Búscame 5.

Ana se instalaba en su nuevo despacho mientras Nahuel, sentado en uno de los sillones, leía en voz alta los contratos de trabajo y confidencialidad que debía firmar Ana. Una vez se los hubo leído, le dijo que podía revisarlos con tranquilidad más tarde, pero antes de la reunión de las once.

Una vez instalada en su despacho, Ana conectaba su nuevo ordenador portátil de empresa y encendía su nuevo teléfono móvil mientras Nahuel explicaba todo lo que debía saber sobre la Agencia Smith y sobre los servicios que ofrecía a sus clientes.

—La Agencia Smith es una agencia de seguridad privada, nuestros agentes son antiguos militares que han preferido trabajar en el sector privado —comenzó a explicar Nahuel—. Nuestro trabajo depende del cliente con el que tratemos. Trabajamos con varios clientes que requieren de nuestros servicios los 365 días al año, ellos son los VIP. La mayoría de nuestros servicios constan en seguridad privada personal, los llamados escoltas o guardaespaldas. Además, también ofrecemos seguridad privada en cualquier tipo de evento.

—Supongo que mi trabajo también consiste en ocuparme de las denuncias por agresión que tengan tus agentes, ¿no es así?

—Si se diera el caso, sí tendrías que hacerlo —le confirmó Nahuel—. A día de hoy nuestros agentes no tienen ni una sola denuncia por agresión estando de servicio pero, como te dije ayer, contarás con un equipo de abogados en los que podrás delegar algunos asuntos como ese.

— ¿Entiendo que, aunque no sea por agresión, existen otras denuncias? —Sospechó Ana.

—También ofrecemos el servicio de detective privado, la mayoría son por casos de celos, sospechas de infidelidades. Las personas que contratan nuestros servicios tienen un alto valor adquisitivo, por lo que cuando se obtienen pruebas de infidelidades que anulan acuerdos matrimoniales no suele gustar mucho al afectado —le respondió Nahuel encogiéndose de hombros.

— ¿Qué métodos usan los agentes para conseguir esa clase de información? —Quiso saber Ana.

—Por regla general, estos casos suelen resolverse tomando algunas fotografías de la persona en cuestión entrando y saliendo de un hotel cuando se supondría que debía estar en otro lugar.

— ¿Y qué servicios quiere contratar nuestro cliente de las once?

—Es uno de nuestros clientes VIP, le estamos dando servicio de escolta personal las veinticuatro horas del día, pero ayer por la tarde llamó para solicitar una reunión urgente.

— ¿No dijo nada más?

—No, pero me temo que se trata de uno de esos casos de infidelidad.

— ¿Por qué lo crees? —Preguntó Ana con curiosidad.

—Está casado, él y su mujer no se soportan, solo he tenido que sumar dos más dos —le respondió Nahuel encogiéndose de hombros—. Probablemente quiera divorciarse y eso supondría dividir toda su fortuna.

—Pero si tiene un acuerdo prematrimonial con una cláusula de infidelidad y demuestra que le es infiel, probablemente no tenga que darle ni un solo céntimo a su mujer —dedujo Ana.

—Eso es —confirmó Nahuel—. Pero solo son conjeturas, realmente no sé con certeza para qué ha solicitado esta reunión.

Ana echó una ojeada a los contratos y, tras revisar que todo estuviera en orden tal y cómo Nahuel le había asegurado, los firmó.

—Aquí tienes los contratos firmados —le dijo Ana al mismo tiempo que se los entregaba—. Me gustaría revisar la ficha del cliente, quiero estar al tanto de todos los servicios que tiene contratados y de los acuerdos a los que se ha llegado. También me gustaría conocer con más detalle todos los servicios que ofrece la Agencia, ¿crees que sería posible que le dedicara algunas horas al día para acompañar a algunos de esos agentes?

—Ana, esos agentes están cualificados para afrontar cualquier tipo de situación complicada que se les presente, no puedo dejar que los acompañes —le respondió Nahuel, quien no estaba dispuesto a correr el menor riesgo con la seguridad de Ana—. Si de verdad crees necesario estar presente durante esos servicios, puedo dejarte acceder al centro de mando para que hagas el seguimiento de la operación desde la Agencia.

—Eso no sería lo mismo —protestó Ana.

—No cambiaré de opinión, Ana.

— ¿Por qué?

—Porque no estoy dispuesto a poner tu vida y la de otros agentes en peligro, ¿te parece un buen motivo? -—Le replicó Nahuel que no pensaba dar su brazo a torcer en ese tema.

—Supongo que es un buen motivo —murmuró Ana un poco decepcionada.

—A ver cómo nos podemos organizar para que puedas ver en directo desde el centro de control los distintos servicios que ofrecemos, le diré a Elvira que coordine nuestras agendas y nos deje libres un par de horas al día en la que podamos observar algún servicio en directo —le dijo Nahuel dispuesto a complacerla sin ponerla en riesgo—. Ahora será mejor que nos centramos en la reunión, le pediré a Elvira que nos traiga el expediente del cliente.

Elvira se encargó de llevarles el expediente del cliente al despacho de Ana y también se encargó de coordinar las agendas de Nahuel y Ana para que pudieran asistir juntos al centro de control en el momento preciso en el que se llevara a cabo algunos de sus servicios para que Ana pudiera ser testigo sin exponerse a ningún peligro.

Juntos revisaron todo el expediente del cliente con el que estaban a punto de reunirse y Nahuel se encargó de solventar todas las dudas que le surgían a Ana.

A las once en punto, Elvira les anunció la llegada del cliente. Nahuel y Ana se pusieron en pie y acudieron a recibirlo al descansillo del ascensor. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, apareció un hombre de unos cuarenta años que con su carismática sonrisa y esos picarones ojos del mismo tono que el azul del mar le hacían muy atractivo.

—Buenos días, señor Smith —lo saludó Frank Parker, el recién llegado. Se volvió hacia Ana y, dedicándole su mejor sonrisa, añadió—: Veo que está muy bien acompañado.

—Buenos días, señor Parker —lo saludó Nahuel al mismo tiempo que le estrechaba la mano con firmeza—. Le presento a la señorita Fernández, la abogada de la Agencia —se volvió hacia a Ana y añadió con el mismo tono—: Señorita Fernández, le presento a nuestro cliente el señor Frank Parker.

—Un placer conocerla, señorita Fernández —la saludó Frank besando la mano de Ana.

—Lo mismo digo, señor Parker —respondió Ana forzando una sonrisa.

A Nahuel no le pasó por alto el tono seductor en la voz de Frank Parker y no le gustó nada el interés que mostraba por Ana. Sin poder evitarlo, Nahuel agarró a Ana por la cintura en un gesto bastante posesivo y dijo con tono de advertencia:

—Pasemos a la sala de reuniones, allí estaremos más cómodos y podremos ocuparnos del asunto que le ha traído aquí, señor Parker.

Ana intercambió una mirada con Nahuel, no entendía a qué venía esa reacción tan exagerada por parte de Nahuel, pero él tan solo la miró con gesto serio y, sin dejar de rodear la cintura de ella, los guio a la sala de reuniones.

Durante aquella reunión, Ana aprendió muchas cosas sobre la Agencia Smith y otras muchas más sobre su fundador y director.

Parker fue directo al grano y les dijo lo que quería:

—El caso es que mi esposa ha descubierto que le he sido infiel en numerosas ocasiones y quiere el divorcio —le dedicó una seductora sonrisa a Ana y añadió—: Tal y cómo están las cosas, ella se quedaría con un 70% de las acciones de la empresa y con la vivienda habitual por incumplimiento de contrato.

— ¿Qué es lo que quiere exactamente, señor Parker? —Le preguntó Nahuel queriendo que aquella reunión acabara cuanto antes, se le estaba acabando la paciencia.

—Mientras trato de alargar los papeles del divorcio, quiero que la Agencia la investigue, que la siga a todas partes y que encuentre cualquier cosa que demuestre un incumplimiento de contrato, de ese modo, la empresa continuará siendo mía y el resto de bienes y propiedades se dividirán en partes iguales —le respondió Frank, que seguía dedicándole seductoras sonrisas y miradas a Ana.

— ¿Qué opina, señorita Fernández? —Le preguntó Nahuel a Ana, quería conocer su opinión sobre el asunto al tratarse de un tema tan delicado moralmente hablando.

—Necesitaremos leer el acuerdo prematrimonial que firmó para saber cuáles son las cláusulas de incumplimiento —contestó Ana centrándose en pensar como una abogada—. No obstante, si su mujer no ha incumplido el contrato o no tenemos manera de demostrarlo, le sugiero que investigue qué pruebas tiene su esposa contra usted, tendrá que averiguar si cuenta con pruebas físicas que demuestren el momento exacto en el que se produjo la infidelidad, o en su caso las infidelidades, o con testigos. La Agencia se podría hacer cargo de dicha investigación, pero supondrá una investigación distinta al seguimiento de su esposa —añadió Ana.

—El dinero no es un problema, señorita Fernández —coqueteó Frank descaradamente y Ana pudo ver como los nudillos de Nahuel se volvían blancos de tanto que apretaba los puños—. Tengo que ocuparme de algunos asuntos y debo marcharme ya, pero llámame cuando tenga los contratos y vendré a firmarlos de inmediato. Y, si tiene tiempo, me encantaría poder invitarla a comer, señorita Fernández.

Nahuel se puso en pie y le tendió la mano a Parker invitándole a marcharse de una manera cordial al mismo tiempo que le decía:

—Le llamaremos en cuanto tengas redactados los contratos, señor Parker. Le acompaño al ascensor —se volvió hacia Ana y le dijo—: Señorita Fernández, espéreme en mi despacho para continuar con lo que teníamos pendiente.

—Un gusto conocerla, señorita Fernández —. Se despidió Frank de Ana besando su mano de manera sensual.

—Lo mismo digo, señor Parker —le respondió Ana forzando una sonrisa.

A Ana no le pasó por alto el tono frío y distante de Nahuel, así que obedeció sin hacer preguntas y se dirigió al despacho de Nahuel temiéndose que se avecinaba una discusión.

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