Archivo | octubre 2016

Tu hada de la suerte 9.

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Desayuno un café con leche y me doy una ducha para despejarme. No puedo quitarme a Mike de la cabeza, mi mente no deja de imaginar qué hubiera pasado entre él y yo si su hermana no hubiera interrumpido el casi beso. Esto debería ser lo último en lo que debería pensar, pero no queda ni rastro de sensatez en mi cabeza.

–  Vale, tengo que recobrar la cordura. – Pienso en voz alta.

Estoy secándome el pelo cuando llaman a la puerta del apartamento. Envuelta únicamente en una escueta toalla, me dirijo hacia a la puerta y miro por la mirilla. No me lo puedo creer. Al otro lado de la puerta está Mike, vestido con unos tejanos y una camisa, más fresco que una rosa y mucho más guapo de lo que lo recordaba.

–  Sé que estás ahí, escucho tu respiración al otro lado de la puerta. – Me dice burlonamente. – ¿Vas a abrirme?

Suspiro profundamente y abro la puerta para recibirlo. Mike me mira de los pies a la cabeza y finalmente su mirada se detiene en mis ojos. Nos miramos durante un par de segundos, pero es suficiente para adivinar lo que desea, igual que él debe leerlo en mis ojos.

–  Había pensado en invitarte a comer y así hablar del viaje a Rusia, debería haber llamado antes…

–  No te preocupes. – Le interrumpo. Me aparto para dejarle entrar y le digo: – Pasa y sírvete algo de beber, voy a vestirme.

–  Sí, es una buena idea. – Murmura mirando mis piernas. Le lanzo una mirada de advertencia y, alzando las manos en señal de inocencia, me dice con sorna: – No me culpes, me gustan las obras de arte y sé apreciarlas cuando las veo.

Pongo los ojos en blanco y me encierro en mi habitación para vestirme antes de que decida quitarme la toalla y echarme encima de él como una loba hambrienta.

Decido ponerme unos tejanos pitillo y una camisa blanca con una americana negra entallada a la cintura y unos botines con tacón de aguja. Me miro en el espejo antes de regresar junto a Mike y salgo de la habitación cuando compruebo que estoy lista.

–  Ya estoy aquí. – Anuncio al entrar en la cocina y ver a Mike de pie mirando por la ventana. – ¿Te apetece algo de beber?

–  Estoy bien, gracias. – Me responde volviéndose hacia a mí con su perfecta sonrisa en los labios, pero tiene la mandíbula tensa.

–  ¿Ocurre algo? – Me aventuro a preguntar.

–  En realidad quería hablar contigo de algo más que del viaje a Rusia. – Me confiesa pasándose las manos por la cabeza. – Esta mañana he recibido esto en mi casa.

Mike me entrega un sobre, lo cojo y lo abro. Del interior del sobre saco varias fotografías, todas las fotografías son de ayer y en todas aparecemos Mike y yo. Las miro una a una con detenimiento y las ordeno: Mike viniéndome a buscar a la puerta de mi nuevo apartamento, Mike y yo entrando en su casa, Mike y yo saliendo de su casa por la noche, Mike y yo cenando en el restaurante, Mike y yo bailando en el pub y Mike y yo despidiéndonos frente al portal del apartamento de Tom.

–  ¿Cómo te las han enviado? – Le pregunto sin dejar de mirar las fotografías.

–  Las ha dejado un motorista en el buzón de mi casa esta mañana. – Me explica Mike. – Lo tenemos grabado por las cámaras de seguridad, pero llevaba un casco integral puesto y la moto no tenía matrícula.

–  Analizaremos el sobre y las fotografías por si hay alguna huella. Aparte de ti y de Joe, ¿alguien más ha tocado el sobre o las fotografías?

–  No, nadie. – Me confirma Mike. – ¿Crees que pueden ser los rusos?

–  No lo creo, ellos no amenazan enviando fotografías. – Le respondo. – Quienquiera que te haya enviado las fotografías quiere que sepas que te está vigilando, a ti y a mí. No creo que sea un profesional, pero nos ha seguido y fotografiado todo un día y no nos hemos dado cuenta, por lo que no debemos subestimarlo.

–  Quiero que vivas en mi casa hasta que todo esto se solucione. – Sentencia Mike rotundamente.

–  ¿Qué? – Exclamo incrédula. – Mike, no pienso vivir en tu casa. – Le dejo muy claro. Mike me mira con cara de pocos amigos y añado: – Te agradezco el detalle, pero no tienes de qué preocuparte. Si hubieran querido hacernos daño ya lo hubieran hecho.

–  Milena, solo quiero asegurarme de que no te pasa nada.

–  Y no me va a pasar nada. – Le aseguro. – Tienes que relajarte un poco, no puedes arreglar el mundo tú solo.

–  Acabo de enseñarte esas fotos y cualquiera en tu situación hubiera puesto el grito en el cielo, cualquier otra mujer me suplicaría que la acogiera en mi casa y tú me dices que me relaje. – Dice Mike visiblemente molesto. – ¿Qué me relaje? – Me repite pasándose las manos por la cabeza.

–  O te dará un infarto. – Me mofo. Mike me fulmina con la mirada y añado con voz de no haber roto un plato en mi vida: – No me mires así, no puedo ser tu hada de la suerte si estás muerto. ¿Qué clase de hada de la suerte sería?

Mike se relaja al escuchar mis palabras y me dedica su perfecta sonrisa.

–  Si vas a ser mi hada de la suerte, tendrás que dejar que yo sea tu ángel de la guarda. – Me dice con la voz ronca. Mira hacia los lados y me pregunta con el ceño fruncido: – ¿Estás sola?

–  Sí, Tom se ha marchado esta mañana y no regresará hasta la hora de cenar.

–  Bien, pues en ese caso no tienes excusa para que te invite a comer.

–  No creo que salir a lugares públicos sea lo más acertado, mejor pedimos que nos traigan algo de comida a domicilio. – Sugiero.

–  ¿Quieres quedarte aquí o vamos a mi casa?

–  Prefiero que nos quedemos aquí. – Respondo.

Sé que a Tom no le gustará llegar y encontrarme con Mike, pero menos le gustará que le diga que he estado en su casa. Y tampoco me apetece ver a Joe con su mirada desconfiada. Aquí estaremos mejor y más tranquilos.

–  De acuerdo, como la señorita desee. – Me responde divertido.

Nos acomodamos en el sofá del salón y saco mi portátil para revisar el itinerario mientras le voy explicando a Mike que tendremos que alquilar un coche para desplazarnos. Comento que existe la posibilidad de que tengamos que viajar a Kazan para explorar la zona, pero Mike se cierra en banda y me dice que es demasiado peligroso y que no piensa llevarme a allí. No es el momento para seguir insistiendo, pero acabaré saliéndome con la mía, eso lo tengo claro.

Cuando llega la hora de comer, Mike llama por teléfono a un restaurante chino para que nos traigan la comida a casa y media hora más tarde estamos los dos comiendo en la cocina.

Entre nosotros se puede percibir la tensión sexual, pero ninguno de los dos se muestra incómodo con el otro, más bien todo lo contrario. Mike aprovecha la mínima oportunidad para tocarme o rozarse conmigo y yo se lo permito con una sonrisa. Ambos nos contenemos y nos esforzamos para mantener las distancias aunque nuestros ojos revelan lo que realmente deseamos. Tengo que recordarme una y otra vez que Mike es mi jefe y que él no es accesible para mí, al menos si quiero mantener el trabajo. Pero tampoco puedo dejar de pensar cómo es en la cama, debe ser como un Dios del sexo y yo me muero de ganas por comprobarlo.

–  ¿En qué estás pensando? – Me pregunta Mike mostrándome su perfecta sonrisa.

–  Eh… Perdona, tenía la cabeza en otra parte. – Me disculpo al darme cuenta de lo que estaba pensando y que por supuesto no le iba a contar. Mi móvil empieza a sonar y yo le doy gracias a quien quiera que me esté llamando en este momento. Cojo mi móvil y respondo de inmediato al ver que es Tom. – Hola.

–  Hola Milena. – Me responde Tom al otro lado del teléfono. – No voy a ir a cenar a casa y probablemente tampoco vaya a dormir. No puedo explicártelo ahora, pero no tiene nada que ver con nuestra discusión de anoche. El lunes hablamos, los dos tenemos muchas cosas que contarnos.

–  Está bien. – Concedo y añado antes de colgar. – El lunes hablamos, Tom.

–  ¿Todo bien? – Me pregunta Mike preocupado.

–  Sí, era Tom que no viene a cenar y tampoco cree que venga a dormir.

–  Milena…

–  Voy a estar bien, Mike. – Le interrumpo antes de que diga lo que ya sé que va a decir.

–  Quédate en mi casa esta noche, si el resto de las noches tu amigo Tom está contigo no diré nada ni insistiré más, pero ven a casa esta noche. – Insiste Mike. – Mañana por la mañana iremos juntos al trabajo y después te traeremos al apartamento de Tom.

–  De acuerdo, pero solo esta noche. – Le advierto. – Deja que prepare una pequeña bolsa con mis cosas y ropa limpia para mañana y nos vamos.

Mike asiente encantado por haberse salido con la suya, si no supiera que Tom nunca me vendería, hubiera pensado que Mike le habría llamado para que no apareciera por casa.

Hubiera preferido que Mike se hubiera quedado aquí conmigo, pero teniendo en cuenta que no es mi apartamento y que Tom probablemente me lo reprocharía más tarde, ir a su casa es lo mejor.

Tu hada de la suerte 8.

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Después de cenar, Mike decide llevarme a un pub situado cerca del apartamento de Tom. Al entrar en el local, Mike se coloca detrás de mí y posa sus manos en mi cintura para guiarme hacia a la barra. Pedimos un par de copas al camarero y cuando nos las sirve Mike coloca su brazo alrededor de mi cintura y me guía hasta uno de los sofás libres de la zona chill-out de la terraza.

–  ¿Te gusta el local? – Me pregunta Mike.

–  Sí, es fantástico. – Le respondo.

Y realmente lo es. Se trata de un local moderno, lleno de gente joven y elegante, con zona chill-out para escuchar la música de fondo mientras charlas y con pista de baile por si lo que quieres es mover el esqueleto.

–  ¿Milena? – Oigo una voz familiar detrás de mí. Me vuelvo y veo a Tom. – ¿Qué estás haciendo aquí?

–  ¡Tom! – Exclamo. Me levanto de un brinco y casi me caigo, pero Tom me coge al vuelo. Me temo que he bebido alguna copa de más. – Siento no haber podido ir al partido, ¿habéis ganado?

–  Por supuesto, ¿acaso lo dudabas? – Me responde divertido.

Mike se pone en pie y caigo en la cuenta de que no los he presentado.

–  Mike, éste es mi amigo Tom. Tom, él es Mike.

–  ¿Solo Mike? – Me pregunta Tom alzando una ceja con complicidad.

–  Mike Madson. – Lo saluda Mike estrechándole la mano.

–  Encantado de conocerte, Mike. – Le responde Tom. Se vuelve hacia a mí y añade antes de marcharse de nuestro lado: – Estaré por aquí, avísame si te quedas sola y regresamos juntos a casa.

–  No será necesario, yo te llevaré a casa. – Me susurra Mike al oído. – ¿Quieres bailar?

–  ¿Me estás invitando a bailar? – Pregunto sorprendida.

–  Sí, ¿tan extraño te parece?

–  No, es solo que no pensaba que fueras de los que bailan. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Mike me dedica su perfecta sonrisa y lleva a la pista de baile agarrándome por la cintura. Justo en ese mismo momento, empieza a sonar una balada de Leona Lewis y Mike me da la vuelta para quedar frente a él, coloca mis brazos alrededor de su cuello y me envuelve entre sus brazos estrechándome contra su firme y duro cuerpo.

Para mi sorpresa, descubro que es un buen bailarín y que me encanta estar entre sus brazos.

–  Milena, ¿puedo preguntarte algo? – Me susurra al oído mientras bailamos.

–  Ajá. – Logro balbucear.

–  ¿Hay o ha habido algo entre tú y tu amigo Tom?

–  Tom es mi mejor amigo, es casi como un hermano. – Le contesto sin levantar la cabeza de su hombro y sin dejar de bailar. – Nunca ha habido nada entre nosotros.

–  ¿Estás viviendo con él?

–  Sí, necesitaba un cambio de aires y Tom me ofreció mudarme a la gran ciudad. La idea era vivir en su apartamento unos meses hasta encontrar trabajo y un apartamento para mí. Ahora solo tengo que comprar algunos muebles y mudarme.

–  Avísame si necesitas ayuda para la mudanza.

–  ¿Además de bailar también haces mudanzas? – Bromeo divertida.

–  Hay muchas cosas que sé hacer y que te dejarían verdaderamente sorprendida. – Susurra con voz ronca.

–  ¿Cómo qué? – Le pregunto con fingida inocencia.

–  Tendrás que descubrirlo tú. – Me susurra divertido.

La canción termina y Mike me guía de nuevo hacia el sofá de la zona chill-out. El camarero nos trae dos copas más y Mike brinda por “su hada de la suerte”. Nuestras miradas se encuentran y nuestras bocas se buscan, pero cuando estamos a punto de besarnos, una voz femenina nos interrumpe:

–  ¡Mike, qué agradable sorpresa! – La chica se le echa literalmente a los brazos y Mike pone los ojos en blanco cuando añade: – ¿No vas a presentarme a tu amiga?

–  Milena, te presento a mi hermana Kate, la cotilla de la familia. – Nos presenta Mike con tono burlón.

–  Encantada de conocerte, Milena. – Me saluda Kate dándome dos besos en las mejillas y comenta con simpatía: – Debes de ser alguien especial si has conseguido que mi hermano baile contigo.

Mi mirada se cruza con la de Mike y sale en mi ayuda:

–  No seas cotilla, Kate.

–  No lo soy, tan solo me intereso por el estirado de mi hermano. – Le replica Kate. – Te veo mañana por la noche, no lo olvides o mamá se enfadará. – Se vuelve hacia a mí y añade antes de desaparecer entre la multitud: – Espero verte de nuevo, Milena.

–  No deberías hacer enfadar a tu madre. – Le reprendo burlonamente en cuanto nos quedamos a solas.

–  Tienes razón, pero es difícil no hacerla enfadar. – Se mofa. Las luces del pub se encienden para que los clientes vayan terminando sus copas y se marchen. – Parece que es hora de marcharse, te llevaré a casa.

–  No es necesario, Tom está por aquí y puedo irme con él.

–  De eso nada, yo te llevo. – Sentencia Mike.

Veinte minutos más tarde, Mike aparca el coche frente al portal del edificio de Tom y rápidamente sale del coche para abrir la puerta del copiloto y ayudarme a salir. Me agarro a su mano y Mike tira de mí hasta ponerme en pie y quedar frente a él. Me tambaleo a causa del alcohol y me sostiene entre sus brazos antes de decirme con tono burlón:

–  Me temo que has bebido demasiado.

–  Es por tu culpa, yo no estoy acostumbrada a beber tanto. – Me excuso inocentemente.

–  Te lo compensaré, por nada del mundo quiero que mi hada de la suerte se enfade conmigo. – Me contesta divertido. Me acompaña hasta el portal del edificio y añade antes de darme un beso en la mejilla para despedirse: – Buenas noches, Milena. Te llamaré mañana.

–  Buenas noches, Mike. – Le deseo antes de entrar en el edificio.

Cuando entro en el apartamento, Tom me está esperando de pie junto a la puerta y con los brazos cruzados sobre el pecho. Está enfadado.

–  Lo sé, pero no es lo que parece. – Me defiendo.

–  ¿No es lo que parece? Porque a mí me parecía que estabas bebiendo y bailando con tu jefe de una manera demasiado íntima y que, además, te estás involucrando en algo peligroso por su culpa. – Me espeta Tom furioso. – ¿Se puede saber en qué estás pensando?

–  Ya soy mayorcita, Tom. No necesito que hagas de padre conmigo. – Le reprocho antes de encerrarme en mi habitación.

Sé que Tom tiene razón, pero estoy demasiado cansada y he bebido más de la cuenta, ahora no quiero pensar en las consecuencias, ya lo haré mañana.

Me meto en la cama y a mi mente empiezan a acudir los recuerdos del día con Mike, en especial el casi beso que ha interrumpido su hermana Kate. Sé que Mike hubiera preferido besarme en los labios cuando se ha despedido, lo he visto en sus ojos. Pero finalmente ha decidido besarme en la mejilla, desearme las buenas noches y marcharse.

Me quedo dormida pocos minutos después y mi imaginación me hace soñar con él.

A la mañana siguiente cuando me levanto, descubro que Tom se ha marchado. Me ha dejado una nota en la que me informa que pasará el día fuera y no regresará hasta la hora de cenar.

Cita 41.

“Apunta a la luna. Incluso si fallas aterrizarás entre las estrellas.”

Les Brown.

Tu hada de la suerte 7.

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Después de comer, Mike, Joe y yo regresamos al despacho. Mike pone a Joe al corriente de la situación y entre los tres decidimos organizar una nueva investigación. Para empezar, les pido que me enseñen los documentos que Jesse, la esposa de Erik, encontró sobre lo que su marido descubrió de Albert Fontaine y del pasaporte ruso que encontró y fotocopió de Andrey Ivanov.

–  Mike ha reconocido a Albert Fontaine como Andrey Ivanov en la foto de su expediente. – Le digo a Joe dejando a un lado mi enfado por su trato anterior. – Tú también conociste a Albert Fontaine y me gustaría que vieras a Andrey Ivanov y me confirmases que es la misma persona. – Me vuelvo hacia a Mike y añado: – No significa que no me fíe de ti ni de tu criterio, tan solo quiero contrastar todos los puntos para evitar cualquier mínimo error.

–  Adelante. – Concede Mike con complicidad.

Joe mira detenidamente la fotografía del expediente de Andrey Ivanov en la pantalla del ordenador portátil y finalmente dice:

–  Es él, no tengo ninguna duda.

–  Bien. – Asiento con la cabeza. – Quiero revisar los documentos que encontró la mujer de Erik y pediré un informe sobre Andrey Ivanov. – Les miro a los ojos y les advierto: – Mientras tanto, no quiero que juguéis a los detectives por vuestra cuenta, ¿de acuerdo?

–  ¿No tienes toda la información que necesitas en el expediente? – Me pregunta Joe sin poder ocultar su tono de desconfianza.

–  Joe. – Le advierte Mike severamente.

Me armo de paciencia y, ocultando mis ganas de sacarle los ojos a Joe, le respondo:

–  En su expediente tan solo constan los datos oficiales como los colegios a los que ha asistido, los antecedentes penales, las propiedades que posee y algunos vínculos familiares. Necesitamos otra clase de información para llegar hasta a él. Andrey Ivanov es un tipo con recursos, ante cualquier sospecha cambiará de identidad y desaparecerá.

–  ¿Cómo vamos a conseguir ese tipo de información? – Me pregunta Mike.

Sonrío al darme cuenta que utiliza el plural, ya piensa que somos un equipo. Me pongo seria de nuevo y, con tono de voz firme, les digo:

–  Mi abuelo fue agente de la KGB y aunque está retirado, de vez en cuando colabora con el Servicio Secreto de Inteligencia Ruso. No le va a hacer ninguna gracia que ande metida en estos asuntos, pero no se negará a ayudarnos cuando le digamos lo que Erik descubrió sobre el tráfico de órganos y el secuestro de niños. Pero antes de que acepte ayudarnos os investigará a fondo y os querrá conocer en persona. – Hago una pausa para que asimilen mis palabras y, como no dicen nada, añado: – Sería la manera más rápida y eficaz para conseguir la información, pero si no os parece bien podemos buscar una alternativa…

–  Me parece bien. – Me interrumpe Mike con solemnidad. – Quiero empezar y acabar con esto cuanto antes y no nos vendrá mal tener a un antiguo agente de la KGB de nuestro lado.

Durante el resto de la tarde revisamos los documentos del reportaje que Erik estaba realizando y todo lo que descubrió sobre Albert Fontaine. Una vez revisada toda la documentación de la que disponemos, llamo a mi abuelo Oleg y le pongo al corriente de la situación.

–  Si tus padres se enteran de que te estoy ayudando se enfadarán. – Me dice mi abuelo cuando termino de contarle toda la historia. – Pero te conozco bien y sé que lo harás con o sin mi ayuda, así que no puedo decirte que no, pero sí puedo exigirte conocer antes al hombre al que quieres ayudar y por supuesto lo voy a investigar.

–  Me lo imaginaba, pero aun así queremos seguir adelante con esto.

–  Envíame todo lo que tengas y ven a verme con tu amigo en una semana. – Me responde mi abuelo aceptando lo que le pido. – Mientras tanto, quiero que os mantengáis a la espera, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, abuelo. – Le respondo y añado antes de colgar: – Te quiero.

–  ¿Todo bien? – Me pregunta Mike.

–  Nos ayudará, pero quiere vernos en una semana. – Le informo encogiéndome de hombros. – Le enviaremos toda la información de la que disponemos y tratará de averiguar todo lo que pueda sobre Andrey Ivanov.

–  ¿Es necesario que vayamos a Rusia? – Me pregunta Joe no demasiado convencido.

–  Es su condición. – Le contesto volviéndome a encoger de hombros. – Ha sido agente de la KGB, la desconfianza ha sido lo que a día de hoy lo mantiene con vida.

–  ¿Dónde vive tu abuelo? – Pregunta Mike.

–  En Kurovo, una pequeña ciudad situada a unos 70 km al norte de Moscú. – Respondo. – Si estáis de acuerdo, puedo empezar a organizar el viaje.

Mike y Joe se muestran de acuerdo, así que le envío a mi abuelo toda la información que tenemos y organizamos el viaje a Rusia.

Son las ocho y media de la tarde cuando Mike reserva los billetes de avión a Moscú y los tres estamos agotados. Joe mira el reloj de pared del despacho y le dice a Mike:

–  Tengo que irme, llámame si hay alguna novedad. Regresaré en un par de horas.

Mike asiente con la cabeza y Joe se marcha tras despedirse.

–  ¿Tienes planes para salir a cenar? – Me pregunta Mike mirándome a los ojos. – Me gustaría invitarte y pasar juntos un rato para conocernos mejor, sin hablar de trabajo ni de nada que tenga que ver con Andrey Ivanov.

–  Acepto, pero con una condición.

–  Tú dirás. – Me responde Mike con su sonrisa perfecta en los labios.

–  Después de cenar tendrás que llevarme a tomar una copa, hace siglos que no salgo de copas y no conozco la ciudad.

–  Seré el anfitrión perfecto, no te arrepentirás. – Me asegura divertido mostrándome una sonrisa traviesa que enciende mi cuerpo.

Estoy segura de que de una forma u otra acabaré arrepintiéndome, pero ahora mismo lo único que quiero es salir con Mike, aunque con ello me salte mis propias normas.

A las nueve y media de la noche llegamos a uno de los restaurantes de moda de la ciudad. Mike para el coche en la puerta y, tras salir del coche y abrir la puerta del copiloto para ayudarme a salir, le entrega las llaves del coche al aparcacoches y le da una generosa propina. El maître nos recibe con excesiva amabilidad y educación, sabe quién es Mike y lo adula.

Apenas dos minutos más tarde, Mike y yo estamos sentados en la mejor mesa del local, una mesa íntima y romántica frente a un ventanal con vistas al río que atraviesa la ciudad. Un camarero se acerca a tomarnos nota y Mike me pregunta:

–  ¿Qué quieres tomar para beber? ¿Vino? – Asiento con la cabeza y le dedico una tímida sonrisa antes que le pida al camarero: – Beberemos vino tinto.

–  Enseguida se lo servimos y le traemos la carta. – Nos informa el camarero.

El camarero regresa dos minutos después con una botella de vino tinto en las manos y nos sirve un par de copas tras entregarnos la carta. Mike me sugiere que pruebe el solomillo con salsa de trufas y ambos pedimos lo mismo.

Pasamos la velada haciéndonos preguntas para conocernos mejor. Hablamos de la música que nos gusta, de los lugares que nos gustaría visitar, de cine y literatura, y de muchas otras cosas más. Descubro que Mike y yo tenemos gustos muy similares y disfruto escuchando como narra algunas anécdotas de cuando era pequeño.

Tu hada de la suerte 6.

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La casa de Mike es una mansión, si no estuviera agarrada a su brazo posiblemente me hubiera caído de la impresión. Predomina el minimalismo en la decoración jugando con el blanco y el negro. Es una casa moderna, pero también muy masculina e impersonal, se nota que aquí vive un hombre soltero. Cruzamos el hall y accedemos al salón. La estancia es muy amplia llena de luz natural que entra por el enorme ventanal que ocupa toda una pared que ofrece las vistas del perfecto jardín. Un amplio sofá en forma de U junto con un televisor de 50″, una mesa de café y un mueble de madera negra es el mobiliario del que consta la estancia. No hay ninguna fotografía suya ni de su familia, tan solo algunos cuadros abstractos en blanco y negro, a juego con el resto de la escasa decoración.

–  ¿Estás bien? Te has quedado muy callada. – Me pregunta Mike preocupado.

–  Estoy bien, es solo que no me esperaba que vivieras en un lugar así…

–  ¿Y eso es bueno o malo? – Me pregunta confuso.

–  No es ni bueno ni malo, simplemente es diferente. – Respondo encogiéndome de hombros.

–  Diferente. – Repite Mike no demasiado entusiasmado con el adjetivo. – ¿Te apetece algo de beber?

–  Una Coca-Cola estará bien.

Atravesamos el salón y llegamos a la cocina, donde predomina el negro y el rojo. Una señora de unos sesenta años ataviada con un delantal y una amplia sonrisa en el rostro, nos recibe con simpatía:

–  Buenos días, Mike. Buenos días, señorita.

–  Buenos días. – Saludo tímidamente.

–  Buenos días, Carmen. – Saluda Mike. – ¿Puedes traer una Coca-Cola para la señorita Ayala y un agua para mí a mi despacho?

–  Por supuesto, ahora mismo os lo llevo. – Responde Carmen. – ¿Os apetece algo de comer?

–  Comeremos más tarde. – Sentencia Mike. Se vuelve hacia a mí y añade: – Vamos, tenemos mucho qué hacer todavía.

Mike me dirige a su despacho, situado en la planta baja y con vistas al jardín trasero de la casa. Me ofrece asiento y, tras sentarme obedientemente, él toma asiento frente a mí. Tan solo nos separa una mesa de madera, pero el corazón me late como si estuviéramos piel con piel.

Carmen entra en el despacho tras golpear suavemente la puerta y nos sirve nuestras bebidas justo en el momento en que mi móvil empieza a sonar. Al ver en la pantalla del móvil que es Vladimir, uno de los amigos de mi abuelo, decido contestar:

–  Hola Vladimir, ¿va todo bien?

–  Hola Milena. – Me responde Vladimir. – Oye, alguien lleva intentando acceder a tu expediente desde hace un par de horas. No sé quién es, pero hemos podido averiguar su posición y curiosamente está en la misma casa donde tú estás ahora.

–  Espera, ¿dices que lo están intentando en este mismo momento? – Pregunto sorprendida, ya que Mike está frente a mí y ni siquiera ha encendido el ordenador.

–  Mientras tú y yo estamos hablando han intentado acceder tres veces. – Me confirma Vladimir.

Carmen sale del despacho tras dejar nuestras bebidas y Mike me observa detenidamente, aunque no puede entender nada de lo que digo porque estoy hablando en ruso. Joe asoma la cabeza por la puerta del despacho y, tras cruzar una mirada con Mike, murmura:

–  Me ha resultado imposible, ni con un nivel cuatro.

Y entonces sé quién ha estado tratando de acceder a mi expediente. Suspiro resignada y, volviendo a mi conversación telefónica, le digo a Vladimir antes de colgar:

–  No te preocupes, Vladimir. Yo me encargo, está todo bajo control. – Cuelgo y me quedo mirando a los dos hombres que me observan con el ceño fruncido. – ¿Tenéis algo que contarme?

–  Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros. – Me contesta Joe.

–  Llevas dos horas tratando de acceder a mi expediente y, a pesar de que es confidencial, has seguido intentando acceder una y otra vez. – Empiezo a decir. – Si fueras un poco listo sabrías que cada vez que alguien intenta acceder a un expediente confidencial se genera una alarma y automáticamente se localiza la ubicación exacta del punto desde donde se intenta acceder. – Me vuelvo hacia a Mike y le digo: – Creo que lo mejor es que olvidemos este asunto y que me dedique única y exclusivamente a mi trabajo en Luxe, si es que aún sigues queriendo que trabaje para ti.

–  Espera Milena, siéntate por favor. – Me ruega Mike poniéndose en pie y acercándose a mí para impedir que me marche. – Puede que intentar investigarte no haya sido la mejor opción, pero necesitaba asegurarme de saber quién eras para poder confiar en ti.

–  Tengo inmunidad diplomática, por esa razón mi expediente es confidencial y solo puede acceder a él alguien que tenga un nivel A de seguridad. – Le contesto lo más cordial que puedo. Cojo mi portátil y accedo a mi expediente tras introducir una clave de seguridad y lo muevo de manera que la pantalla quede frente a Mike: – Aquí tienes lo que buscabas, ¿quieres algo más?

Mike suspira profundamente y le dice a Joe:

–  Joe por favor, déjanos a solas. – Joe asiente y se marcha. Mike se vuelve hacia a mí, se pasa las manos por la cabeza y después se toca el mentón. Lo he visto hacer ese gesto cuando se pone nervioso y sé que ahora mismo lo está. – Milena, no me hace falta leer tu expediente, el gesto que has tenido mostrándomelo ya me dice mucho de ti. – Cierra el portátil y añade: – Si aún estás dispuesta a escucharme, me gustaría explicarte algunas cosas. – Tomo de nuevo asiento y Mike continúa hablando: – Hace unos meses un buen amigo desapareció y dos días más tarde lo encontraron muerto en un pantano junto con otro cadáver que no fue identificado. Mi amigo Erik estaba haciendo un reportaje de investigación sobre el tráfico de órganos y conoció a un tipo que dijo que le ayudaría a conseguir las pruebas que estaba buscando para su reportaje.

–  ¿El cadáver que apareció en el pantano puede ser de ese tipo? – Pregunto con cautela.

–  Le dimos a la policía el nombre de Albert Fontaine, el nombre con el que mi amigo nos presentó, pero no consta en las bases de datos de la policía. – Me responde Mike. – La policía me permitió ver los cadáveres, pero no era el tipo que iba a ayudarle en el reportaje. Hace unas semanas me llamó la mujer de mi amigo, había encontrado algunos documentos en el despacho de Erik y quiso que los revisara. Erik estaba investigando a Albert Fontaine y había descubierto que era un estafador y que ese no era su verdadero nombre. Registrando sus cosas encontró un pasaporte ruso con su foto a nombre de Andrey Ivanov, a quien estoy tratando de encontrar.

–  Si Andrey Ivanov tiene un pasaporte tiene que estar en la base de datos, solo tenemos que buscarlo y salimos de dudas. – Le digo apoderándome de nuevo del portátil. Busco en la base de datos y aparece el expediente frente a nuestros ojos.

–  ¡Es él! – Exclama Mike al ver la fotografía del tipo en cuestión.

–  Aquí dice que tiene varias propiedades en Kazan, una ciudad situada a unos 800 km al este de Moscú. – Le informo mientras continúo leyendo el expediente. – No está casado ni tampoco tiene hijos reconocidos. Sus padres están muertos pero tiene un hermano vivo, Sergei Ivanov, que también vive en Kazan.

–  Tengo que ir a Kazan. – Musita Mike.

–  No es una buena idea, Mike. – Le contradigo. – No sabemos lo que nos vamos a encontrar allí, lo más sensato es investigar y conseguir la mayor información posible. Si vamos a ir a por ellos debemos saber a qué nos estamos enfrentando.

–  Milena, te agradezco enormemente lo que estás haciendo, pero no pienso poner tu vida en riesgo llevándote a Rusia, ya te he involucrado demasiado en esto.

–  Me necesitas, Mike. – Le recuerdo mirándole a los ojos. – Y, si quieres que te ayude, tendrás que aceptar mis condiciones.

–  ¿Tus condiciones?

–  Así es, mis condiciones. – Le confirmo. – Para empezar, cuando quieras saber algo sobre mí deberás preguntármelo directamente, es la forma más efectiva de tener respuestas. Si vamos a colaborar juntos en esto, tendrás que dejar que lo hagamos a mi manera. – Mike abre la boca para decir algo pero lo interrumpo diciendo: – Recuerda que soy tu hada de la suerte y estoy aquí para que todo salga bien. Y no te preocupes, no haré nada sin tu previo consentimiento, tú eres quien pone los límites en este asunto, pero no olvides que somos un equipo.

–  Y si decido ir a Kazan, ¿vendrás conmigo? – Me pregunta Mike escudriñándome con la mirada.

–  Sí, estamos juntos en esto. – Le aseguro. – ¿Aceptas mis condiciones?

–  Sí, Hada de la Suerte. – Me responde con su sonrisa perfecta en los labios. – Pero antes vamos a comer algo. – Nos ponemos en pie y, antes de salir del despacho, añade: – Una cosa más, Milena. Joe solo ha seguido mis órdenes, no te enfades con él.

Asiento con la cabeza y nos dirigimos a la cocina, donde Carmen ya está sirviendo la comida. Nos sentamos a la mesa y Joe se nos une sin decir nada, pero noto su constante mirada de desaprobación durante todo el tiempo que dura la comida.