Búscame 9.

Después de aquella primera cita, Nahuel llamó al día siguiente a Ana. Quería asegurarse de que todo estaba bien entre ellos, echaba de menos oír su voz y alegó como excusa que la llamaba para recordarle que el lunes pasaría a buscarla a las ocho.

Cuando Ana les contó a sus amigas todos los detalles de su cita con Nahuel, hubo variedad de opiniones. El sol de la costa parecía haber derretido la coraza de hielo de Eva, que se mostraba abierta al amor y a encontrar un príncipe azul mientras Ruth continuaba opinando que era una tontería ir despacio cuando ya se habían acostado juntos.

—A mí me parece que Nahuel está actuando con sensatez —opinó Eva—. Además, no podéis negar que está siendo muy romántico.

—Un hombre que quiere ir despacio y no quiere sexo no es un hombre de fiar, aunque en realidad no creo que ninguno lo sea —opinó Ruth.

—Estoy decidida a seguir adelante con esto, pero tengo que reconocer que va a ser una tortura —se sinceró Ana—. No sé si voy a ser capaz de controlar mis ganas de lanzarme sobre él.

Durante los días siguientes, Nahuel pasaba a recogerla todas las mañanas para ir a trabajar. Elvira se había encargado de coordinar las agendas de ambos para que pudieran asistir en directo desde el centro de control a algunos de los servicios que la Agencia ofrecía. Ana mostraba interés por todo lo relacionado con la Agencia, quería estar preparada para su puesto de trabajo para no decepcionar a Nahuel. Su relación seguía siendo la misma, Ana no notaba ningún avance y empezaba a ponerse nerviosa. Pero el viernes, cuando Nahuel llevó a Ana a su apartamento después del trabajo, le propuso una segunda cita.

— ¿Te apetece que volvamos a salir mañana? —Le preguntó Nahuel—. He preparado algo especial para nuestra segunda cita —le adelantó Nahuel.

—Me muero de ganas por saber qué tienes preparado —le confirmó Ana.

—Genial, pasaré a buscarte mañana a las once de la mañana. Ponte ropa y calzado cómodo, unos vaqueros y unas zapatillas deportivas servirán.

— ¿A dónde piensas llevarme?

—Tendrás que esperar a mañana para averiguarlo —la besó en los labios a modo de despedida y añadió—: Buenas noches, preciosa. Hasta mañana.

El sábado a las once de la mañana Nahuel la esperaba apoyado en su todoterreno frente al portal de su edificio. Se saludaron con un leve beso en los labios y se montaron en el todoterreno. Nahuel condujo durante más de hora y media hasta que llegaron a su destino. Ana bajó del vehículo, estaban en mitad de campo y lo único que había cerca era un establo.

— ¿Dónde estamos? —Preguntó Ana.

—La familia de Jason tiene una hípica, hoy vamos a montar a caballo —le respondió Nahuel con una amplia sonrisa en los labios.

—Nahuel, no he montado a caballo en mi vida —confesó Ana.

— ¿Te atreves a subirte conmigo a un caballo?

—Sí, supongo que sí.

Nahuel la agarró de la mano y juntos caminaron hacia el establo. Allí les recibió uno de los tíos de Jason, les ensilló un caballo y les entregó una pequeña mochila con bebidas y un par de bocadillos. Nahuel ayudó a Ana a subir a lomos del caballo y acto seguido él se subió detrás de ella, rodeando su cintura al agarrar las riendas.

—No tengas miedo, no dejaré que te caigas —le susurró Nahuel al oído al notar como Ana se tensaba.

Ana se relajó entre los brazos de Nahuel, se recostó sobre su pecho y disfrutó del paseo a caballo junto a él. Nahuel se estaba esforzando en organizar citas románticas para conquistar a Ana y por el momento estaban dando buenos resultados.

Continuaron con su paseo a caballo hasta llegar a un pequeño claro por donde pasaba el río, donde decidieron parar a comer y refrescarse.

—Este lugar es fantástico, gracias por traerme —le agradeció Ana al mismo tiempo que estiraba una manta en el suelo y se acomodaban.

—Me alegra que te guste, no estaba muy seguro de acertar escogiendo un día de campo como segunda cita.

Después de comer, se tumbaron abrazados sobre la manta hasta que empezó a oscurecer y decidieron regresar al establo.

Tras aquel día de campo, Nahuel llevó a Ana de regreso a casa. Aparcó como todos los días frente al portal del edificio y la acompañó hasta al portal. Se despidió de ella con un beso en los labios que Ana trató de alargar, su paciencia se estaba agotando y deseaba que Nahuel diera un paso más, pero él se separó de ella con suavidad.

—No me lo pongas más difícil, pequeña —le rogó Nahuel casi en un susurro.

Ana resopló resignada, no tenía nada qué hacer si Nahuel seguía insistiendo en ir despacio. Deseaba tanto como Nahuel que su relación saliera bien, pero tenía serias dudas de que pudiese salir bien si seguían así, aquello era una tortura.

El lunes volvieron a la rutina, Nahuel la pasaba a recoger a las ocho de la mañana y juntos iban a trabajar a la Agencia. Nahuel comenzó a enviarle mensajes de buenas noches y todas las noches y eso a ella le gustó, pero esperaba más. Necesitaba más.

El jueves antes del almuerzo, Jason entró en el despacho de Nahuel. Su cara de pocos amigos alertó a Nahuel, quién le hizo un gesto para que se sentara y le preguntó:

— ¿Qué ocurre, Jason?

—Hace unas semanas Patrick Sumers envió una invitación a una de esas galas benéficas que organiza. Se me olvidó comentártelo porque seguías de vacaciones, pero Patrick me acaba de llamar para recordármelo —le informó Jason.

— ¿Cuándo es la gala, Jason? —Preguntó Nahuel.

—Este fin de semana, en la costa —le respondió Jason con una sonrisa socarrona en los labios y añadió—: Sería una tercera cita perfecta si Ana accede a acompañarte. Un fin de semana en la costa con ella, suena bien, ¿eh?

—Lárgate, Jason.

— ¿Y qué le digo a Patrick?

—En un rato te digo algo.

—Entonces, ¿se lo vas proponer a Ana?

—Lo intentaré cuando desaparezcas de mi despacho, Jason —le respondió Nahuel perdiendo la paciencia. Jason se marchó sonriendo y Nahuel decidió acercarse al despacho de Ana—. ¿Se puede?

—Por supuesto, pasa —lo invitó a entrar Ana—. ¿A qué se debe esta agradable visita?

Nahuel le dedicó una amplia sonrisa y tomó asiento. La observó durante un instante, estaba preciosa como siempre. Meditó la manera de proponerle que le acompañara a la costa a una gala benéfica organizada por uno de los clientes VIP sin que aquello pareciera que estuviese calculado.

—Jason me acaba de anunciar que este fin de semana debemos asistir a una gala benéfica en la costa —comenzó a decir Nahuel—. Quiero que me acompañes Ana.

— ¿Este fin de semana? —Preguntó Ana sorprendida.

—Así es —le confirmó Nahuel—. La invitación llegó mientras yo estaba de vacaciones en la costa, así que Jason se olvidó de mencionarlo. Esta mañana Patrick Sumers ha llamado para confirmar nuestra asistencia y ha sido cuando Jason me lo ha comunicado.

—De acuerdo —confirmó Ana su asistencia.

—Genial, confirmaré nuestra asistencia —concluyó Nahuel—. Te enviaré ahora el planning de la gala. Saldremos mañana por la mañana en uno de los aviones privados de la Agencia y, si te parece bien, podemos hospedarnos en mi casa.

— ¿En tu casa? —Preguntó Ana levantando las cejas.

—En mi casa estaremos más cómodos pero, si lo prefieres, podemos alojarnos en un hotel —le propuso Nahuel—. Sé que todo esto es muy precipitado, pero te aseguro que no estaba en mis planes y que mis intenciones para que me acompañes son totalmente inocentes, tan solo pretendo que conozcas más a la Agencia y a sus clientes.

A Ana le quedó claro que Nahuel pretendía seguir yendo despacio en lo concerniente a su relación, pero ella pensaba utilizar ese fin de semana en la costa para dar un paso más en esa relación. Ana lo pensó detenidamente, alojarse en casa de Nahuel sería lo mejor para llevar a cabo su plan.

—Si no te importa alojarme en tu casa, me parece bien —concluyó Ana.

Una vez que Ana aceptó acompañarle a la costa, Nahuel informó a Jason para que le confirmara a Patrick Sumers su asistencia a la gala y le pidió a Elvira que se encargara de organizar su viaje. Iba a ser un desafío de viaje, tener a Ana bajo su mismo techo y pretender seguir manteniendo las distancias con ella iba a ser difícil, pero quería ir despacio con ella y estaba dispuesto a pasar por aquella tortura.

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