Archivo | enero 2017

Confía en mí 3.

Confía en mí

Valeria regresó a Suncity el domingo por la tarde. El lunes llegó a la oficina a las siete en punto de la mañana, pero allí no había ni un alma. Nadia, su asistente, no llegaba hasta las siete y media o las ocho; Grace y Charles llegaban entre las ocho y las nueve de la mañana; y el resto de empleados también empezaban su jornada entre las ocho y las nueve de la mañana. Entró en su despacho, encendió el ordenador y empezó a ponerse al día con el correo electrónico.

A las ocho menos cuarto de la mañana llegó Nadia y fue directa al despacho de Valeria para saludarla:

–          ¡Valeria! ¿Qué tal han ido las vacaciones? – Le preguntó Nadia entrando en su despacho y abrazándola. – Te he echado de menos, ¡no sé cómo no te vuelves loca con tanto trabajo! He estado una semana sin ti y creía que me iba a dar algo.

–          ¿Tan malo ha sido? – Le preguntó Valeria sorprendida.

–          Un caos. – Le confesó Nadia sentándose en la silla de enfrente. – La empresa decoradora que hemos contratado para el aniversario de Editorial Love ha decorado el salón completamente de rosa, ¡a Grace casi le da un síncope cuando lo vio el viernes! Poco le faltó para despedirla y se ha negado a tratar con ella, así que ese marrón te toca comértelo a ti.

–          Empezamos bien la semana. – Comentó Valeria con ironía.

–          Pues eso no es todo. – Le continuó informando Nadia. – Charles ha decidido cambiar de agencia de seguridad en el último momento por un pequeño altercado que ha habido y del cual no he sido del todo informada y el director de la agencia de seguridad se ha comprometido a supervisar la seguridad del evento personalmente y, ¿adivinas a quién le ha tocado hacerse cargo de él?

–          No me lo digas, a mí. – Dijo Valeria tras resoplar.

–          Exacto. – Le confirmó Nadia. – Por cierto, tienes una reunión con él a las doce.

–          Va a ser un lunes emocionante. – Ironizó Valeria.

Se dirigieron al office mientras se ponían al día rápidamente y, tras tomarse un café rápido, Valeria regresó a su despacho, tenía mucho por hacer.

Grace y Charles Stuart llegaron a la oficina cuando ya eran pasadas las nueve de la mañana y ambos traían una amplia sonrisa dibujada en la cara. Nada más llegar, saludaron a Nadia y se asomaron al despacho de Valeria también para saludarla.

–          ¡Valeria, querida! – Exclamó Grace abrazándola con cariño. – ¿Te han ido bien las vacaciones?

–          ¡Hola Grace! – La saludó Valeria. – Las vacaciones me han venido genial, aunque tengo entendido que por aquí las cosas se han complicado un poco.

–          ¿Un poco? – Le preguntó Charles a su esposa arqueando las cejas incrédulo. – Ha ocurrido un desastre seguido de otro, esto parecía un campo de batalla.

–          Hemos tenido problemas con la decoradora y con la empresa de seguridad que habíamos contratado. – La informó Grace. – Por suerte, Charles ha conseguido que una de las mejores agencias de seguridad del país acepte el encargo con tan poco tiempo de margen para organizarse.

–          ¿Es que no pensáis explicarme qué ha ocurrido con nuestra agencia de seguridad habitual? – Preguntó Valeria arqueando las cejas.

–          Han filtrado información sensible de la editorial, han incumplido el contrato de confidencialidad y los hemos despedido. – La informó Charles. – Un amigo me recomendó la agencia Smith, así que llamé y les puse al tanto de la situación, pero me dijeron que había muy poco margen de tiempo para organizar la estructura de seguridad de un evento tan grande. Prácticamente les supliqué y debí darle pena al director, porque el sábado me llamó y me confirmó que se harían cargo de la seguridad del evento y que él mismo se encargaría personalmente de dirigir y supervisar a su equipo.

–          La agencia tiene la sede en Sunbeach, pero trabaja en todo el país. – Apuntó Grace.

–          ¿De Sunbeach? – Se sorprendió Valeria. – ¡Qué coincidencia!

Aquello no era ninguna coincidencia, pero Valeria no conocía ninguno de los detalles que podían haberla hecho sospechar.

–          Tienes una reunión con él a las doce. – La informó Charles. – Quiere conocer todo el recinto donde se va a celebrar el aniversario de Editorial Love y no hay nadie mejor que tú para enseñárselo.

–          ¿Qué hay de la decoradora? – Preguntó Valeria sabiendo la respuesta de antemano.

–          No puedo con ella, es una incompetente. – Dijo Grace teatralmente. – Pero no puedo echarla porque sería imposible encontrar a otra decoradora a estas alturas.

–          De acuerdo, veré qué puedo hacer para que el aniversario de la editorial no parezca la fiesta de cumpleaños de Tarta de Fresa. – Se mofó Valeria.

–          Parece que te han sentado muy bien esas vacaciones en Sunbeach. – Comentó Grace mirando a Charles con complicidad. – Siempre que vas a Sunbeach de visita se te ve más feliz y contenta. ¿Qué tal te ha ido por allí?

–          Muy bien, no me doy cuenta de lo mucho que echo de menos Smalltown hasta que voy de visita. – Le contestó Valeria sonriendo con nostalgia. – Echo de menos a mi familia y a mis amigos.

–          Queremos proponerte algo, Valeria. – Le dijo Charles con seriedad. – Hace tiempo que queremos abrir una delegación de Editorial Love en el sur del país, concretamente en Sunbeach, pero lo hemos ido aplazando ya que el proyecto requería dejar a alguien de plena confianza al cargo de la gestión y, hasta ahora, no conocíamos a nadie plenamente cualificado a quien confiarle el proyecto y que ambos estuviéramos puesto de acuerdo. Y digo hasta ahora porque ya lo hemos encontrado, queremos que seas tú, Valeria.

Valeria se quedó muda. Repasó mentalmente lo que acababa de decir Charles y, cuando confirmó que le había entendido bien, decidió asegurarse de ello:

–          ¿Me estás diciendo que quieres abrir una delegación en Sunbeach y quieres que yo me haga cargo de ella?

–          Así es, si tú estás dispuesta a asumir el cargo de directora, claro. – Le confirmó Charles sonriendo.

–          ¡Por supuesto que sí! – Exclamó Valeria sin acabar de creérselo mientras se arrojaba a los brazos del matrimonio Stuart. – ¿Cuándo empezaríamos?

Durante las siguientes dos horas, Charles y Grace pusieron a Valeria al corriente de la situación. Llevaban años estudiando la posibilidad de hacer crecer la editorial, confiaban en Valeria y estaba totalmente capacitada para asumir su nuevo puesto como directora. Además, el matrimonio Stuart le ofreció un 20% de las acciones de la editorial, más un considerable aumento de sueldo. Querían que la nueva delegación en Sunbeach estuviera en funcionamiento cuanto antes, por lo que decidieron que, una vez pasado el veinticinco aniversario de la editorial, Valeria se trasladaría a Sunbeach para encargarse de buscar las nuevas oficinas y empezar a contratar al personal necesario.

Tan concentrados estaban hablando de la nueva delegación de la editorial que ninguno de los tres se dio cuenta de la hora que era hasta que Nadia llamó a la puerta del despacho de Valeria y anunció con el rubor todavía en las mejillas:

–          El señor Smith está aquí, ¿le digo que espere y que en seguida le haréis pasar? – Nadia vio la confusión en el rostro de Valeria y le aclaró – El señor Smith es el director de la agencia de seguridad que habéis contratado para el aniversario de Editorial Love.

–          Oh, claro. – Reaccionó Valeria. – Dame dos minutos, por favor. En seguida salgo a recibirle.

Nadia asintió, salió del despacho de Valeria y cerró la puerta tras de sí. Grace se volvió a mirar a Valeria y le dijo:

–          Anunciaremos la creación de la nueva delegación y tu ascenso en el aniversario de Editorial Love, si te parece bien.

–          Me parece estupendo. – Le confirmó Valeria emocionada con la noticia.

–          En ese caso, será mejor que recibamos al señor Smith. – Comentó Charles.

Jason Smith estaba sentado en uno de los sillones de la sala de espera, esperando a que Charles Stuart le recibiera. Jason había recibido la llamada de Charles el viernes pasado y le había contado lo ocurrido con la agencia de seguridad que habían contratado. Se trataba de un evento importante y con muy poco margen de tiempo para organizar la seguridad, así que trató de rechazar el encargo, pero Charles parecía tan desesperado que le dijo que le diera un par de días para ver qué podía hacer. Lo cierto era que no tenía ningún interés en aceptar el trabajo, pero le supo mal darle un no por respuesta sin ni siquiera intentarlo. Aunque el verdadero motivo por el que estaba en las oficinas de Editorial Love era otro bien distinto. Había conocido a Valeria el mismo viernes por la noche y su obsesión por ella le había llevado a investigarla o, mejor dicho, a pedirle a Vladimir, su amigo y su mano derecha, que lo averiguara todo sobre ella. En cuanto descubrió que Valeria trabajaba en la editorial de Charles, se puso en contacto con él, aceptó el trabajo y le aseguró que supervisaría personalmente el evento, así se aseguraba de coincidir con Valeria.

Charles fue el primero en salir del despacho, seguido de Grace y Valeria. Jason se puso en pie y saludó a Charles sin percatarse de que Valeria también estaba allí presente.

–          Señor Smith, muchísimas gracias por aceptar hacerse cargo de la seguridad del evento con tan poco tiempo de margen. – Lo saludó Charles. – Le presento a mi esposa Grace y a Valeria Mancini, que se encarga de la organización del aniversario de Editorial Love, además de ser nuestra mejor editora. – Se volvió hacia su esposa Grace y Valeria y añadió: – Queridas, os presento al señor Smith, el director de la Agencia Smith.

–          Encantada, señor Smith. – Lo saludó Grace estrechándole la mano. – Muchas gracias por asumir este reto, sabemos que no va a ser fácil con tan poco tiempo.

Mientras Grace saludaba a Jason, Valeria se quedó estupefacta. ¿Qué hacía allí Jason, el amigo de Mario? Su mirada se encontró con la de Jason que, tras dedicarle una amplia sonrisa, le dijo:

–          Me alegro de volver a verte, Valeria. – Le plantó un par de besos en la mejilla y añadió con un tono de voz que a ella le pareció de lo más sensual – No sabía que trabajas en Editorial Love.

–          Ya ves, el mundo es un pañuelo. – Fue lo único que pudo decir Valeria en ese momento, todavía estaba tratando de asimilar que tuviera a Jason delante.

–          ¿Os conocéis? – Preguntó Grace sorprendida.

–          Sí, un amigo en común nos presentó el otro día. – Le respondió Jason sin dar demasiada información pero sin parecer grosero.

–          Bueno, os dejamos trabajar. – Concluyó Charles. – Valeria, avísame si surge cualquier imprevisto.

–          Nos vemos mañana, Val. – Se despidió Grace con un breve abrazo.

Jason se sorprendió al descubrir la familiaridad con la que el matrimonio Stuart trataba a Valeria, más que una empleada parecía la hija de ambos.

–          ¿Te encuentras bien? – Le preguntó Jason preocupado al ver que Valeria parecía tener la cabeza en cualquier parte menos allí.

–          Sí, perdona. – Le contestó forzando una sonrisa. – No sabía que tenías una empresa de seguridad.

–          Yo tampoco sabía que eras editora. – Mintió Jason. – Ha sido una agradable sorpresa verte de nuevo.

–          Será mejor que nos pongamos a trabajar, tenemos mucho trabajo por hacer y muy poco tiempo. – Le dijo Valeria evitando mirarle a la cara para no perderse en la intensidad del color gris azulado de sus ojos. – Si te parece bien, podemos ir al recinto donde celebraremos el aniversario de la editorial, así tú conoces el lugar y yo podré ver con mis propios ojos el supuesto desastre con la decoración. – Se volvió hacia a Nadia y le dijo todavía medio aturdida: – Me voy con el señor Smith, Nadia. Avisa a la decoradora que vamos hacia el recinto, quiero que esté allí cuando lleguemos.

–          Recuerda que no estamos a tiempo de buscar a otra decoradora. – Le susurró Nadia a Valeria, conociendo el genio que se gastaba.

Valeria resopló, ya estaba bastante nerviosa con tener que afrontar todo lo que se le venía encima como para que también tuviera que hacerlo bajo la total atención de Jason que tanto la desconcertaba, la confundía y la hipnotizaba.

Valeria cogió su bolso, se despidió de Nadia y salió de la oficina con Jason. Una vez en la calle, Jason colocó su mano sobre la parte baja de la espalda de ella y le dijo casi en un susurro:

–          Vladimir nos llevará. – Valeria le miró confundida y Jason le aclaró – Vladimir es mi mano derecha, además de un buen amigo. Está allí.

Jason señaló a un hombre de dos metros de alto y una espalda de uno de ancho que había apoyado en un todoterreno negro y Valeria se tensó, aquel tipo intimidaba con tan solo mirarle y, por si fuera poco, tenía unas facciones duras y marcadas que le hacían parecer un mafioso ruso.

–          Vladimir es de absoluta confianza, intimida un poco pero es un buen tipo. – Le dijo Jason mientras la guiaba hacia el coche donde les esperaba Vladimir y, una vez llegaron junto a él, Jason hizo las presentaciones oportunas. – Valeria, te presento a Vladimir Ivanov, mi mano derecha. Vladimir, te presento a la señorita Valeria Mancini que, por lo que he podido comprobar, es la mano derecha de los Stuart.

Vladimir le ofreció la mano a Valeria y ella se la estrechó un tanto desconfiaba, no podía evitar sentirse intimidada por él. Vladimir abrió la puerta trasera del coche y le hizo un gesto a Valeria para que subiera. Después intercambió una mirada cómplice con Jason y meneó la cabeza de un lado a otro con incredulidad. Vladimir estaba al tanto de las intenciones de Jason. Él mismo le había pedido el sábado anterior que investigara a Valeria Mancini y dos días después estaban en la otra punta del país aceptando un encargo de la editorial donde ella trabajaba solo porque quería volver a verla. Conocía a Jason desde hacía años y él nunca había actuado así. Con su atractivo físico y su carisma, podía conseguir a la mujer que quisiera y nunca se había interesado por ninguna en particular, hasta el momento. Sin embargo, desde que Jason había conocido a Valeria la noche del viernes, se había saltado su única regla: no mezclar los negocios con el placer. Nunca antes se había involucrado profesionalmente con ninguna de las muchas mujeres con las que había salido, todas ellas relaciones esporádicas con las que jamás aparecía en público. Vladimir le había advertido a su amigo que todo aquello era una locura, pero Jason no había querido ni escucharle.

–          ¿Hacia a dónde me dirijo? – Preguntó Vladimir mirándoles por el retrovisor.

–          Tienes que coger la autopista del norte hasta la salida 15, después yo misma te guío hasta la masía donde se va a celebrar el evento. – Le respondió Valeria un poco más tranquila.

Jason la miró y le dedicó una sonrisa que hizo que a Valeria le temblaran hasta las pestañas, no acababa de acostumbrarse a la intensidad con la que los ojos de Jason la miraban.

En apenas quince minutos llegaron a la masía de campo donde se iba a celebrar el veinticinco aniversario de Editorial Love y Jason admiró el lugar en silencio. Sin lugar a dudas, aquella masía era un lugar perfecto para organizar un evento como el que iban a organizar.

–          ¿Qué os parece? – Preguntó Valeria a los dos hombres que continuaban contemplando la masía en absoluto silencio.

Vladimir miró a Jason, negó con la cabeza y trató de no sonreír sin conseguirlo. Jason se volvió hacia a Valeria, le dedicó una amplia y seductora sonrisa y le contestó:

–          Es un lugar magnífico, pero bastante más grande de lo que habíamos imaginado. – Lo pensó durante un minuto y añadió – Vamos a tener más trabajo del que pensábamos, que ya era bastante, pero estoy seguro de que todo saldrá bien.

–          ¿Los invitados también se hospedarán en las habitaciones de la masía? – Quiso preguntar Vladimir.

–          No, no había suficientes habitaciones en la masía así que reservamos un hotel situado a unos 5 km de distancia. – Le respondió Valeria. – Solo nos hospedaremos en la masía los empleados de Editorial Love, algunos familiares y amigos y, si así lo queréis, vuestro equipo de seguridad también puede quedarse. Podéis echar un vistazo por la masía y los alrededores para familiarizaros con el terreno, mañana os daré una copia de los planos y espero que con eso ya podáis empezar.

–          ¿Puedo preguntar qué ha pasado con la otra empresa de seguridad que habíais contratado? – Preguntó Vladimir.

–          No lo sé con exactitud, pero según parece incumplieron el contrato de confidencialidad y pusieron en riesgo información comprometida de Editorial Love. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – Los abogados de la editorial ya se están encargando del asunto.

Vladimir asintió, se mostraba serio y de pocas palabras, aunque en realidad era un tipo muy divertido, pero su apariencia de mafioso ruso intimidaba a cualquiera que no le conociera.

Valeria les dejó recorrer el terreno mientras ella se adentraba en la masía en busca de Elsa Claims, la decoradora. Le había dado instrucciones muy concisas y precisas y, según le había dicho Grace, había convertido la masía en la casa de Tarta de Fresa.

Entró en el hall, vio a Elsa hablando con uno de los técnicos de sonido y la observó mientras se acercaba a ella.

Elsa es una mujer muy atractiva, es alta y delgada, con una larga melena de color dorado y los ojos de un color verde intenso. Siempre va vestida muy exuberante, enseñando el canalillo y una parte considerable de sus pechos.

Cuando Valeria traspasó la puerta del hall que daba acceso al salón principal de la masía y lo vio todo completamente rosa, casi le dio un síncope. Valeria pensaba que Grace había exagerado con los nervios de la cercanía del evento y las diversas dificultades que habían sufrido en su ausencia de vacaciones obligadas, pero lo cierto es que se había quedado corta. Las cortinas que cubrían los ventanales eran de color rosa pastel, al igual que las paredes, los manteles de las mesas y el tapizado de las sillas. Era como si alguien hubiera puesto una bomba de pintura rosa en medio del salón y la hubiera hecho explotar. Elsa debió de apreciar el gesto de horror que puso Valeria cuando vio el salón, así que trató de adelantarse:

–          ¡Señorita Mancini! Ya sé que no es lo que buscabais, pero os aseguro que estará todo cambiado y listo antes del sábado.

–          No pienso esperar al sábado para encontrarme otra horterada como esta. – Le espetó Valeria horrorizada. – El miércoles quiero que esté todo como te pedí, no como si hubiera estallado una maldita bomba rosa en mitad del salón.

–          Pero…

–          ¡Ni peros ni nada! – Estalló Valeria furiosa. – Era muy sencillo, tenías que ceñirte a lo que te dijimos, tonos negros y dorados. Y en lugar de eso me encuentro en el puto salón del castillo de la princesa Pink. Si el miércoles no está todo como debe estar, te demandaremos.

Elsa Claims asintió con la cabeza, se disculpó con Valeria y se marchó de la masía. Valeria nunca había estado tan furiosa, no era una persona prepotente ni borde, más bien todo lo contrario, pero aquello ya era demasiado. La decoradora había hecho lo que le había dado la gana y había ignorado las premisas que le habían impuesto y, en vez de estar trabajando para solucionarlo, se la encontraba coqueteando con uno de los técnicos de sonido.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Jason entrando en el salón al escuchar los gritos de Valeria.

–          No, nada va bien. – Resopló Valeria. – ¿Has visto el salón? ¡Es horrible!

–          Tendría que tratar de restarle importancia, pero es horrible lo mires por donde lo mires, no hay por dónde cogerlo. – Se mofó Jason. – Y tienes razón, parece que ha estallado una bomba de pintura rosa en mitad del salón.

–          No te rías, no tiene ninguna gracia. – Protestó Valeria sin poder evitar sonreír. – Grace está histérica, ni siquiera quiere hablar con la decoradora y la verdad es que no es para menos.

–          Habéis tenido una semana caótica por lo que me cuentas. – Comentó Jason.

–          En realidad, yo no he sufrido la semana caótica, al menos no directamente. – Le dijo Valeria encogiéndose de hombros. – Grace y Charles se empeñaron en que me fuera unos días de vacaciones y fui a ver a mi familia y amigos a Sunbeach. No tendría que haberme ido.

–          No puedes llevar tú toda la responsabilidad de la editorial. – Le dijo Jason colocando sus manos sobre los hombros de ella para quitarle tensión aunque consiguiendo el efecto contrario. – Estás muy tensa, deberías relajarte un poco.

–          ¡Ojalá fuera tan fácil! – Exclamó Valeria.

–          Lo es, déjalo en mis manos. – Sentenció Jason. – Vladimir está echando un vistazo por los alrededores, en cuanto regrese salimos de aquí y te invito a comer. Solos tú y yo, como Valeria y Jason.

La propuesta de Jason pilló a Valeria desprevenida. Ya le costaba pensar con coherencia cuando tenía a Jason delante y esa invitación había sonado de lo más sugerente. Tampoco le dio tiempo a decir nada, Vladimir entró en el salón y dijo:

–          Tres plantas de unos 1500 m2 cada una más el jardín, es mucho más grande de lo que habíamos previsto, necesitaremos veinte hombres más.

–          El equipo de Klaus regresó anoche a la base, estarán descansados para el sábado, llámale e infórmale, quiero tener el recinto cubierto. – Le dijo Jason frunciendo el ceño.

Valeria pudo observar en primera fila cómo los ojos de Jason pasaban de un color azul a un gris borroso al mismo tiempo que fruncía el ceño. No pudo adivinar qué se le estaría pasando por la cabeza, su rostro permanecía impasible, pero Valeria percibió aquel cambio de color en su iris.

–          ¿Ocurre algo? – Preguntó Valeria preocupada.

–          No pasa nada de lo que debas preocuparte, deja esto en mis manos. – Le susurró Jason acercándose a ella.

Valeria se quedó paralizada cuando sintió de nuevo el tacto de la mano de Jason sobre su espalda. No podía encontrar una explicación razonable para ello, pero el caso era que cada vez que lo tenía cerca se sentía torpe, no podía pensar con claridad. Evitaba mirarle a los ojos porque la hipnotizaban y, pese a que le encantaba lo que sentía cuando sus cuerpos se rozaban ligeramente, Valeria tenía miedo. Lo que aquel hombre le hacía sentir habiéndolo visto tan solo en dos ocasiones era algo que nunca antes había sentido.

–          ¿Te encuentras bien, Valeria? – Le preguntó Jason haciendo que volviera en sí.

–          Sí, perdona. – Le respondió Valeria ruborizada. – Creo que tienes razón, necesito relajarme un poco. – Añadió sonriendo tímidamente.

–          Vamos, te invito a comer. – Sentenció Jason devolviéndole la sonrisa y, sin retirar su mano de la espalda de Valeria, la guio hasta donde estaba aparcado el coche.

Mientras Valeria pensaba en todo lo que Jason la hacía sentir siendo prácticamente un extraño, Jason se estrujaba la cabeza por tratar de averiguar en qué pensaba Valeria. La notaba distraída, estaba a mil años luz del coche en el que viajaban uno al lado del otro y Jason quería saber qué o quién la mantenía en ese estado. Cruzó una mirada con Vladimir por el retrovisor y, tras sostenerse la mirada durante un instante, Jason sonrió y Vladimir ladeó la cabeza con resignación. Valeria no se percató de nada, estaba concentrada pensando que no sabía nada de Jason pero se moría de ganas de saberlo todo acerca de él.

Cita 55.

“Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida.”

Albert Einstein. 

Confía en mí 2.

Confía en mí

Después de cenar, Olivia y Valeria se despidieron de los Mancini y se subieron al coche de Olivia para dirigirse a Sunbeach. Desde que empezó a salir con Brian hacía poco más de dos años y desde que la ascendieron en la editorial, Valeria fue reduciendo sus visitas a Smalltown y ya habían pasado más de tres meses desde la última visita. A pesar de la distancia, Valeria y Olivia continuaban manteniendo el contacto, pero la relación se había enfriado un poco. Por ese motivo, Valeria quería salir de copas con Olivia, quería relajarse con su mejor amiga, ponerse al día mutuamente y divertirse olvidándose de todas las responsabilidades aunque fuera solo por una noche.

–          Tienes muchas cosas que contarme, ¿quieres empezar a ponerme al día o prefieres hacerlo con una copa entre las manos? – Le preguntó Olivia a Valeria mientras conducía por la autopista dirección a Sunbeach.

–          Mejor te lo cuento con una copa entre las manos. – Le respondió Valeria divertida.

Casi una hora más tarde, ambas amigas estaban sentadas en la zona chill-out del pub de moda de la ciudad y con una copa entre las manos.

–          Ha llegado el momento, Val. – Le dijo Olivia. – Ya estás soltando por esa boquita qué ha pasado con Don Perfecto.

Olivia llamaba a Brian Don Perfecto. Había tratado poco con Brian, pero la relación de su amiga con él parecía tan sumamente perfecta que no parecía real. Olivia sabía desde el primer día que vio a Brian que él no era el hombre adecuado para Valeria, les faltaba chispa.

–          Brian no te ha gustado nunca, ¿verdad? – Quiso saber Valeria.

–          No es que Brian no me guste, es vuestra relación lo que no me gustaba. – Le confesó Olivia a su mejor amiga. – Todo era monótono, superficial y protocolario, ¡parecíais dos actores en mitad de un rodaje!

–          Supongo que tienes razón, Brian y yo nunca tuvimos esa clase de relación apasionada, todo lo planeábamos con antelación y lo hacíamos porque “tocaba”. – Comentó Valeria, consciente de que aquella relación no tenía futuro.

–          ¿Cómo rompisteis?

–          Brian planeó una velada romántica y me pidió que me casara con él, fue entonces cuando me di cuenta que eso no era lo que quería hacer con mi vida. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – No quiero una relación cómoda, quiero una relación apasionada, quiero poder discutir a gritos con mi pareja y reconciliarnos haciendo el amor salvajemente. Brian es demasiado correcto para mí. Tuve que confesarle que no estaba enamorada de él y que lo mejor era que lo dejáramos, aunque creo que aún le está costando entenderlo, cree que me he asustado y por eso he reaccionado así.

–          Y tú, ¿estás bien?

–          He tenido épocas mejores, pero supongo que no me puedo quejar. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros.

–          Lo bueno es que puedes seguir buscando a tu alma gemela y, mientras lo encuentras, pasarás un buen rato con los candidatos.

–          Tanto buscar, acabaré con el peor de todos. – Le dijo Valeria entre risas.

–          Siempre te han gustado los chicos malos. – Bromeó Olivia y ambas estallaron en carcajadas.

Más que los chicos malos, a Valeria le gustaban los tipos duros. Era algo que no podía evitar y que le ocurría desde bien jovencita. Además del físico, el poder y la determinación hacen a un hombre muy atractivo y a Valeria le gustaban los hombres directos, precisos y seguros de sí mismos. Aunque, como a casi todas las mujeres, un hombre con uniforme podía volverla loca.

–          No me puedo creer que dejaras a Brian justo en el preciso momento en el que te pidió que te casaras con él. – Comentó Olivia divertida.

–          No tiene gracia, Oli. – La regañó Valeria.

–          Para él, desde luego que no. – Se mofó de nuevo Olivia.

–          Y tú, ¿cómo llevas lo del amor?

–          Sigo sin saber lo que es, ya me conoces. – Respondió Olivia mientras se encogía de hombros. – El día que conozca a un hombre del que no me aburra después de la tercera cita, me casaré con él.

Las dos amigas continuaron charlando, bromeando y bebiendo de sus respectivas copas hasta que empezó a sonar la canción de moda del momento y ambas se dirigieron a la pista de baile dispuestas a divertirse y dejarse llevar. Hacía tiempo que no salían las dos juntas de copas y, brindis tras brindis, se achisparon bastante.

–          He tenido un déjà vu, Oli. – Le dijo Valeria cuando, agotadas de tanto bailar, regresaron a sentarse a la zona chill-out. – Es como estar de vuelta a nuestra adolescencia.

–          Yo ya no soy una adolescente, estoy mayor para salir de copas y bailar. – Se lamentó Olivia dramatizando.

Valeria y Olivia se miraron y se echaron a reír.

–          Será mejor que vayamos a dormir como las dos abuelas que somos, de lo contrario corremos el riesgo de quedarnos dormidas aquí. – Opinó Valeria sin poder dejar de reír.

Entre risas, bromas y confidencias, las dos amigas se dirigieron al apartamento de Olivia donde, tras tomarse la última copa sentadas en el sofá charlando, se fueron a dormir.

Al día siguiente no se despertaron hasta pasadas las tres de la tarde. Ambas se habían pasado con el alcohol y la consecuencia era una horrible resaca.

–          Confirmado: estoy mayor para estas cosas. – Le dijo Olivia a Valeria mientras se preparaban algo para comer. – Pero tenemos que repetirlo, hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien juntas.

–          Podemos repetirlo el viernes por la noche, no regreso a Suncity hasta el próximo domingo. – Le propuso Valeria.

–          ¡Cuenta conmigo! – Exclamó Olivia feliz y abrazó a su amiga, la había echado muchísimo de menos.

Después de comer Olivia llevó a Valeria de regreso a Smalltown y, aprovechando el viaje, Olivia también decidió quedarse unos días en casa de sus padres.

El lunes por la mañana Valeria se levantó temprano y se fue con su padre al circuito de Sunbeach para ver los entrenamientos. Frank trabajaba como ingeniero de pista y mecánico en el circuito y el lunes comenzaban los entrenamientos para el gran premio que allí se celebraría en agosto. Valeria compartía con su padre la afición por los coches y por las carreras y, siempre que podía, acudía al circuito con su padre para disfrutar de la carrera en primera línea.

–          ¿Cuándo fue la última vez que fuimos juntos al circuito? – Le preguntó Frank a su hija mientras conducía por la autopista su Audi A5 de color negro dirigiéndose al circuito de Sunbeach.

–          El verano pasado vimos juntos la última carrera de la temporada, creo que fue a finales de julio. – Comentó Valeria con tristeza y añadió: – Ha pasado ya casi un año desde entonces.

–          Cielo, ¿estás bien? Tu madre me ha dicho que has dejado a Brian porque te ha pedido que te cases con él y yo la verdad es que no entiendo nada, pero me basta si me dices que tú estás bien. – Le dijo Frank a su hija.

–          Estoy bien, papá. – Le aseguró Valeria. – Sé que últimamente he estado un poco distante, pero te prometo que eso va a cambiar.

–          Supongo que ahora puedo confesarte que Brian nunca me ha gustado para ti, es demasiado correcto y educado, tú necesitas a alguien que sea capaz de apaciguar tu temperamento, y Brian no te llevaría la contraria para ahorrarse una discusión.

Valeria se sorprendió por cómo su padre había calado su relación con Brian pese a que en dos años de relación tan solo lo había visto en un par de ocasiones. Y Frank no se había equivocado en absoluto, Valeria lo sabía, aunque se había dado cuenta un poco tarde.

Frank aparcó su coche en el parking privado para empleados del circuito y se dirigió con Valeria hacia el box principal donde todo el equipo de ingenieros y mecánicos se habían reunido. Valeria había crecido en ese circuito, allí todos la conocían y se alegraron de verla. Saludó a todos los compañeros de su padre, pero echó de menos a alguien y preguntó:

–          ¿Dónde está Mario?

Mario Colucci es el ingeniero de pista más joven que ha tenido el circuito de Sunbeach. Su padre también había sido ingeniero de pista y él había crecido en aquel circuito y había visto crecer a Valeria, la hija pequeña de su compañero y amigo Frank. A sus treinta y cinco años, Mario es un hombre soltero, las mujeres lo deseaban y su fama de mujeriego es conocida en toda la región del sur del país. Mario es muy atractivo, es alto y fuerte, tiene la piel bronceada por el sol y unos ojos negros de mirada intensa y penetrante que es su mejor arma para seducir a las féminas.

–          Mario debe estar comprobando los monitores del muro. – Le respondió Frank. – Ve a saludarlo, se llevará una gran sorpresa cuando te vea.

Valeria no se lo pensó dos veces y salió del box, cruzó el pitline y se acercó al muro dónde Mario estaba trabajando tan concentrado en los monitores que ni siquiera se percató de la presencia de Valeria que, parada a escasos metros de él, lo observaba con admiración. Ella y Mario se conocen desde que tienen uso de razón, pues ambos han crecido entre coches en el circuito de Sunbeach, y siempre han sido grandes amigos a pesar de que se llevan nueve años de diferencia. Mario se dio media vuelta y se encontró de frente con Valeria. Esbozó una sonrisa maliciosa y, acercándose a ella despacio, le preguntó bromeando:

–          La chica más sexy de la gran ciudad ha venido de visita y, ¿soy el último en enterarme?

Mario alcanzó a Valeria y la abrazó con fuerza, feliz de que su amiga se dejara ver.

–          Estabas tan concentrado que me daba apuro interrumpirte. – Le dijo Valeria. – He venido unos días de visita y no podía irme sin venir a verte.

–          Si tantas ganas tienes de verme, supongo que no podrás rechazar una invitación para salir de copas el viernes por la noche, ¿verdad?

–          Le prometí a Oli que saldríamos juntas.

–          Pues ven con ella, a mí no me importará que me vean acompañado de dos jóvenes bellezas como vosotras. – Le respondió Mario bromeando.

Continuaron charlando mientras regresaban al box donde todos los ingenieros de pista y los mecánicos se habían reunido para organizar la tanda de entrenamientos. Valeria se sentó en un rincón del box y prestó atención a todo lo que allí decían. Una vez la reunión finalizó, Mario se la llevó a la pista para dar una vuelta al circuito en uno de los coches de carrera mientras Frank se dedicaba a confirmar que todo estuviera en orden. Hablaron de trabajo, de la ruptura con Brian y de lo mucho que Valeria echaba de menos la vida en Smalltown y no se había dado cuenta hasta estos últimos días.

–          Entonces, vuelves a estar soltera después de dos años con pareja. – Comentó Mario burlonamente y añadió divertido: – Las épocas de sequía son muy duras.

–          ¡Como si tú supieras lo que es la sequía! – Se mofó Valeria.

Cuando se despidieron, Valeria le prometió a Mario que el viernes por la noche le acompañaría junto con Olivia a la inauguración del pub de su amigo.

El martes Valeria pasó la mañana con su madre, la acompañó a comprar, la ayudó a preparar la comida y ambas disfrutaron de los agradables momentos de madre e hija que tanto les gustaban y que tanto habían echado de menos las dos.

–          Cielo, ¡no sabes cuánto me gustaría que vivieras más cerca! – Le dijo Paola a su hija por enésima vez.

–          Lo sé, mamá. – Le respondió Valeria con cariño. – Pero te prometo que vendré a veros más a menudo.

El miércoles por la tarde Valeria quedó con su hermana Bianca cuando salió de trabajar. Bianca trabaja en el colegio de Smalltown donde llevaba a Lía a clase, así que a las cinco de la tarde Valeria y Bianca charlaban sentadas en un banco del parque mientras que Lía jugaba con los demás niños y niñas de su edad sin que ninguna de las dos hermanas le quitaran el ojo de encima.

–          Y dime, ¿has salido con alguien desde que lo dejaste con Brian? – Le preguntó Bianca burlonamente.

–          No he salido con nadie desde entonces, estoy muy liada con la preparación del aniversario de Editorial Love y tampoco me apetece lo más mínimo quedar con un hombre, la verdad.

–          Hace tres meses que lo dejaste con Brian, ¿no has salido con ningún hombre desde entonces? – Le preguntó Bianca incrédula.

–          Ya te he dicho que no. – Respondió Valeria molesta.

–          Cielo, tres meses sin sexo son demasiados días con sus correspondientes noches, deberías darle una alegría al cuerpo antes de que empieces a pagar tu mal humor con quien menos culpa tiene. – Le aconsejó su hermana mayor. – No te estoy diciendo que te metas en otra relación, ahora necesitas un tiempo para organizar tu vida y saber qué es lo que quieres hacer, pero eso no está reñido con salir a divertirse, tomar unas copas y, se surge la ocasión, disfrutar de una noche loca con un absoluto desconocido.

–          Deberías dejar de ver sexo en Nueva York. – Se mofó Valeria. Bianca la miró con reproche y Valeria añadió: – Estoy bien, no necesito ninguna noche loca con ningún desconocido, pero no te preocupes, si surge la ocasión no la desaprovecharé.

Valeria nunca había sido de las que se acostaban con un hombre en la primera cita y mucho menos si el hombre en cuestión era un absoluto desconocido. Por supuesto, le atraía el buen físico en un hombre, como a todo el mundo, pero Valeria consideraba muy íntimo el hecho de meterse en la cama con un hombre y siempre había necesitado conocerlos un poco más y decidir si realmente le interesaba.

–          Disfruta de tu soltería, Val. – Le aconsejó su hermana. – Y no escojas a tu hombre porque creas que te vaya a dar una buena vida y te vaya a cuidar, escoge a un hombre que te haga sentir viva, un hombre que te mire con pasión y te desee, porque ese será el único hombre que podrá hacerte feliz.

–          No necesito ningún hombre para ser feliz, Bianca. – Le replicó Valeria a su hermana un tanto molesta.

–          No te estoy diciendo que necesites a un hombre para ser feliz, te estoy diciendo que si quieres ser feliz con un hombre solo hay un tipo de hombre que con el que podrás serlo, Valeria. – Sentenció Bianca confundiendo todavía más a Valeria.

–          Da igual, por el momento, nada de hombres. – Sentenció Valeria.

Ambas hermanas resoplaron, las dos se querían mucho, pero a veces no llegaban a entenderse demasiado bien.

–          Tita Val, mi amiga Kim dice que no vas a venir a mi cumple. – Le dijo la pequeña Lía parada frente a ella y con el ceño fruncido. – ¿A que sí vas a venir, tita Val?

–          Cariño, todavía falta más de un mes para tu cumpleaños. – Trató de calmarla Bianca intentando sin éxito ocultar la risa.

–          Pues claro que iré a tu cumple, princesa. – Le aseguró Valeria a su única sobrina, a la cual adora. – Y te voy hacer un regalo que te va a encantar, ya lo verás.

–          ¿Me lo prometes? – Preguntó Lía.

–          Te lo prometo, princesa. – Le prometió Valeria. Lía regresó con su amiga Kim y continuaron jugando. Valeria observó a su sobrina durante unos minutos y después le dijo a Bianca: – Lía crece muy rápido, parece que fue ayer cuando empezaba a andar y ahora habla por los codos.

–          En los dos últimos años apenas has venido cuatro o cinco veces de visita. – Comentó Bianca sin reproche en su voz. – Lía te adora, siempre pregunta por ti y presume de tita, ella también te echa mucho de menos, Val.

–          Te prometo que voy a venir más a menudo, Bianca. – Le aseguró Valeria a su hermana al mismo tiempo que la abrazaba. – Yo también os he echado mucho de menos a todos.

El jueves Valeria lo dedicó a ir de compras con Olivia a Sunbeach y ambas se compraron un precioso vestido para la fiesta de inauguración del pub del amigo de Mario. Mario les había dicho a las chicas que se trataba de un pub muy exclusivo y ellas querían estar perfectas para la ocasión.

Durante toda la semana, Valeria había telefoneado a su asistente Nadia para que la mantuviera al corriente de cómo iban las cosas por la oficina, pero Nadia le respondía todos los días lo mismo: tenía órdenes directas de Grace y Charles Stuart de no decirle absolutamente nada. Y el viernes cuando llamó de nuevo a Nadia, Valeria obtuvo la misma respuesta, así que decidió olvidarse de todo lo que tuviera que ver con el trabajo y disfrutar de la estupenda noche que tenía por delante con Olivia y Mario.

Los tres amigos cenaron con los padres de Valeria en la casa del matrimonio y después de cenar se dirigieron juntos a Sunbeach. Mario condujo hasta llegar a la avenida principal de Sunbeach, donde aparcó en el parking privado de un edificio de tres plantas con un cartel enorme con la palabra “Lovers” en neón rosa escrita en la fachada.

–          Está lleno de cochazos. – Opinó Olivia echando un vistazo al parquin.

–          Es un pub privado bastante exclusivo, aquí no puede entrar cualquiera. – Le contestó Mario. – Chicas, vamos a entrar. He quedado con un amigo y debe estar esperándonos dentro.

Caminaron hacia a la puerta principal del edificio, donde dos tipos de seguridad con traje negro les pidieron los nombres.

–          Olivia Verino, Valeria Mancini y Mario Colucci. – Le dijo Mario.

Tras comprobar sus nombres en la lista de invitados, uno de los tipos de seguridad les dijo abriendo la puerta:

–          Pueden pasar.

Nada más traspasar el umbral de aquella puerta, Valeria se dio cuenta de que aquel pub no era un pub normal y corriente y no solo por el alto nivel económico de los clientes que allí había, era un lugar bastante peculiar. La primera planta es una amplia estancia que está escasamente iluminada con una tenue luz roja, convirtiendo la estancia en un lugar bastante oscuro y sugerente. Al lado izquierdo hay una barra de bar un poco más iluminada, con taburetes de cuero blanco a juego con la barra de bar y las estanterías para las botellas que hay en la pared. Al lado derecho está la zona chill-out, una zona de relax llena de camas con dosel, sofás, pufs y mesitas bajas. Y en el centro del local estaba la pista de baile, donde las parejas bailaban acarameladas mientras sonaba una lenta balada de lo más sugerente. Todavía era temprano pero el lugar ya estaba lleno de gente, Mario tuvo que abrir paso entre la multitud para guiar a las chicas hacia a la barra y pedir unas copas.

–          No es un pub normal, ¿verdad? – Le preguntó Valeria a Mario.

–          Ya te he dicho que es un pub muy exclusivo. – Le respondió Mario sonriendo maliciosamente.

–          ¿Es un club de intercambio de parejas? – Se aventuró a preguntar Valeria.

–          No exactamente. – Contestó Mario divertido. – El local tiene tres plantas, esta de aquí y dos más. Esta es la primera planta, que es el pub, un lugar donde tomar una copa, charlar y bailar. En la segunda planta está la zona VIP, donde están los reservados de estilo chill-out y cuentan con camarero exclusivo. Y en la tercera planta están las habitaciones, que se alquilan un mínimo de dos horas.

–          Supongo que eso justifica el nombre del local. – Le dijo Valeria encogiéndose de hombros.

–          Pero, ¿habrán algunas normas, no? – Preguntó Olivia interesada en el Lovers.

–          Normas básicas de convivencia y respeto. – Le respondió Mario. – En la primera planta puedes hacer lo que quieras siempre que lleves la ropa puesta, pero si quieres sexo tienes que subir a un reservado o a una habitación. Siempre y cuando se mantenga el respeto hacia a los demás, no hay ningún problema.

–          Esto es lo que vulgarmente se conoce como un picadero, ¡me encanta! – Exclamó Olivia excitada por estar en ese lugar.

Mario pidió tres copas al camarero, que vestía de blanco impoluto, y los tres brindaron por la magnífica noche que tenían por delante. Pocos minutos después, Ethan Gumers, el propietario del local y amigo de Mario, se acercó hasta a su amigo para saludarlo.

–          Mario, me alegra que hayas podido venir y tan bien acompañado. – Lo saludó Ethan guiñándoles un ojo a las chicas.

–          Cuidado con ellas que son como mis hermanas. – Le advirtió Mario y añadió más relajado: – Te presento a Olivia y Valeria. – Se volvió hacia las chicas y les dijo con una sonrisa maliciosa en los labios: – Chicas, él es Ethan Gumers, el propietario del Lovers.

Ethan Gumers es un hombre de treinta y nueve años, uno de los solteros de oro de la ciudad de Sunbeach. Su pelo rubio, su sonrisa traviesa y sus ojos azules lo hacían resultar muy atractivo y allí a dónde iba los hombres y las mujeres se volvían para mirarlo. Es un hombre muy educado y simpático que le hacen resultar muy carismático. También es conocido por su fama de mujeriego, pues las relaciones no suelen durarle más de un par de meses.

Ethan les besó la mano a las dos amigas a modo de saludo y les dijo sonriendo:

–          Encantado de conocerlas, señoritas. Espero que disfruten de la inauguración y espero que se diviertan tanto como para que quieran regresar. – Ethan le estrechó la mano a su amigo y se despidió por el momento: – Tengo que saludar a algunos invitados, te veo luego por aquí. Un placer, señoritas. – Se despidió también de las chicas.

Poco después de que Ethan se alejara para saludar al resto de invitados como el perfecto anfitrión que era, apareció Álex Dinoso, el amigo con el que Mario había quedado. Álex es un hombre de treinta y cinco años, iba a clase con Mario en el colegio de Sunbeach y desde entonces son muy buenos amigos. Tiene el pelo castaño oscuro, los ojos marrones y unos labios carnosos muy sugerentes que incitan a ser besados. Es amable, simpático, divertido y muy atractivo, pero insiste en ser un eterno soltero, le gusta demasiado la vida que tiene y no quiere cambiarla. Valeria había oído hablar de él muchas veces, pero nunca había llegado a coincidir con él.

–          ¿Qué tal, Mario? – Lo saludó Álex abrazando brevemente a Mario.

–          No tan bien cómo tú, colega. – Le respondió Mario. Ambos intercambiaron un par de bromas sobre el otro y después Mario añadió – Álex, ellas son Valeria Mancini y Olivia Verino, dos buenas amigas.

–          Encantado de conocerlas, señoritas. – Las saludó Álex plantándoles a cada una un par de besos en la mejilla. – ¿Qué hacen dos chicas guapas como vosotras en un sitio como este? ¿Saben vuestros novios que habéis venido? – Bromeó Álex.

–          No tenemos novio y, aunque lo tuviéramos, tampoco tendríamos que pedirle permiso para ir a ninguna parte. – Le respondió Olivia coqueta, guiñándole el ojo y mostrando su sonrisa más seductora.

Los cuatro se acomodaron en los taburetes frente a la barra y Mario pidió otra ronda de bebidas al camarero. Entre trago y trago, los cuatro charlaron alegremente, bailaron cuando la música empezó a ser más animada y se divirtieron más de lo que en un principio habían pensado que podrían divertirse. Valeria estaba bailando con Olivia en mitad de la pista cuando Álex se acercó a ellas y, viendo la complicidad que existía entre Álex y su amiga Olivia, decidió apartarse de ellos con discreción y se dirigió hacia el baño, situado al fondo de la amplia estancia. Apenas le faltaban un par de metros para llegar hasta a la puerta del baño de mujeres cuando un hombre le bloqueó el paso con descaro y, mostrándole una sonrisa que a Valeria no le auguró nada bueno, el tipo acercó su boca al oído de Valeria y le susurró:

–          ¿Has venido sola, preciosa?

Valeria se lo quedó mirando durante una milésima de segundo. Era un tipo muy atractivo, como todos los invitados, que parecían sacados de una agencia de modelos. Debía rondar los treinta y cinco años, más o menos. Sus ojos pequeños, rasgados  y de color ámbar le daban un aire exótico que incrementaba su atractivo, pero había algo en él que a Valeria no le inspiraba confianza.

–          No creo que eso sea asunto tuyo. – Le respondió Valeria de malos modos al mismo tiempo que se apartaba de él para continuar su camino.

–          Vamos preciosa, estoy seguro de que juntos nos podemos divertir mucho. – Insistió el tipo al ver que Valeria quería alejarse de él. – Discúlpame, he sido un grosero. Mi nombre es Anthony Spencer, ¿y usted es…?

–          Valeria Mancini. – Le respondió Valeria estrechándole la mano con desgana.

A Valeria no le gustó el tacto de la mano de aquel hombre, tenía la mano áspera y fría como el hielo, tan fría que un escalofrío recorrió su cuerpo.

–          Un placer conocerla, señorita Mancini. – Le contestó Anthony fingiendo no darse cuenta de lo molesta que estaba Valeria. – ¿Qué te parece si, para compensarte esta intromisión, te invito a una copa?

–          Otro día, hoy he venido acompañada. – Le contestó Valeria para quitárselo de encima sin parecer más descortés de lo que estaba siendo. – Ya nos veremos.

Valeria le dedicó una fingida sonrisa y se encaminó a la seguridad del baño de mujeres, donde Anthony no la seguiría.

Jason Smith había visto a Valeria en cuanto puso un pie en el local acompañada por Mario Colucci y otra chica a la que tampoco conocía y desde entonces no le había quitado el ojo de encima. Poco rato después se les unió Álex, quién claramente estaba interesado en la otra chica, con la que ahora bailaba en el centro de la pista. Al principio, Jason pensó que podría tratarse de la nueva conquista de Mario, pero al observarlos durante toda la noche y ver que se trataban con bastante familiaridad, había descartado la idea. Si Mario hubiera tenido hermanas, hubiera pensado que sería su hermana, pero Jason sabía que Mario era hijo único.

Jason se había obsesionado con Valeria desde que la vio entrar por la puerta del Lovers, no podía dejar de mirarla y sonreía cuando la veía sonreír por lo que, aprovechando que ella estaba en el baño y Álex estaba bailando con la otra chica, Jason se acercó a saludar a Mario. No le había gustado en absoluto que el capullo de Spencer se le hubiera acercado y estaba dispuesto a cualquier cosa para evitar que se volviera a acercar a ella.

Él y Mario nunca habían sido grandes amigos, pero se conocían desde el instituto y habían pasado muchos años desde entonces. Al vivir en la misma ciudad, coincidían constantemente y se saludaban con cordialidad y educación, eran esa clase de amigos que se conocen desde que se tiene uso de razón y con el que, a pesar de no tener una estrecha relación, se le tiene en gran estima.

–          Mario, ¿qué haces tan solo en un lugar como este? ¿Es que has sentado la cabeza? – Le saludó Jason divertido.

Se estrecharon la mano, se dieron un breve abrazo con palmada en la espalda incluida y Mario, haciéndole un gesto para que se sentara en el taburete que había junto a él, le respondió:

–          Estoy con Álex y dos amigas.

–          Entonces, estás de caza. – Comentó Jason tratando de averiguar qué relación tenía con esa chica de la que ni siquiera sabía el nombre.

–          Yo siempre estoy de caza, ya me conoces. – Bromeó Mario. – Pero esta noche tengo otras prioridades.

–          ¿Otras prioridades? Te me estás haciendo mayor, amigo. – Bromeó Jason.

Valeria salió del baño y se dirigió hacia a la barra donde estaba Mario, tratando de esconderse de Anthony Spencer entre la gente que bailaba. Cuando llegó hasta a Mario, lo encontró sentado de espaldas hablando con un hombre. Los observó a escasos tres metros de distancia sin querer interrumpirles y se dedicó a observarlos durante un instante. Mario estaba relajado y bromeaba, así que Valeria intuyó que se trataba de otro de sus amigos. Valeria se fijó en el hombre que lo acompañaba, también parecía estar relajado y sentirse cómodo. A pesar de estar sentado en el taburete de la barra, Valeria pudo percatarse de que era un hombre alto y fuerte, de los que van al gimnasio a diario y les gusta mantenerse en forma. Tenía el pelo muy corto, pero aún y así pudo ver que era de un color castaño claro. Desde donde estaba no podía verle el color de los ojos, pero estaba segura de que eran de un color claro. Se acercó hasta llegar junto a ellos y pudo observarlo más de cerca, era muy atractivo. Se fijó en sus preciosos ojos, pero no supo adivinar si eran azules o grises.

–          Valeria, justo estábamos hablando de ti. – Le dijo Mario agarrándola por la cintura y pegándola a su lado. Se volvió hacia a Jason y añadió con tono de advertencia: – Jason, esta es mi amiga Valeria, es como una hermana pequeña para mí.

–          Encantado de conocerte, Valeria. – La saludó Jason plantándole un beso en la mejilla y aprovechando la ocasión para deleitarse con su aroma a jazmín. – Soy Jason, un amigo de Mario.

Valeria tuvo que esforzarse en no devorarlo con la mirada cuando se acercó a saludarla y la besó en la mejilla. Todo su cuerpo se había rendido ante su contacto y notó como el rubor se instaló en sus mejillas.

–          Encantada, Jason. – Fue lo único que Valeria fue capaz de decir.

–          Parece que Oli y Álex se lo están pasando muy bien, ¿no crees? – Le preguntó Mario a Valeria mientras miraba hacia a la pista de baile.

–          Si se lo lleva a casa, esta noche me quedo a dormir contigo. – Le contestó Valeria que se negaba a dormir en la habitación contigua a la de su amiga y oírla gemir con Álex toda la noche.

–          ¿Soy tu segundo plato? – Bromeó Mario haciéndose el ofendido.

Justo en ese momento se unieron a ellos Álex y Olivia y Valeria se apresuró en cambiar de conversación:

–          ¿Pedimos otra ronda?

Todos asintieron y Mario se encargó de llamar al camarero para que les sirviera otra ronda de bebidas. Durante un par de horas, los cinco continuaron bebiendo, bailando y charlando entre bromas. Jason se quedó con ellos y no perdió de vista a Valeria ni un solo segundo, pero se quedó charlando con Mario cuando ella se dirigió de nuevo a la pista de baile. Mario había ido al baño cuando Valeria se encontró de nuevo con Anthony Spencer en la pista de baile. Jason, que no había dejado de observarla, se acercó a ella en cuanto vio que Spencer se acercaba y trataba de bailar con ella. La agarró de la cintura y le susurró al oído:

–          ¿Va todo bien, Valeria?

Valeria le abrazó, le dedicó una amplia sonrisa y le respondió:

–          Tengo sed, ¿me acompañas a pedir una copa a la barra?

Jason asintió con gesto serio y, antes de dar media vuelta y marcharse con Valeria, le dedicó una mirada de advertencia a Spencer para que no se acercara a ella.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason preocupado.

–          Sí, gracias. – Le respondió Valeria avergonzada, sintiéndose como si fuera una niña pequeña. – Lo siento, ese tipo me ha entrado antes cuando iba al baño y no me da muy buena espina.

–          Mantente alejada de Spencer, no te conviene. – Le aconsejó Jason con gesto serio.

Valeria asintió, no tenía la menor intención de acercarse a Anthony Spencer. Cuando Mario regresó del baño y vio las caras largas de Valeria y Jason, Valeria le contó lo ocurrido y Mario decidió dar la noche por finalizada. Se despidió de Álex y Jason, dejó que las chicas también se despidieran de ellos, y las llevó al apartamento de Olivia, donde quedó en ir a buscarlas al día siguiente.

Confía en mí 1.

Confía en mí

Eran las ocho de la tarde de un viernes y Valeria Mancini todavía estaba en su despacho trabajando. Tan solo quedaban un par de meses para que se celebrase el vigésimo quinto aniversario de Editorial Love, la editorial donde trabajaba.

Valeria se había licenciado en literatura en la Universidad de Suncity, una de las universidades más prestigiosas del mundo, situada en la ciudad de Suncity, la capital del país. Durante el último año de carrera, cursó las prácticas en la Editorial Love y, una vez licenciada, la editora jefe estaba tan encantada con ella que la contrató como su asistente. Dos años más tarde, Valeria ascendió a editora y su carrera profesional despegó, pero su vida social empezó a caer  empicado. Aun y así, Valeria adoraba su trabajo y no lo cambiaba por nada.

–          ¿Todavía estás aquí? – Le preguntó Grace Stuart asomando la cabeza por la puerta de su despacho. – Deberías haberte marchado a casa hace horas, es viernes por la noche y la gente de tu edad sale a divertirse.

Grace Stuart es la editora jefe de Editorial Love y también es la esposa de Charles Stuart, el fundador, presidente y director general de Editorial Love.

A sus cincuenta años, Grace es una mujer más moderna y abierta de mente que cuando tenía veinte. Viste a la moda, es alegre y muy divertida, aunque tiene fama de dura. Es alta y esbelta, lleva el pelo corto por encima de los hombros y de color rojo intenso. Sus ojos son grandes y de color miel.

Los Stuart llevaban veintisiete años casados y seguían igual de enamorados que el primer día. El matrimonio siente una especial predilección por Valeria y siempre la han apoyado y ayudado como si de su propia hija se tratara.

–          Solo faltan dos meses para la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love y quiero que todo salga perfecto. – Se excusó Valeria.

–          Yo también quiero que todo salga perfecto, por eso quiero que descanses para que estés al 100% ese día. – Le replicó Grace con su tono de voz más dulce. – Quiero que te cojas la semana que viene de vacaciones y desconectes de todo, también deberías aprovechar e ir a ver a tu familia, hace meses que no vas a verlos.

–          Estoy bien, Grace.

–          La semana que viene te vas de vacaciones y no es discutible. – Sentenció Grace sin darle a Valeria opción a réplica. – Llámame el lunes desde Smalltown o Charles y yo nos enfadaremos contigo.

–          ¿Me obligas a irme de vacaciones? – Protestó Valeria.

–          Cielo, a la gente normal no hay que obligarla a irse de vacaciones. – Opinó Grace al mismo tiempo que le daba un beso en la mejilla y después se despidió: – Es hora de marcharse a casa, aprovecha estos días y desconecta de todo esto.

Charles Stuart es un hombre con cara de bonachón, con el pelo cano y una sonrisa permanente en los labios. Está un poco entrado en carnes, pero su salud no podría ser mejor a sus cincuenta años. Sus ojos color café y su dulce mirada hacen de él un hombre carismático y muy querido en la sociedad.

Charles fue en busca de su esposa para marcharse a casa con ella y la encontró charlando con Valeria en su despacho.

–          Muchacha, ¿todavía estás aquí? – Le preguntó Charles a Valeria al darse cuenta de que la muchacha todavía seguía trabajando. Se acercó a su esposa, la rodeó con sus brazos por la cintura y añadió: – Esta chica trabaja demasiado.

–          Sí, pero ya se va a casa y se tomará la semana que viene de vacaciones. – Le contestó Grace a su marido.

–          Grace me obliga a marcharme de vacaciones. – Protestó de nuevo Valeria.

–          Pues hace bien, unos días fuera de la ciudad te sentarán bien. – Dijo Charles, que opinaba lo mismo que su esposa.

–          Está bien, ya me echaréis de menos cuando no esté. – Se resignó Valeria sabiendo que no va a ganar esa batalla.

Tras despedirse de Grace y Charles Stuart, Valeria decidió enviarle un e-mail a Nadia, su asistente, informándole que estaría de vacaciones la próxima semana y pidiéndole que aplazara todas sus citas y reuniones. Una vez enviada toda la información a Nadia, recogió su maletín con el ordenador portátil y los manuscritos, cogió su bolso y se marchó a casa.

Valeria sabía que Grace tenía razón, debería desconectar del trabajo unos días e ir a ver a su familia. Hacía tres meses que no iba a Smalltown, justo desde antes de romper con Brian, y su familia estaba preocupada. Les había dado la noticia por teléfono a su familia y amigos y, tras asegurarles que estaba bien, se centró en su trabajo. Lo cierto es que la ruptura con Brian no le había afectado, su relación ya estaba acabada, pero tuvo la mala suerte de darse cuenta justo en el preciso momento en el que Brian le propuso matrimonio. Su mejor amiga Olivia siempre le decía que en Brian había encontrado la comodidad, pero no estaba enamorada de él, y Olivia tenía razón. Cuando Brian le propuso matrimonio, Valeria comprendió que no quería pasar el resto de su vida junto a alguien por comodidad. Quería a Brian, pero no estaba enamorada de él y no podía continuar con aquella falsa relación. El pobre Brian no entendió nada. Al principio creyó que Valeria simplemente se había asustado, que necesitaba tiempo para asimilarlo, pero conforme fueron pasando los días y ella se seguía manteniendo en su postura, a Brian no le había quedado más remedio que respetar su decisión y confiar en que Valeria cambiaría de opinión. Pero ya habían pasado tres meses y Valeria tenía más claro que nunca que no iba a volver con él.

Llegó a casa, se dio una ducha, preparó una ensalada para cenar y cogió su portátil dispuesta a comprar un billete de avión, había llegado el momento de regresar a Smalltown y contestar las incesantes preguntas a las que todo el mundo la sometería. No le había contado a nadie por qué había roto su relación con Brian y por supuesto tampoco había dicho que le había propuesto matrimonio. Sabía que no se había comportado bien con Brian, él la quería y siempre la había tratado como a una reina, a pesar de que ella siempre le daba prioridad a su trabajo. Tenían una buena relación, pero no era la relación romántica y apasionada que ella anhelaba, más bien eran como dos amigos que también disfrutaban juntos del buen sexo, pero eso no era suficiente, al menos no para Valeria.

Es sábado a las 15 horas Valeria aterrizó en el aeropuerto de Sunbeach, la segunda ciudad más importante del país después de Suncity. Sunbeach está situada al sur del país, a unos cincuenta kilómetros de Smalltown, el pueblo natal de Valeria. Podría haberle pedido a su padre que viniera a buscarla al aeropuerto, pero prefirió alquilar un coche y darles una sorpresa a sus padres.

Valeria aparcó frente a la casa de sus padres, se bajó del coche y entró en la propiedad cruzando por la puerta abierta de la verja que rodeaba el jardín. Sus padres viven en una preciosa casa de estilo victoriano con garaje independiente y un precioso jardín. La casa tiene cinco habitaciones: la habitación del matrimonio Mancini, las dos habitaciones de sus hijas aunque hace años que no viven en su casa, un estudio que Frank utiliza de despacho y una habitación de invitados. También cuenta con dos baños, un aseo, una amplia cocina americana y un elegante salón.

No le había dado tiempo ni de llegar a subir las escaleras del porche cuando Paola Mancini, la madre de Valeria, apareció tras abrirse la puerta principal y la recibió con un fuerte abrazo.

Paola Mancini es una mujer no muy alta, casi de la misma estatura que su hija, y también es de complexión delgada. Su cabello es castaño claro y sus ojos son del mismo color verde turquesa que los ojos de Valeria. Es de carácter alegre y cariñoso, sobre todo con sus dos hijas. Es madre, pero también amiga de sus hijas, Paola siempre ha presumido de poder hablar con sus hijas de cualquier cosa sin que ellas se sientan incómodas.

–          Cielo, cuánto me alegro de que estés aquí. – Le dijo Paola sin dejar de abrazar a su hija, que tan preocupada la tenía últimamente. – ¿Cómo estás? Te veo más delgada. ¿Comes bien?

–          Estoy bien, mamá. – Le aseguró Valeria. – Y no estoy más delgada, peso lo mismo que siempre.

–          ¿Has venido para quedarte unos días? – Preguntó Paola.

–          Sí, Grace me ha obligado a tomarme una semana de vacaciones y he pensado en daros una sorpresa y haceros una visita. – Le respondió Valeria.

–          Grace ha hecho bien, de lo contrario seguirías pasando día y noche encerrada en ese despacho. Justo esta mañana tu padre y yo hablábamos de ir a visitarte el próximo fin de semana, nos tienes un poco preocupados.

–          Estoy bien, mamá. – Le aseguró Valeria de nuevo.

–          Esa es una de las cosas que más me preocupa, hija. – Le confesó Paola al mismo tiempo que guiaba a su hija al interior de la casa. – Llevabas saliendo con Brian dos años, lo normal es que hubieras llorado o que te hubieras soltado la melena durante algunas semanas, pero encerrarte en tu despacho y dedicarte solo a tu trabajo no es una reacción sana, cielo. – Sacó un par de cervezas de la nevera y le ofreció una su hija mientras continuaba hablando. – Si te soy sincera, no creo que Brian sea el hombre de tu vida, él es demasiado tranquilo y superficial, tú necesitas a alguien con carácter, alguien que comparta tu manera de ver el mundo.

–          Pensaba que nuestra relación iba bien, creía que me sentía feliz, mamá. – Empezó a decir Valeria. – Me invitó a cenar un restaurante elegante, paseamos por el casco antiguo de la ciudad y, a orillas del río, me pidió que me casara con él. – Valeria resopló y dio un largo trago a su cerveza antes de continuar. – Entonces me di cuenta de que no estaba enamorada de Brian, entre nosotros no hay esa atracción ni esa chispa que te hacen sentirte viva. Con él simplemente me sentía cómoda, pero nada más. Sé que debí darme cuenta mucho antes de llegar a esa situación, pero ya sabes que soy un desastre.

–          Cielo, no eres ningún desastre. – Le aseguró Paola a su hija mientras la abrazaba con ternura. – En algún lugar está esperándote tu príncipe azul, cariño.

–          No creo en príncipes azules, mamá. El amor no está hecho para mí.

–          Cambiarás de opinión cuando conozcas a tu hombre.

Valeria no quiso replicarle a su madre, pero tenía muchas dudas de que en algún lugar hubiera un hombre perfecto para ella. Así que optó por cambiar de tema:

–          ¿Dónde está papá?

Frank Mancini es un hombre familiar que adora su esposa y a sus dos hijas. Siempre ha sentido una especial predilección por Valeria, su hija pequeña, que ha sacado la belleza de su madre pero el carácter de su padre. Se conserva muy bien a sus cincuenta y cinco años, es un hombre tranquilo y de pocas palabras. Su mirada felina y sus ojos verdes lo hacen muy atractivo, pero también es un hombre de carácter.

–          Tu padre está en el circuito, el lunes empiezan los entrenamientos y ha querido ir a supervisar que todo esté bien, ya lo conoces. – Le respondió Paola resignada.

Y Valeria conocía muy bien a su padre, él era tan perfeccionista como lo era ella y entendía perfectamente que quisiera comprobar con sus propios ojos que todo vaya a estar listo para el lunes que empezaban los entrenamientos.

–          Tu hermana vendrá más tarde a traer a Lía, ella y Steve van a cenar con unos amigos y Lía se quedará a dormir en casa. – La informó Paola.

–          Voy a coger las maletas del coche y a instalarme y te ayudo a preparar la cena. – Le dijo Valeria a su madre sin opción a réplica.

Tras instalarse en la habitación, Valeria decide llamar a su mejor amiga Olivia, a quien lleva más de tres meses sin ver. Le debía muchas explicaciones y también la echaba mucho de menos, últimamente se habían distanciado un poco debido al hermetismo de Valeria en cuanto sacaban el tema de la ruptura con Brian.

–          ¡Val, justo en este momento estaba pensando en ti! – Le respondió Olivia nada más descolgar. – Te echo de menos, Val.

–          Yo también a ti, Oli. – Le contestó Valeria. – Por eso te llamo, ¿qué te parece si esta noche nos vamos de copas?

–          ¿Estás en Smalltown? – Preguntó Olivia incrédula.

–          Acabo de llegar a casa de mis padres. ¿Vienes a cenar?

–          Por supuesto que voy, ¡estoy deseando verte!

–          Pues nos vemos sobre las nueve, no llegues tarde.

Valeria se despidió de Olivia y acudió a la cocina para ayudar a su madre a preparar la cena como le había prometido. Paola se alegró de que Valeria hubiera invitado a cenar a Olivia, habían sido amigas desde pequeñas pero en los últimos meses se habían distanciado y esta cena podría ser un buen momento para volver a unirse.

Frank Mancini, tras comprobar que todo fuera según lo previsto en el circuito, decidió regresar a casa. Es un hombre trabajador, ingeniero de pista y mecánico en el circuito de automovilismo de Sunbeach y también posee un taller en Smalltown al que dedica su tiempo cuando no hay carreras en el circuito. Pero también es un hombre familiar que adora su esposa y a sus dos hijas. Siempre ha sentido una especial predilección por Valeria, su hija pequeña, que ha sacado la belleza de su madre pero el carácter de su padre. Se conserva muy bien a sus cincuenta y cinco años, es un hombre tranquilo y de pocas palabras. Su mirada felina y sus ojos verdes lo hacen muy atractivo, pero también es un hombre de carácter.

–          Cariño, ya estoy en casa. – Anunció Frank nada más traspasar el umbral.

–          Estamos en la cocina, cariño. – Respondió Paola alegremente.

Frank se dirigió hacia a la cocina, de dónde provenía la voz de su esposa, y allí se encontró a Paola con Valeria, su hija menor.

–          ¡Val, qué alegría verte! – La saludó Frank estrechándola entre sus brazos. La dejó en el suelo y la separó un poco de él para mirarla de arriba abajo y comprobar con sus propios ojos que su hija estaba en perfecto estado y, tras confirmarlo, añadió: – Tu madre y yo habíamos pensado en ir a visitarte a Suncity, estábamos empezando a preocuparnos, pequeña.

–          He estado bastante liada con el trabajo últimamente, en un par de semana celebramos el veinticinco aniversario de Editorial Love. – Le respondió Valeria eludiendo el tema que su padre amenazaba con sacar a la luz de nuevo. – Por cierto, necesito que me confirméis si vais a asistir.

–          Cielo nosotros ya estamos mayores para fiestas nocturnas. – Protestó Frank al que no le gustaban nada las fiestas multitudinarias.

–          Pues claro que asistiremos. – Le aseguró Paola a su hija haciendo que su marido rodase los ojos con resignación mientras que Paola añadía emocionada: – Recibimos la invitación hace un par de semanas, va a ser una fiesta por todo lo alto.

El timbre de la puerta sonó y Valeria fue a abrir. En el porche se encontró con su mejor amiga Olivia y, tras mirarse a los ojos, ambas se fundieron en un abrazo. Olivia es una chica morena, de ojos castaños y pícara sonrisa; de mediana estatura y complexión delgada. Atractiva, divertida, alocada y sin pelos en la lengua, Olivia es una mujer de armas tomar que vive el momento como si fuera el último.

–          Necesitaba uno de tus abrazos, te he echado mucho de menos. – Le confesó Olivia.

–          Yo también a ti, Oli. – Le aseguró Valeria feliz de estar de nuevo junto a su mejor amiga.

Las dos amigas entraron en la casa y se enfrascaron en una eterna conversación que fue interrumpida cuando el timbre volvió a sonar.

–          Ya voy yo. – Dijo Valeria que era la que estaba más cerca de la puerta.

Valeria abrió la puerta y se encontró a su hermana Bianca, su cuñado Steve y su sobrina Lía, que formaban una preciosa estampa familiar. Lía se le echó a los brazos nada más abrir la puerta.

–          ¡Tita Val! – Gritó la pequeña mientras abrazaba a su tía Valeria.

Valeria abrazo con fuerza a su sobrina Lía, una pequeña de tres años, de pelo rubio y de ojos azules. Es muy parlanchina y curiosa, todo un terremoto y con una energía inagotable. Bianca, la hermana mayor de Valeria, también se unió a ese abrazo, feliz de ver a su hermana pequeña de vuelta en casa. Bianca es dulce, cariñosa y protectora como su madre. Es una mujer responsable, que adora a su familia por encima de todo y con un corazón enorme. Tiene el pelo castaño claro y los ojos del mismo color verde que los ojos de Frank.

–          ¡Te he echado de menos, Val! – Exclamó Bianca sin dejar de abrazar a su hermana pequeña.

–          ¡Menuda sorpresa! – Exclamó Steve Robson, el marido de Bianca. – ¿Qué hace por aquí mi cuñada favorita?

–          Soy la única cuñada que tienes, te guste o no soy tu favorita. – Le respondió Valeria a modo de saludo y también abrazó a su cuñado.

Steve es un buen hombre que adora a su familia por encima de todo. Es cariñoso, divertido, trabajado y tiene mucho sentido del humor. A sus treinta años, es alto, musculoso y muy atractivo. Tiene el pelo de color castaño claro, los ojos azules y una nariz aguileña que le da personalidad. Steve y Valeria siempre se han llevado muy bien y son buenos amigos, ambos se adoran.

–          ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? – Preguntó Bianca sabiendo que su hermana estaba en Smalltown de paso.

–          Estaré por aquí una semana. – Le respondió Valeria. – Por cierto, ¿vendréis al aniversario de la editorial?

–          No podemos, Val. Lía es demasiado diablilla para dejarla todo un fin de semana, no dejaría de llorar y volvería loca a la niñera. – Se lamentó Bianca. – Pero te llamo mañana por la tarde y quedamos, tenemos muchas cosas de las que hablar.

Steve y Bianca saludaron a Frank, Paola y Olivia y, tras dar todas las indicaciones para cuidar de Lía, se marcharon a cenar con unos amigos dejando a la pequeña en casa de los abuelos.

Paola se encargó de dormir a su nieta mientras Frank se daba una ducha y Valeria y Olivia prepararon la mesa para cenar.

A las nueve en punto de la noche, los Mancini se sentaron a la mesa para cenar con su hija Valeria y con su mejor amiga Olivia, a quien conocían desde que nació y a quien consideraban una más de la familia.

–          ¿Tenéis pensado salir esta noche? – Preguntó Paola mientras cenaban.

–          Iremos a Sunbeach a tomar unas copas y nos quedaremos a dormir en el apartamento de Oli. – Le contestó Valeria. – Regresaré mañana por la tarde y me quedaré aquí el resto de la semana con vosotros.

Paola y Frank intercambiaron una mirada, que su hija quisiera salir de copas con Olivia era una buena señal y ambos se alegraron.

Confía en mí.

Confía en mí

Tras la proposición de matrimonio de Brian, Valeria se da cuenta que él no es el hombre con quien desea pasar el resto de su vida y decide poner fin a la relación. Se vuelca en su trabajo y apenas da explicaciones a su familia sobre la repentina ruptura, hecho que les preocupa a todos, incluso a los Stuart, sus jefes.

Tras ser obligada a tomarse una semana de vacaciones, Valeria viaja a Smalltown con la intención de visitar a su familia y amigos. Allí conoce a Jason Smith, un hombre once años mayor que ella, con fama de mujeriego y mirada intensa por el que se siente mucho más que atraída.

Tras una semana de vacaciones, Valeria regresa a Suncity y descubre que Jason es el director de la nueva empresa de seguridad que ha contratado la editorial en la que trabaja para garantizar la seguridad del gran evento por el veinticinco aniversario de la editorial. Las circunstancias hacen que Valeria y Jason acudan juntos a la fiesta de aniversario de la editorial y, cuando Jason la acompaña de regreso a casa, descubren que alguien ha entrado en el apartamento de Valeria y ha dejado un claro mensaje: una foto de ambos clavada en la pared por un cuchillo.

Desde entonces, Jason se hace cargo de la situación y también de la protección y la seguridad de Valeria, pero ¿hasta a dónde está dispuesto a llegar Jason para protegerla y mantenerla a su lado? ¿Logrará que confíe en él y le cuente los secretos que ella oculta? Y Valeria, ¿logrará confiar en él pese a su reputación de mujeriego?

Si quieres saber más sobre ésta historia, aquí podrás encontrar todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18