Búscame 18.

Nahuel quería casarse cuanto antes, pero Ana consiguió aplazar la boda hasta la primavera, se negaba a casarse en invierno y celebrar la boda en otoño era una locura, así que el mes de abril fue el elegido para celebrar la boda. Nahuel propuso celebrar la boda en la pequeña isla privada, ya que ambos querían celebrar una boda íntima, y Ana le encantó la idea, ya que la casa era enorme y tenía muchas habitaciones para acoger a todos los invitados.

Ana nombró a Eva y a Ruth como sus damas de honor y las tres amigas se encargaron de organizar la boda con la ayuda de Irene y Leonor, las respectivas madres de Nahuel y Ana. Antes de la boda tuvieron que viajar a la costa un par de veces para ponerse de acuerdo con Irene, ya que ella al estar más cerca se encargaba de supervisar los preparativos. En uno de esos viajes, Eva la acompañó. Eva seguía saliendo con Norbert, su relación seguía avanzando pero ella no estaba enamorada de él y cada vez la aburría más. Echaba de menos aquel verano en la costa con Derek y sus tórridas aventuras, Norbert jamás hubiera accedido a hacer algo así y ella lo anhelaba. Eva acompañó a Ana a la costa con la intención de ayudarla con la organización de la boda ya que era su dama de honor, pero lo que no se le pasó por la cabeza fue la posibilidad que existía de reencontrarse con Derek, al fin y al cabo era el hermano pequeño de Nahuel. Por eso cuando vio aparecer a Derek en la casa de la costa de Nahuel, a Eva casi le da algo.

— ¿Qué hace él aquí? —Le preguntó a Eva.

—Es el hermano de Nahuel —le recordó Ana—. ¿No te alegras de verle?

Ana sonrió divertida. Sabía que su amiga estaba estancada con su relación con Norbert y que no estaba enamorada de él, pero Eva continuaba adelante como si nada y Ana pensó que Derek quizás fuera lo que Eva necesitaba para darse cuenta de lo que de verdad quería.

—Derek, ¡qué alegría verte! —Lo saludó Ana abrazándolo. Señaló a Eva y añadió con malicia—: ¿Te acuerdas de mi amiga Eva?

—Como para olvidarla —murmuró Derek. Saludó a Eva con un beso en la mejilla y le susurró al oído—: Me alegro de verte, nena.

Eva se quedó paralizada. No supo reaccionar ante las emociones que la invadieron. Solo oír su voz la había excitado, pero al mismo tiempo se sentía culpable al pensar en Norbert.

— ¿Cómo has conseguido que mi hermano no venga contigo? —Se mofó Derek hablando de nuevo con Ana—. Apuesto lo que quieras a que se presenta aquí antes de que regreses a la ciudad.

—Y no te equivocarías —dijo Nahuel entrando en el salón.

— ¡Cariño! —Exclamó Ana encantada de verlo allí.

—No puedo estar sin ti, pequeña —le susurró al oído Nahuel al mismo tiempo que la abrazaba y la besaba en los labios.

Al día siguiente regresaron a la ciudad, pero Ana tuvo tiempo suficiente para percatarse que entre Eva y Derek saltaban chispas. Ana intentó hablar del tema con Eva, pero Eva insistió en que no quería nada con Derek y le recordó que estaba con Norbert.

Los días fueron pasando y por fin llegó la noche anterior al día de la boda, la noche de recepción. Irene se empeñó en celebrar la cena de recepción en el jardín de su casa y Ana y Nahuel aceptaron para complacerla. Eva, Ruth, Jason y Derek se instalaron en la casa de la costa de Nahuel, junto con él y Ana, mientras que los padres de Ana se instalaron en casa de Irene y James. Norbert tenía que trabajar y no llegaría a la costa hasta el día siguiente, así que Derek aprovechó que Eva estaba sola para provocarla hasta que consiguió que ella bajara la guardia y la besó en los labios cuando la acorraló en uno de los pasillos de la planta superior con la mala suerte de que Ana salía de la habitación en ese mismo momento y los pilló con las manos en la masa.

— ¡Mierda! —Exclamó Eva separándose bruscamente de Derek—. No es lo que parece, Ana.

—Pues parecía que estabais besándoos —murmuró Ana.

—Eso pensaba yo —musitó Derek.

Ana se encogió de hombros, dio media vuelta y bajó las escaleras para dirigirse a la cocina. Tendría que hablar más tarde con Eva, pero sabía que ahora no era un buen momento y ella tenía que terminar de arreglarse para la cena de recepción.

Irene y James recibieron a los novios, a la familia más cercana y a los amigos más íntimos de la pareja en su casa. Irene quiso sorprenderles y se encargó de prepararlo todo para que los novios no tuvieran que preocuparse de nada la noche antes de la boda.

Cenaron en el jardín trasero de casa de los padres de Nahuel y brindaron por el futuro matrimonio de Nahuel y Ana, Todos y cada uno de los presentes quiso dedicar unas palabras a los novios. Cuando le llegó el turno a Derek, no dejó escapar la oportunidad de enviarle un mensaje a Eva y, tras concluir con su dedicatoria para los novios, añadió:

—Jamás olvidaré el verano en el que Ana y Nahuel se conocieron.

Le guiñó un ojo a Eva con complicidad y brindó por los novios. A ninguno de los allí presentes les pasó por alto el gesto de Derek hacia Eva, pero Ruth intervino y cambió de tema:

—Supongo que, siendo la noche previa a la boda, los novios no dormirán bajo el mismo techo, ¿no?

Ana fulminó a Ruth con la mirada, ya había discutido con su madre suficiente por ese asunto. Nahuel frunció el ceño y rodeó con los brazos a Ana al mismo tiempo que dijo sin opción a réplica:

—No pienso separarme de Ana y mucho menos la noche antes de nuestra boda.

—Hijo, no pasará nada porque durmáis separados una noche —insistió Irene, la madre de Nahuel.

— ¡Qué más da, hace más de un año que viven juntos! —Intervino Ramón, el padre de Ana.

—No entiendo a qué viene tanto drama por dormir separados —comentó Leonor.

—Mamá, ya hemos hablado del tema —le advirtió Ana a su madre.

—No hay nada de lo que hablar, no vamos a dormir separados y punto —sentenció Nahuel, que no estaba dispuesto a pasar sin Ana ni una sola noche.

Eva cambió de tema y comenzó a hablar de trabajo, cualquier tema era válido siempre que no tuviera que ver con Derek.

Tras aquella agradable cena tan familiar, los jóvenes regresaron a casa de Nahuel. Ana entró en la habitación seguida de Nahuel, cerró la puerta y echó el cerrojo.

— ¿Temes que me escape? —Bromeó Nahuel—. Porque no pienso hacerlo, jamás me separaré de tu lado, cariño.

—Eso espero —le susurró Ana al oído al mismo tiempo que se desnudaba.

Nahuel la besó y la acarició mientras la ayudaba a deshacerse de su ropa. Tras desnudarse por completo, Ana desnudó a Nahuel. Ambos se abrazaron, se acariciaron y se besaron con urgencia, con verdadera necesidad de estar el uno con el otro, de fundir sus cuerpos.

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