Búscame 17.

Los meses fueron pasando, Ana y Nahuel continuaban viviendo su amor como el primer día, trabajaban juntos en la Agencia y Ana se había mudado a casa de Nahuel. Al final, Ana aceptó viajar a la costa en diciembre y pasaron la Navidad en la casa de la costa de Nahuel junto a los padres de ambos y también junto a Derek, el hermano pequeño de Nahuel. Derek aprovechó aquel encuentro con Ana para averiguar con sutileza cómo le iba a Eva y no le sentó nada bien descubrir que Eva salía con un tipo desde hacía meses. El encuentro en Navidad entre los padres de Ana y Nahuel fue sobre ruedas y se repitió en primavera, cuando los padres de Ana invitaron a los padres de Nahuel a pasar en el pueblo unos días de vacaciones.

Eva inició una relación con Norbert, el tipo estirado y aburrido que conoció en una cafetería cerca de la oficina. A las chicas les pareció un buen hombre, pero lo bautizaron como don Aburrido. Era un hombre joven, aunque unos años mayor que ella, pero parecía que fuera un abuelo. A Ana no le gustó desde el momento en el que lo escuchó decir que si se casaba con Eva no consentiría que continuara trabajando porque debía ocuparse de la casa y de los hijos. A pesar de que sus amigas pensaban que Norbert era un troglodita machista, Eva seguía adelante con aquella relación porque él era todo lo que siempre había querido en un hombre, era su prototipo perfecto, pero no estaba enamorada de él.

Desde que recibió aquel duro mensaje de David en el que le pedía cortar totalmente el contacto, Ruth dejó de creer en el amor. Ella que siempre había sido la romántica empedernida del grupo, la que soñaba con tener un cuento de hadas. Ahora Ruth ya no buscaba a su príncipe azul, tan solo buscaba algún hombre interesante y atractivo con el que pasar un buen rato y a quien no volviese a ver. Ruth se centró en su trabajo en la galería de arte, esa era su prioridad.

Con la llegada del verano llegaron también las ansiadas vacaciones. Ruth pasó el verano trabajando en la galería, la ciudad estaba llena de turistas y la galería recibía miles de visitas diarias.

Eva decidió pasar sus vacaciones con Norbert en su casa del lago, eran sus primeras vacaciones juntos y Eva dejó que Norbert se encargara de organizarlo todo.

Ana y Nahuel decidieron pasar unos días en el pueblo con los padres de Ana, otros días en la costa con los padres de Nahuel. Pero Nahuel había planeado en secreto dos semanas a solas en una pequeña isla paradisíaca que había comprado y a la que tan solo se podía acceder en barco. Quería disfrutar de la compañía de Ana sin que nadie les interrumpiese, sin preocuparse por nada que no fuera divertirse juntos.

Cuando se subieron al todoterreno con el equipaje en el maletero, Ana dio por sentado que se dirigían al aeropuerto privado para regresar a la ciudad, así que cuando vio que Nahuel entraba en el puerto, le preguntó:

— ¿Te has olvidado algo en el yate?

—Nuestras vacaciones aún no han acabado, cariño —le respondió Nahuel dedicándole una pícara y seductora sonrisa.

— ¿A dónde vamos? —Quiso saber Ana, emocionada con aquella noticia y riendo divertida.

—De momento, vamos a dar un paseo en barco —le contestó Nahuel manteniendo el misterio.

Ana no hizo más preguntas, tan solo sonrió y ayudó a Nahuel a sacar el equipaje del maletero del todoterreno para llevarlo al yate.

Una vez lo tuvieron todo listo, Nahuel navegó rumbo a la pequeña isla privada que había comprado y que pretendía regalarle a Ana para celebrar su compromiso, si es que aceptaba casarse con él.

Cuando por fin Nahuel atracó en el pequeño embarcadero de la isla, Ana ya no pudo aguantar más y le preguntó para saciar su curiosidad:

— ¿Dónde estamos?

—No seas impaciente —le dijo Nahuel burlonamente. Ana puso morritos y Nahuel aprovechó para robarle un beso. La agarró de la mano y tiró suavemente de ella para salir del barco al mismo tiempo que añadía—: Ven, deja las maletas ahí y vamos a dar una vuelta.

Ana le siguió sin rechistar. La curiosidad podía con ella, Nahuel la sorprendía día tras día, pero aquello era demasiado. Cuando pensaba que las vacaciones habían terminado y regresaban a casa, Nahuel la sorprendía con unas inimaginables vacaciones en un lugar remoto en medio del mar y que no sabría ubicar en un mapa.

— ¿Estamos en una isla? —Adivinó Ana.

—Así es, estamos en una isla privada de tan solo 3 kilómetros de diámetro.

A Ana no le hizo falta hacer más preguntas. Pudo ver la enorme casa que presidía la pequeña isla. Se subieron a un cochecito de esos que se utilizan en los campos de golf y cruzaron hermoso y cuidado jardín por un sendero de piedra.

—Primero rodearemos la casa para que veas el jardín, en la parte de atrás de la casa hay una enorme piscina y un jacuzzi que te encantarán —le dijo Nahuel de buen humor.

Recorrieron el jardín en el carrito de golf al mismo tiempo que rodeaban la casa. Ana quedó fascinada, la casa era enorme, una piscina climatizada presidía el jardín trasero y desde allí se podía vislumbrar un sugerente jacuzzi en la terraza de la segunda planta. Una vez vieron los alrededores de la casa, Nahuel le enseñó el interior de la misma a Ana. Cuando llegaron a la habitación principal, Ana se puso juguetona pero Nahuel, tras darle un casto beso en los labios, le dijo:

—Voy a buscar las maletas para instalarnos y después nos damos un baño juntos, ¿de acuerdo?

Ana resopló con resignación, pero acató las indicaciones de Nahuel. Tras deshacer las maletas e instalarse en la habitación principal, Nahuel cogió en brazos a Ana y la llevó al cuarto de baño. Ana se encargó de llenar la bañera con agua tibia mientras Nahuel se desnudaba y después la desnudaba a ella. Se metieron en la bañera y Nahuel se colocó detrás de Ana, rodeándola con sus brazos y con sus piernas. Nahuel la cubrió con sus besos y sus caricias y Ana le correspondió de igual modo. Había pasado un año desde que hicieron el amor por primera vez y seguían sintiendo el mismo deseo y pasión cuando sus cuerpos se unían.

Después de aquel entretenido y romántico baño, Nahuel convenció a Ana para que se echara un rato en la cama a descansar y, mientras ella dormía, él aprovechó para preparar la cena, tenía previsto organizar una velada romántica y especial.

Ana se despertó y bajó a la cocina, donde se encontró con Nahuel. Se sorprendió al descubrir que Nahuel había preparado la cena y también una romántica mesa a la luz de las velas en el jardín.

—Pero bueno, ¿qué es todo esto?

—He preparado la cena —le respondió Nahuel divertido.

— ¿Otra sorpresa más? —Le preguntó Ana divertida y añadió bromeando—: Espero que todo esto no sea para decirme que vas a tener un hijo con otra mujer.

—Tan solo te deseo a ti —le susurró Nahuel abrazándola desde la espalda y deslizando sus manos hacia el vientre de ella—. Aunque debo confesarte que me gusta la idea de ser papá.

—Cariño, creo que es demasiado pronto para tener esta conversación, ¿no crees?

—Poco a poco, cariño —cambió de tema Nahuel—. Ahora vamos a cenar, la cena ya está lista.

Cenaron en el jardín bajo la luz de las velas. Ana notó que Nahuel estaba nervioso aunque tratara de disimular, así que le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Cariño, en realidad he preparado todo esto por una razón —empezó a decir Nahuel—. Es evidente que, después de un año, sigo queriéndote en mi vida y siempre será así. Ambos seguimos igual o incluso más enamorados que cuando empezamos, hace meses que vivimos juntos, nuestras familias ya se han conocido y yo quiero dar un paso más —se sacó la pequeña caja con el anillo de compromiso que le había comprado y, tras enseñárselo, le preguntó mirándola a los ojos—: Cariño, ¿quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz de la tierra?

Ana se arrojó a sus brazos y le besó con urgencia. Ni siquiera le prestó atención al anillo, aquello era algo secundario.

— ¿Eso es un sí? —Le preguntó Nahuel divertido.

— ¡Por supuesto que es un sí! —Exclamó Ana riendo.

Nahuel sacó el anillo de la cajita y se lo colocó a Ana en el dedo. Acto seguido, Ana se deshizo de su ropa y se sentó a horcajadas sobre Nahuel. Estaban en el jardín, pero en una isla privada que tan solo estaba habitada por ellos dos, así que Nahuel no se lo pensó dos veces y le hizo el amor allí mismo.

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