Archivo | mayo 2017

Cita 72.

“A veces extrañas tanto a alguien , que olvidas que estás mejor sin él.”

Marilyn Monroe. 

Tú eres mi destino 1.

Alysa esperó a que la aguja del viejo reloj de la pensión donde se hospedaba marcara las doce en punto de la noche. Desde que tenía diez años, se había entrenado para vengarse del asesinato de sus padres, a quienes mataron frente a sus ojos mientras ella y su amiga Eva, la hija de una de las sirvientas de la familia, estaban escondidas bajo una mesa camilla. Recordaba que estaba jugando con Eva en el salón cuando un grupo de hombres irrumpió en su casa y empezó a disparar a todo el que allí se encontraba. Alysa y Eva se escondieron bajo una mesa camilla hasta que los disparos cesaron y todo se quedó en silencio. Eva estaba asustada, quería encontrar a su madre y salió de su escondite pese a que Alysa trató de detenerla sin éxito. Apenas un minuto después, Alysa oyó otro disparo y la voz de uno de esos hombres que dijo:

—La princesa de los de la Vega acaba de reunirse con sus padres, ya hemos hecho todo el trabajo que teníamos que hacer aquí.

Todo pasó muy rápido y Alysa tan solo tenía pequeños destellos de lo que ocurrió aquel día, pero todas las noches tenía pesadillas con aquel trágico día y juró vengarse.

Los hombres se marcharon y Alysa salió de su escondite. Todo lo que vio la horrorizó. Las personas a las que amaba, su familia, su amiga Eva, todos estaban muertos en el suelo cubiertos en charcos de sangre. Alysa hizo lo que su padre tantas veces le había repetido que tenía que hacer si algún día pasaba algo parecido: cogió una pequeña mochila, metió algo de ropa dentro y todo lo que había en la pequeña caja fuerte que había en su habitación, que contenía dinero, un par de joyas y una fotografía de ella con sus padres. Con los ojos hinchados e irritados de tanto llorar, se colocó la mochila sobre los hombros y salió de la casa para cruzar el frondoso bosque que la separaba de la casa del maestro Lee.

El maestro Lee era un buen amigo de la familia de la Vega y el único en el que el padre de Alysa podía confiar ciegamente. El maestro Lee se hizo cargo de la situación y salió del país con Alysa, a quién entrenó en todas las disciplinas de artes marciales y la enseñó a desenvolverse ante cualquier público y cualquier situación, convirtiéndola en una arma humana.

Desde aquel día, Alysa dejó de ser una de la Vega para sobrevivir en el anonimato. Los tipos que mataron a sus padres la confundieron con su amiga Eva, por lo que todo el mundo la daba por muerta y eso era lo mejor para ella.

Tras quince años de duro entrenamiento en los que el maestro Lee le ordenó algunos trabajos para comprobar que estaba capacitada para centrarse en su venganza, el maestro Lee había decidido que había llegado el momento de empezar con la venganza.

A las doce en punto de la noche, el maestro Lee entró en el pequeño hall de la pensión donde se alojaba Alysa y la saludó con un caluroso abrazo, pues la quería como si fuera su propia hija:

— ¿Qué tal estás, Alysa?

—Estoy impaciente, maestro Lee —le respondió Alysa sonriendo.

—Entonces, ven conmigo y haremos un largo viaje para empezar con el principio del fin —fue la respuesta del maestro Lee, que siempre hablaba con filosofía.

El maestro Lee caminó tras Alysa y ambos se montaron en los asientos traseros de un todoterreno de color negro. Alysa no sabía a dónde se dirigían, pero sabía que tampoco conseguiría averiguarlo si se lo preguntaba, por lo que prefirió guardar silencio y esperar a que el maestro Lee la sacara de dudas cuando él considerase que estaba preparada para hacerlo.

El todoterreno se detuvo frente a las instalaciones de un pequeño aeropuerto privado y allí se subieron a una  lujosa avioneta que les llevó a casa del maestro Lee, situada en una isla privada con extrema seguridad y cuyos habitantes eran él y sus hombres.

Alysa se instaló en la que había sido su habitación durante los últimos quince años, cogió la fotografía que tenía de sus padres sobre la mesita de noche y suspiró. Estaba cerca de descubrir la verdad de lo que ocurrió aquel día, el motivo por el cual dejó de ser una niña feliz para convertirse en una niña solitaria y triste y posteriormente en una chica fría, distante y calculadora.

El maestro Lee no le dijo a Alysa lo que quería oír hasta que se instaló en su habitación y bajó al salón, donde le ofreció una copa de vino que Alysa aceptó.

—Creo que ya estás preparada para empezar tu propósito, pero recuerda que tienes que hacer esto como si de otro trabajo más se tratara —empezó a decir el maestro Lee—. Si dejas que tus sentimientos interfieran en tus planes, estarás muerta. Por eso lo haremos a mi manera. Para empezar, necesitamos los informes de la policía sobre lo que sucedió aquel día y sacar las pruebas que recopilaron del almacén de la policía. Los informes y las pruebas del escenario están en el almacén de la comisaría de Ibory, aquí tienes los planos de la comisaría. El sistema de seguridad del edificio es bastante antiguo, por lo que no deberás tener gran problema en entrar y salir sin ser vista.

Alysa escuchó todo lo que el maestro Lee tenía que decirle respecto a la misión y almacenó mentalmente toda esa información.

Tres días después, Alysa viajó a Ibory. Esperó a que se hiciera de noche para entrar en las instalaciones de la policía por el conducto de ventilación, por donde llegó al almacén central. Según sus cálculos, el guarda de seguridad se tomaba un descanso a las doce en punto y regresaba quince minutos después, el tiempo del que disponía Alysa para entrar en el almacén, coger lo que había venido a buscar y salir de allí sin que nadie la viera. En cuanto el guarda de seguridad salió del almacén para tomarse su descanso, Alysa saltó del conducto de ventilación y empezó a buscar en las cajas de los archivos. Afortunadamente, los archivos estaban ordenados cronológicamente y pudo encontrar rápidamente los informes y las pruebas del caso del asesinato de sus padres. Segundos antes de que el guarda de seguridad regresara al almacén, Alysa entró en el conducto de ventilación y escapó.

Alysa regresó a la isla del maestro Lee donde ambos leyeron y estudiaron los informes y las pruebas del caso, tratando de encontrar algo que a la policía se le hubiera podido pasar por alto. La policía había archivado el caso sin haber sido resuelto tras cinco años siguiendo pistas que no les llevaron a ninguna parte, pero aquellas pistas podían aportar algún dato relevante para el maestro Lee y para Alysa.

Afortunadamente para ambos, encontraron lo que buscaban. El maestro cogió una de las balas que habían acabado con la vida de Alejandro de la Vega, el padre de Alysa, y descubrió que se trataba de una bala especial, entre sus manos tenía una bala de plata.

— ¿Una bala de plata? —Preguntó Alysa sorprendida—. ¿Tengo que buscar a un cazador de hombres lobo?

—Solo conozco a una persona que utiliza balas de plata, se hace llamar Lobo pero nadie conoce su verdadera identidad —respondió el maestro Lee—. Es un asesino a sueldo, si él mató a tus padres lo hizo por encargo.

— ¿Quién pudo encargar el asesinato de mi familia, maestro Lee? —Preguntó Alysa.

—Eso es lo que debemos descubrir y para eso primero tendremos que encontrar un móvil —dijo el maestro Lee—. Tus padres no tenían muchos enemigos, solo los que envidiaban su poder y su carisma pueden considerarse como tal, aunque eso no reduce demasiado la lista.

— ¿Qué proyecto tenía mi padre en sus manos en el momento que le mataron? Necesito saber con quién estaba negociando algún trato o si tenía algún proyecto en proceso —dijo Alysa perdiendo la poca paciencia que tenía—. Eras la única persona en la que mi padre confiaba, tienes que saber más de sus negocios y también de todo lo que ocurrió ese día.

—Si tu padre confiaba en mí era precisamente porque nunca quise saber nada de sus negocios ni de su dinero, a diferencia de todos los que le rodeaban —contestó el maestro mientras encendía incienso y velas aromáticas por toda la estancia—. Esto ayudará a que te relajes —le dijo sin mirarla y prosiguió—: Tu padre era un hombre cuidadoso y precavido, estoy seguro que debía tener en alguna parte su agenda o su libro de cuentas, solo tenemos que encontrarlo.

—La policía no debió encontrarlo, de lo contrario estaría aquí —comentó Alysa—. Si no se lo llevaron los tipos que los mataron, probablemente continúe en la casa. ¿Sabes si hay alguien viviendo allí?

—La casa estuvo cinco años precintada por la policía, hasta que archivaron el caso sin resolver —le respondió el maestro Lee—. Desde entonces, la casa está a la venta pero nadie quiere comprar una casa con semejante historial de asesinatos.

Alysa sonrió. Los trabajos que había estado realizando durante los últimos años como complemento de su entrenamiento habían sido muy bien remunerados y disponía de una buena cantidad de dinero como para retirarse y no trabajar en su vida, pero había decidido emplear parte de ese dinero para comprar la antigua casa de su familia. El maestro Lee supo qué pretendía en cuanto la vio sonreír y la apoyó en su decisión, aunque le advirtió que tendría que comprar la casa bajo una identidad falsa que no la comprometiera si en el futuro quería seguir conservándola.

Tú eres mi destino.

Alysa solo piensa en vengar la muerte de sus padres, a quienes mataron delante de ella cuando tan solo tenía diez años. Alysa consiguió huir de la casa y fue en busca del maestro Lee, quien la acogió bajo su protección y la entrenó durante quince largos años para que estuviera preparada para vengar a su familia.

Sus investigaciones la llevarán a Termes, donde reside Diego Morales, el compañero de proyecto de su padre. Tras hacerle una visita inesperada, Diego le cuenta la verdad sobre el proyecto Alpha y la relación con la muerte de su familia, igual que la muerte de la esposa de Diego. Alysa y Diego se alían con el fin de acabar con quienes acabaron con su familia. Pero Diego no está solo, su hijo Alberto y su sobrino Marcos le acompañarán hasta el final.

Alysa y Alberto no empiezan con buen pie, pero convivir juntos en la misma casa hace que se conozcan mejor e incluso que ambos se sientan atraídos. ¿Dejará Alysa de lado su afán de venganza para dejarse llevar por lo que siente por Alberto? Y Alberto, ¿será capaz de comprometerse con una mujer para el resto de su vida?

¿Quieres descubrir más sobre la historia de Alysa y Alberto? No te pierdas la novela Tú eres mi destino, disfrútala capítulo a capítulo:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Ella.

No supe lo mucho que me importaba hasta que llegué a la ciudad y me atrapó la amarga soledad de mi casa. Tan solo había pasado una semana desde que nos conocimos, pero esos siete días a su lado fueron más intensos que cualquier misión. Sin pretenderlo, ella me había envuelto con su fragilidad y su ternura, me había hechizado.

El día siguiente no fue mejor, no podía concentrarme en el trabajo y terminé mirando por la ventana del despacho mientras pensaba en ella. ¿Qué estaría haciendo? Probablemente, estaría en la universidad, a estas horas tendría clase. Resoplé frustrado y traté de concentrarme en el trabajo, pero desistí un par de horas después al no quitármela de la cabeza. Miré mi teléfono móvil y contuve las ganas de llamarla, ¿qué le iba a decir? Una vez más, resoplé con frustración. ¿Qué me estaba pasando?

Sam y Alan entraron en el despacho, Sam me miró con guasa y Alan con desaprobación. Se acomodaron en los sillones frente a mí y adiviné que iban a darme una charla.

—Llevas toda la mañana ahí sentado y no has hecho nada —comenzó a decir Alan con un ligero tono de reproche en su voz.

—Por no hablar de esas ojeras, ¿acaso no has dormido? —Apuntó Sam, tratando sin éxito de ocultar su sonrisa burlona—. Esa chica te tiene suspirando por los rincones —se mofó con descaro.

—Es una cría, Matt —me recordó Alan—. Le sacas más de diez años, va a la universidad y no tiene nada qué ver contigo, sois de mundos distintos.

— ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio? —Repliqué molesto.

—No tendríamos que interrogarte si hablaras con nosotros —alegó Sam.

—No tengo nada que decir —sentencié.

—En ese caso, quizás debamos facilitarte las cosas y hablar con ella…

— ¡Ni se te ocurra! —Le amenacé con tono severo.

—Es que no te entiendo, es un negocio redondo, podrás heredar el Castillo y, si estás encaprichado con ella, es la mejor forma de pasar tiempo con ella y enamorarla —opinó Sam con sorna.

— ¿Cómo va a casarse con una desconocida y convivir con ella durante al menos un año si no tiene una relación estable desde el instituto? —Protestó Alan, que en ese momento era que parecía más sensato de los tres—. Es una locura, saldrá mal y lo perderá todo. Deberíamos centrarnos en el trabajo, llevas una semana fuera de la ciudad y tenemos que ponernos al día con las operaciones.

Resoplé de nuevo, aquello empezaba a superarme. Miré el reloj, ella estaría a punto de salir de clase. Me puse en pie, cogí la cartera y las llaves y salí del despacho.

— ¿Se puede saber a dónde vas? —Me preguntó Alan siguiéndome por el pasillo.

—A zanjar esto, ya veremos cómo termina —respondí antes de entrar en el ascensor.

Sí, era una locura, pero ya tenía un motivo para ir a verla y hablar con ella. Y, si con un poco de suerte aceptaba mi propuesta, viviríamos bajo el mismo techo al menos durante un año.

La suerte estaba echada, ahora solo quedaba mostrar las cartas.

Cita 71.

“Sigue siempre tus pasiones. Nunca te preguntes si es realista o no.”

Deepak Chopra.