Archivo | mayo 2017

Ella.

No supe lo mucho que me importaba hasta que llegué a la ciudad y me atrapó la amarga soledad de mi casa. Tan solo había pasado una semana desde que nos conocimos, pero esos siete días a su lado fueron más intensos que cualquier misión. Sin pretenderlo, ella me había envuelto con su fragilidad y su ternura, me había hechizado.

El día siguiente no fue mejor, no podía concentrarme en el trabajo y terminé mirando por la ventana del despacho mientras pensaba en ella. ¿Qué estaría haciendo? Probablemente, estaría en la universidad, a estas horas tendría clase. Resoplé frustrado y traté de concentrarme en el trabajo, pero desistí un par de horas después al no quitármela de la cabeza. Miré mi teléfono móvil y contuve las ganas de llamarla, ¿qué le iba a decir? Una vez más, resoplé con frustración. ¿Qué me estaba pasando?

Sam y Alan entraron en el despacho, Sam me miró con guasa y Alan con desaprobación. Se acomodaron en los sillones frente a mí y adiviné que iban a darme una charla.

—Llevas toda la mañana ahí sentado y no has hecho nada —comenzó a decir Alan con un ligero tono de reproche en su voz.

—Por no hablar de esas ojeras, ¿acaso no has dormido? —Apuntó Sam, tratando sin éxito de ocultar su sonrisa burlona—. Esa chica te tiene suspirando por los rincones —se mofó con descaro.

—Es una cría, Matt —me recordó Alan—. Le sacas más de diez años, va a la universidad y no tiene nada qué ver contigo, sois de mundos distintos.

— ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio? —Repliqué molesto.

—No tendríamos que interrogarte si hablaras con nosotros —alegó Sam.

—No tengo nada que decir —sentencié.

—En ese caso, quizás debamos facilitarte las cosas y hablar con ella…

— ¡Ni se te ocurra! —Le amenacé con tono severo.

—Es que no te entiendo, es un negocio redondo, podrás heredar el Castillo y, si estás encaprichado con ella, es la mejor forma de pasar tiempo con ella y enamorarla —opinó Sam con sorna.

— ¿Cómo va a casarse con una desconocida y convivir con ella durante al menos un año si no tiene una relación estable desde el instituto? —Protestó Alan, que en ese momento era que parecía más sensato de los tres—. Es una locura, saldrá mal y lo perderá todo. Deberíamos centrarnos en el trabajo, llevas una semana fuera de la ciudad y tenemos que ponernos al día con las operaciones.

Resoplé de nuevo, aquello empezaba a superarme. Miré el reloj, ella estaría a punto de salir de clase. Me puse en pie, cogí la cartera y las llaves y salí del despacho.

— ¿Se puede saber a dónde vas? —Me preguntó Alan siguiéndome por el pasillo.

—A zanjar esto, ya veremos cómo termina —respondí antes de entrar en el ascensor.

Sí, era una locura, pero ya tenía un motivo para ir a verla y hablar con ella. Y, si con un poco de suerte aceptaba mi propuesta, viviríamos bajo el mismo techo al menos durante un año.

La suerte estaba echada, ahora solo quedaba mostrar las cartas.

Cita 71.

“Sigue siempre tus pasiones. Nunca te preguntes si es realista o no.”

Deepak Chopra. 

Noventa minutos 19.

A las ocho de la tarde, Gina y Jake llegaron a casa de Henry y Grace. Jake aparcó el coche en el garaje y aprovechó esa intimidad para besar a Gina, que estaba muy nerviosa. Jake también estaba nervioso, pero lo disimulaba muy bien. Uno de los miembros del equipo de seguridad de los Hudson les abrió la puerta y Jake y Gina entraron en la casa y se dirigieron al salón cogidos de la mano.

Grace, Paulina y Franco sonrieron cuando vieron entrar a Gina y Jake cogidos de la mano, pero a Henry le preocupaba que aquella historia no acabara bien y, pese a que lo intentó, no pudo sonreír. Jake conocía a su padre y sabía que se le pasaría con el tiempo, cuando viera que lo suyo con Gina iba en serio.

—Estáis guapísimos, chicos —les saludó Grace emocionada—. Y hacéis una pareja estupenda.

Jake sonrió y Gina se ruborizó. Franco y Paulina también les saludaron con una sonrisa y Henry, haciendo un esfuerzo por disimular todas las dudas y la preocupación que aquella relación le provocaba, también les saludó amablemente:

—Me alegro de que hayáis venido a cenar.

Jake colocó su brazo alrededor de la cintura de Gina y la guió hasta uno de los sofás de dos plazas que quedaba libre, donde se sentó junto a ella.

Charlaron durante un buen rato en el salón antes de pasar a cenar al comedor. Durante la cena, la conversación se fue animando y todos parecían estar de buen humor. Jake estaba pendiente de Gina en todo momento, quería que se encontrara cómoda y lo consiguió.

—Y, ¿desde cuándo se supone que estáis juntos? —Preguntó Grace sonriendo feliz.

—Bueno, supongo que desde antes de saber quiénes éramos realmente —confesó Jake—. Ya han pasado casi tres meses.

—Puede que parezca poco tiempo, pero teniendo en cuenta que durante esos tres meses han estado las veinticuatro horas del día juntos, creo que es un tiempo más que considerable para que sepan qué es lo que quieren —apuntó Franco queriendo echar una mano a la pareja y añadió—: Vuestra relación cuenta totalmente con mi apoyo.

—Y con el mío también, me alegro de tener un yerno que me caiga tan bien —le secundó Paulina.

—Es la primera vez que veo a mi hijo realmente feliz y adorando a una chica —comentó Grace emocionada. Se volvió hacia a Gina y añadió—: Debes de ser muy especial para que mi hijo esté así de feliz, Gina. Ambos tenéis también nuestra bendición.

Henry sonrió y asintió con la cabeza para dejar claro que él también estaba de acuerdo con lo que su esposa acababa de decir. Todos brindaron por la recién estrenada pareja y Gina y Jake se besaron frente a todos para sellar su amor.

Regresaron a casa pasada la medianoche y, nada más bajar del coche, Jake cogió en brazos a Gina y la llevó directamente a la habitación.

—Jake, ¿qué pretendes hacer conmigo? —Le preguntó Gina sonriendo con picardía.

—Cariño, pretendo pasarme toda la noche dándote placer —le contestó Jake divertido y la besó.

 

***

 

Cinco meses más tarde, en pleno mes de agosto, Jake quiso irse de vacaciones con Gina a una isla paradisiaca para desconectar del estrés de la ciudad, relajarse y divertirse juntos. Se alojaron en una lujosa cabaña en la playa, desde donde podían contemplar el amanecer y la puesta de sol.

Gina tomaba el sol en la orilla del mar mientras leía para pasar el rato y Jake pescaba a su lado cuando sonó el aviso de la llegada de un mensaje en el móvil de Gina.

—Cariño, creía que habíamos acordado apagar el móvil mientras estuviéramos de vacaciones —le dijo Jake divertido, pues su chica no era de las que cumplía las normas.

—Te he dicho millones de veces que los acuerdos a los que llegamos mediante tu persuasión sexual no tienen ningún tipo de validez —le replicó Gina sonriendo—. Además, anoche me levanté a beber agua y te vi pegado al portátil, pero como soy una niña buena no dije nada.

— ¿Y desde cuándo eres una niña buena? —Se mofó Jake.

— ¿Quieres que te demuestre cómo no soy una niña buena? —Le preguntó Gina con una sonrisa traviesa en los labios.

Jake alzó las cejas, dejó la caña sobre la arena y cogió en brazos a Gina dispuesto a llevarla a la cabaña y hacerle el amor.

—Jake, ¿a dónde me llevas? —Le preguntó entre risas.

—Cariño, te tengo dicho que esa sonrisa traviesa hace que no pueda controlar mis impulsos —le respondió Jake con la voz ronca—. Te voy a llevar a la cabaña y te voy a hacer el amor.

A Gina aquello le sonó a gloria y le dejó hacer lo que se proponía porque lo deseaba tanto como él. Jake la tumbó en la cama, la besó y la acarició excitándola como el primer día, guiándola por el camino del placer. Pero Jake se traía algo entre manos y, cuando la tuvo al borde del orgasmo, se paró y le susurró al oído:

—Cariño, cásate conmigo —y añadió rápidamente—: Si aceptas, el acuerdo tendrá validez legal.

—Acepto —le confirmó Gina con la voz ronca.

Jake no se hizo de rogar y la penetró de una sola estocada para proseguir con un va y ven de placenteras embestidas que hicieron que ambos alcanzaran el clímax al mismo tiempo. Agotados por aquella sensación tan intensa, se quedaron abrazados en la cama. Cuando las respiraciones de ambos se normalizaron, Jake le susurró a Gina en el oído:

—Te quiero, cariño. Tenía planeado pedirte que te casaras conmigo esta noche, tras una romántica cena en la playa y bajo la luz de la luna llena, pero ya sabes que contigo no corro riesgos.

— ¿Eso significa que me quedo sin cena romántica en la playa bajo la luz de la luna llena? —Le preguntó Gina divertida.

—Claro que disfrutaremos de una noche romántica —le respondió Jake sonriendo y la besó en los labios antes de añadir—: Ya te he dicho que solo quería asegurarme de que no puedas decirme que no.

Ambos se besaron y volvieron a hacer el amor.

Aquella noche, disfrutaron de una romántica cena en la playa bajo la luz de la luna llena y Jake le regaló un precioso anillo de compromiso de oro blanco con diamantes y zafiros. Brindaron por su amor y por su futura boda y terminaron bañándose en el mar y haciendo el amor en la orilla.

 

FIN

Noventa minutos 18.

Jake despertó a Gina a las siete de la mañana, se ducharon, desayunaron y la llevó a la oficina. Jake tenía que ir también a su oficina, así que habló con el escolta de Arthur para que aumentara la seguridad en Global, se despidió de Gina y se marchó a las oficinas de su empresa. Regresó a buscar a Gina a la hora de la comida para llevarla a comer y se volvía a marchar para regresar a las seis de la tarde y llevar a Gina a casa y pasar el resto del día juntos como una pareja.

Mantuvieron la misma rutina durante las dos semanas siguientes, hasta que un viernes que Arthur le dio fiesta a Gina en la oficina, mientras preparaban la comida en casa entre bromas, Franco y Paulina llamaron al timbre de la puerta de la casa de su única hija.

—Papá, mamá, ¿qué hacéis aquí? —Les preguntó Gina preocupada al ver a sus padres allí—. ¿Ha pasado algo?

—No ha pasado nada malo, ¿nos invitas a entrar? —Le contestó Franco.

—Claro, pasad —les dijo Gina saludando a sus padres con un beso en la mejilla. Entraron al salón y dijo alzando un poco la voz para que Jake, que estaba en la cocina, le escuchara—: Jake, tenemos visita.

— ¿Quién es, cariño? —Preguntó Jake antes de salir de la cocina y toparse con sus futuros suegros en el comedor—. Franco, Paulina, ¿ha ocurrido algo?

—Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros —comentó Franco divertido posando su mirada de su hija a Jake.

—Papá —le advirtió Gina—. ¿A qué habéis venido?

—Brad me ha enviado esto y he preferido enseñártelo en persona, así aprovechábamos para haceros una visita —respondió Franco y le entregó el sobre que Brad le había enviado.

Gina cogió el sobre y lo abrió. Del sobre sacó cinco fotografías y un papel con un pequeño escrito que en seguida reconoció como la letra de Brad. Gina miró las fotografías con detenimiento y reconoció en cada una de ellas a cada uno de los cinco miembros de los Servasky, todos muertos de un tiro en la frente. Gina no necesitaba leer el pequeño escrito de Brad para hacerse una idea de lo que había pasado, pero aun así decidió leerlo: “Problema resuelto, ya no tenéis que preocuparos por los Servasky. Los cinco miembros están muertos y te adjunto cinco fotografías como prueba. Si quieres, puedes pedir el informe a la DEA para comprobar que lo que digo es cierto. Solo quiero lo mejor para Gina.”

Gina le entregó el sobre a Jake para que él mismo pudiera ver con sus propios ojos lo que ella misma también había visto y después se volvió, miró a su padre y le preguntó:

— ¿Lo has confirmado con la DEA?

—Sí, lo he confirmado —respondió Franco—. Les he pedido una copia del informe de la operación, te la haré llegar en cuanto la reciba.

—Creía que queríais a los Servasky vivos —comentó Jake.

—Y así era, pero la DEA también iba detrás de ellos y, conociendo a Brad, no iba a dejarlos escapar si tenía la más mínima oportunidad de liquidarles —contestó Franco—. Hay muchas cosas que los Servasky se han llevado a la tumba, pero tengo que reconocer que también es un alivio saber que no vamos a tener que volver a preocuparnos por ellos.

— ¿Os quedáis a comer? —Preguntó Jake a sus futuros suegros—. Estamos preparando tallarines al pesto, aunque no nos saldrán igual de buenos que a Paulina.

—Os agradecemos la invitación, pero ya hemos quedado con Henry y Grace para comer —les dijo Paulina agradecida—. Podríamos ir a cenar todos juntos, ¿qué os parece?

—Paulina, a lo mejor los chicos ya tienen planes para esta noche —le dijo Franco a su esposa.

—Creo que es una buena idea que salgamos a cenar todos juntos —opinó Jake. Gina le apretó el brazo para mostrar su desacuerdo, pero Jake le acarició la mano y le susurró—: Tarde o temprano tendremos que hacerlo, ¿por qué no esta noche?

— ¿Qué dices, Gina? —Insistió Paulina—. ¿Salimos a cenar todos juntos?

—Eh, creo que eso parece —respondió Gina nerviosa.

Franco y Paulina les dijeron que les llamarían por la tarde para quedar y salir a cenar, se despidieron de ellos y se marcharon a casa de los Hudson contentos por haber podido comprobar con sus propios ojos la relación que existe entre Gina y Jake.

En cuanto Paulina y Franco salieron de casa de Gina, Gina se volvió hacia Jake y le preguntó:

— ¿De verdad crees que es una buena idea?

—Cariño, si vamos a tener una relación de pareja, lo lógico es que nuestras familias lo sepan y cuanto antes mejor —le respondió Jake—. Además, tanto tus padres como los míos saben que hay algo entre nosotros y solo esperan que lo hagamos oficial —la estrechó entre sus brazos, la besó en los labios y le susurró al oído—: No tienes de qué preocuparte, es imposible no adorarte, cariño.

—Me encanta que me llames cariño —le confesó Gina entre risas y bromeó—: Incluso hasta cuando lo haces delante de mis padres.

–  No sabía que eran tus padres, pero me alegro de que lo hayan oído porque nos ahorrará muchas explicaciones esta noche. – Le dijo Jake sonriendo. – No te preocupes, te prometo que todo saldrá bien y que incluso te divertirás. Ahora, vamos a comer.

Jake y Gina comieron, recogieron y estaban a punto de empezar a ver una película cuando llamaron a Jake del trabajo, se retiró a la cocina para hablar y, tras casi media hora de conversación, regresó al salón y le dijo a Gina:

—Cariño, tengo que ir a la oficina —le dio un beso en los labios y añadió—: Me gustaría que vinieses conmigo, así te puedo enseñar las oficinas.

Media hora más tarde, Gina entraba en las oficinas de la empresa de Jake. Jake le colocó un brazo alrededor de la cintura con posesión, para que todo el mundo supiera lo que ella significaba para él. Jake nunca había llevado a ninguna de sus amantes a su empresa al igual que tampoco las llevaba a su casa, así que en cuanto les vieron aparecer, todo el mundo supo que aquella relación iba en serio. Subieron es ascensor a la planta superior del edificio, donde les esperaba Samuel, la mano derecha de Jake.

—Hola Sam —saludó Jake—. Te presento a Gina Verona, mi novia —se volvió hacia a Gina y le dijo sonriendo—: Cariño, él es Samuel, mi mano derecha. Sin él estaría perdido.

—Encantado de conocerla, señorita Verona —la saludó Samuel sonriendo y estrechándole la mano.

Gina le devolvió la sonrisa mientras estrechaba la mano de Samuel y los tres se dirigieron al despacho de Jake donde Samuel les puso al corriente de la situación. Tom Taker, uno de los principales inversores de la empresa, estaba furioso porque Jake llevaba desaparecido del mapa casi dos meses. Hacía dos semanas que Jake había vuelto a la oficina, pero aún tenía mucho trabajo retrasado por haber pasado dos meses en Castle. Tom Taker era su principal inversor y lo había descuidado, aquello no era propio de Jake.

—Tom Taker está de camino, de hecho, ya debería estar aquí —le informó Samuel—. ¿Has pensado en algo para calmarlo o improvisarás sobre la marcha?

— ¿Puedo estar presente en la reunión? —Preguntó Gina. Jake y Samuel la miraron sorprendidos, no entendían por qué quería estar presente en una reunión que iba a ser desagradable, así que Gina les dijo para tranquilizarles—: Conozco a Tom y estoy segura que mi presencia suavizará las cosas.

Jake aceptó la propuesta de Gina, pero solo porque así no tendría que separarse de ella. Tom Taker era de los que necesitaba llamar la atención y por eso montaba ese circo, pero en cinco minutos se le habría pasado. En cuanto llegó Tom Taker, le hicieron pasar al despacho y su rostro enfurruñado cambió nada más ver a Gina, a quién saludó con familiaridad:

— ¡Querida, qué alegría verte! —La besó en ambas mejillas y le preguntó—: ¿Qué haces por aquí?

—He venido con Jake —respondió Gina cogiendo la mano de Jake.

— ¡Oh! De haber sabido que estabas con él no se me hubiera ocurrido interrumpiros y, si tenéis algo qué hacer, podemos dejar la reunión para otro momento…

—Ya que estamos aquí, hagamos lo que hemos venido a hacer —le interrumpió Jake.

La reunión apenas duró media hora en la que Gina decidió no intervenir, pero disfrutó escuchando a Jake cómo se manejaba en sus negocios y eso le gustó.

Jake y Gina se despidieron de Tom Taker y, tras tener otra charla con Samuel, también se despidieron de él y regresaron a casa de Gina con el tiempo justo para cambiarse de ropa y dirigirse a casa de los padres de Jake para cenar con sus respectivas familias.

Noventa minutos 17.

Gina y Jake llegaron a la ciudad por la tarde, ya que decidieron parar a comer en el camino. Nada más entrar en casa, Gina desconectó la alarma y le dijo a Jake:

—No hay nada para comer, deberíamos ir a comprar.

—Iremos a comprar mañana, esta noche quiero que salgamos a cenar —le dijo Jake sonriendo—. Creo que podríamos ir a cenar al Dunkan, ¿te apetece?

—No podemos ir sin reserva y el Dunkan tiene una lista de espera de más de seis meses —le respondió Gina.

—Conozco al propietario, nos darán mesa si hago una llamada —informó Jake—. ¿Te apetece salir conmigo a cenar o estás tratando de darme una excusa?

—Me confundes, Jake —le dijo Gina encogiéndose de hombros—. Desde el primer momento me dejaste claro que lo nuestro solo se trataba de sexo y yo lo acepté, pero ahora pides más y no entiendo por qué. ¿Me he perdido algo?

—He cambiado de opinión, por eso he querido cambiar el acuerdo y creía que tú también querías cambiarlo —alegó Jake—. ¿De qué tienes miedo? Ambos nos lo pasamos bien juntos, hemos estado un mes y medio encerrados en la misma casa durante veinticuatro horas al día y no hemos acabado matándonos como todo el mundo esperaba. ¿Qué problema hay en que salgamos a cenar, cariño?

—No lo sé, Jake —le respondió Gina frustrada por no saber explicarse y por no querer confesar lo que de verdad sentía—. Es solo que todo está yendo demasiado rápido y el hecho que estés tan pendiente de mí o me llames “cariño” no me ayuda para aclararme. Igual que tampoco lo hace que juegues con mis orgasmos para que acepte acuerdos en los que no soy capaz de pensar en ese momento.

—De acuerdo, vamos a hacer una cosa —propuso Jake—. Esta noche te invito a cenar y hablamos tranquilamente de todo esto. Prometo no besarte ni hacer ninguna insinuación sobre sexo hasta que hayamos hablado. ¿Te parece bien?

—Me parece bien —contestó Gina—. Voy a ducharme y ponerme algo decente.

—Tenemos que ir de etiqueta, ¿tienes algún vestido de noche? —Preguntó Jake.

—Algo encontraré, no te preocupes —le respondió Gina antes de desaparecer por el pasillo.

Jake llamó a su amigo e hizo una reserva para dos personas en el Duncan, pero no sin que antes su buen amigo le asegurara de que le daría una mesa íntima y alejada del resto de mesas, quería intimidad con Gina. A las ocho y media, cuando Jake ya había reservado en el restaurante, se había duchado, vestido y deshecho la maleta, Gina salió de su habitación con un vestido rosa pálido de escote en palabra de honor y unos zapatos plateados a juego con su bolso de mano. Se había dejado su larga melena rubia suelta que le caía sobre los hombros como si de un ángel se tratara.

—Estás preciosa, Gina —balbuceó Jake cuando la vio entrar en el salón.

La ayudó a ponerse su chaqueta plateada y ambos salieron de casa de Gina mientras Jake rodeaba la cintura de ella con su brazo. Se montaron en el coche y se dirigieron al Dunkan, dónde un aparcacoches vestido de etiqueta se ocupó de aparcar el coche.

Gina agarró del brazo a Jake y a él le encantó ese gesto. El maître les recibió y les acompañó a su mesa, una romántica mesa para dos, iluminada por un par de velas y bastante alejada del resto de mesas. Jake pidió vino tinto para beber mientras decidían qué pedir para cenar:

—Este lugar es fantástico, me alegro de que me hayas traído —le confesó Gina.

—Y yo me alegro de que hayas aceptado venir —le respondió Jake alzando su copa para brindar con Gina—. Por nosotros.

Ambos entrechocaron sus copas, se sonrieron y le dieron un trago a su copa de vino. Leyeron la carta y decidieron qué pedir y, mientras esperaban que el camarero les sirviera la cena, Jake comenzó a hablar:

—Estamos aquí porque yo he insistido en hablar sobre nuestra relación, así que, si no te importa, empezaré yo —bebió un trago de su copa y continuó—: Me gustas, me gustas desde el primer momento en que te vi. Pero después de pasar todos estos días contigo, mis sentimientos por ti son más fuertes. No sé si es amor porque nunca antes me había enamorado, pero nunca antes lo había sentido por nadie. Jamás había pensado en pasar el resto de mi vida con una mujer hasta ahora. Sé que al principio ambos dejamos claro que ninguno de los dos quería una relación estable pero, si te soy sincero, tengo la esperanza de que, al igual que yo, tú también hayas cambiado de opinión.

— ¿Me estás proponiendo tener una relación estable? —Le preguntó Gina un tanto sorprendida.

—Prácticamente, ya tenemos una relación estable —le contestó Jake—. Tan solo nos hace falta hacerlo oficial.

—Cuando dices que solo nos falta hacerlo oficial, ¿a qué te refieres exactamente?

—Me refiero a que hacemos vida de pareja —le contestó Jake empezando a perder la paciencia—. Me gustaría saber qué sientes, Gina. ¿Qué esperas de nosotros?

—Me gustas —le contestó Gina—. Me lo paso bien contigo y no solo en la cama. Si te soy sincera, quiero seguir estando contigo en todos los sentidos. Me encanta despertarme y tenerte a mi lado, me encana hacer el amor contigo y me pongo hasta nerviosa cuando recibo uno de tus mensajes. Pero también tengo miedo a acostumbrarme a todo lo que me estás dando, porque puede que un día te canses de mí.

—Te quiero, Gina. Si por mí fuera me casaba ahora mismo contigo y así me aseguraba que vamos a estar juntos siempre —le susurró Jake abriendo su corazón—. El sexo es genial entre nosotros, pero no es lo único genial que tenemos. Dame una oportunidad para demostrarte lo que te estoy diciendo y te aseguro que no te arrepentirás.

—Espero que tú tampoco te arrepientas —bromeó Gina—. Entonces, ¿ya podemos besarnos o todavía no? Apenas han pasado un par de horas y ya echo de menos tus besos y que me llames “cariño”.

—Ven aquí, cariño —le dijo Jake acercándose a ella para besarla en los labios—. Solo tienes que pedir por esa boca lo que desees y yo lo haré realidad.

—Entonces te diré que, aunque sé que estás empeñado en salir juntos esta noche, me gustaría que después de cenar nos vayamos a casa —le confesó Gina con una sonrisa traviesa—. Te aseguro que no te arrepentirás.

—Cómo tú quieras, cariño —le contestó Jake divertido y excitado por la sugerencia de Gina—. Si todos los deseos son como ese, estaré encantado de hacerlos realidad.

El camarero llegó con los platos que habían pedido y ambos cenaron felices por la decisión que acababan de tomar.

Después de cenar, se dirigieron a casa de Gina y allí hicieron el amor una y otra vez hasta que quedaron agotados y se durmieron uno en brazos del otro.