Búscame 19.

El día de la boda por fin llegó. Ana estaba nerviosa y apenas había podido pegar ojo en toda la noche. A las seis de la mañana ya no pudo aguantar más en la cama y se levantó. Sin embargo, Nahuel seguía profundamente dormido. Como no quería despertarlo, Ana salió de la habitación sin hacer ruido y bajó a la cocina para beber un vaso de leche. Media hora más tarde, Ana subía las escaleras cuando se encontró a Eva saliendo de la habitación de Derek. Ana la miró arqueando las cejas y Eva, visiblemente avergonzada, le hizo un gesto para que entrara con ella en su habitación.

—Antes de que digas nada: lo sé, lo que he hecho está fatal —le dijo Eva cerrando la puerta de la habitación para hablar con mayor intimidad—. Estoy con Norbert, voy a verlo en unas horas y yo acabo de meterme en la cama con otro hombre.

—Eva, yo no voy a juzgarte, creo que eso ya lo haces tú misma —le dijo Ana sentándose a los pies de la cama—. Pero si te voy a dar mi opinión. No te veo feliz cuando estás con Norbert, creo que solo estás con él porque piensas que tienes que estar con él. Sin embargo, cuando estás con Derek la cara se te ilumina y los ojos te brillan, él es quien te hace cometer las mayores locuras y eso, siendo tú tan disciplinada, dice mucho de lo que Derek te hace sentir.

– Con Derek no tengo ningún futuro, él en la costa y yo en la ciudad, la distancia acabaría con nuestra relación si no lo hace otra cosa antes —se sinceró Eva—. Norbert es todo lo que he deseado siempre en un hombre. Puede que no exista la misma química que siento con Derek, pero Norbert es un buen hombre, cuida de mí y quiere hacerme feliz —Eva empezó a sollozar y añadió entre balbuceos—: Lo voy a ver en unas horas y no voy a poder mirarle a la cara.

—Tranquila, Eva —le susurró Ana abrazándola para calmarla—. Decidas lo que decidas, estaré a tu lado para apoyarte.

—Gracias, Ana.

Ana se quedó con Eva hasta que se tranquilizó y después regresó a su habitación. Nahuel se había despertado y al descubrir que Ana no estaba en la cama junto a él se puso nervioso. Se estaba vistiendo para salir a buscarla cuando ella entró en la habitación.

—Cariño, me habías asustado —dijo Nahuel aliviado de verla allí.

— ¿Creías que había huido? —Se mofó Ana. Nahuel frunció el ceño y Ana, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Por nada en el mundo huiría de ti.

Se besaron apasionadamente y no pudieron evitar dejarse llevar por el deseo que sentían el uno por el otro.

 

Esa misma tarde, Nahuel esperaba nervioso la llegada de Ana en el jardín de la isla privada donde celebraban su boda. Era una boda íntima, tan solo habían invitado a los familiares más cercanos y a los amigos más íntimos. Irene estaba a su lado y le susurró bromeando para que se relajara:

—Tranquilo, es imposible que Ana salga de la isla, así que no puede huir.

—Ana jamás huiría —le dijo Nahuel orgulloso de su chica.

—Ahí viene, ¡está preciosa! —Exclamó Irene.

Nahuel levantó la vista y la vio. Le pareció la mujer más hermosa que jamás había visto. Llevaba un vestido blanco con escote de palabra de honor, ceñido hasta la cadera desde donde caía hasta el suelo. Las ondas de su pelo le daban un aspecto angelical y la amplia sonrisa en su rostro le hacía parecer una diosa. Cuando Ana llegó a su lado, Nahuel tuvo que controlar sus ganas de besarla.

—Estás preciosa, cariño —le dijo mirándola a los ojos.

Ana le dedicó una amplia sonrisa, jamás se había sentido tan feliz como lo era en ese momento. Deseaba ser la esposa de Nahuel hasta que la muerte les separase.

La ceremonia se llevó a cabo a pesar de los sollozos de las madres de los novios que, emocionadas, no podían contenerse. Cuando por fin se convirtieron en marido y mujer, Nahuel la besó en los labios apasionadamente mientras todos los presentes aplaudían y les vitoreaban felices y alegres.

—Te quiero, preciosa.

—Y yo a ti —le respondió Ana antes de volver a besarle.

Tras la ceremonia, todos se dirigieron al improvisado salón cubierto con carpas para celebrar el enlace. Las botellas de vino y champagne se descorchaban con bastante frecuencia y todos acabaron achispados por el alcohol. Todos excepto Norbert, que estaba con el ceño fruncido al descubrir cómo se miraban Eva y Derek. Ana se acercó a Eva y, tras abrazarla, le preguntó en un susurro para que nadie más que ella la escuchara:

— ¿Va todo bien?

Eva forzó una sonrisa y asintió, aunque en realidad nada estaba bien. Había asistido a la fiesta acompañada por Norbert, su novio, pero con quien realmente quería estar era con Derek. Sabía que su relación con Derek era tan solo una atracción física y sexual que no llegaría a ninguna parte, así que se repitió mentalmente una y otra vez que estar con Norbert era lo correcto y lo que debía hacer.

Pasada la medianoche los familiares y amigos del recién estrenado matrimonio seguían divirtiéndose y brindando por la pareja. Nahuel ya no lo soportaba más, deseaba quedarse a solas con Ana y ya había aguantado suficiente durante todo el día y parte de la noche. Sin dar ninguna explicación a los allí presentes, Nahuel cogió a Ana en brazos y caminó cargando con ella hasta llegar al pequeño embarcadero de la isla privada.

— ¿Qué pretendes hacer? —Le preguntó Ana divertida.

—Llevarte a nuestra luna de miel, cariño —le respondió Nahuel tras besarla en los labios.

Apenas les dio tiempo a besarse cuando todos los invitados se dirigieron al embarcadero y Leonor, la madre de Ana, le reprochó a Nahuel:

— ¿Acaso pretendes llevarte a mi hija sin dejar que se despida?

—Hijo, ¿qué modales son esos? —Le regañó Irene.

—La pareja quiere celebrarlo en privado —dijo burlonamente Ruth.

Se despidieron de todos los invitados en el embarcadero y acto seguido subieron al yate. Nahuel se había encargado de organizar la luna de miel, quería sorprender a Ana y ella le complació, pero la curiosidad la mataba.

—Cariño, no me has dicho a dónde vamos y no he cogido nada de ropa.

—Te dije que yo me encargaba de todo, ¿no confías en mí? —Le preguntó Nahuel divertido.

—Sabes que sí, pero quiero saber a dónde vamos —insistió Ana poniendo cara de niña buena.

Nahuel rio a carcajadas, la abrazó y la besó en los labios con ternura antes de decirle:

—Navegaremos hasta la costa, dormiremos en casa y mañana por la mañana iremos al aeropuerto privado para subirnos a un avión y viajar muy lejos, pero no lo descubrirás hasta que lleguemos.

—Supongo que puedo esperar un día más para averiguarlo —le dijo Ana encogiéndose de hombros con resignación.

—Puedo intentar distraerte de algún modo para que el tiempo te pase más rápido y no sientas tanta curiosidad por descubrir a dónde vamos —le sugirió Nahuel juguetón. Ana lo miró sonriendo con picardía y Nahuel añadió—: Quiero hacerte el amor por primera vez como señora Smith.

Ana no se lo pensó dos veces. Era de noche y estaban en alta mar, allí nadie podría verles, así que comenzó a desnudar a Nahuel al mismo tiempo que lo besaba y le acariciaba. Nahuel no se hizo de rogar y se ocupó de desnudarla con cuidado de no romper su vestido.

—Cariño, ¿estás segura de que quieres hacerlo aquí? —Le preguntó Nahuel una vez ambos se quedaron desnudos.

—No importa el lugar, solo nosotros —le susurró Ana—. Pero si no te gusta el lugar, cierra los ojos, cuenta hasta diez y búscame.

Ana se escondió en el camarote principal del yate y, diez segundos más tarde, Nahuel la encontró e hicieron el amor apasionadamente y por primera vez como marido y mujer.

 

FIN

 

Si quieres saber más sobre la historia de Eva y Derek no te pierdas la próxima novela Sedúceme.

 

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