Búscame 7.

A la mañana siguiente Ana se levantó a las seis de la mañana. Se duchó, se vistió, se peinó y bajó a la calle para comprar el desayuno en la panadería de la esquina. La noche anterior Ruth le había mencionado que hacían unos donuts caseros buenísimos en esa panadería y Ana quería sorprender a Nahuel.

Con cuatro donuts recién hechos en una bolsa, Ana regresó al apartamento y dejó dos donuts sobre un plato para Ruth y Eva. Puso una cafetera al fuego y preparó dos cafés en dos vasos desechables que le cogió prestados a Eva, que era una adicta al café.

—Buenos días, madrugadora —la saludó Eva—. ¡Qué bien, has preparado café! ¡Y has traído donuts!

Eva se sirvió una taza de café y sentó en uno de los taburetes de la cocina mientras Ana se apresuraba en calzarse los zapatos y coger su bolso. Justo en ese momento, Ruth entraba en la cocina y murmuró con desgana:

—Buenos días.

—Buenos días, Ruth —saludaron con mofa las chicas.

Ruth las fulminó con la mirada y se sirvió una taza de café antes de sentarse en otro de los taburetes de la cocina. Ana y Eva se miraron y sonrieron, Ruth era así recién levantada y ya estaban acostumbradas.

Ana miró su reloj y, al ver que ya eran las ocho, cogió la bolsa con los dos donuts restantes y los dos vasos de café recién hecho y se despidió:

—Nos vemos luego, chicas.

Cuando atravesó el portal del edificio, Nahuel ya la estaba esperando apoyado en su todoterreno. Nahuel se acercó a ella sonriendo y la ayudó a cargar con los cafés mientras ella lidiaba con el bolso y la bolsa de donuts.

—Buenos días —la saludó Nahuel al mismo tiempo que la besaba en la mejilla. La ayudó a montarse en el todoterreno y le preguntó de buen humor—: ¿Qué traes en esa bolsa?

—Según me han dicho, los mejores donuts caseros de la ciudad —respondió Ana divertida—. Y tengo la suerte de vivir a pocos metros de la panadería que los hace.

—Estoy deseando probarlos —le dijo Nahuel arrancando el coche y sonriendo con alegría, contagiándose del buen humor de Ana.

—También he preparado café, sé que prefieres el café de una cafetera casera al de una cafetera industrial.

—Interesante, ¿qué más sabes de mí?

—Sé muchas cosas, pero quiero averiguar muchas más —le respondió Ana con tono sugerente.

Nahuel hacía un gran esfuerzo por mantener el control y reprimir las ganas de besar y devorar a Ana como aquella noche que pasaron en el yate. Sabía que tenía que ser paciente e ir despacio para no asustarla, quería que confiara en él, pero aquello se estaba convirtiendo en una tortura.

Aparcó el todoterreno en el parquin de la Agencia y subieron en ascensor hasta la última planta, donde estaban situados sus respectivos despachos. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, se encontraron con la amplia y socarrona sonrisa de Jason Muller, el socio y a la vez mejor amigo de Nahuel. Ambos amigos se saludaron con un gran abrazo y un choque de puños, Ana no pudo más que sonreír, parecían dos niños vestido de traje.

— ¿A quién tenemos aquí? ¿Es nuestra nueva abogada? —Preguntó Jason dedicándole su mejor sonrisa a Ana.

—Así es, ella es Ana Fernández —le confirmó Nahuel—. La mejor abogada que podría tener la Agencia.

—Has hecho un buen trabajo con esos contratos, en realidad has hecho un buen trabajo con Parker en general —la felicitó Jason y añadió con sorna—: Por cierto, ya que el jefe no me presenta, soy Jason Muller, el director financiero y un gran amigo de Nahuel.

—Encantada de conocerle, señor Muller —le dijo Ana con timidez al mismo tiempo que estrechaba la mano que Jason le ofrecía.

—Por favor, llámame Jason —le dijo Jason divertido al ver que su amigo le fulminaba con la mirada.

Jason se excusó alegando que tenía una reunión por vídeo conferencia en la sala de reuniones y Nahuel y Ana pasaron al despacho de Nahuel, donde desayunaron mientras organizaban el trabajo del día. Nahuel decidió que él se encargaría de Parker y Ana aprovechó para revisar el resto de contratos estándar de los distintos servicios de la Agencia para actualizarlos, aquello le llevaría más de una semana de trabajo, pero estaba dispuesta a hacerlo. Después de desayunar, Ana se retiró a su despacho y Nahuel aprovechó para llamar a Parker y citarlo en su despacho al día siguiente a primera hora de la maña, así evitaría que Parker tratara de volver a invitar a comer a Ana.

Poco después Jason se dirigió al despacho de Nahuel para que lo pusiera al día de las novedades en la Agencia. Jason era el mejor amigo de Nahuel y, cómo no podía ser de otra forma, conocía la historia de ambos y las intenciones de su amigo.

— ¿Qué tal fue ayer? —Preguntó Jason—. Parece que a Ana se le dio muy el primer día, ¿no crees?

—Te dije que si le ofrecía el empleo era porque me había asegurado de que era capaz de hacerlo, te envié un correo con su historial académico y las referencias de la empresa en la que Ana realizó las prácticas, ¿no lo leíste?

—Lo leí para complacerte, pero ya te dije que no era necesario, confío en tu criterio —le aseguró Jason—. Pero cuéntame lo que en realidad quiero saber —insistió Jason con tono burlón—. ¿Sigues pensando en ir despacio con ella o ya has cambiado de opinión?

Jason le había advertido a Nahuel que si trabajaba con Ana no sería capaz de respetar su intención de ir despacio con ella. Conocía muy bien a su amigo y no era de los que luchaban contra la tentación, más bien era de los que le encantaba caer en ella.

—No está siendo fácil, pero de momento lo estoy cumpliendo —le confesó Nahuel—. No mezclar el trabajo con nuestra vida personal es lo que peor llevo.

—A ver si lo adivino, ¿te apetece encerrarte con ella en tu despacho y montártelo sobre la mesa? —Se mofó Jason.

—Va a ser difícil, pero merece la pena —se consoló Nahuel—. Por cierto, quiero que controles a Parker —añadió Nahuel—. Durante la reunión de ayer se insinuó un par de veces a Ana y no dejó de coquetear con ella. Ya sabes cómo actúa y no quiero correr el menor riesgo.

—No te preocupes, lo tengo controlado desde anoche —le tranquilizó Jason—. De todos modos, no creo que Parker se atreva a mandarle flores ni a acosar a una empleada de la Agencia —Nahuel abrió la boca para protestar, pero Jason le interrumpió diciendo—: Lo sé, no quieres correr el menor riesgo con Ana.

Los dos amigos se pusieron al corriente sobre los asuntos de la Agencia y a la hora de almorzar invitaron a Ana a un restaurante cercano a la Agencia. Ana disfrutó de la compañía de ambos hombres, Jason le pareció un tipo muy divertido y le encantaba ver cómo Nahuel se mostraba tan natural con él. Por el momento, aquella locura le estaba saliendo bien.

Los días siguientes siguieron con la misma rutina: Nahuel pasaba a recoger a Ana a las ocho de la mañana, desayunaban juntos en el despacho, trabajan durante el resto de la mañana y salían a algún restaurante a la hora de almorzar. Después, Nahuel la acompañaba a casa y se despedía de ella con un beso en la mejilla hasta el día siguiente. Eso era algo que a Ana la frustraba, pues Nahuel no había vuelto a besarla en los labios.

El viernes por la tarde, cuando Nahuel llevó a casa a Ana después del trabajo, se estaban despidiendo cuando Nahuel le dijo:

—Me gustaría invitarte a cenar mañana por la noche, después podemos ir al cine, a tomar una copa o lo que te apetezca. Ya sabes, una cita.

— ¿Me estás pidiendo una cita? —Le preguntó Ana divertida por el tono tímido de su voz.

—Así es, mañana por la noche —afirmó Nahuel.

—Me encantará salir contigo mañana por la noche —confirmó Ana.

—Entonces, pasaré a buscarte a las siete —concluyó Nahuel. Le dio un beso en la mejilla y añadió antes de subir de nuevo a su todoterreno—: Hasta mañana, preciosa.

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