Archivo | diciembre 2017

Enamórame 1.

Ruth estaba temblando. Intentó disimular frente a sus amigos en el hospital, era el día de Ana y su bebé recién nacido, no quería ensombrecerlo con sus desvaríos. Trató de comportarse con normalidad pero, cuando sus amigos comenzaron a hacerle preguntas, decidió despedirse alegando que tenía mucho trabajo y se marchó.

Ahora estaba en el parking del hospital, sentada tras el volante de su coche, sintiéndose incapaz de conducir. Cerró los ojos, suspiró profundamente y pensó en voz alta:

—Necesito descansar, la mente empieza a jugarme malas pasadas…

Y no era para menos. Ruth había llegado feliz al hospital, deseando conocer al bebé recién nacido de sus amigos Ana y Nahuel. Tras preguntar en el mostrador de información en qué habitación se encontraba Ana Fernández, se dirigió al ascensor y subió hasta la planta 12. Las puertas del ascensor se abrieron y Ruth caminó con decisión hasta que lo vio al final del pasillo. Estaba de espaldas y llevaba una bata blanca de médico, pero supo que era él.

Hacía más de dos años y medio que no sabía nada de David, desde que le envió aquel mensaje en el que decía que era mejor que no mantuvieran ningún tipo de contacto. Él aceptó una plaza en un hospital en el otro extremo del país y se mudó; ella regresó a la ciudad, encontró un buen trabajo en una galería de arte y continuó con su vida, o al menos lo intentaba. Pero ninguno de los dos había olvidado esos días de verano que compartieron en la costa y en los que pasaron de ser dos extraños que acababan de conocerse para ser simplemente un solo ser.

Su corazón se aceleró al verle, pese a que seguía de espaldas a ella, no estaba preparada para un encuentro de sopetón, se asustó y corrió para esconderse en la habitación de Ana y el pequeño Nahuel, donde también se encontró con Eva y Derek.

Ya más calmada, aunque con mil preguntas rondándole la cabeza, arrancó el motor del coche y condujo hacia la galería de arte.

—Si está aquí, ¿por qué no me ha llamado? ¿Y si está con otra? —Hablaba consigo misma mientras conducía—. ¿Y si se ha casado e incluso tiene hijos?

La sola idea de imaginarlo hizo que sintiera náuseas. Sí, habían pasado casi tres años con sus largos días y sus largas noches, pero no había un solo día en el que Ruth no se acordara de él. Pese a que de cara a sus amigos se había vuelto una mujer fría y devora hombres, seguía siendo la misma Ruth romántica y soñadora de siempre y, aunque jamás lo reconocería en voz alta, solía fantasear con que algún día David regresaría a buscarla y serían felices para siempre.

Pasó la tarde en la galería, concentrada en su trabajo. Concretamente, en la inauguración de la nueva exposición de fotografía erótica que en un par de semanas se celebraría en la galería. Tan concentrada estaba que no se dio cuenta que alguien entró en su despacho hasta que escuchó la voz de Mike:

—Hola Ruth, ¿estás muy ocupada?

—Para ti siempre estoy disponible —le aseguró Ruth dedicándole la mejor de sus sonrisas.

Conocía a Mike desde hacía dos años, cuando acudió a una de sus exposiciones de fotografía y se quedó maravillada con su trabajo. Tenían muchas cosas en común, se llevaban bien y rápidamente se hicieron buenos amigos.

— ¿Eso ha sido una insinuación? —Quiso saber Mike y añadió bromeando—: Será mejor que no me tientes, con el lío de la exposición no he tenido tiempo para nada.

— ¿Ni siquiera para un polvo rápido con tu vecina? —Preguntó Ruth burlonamente.

Mike le confirmó lo evidente con una sonrisa descarada y Ruth rompió a reír a carcajadas. Conocía demasiado bien a su amigo para saber que la abstinencia sexual no iba con él. Pese a que ambos disfrutaban abiertamente del sexo, nunca se habían acostado juntos. Habían construido una gran amistad y ninguno de los dos quería echarla a perder a causa de un revolcón.

—Por cierto, ya he seleccionado las fotografías —le dijo tras entregarle una carpeta.

Ruth abrió la carpeta y revisó las fotografías una a una en el más absoluto de los silencios hasta que vio las tres últimas y espetó sobresaltada:

— ¡¿Es que te has vuelto loco?! ¡¿Cómo vas a exponer mis fotos?!

Mike era un excelente fotógrafo y, un día que a Ruth le apeteció hacer de modelo para divertirse un rato, Mike le sacó algunas fotografías.

—Son unas fotografías magníficas y de lo más inocentes, no puedes negarte —argumentó Mike—. Todo el mundo querrá pujar por ellas, serán un éxito.

—Claro, así tú te llenas los bolsillos mientras un viejo verde se masturbará mirando mis fotografías —replicó Ruth horrorizada.

—No sé si será o no un viejo verde, pero de lo que estoy seguro es de que tendrá mucho dinero si puja por alguna de tus fotografías, son la guinda de mi exposición —comentó divertido.

Ruth echó un vistazo a las fotografías de nuevo y sonrió. Tampoco iba a pasar nada si se exponían tres fotos suyas en las que aparecía en ropa interior, envuelta en una sábana sobre una cama deshecha o vestida únicamente con una camisa de hombre abierta. Eran fotografías sensuales en las que no se enseñaba nada más de lo que se enseñaba en la playa. Eran insinuantes y sensuales, eróticas pero sin caer en lo obsceno.

—Supongo que así aprenderé a no jugar a ser modelo —zanjó la cuestión Ruth encogiéndose de hombros.

— ¿Se puede saber qué te pasa?

— ¿A mí?

—Sí, a ti —afirmó Mike sentándose en el sillón que quedaba frente a ella—. Creía que ibas a montar en cólera cuando te lo dijera y parece que te da igual.

—Creía que querías convencerme y te lo he puesto fácil, hoy no tengo ganas de discutir.

—Y eso no es normal en ti, ¿quieres contármelo?

—No hay nada qué contar, Mike.

—Ruth, si no quieres contármelo, no lo hagas. Pero no me mientas, por favor —insistió Mike.

—Es una tontería, de verdad… —Le confesó un poco avergonzada—. He ido a ver a Ana y al pequeño Nahuel al hospital y, al salir del ascensor, me ha parecido ver a David.

— ¿El mismo David que dejó tu corazón congelado tras unas tórridas vacaciones de verano en la costa?

—El mismo —le confirmó Ruth con un sonoro suspiro.

—Y, ¿qué te ha dicho?

—Nada.

— ¿Nada?

—No me ha visto, estaba de espaldas y he huido como una cobarde —reconoció Ruth.

—Pero, ¿estás segura de que era él?

—No lo sé, creo que sí. Estaba de espaldas y llevaba puesta una bata blanca de médico, me pareció él y no me quedé allí para confirmarlo.

—Últimamente trabajas demasiado, deberías tomarte unos días de vacaciones, te sentarán bien —le aconsejó Mike preocupado.

Ruth suspiró profundamente. Mike tenía razón, necesitaba descansar, desconectar unos días y dedicar un poco de tiempo solo para ella.

—Puede que me tome unos días libres después de la exposición —comentó Ruth no demasiado convencida.

Mike insistió en que descansara y la obligó a marcharse a casa. Eran las siete de la tarde cuando entró en su apartamento, el mismo que compartió con sus amigas y que ahora era solo para ella.

Apagó el teléfono móvil y se relajó durante más de una hora en la bañera mientras se tomaba una copa de vino. Se acomodó en el sofá y llamó al restaurante de comida china para pedir que le trajeran un menú individual a casa, no tenía ganas de cocinar. Después de cenar, buscó el diario de a bordo de aquellas vacaciones en la costa y se quedó dormida mirando una de las fotos de David.

Cita 101.

“La felicidad consiste en dormir sin miedo y despertar sin angustia.”

Françoise Sagan.

Enamórame.

Después del relato El último veranode la novela Búscame y de la novela Sedúcemellega Enamóramela novela que continúa la historia con Ruth como protagonista.

Desde aquel verano en la Costa, Ruth ya no es la misma. Su corta pero intensa relación con David la marcó de por vida y su corazón se rompió cuando el se traslado al extremo opuesto del país por motivos profesionales. No se lo reprochaba, ella también hubiera hecho lo mismo, pero que David decidiera que era mejor no mantener ningún tipo de contacto la sumió en un estado de profunda ira que, casi tres años después, todavía la dominaba.

Se había prohibido a sí misma volver a enamorarse de un hombre y, para evitar riesgos, no se permitía tener más de tres cita con el mismo hombre o, lo que venía siendo lo mismo, no se acostaba con más de tres veces con en el mismo hombre. Hasta el momento, le había ido bastante bien.

Ana estaba casada y acababa de tener un bebé; Eva estaba prometida y planeaba su próxima boda; y Ruth se había centrado en su trabajo, con la excepción de sus pequeños encuentros sexuales con algún hombre que acabara de conocer. Fingía que se había vuelto una mujer fría y distante, de las que no creen en el amor y jamás lloraría por un hombre, pero seguía pensando en David, no podía quitárselo de la cabeza.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron y lo vio de espaldas, Ruth casi se desmaya. Estaba de espaldas y llevaba la bata blanca de médico, pero tuvo ninguna duda de que era él. Ya que estaba allí, cumplió con su cometido e hizo una rápida visita a su amiga Ana para conocer al pequeño Nahuel, pero salió del hospital como alma que lleva el diablo en cuanto pudo. ¿Lo que había visto era real o un producto de su imaginación? ¿Se habría vuelto loca de tanto pensar en él? ¿David había regresado a la ciudad y no le había dicho nada? ¿Seguiría soltero? ¿Se habría casado? ¿Tendría hijos? Ruth estaba a punto de gritar y lo hizo cuando, al día siguiente, recibió un mensaje de David o, como ella lo llamaba, el Innombrable.

¿Quieres saber más sobre cómo continúa la historia de Ruth? No te la pierdas y disfruta leyéndola capítulo a capítulo, seguro que te gustará:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

 

Sedúceme 18.

Eva y Derek bajaron al salón de casa de los padres de Eva. Victoria les recibió con su amplia sonrisa en los labios, pero Vicente estaba más serio de lo habitual y a Eva no le pasó desapercibido. Quería que Derek se sintiera cómodo con sus padres, pero su padre no se lo estaba poniendo fácil. Con la única intención de quedarse un momento a solas con su padre, Eva le dijo a Derek:

—Cariño, me he dejado el teléfono móvil sobre la isla de la cocina del loft, ¿te importaría ir a buscarlo, por favor?

—Claro —la complació Derek y desapareció al instante.

—Papá, no estás colaborando nada —le reprochó Eva a Vicente.

—Tu madre ya está colaborando por los dos —protestó su padre.

—Por favor, papá —le rogó Eva—. Tengo intención de pasar el resto de mi vida con Derek, te agradecería que le trataras como a uno más de la familia, porque para mí lo es.

—De acuerdo, cielo —fue incapaz de negarse Vicente—. Pero si en algún momento no se comporta contigo como te mereces, yo mismo me ocuparé de estrangularle con mis propias manos.

—Estoy segura que eso nunca llegará a suceder —le confesó Eva con una amplia sonrisa en los labios.

Vicente pudo ser testigo de la felicidad que Derek causaba en Eva, hacía tanto tiempo que no la veía tan radiante como lo estaba en ese momento y supo que era gracias a Derek. Lo único que Vicente quería era seguir viendo así de feliz a su hija, así que no le costó ningún esfuerzo ser amable y simpático con su futuro yerno, algo que Eva agradeció en silencio. Derek notó aquel cambio en el comportamiento de Vicente hacia a él y adivinó que Eva tenía algo que ver en ello, pero prefirió no comentar nada.

La cena fue mucho mejor de lo que Eva esperaba. Derek se había ganado la confianza de sus padres en pocas horas, aunque el cambio de comportamiento de Vicente en realidad había sido producido por Eva.

Tras la cena, Eva quiso salir a tomar una copa pese al frío que hacía y Derek trató de convencerla para quedarse en el loft.

—Cariño, ¿no prefieres quedarte en casa? —Le preguntó Derek mientras Eva se ponía el abrigo.

—Si pretendes tenerme en abstinencia, será mejor que pasemos el menor tiempo posible en loft o acabaremos discutiendo —le respondió Eva visiblemente molesta.

—Nena, subamos al loft —le susurró al oído con tono sugerente al mismo tiempo que la agarraba por la cintura para estrecharla entre sus brazos—. Si vas a torturarme hasta que no pueda más, prefiero caer ya en la tentación.

Eva sonrió satisfecha y le besó apasionadamente. Derek le quitó el abrigo, la cogió en brazos y la llevó junto a la cama. La desnudó lentamente, disfrutando del placer de ir descubriendo poco a poco cada centímetro de su piel. Cuando se quedó completamente desnuda, Eva gimió demandando lo que tanto ansiaba y Derek no se hizo de rogar.

Hicieron el amor con ternura y alcanzaron el clímax al mismo tiempo, quedándose abrazados el uno al otro hasta que recobraron la respiración.

—Nena, quiero darte tu regalo de navidad —le susurró Derek sonriendo con complicidad.

—Faltan dos días para navidad —comentó Eva intrigada—. ¿Qué me has comprado que no pueda esperar? ¿Has adoptado un amiguito para Thor? —Preguntó emocionada.

—Es algo que tenía pensado regalarte cuando regresemos a la ciudad, pero creo que no puede haber un mejor momento que este —Derek se levantó de la cama, rebuscó en su maleta y regresó junto a Eva con una pequeña cajita con un lazo rojo—. Cariño, esto es para ti.

Eva lo miró a los ojos antes de abrir su regalo. Derek parecía nervioso y ella se apresuró en averiguar qué contenía la caja. La abrió sin más ceremonia y se quedó petrificada cuando vio el anillo. Era un hermoso anillo de compromiso de oro blanco con un enorme diamante con forma de lágrima.

—Derek… —Balbuceó Eva sin dejar de mirar el anillo pero sin cogerlo.

—Cariño, te quiero —le dijo Derek mirándola a los ojos—. Eres la persona con la que quiero acostarme y levantarme todos los días, la persona más importante de mi vida. Quiero vivir la vida contigo, en lo bueno y en lo malo. Cásate conmigo, nena.

Eva se quedó muda. Estaba tan emocionada por lo que acababa de escuchar de los labios de Derek que continuaba procesándolo.

—Nena, dime algo por favor —le rogó Derek.

—Sí. ¡Claro que sí! —Exclamó arrojándose a sus brazos.

Se fundieron en un apasionado beso y Derek le colocó el anillo de compromiso en el dedo antes de hacerle el amor de nuevo.

Al día siguiente, cuando se reunieron con toda la familia, la pareja dio la feliz noticia y todos les felicitaron por el reciente compromiso. Irene y Victoria comenzaron a hacer planes para la boda, Ana les dio algunos consejos y todos dieron su opinión sobre una boda perfecta. Pero Derek y Eva no les escuchaban, tan solo se miraban y se sonreían con complicidad, sin ser conscientes de lo que ocurría a su alrededor.

Aquella navidad en el pueblo fue la mejor que habían vivido, rodeados por la familia y sus mejores amigos. Derek y su familia congeniaron muy bien con la familia de Eva. Junto a la familia de Ana y la de Ruth pasaron la navidad y el fin de año.

Después de aquellos días de vacaciones, regresaron a la ciudad. Derek trató de convencer a Eva durante esos días en el pueblo para que se mudara a su casa, pues se negaba a dormir ni una sola noche lejos de ella. Eva, tras la insistencia de Derek, la necesidad que sentía por estar cerca de él y el hecho de que ya pasaba casi todas las noches en su casa, decidió aceptar y se trasladó con él. Se sintió mal por Ruth, no quería dejarla sola, pero Ruth la tranquilizó alegando que estaría bien e incluso bromeó diciendo que ahora podría subir al apartamento a tantos hombres como quisiera.

Tres meses más tarde, Derek y Eva seguían disfrutando de su amor y conviviendo en armonía. Habían establecido una agradable rutina, se compenetraban a la perfección y ambos colaboraban en las tareas domésticas, pese a que Derek tenía contratada a una asistenta.

Eva estaba terminando de arreglarse para ir al hospital a ver a Ana y a su bebé recién nacido. Se estaba demorando más de lo habitual y Derek empezaba a impacientarse.

—Nena, si no te das prisa no llegaremos ni al primer día de colegio —protestó Derek, que la esperaba impaciente para ir a conocer a su sobrino recién nacido.

—Ya estoy lista —anunció Eva bajando las escaleras.

Derek se acercó a ella, la besó en los labios y, agarrados de la mano, se encaminaron hacia el garaje, donde se subieron al coche de Derek.

Apenas veinte minutos más tarde, llegaron a la clínica de maternidad donde Ana había dado a luz. Se encontraron a Nahuel en el pasillo, frente a la puerta de la habitación.

—Felicidades papá novato —felicitó Derek a su hermano.

—Enhorabuena —lo saludó Eva—. ¿Cómo está la mamá y el pequeñín?

—La mamá feliz pero cansada y el pequeñín está perfectamente, ahora mismo duerme como un tronco —les respondió Nahuel feliz—. Pasemos a la habitación, así podréis conocer a vuestro primer sobrino.

Nahuel entró en la habitación y Derek y Eva lo siguieron. Ana estaba estirada sobre la cama con el pequeño bebé recién nacido en sus brazos. Se quedaron observándola con ternura hasta que Ana se percató de su presencia y les saludó dedicándoles una amplia sonrisa:

— ¡Si están aquí los titos! Mirad al pequeño Nahuel, tiene los mismos morritos que los Smith.

Durante más de una hora, el pequeño Nahuel pasó de mano en mano para estar en brazos de sus tíos y de sus papás.

Ruth llegó poco después, parecía nerviosa y contrariada, pero cuando le preguntaron tan solo se excusó diciendo que tenía mucho trabajo en la galería. Apenas estuvo treinta minutos en la habitación del hospital y se marchó aún más nerviosa de lo que llegó.

— ¿Qué le ocurre a Ruth? —Preguntó Ana cuando la aludida se marchó.

—No lo sé, pero eso no ha sido nada normal —comentó Eva—. Debe tener mucho lío en la galería, en un par de semanas inauguran una nueva exposición.

Derek y Eva se despidieron de los recién estrenados papás y del pequeño retoño que habían traído al mundo. Cuando llegaron a casa, Derek abrazó por la espalda a Eva y le susurró al oído:

—Nena, quiero que tengamos un bebé. Un pedacito de nosotros.

—Y lo tendremos, pero después de la boda.

—Solo quedan cinco meses, estoy deseando que seas mi esposa —le confesó Derek.

—Y yo estoy deseando serlo —le aseguró Eva—. Pero no pienso casarme gorda como una morsa, así que nada de bebés hasta que estemos casados.

—En ese caso, deberíamos ir practicando… —sugirió Derek.

Se fundieron en un apasionado beso de tornillo, encendieron su deseo e hicieron el amor con ternura, despacio y sin prisa, como acostumbraban a hacerlo desde que se prometieron en Navidad.

 

FIN

 

Si quieres saber más sobre la historia de Ruth, no te pierdas la novela “Enamórame“.

Cita 100.

“Te toqué y se detuvo mi vida.”

Pablo Neruda.