Archivo | octubre 2017

Sedúceme 6.

Eva apenas pudo dormir en toda la noche. Estaba excitada, eufórica y, aunque jamás lo reconocería en voz alta, también estaba ilusionada. Finalmente, consiguió dormirse casi al amanecer. Se despertó cuatro horas más tarde y sonrió tímidamente al recordar la noche anterior. Derek rechazó su invitación a subir al apartamento, pero le dejó muy claro que la deseaba tanto o más que ella a él. Eva no era de las que creía que las personas podían cambiar, al menos no de una forma tan radical, pero el hecho de que Derek se trasladara a la ciudad cambiaba sus planes por completo, le sería imposible no caer en la tentación teniéndole tan cerca. Por segunda vez en su vida, Eva decidió dejarse llevar sin pensar en las posibles consecuencias. Ya lo hizo una vez hacía dos años también con Derek, pero esta vez quería un final distinto, quería un final de cuento de hadas.

El sonido de una llamada entrante en su teléfono móvil la sacó de sus pensamientos. Eva alargó el brazo con desgana para alcanzar su teléfono móvil que estaba sobre la mesita de noche, lo agarró y se lo llevó a la oreja sin pararse a mirar quién la llamaba:

— ¿Si?

—Buenos días, nena. ¿Has dormido bien? —La saludó Derek desde el otro lado del teléfono.

—La verdad es que apenas he podido pegar ojo en toda la noche —le contestó Eva con un ligero tono de reproche en la voz.

—Ya somos dos y, si no recuerdo mal, eso es culpa tuya —le contestó Derek burlonamente, se sentía juguetón—. Nena, tengo un par de horas libres y me gustaría pasarlas contigo. ¿Aceptas una invitación inocente para comer con un amigo?

—Si el amigo eres tú esa invitación no será inocente —opinó Eva—. A menos que tu propuesta forme parte de un plan maquiavélico para torturarme.

—Confía en mí, nena —le pidió Derek.

—Está bien, acepto tu inocente invitación.

—Genial, pasaré a buscarte en una hora —concluyó Derek y añadió antes de colgar—: Una cosa más, nena: no me hagas esperar.

Eva sonrió, el día anterior le hizo esperar más de veinte minutos frente al portal del edificio de apartamentos. Decidida a que aquello no volviera a repetirse, pues ella odiaba la impuntualidad, se levantó de la cama, se dio una ducha rápida y se detuvo frente al armario para decidir qué ponerse. Tras una rápida hojeada a toda su ropa. Eva escogió un vestido ibicenco y unas sandalias con tacón de cuña, un atuendo perfecto para un caluroso mes de agosto en la ciudad.

Justo una hora más tarde, Eva cruzaba el portal del edificio y salía a la calle. Derek sonrió al verla, estaba preciosa como siempre.

—Tienes muy buen aspecto para no haber dormido —la saludó Derek bromeando.

—La culpa es solo tuya —le replicó Eva dedicándole una sonrisa traviesa.

Derek la agarró de la cintura, la atrajo hacia sí y la besó en los labios impulsivamente.

—Sube al coche antes de que cambie de opinión y perdamos la poca inocencia que nos queda —le susurró Derek al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero para que se apresurase.

Entre risas y cómplices miradas, subieron al coche de alquiler de Derek y se dirigieron al restaurante del hotel donde se alojaba Derek. Eva no hizo ningún comentario reprobador como Derek esperaba, algo que le sorprendió. Pero ella era consciente de dónde se estaba metiendo, estaba allí por voluntad propia.

Se sentaron en una de las mesas más retiradas del restaurante y, mientras esperaban que le sirvieran la comida, hablaron de temas banales. Con la comida ya servida sobre la mesa, Eva le preguntó:

— ¿Qué te mantiene tan ocupado un sábado que solo te deja dos horas libres?

—Estoy viendo casas, pero aún no he encontrado ninguna que me guste. En dos semanas mi traslado será efectivo y, hasta que encuentre una casa donde vivir, el hotel será mi hogar —le explicó Derek—. Llevo todo el día visitando casas, creo que el agente inmobiliario ha empezado a odiarme.

—Comprar una casa no es una decisión que se deba tomar a la ligera —opinó Eva.

—Quizás puedas ayudarme. Si tuvieras que comprar una casa, ¿cómo escogerías cuál comprar?

—Me gusta el barrio en el que vivo, es un barrio familiar y tranquilo, así que probablemente buscaría casa en esa zona —le respondió Eva—. Espero formar una familia en el futuro, así que compraría una casa con al menos tres habitaciones y con un amplio jardín. Si para entonces puedo permitírmelo, un jardín con piscina sería perfecto.

Eva continuó explayándose en su descripción de la casa perfecta y Derek tomó nota mental de todo lo que ella decía. Le fascinaba oírla hablar con tanta soltura y con tanta naturalidad, le recordaba al verano que pasaron en la costa.

—Deja de mirarme así —le rogó Eva cuando Derek no dejaba de comérsela con los ojos.

—Créeme si te digo que me resulta imposible, nena —Derek se levantó y se sentó justo al lado de Eva. Colocó una de sus manos sobre la rodilla de Eva para después ascender lentamente por sus muslos al mismo tiempo que le susurraba al oído—: Me encanta que te hayas puesto un vestido —Eva dio un respingo cuando Derek rozó su entrepierna. Él sonrió con malicia y añadió—: Será mejor que te controles si no quieres que nos descubran.

Eva trató de detenerle, por muy excitante que fuera, era demasiado arriesgado, pero Derek no se dio por vencido y continuó acariciando su entrepierna. Retiró sus braguitas hacia un lado y la masturbó ocultándose bajo el mantel de la mesa. Eva también deslizó su mano bajo la mesa buscando la entrepierna de Derek, agarrándolo su miembro erecto del que tan solo le separaba la tela del pantalón.

– Derek…

—Lo sé, nena —le susurró al oído—. Córrete, córrete para mí.

Eva sintió los espasmos del orgasmo que se avecinaba y supo que no podría frenarlo por mucho que quisiera. Derek la llevaba al límite en todos los sentidos y ella quería dejarse arrastrar por él. Eva clavó sus uñas en la pierna de Derek y se tensó arqueando la espalda. Estaba a punto de alcanzar el clímax cuando Derek la besó y ahogó sus gemidos al estallar en mil pedazos.

—Espero que esta noche puedas dormir bien —bromeó Derek.

—Subamos a la habitación y tú también podrás dormir bien esta noche —le sugirió Eva.

—No puedo, Nena. He quedado con el agente inmobiliario en media hora —Eva disimuló su desilusión, pero no lo suficiente para que Derek se percatara—. Si no tienes planes, me encantaría cenar contigo esta noche. Puedo pasar a recogerte, pedir que nos traigan la comida a la habitación y continuar donde lo hemos dejado. Mi vuelo sale a las seis de la mañana, pero tú podrás quedarte en la habitación durmiendo o, si lo prefieres, puedo dejarte en casa de camino al aeropuerto.

Eva aceptó aquella nueva invitación a sabiendas que tarde o temprano tendría que afrontar las consecuencias.

Derek pidió que le cargaran la cuenta a la habitación y se ofreció para llevar a Eva a donde tuviera que ir antes de dirigirse a su cita con el agente inmobiliario. Eva le pidió que la acercara al centro comercial y allí se despidieron hasta la noche.

—Pasaré a recogerte a las ocho, nena —le recordó Derek tras darle un beso de despedida.

Mientras Derek visitaba una casa tras otra acompañado por el agente inmobiliario, Eva decidió ir de compras por el centro de la ciudad. Quería comprar un nuevo vestido y un conjunto sexy de ropa interior para sorprender a Derek esa misma noche.

Cita 94.

“Tal vez no hicieron nada que no hubieran hecho con otros, pero es muy distinto hacer el amor amando.”

Isabel Allende.

Sedúceme 5.

Eva continuó haciéndole preguntas a Derek. Comenzó preguntando por su trabajo, siguió preguntando por Thor, el perro de Derek, y terminó preguntando sobre lo que más le interesaba a ella: sus relaciones sentimentales. Derek fue totalmente sincero con Eva, quería basar su relación con ella sobre la confianza y no pensaba engañarla:

—No he tenido relaciones estables, si es a eso a lo que te refieres.

—Por supuesto, tú no eres de los que se comprometen.

—Lo dices como si fuera algo malo, quizás no me he comprometido porque todavía no he encontrado a la mujer perfecta para mí —se defendió Derek.

—Será eso… —Musitó Eva.

Derek la miró arqueando una de sus cejas. Se suponía que habían acordado empezar de cero sin rencores pero Eva no dejaba de lanzar pullas, dejando claro que no confiaba en él. Eva fue consciente de que no estaba actuando según la tregua pactada y recapacitó:

—Lo siento, es la costumbre —su mirada se detuvo en el mando a distancia que Derek sostenía entre sus manos y sintió curiosidad por el botón de color azul—. Pulsa el botón azul, quiero ver qué vistas hay detrás del espejo.

—No es una buena idea, nena —le respondió Derek con su eterna sonrisa traviesa en los labios, esa sonrisa que a Eva la volvía loca—. Quizás podamos disfrutar de las vistas la próxima vez que vengamos a cenar.

—Eres muy optimista al pensar que habrá una próxima vez.

—Bueno, ahora somos amigos, ¿no? —Le contestó Derek con la voz ronca—. Los amigos suelen quedar para salir a cenar.

El hecho de que Derek no quisiera mostrarle qué había al otro lado del espejo tan solo acrecentó la curiosidad de Eva, pero conocía lo suficiente a Derek como para saber que se lo pondría más difícil solo para fastidiarla, así que fingió perder el interés en aquel tema y esperar a que llegara el momento oportuno.

Continuaron charlando animadamente hasta pasada la medianoche. Derek comprobó su reloj de pulsera y le dijo a Eva:

—Nena, deberíamos ir pensando en regresar a la ciudad. Podemos tomarnos allí la última copa.

—De acuerdo —le contestó Eva un poco decepcionada.

Derek fue al baño antes de marcharse de allí y Eva aprovechó la ocasión para pulsar el botón azul del mando a distancia y que el espejo se volviera transparente.

Eva tuvo que recordar cómo se respiraba cuando vio las “vistas” de las que hablaba el camarero y que Derek no quería mostrarle. Al otro lado del cristal había otra sala enorme totalmente acristalada donde una joven y atractiva pareja ofrecía un espectáculo porno que también podía verse desde los otros tres reservados de la primera planta. Cada pared acristalada de la enorme estancia donde ofrecían el espectáculo porno correspondía a las paredes de espejo de cada uno de los cuatro reservados. Las parejas que ocupaban los reservados, excitados por el espectáculo, se animaban a participar en él desde sus respectivos reservados. Eva los observó excitada. La pareja de la sala acristalada se deleitaba con apasionados preliminares que hicieron que la entrepierna de Eva se humedeciera. Tan concentrada estaba en lo que estaba mirando que no se dio cuenta que Derek estaba detrás de ella hasta que notó sus manos rodeándole la cintura y su voz ronca susurrándole al oído:

—Nena, no me lo pongas más difícil.

Pero Eva no se movió de donde estaba. No podía dejar de mirar aquel espectáculo y, al sentir los brazos de Derek alrededor de su cintura y su pecho pegado a la espalda, se excitó todavía más. Derek notó a Eva relajada entre sus brazos y excitada viendo semejante espectáculo. Sabía que dejarse llevar y practicar sexo con ella complicaría su estrategia, pero le resultaba imposible controlar su deseo por Eva. Sin dejar de abrazarla, acercó sus labios al cuello de ella y comenzó a deleitarla con tiernos besos. Eva respondió a sus besos con un leve gemido y Derek sonrió en silencio al descubrir que ella lo deseaba tanto como él.

—Nena, tengo tantas o más ganas que tú de seguir con lo que estamos haciendo, pero no es buena idea.

Eva se volvió para afrontarlo cara a cara. Las palabras de Derek la dejaron confusa, el sexo para él siempre era una buena idea pero con ella parecía que ya no lo era.

— ¿Por qué no es una buena idea? —Quiso saber Eva.

—En primer lugar, porque has bebido más de la cuenta y no quiero que mañana te arrepientas y me lo reproches o, peor aún, que no lo recuerdes —argumentó Derek—. En segundo lugar, porque no te he traído aquí para esto, aunque reconozco que la idea es muy tentadora.

—Antes no te importaba que hubiera bebido de más, que te lo reprochara o que no lo recordara, tu objetivo tan solo era llevarme a la cama —comentó Eva sin reproche en su voz.

—Esa es la tercera razón, quiero demostrarte que no soy ese depredador sexual que tú crees que soy —le susurró Derek. Tras besarla levemente en los labios, Derek pulsó el botón azul para que el cristal volviera a convertirse en espejo y añadió con la voz ronca—: Será mejor que regresemos a la ciudad, este lugar es demasiado tentador.

En el camino de vuelta en cocha a la ciudad, Derek le propuso a Eva parar en algún pub para tomar una última copa. Eva aceptó encantada, quería pasar un rato más con Derek.

Entraron en un pub cercano al apartamento de Eva y se sentaron en la zona chill-out del local para poder hablar con mayor tranquilidad.

— ¿Puedo preguntarte algo? —Tanteó Eva.

—Por supuesto, nena. ¿Qué quieres saber?

— ¿Cómo conociste la masía? ¿Habías estado allí antes?

Derek sonrió, entendía a la perfección lo que Eva quería saber. Le hubiera gustado jugar un poco con ella, pero habían pactado una tregua y no quería echarla a perder, así que fue sincero con ella:

—La Agencia de mi hermano Nahuel se encarga de la seguridad de la masía. Vi algunas fotos de la masía realizadas de día y es una masía normal, así que le pedí a Nahuel que me diera el teléfono del lugar para hacer una reserva. Él fue quién me explicó que por la noche la masía era “especial”.

— ¿Le has dicho que me ibas a llevar allí? —Preguntó Eva preocupada.

—La verdad es que esperaba que pusieras alguna excusa en el último momento para cancelar la cita y tampoco sabía si preferías que quedara entre nosotros, así que opté por no decir nada —le respondió Derek—. Y tú, ¿le has contado a alguien que salías a cenar conmigo?

—Ruth me ha visto llegar a casa antes del trabajo y, como no sabía que decirle, le dije que tenía una cena de trabajo —le confesó Eva un poco avergonzada.

— ¿Hubieras preferido decirle la verdad a Ruth? —Le preguntó Derek tratando de entender a Eva.

—No me gusta mentir, pero prefiero que esto quede entre nosotros —reconoció Eva.

—Quedará entre nosotros si es eso lo que quieres.

Eva no supo descifrar si las últimas palabras de Derek habían sido sinceras o si se trataba de una mofa irónica de las suyas, pues su gesto era totalmente inexpresivo. Pero decidió confiar en que sus palabras eran sinceras, al fin y al cabo a él tampoco le interesaba que se supiera que se veía con ella a escondidas.

A Derek no le gustó saber que Eva prefería que siguieran viéndose a escondidas, pero tampoco podía culparla por ello. Él le había reprochado que, tras pasar una última noche juntos, ella regresara a la mañana siguiente con su novio como si nada hubiera pasado, pero ella también podría haberle reprochado que él tampoco hizo nada por evitarlo ni se molestó en hablar con ella, aunque Eva no se lo había reprochado. Derek quería seducirla, enamorarla poco a poco. Tenía en contra su pasado de mujeriego, pero él ya no era la misma persona que era dos años atrás. Había estado con muchas mujeres a lo largo de su joven vida, pero ninguna le había hecho sentir lo que Eva le hacía sentir. En dos años no había podido quitársela de la cabeza, su vida sin Eva le resultaba aburrida.

Eva bostezó y Derek pensó que ya era hora de regresar a casa. Acompañó a Eva hasta el portal del edificio del apartamento en el que vivía y allí se despidió de ella:

—Ha sido una gran noche, espero que quieras repetir pronto.

—Llámame cuando regreses a la ciudad.

—Puedes estar segura de que lo haré, nena —le susurró Derek con la voz ronca. Se acercó a ella despacio y la besó en los labios con dulzura antes de añadir con una sonrisa pícara—: Será mejor que mantengamos las distancias, esto se está convirtiendo en una tortura.

— ¿Quieres subir? Ruth pasará la noche fuera —le propuso Eva.

—Me encantaría —le aseguró Derek mirándola a los ojos—, pero no es una buena idea, es mejor que regrese al hotel y me dé una ducha de agua fría —Eva le miró decepcionada y avergonzada y Derek se apresuró en añadir—: Eres preciosa, nena. Me pasaría la noche entera haciéndote el amor, escuchando tus gemidos cuando el orgasmo invade tu cuerpo. Pero no es buena idea, ya te he dado tres razones antes —Eva suspiró resignada y Derek sonrió. La besó de nuevo en los labios y se despidió de ella—: Buenas noches, nena. Mañana te llamaré para ver qué tal llevas la resaca.

Eva sonrió divertida y le dijo antes de cruzar el portal del edificio y dirigirse al ascensor:

—Buenas noches, nene.

Sedúceme 4.

Eva y Derek se sentaron a la mesa uno en frente del otro. Eva seguía nerviosa, pero trataba de disimularlo comportándose con naturalidad. Por el contrario, Derek se sintió más relajado al ver que Eva había guardado el hacha de guerra y que, por el momento, no parecía tener intención de salir huyendo.

Leyeron la carta en silencio hasta que Derek le sugirió algunas especialidades de la casa y le preguntó por el vino, a lo que Eva le respondió que se encargara él de pedir, a ella le iba a resultar imposible ser capaz de decidirse. Derek sonrió ante aquel gesto de confianza por parte de Eva, estaba reaccionando mejor de lo que había esperado y su buen humor mejoraba por segundos.

Pocos minutos después, el camarero apareció para tomarles nota y también para darles las indicaciones necesarias al mismo tiempo que le entregaba a Derek un pequeño mando a distancia:

—El botón de la luz roja es para que no les molesten, si lo pulsan ese botón le traeremos lo que nos pidan por esta ventana —les indicó señalando la pequeña ventana oculta de doble puerta que daba al otro lado del pasillo—. El botón azul es para cambiar la visibilidad del cristal, para convertirlo en espejo o en ventana si prefieren disfrutar de las vistas —esto último lo añadió con una sonrisa pícara que a Eva no le pasó desapercibida—. Por último, si desean alguna cosa, nos pueden llamar pulsando el botón naranja haciendo el pedido a través de la tablet que hay junto a la ventana.

Derek asintió tras prestar atención a las indicaciones del camarero y dejó el mando sobre la mesa. Acto seguido, le hizo el pedido y esperó a que el camarero se hubiera marchado para decirle a Eva:

—Estás muy callada, ¿va todo bien?

—Sí, tan solo estoy un poco confusa —se sinceró Eva—. No sé a qué viene todo esto, Derek.

—Nena, relájate. Te dije que te iba a invitar a cenar y aquí estamos —le respondió Derek mostrándose más relajado de lo que en realidad estaba—. Así que vamos a disfrutar de una agradable cena.

—Creía que teníamos una conversación pendiente —le replicó Eva sin poder morderse la lengua, los nervios empezaban a delatarla.

—Creo que es mejor que dejemos esa conversación para el final de la velada si queremos que la cena resulte agradable —le dijo Derek sabiendo que aquella conversación traería más de una discusión—. Prefiero que ahora me hables de ti. He oído que te ascendieron en el trabajo justo después de la boda de Nahuel y Ana.

Eva estaba demasiado nerviosa como para tener que soportar silencios incómodos, así que optó por hablar. Le explicó a Derek que, cuando regresó a la ciudad después de aquellas vacaciones en la costa en las que se conocieron, encontró trabajo como asistente del director ejecutivo de una empresa de publicidad. Poco más de un año y medio más tarde, justo después de la boda de Nahuel y Ana, el director ejecutivo se jubiló y propuso a Eva para ocupar su puesto.

— ¿Cómo han sido estos cuatro últimos meses como directora ejecutiva? —Se interesó Derek.

—Los últimos cuatro meses han sido una locura en todos los sentidos —le confesó Eva—. Al principio incluso llegué a pensar que no estaba preparada y que no debía haber aceptado el cargo de directora ejecutiva. Le he dedicado todo mi tiempo al trabajo, de lunes a domingo y sin horarios. Ha sido difícil, pero por fin puedo decir que lo tengo todo bajo control.

—Sigues siendo igual de organizada que cuando te conocí —comentó Derek burlonamente.

—A algunas personas nos gusta mantener un orden en nuestras vidas para no vivir en medio del caos —le reprochó Eva.

Justo en ese momento, el camarero llegó con el vino y la cena. Derek, que deseaba con urgencia volver a quedarse a solas con Eva, le dijo al camarero:

—Gracias, ya me encargo yo de servir las copas y la cena.

El camarero entendió lo que Derek quería decir y desapareció de allí de inmediato. Eva tenía el ceño fruncido, su cabeza no paraba de dar vueltas y en su mente se iban acumulando las preguntas sin respuesta. Derek también tenía demasiadas preguntas sin respuesta acumuladas, pero prefirió esperar a que Eva se bebiera un par de copas de vino antes de preguntarle.

Tras servir el vino y la cena, Derek y Eva continuaron charlando sobre el trabajo de ella. Cuando el camarero retiró los platos vacíos, Derek pulsó el botón de la luz roja en el mando a distancia para que no les molestasen. Eva estaba bastante más relajada y desinhibida, así que aprovechó para preguntarle lo que tanto ansiaba saber:

— ¿Qué pasó con el estirado de tu novio?

Eva resopló. No quería hablar de Norbert y mucho menos con Derek, pero sabía que él no desistiría hasta obtener lo que buscaba, así que decidió responder y acabar con aquel tema cuanto antes:

—Lo dejamos un mes después de que me ascendieran. Apenas nos veíamos y lo cierto era que no estábamos hechos el uno para el otro, así que decidimos dejarlo.

—Te mentiría si te dijera que lo lamento, ese tipo no te pegaba para nada —opinó Derek divertido y añadió burlonamente—: Apuesto a que te aburrías con él.

— ¿A dónde quieres ir a parar, Derek?

—Trato de entenderte, Eva —le respondió Derek mirándola a los ojos—. Trato de entender por qué te entregaste a mí totalmente y al día siguiente regresaste con tu novio como si no hubiera pasado nada.

— ¿Y qué esperabas que hiciera? ¿Qué montara un numerito en la boda? No me siento orgullosa de haber engañado a Norbert, pero tampoco podía hacer nada para remediarlo.

— ¿No pensaste en mí? —Le repitió la pregunta Derek.

—Derek, tú solo buscabas a alguien para divertirte y yo estaba allí. Para ti el que yo tuviese novio era un aliciente y, si no me hubiera marchado yo, probablemente hubieras sido tú quien me hubiera invitado a irme. Además, Norbert estaba subido a un avión para acompañarme a la boda, ¿qué querías que hiciera? ¿Llamarle y decirle que no hacía falta que viniera, que ya había encontrado otro acompañante con el que divertirme?

—Empecemos de cero —le propuso Derek—. No puedo pedirte que olvides todo lo que hemos hecho porque a mí me resultaría imposible, pero podemos empezar de cero y sin rencores.

—De acuerdo, supongo que ahora que eres el cuñado de una de mis dos mejores amigas nos veremos de vez en cuando —le dijo Eva dedicándole una sonrisa en son de paz—. Aunque no vengas demasiado a la ciudad.

—En realidad, voy a estar bastante en la ciudad —le confesó Derek—. Mi amigo Víctor y yo fundamos una empresa de desarrollo de sistemas informáticos hace casi dos años y nos ha ido bastante bien. La mayoría de nuestros clientes están en la ciudad, así que hace unos meses decidimos trasladarnos a la ciudad.

—Entonces, ¿no has venido a la ciudad por la fiesta de Ana y Nahuel? —Preguntó Eva confusa.

—Vine un par de días antes para poder asistir a la fiesta, pero lo cierto es que he viajado a la ciudad por motivos laborales, estoy coordinando el traslado a las nuevas oficinas —le respondió Derek—. El domingo viajo a la costa para ultimar algunos detalles del traslado, pero en dos semanas regresaré a la ciudad para quedarme.

Eva no supo qué decir. Descubrir que Derek se iba a mudar a la ciudad la había pillado totalmente por sorpresa. Tampoco entendía por qué Ana no se lo había dicho, ella debía estar al tanto de los planes de su cuñado. Volvió a sentirse contrariada: por un lado, se sentía feliz de saber que vería a Derek con mucha más frecuencia; por otro lado, luchar contra la atracción que sentía por él iba a ser agotador y caería en sus redes.

Para disimular su sorpresa y su contrariedad, Eva decidió preguntarle por su trabajo, igual que Derek había hecho con ella. Se interesó por la empresa que había creado junto a su amigo Víctor, uno de sus amigos que Eva conoció aquel día en la playa cuando estaban tomando el sol haciendo topless y Thor, el perro de Derek, le robó la parte superior del bikini. Prestó atención a todo lo que Derek le decía sobre su trabajo, mostrando interés y descubriendo algunas facetas de Derek que, además de sorprenderla, hicieron que Eva todavía lo deseara más.

Cita 93.

“No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta.”

Bob Marley.