Bajo la luz de la luna 16.

Bajo la luz de la luna

El lunes por la mañana, cuando Alan se levantó para ir a trabajar, Elisabeth también se levantó y desayunó con él antes de salir a correr. Se despidieron en el ascensor y Alan tuvo que hacer un gran esfuerzo para no regresar con ella al apartamento y quedarse en la cama todo el día.

–  Te veré luego, llámame si necesitas algo o si simplemente te apetece hablar conmigo. – Le dijo Alan tras darle un beso en los labios. – Ten cuidado con los coches, kamikaze.

Alan se marchó a trabajar y Elisabeth salió a correr dirección este hasta que llegó a la playa y siguió corriendo por la Barceloneta.

Casi dos horas más tarde, Elisabeth regresó al apartamento y se dio una ducha rápida. Quería salir a comprar algo especial para la cena que quería prepararle a Alan y quería que todo saliera perfecto. Con las prisas se olvidó el móvil en casa y cuando regresó del mercado tenía quince llamadas perdidas de Jason. Él nunca era tan insistente, a menos que algo pasara y, cuando su teléfono sonó por enésima vez, Elisabeth respondió de inmediato:

–  ¿Qué ocurre? – Preguntó con un hilo de voz.

–  ¿Qué ocurre? ¡Joder Elisabeth, la que se va a liar! – Espetó Jason. – Acaban de llamarme para decirme que esta noche vas a aparecer en todas las noticias de la televisión del Reino Unido y que, además, ya debes estar saliendo en la televisión española.

–  ¿De qué estás hablando? – Preguntó Elisabeth alarmada.

–  Enciende la televisión y lo descubrirás tú misma. – Le respondió molesto.

Elisabeth hizo lo que Jason le ordenó y se quedó bloqueada cuando en la pantalla de su televisión apareció una foto de ella y Alan besándose mientras bailaban en la cena de gala de la empresa de Alan. Junto a la foto había un titular: “Lady Elisabeth cancela la boda pero decide celebrar la despedida de soltera.”

–  ¿Cómo han llegado esas fotos ahí? ¿Qué ha pasado? – Preguntó Elisabeth con el pánico en el cuerpo.

–  Esperaba que tú me lo dijeras. – Replicó Jason. – Van a publicar un montón de fotos tuyas con Alan, algunas bastante comprometidas.

–  ¿Lo sabe mi padre?

–  Las noticias han llegado directamente al bufete, mi padre se está encargando en este momento de avisarle. ¿Qué piensas hacer, Elisabeth?

–  Aún no le he dicho nada a Alan. – Musitó Elisabeth con un hilo de voz.

–  Pues lamento decirte que ya debe saberlo.

–  Jason, tengo que colgar. Redacta un comunicado aclarando que mi compromiso con Mike se anuló hace casi dos meses y que el comunicado que él decidió enviar no fue el que acordamos.

–  Elisabeth, los paparazzi probablemente ya estarán en la puerta de tu casa.

Elisabeth colgó y llamó a Alan, en aquel momento él era lo único que le importaba y su reacción lo que más la preocupaba.

Alan estaba furioso. Se había enterado de que salía en las noticias porque su secretaría se lo había dicho y ella se había enterado porque venía de desayunar de la cafetería. No entendía nada y cuando encendió la televisión de su despacho y vio una foto de él y Elisabeth bajo el titular: “Lady Elisabeth anula su compromiso con Lord Hudson pero decide celebrar su particular despedida de soltera con un director ejecutivo español.” Alan se quedó en silencio, escuchando todo lo que aquellos colaboradores del programa decían y sintiéndose cada vez más confuso y furioso.

Según aquellos periodistas, si es que podían llamarse así, Eli en realidad era Lady Elisabeth Muller, hija de un alemán que había levantado su propio imperio sobre la seguridad informática y a quién la reina de Inglaterra le había otorgado el título de Lord. Al parecer, Lady Elisabeth se tenía que casar este sábado con Lord Mike Hudson, un estirado bastante importante en su país pero del que él no tenía ni idea, pero el lunes pasado enviaron un comunicado escrito a la prensa en el que anunciaban que la boda no se celebraría en la fecha indicada. A Alan no le salían las cuentas, cuando ese comunicado se envió a la prensa él ya se había acostado con Eli. ¿Se había acostado con él estando prometida a otro hombre? Y luego estaba lo de su padre. Si Eli era la hija de Erik Muller, ¿por qué su jefe y su esposa no la saludaron como correspondía? Al fin y al cabo, Erik Muller era un gran amigo de su jefe y se encargaba del sistema de seguridad informático de la empresa. ¿También su jefe había fingido no conocerla?

Alan se pasó las manos por la cabeza y se sirvió un vaso de whisky que se bebió de un trago a pesar de que no eran ni las once de la mañana. ¿Qué se suponía que debía hacer? Su teléfono empezó a sonar y al ver que era Elisabeth quien llamaba decidió no contestar y apagó el teléfono, no estaba preparado para hablar con ella. Se dirigió al despacho de su jefe y lo encontró hablando por teléfono pero cuando lo vio entrar, se despidió rápidamente de su interlocutor y colgó.

–  ¿Conocías a Elisabeth antes de que yo te la presentara? – Le preguntó Alan furioso.

–  Sí. – Respondió Guillermo resignado. – Evelyn la vio antes de que nos la presentase, no sabía que trabajabas para nosotros y nos pidió discreción porque no quería que nadie se enterara de quién era debido al escándalo por la cancelación de la boda.

–  ¡Joder, se iba a casar este sábado y yo ni siquiera sabía nada!

–  Alan, creo que antes de tomar decisiones en caliente deberías hablar con ella, me consta que está removiendo cielo y tierra para detener todo esto y me acaban de comunicar que su abogado te ha blindado.

–  ¿Qué significa eso?

–  Que ni tu nombre ni tu imagen ni tu persona pueden ser objeto de cualquier información pública. – Le respondió Guillermo y, al ver que Alan le miraba como si le hubiera hablado en chino, añadió: – En resumen, que no se puede hablar de ti ni en la prensa, ni en la televisión ni en ningún otro medio de comunicación.

–  ¿Se puede hacer eso?

–  Lady Elisabeth acaba de hacerlo. – Le confirmó Guillermo.

–  Guillermo, necesito tomarme unos días de vacaciones y salir de aquí. Puedo seguir trabajando a distancia. – Le dijo Alan.

–  Tómate el tiempo que necesites, Alan. Ya sabes que eso no es ningún problema. Pero espero que sigas mi consejo y no pienses en huir. Hablando se entiende la gente.

–  Tendré el móvil apagado, pero envíame un e-mail si me necesitas y me pondré en contacto contigo de inmediato. – Le dijo Alan antes de salir del despacho de su jefe.

Alan regresó a su despacho, apagó su teléfono móvil que no dejaba de sonar y se dirigió a su apartamento. Estaba furioso y quería explicaciones y, aun siendo consciente de que no era el mejor momento para exigirlas debido a su estado alterado, fue en busca de Elisabeth. Llamó a la puerta del apartamento de Eli y esperó a que abriera la puerta para irrumpir en él hecho una furia. Se encontró con una Elisabeth pálida, con marcadas ojeras y ojos hinchados, sin duda había estado llorando. Ella fue a abrir la boca, pero él no la dejó hablar y le espetó:

–  ¿Pensabas decirme algún día quién eres? ¿O que estabas prometida? ¡Joder, estabas prometida con ese maldito Lord cuando te acostaste conmigo la noche de la fiesta de la luna llena!

–  No es lo que parece, Alan. – Trató de disculparse Elisabeth. – Pensaba decírtelo, pero no sabía cómo ibas a reaccionar y me dio miedo…

–  ¡Y creíste que lo mejor era que me enterara por la prensa y la televisión! – Le espetó Alan con sarcasmo alzando la voz. – ¡Mi móvil va explotar de tantas llamadas que recibo, toda España y parte del mundo creen que he sido el causante de la cancelación de tu boda y tanto en la prensa, como en la televisión, como en internet, aparece mi foto bajo el titular: “El español que le arrebató la prometida al Lord Hudson” o, peor aún, “Lady Elisabeth celebra su despedida de soltera con un boy español”! ¿Tienes idea de lo que todo esto significa para mí? ¿De los problemas que esto le va a causar a mi familia? ¡Joder, la puerta del edificio está llena de paparazzi!

–  Alan, lo siento, yo…

–  ¿Que lo sientes? ¡Más lo siento yo por pensar que eras diferente, que eras sincera y una verdadera amiga! – Volvió a interrumpirla Alan. – Espero que hayas disfrutado de tu particular despedida de soltera, porque se acabó.

–  Alan, escúchame por favor. – Le suplicó Elisabeth con un hilo de voz.

–  ¡Te he escuchado durante dos meses, tiempo suficiente para que dijeras todo lo que tenías que decir y no lo hiciste! – Le espetó furioso y añadió con una indiferencia que a Elisabeth le rompió el corazón en mil pedazos: – Ya no quiero escucharte, no quiero saber nada más de ti.

Una vez dicho aquello, Alan se marchó cerrando la puerta de un portazo mientras Elisabeth estalló en un desmesurado llanto que había estado aguantando con esfuerzo mientras Alan estaba presente pero que, ahora que ya se había ido, no tenía que seguir conteniendo.

Alan entró en su apartamento, llenó un par de maletas con algo de ropa y objetos de higiene personal y se marchó subido a su coche, conduciendo sin un rumbo claro mientras sentía que la cabeza le iba a explotar.

¡Maldita kamikaze! ¿Cómo ha podido ocultarme algo así?, se preguntaba Alan una y otra vez.

Elisabeth se quedó destrozada tras aquel encuentro con Alan y aún tenía que enfrentarse a sus padres, a Mike y probablemente a toda la prensa. Le hubiera gustado poder chasquear los dedos y desaparecer, no se sentía con fuerzas ni ganas de luchar, sobre todo cuando lo que más le importaba ya lo había perdido.

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