Archivo | octubre 2016

Tu hada de la suerte 13.

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Cuando llegamos a casa de Mike mi achispamiento, por no llamarlo borrachera, ha ido en aumento y tengo ganas de fiesta. Salgo del coche sonriendo alegremente y entro en casa. Saludo a Steven, el siniestro y poco hablador mayordomo de Mike, y me voy directa a la cocina mientras Mike le ordena que suba mi equipaje a la habitación de invitados.

En la cocina Carmen ya está empezando a preparar lo que será la cena. La saludo cariñosamente y ella me devuelve el saludo de la misma forma:

–  Estás muy contenta, mi niña.

–  Se ha bebido tres vasos de licor casero, está más que contenta. – Oigo a Mike detrás de mí, no demasiado contento.

–  Deberías tomarte un par de vasos más del licor ese, te vendría bien relajarte un poco. – Le replico molesta. ¿Por qué me quiere cortar el rollo? – No te va a hacer daño divertirte un poco.

Mike me mira alzando las cejas totalmente incrédulo y Carmen, que no entiende nada de lo que está pasando, decide salir de la cocina y desaparecer.

–  A lo mejor tenemos formas distintas de divertirnos. – Comenta Mike ¿enfadado? Y añade antes de salir de la cocina: – Ya veremos lo mucho que te diviertes mañana.

Sí, está enfadado. Abro la nevera y encuentro una de esas botellas de licor casero. Mmm… Cojo una botella y un par de copas y atravieso el pasillo para dirigirme al despacho de Mike donde estoy segura que se encuentra. La puerta está cerrada y llamo antes de entrar, pero no espero respuesta. Abro la puerta y me lo encuentro sentado frente al escritorio con las manos en la nuca. Nuestras miradas se cruzan y lanza un sonoro suspiro.

–  ¿Qué te parece si me cuentas esas otras distintas formas de divertirte que tienes mientras nos tomamos una copa de este licor casero? – Le propongo en son de paz.

–  No me tientes, pequeña hada de la suerte. – Susurra Mike.

–  Óscar Wilde decía que la mejor forma de librarse de la tentación es caer en ella. – Le respondo cerrando la puerta y sentándome frente a él en una de las esquinas de la mesa. Sirvo un poco de licor en ambas copas y le entrego una a Mike al mismo tiempo que le digo: – Una copa conmigo, tan solo te pido eso. ¿Qué me dices?

Mike entrechoca su copa con la mía antes de dar un largo trago y bebérsela entera.

–  ¿Contenta? – Me pregunta con sarcasmo.

–  No, en absoluto. – Le contesto molesta.

Estoy a punto de bajar de la mesa cuando Mike se pone en pie frente a mí, me agarra por la cintura para impedir que me mueva de donde estoy y me pregunta con voz ronca:

–  ¿Cómo quieres que nos divirtamos, Milena?

Me quedo sin habla, esto no me lo esperaba. ¿Se me está insinuando? Sí, está claro que sí. Sigue esperando mi respuesta, pero las palabras no salen de mi boca. ¿Me he quedado muda?

–  Respóndeme, Milena. – Me ordena mirándome a los ojos.

–  Dímelo tú. – Le respondo desafiante. – Me has dicho que tienes otras formas de divertirte, enséñamelas.

Nos miramos fijamente a los ojos durante varios segundos. Ninguno de los dos dice nada en ese espacio de tiempo, pero nuestros ojos hablan por sí solos. Deseo, pasión y lujuria es lo que ambos sentimos, lo que ambos buscamos y lo que ambos hemos encontrado.

Estoy a punto de hablar cuando Mike acerca sus labios a los míos y me besa. Me besa primero con cautela, rozando sus labios con los míos, esperando a que le dé acceso a mi boca para introducir la lengua y entonces el beso se vuelve más intenso, más salvaje. Se coloca entre mis piernas y me estrecha contra su cuerpo mientras mis manos le envuelven la nuca y mis dedos se enredan en su pelo. Me tumba sobre la mesa sin dejar de besarme, pero acto seguido me incorpora y se separa de mí al mismo tiempo que me dice con voz ronca:

–  Milena, no podemos seguir con esto.

–  ¿No soy lo suficiente divertida para ti? – Le pregunto con descaro por el efecto del licor casero.

–  Has bebido alguna copa de más, no quiero que mañana cuando te despiertes te arrepientas de lo que estábamos haciendo. – Me da un rápido beso en los labios y añade: – Tienes que comer algo, después si quieres continuaremos con esta conversación.

Mike me ayuda a bajar de la mesa y, tras adecentar nuestras ropas, salimos del despacho y regresamos juntos a la cocina, donde Carmen ya está sirviendo la cena. La mesa está preparada solo para dos y cuando Carmen termina de servir los platos, nos desea buenas noches y se retira a su habitación dejándonos a solas.

–  Creo que hemos incomodado a Carmen. – Comento avergonzada.

–  No te preocupes por eso y come. – Me ordena con dulzura.

–  ¿Dónde está Joe?

–  Joe es el responsable de la seguridad en la casa, está haciendo su trabajo. – Me responde sin darle importancia al asunto.

Apenas soy capaz de comer algo, pero hago un esfuerzo tras la insistencia de Mike y tengo que reconocer que después de comer un poco me siento mucho mejor. Puede que aún esté un poco achispada, pero mi cabeza ya empieza a funcionar con lucidez.

–  Vamos, necesitas descansar. – Me dice Mike colocando su brazo alrededor de mi cintura para guiarme hasta la puerta de mi habitación. – Y ahora a dormir, pequeña.

–  No tengo sueño, no quiero dormir. – Protesto como una niña consentida.

–  Está bien, ve a ponerte el pijama y no tardes, regreso en dos minutos. – Me dice sonriendo, dispuesto a consentirme. – Solo dos minutos. – Añade mientras camina por el pasillo para dirigirse a su habitación.

Entro en mi habitación y me pongo el pijama: una camiseta blanca de tirantes con encaje en el escote y un culote a juego. No es lo más recatado para estar con mi jefe, pero tampoco tengo otro tipo de pijama y no quiero pensar ahora que Mike es mi jefe.

Mike regresa a mi habitación justo cuando acabo de cambiarme. Me mira y sus ojos lo dicen todo, es como un lobo hambriento y yo soy su presa.

–  No me lo estás poniendo nada fácil. – Murmura Mike pasándose las manos por la cabeza.

–  Tú tampoco me lo pones fácil. – Le reprocho divertida. Me tumbo boca arriba sobre el lado izquierdo de la cama y enciendo el televisor antes de añadir: – ¿Quieres que veamos una película?

–  Eso suena bien. – Opina Mike.

–  Pues ven aquí. – Le digo dando unas palmadas sobre el lado derecho de la cama, invitándole a tumbarse conmigo.

–  Muy difícil. – Me repite sonriendo antes de acostarse a mi lado. – ¿Qué película quieres ver?

–  Está a punto de empezar Safe, de Jason Statham. – Le digo entusiasmada, pues me encanta Jason Statham y sus películas. – ¿Te parece bien?

–  ¿Una película de acción? No dejas de sorprenderme. – Comenta divertido.

Nos acomodamos en la cama para ver la película y Mike me atrae hacia a él hasta que mi cabeza queda sobre su hombro y me envuelve con sus brazos. Permanecemos así durante todo el tiempo que dura la película y cuando termina, Mike me besa en la frente y me susurra:

–  Es hora de irse a dormir, pequeña hada.

–  No te vayas. – Le pido con un hilo de voz cuando deja de abrazarme. – Quédate conmigo esta noche.

Mike se pasa las manos por la cabeza, murmura algo que no entiendo, apaga la televisión y me envuelve de nuevo entre sus brazos antes de añadir:

– Sigues poniéndomelo difícil, pero me gustan los retos.

–  Eres tú quien se empeña en ponerlo difícil. – Le respondo antes de quedarme dormida.

Cita 42.

“La excitación es el fundamento del erotismo, su enigma más profundo, su palabra clave.”

Milan Kundera.

Tu hada de la suerte 12.

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Sin poder dejar de sonreír ni de mirar los lirios que Mike me ha regalado, pienso que debería darle las gracias a por el detalle, pero decido esperar unos minutos para que Norma no sospeche, si es que no sabe nada. Pasados veinte minutos, salgo de mi despacho y me dirijo al despacho de Mike. Golpeo con la mano suavemente la puerta y espero a que me invite a pasar antes de entrar.

–  Adelante. – Escucho su voz al otro lado de la puerta. Abro la puerta, entro en su despacho y cierro la puerta de nuevo. Me vuelvo hacia a él sin poder ocultar mi sonrisa y añade bromeando: – Espero haber acertado, no me gustaría saber que esos preciosos lirios acaban en la papelera.

–  Gracias, no tenías que haberte molestado pero has conseguido sacarme una sonrisa después de una mañana horrible.

–  No sabes cuánto me alegra que me digas eso. – Me dice mostrándome su sonrisa perfecta. – Estaba a punto de ir a buscarte, ¿estás lista para ir a comer a casa de mis padres?

–  Supongo que sí. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Diez minutos más tarde, ambos nos dirigimos a casa de los Madson en el coche de Mike. Joe no nos acompaña y lo prefiero, bastante incómodo va a ser mi papel como para tener otro espectador.

Llegamos a una villa enorme situada a las afueras de la ciudad y me tenso al instante. He leído que Mike hizo su propia fortuna y he dado por hecho que venía de una familia de clase media, pero por lo visto me he equivocado con mis suposiciones.

–  Ya hemos llegado. – Me informa atravesando la villa por el largo sendero y aparcando el coche frente a la puerta principal de la enorme casa.

Salimos del coche y la puerta principal se abre al mismo tiempo que aparece una mujer de unos cincuenta y pocos años acompañada de Kate, la hermana pequeña de Mike. Ambas nos reciben con una amplia sonrisa y Mike las saluda con un breve abrazo antes de volverse hacia a mí y hacer las presentaciones oportunas:

–  Milena, te presento a mi madre, Bianca. Y ya conoces a mi hermana Kate.

–  Encantada de conocerla, señora. – La saludo educadamente.

–  Lo mismo digo, querida, pero llámame Bianca por favor. – Me dice la madre de Mike amablemente.

–  Me alegro de verte, Milena. – Me saluda Kate y bromea: – Pensaba que mi hermano se inventaría una excusa para seguir teniéndote escondida de nosotros.

Mike envuelve su brazo alrededor de mi cintura y un ligero estremecimiento se apodera de todo mi cuerpo haciendo que desee aún más su contacto. Nuestras miradas se encuentran y puedo ver como sus ojos brillan de deseo igual que deben estar brillando los míos.

–  Será mejor que entremos en casa, está empezando a llover. – Sugiere Mike.

Bianca nos hace pasar a un gran salón donde nos sentamos mientras le pide a la asistenta que nos traiga algo de beber. Mike se sienta a mi lado en uno de los sofás y Bianca y Kate se sientan en el sofá de enfrente. La asistenta regresa con nuestras bebidas y la madre de Mike empieza a interrogarme:

–  ¿Eres de la ciudad, Milena?

–  No, soy de Beach Ville, hace apenas un par de meses que me mudé a Highland. – Le respondo.

–  ¡Oh, qué bonito lugar! Philip y yo veraneábamos allí cuando éramos novios. – Exclama Bianca con melancolía en sus ojos. – Es un sitio fantástico para los enamorados, deberíais ir allí unos días para relajaros y disfrutar el uno del otro, estoy segura que no sois capaces de desconectar del trabajo.

Me atraganto, literalmente. Mike me da unos golpecitos en la espalda hasta que la tos cesa y después, volviéndose a su madre, la regaña:

–  Mamá.

–  ¡Pero si no he dicho nada malo! – Protesta Bianca. – Además, estoy segura de que a Milena le gustará ir a visitar a su familia y amigos.

–  Mi familia ya no vive en Beach Ville, se mudaron a Springs Ville cuando me fui a la universidad. – Le digo cuando recupero el habla. Mike no deja de acariciarme la espalda, no sé si por tratar de calmarme o para pedirme que les siga la corriente y, como todos esperan que diga algo, añado colocando mi mano izquierda sobre la rodilla de Mike: – Pero sí que tenemos pensado irnos unos días para desconectar del trabajo.

–  Si no lo veo, no lo creo. – Dice Kate incrédula. – Mi hermano que decía que no necesitaba a una mujer en su vida para ser feliz ahora sonríe como un idiota cuando te mira.

–  ¡Kate! – La regaña su madre.

–  No me malinterpretes, me encanta que por fin tenga novia y se tome la molestia de presentarnos oficialmente, pero estoy sorprendida. – Me explica Kate con naturalidad. – Me alegro de que al menos seas una chica normal y no una de esas Barbies snobs y pijas con las que pensé que acabaría…

–  Kate, ¿qué modales son esos? – Pregunta una voz masculina con tono severo. Me vuelvo y veo a un hombre de unos cincuenta y cinco años. Se acerca hacia a dónde yo estoy y me dice con una perfecta sonrisa al mismo tiempo que me ofrece su mano para saludarme: – Tú debes de ser Milena, ¿verdad? Yo soy Philip, el padre de Mike.

–  Encantada de conocerle, Philip. – Le respondo estrechándole la mano.

–  Tengo que reconocer que Mike tiene muy buen gusto, eres preciosa. – Me alaga Philip. – Y tengo entendido que además eres una chica inteligente y responsable, no podría haber hecho una elección mejor.

Philip se sienta junto a su esposa y su hija y los cinco continuamos charlando. Los padres y la hermana de Mike quieren saberlo todo sobre mí y Mike sale en mi ayuda cuando sugiere que pasemos al comedor.

Su familia es encantadora y me tratan como a una más. Kate es muy divertida y enseguida congeniamos, tan solo es dos años mayor que yo y tenemos muchas cosas en común.

Después de comer y de tomarnos el café, Philip nos ofrece una copa de un licor casero que elaboran con la receta de su bisabuelo y acepto encantada.

–  Bebe despacio, es un licor bastante fuerte. – Me susurra Mike al oído.

Doy un pequeño primer sorbo pero el licor no está nada fuerte, es más bien dulce y digo:

–  Mmm… Está muy bueno.

Todos sonríen al escuchar mis palabras y dos horas después me he bebido tres vasos de ese licor. Cuando Kate va a servirme el cuarto, Mike la detiene, me quita el vaso de entre las manos y cuando lo miro molesta me susurra al oído:

–  Es fuerte y no estás acostumbrada, me lo agradecerás más tarde, créeme.

–  Parece que ha dejado de llover, ¿por qué no le enseñas el jardín a Milena? – Propone Bianca. – A pesar de que estamos en otoño, el jardín está tan lleno de flores como en primavera.

No sé si la madre de Mike quiere darnos un poco de intimidad o si lo que quiere es que desaparezca un rato para poder hablar de mí con su marido y su hija, el caso es que la idea de salir para que me dé el aire me resulta fabulosa, ya estoy empezando a notar el efecto del licor.

Salimos al jardín trasero por la puerta del salón y Mike me guía por un pequeño camino que nos adentra en una zona con árboles, plantas y flores. Doy un traspié, Mike coge al vuelo antes de llegar a estamparme contra el suelo y me dice con tono burlón:

–  Te dije que era un licor fuerte y que no abusaras.

–  ¡He bebido menos que tu madre y tu hermana! – Le replico.

–  Pero ellas están acostumbradas al licor y tú no. – Me contesta con paciencia. – Ven, nos sentaremos aquí y así te dará un poco el aire.

Mike me guía hasta un banco en mitad de una explanada rodeado de flores y me sienta a su lado, tan pegada a él que prácticamente estoy casi encima. Estoy mareada y, aunque nunca me había achispado tan rápido bebiendo tan poco, tengo que reconocer que ese licor casero es fuerte pese a saber dulce.

–  ¿Estás enfadado conmigo? – Le pregunto poniendo cara de no haber roto un plato en mi vida.

–  No, claro que no me he enfadado. – Me contesta sonriendo. – Pero si me hubieras escuchado…

–  Hablas como Tom. – Le reprocho. – Tengo derecho a equivocarme y a cometer mis propios errores, sé que a veces esos errores se pagan muy caro, pero es la mejor manera de aprender.

–  ¿Va todo bien con Tom? – Pregunta Mike con precaución.

–  Más o menos, estaba un poco enfadado conmigo pero se ha olvidado del tema en cuanto ha confirmado que Daniel está en la ciudad.

–  ¿Por qué estaba Tom enfadado contigo?

–  Cree que no debo involucrarme en los asuntos personales de mi nuevo jefe y supongo que tiene razón, pero creo que ha cambiado de idea esta mañana. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Ha cambiado de idea?

–  Creo que ha visto que eres un buen tipo y se le ha pasado un poco. – Al ver la cara de desconcierto de Mike, añado: – Tom es como mi hermano mayor, es demasiado protector conmigo.

Tras un rato de breve charla en el precioso jardín de los Madson, Mike y yo regresamos a la casa para despedirnos de sus padres y su hermana. Kate insiste en quedar mañana por la tarde para ir de compras y yo acepto, aunque por el rabillo del ojo veo el gesto de desaprobación de Mike.

Antes de regresar a casa de Mike pasamos por el apartamento de Tom para recoger mis cosas. Voy a pasar toda la semana en su casa y el viernes viajaremos a Rusia, así que preparo un par de maletas con ropa para dos semanas y nos dirigimos a casa de Mike.

Tu hada de la suerte 11.

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Trato de serenarme y pensar con claridad. Puede que Daniel ni siquiera esté en la ciudad, puede que haya encargado por internet el envío de las flores.

Decido llamar a Tom, aunque puede que siga enfadado conmigo… Lo llamo de todos modos.

–  Hola Tom. – Lo saludo cuando descuelga.

–  Milena, estoy entrando en el Luxe, venía a verte porque necesito contarte algo.

–  Creo que Daniel está en la ciudad.

–  Lo sé, Milena. – Me responde resignado. – Dame dos minutos y estoy en tu despacho.

Tom cuelga y dos minutos después aparece en mi despacho, tiempo suficiente como para que vaya atando cabos.

–  ¿Desde cuándo lo sabes? – Le pregunto furiosa.

–  Me pareció verlo el sábado en el pub, por eso estaba tan alterado cuando regresaste a casa acompañada de tu jefe. – Me explica Tom afligido. – Ayer salí a correr y me pareció volver a verlo, así que estuve buscándolo todo el día pero…

–  ¿Por qué no me has dicho nada? – Le espeto furiosa. – ¡Joder, creo que es él quien ha enviado las fotografías a Mike!

–  ¿De qué estás hablando?

–  Ayer por la mañana un motorista dejó un sobre con fotografías en el buzón de casa de Mike. – Le resumo rápidamente. – Todas las fotografías son del sábado y en todas aparecemos Mike y yo. Si Daniel está en la ciudad desde el sábado nadie lo habrá visto en el pueblo, ¿puedes llamar a tus padres para preguntarles?

–  Sí, ahora mismo los llamo. – Me responde Tom. Se percata del ramo de rosas y añade: – Tienes otro ramo igual en casa, ¿son de Daniel?

Asiento con la cabeza y Tom llama a sus padres para averiguar cualquier cosa sobre Daniel. Tras una breve charla, Tom cuelga y me dice preocupado:

–  Nadie lo ha visto desde hace cuatro días. Mi padre dice que desde que te fuiste las veces que ha visto a Daniel iba borracho y puede que drogado.

Alguien golpea suavemente la puerta de mi despacho y cuando se abre aparece Mike, que se sorprende al encontrarme con Tom.

–  Lo siento, no sabía que estabas ocupada… – Se disculpa Mike volviendo a cerrar la puerta.

–  No te vayas, Mike. – Le digo antes de que se marche. – Tengo que decirte algo.

–  ¿Va todo bien? – Me pregunta preocupado.

Espero a que se siente en el sillón de al lado donde Tom está sentado y le digo:

–  Creo que sé quién ha hecho las fotografías. – Mike me mira a mí y después mira a Tom, pero no dice nada y yo prosigo: – Creo que es mi ex.

Mike me mira inexpresivo, no sé lo que le está pasando por la cabeza y empiezo a ponerme nerviosa y Tom sigue con su cantinela:

–  Milena, Daniel no parará hasta que se encuentre contigo y es peligroso. Sabe dónde trabajas, sabe dónde estás viviendo y, por lo que me cuentas, parece que te tiene controlada. – Suspira profundamente y añade: – Tengo que ir a trabajar, pero prométeme que no irás sola a ninguna parte. Llámame cuando quieras regresar a casa y vendré a buscarte.

–  No es necesario, yo me encargo de todo. – Interviene Mike sin aceptar réplicas.

Tom y Mike se mantienen la mirada y finalmente Tom le dice a Mike:

–  Lo último que sé de él es que la mayor parte del tiempo está borracho y puede que drogado, es un tipo peligroso. – Se levanta de la silla y añade mirando a Mike: – Mañana me voy a New York por trabajo y no regresaré hasta el viernes por la noche, no quiero que se quede sola en ningún momento.

–  No te preocupes, Milena se quedará en mi casa. – Le asegura Mike poniéndose en pie. – No la dejaré sola ni un segundo.

–  Llámame si necesitas algo. – Añade Tom antes de abrazarme. Le estrecha la mano a Mike y se despide antes de marcharse: – Te llamaré esta noche.

Tom sale de mi despacho y Mike y yo nos quedamos a solas. Ambos nos miramos durante unos instantes hasta que Mike, con tono rotundo, me dice:

–  Te vienes a mi casa esta misma tarde quieras o no y, si no te importa, me gustaría saber por qué tu ex te persigue y nos hace fotos que después me envía.

–  Pillé a mi ex follándose a mi mejor amiga un día que salí antes del trabajo. Estábamos prometidos y en octubre nos íbamos a casar. Obviamente, lo dejé. Necesitaba un cambio de aires y lo único que me retenía en Beach Ville era mi trabajo, así que dimití y me mudé a Highland. No he vuelto a ver ni a hablar con él desde entonces, pese a que Daniel lo ha intentado. ¿Quieres saber algo más?

–  Sí, quiero que me des acceso a su expediente. – Me dice con tono de voz suave. – Si ese tipo nos está vigilando tendré que saber qué aspecto tiene.

–  Lo siento, estoy de mal humor y lo estoy pagando contigo. – Me disculpo al darme cuenta de lo borde que estoy siendo con él.

–  No tienes que disculparte por nada, Milena. – Me dice Mike con su sonrisa perfecta. – Llamaré a mi madre y anularé…

–  No, no lo anules. – Le interrumpo antes de que acabe la frase.

–  ¿Estás segura? Puedo llamarla y decirle que vamos otro día.

–  Estoy segura, así me distraigo. – Le confirmo.

–  De acuerdo. – Dice Mike no demasiado convencido. – ¿Y esas rosas? – Me pregunta mirando el ramo de rosas que me ha enviado Daniel.

–  Son de Daniel. – Le respondo con un hilo de voz. – Tres años con él y el muy idiota aún no se ha enterado que mis flores favoritas son los lirios blancos. – Cojo el ramo y lo tiro a la basura bajo la atenta mirada de Mike. – Será mejor que sigamos trabajando.

–  Estaré en mi despacho si necesitas algo. – Me dice Mike antes de marcharse.

Me paso la mañana creando el nuevo programa para archivar los informes y a media mañana Norma entra en mi despacho sonriendo, con un enorme ramo de lirios blancos y me dice:

–  Debe de ser un día especial para ti porque acabas de recibir este precioso ramo de lirios.

No necesito leer la tarjeta para saber quién me envía el ramo. Le dedico una sonrisa a Norma y le guiño un ojo con complicidad mientras ella deposita los lirios sobre el jarrón con agua donde estaban las rosas que ahora descansan en la papelera. Norma ve las rosas, pero actúa discretamente y no dice nada. ¿Le habrá pedido Mike que las encargue? Espero que no, de lo contrario no sé qué pensará Norma de mí…

Me acerco al ramo de lirios e inhalo el delicado olor de las flores que tanto me gustan. Cojo la tarjeta que acompaña el ramo de lirios y la leo: “Para mi Hada de la suerte.” Sonrío como una adolescente mientras miro embobada los preciosos lirios blancos.

Tu hada de la suerte 10

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Retraso todo lo que puedo el viaje a casa de Mike y cuando salimos a la calle Joe está apoyado en el todoterreno aparcado en doble fila frente al portal. Joe me saluda amablemente y veo en sus ojos que lo hace con sinceridad, ya no me mira con esa desagradable desconfianza. Llegamos a su casa a la hora de cenar y, mientras Mike me acompaña a la habitación de invitados para que me instale, Carmen nos prepara la cena.

–  Mike me ha dicho que te gustan mucho las berenjenas rellenas de carne y gratinadas con queso, espero que me hayan quedado bien. – Me dice Carmen con una amable sonrisa cuando entramos en el comedor.

–  Gracias Carmen, estoy segura de que estarán riquísimas. – Le agradezco. Me vuelvo hacia a Mike para darle las gracias también a él y me guiña un ojo con complicidad. – Gracias.

–  No me las des, es mi obligación mantener a mi hada de la suerte contenta. – Me responde divertido.

Carmen nos mira con alegría y cariño, sin duda alguna se alegra de la complicidad que existe entre Mike y yo. Joe también sonríe al mirarnos, aunque no logro adivinar si es una sonrisa sincera o irónica, supongo que es sincera porque Mike le devuelve la sonrisa. Por algún motivo, hoy todos parecen estar contentos.

Cuando terminamos de cenar y Carmen entra en el comedor para retirar los platos vacíos, le digo:

–  Estaban buenísimas, Carmen.

–  Gracias, mi niña. – Me contesta tímidamente. – Me alegro de que te hayan gustado.

–  Ahora podré utilizar las dotes culinarias de Carmen para hacerte chantaje y que vengas a cenar a casa cuando te lo pida. – Bromea Mike. Su teléfono empieza a sonar y al ver quién es el interlocutor exclama: – Mierda, me he olvidado de la cena en casa de mis padres. – Suspira profundamente antes de descolgar y dice: – Hola mamá. – Una larga pausa y añade: – Lo sé, se me ha ido el santo al cielo y… – Se interrumpe y, una breve pausa después, añade: – ¿Qué? No, no es mi… – Le vuelven a interrumpir y dice antes de colgar: – Vale, está bien. Lo intentaré pero no te prometo nada.

Mike se pasa las manos por la cabeza y me mira incómodo. Estoy segura de que va a decirme algo que no me va a gustar pero como no abre la boca decido preguntar:

–  ¿Va todo bien? No quiero causarte ningún problema y…

–  Tengo que pedirte un favor. – Me interrumpe Mike.

–  No me va a gustar, ¿verdad? – Me arriesgo a preguntar.

–  Me temo que no. – Me responde apesadumbrado. – ¿Salimos al jardín y te lo cuento?

Asiento con la cabeza y ambos nos levantamos y salimos del comedor dejando a Carmen y Joe tratando de ocultar una sonrisa sin éxito. Tan malo no puede ser si ellos se están riendo, ¿no?

Mike me guía por el pasillo, atravesamos el salón y salimos al jardín trasero de la casa. Caminamos unos metros hasta llegar a una especie de zona chill-out que se ha montado en el jardín, donde nos sentamos en uno de los sofás.

–  Será mejor que empieces a hablar, estoy empezando a asustarme. – Le ruego al ver que continúa callado. – ¿Tan malo es lo que me vas a pedir?

–  Mi hermana le ha dicho a mi madre que nos vio muy juntos en el pub y mi madre, aprovechando el despiste que he tenido al olvidarme de la cena familiar de los domingos,  quiere que vayamos juntos mañana a comer a su casa. – Mi cara debe ser un poema porque rápidamente añade: – Sé que no tengo ningún derecho a pedirte esto, pero me facilitará las cosas con mi madre.

–  ¿Me estás pidiendo que vaya a comer a casa de tus padres y me haga pasar por tu novia? – Le pregunto para asegurarme de haberlo entendido bien.

–  No, te estoy pidiendo que me acompañes a comer a casa de mis padres en calidad de amiga, no quiero mentir. – Me aclara.

–  Estoy segura de que me voy a arrepentir, pero no puedo decir que no ya que esto ha sido en parte culpa mía. – Le digo tras lanzar un gran suspiro. – Pero quiero que le digas la verdad a tu madre, no quiero que me utilices para mentirle.

–  ¿La verdad? ¿Y cuál es la verdad?

–  La verdad es que trabajo para ti. – Le respondo, pero al ver su cara de desconcierto y desaprobación añado dudosa: – Y ¿somos amigos?

–  Sí, somos amigos. – Me confirma con su sonrisa perfecta. – Pero no trabajas para mí, trabajas para Luxe. Te estoy pidiendo un favor como amiga, no como empleada de Luxe.

Nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos y tengo que contener mis ganas de besarle que es lo que más deseo en este mismo momento.

–  Milena, no quiero que hagas nada que tú no quieras. – Me dice sin dejar de mirarme a los ojos, pero sin rastro de su sonrisa. Me coge de las manos y continúa hablando: – Sé que todo esto es una locura, pero lo entenderás cuando conozcas a mi madre.

–  Iré contigo, pero te advierto que esto servirá como compensación por la estancia en casa de mi abuelo. – Le advierto y añado con sorna: – Lo entenderás cuando conozcas a mi abuelo.

–  Eres mi hada de la suerte, supongo que te pondrás de mi parte frente a tu abuelo. – Me susurra al oído acercándose más a mí. Me tenso al sentir su aliento en mi cuello y Mike se percata, se aleja de mí y dice con voz ronca al mismo tiempo que se pasa las manos por la cabeza: – Será mejor que entremos en casa, es tarde, mañana es lunes y tenemos que trabajar.

Asiento con la cabeza y me levanto del sofá. Cruzamos el jardín, entramos en la casa y Mike me acompaña hasta la puerta de la habitación de invitados, mi habitación esta noche.

–  Mi habitación es la última puerta de la derecha, avísame si necesitas algo. – Me dice Mike evitando mirarme a los ojos. – Buenas noches, Milena.

–  Buenas noches. – Logro balbucear antes de entrar en la habitación.

Me meto en la cama y me paso la noche dándole vueltas a lo que ha pasado en el jardín. Juraría que Mike ha estado a punto de lanzarse, pero finalmente no lo ha hecho. Y cuando me ha dado las buenas noches, ¿me estaba invitando sutilmente a su habitación o solo pretendía ser amable y hacer de anfitrión?

Estoy tan nerviosa que no puedo dormir y a las seis de la mañana decido levantarme y darme una ducha antes de bajar a desayunar.

Cuando entro en la cocina me encuentro con Carmen que está preparando el desayuno y me saluda alegremente cuando me ve:

–  Buenos días, mi niña. ¿Tú tampoco has dormido bien?

–  ¿Tanto se me nota? – Le pregunto confirmando su observación.

–  Se te ve cansada. – Me confiesa Carmen. – Siéntate que te voy a preparar un buen desayuno para reponer energías.

Obedezco a Carmen y me siento a la mesa de la cocina mientras ella me sirve un café con leche, un vaso de zumo, tostadas con mermelada y tortitas. Mike y Joe entran en la cocina y nos dan los buenos días. Joe parece de buen humor, sonríe con alegría y se sirve un café solo, pero Mike no sonríe y parece estar tan cansado como yo. Evita mirarme y, por precaución, decido seguir devorando mi desayuno sin decir nada. Una vez acabamos de desayunar, Joe nos lleva al Luxe en el todoterreno y permanecemos en el más absoluto de los silencios durante todo el trayecto.

Cuando entro en mi despacho veo un ramo de rosas rojas sobre el escritorio. Cojo la tarjeta que cuelga del ramo y la leo: “Te echo de menos, nena. D.”

Me siento en la silla porque me estoy empezando a marear. Leo de nuevo la tarjeta, aunque sé perfectamente de quién es. No sé cómo me ha encontrado Daniel, pero es obvio que me ha encontrado si me ha enviado las rosas al despacho.

Daniel es mi ex novio y el motivo por el cual me fui de Beach Ville. Llevábamos tres años saliendo juntos y seis meses prometidos hasta que hace dos meses descubrí que me ponía los cuernos con Patty, mi mejor amiga desde que íbamos a primaria. Debido a mi trabajo tenía que viajar constantemente y últimamente apenas nos veíamos, pero tampoco me esperaba que me fuera a traicionar con Patty. No los he vuelto a ver ni a hablar con ellos desde que los pillé infraganti un día que regresé temprano del trabajo. Cuando llamé a Tom y le conté lo sucedido me dijo que me fuera con él a la gran ciudad una temporada y, como ya nada me ataba a Beach Ville, dejé mi trabajo y me trasladé. Cambié mi número de teléfono y también de vida. Patty no ha intentado ponerse en contacto conmigo ni una sola vez, pero Daniel no ha dejado de enviarme e-mails que borro sin leer.