Archivo | noviembre 2017

Sedúceme 15.

Después de tres horas de vuelo, aterrizaron en el pequeño aeropuerto de la costa y un taxi les estaba esperando para llevarles al apartamento de Derek. Eva sentía curiosidad, nunca antes había estado en su apartamento de la costa, nunca la invitó allí durante el verano que estuvieron juntos.

Nada más poner un pie en el apartamento, Eva se sorprendió al encontrarlo todo tan distinto a lo que se esperaba. El apartamento era grande, tenía tres habitaciones, una de ellas con baño propio. La cocina era tipo americana, separada del comedor con una amplia barra que hacía a la vez de ventana interior. Todas las estancias tenían enormes ventanales que aportaban una agradable luz natural al apartamento. La decoración era sobria y elegante, todo estaba limpio y ordenado, nadie hubiera dicho que ahí vivía un joven soltero como Derek.

— ¿Qué te parece el apartamento? —Le preguntó Derek al ver que Eva no decía nada.

—Es fantástico, sobre todo porque venía mentalizada para encontrarme el picadero de un soltero mujeriego —bromeó Eva.

—Eres la primera mujer que pisa este apartamento. Bueno, en realidad eres la tercera si contamos a mi madre y a la asistencia —le respondió Derek estrechándola entre sus brazos—. Este apartamento ha sido mi santuario, aquí las mujeres estaban prohibidas, hasta que has llegado tú.

— ¿Eso significa que a partir de ahora desfilarán mujeres por aquí? —Continuó bromeando Eva.

—Eso significa que solo tú desfilarás por aquí, nena —le aclaró Derek. La besó en los labios y añadió con la voz ronca—: Estoy deseando verte desfilar desnuda por el apartamento.

—En ese caso, quizás deba empezar a desnudarme.

— ¿Qué te parece si deshacemos el equipaje, nos instalamos y nos echamos una siesta? —Le propuso Derek al mismo tiempo que la agarraba por la cintura y la acercaba a él para estrecharla entre sus brazos—. Quiero invitarte a cenar fuera y presumir de novia.

— ¿La siesta incluye algo más que dormir?

—Por supuesto, nena —le confirmó Derek mostrando su sonrisa más traviesa.

A Eva le pareció una idea estupenda y, tras instalarse en el apartamento, ambos se metieron en la cama con la intención de hacer algo más que dormir.

Cuando se despertaron eran más de las siete de la tarde. Derek se levantó y llamó al restaurante para reservar una mesa para dos. Quería llevar a Eva a un restaurante elegante y pasar con ella una noche romántica y tranquila ya que apenas habían salido a cenar por ahí desde que le entregaron las llaves de la casa de la ciudad a Derek.

Se ducharon juntos, razón por la cual se demoraron más de lo que pretendían y llegaron tarde al restaurante. Eva se había puesto un elegante vestido negro con un escote profundo en forma de v que pronunciaba aún más sus generosos pechos y dejaba al descubierto su espalda. Derek tuvo que hacer un esfuerzo por no abalanzarse sobre Eva cuando entraron en el restaurante y la ayudó a quitarse el abrigo. A Eva no le pasó inadvertida la mirada cargada de lujuria con la que Derek la repasó de arriba abajo. Se sentaron a cenar y ambos disfrutaron de una agradable y romántica velada en el restaurante. Después de cenar, Derek propuso ir a tomar una copa y Eva le sugirió ir a un pub exclusivo del que Derek le había hablado el verano que pasaron juntos en la costa y al que no llegaron a ir. Derek torció el gesto, la sugerencia de Eva no le hacía ninguna gracia. Cada vez que Eva mencionaba que quería regresar a la masía Derek buscaba alguna excusa, pero ya no le quedaban excusas y la propuesta de Eva le había cogido por sorpresa.

—Está bien, pero solo una copa —cedió Derek finalmente—. Mañana vamos a comer a casa de mis padres y supongo que no querrás ir con resaca.

Eva sonrió complacida, hacía tiempo que no se adentraban en una de sus peculiares aventuras sexuales. Eva no estaba dispuesta en participar en ninguna orgía, ni siquiera un trío. A ella tan solo le daba morbo mirar cómo otras parejas se dejan llevar por la pasión y el deseo; como también le gustaba sentirse observada cuando se entregaba a Derek. Era algo que solo había hecho con él y no se imaginaba haciéndolo con ningún otro hombre, él le daba la seguridad que necesitaba, la enloquecía hasta el punto de desinhibirla por completo. Sin embargo, las excusas de Derek le preocupaban, Eva pensaba que Derek podría haber dejado de divertirse con ella y buscar a otra con la que divertirse. Esa era una de las razones por la que Eva insistía en ir a la masía, aunque jamás lo confesaría ante nadie.

Derek traspasó las puertas de una villa situada a las afueras y aparcó frente a la puerta de una casa de estilo victoriano. Eva echó un vistazo alrededor, todo estaba muy tranquilo y silencioso. Derek la agarró por la cintura y caminó a su lado para entrar en la casa. Un tipo trajeado les recibió en el hall y les hizo pasar a una de las estancias de la casa. Eva se aferró a la mano de Derek, pero se relajó cuando vio que allí solo había un pub escasamente iluminado donde la gente bailaba o se tomaba una copa mientras charlaba en la zona chill-out. Se dirigieron a la barra y Derek le pidió un par de copas al camarero mientras Eva observaba el lugar con más detenimiento ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la escasa luz. Las personas que estaban en la pista de baile no solo bailaban, también se acariciaban con sensualidad y se rozaban con descaro. Se fijó en una de las parejas que bailaban abrazados mientras otras personas a su alrededor les observaban de cerca  y se animaban a participar acariciándolos, magreándoles todo el cuerpo. Echó un vistazo hacia la zona chill-out y vio a una chica cabalgando a horcajadas sobre un hombre sentado en un sillón que la agarraba con fuerza del trasero. Justo al lado de esa pareja, un hombre les observaba al mismo tiempo que se masturbaba. Mirase a donde mirase, Eva veía lujuria por todas partes. Continuó observando y su mirada se detuvo en una pareja que se besaba apasionadamente. El chico se sentó en uno de los sofás y sentó a la chica sobre su regazo, dejando la espalda de ella pegada a su pecho. Le abrió las piernas e hizo que las apoyara sobre el sofá, exponiendo la entrepierna de la chica que no llevaba braguitas. Introdujo su dedo corazón en la boca de ella para que lo chupara y, cuando creyó que estaba lo suficiente humedecido, lo deslizó hacia su entrepierna y lo introdujo en su vagina. Ella se arqueó para facilitar el acceso y él continuó dándole placer, metiendo y sacando su dedo corazón en ella mientras acariciaba el clítoris con su dedo pulgar. Otra pareja se acercó a ellos, se sentaron justo al lado, en el mismo sofá, y les imitaron. Intercambiaron miradas y acto seguido intercambiaron parejas. Aquello excitó muchísimo a Eva, pero le dieron náuseas al imaginar intercambiando a Derek por otro hombre mientras él la cambiaba por otra mujer, ella jamás sería capaz de hacer algo así, aunque tenía que reconocer que la excitaba muchísimo verlo.

—Olvídalo, nena. Eso no pasará —le susurró Derek al oído—. Jamás te compartiré con nadie, te quiero solo para mí —la besó en los labios y añadió—: No tengo ningún problema en venir contigo y tomarnos una copa, pero el amor lo hacemos en privado.

—No quiero que otro hombre que no seas tú me toque, Derek —le confesó Eva—. Y tampoco estoy dispuesta a compartirte con nadie.

—Me alegra saber que estamos de acuerdo —concluyó Derek. Eva hizo un pequeño mohín y Derek añadió—: Nena, nos divertimos mucho el verano que pasamos juntos, pero entonces tan solo éramos dos jóvenes que buscan nuevas aventuras y no tenían responsabilidades. Puede que solo hayan pasado poco más de dos años, pero todo ha cambiado mucho desde entonces. Ahora somos una pareja que se quiere y que planea pasar el resto de su vida juntos. Te quiero, nena. Me gusta lo que tenemos y lo cierto es que no quiero cambiarlo. Además, tengo que confesarte que no soporto la idea de poseerte mientras otros hombres te miran excitados. Quiero ser el único que te acaricie, que te bese y el único que te lleve al cielo, nena.

—Al final resultará que eres un hombre celoso —bromeó Eva con coquetería.

—Lo soy y mucho más de lo que nunca hubiera imaginado —reconoció Derek.

—Yo también tengo que confesarte algo: He insistido tanto en que viniéramos porque pensaba que comenzabas a aburrirte conmigo y temía que te fijaras en otra.

—Cariño, ¿te das cuenta de que eso es absurdo? —Le preguntó escudriñándola con la mirada. Eva se encogió de hombros y Derek añadió—: Eva, llevo cuatro meses intentando convencerte de que te quiero y eres lo único que me importa. Estamos en la costa para presentarte a mis padres oficialmente como a mi novia, aunque ya te conozcan. ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí?

—Confío en ti, Derek —le aseguró Eva—. Es solo que todo está saliendo demasiado bien y me cuesta creer que todo vaya a seguir así.

—Vamos a dejar esta conversación para cuando regresemos a la ciudad —sentenció Derek—. Si después de navidad sigues teniendo dudas sobre mis intenciones, entonces deberé replantearme qué estoy haciendo mal.

Derek no lo dijo como un reproche, pero Eva no pudo evitar sentirse mal. Derek se esforzaba día tras día para complacerla, era bueno con ella y no le había dado ningún motivo para que desconfiara, pero el pasado de Derek la aterraba. Una pequeña voz en su mente le repetía una y otra vez que nadie podía cambiar tanto y mucho menos en tan poco tiempo.

—Olvidémoslo, nena —le rogó Derek—. Vamos a tomarnos la copa y nos vamos al apartamento a disfrutar de la intimidad de nuestro hogar —la besó en los labios y le susurró al oído—: Será mejor que disfrutes de las vistas, no creo que regresemos por aquí, nena.

Inmersos en su propio mundo, Derek y Eva se tomaron la copa mientras se besaban y comentaban las distintas formas de darse placer que veían, incluso prestando atención a las técnicas para ponerlas en práctica cuando regresaran al apartamento.

Regresaron al apartamento y, nada más cerrar la puerta, Derek cogió a Eva en brazos y la llevó a la habitación, donde la desnudó y le hizo el amor.

Sedúceme 14.

A la mañana siguiente, Derek se levantó temprano. Dejó a Eva durmiendo, se despidió de ella con un tierno beso en la frente y se marchó a la oficina, tenía que dejarlo todo arreglado para poder tomarse tantos días de vacaciones como pretendía. Eva se levantó poco después de que Derek se marchara. Se dio una ducha y desayunó para obtener fuerzas y enfrentarse a esa conversación pendiente que tenía con su madre. Su familia no entendía por qué lo había dejado con Norbert, a sus ojos formaban la pareja perfecta. Su madre no había dejado de hacerle preguntas, sospechaba que algo no iba bien, pero Eva empleaba la excusa del trabajo para todo.

—Parece que te has acordado que tienes una familia —le reprochó Victoria nada más descolgar.

—Hola mamá —la saludó Eva ignorando el reproche de su madre—. ¿Qué tal va todo por ahí?

—Por aquí todo bien, como siempre. Tu padre y yo estábamos hablando ahora mismo de ti, ¿vendrás al pueblo por navidad, no?

—Por eso te llamaba…

—Aix hija, no me digas que no vienes —se lamentó Victoria—. Estás empezando a asustarme, no te vemos desde primavera, siempre andas ocupada trabajando y no quieres hablar de tu ruptura con Norbert. Tu padre y yo estamos preocupados, Eva.

Eva se sintió culpable. No visitaba a sus padres desde unos días antes de la boda de Ana y Nahuel. A partir de entonces su vida fue un caos: le fue infiel a Norbert con Derek, la ascendieron en el trabajo, rompió con Norbert y empezó su aventura con Derek a espaldas de todo el mundo.

—Siento no haber ido a veros antes, mamá. Os echo mucho de menos aunque no os lo diga —le confesó Eva.

—Cielo, ¿estás bien? Lo único que nos preocupa es que tú estés bien. Si no puedes venir no te preocupes, ya iremos nosotros a la ciudad un par de días.

—En realidad llamaba para decirte que adelanto un par de días mi viaje al pueblo, estaré allí el miércoles.

— ¿Ocurre algo?

—Quiero presentaros a alguien, mamá —dejó caer Eva—. Sé que últimamente he estado muy distante con todos, pero él me ha abierto los ojos y quiero que le conozcáis.

—Oh.

— ¿Oh? ¿Qué pasa, mamá?

—No pasa nada, cielo. Es que los padres de Ana me han dicho que los padres y el hermano de Nahuel pasarán la navidad con ellos y nos habían invitado, querían que estuviéramos todos juntos pero no importa. Cenaremos en casa y más tarde nos reuniremos con ellos, ¿qué quieres que prepare para la cena? ¿Le gusta comer de todo? Por cierto, ¿os quedaréis en casa, no? Ya sabes que aquí tenemos sitio de sobra. Si queréis más intimidad podéis quedaros en el loft independiente de encima del garaje. Solo queremos que seas feliz, cielo.

Eva dejó hablar a su madre. No prestaba la menor atención a los argumentos que Victoria le daba para que ella y su pareja se quedaran a dormir en la casa familiar. Eva estaba pensando cómo decirle a su madre quién era su pareja, como ella había empezado a llamarle. Finalmente, decidió decírselo sin rodeos:

—Mamá, no hace falta que cambies de planes. Es Derek.

— ¡Oh, qué bien! —Aplaudió Victoria—. Ese chico es muy simpático y siempre que lo he visto estaba pendiente de ti. Será una navidad perfecta y en familia. Pero, ¿os quedaréis en casa, verdad?

—Por supuesto que sí, mamá —le confirmó Eva para complacerla, más tarde ya pensaría cómo se lo explicaba a Derek.

Continuó hablando con su madre un poco más y le explicó que el motivo de viajar unos días antes de lo previsto, además de pasar más tiempo con ellos, era que quería que conocieran a Derek antes de navidad. A pesar de lo que Eva temía, Victoria se había tomado muy bien la noticia. Ella conocía muy bien a su hija y sabía que con Norbert no sería feliz, así que se alegró cuando Eva le dijo que ya no estaban juntos. Durante la celebración de la boda entre Ana y Nahuel, Victoria se percató de cómo se miraban Derek y Eva pese a que Norbert estaba junto a ellos. Sin duda alguna, estaban hechos el uno para el otro y Victoria estaba segura que Derek la haría feliz.

— ¿Qué tal la mañana, cariño? —Le preguntó Derek tras saludarla con un beso en los labios cuando unas horas más tarde regresó a casa.

Eva sabía muy bien a qué se refería. No quería saber qué había hecho durante la mañana, lo que en realidad quería saber era si había llamado a sus padres para avisar de nuestra visita.

—Aburrida sin ti —le respondió encogiéndose de hombros, fingiendo inocencia.

Pero Derek no estaba para bromas. Se volvió para encararse con ella y, mirándola a los ojos, le preguntó con cara de pocos amigos:

—Eva, ¿has llamado a tus padres?

—Sí.

— ¿Y?

—Y nada. Les he dicho que llegaremos el miércoles —Derek la escudriñó con la mirada y Eva añadió casi en un susurro—: Mi madre ha insistido en que nos instalemos en el loft que hay encima del garaje y no he podido decirle que no. Pero no te preocupes, es un apartamento independiente a la casa y tendremos más intimidad.

Derek la miró incrédulo. Temía que Eva se echara atrás en el último momento y no les dijera nada a sus padres, pero había cumplido con su palabra.

—Nena, acabas de hacerme feliz —sin decir nada más, Derek la abrazó y la besó en los labios.

—Entonces, ¿quieres quedarte en casa de mis padres?

—Así es, cariño. Siempre que tú y yo durmamos en la misma cama —le contestó Derek juguetón, atrayendo a Eva hacia su cuerpo.

—Mm… ¿Estás juguetón, nene?

La respuesta de Derek llegó en forma de gruñido gutural. La cogió en brazos y la llevó a la habitación, donde hicieron de nuevo el amor. A Eva no le pasó por alto que Derek últimamente solo le hacía el amor en la cama. Tampoco habían regresado a la masía, pese a que Eva lo había comentado en más de una ocasión.

—Nena, tenemos que salir ya hacia el aeropuerto o llegaremos tarde. ¿Lo tienes todo listo? —Le preguntó Derek mientras se vestían de nuevo.

—Sí, tengo las maletas preparadas.

Tras terminar de vestirse, Derek y Eva cogieron sus maletas y cargaron el equipaje en el coche. Derek condujo hasta el aeropuerto, donde subieron a uno de los aviones privados de la agencia de Nahuel que les llevaría a la costa.

—Estoy muy nerviosa —le confesó Eva una vez subidos al avión.

—Cariño, mis padres están deseando volver a verte, ya te he dicho que te adoran.

— ¿Se lo has contado ya?

– Sí, ya lo saben —le confirmó Derek sin mirarla a los ojos.

—Derek, me estás rehuyendo la mirada —le recriminó Eva—. ¿Qué ocurre?

—Nena, mi madre conoce nuestra historia.

Eva lo miró durante unos segundos sin decir nada. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que Eva finalmente le preguntó:

— ¿Qué es lo que sabe exactamente?

— ¿Se puede saber por qué te preocupas tanto? Todo está bien, vamos a pasar unos días en la costa y nos instalaremos en mi apartamento. Relájate, hace mucho tiempo que no te tomas unas vacaciones y quiero que disfrutes, no que te agobies más.

A Eva esa respuesta no le acabó de convencer. Irene era una mujer muy agradable y habían congeniado mucho ayudando a Ana a organizar la boda, hacía ya ocho meses. El problema era que por aquel entonces ella estaba saliendo con Norbert, quien la acompañó a la boda, y ahora le resultaba de lo más incómodo presentarse como la novia de Derek frente a sus padres. Pese a que Derek le había pedido que no se preocupara, lo cierto era que Eva no estaba para nada tranquila, aunque trató de disimular su preocupación e intentó relajarse solo por complacer a Derek.

Cita 98.

“No aceptes invitaciones de un hombre desconocido y recuerda que todos los hombres son desconocidos.”

Robin Morgan. 

 

Sedúceme 13.

A la mañana siguiente, Derek se encargó de organizar una cena en casa para todos sus amigos. La lista de invitados era reducida: Ana y Nahuel, Ruth, Víctor y Jason. Les llamó por teléfono para invitarles a cenar y tan solo les dijo que quería darles una noticia, pero no desveló la misma. Eva sugirió llegar con el resto de invitados, pero Derek no estaba dispuesto a separarse de ella ni siquiera unas horas, así que cuando los invitados llegaron, Eva ya estaba allí.

El primero en llegar fue Víctor, el amigo y socio de Derek que ya conocía la relación que su amigo tenía con Eva.

— ¿Preparada para soltar la gran bomba? —Le preguntó Víctor tras saludar a Eva.

—No la pongas más nerviosa —le regañó Derek. Se acercó a Eva y, tras besarla en los labios con ternura, le susurró al oído—: Todo va a salir bien, nena.

Estar entre los brazos de Derek era lo único que conseguía relajarla. Víctor sonrió al ver a la pareja en una actitud tan cariñosa, todavía no daba crédito a ver a su mejor amigo tan enamorado, él que siempre había sido el más mujeriego del grupo.

Los siguientes en llegar fueron Nahuel y Ana. Ana estaba embarazada de seis meses y ya sabían que su bebé iba a ser un niño, aunque el matrimonio aún no había sido capaz de ponerse de acuerdo para escoger el nombre de su primogénito.

—Menos mal que has venido, estaba a punto de llamar a la policía para denunciar tu secuestro si no aparecías —saludó Ana a Eva con un cariñoso abrazo—. ¿Se puede saber dónde andas metida últimamente? Ni siquiera Ruth te ve y eso que vive contigo. Por cierto, me ha dicho que sales con alguien, ¿es cierto?

Derek, que estaba escuchando con disimulo lo que Ana decía, decidió intervenir para que Eva no se pusiera más nerviosa de lo que estaba.

—Ana, ¿te importa ayudarme a escoger el vino?

—Cuñado, lo que acabas de pedirme es una tortura teniendo en cuenta que estoy embaraza y no puedo beber —le reprochó Ana bromando.

—Yo me encargo del vino —sentenció Nahuel.

Eva miró a Derek rogándole ayuda, no quería que Ana la sometiera a un interrogatorio, ya estaba suficiente nerviosa.

—Dime, ¿ya le habéis buscado nombre a mi sobrino o seguís sin poneros de acuerdo? —Continuó preguntando Derek para distraer la atención de Ana.

Consiguió atraer la atención de Ana y Eva aprovechó para escapar a la cocina, donde se encontró con Nahuel. Sin decir nada, Eva se sirvió una copa de vino y se la bebió de un trago mientras Nahuel la observaba asombrado.

—Eva, ¿va todo bien? —Se aventuró a preguntar.

Nahuel sospechaba desde hacía tiempo que entre su hermano pequeño y Eva había algo, pero no supo adivinar si se debía a la intensa aventura que vivieron en la costa o si había algo más. La repentina invitación de Derek y la presencia de Eva allí le bastaron a Nahuel para hacerse una idea de lo que ocurría.

—Sí, solo estoy un poco estresada con el trabajo —mintió Eva descaradamente.

Nahuel sonrió al mismo tiempo que ladeaba la cabeza, ante la peculiar reacción que tenían aquellos dos. Nahuel conocía a su hermano pequeño y sabía que desde que se trasladó a la ciudad solo tenía ojos para Eva, cualquiera que dedicara unos minutos a observarlos lo sabría. Nahuel no insistió, esos dos ya hablarían cuando estuvieran preparados.

Poco más tarde, llegaron los invitados que faltaban: Ruth y Jason. Derek hizo pasar a todos al comedor y se sentaron en la gran mesa redonda que presidía la estancia. El azar quiso que se sentaran tal y cómo Derek deseaba que lo hicieran, en el siguiente orden: Eva, Ruth, Ana, Nahuel, Jason, Víctor y él, que cerraba el círculo con Eva a su otro lado. Tras servir la cena, fue Víctor quien, consciente de que su amigo se lo agradecería por sacar el tema poniéndoselo más fácil, le preguntó delante de todos:

—Bueno, ¿cuándo piensas decirnos cuál es el motivo de esta cena? ¿Hay algo que debamos celebrar?

Automáticamente, todos dejaron de comer y posaron su mirada en Derek. Todos excepto Eva, que fulminó con la mirada a Víctor.

—Lo cierto es que sí, tenemos algo que celebrar —confirmó Derek. Hizo una pausa para respirar profundamente, carraspeó para aclararse la voz y, agarrando la mano de Eva bajo la mesa, añadió con una amplia sonrisa en los labios—: He encontrado a la mujer de mi vida, he luchado por ella y, aunque no me lo ha puesto fácil, me he ganado su confianza y también su amor —se puso en pie y le tendió la mano a Eva para que también se levantara de la silla. Una vez estuvieron ambos de pie, uno al lado del otro, Derek añadió—: Aquí tenéis a esa hermosa mujer que me ha hechizado.

Todos miraron a la pajera durante unos instantes sin decir nada, sorprendidos ante aquel descubrimiento que a todos les había cogido por sorpresa.

—Entonces, la persona con la que sales, ¿es Derek? —Le preguntó Ruth a Eva.

Eva asintió, estaba demasiado nerviosa para que las palabras salieran de su boca.

— ¿Desde cuándo estáis juntos? —Quiso saber Ana.

— ¿Por qué nos lo habéis ocultado? —Preguntó Nahuel.

Eva apretó la mano de Derek pidiéndole ayuda para responder el interrogatorio al que todos pretendían someterla. Derek, consciente del estado de Eva, se encargó de responder:

—Estamos juntos desde que volvimos a vernos a mediados de agosto, cuando vine a la ciudad para supervisar el traslado de la sede de la empresa —se volvió hacia a Eva y, con una dulce sonrisa en los labios, añadió antes de besarla—: Pasaremos la navidad juntos en el pueblo.

— ¿Cuándo vais a decírselo a la familia? —Preguntó Ruth divertida.

—Estamos en ello —respondió de nuevo Derek, Eva seguía demasiado nerviosa—. Mañana viajaremos a la costa para hablar con mis padres y el miércoles viajaremos al pueblo para hablar con los padres de Eva.

—Parece que vais en serio —comentó Ana lanzándole una mirada de advertencia a Derek.

—Así es, cuñada —le confirmó Derek seguro de sus sentimientos por Eva—. Eva es mi prioridad.

Eva le dedicó una tímida sonrisa y Derek la besó en los labios, le resultaba imposible contenerse.

—Dejad algo para cuando os quedéis a solas, pareja —se mofó Víctor.

Todos rieron divertidos y Nahuel aprovechó la feliz ocasión para brindar por la nueva pareja. El resto de la noche transcurrió con normalidad. Derek abrazó, besó y sonrió a Eva constantemente, feliz de poder hacerlo sin tener que contenerse. Pasada la medianoche los invitados se marcharon, despidiéndose hasta unos días más tarde, cuando se reencontraran en el pueblo por navidad.

—Parece que todo ha ido bien, ¿no? —Comentó Derek cuando se quedaron a solas.

—La reunión de esta noche era fácil, lo difícil será en casa de tus padres y de los míos —le respondió Eva visiblemente nerviosa.

—Nena, mis padres ya te conocen y te adoran —trató de calmarla Derek.

—Me conocen como a la amiga de Ana, pero a lo mejor no les gusto para ti.

—No digas tonterías, a mis padres les gustas más que yo. Mi madre no ha dejado de repetirme que me busque una novia como tú desde que te conoció —Derek la estrechó entre sus brazos, la besó con dulzura y añadió—: Vamos a descansar, mañana nos espera un largo día.

Eva no rechistó, estaba cansada. Además, al día siguiente tendría que llamar a sus padres para darles la noticia y viajar a la costa para hacer lo propio con los padres de Derek.

Derek la cogió en brazos y cargó con ella por las escaleras hasta llegar a la habitación principal, una habitación que compartían la mayoría de las noches. Con cuidado, Derek depositó a Eva sobre la cama y la observó con una sonrisa traviesa en los labios.

— ¿En qué estás pensando? —Le preguntó Eva intuyendo que algo tramaba.

—Nena, estoy pensando muchas cosas ahora mismo —se tumbó junto a ella y, mirándola a los ojos, añadió—: Eres preciosa. Todavía recuerdo la primera vez que te vi, tumbada sobre una toalla, tomando el sol junto a la orilla. Me pareciste una diosa. Después Thor te robó la parte superior del bikini y, a pesar de lo borde que fuiste conmigo, todavía me hechizaste más.

—No recuerdo haber pasado tanta vergüenza en mi vida —comentó Eva divertida—. Puede que me pasara un poco pero, si te sirve de consuelo, Ana y Ruth después me dijeron que había sido una bruja contigo.

—Mi pequeña bruja —le susurró Derek con cariño.

Ambos se fundieron en un beso apasionado que les encendió. Formaron una maraña de abrazos, besos y caricias sobre la cama. Se desnudaron el uno al otro sin prisa, disfrutando del sensual momento. Derek adoró cada recoveco de la piel de Eva y, con una dulzura y ternura cada vez más usual en él, le hizo el amor.

Sedúceme 12.

Las semanas fueron pasando, Derek y Eva seguían viéndose, aunque ocultaban su relación a sus amigos y a su familia. Con la excusa de inaugurar todas las estancias de su nueva casa a cambio de una cita, Derek había conseguido salir con Eva por toda la ciudad sin necesidad de esconderse y sus citas se habían convertido en una rutina para ambos. Su relación era la de una pareja normal, poco a poco Derek había conseguido que Eva confiara más en él, pero cada vez que mencionaba el tema Eva le distraía con cualquier otra cosa. La navidad estaba a la vuelta de la esquina y Eva tenía planeado pasar esos días en el pueblo con su familia. Derek y sus padres habían sido invitados por los padres de Ana para pasar las vacaciones en el pueblo, así que estarían juntos, pero Derek quería cenar en Nochebuena con Eva, cogerla de la mano y besarla frente a todos, quería que su relación dejase de ser un secreto de ambos y pregonar su amor a los cuatro vientos.

Una semana antes de ir al pueblo para pasar allí las vacaciones de navidad, Derek insistió en que se quedara a dormir con él en su casa y Eva no pudo negarse a pesar de que Ruth comenzaba a sospechar sobre las idas y venidas de su amiga y compañera de apartamento.

—Últimamente no hay quien te vea el pelo —le reprochó Ruth cuando pasó por el apartamento a recoger algo de ropa para el día siguiente—. ¿Se puede saber con quién te estás viendo? Y no trates de negármelo, es evidente que llevas semanas pasando la noche fuera con alguien.

—Está bien, sí. Me estoy viendo con alguien —le espetó Eva molesta tras tanta insistencia día sí y día también.

— ¿Por qué lo mantienes en secreto? ¿Estás saliendo con un fugitivo o es que has vuelto con Norbert? No habrás vuelto con él, ¿verdad? —Le preguntó Ruth horrorizada.

—No he vuelto con Norbert, ¿cómo se te ocurre?

—Entonces, ¿a qué viene tanto secreto?

—No me apetece hablar de ello ahora, Ruth —zanjó el tema Eva.

Ruth dejó de insistir, Eva no estaba muy receptiva y solo conseguiría que se enfadara. Iban a pasar la navidad en el pueblo, así que prefirió dejar las preguntas para cuando estuvieran allí y Eva llevara un par de copas de más.

Ajena a las cavilaciones de Ruth, Eva se despidió de ella y se dirigió a casa de Derek. Le encantaba aquella casa, era la casa de sus sueños y, aunque no fuera de ella, al menos la podía disfrutar junto a Derek. Aparcó frente a la puerta y bajó del coche cargando con la pequeña bolsa donde guardaba su ropa y su neceser. La puerta no estaba cerrada del todo, así que la abrió y se quedó asombrada ante lo que allí descubrió. Un camino de pétalos de rosas alumbrado con docenas de velas encendidas. Dejó su bolsa en el hall y siguió aquel camino sonriendo de oreja a oreja hasta llegar al salón, donde se encontró a Derek esperándola con una amplia sonrisa en los labios. Junto a él, una pequeña mesa para dos estaba preparada para servir la cena y alumbrada con la romántica luz de un candelabro con tres velas. Eva miró a Derek impresionada, todo era tan romántico que le pareció estar en un cuento de hadas con su príncipe azul incluido.

— ¿Qué es todo esto?

—Una cena para dos —le respondió Derek sonriendo con travesura. La besó en los labios, la ayudó a quitarle el abrigo y añadió mirándola a los ojos—: Tenemos que hablar, nena.

Eva se tensó. Aquellas palabras solo podían presagiar una cosa y ella no estaba preparada para afrontarlo, pese a que tenía claro que aquella relación era temporal y decidió llegar hasta el fin sin pensar en las consecuencias.

Derek le indicó con un gesto que se sentara a la mesa y ella le obedeció sin rechistar, respirando profundamente para mantener la compostura frente a lo que se avecinaba. Derek sirvió la cena en los platos y llenó las dos copas de vino. Esperó a terminar de comer el primer plato antes de comenzar a hablar sobre el tema:

—No podemos seguir así —Eva abrió la boca pero Derek la interrumpió antes de que pudiera pronunciar palabra—. Deja que termine de hablar, nena —hizo una pequeña pausa y prosiguió—: Hace cuatro meses que estamos juntos y, aunque trates de seguir fingiendo que esto es un juego, lo cierto es que no lo es, Eva —la miró a los ojos con intensidad y añadió—: Nena, no podemos seguir ocultándonos. No quiero pasar la navidad mirándote y sin poder abrazarte ni besarte, sin poder decirte lo preciosa que estás y sin poder decirle a todos que tú eres la mujer que me hace feliz.

Derek hizo una pausa y esperó a que Eva dijera alguna cosa. Eva se había quedado en blanco. Lo que acaba de decir Derek no era lo que esperaba oír, ella se había preparado para afrontar el fin de su peculiar relación. Pero le pareció entender que Derek quería justo todo lo contrario, así que se armó de valor y, para confirmarlo, le preguntó con un hilo de voz:

— ¿Quieres una relación estable?

—Ya tenemos una relación estable, preciosa —le contestó Derek con un tono de voz dulce que Eva jamás le había escuchado—. Lo que quiero es que dejemos de ocultárselo a nuestros amigos y nuestra familia. Quiero pasar la navidad contigo, nena.

—Solo queda una semana para navidad, ¿pretendes que nos presentemos en el pueblo y les demos la noticia? No creo que sea una buena idea soltar semejante bomba de pronto.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo, por eso he pensado que quizás podríamos organizar una cena en casa mañana e invitar a nuestros amigos más íntimos para darles la noticia —le propuso Derek con pies de plomo—. El lunes podemos viajar a la costa y pasar allí un par de días con mis padres para darles la noticia —Derek hizo una pausa y, al ver que Eva no decía nada, añadió—: Y el miércoles podemos ir al pueblo para hablar con tus padres antes que lleguen los demás —hizo una nueva pausa, esta vez más larga, pero Eva continuaba mirándolo sin decir nada—. Nena, dime algo por favor.

—La verdad es que no sé qué decir —le confesó Eva. Lo escudriñó con la mirada y le preguntó—: ¿Estás seguro de lo que quieres?

—Estoy completamente seguro de lo que quiero —le aseguró Derek—. Te quiero a ti, cariño.

Eva le dedicó una tímida sonrisa. La proposición de Derek la había cogido tan de improviso que ni siquiera supo reaccionar. Escuchar ese “cariño” de la boca de Derek todavía la aturdió más, pero no pudo evitar pensar que aquel era el mejor regalo de navidad que le habían dado nunca. Estaba enamorada de Eva por mucho que hubiera tratado de evitarlo y de negarlo.

—Eva, por favor —le rogó Derek—. Dime algo si no quieres que me vuelva loco.

Eva no le dijo nada, se levantó de la silla y se sentó sobre el regazo de Derek para besarlo apasionadamente.

— ¿Eso es un sí? —Le preguntó Derek sonriendo divertido.

—Eso es un sí, pero tengo que confesarte que estoy un poco aterrada. ¿Crees que se tomarán bien nuestra relación?

—Por supuesto que sí, nena.

Derek la estrechó entre sus brazos y respiró aliviado, por un momento había temido que Eva huyera otra vez. Eva comenzó a ponerse nerviosa ante todo lo que se avecinaba. En pocos días tenían que planear una cena en casa de Derek con todos los amigos más íntimos, un viaje relámpago a la costa para conocer a sus padres y otro viaje al pueblo para presentar su nuevo novio a sus padres.

—Cariño, no te agobies —le pidió Derek—. Yo me encargaré de todo, ¿de acuerdo? Lo único que debes hacer es decirles a tus padres que llegarás antes de lo previsto y acompañada.

Eva lo dejó todo en manos de Derek, confiaba plenamente en él.

Terminaron de cenar, disfrutaron de una romántica velada y celebraron su amor en la habitación principal, de manera tradicional.

Durante los últimos meses, Derek había evitado llevar a Eva a la masía o cualquier lugar de similares características, no estaba dispuesto a compartirla con nadie. A Eva no le había pasado por alto aquel detalle, pero tampoco insistió en ello. Lo único que le importaba era estar con Derek y disfrutar con él el tiempo que le quedara.