión, necesitan asegurarse que somos capaces de trabajar en equipo y, con todo lo que ha pasado, supongo que creerán que es un buen momento para que les demostremos que somos capaces de trabajar juntos. No creo que haya sido nada premeditado, pero en cuanto han visto la oportunidad, no la han dejado escapar.

–  ¿Has hablado de esto con tu padre? – Le pregunto.

–  No, pero tampoco me hace falta. – Me contesta. – Fernando no me dejó infiltrarme sola, pese a que era la solución más rápida y eficiente. Cuando le dije que infiltrarme contigo era una locura y que probablemente acabaríamos matándonos, me dijo que si lo prefería me infiltrara con Daniel. Pese a ser un asunto vuestro, tu padre ha querido meterme en medio con alguno de vosotros dos. Mi padre, sabiendo que necesito vacaciones y que nuestra agencia está hasta arriba de trabajo, ha permitido que me infiltre, de hecho, se ha mostrado encantado.

–  ¿Quieren fusionar nuestras agencias? Mi padre no nos ha dicho nada…

–  Miguel, fusionar ambas agencias es algo que tienen en mente desde hace años pero que no han hecho nunca. – Me interrumpe. – Si Fernando no os ha dicho nada será porque quiere estar seguro de que es algo factible antes de proponéroslo. No tendría que haberte dicho nada, me gustas más cuando sonríes.

No puedo evitar sonreír. Con ella todo parece más fácil y divertido.

–  Creo que por hoy ya hemos tenido suficiente. – Digo tras cerrar el informe que había estado leyendo hasta el momento. – Continuaremos mañana, ¿de acuerdo?

Tras recoger todos los informes y apilarlos sobre la mesa de mi despacho, decidimos salir al jardín y nos fumamos uno de nuestros cigarrillos, lo cual se ha convertido en un ritual para nosotros.

Sigo sintiéndome atraído por ella, pero ya no solo sexualmente. Me interesa todo lo que tenga que ver con ella, si Lety cuenta una anécdota presto toda mi atención, si alguien le llama por teléfono (lo que sucede bastante a menudo) me entran ganas de quitarle el teléfono y colgar para que solo pueda dedicar su tiempo a estar conmigo. ¿Me he vuelto loco o simplemente me estoy enamorando? Lo de los besos mejor ni recordarlo, mi entrepierna tiene vida propia cuando pienso en ella y ya es bastante difícil controlarme como para encima seguir robándole besos.

3 pensamientos en “Cállame con un beso 17.

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