Archivo | marzo 2017

Cita 62.

“Una buena chica conoce sus límites, una mujer inteligente sabe que no tiene ninguno.”

Marilyn Monroe.

Lección de vida.

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Si algo había aprendido, era a no malgastar su tiempo. Estaba seguro de que jamás podría volver a amar a una mujer, no después de la traición y el abandono de la innombrable. Desde entonces, no confiaba en las mujeres.  Su tormentosa experiencia le había vuelto un hombre frío, con el corazón congelado.

No quería perder su tiempo ni tampoco hacérselo perder a nadie, por eso siempre era claro y rotundo con cada una de sus conquistas: una sola noche juntos y, a la mañana siguiente, cada uno por su lado. Nada de intercambiar teléfonos ni de volverse a ver, todo acababa ahí.

Así de sencillo, al menos hasta que coincidió de nuevo con su última conquista. Aquella chica de ojos verdes y sonrisa descarada había conseguido captar su interés como ninguna otra lo había hecho. Deseaba otra noche con ella, deseaba acariciarla, abrazarla, besarla y hacerla suya.

Quizás no podía volver a amar, pero era consciente de lo que ella le hacía sentir y la deseaba, la anhelaba como nunca había anhelado a nadie. Deseaba despertarse y verla, mirarla antes de dormirse, disfrutar con ella de un largo baño de espuma en un día lluvioso o abrazarla mientras veían una película en el salón. Siempre había disfrutado de aquellos placeres en soledad, sin embargo, ahora anhelaba disfrutarlos con ella.

¿Cómo se podía echar tanto de menos algo que jamás se había tenido?

No sabía cómo, pero tenía que conseguirlo. Iba a encontrarla y a enamorarla, quería despertarse a su lado todas las mañanas y sentirla desnuda entre las sábanas. La soledad de la que tanto disfrutaba se había convertido en su peor enemigo desde que la conoció.

Había aprendido una valiosa lección y, ahora que había encontrado a una mujer que le hacía sentir, no iba a desperdiciar ninguna oportunidad de seducirla.

Propuesta indecente 19.

Alma Gemela

Once meses más tarde, Nick y Erika cumplían su primer año juntos y decidieron celebrarlo cenando en casa para tener más intimidad de la que podrían tener en cualquier restaurante. Poco a poco, Nick fue consiguiendo que Erika llevara algunas de sus cosas a su apartamento y dormía con él todas las noches excepto los martes, que Erika dormía en su apartamento con Alice para celebrar su noche de chicas, que consistía básicamente en ver una película de comedia romántica mientras comían comida del chino acompañado con unas copas de lambrusco. Nick y Daniel aprovechaban esos martes para cenar juntos y ponerse al día mientras beben cerveza.

–  Cariño, estás preciosa. – Le dijo Nick a Erika cuando la vio salir del dormitorio con un escotado y ceñido vestido de color fucsia con unas sandalias plateadas de tacón de aguja. Le dio un beso en los labios y añadió: – El vestido te queda perfecto, pero me temo que no te durará mucho puesto.

–  Espera a ver lo que llevo debajo, cariño. – Le contestó Erika dándole gratas expectativas.

–  Cariño, creo que podemos cenar más tarde, ¿no crees?

–  No, te conozco y no cenaríamos. – Le dijo Erika riendo. – Primero cenamos, después nos damos los regalos y, por último, podrás hacer conmigo lo que quieras.

Nick la besó en los labios y la abrazó. Aún no podía creer el que cambio que había hecho desde que Erika entró en su vida. No había vuelto a estar con ninguna otra mujer desde que conoció a Erika y tampoco lo echaba de menos, con ella tenía todo lo que deseaba, todo lo que le complacía. Ella se enfadaba continuamente y, desde que hacía unos meses le habían devuelto el carné de conducir, cogía el coche y se iba a dar una vuelta hasta que se calmaba y regresaba junto a Nick, que le esperaba con los brazos abiertos, una sonrisa en los labios y un montón de mimos.

El móvil de Erika sonó y ella lo cogió y leyó el mensaje, que era de Alice: “Deséame suerte, voy a decírselo a Daniel.” Erika sonrió y tecleó en su móvil: “Suerte.”

–  ¿Qué te hace tan feliz? – Quiso saber Nick al verla sonreír.

–  ¿Te gustan los niños? – Le preguntó Erika.

–  ¿Hay algo que quieras decirme, cariño? – Le preguntó Nick acariciando el vientre de ella.

–  Solo sentía curiosidad. – Le contestó Erika antes de darle un beso en los labios.

Se sentaron a la mesa y cenaron iluminados únicamente por un candelabro con tres velas, brindaron por su relación e iniciaron el intercambio de regalos. Nick llevaba varios meses tratando que el ayuntamiento le diera los permisos para empezar a construir en el terreno, pero el ayuntamiento se lo había denegado dos veces. Erika movió algunos hilos y, gracias a un amigo de la universidad, había podido conseguir que le concedieran el permiso. Erika había pensado que los permisos para construir la casa y unas mini vacaciones de cuatro días en una pintoresca casa en la playa que había alquilado. Ser la hija del jefe le había facilitado conseguir unos días libres para ambos. Erika le tendió un sobre a Nick donde iban los permisos para construir y un pequeño escrito de Erika en el que le invitaba a una pequeña escapada de cuatro días en la playa. Nick abrió el sobre emocionado, era su primer regalo de aniversario y se quedó alucinado cuando sacó los documentos con la autorización del ayuntamiento para construir la casa y el vale de las mini vacaciones.

–  ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo los has conseguido? – Exclamó Nick alzando en brazos a Erika para después besarla en los labios. – Y, ¿qué es esto? Mm… Cuatro días en la playa solos tú y yo, estoy deseando irme, cariño.

–  Perfecto, porque nos vamos mañana por la mañana. – Le dijo Erika dándole un beso.

–  Cariño, voy a darte mi regalo pero no quiero que te estreses, ¿de acuerdo? – Bromeó Nick. Sacó una pequeña caja de terciopelo azul y se la entregó a Erika. – Te quiero, cariño y por eso quiero que te cases conmigo. No tenemos por qué casarnos rápidamente, podemos tener un compromiso de esos largos y casarnos cuando tú te sientas preparada, pero me gustaría poder decirle a la gente que eres mi prometida en vez de mi novia. – Erika abrió la pequeña caja de terciopelo y se quedó muda al ver el precioso anillo de oro blanco con varios diamantes encastrados. Nick cogió el anillo y, mientras se lo ponía en el dedo anular de la mano derecha, le preguntó: – Cariño, ¿me harías el hombre más feliz del mundo casándote conmigo? – Erika no le contestó, simplemente se arrojó a sus brazos y le devoró la boca apasionadamente. – Cariño, ¿esto es un sí? – Quiso confirmar Nick cuando los labios de ambos se separaron.

–  Por supuesto que sí, mi amor. – Le contestó Erika. – Te quiero, Nick.

Ambos volvieron a besarse y los besos dieron paso a las caricias hasta que acabaron, como era de esperar, haciendo el amor allí mismo.

Al día siguiente, Alice y Daniel llegaron al apartamento de Nick antes de que Nick y Erika se marcharan a sus mini vacaciones, Daniel quería darle la gran noticia a su hermano Nick y también quería saber cuál había sido la respuesta de Erika a la gran pregunta que le había hecho Nick.

–  Supongo que si llevas ese anillo en el dedo es porque has dicho que sí. – Fue el saludo que le dedicó Daniel a Erika seguido de un abrazo. Se volvió hacia a su hermano Nick y añadió: – Nosotros también tenemos una gran noticia que daros. – Abrazó a Alice, la besó en los labios y anunció con una sonrisa de oreja a oreja: – ¡Vamos a ser papás!

Las dos parejas desayunaron juntos mientras se felicitaban mutuamente por las buenas noticias que se habían dado. Las chicas empezaron a hablar de vestidos de novia y bebés y ellos las miraban sonriendo totalmente embelesados.

 

FIN

 

Propuesta indecente 18.

Alma Gemela

Un mes después de iniciar su relación, propiamente dicha, Erika y Nick decidieron ir con Alice y Daniel a tomar café a casa de los padres de Nick y Daniel. Tan solo faltaba una semana para la celebración del aniversario de los padres de ellos y la madre había expresado su deseo de conocerlas antes de que llegara el gran día.

Erika y Alice estaban nerviosas, querían agradar a sus suegros y se habían vestido para la ocasión. Los chicos les aconsejaron que fueran en tejanos, los Button no eran una familia rica y remilgada y no tenían en cuenta el dinero ni la ropa cara a la hora de valorar a una persona. Aun así, Erika quería ir arreglada, así que optó por unos tejanos pitillo, unos botines negros con tacón de aguja, una camisa blanca con manga de 3/4 y una ceñida y elegante americana de color negro que la hacía más sofisticada sin parecer excesivamente arreglada. Alice también se había puesto unos tejanos, unas botas altas y un fino jersey de cuello de barco. Las dos parejas se dirigieron en el coche de Nick a casa de los Button, que estaba situada a las afueras de la ciudad.

Nick aparcó el coche en una amplia calle de una urbanización y salió del coche rápidamente para ayudar a salir a Erika.

–  Ésta es la casa dónde me crie. – Le susurró al oído en cuanto Erika salió completamente del coche y la besó. – ¿Estás preparada para entrar o prefieres dar media vuelta?

Erika miró la casa que Nick le señalaba, una preciosa casa adosada con jardín y garaje. Se imaginó a Nick, Daniel y Jessica de niños corriendo por el jardín y sonrió.

–  Estoy preparada, pero también estoy muy nerviosa. – Le confesó Erika.

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Le susurró Nick abrazándola y besándola levemente en los labios antes de llamar al timbre de la casa.

La puerta de hierro forjado se abrió y Nick fue el primero en traspasar la puerta, seguido de Erika, que continuaba aferrada a la mano de Nick ya que él no estaba dispuesto a soltarla. Después entraron Alice y Daniel, también cogidos de la mano.

La puerta principal de la casa se abrió y de ella aparecieron dos figuras, los futuros suegros de las dos chicas que les miraban nerviosas y emocionadas.

Nick tuvo que tirar de Erika para que se moviera del sitio, estaba demasiado nerviosa, ella no era de las que dejaba que una relación avanzara tanto como para conocer oficialmente a los padres de su novio, con el que solo llevaba un mes y al que solo conocía desde hacía un mes y una semana.

–  Cariño, no estés tan tensa. – Le susurró Nick mientras cruzaban el jardín y subían los cuatro escalones que conducían al pequeño porche. Le dio un recatado beso en la mejilla y Erika sonrió ante aquel inocente pero dulce beso. – Estás preciosa cuando sonríes. – Nick fue el primero en llegar hasta a sus padres y les saludó sonriendo alegremente para después presentarles a Erika, a la que mantenía agarrada de la cintura por si decidía salir corriendo en el último momento: – Papá, mamá, ella es Erika Blackwell. – Se volvió hacia Erika y añadió: – Cariño, ellos son mis padres, Bruce y Karen Button.

Jess se había ido con sus amigas a pasar el fin de semana fuera y no regresaría a casa hasta el domingo, así que solo estaban en casa Karen y Bruce. A Erika le hubiera gustado que Jess hubiera estado allí, le caía bien y estaba segura de que le hubiese sido de ayuda.

–  Encantada de conocerles, señores Button. – Les saludó Erika educadamente.

–  Llámanos Bruce y Karen, por favor. – La saludó Karen encantada con la belleza y la educación de su futura de nuera. – Sin duda eres tan hermosa como Nick me había dicho.

Erika le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y Nick, viendo cómo se ruborizaba, decidió ruborizarla un poco más y dijo:

–  Es preciosa por fuera y por dentro, por eso me he enamorado de ella.

Erika se puso como un tomate y le suplicó a Nick con la mirada que parara. A otras chicas les encantaba que les hicieran cumplidos, pero ella nunca había sabido comportarse con naturalidad. Por suerte Daniel la sacó del atolladero al saludar a sus padres y presentar a Alice, quién recibió la misma cariñosa bienvenida que Erika.

–  Pasad al salón, ¿qué queréis beber? – Les ofreció Karen.

–  Yo quiero una cerveza, cielo. – Le dijo Bruce a su esposa.

Todos optaron por tomar una cerveza, incluso Karen. Daniel acompañó a su madre a la cocina para ayudarla a traer las bebidas al salón y Bruce aprovechó para mirar a las dos chicas que tenía delante. Nadie podía negar que sus hijos tenían buen gusto, ambas eran realmente preciosas, cada una en su estilo. Observó cómo su hijo mayor, al que nunca había visto en actitud cariñosa con una mujer en público aunque sabía que bien lo hacía en privado, no había soltado a Erika desde que habían entrado en casa y la miraba y le sonreía constantemente, se notaba que se preocupaba por ella al igual que se notaba lo nerviosa que ella estaba. Alice parecía más relajada, miraba a su alrededor analizando cada detalle de la ubicación y la decoración de la casa, era una chica muy observadora y le gustaba verla tan relajada, pero los ojos de Bruce no podían apartarse de Erika. Le gustaba ver cómo se comportaba su primogénito con aquella chica, parecía ser alguien distinto.

–  Chicas, ¿qué tal os tratan mis hijos? – Quiso saber Bruce.

–  Creo que de momento no nos podemos quejar. – Bromeó Alice.

Erika intercambió una mirada con Nick y ambos se sonrieron. Daniel y Karen regresaron al salón con seis botellines de cerveza y seis copas que sirvieron para todos los presentes.

–  Y tú, ¿qué dices, Erika? – Le preguntó Bruce. – ¿Soportas sus cambios de humor?

Bruce dio en el clavo y Erika se echó a reír, haciendo que Nick frunciera el ceño en señal de protesta, lo que provocó las carcajadas de todos.

–  Cariño, yo no tengo cambios de humor. – Insistió Nick fingiendo estar molesto.

–  Es cierto, yo lo describiría como doble personalidad. – Se mofó Erika y todos volvieron a reír a carcajadas. Cuando se recuperaron, Erika añadió: – Pero lo soporto encantada.

Nick miró a Erika y le sonrió. Le encantaba verla bromear con su familia, los nervios previos habían desaparecido y ahora estaba relajada y cómoda entre los miembros de su familia. Nick quería besarla y no quiso esperar a que se quedaran a solas, así que la atrajo hacia a él y la besó delante de todos los que allí estaban presentes. Karen y Bruce se miraron y se sonrieron, ambos encantados de ver a sus hijos tan enamorados y felices.

Durante un par de horas, hablaron de infinidad de cosas pero sobre todo de la pequeña celebración del aniversario de Karen y Bruce. Karen quiso asegurarse de que sus recién descubiertas nueras estuviesen allí la próxima semana y ellas así se lo confirmaron.

Karen quiso que se quedaran a cenar, pero Nick le dijo que ya tenían planes. Daniel utilizó la misma excusa que su hermano para marcharse con ellos, él también quería estar a solas con Alice.

Las dos parejas se montaron en el coche de Nick y se dirigieron al apartamento de las chicas. Erika y Alice se rieron del pacto de no llevar chicos a casa, con aquellos hermanos se lo habían saltado a la primera de cambio a pesar de que en la universidad estuvieron cinco años cumpliéndolo a raja tabla.

Pidieron comida tailandesa y cenaron en el salón mientras los cuatro bromeaban sobre el primer encuentro de las chicas con los padres de Nick y Daniel. A medianoche, Nick no pudo contenerse más y le susurró a Erika al oído:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

Erika asintió con la cabeza y le dio un leve beso en los labios a Nick para después levantarse del sofá y despedirse de Alice y Daniel. Nick sonrió encantado, Erika le entendía y pensaba igual que él. Apenas quince minutos más tarde, ambos entraban en el apartamento y se acomodaban en el sofá del salón. Erika se percató de que Nick estaba muy cariñoso, la abrazaba y la besaba inocentemente, solo porque quería sentir su contacto, y eso le gustó. Hacía mucho que Erika no estaba tan a gusto con un hombre, el mismo tiempo que hacía que no compartía secretos con el mismo hombre con el que se acostaba. Nick observó cómo Erika fruncía el ceño y le preguntó:

–  ¿Qué estás pensando para que hayas fruncido el ceño?

–  Supongo que se me hace rara toda esta situación.

–  Define “rara”. – Le pidió Nick.

–  Si hace poco más de un mes me hubieran dicho que estaría empezando una relación con alguien me hubiera echado a reír, por no mencionar que encima sería con la mano derecha de mi padre. – Le confesó Erika. – Creía en el amor, pero no creía que fuera para mí. Y ahora, estoy sentada en el sofá de tu apartamento, después de haber pasado la tarde con tus padres y haber cenado con tu hermano y mi mejor amiga.

–  ¿Preferirías estar en otra parte?

–  No querría estar en ningún otro lugar, eso es lo raro. – Le explicó Erika. – Siempre he sentido pánico cuando una relación empezaba a ser seria y, sin embargo, contigo he hecho en un mes lo que nunca en veintitrés años se me había pasado por la cabeza, conocer a los padres de mi novio. Dijimos que iríamos despacio pero todo está yendo demasiado rápido y me da igual, me gusta estar contigo.

–  Pues múdate a mi apartamento. – Le propuso Nick feliz por lo que acababa de escuchar.

–  ¿Qué? – Fue lo único que logró decir Erika.

–  Cariño, prácticamente ya vivimos juntos. – Le dijo Nick con la voz ronca. – Los fines de semana vives en mi apartamento las veinticuatro horas, entre semana desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos y al menos dormimos juntos un par de noches más entre semana. Prácticamente, ya vivimos juntos. – Insistió Nick. – Solo supondría dormir un par de noches más aquí durante la semana y traer algunas de tus cosas, lo que necesites para sentirte cómoda.

–  Nick, dijimos que iríamos despacio y estás pisando el acelerador a fondo. – Río Erika. – Me encanta estar contigo, pero quiero seguir teniendo mi propio apartamento. Además, si te enfadas conmigo no querrás tenerme y créeme, te enfadarás conmigo.

–  De acuerdo, tómate tu tiempo para pensarlo. – Dijo Nick resignado. – Ya te dije que estaba dispuesto a esperar si es eso lo que quieres.

Erika le besó y Nick la colocó en un solo movimiento a horcajadas en su regazo y la abrazó mientras seguían besándose.

–  De momento, tendré que conformarme con que te quedes esta noche. – Le susurró Nick a Erika con la voz ronca.

Ambos se miraron a los ojos y después se devoraron la boca con pasión mientras sus manos se movían ansiosas por deshacerse de la ropa.

Propuesta indecente 17.

Alma Gemela

Adolf Wolf finalmente aceptó la oferta de Blackwell Company y convocó una reunión con Erika y Nick diez días más tarde. El día antes de la reunión con Wolf, Eduard vio salir de su despacho a su hija y quiso hablar con ella ahora que Nick parecía no estar cerca. Aquellos dos se traían algo entre manos y Eduard no entendía por qué trataban de ocultárselo, él no se iba a interponer en su relación, al menos no lo haría si no interfería negativamente en su trabajo, cosa que hasta ahora no había ocurrido.

–  Erika, ¿tienes un momento? – Le preguntó Eduard.

–  Claro, papá. – Le respondió Erika acercándose a él.

Ambos entraron en el despacho de Eduard y se sentaron cómodamente, sabiendo que se avecinaba una conversación difícil.

–  Sé que no tengo ningún derecho a preguntarte y no pienso meterme en tu vida privada, aprendí la lección hace mucho tiempo. – Empezó a decir Eduard. – Pero me gustaría que confiaras en mí, Erika. Sé que hay algo entre tú y Nick y me parece bien, Nick es un gran chico, educado, trabajador e inteligente. No entiendo por qué me lo queréis ocultar.

–  Papá, no pretendemos ocultártelo. – Le aclaró Erika. – Nos estamos conociendo y queremos esperar un poco antes de hacer pública nuestra relación.

–  Entonces, ¿vais en serio? – Quiso saber Eduard.

–  Nuestras intenciones son serias, pero no sé si lo nuestro llegará a alguna parte. – Le dijo Erika a modo de respuesta. – No te preocupes, ambos somos adultos y nada de lo que suceda influirá negativamente en nuestro trabajo.

–  Entonces, si estás saliendo con Nick, no te importará venir a cenar con él a casa, ¿no? – Le preguntó Eduard. Erika puso los ojos en blanco y Eduard añadió: – Solo quiero estar seguro de lo que me estás diciendo, Erika.

–  Necesitas que te lo demuestre. – Le entendió Erika. Cogió el teléfono de su padre, marcó la extensión de Nick y le dijo cuándo descolgó: –  Nick, ¿puedes venir un segundo al despacho de mi padre?

–  Claro, ahora mismo voy. – Contestó Nick antes de colgar.

Nick se dirigió al despacho de Eduard un poco preocupado por el tono de Erika, no le había parecido muy contenta y temía que iba a tener problemas. Pero se armó de valor y entró en el despacho de Eduard decidido a defender su relación con Erika. Nick vio a Erika y Eduard sentados en sus sillones y en cuanto él entró Erika se puso en pie. Él caminó hasta quedar a su lado y les preguntó:

–  ¿Qué puedo hacer por vosotros?

–  Bésame. – Le contestó Erika.

–  ¿Cómo? – Le preguntó Nick sorprendido.

Erika volvió a poner los ojos en blanco y decidió besarle directamente. Nick no se podía creer que Erika le estuviera besando con lengua delante de su padre y, cuando por fin se separó, la oyó preguntarle a su padre:

–  ¿Ya estás contento?

–  Ahora sí. – Le contestó Eduard a su hija sonriendo divertido. Se volvió hacia a Nick y al ver su rostro lleno de confusión decidió apiadarse de él: – Solo quería asegurarme del motivo por el cual vosotros dos estáis tan raros y fingís que no os conocéis.

Aquello no le aclaró nada a Nick, en todo caso lo confundió más.

–  Será mejor que no preguntes, créeme. – Le dijo Erika a Nick.

–  Nick, le estaba diciendo a Erika que me gustaría que vinieses a cenar a casa. – Le dijo Eduard a Nick, encantado de que aquél fuera su futuro yerno.

–  Papá, ya habrá tiempo para eso más adelante. – Le replicó Erika. – Y no quiero que confabules a mis espaldas. No quiero que ninguno de los dos lo haga. – Repitió mirando a Nick.

Ambos levantaron las manos en señal de paz y Erika les escrutó con la mirada antes de marcharse a su despacho para seguir preparando la reunión con Wolf.

–  Eduard, conocí a Erika sin saber que era tu hija y…

–  No tienes que explicarme nada, Nick. – Le interrumpió Eduard sonriendo. – Mi hija es una montaña rusa, tendrás que tener paciencia con ella y yo no podré echarte una mano, hace mucho que le prometí que no me entrometería en sus relaciones y pienso mantener mi promesa.

–  Te aseguro que nada de esto influirá negativamente en nuestro trabajo, Eduard. – Le aseguró Nick.

–  Estoy seguro de ello. – Afirmó Eduard. – Ahora será mejor que vayas a ver a mi hija y trates de calmarla, creo que la he puesto un poco furiosa y si voy yo solo conseguiré que se enfade más. Puede que esta relación nos beneficie a todos. – Bromeó Eduard.

Nick salió del despacho de su jefe sonriendo y fue a buscar a Erika, que estaba trabajando en su despacho.

–  Cariño, ¿podemos hablar? – Le preguntó Nick desde la puerta.

–  Pasa. – Le contestó Erika. Esperó a que entrara y cerrara la puerta y añadió: – Lo siento por la encerrona pero era necesaria, créeme. Además, mi padre ya lo sabía y no me preguntes cómo porque no tengo ni la menor idea.

Nick se acercó a ella y la besó. Estaba tensa y cuando sus labios se posaron en los de ella esa tensión desapareció y todo su cuerpo se relajó.

–  No hay problema, cariño. – Le dijo Nick a Erika. – Tu padre nos conoce demasiado bien a los dos, ha debido deducirlo sin más. No le des importancia.

–  Ese no es el problema.

–  Entonces, ¿cuál es el problema? – Insistió Nick con paciencia.

–  Da igual, es una tontería. – Le respondió Erika quitándole importancia.

–  No será una tontería cuando te lo tomas así.

–  Mi padre me dijo que sabía que estábamos juntos y, cuando se lo confirmé sin rodeos, creyó que había sido demasiado fácil y que se lo había dicho solo para entretenerlo mientras tramaba cualquier otra cosa. Mi padre no confía en mí y solo es culpa mía. – Reconoció Erika.

–  Eduard confía en ti, no te hubiera puesto al mando de semejante negociación si no lo hiciera, cariño. – Le dijo Nick acariciándole la mejilla con el dorso de la mano. – Pero quizás su reacción tenga algo que ver con tener prohibido meter las narices en los asuntos sentimentales de su única hija, ¿no crees? Entiendo que haya ciertos temas de los que no quieras hablar con tu padre, pero quizás debáis encontrar un término medio. – Nick le dio un beso en los labios y añadió: – Yo no le hablo a mis padres de las aventuras sexuales que tengo, pero sí que comparto con ellos lo que es digno de mención.

–  ¿Le has hablado de mí a tus padres? – Le preguntó Erika sorprendida.

–  Sí, les dije que había conocido a una chica especial que me gustaba y que esa chica era la hija de mi jefe. – Le respondió Nick. – Mi madre quiso que te invitara a su fiesta de aniversario, pero le expliqué que me lo estabas poniendo difícil y que no creía que aceptaras la invitación, por eso mis padres preferían que Jess no fuera con su novio. Después lo arreglamos, pero acordamos ir despacio y no quise presionarte, de eso ya se encargó mi hermana Jess y también de poner al corriente a mis padres de las últimas novedades sobre nuestra relación. – Erika estalló en carcajadas y Nick, divertido con la situación, añadió: – No te rías tanto, mis padres quieren conocerte y quieren hacerlo antes de la fiesta de su aniversario.

–  ¿Qué? – Preguntó Erika poniéndose pálida al instante.

–  Suponía que ibas a reaccionar así. – Le dijo Nick burlonamente. – He pensado que quizás sería mejor hacer una presentación conjunta, ya sabes, tú y Alice, así te encontrarás más tranquila.

–  Se lo comentaré a Alice. – Balbuceó Erika tratando de asimilar la noticia.

–  Te van a adorar en cuanto te vean, no tienes de qué preocuparte. – Le respondió Nick.

Nick fue a darle otro beso, pero alguien llamó a la puerta del despacho de Erika y se apartó discretamente para mantener las formas y las distancias.

–  ¿Interrumpo? – Preguntó Jason asomando la cabeza en el despacho.

–  Pasa, anda. – Le dijo Erika a Jason. – ¿Qué te trae por aquí?

–  Habíamos quedado para comer, ¿no lo recuerdas? – Le dijo Jason un poco molesto.

–  Es cierto, se me había olvidado. – Respondió Erika mirando su reloj.

–  Venga, coge tu bolso. – La apresuró Jason. – Nick, ¿vienes con nosotros?

Nick miró a Erika buscando una respuesta en sus ojos, pero ella le sonrió, le dio un beso en los labios y le contestó a Jason:

–  Nick se viene con nosotros, quiero que vosotros dos os conozcáis un poco.

Los tres salieron del despacho y fueron a comer a un restaurante cercano a la oficina. Eduard les observó salir y supo que aquellos tres se llevarían bien. Eduard no podía ocultar su alegría, por una vez su hija había elegido un hombre que el respetaba y admiraba.

Erika se esforzó para que los dos hombres que estaban con ella mantuvieran alguna conversación interesante que les descubriera algo en común, pero lo único que estaba consiguiendo es que ambos se miraran con cierta desconfianza. Por suerte para todos, Nick y Jason terminaron abriéndose e incluso bromearon juntos.

Al día siguiente, Erika y Nick se reunieron con Adolf Wolf y firmaron el contrato. Tal y cómo Erika había dicho, Wolf era un hombre que quería salvar la empresa familiar por encima de todo, así que escuchó gustoso todos y cada uno de los consejos que Erika le dio.