Archivo | junio 2016

Mejor Proyecto Personal Primer Aniversario Blogger House

Premio de Rakel

 

El 25 de junio de 2015 nació Blogger House, un blog en común que se creó con la idea de ayudar a salir adelante a los bloggeros que empezaban a compartir su trabajo. Durante todo este año, los administradores han hecho una gran labor compartiendo los escritos de todos los autores que colaboran.

Con motivo del Primer Aniversario de Blogger House, los administradores han creado una entrada especial y he tenido el gran honor de recibir este premio, que me hace especial ilusión recibir ya que es un proyecto que he visto nacer y que siento parte de mí, ya que además de compañeros, he encontrado una familia.

Tan solo quería agradecer públicamente este reconocimiento y aprovechar para invitaros a todos a pasar por el maravilloso blog de Blogger House, en el que podréis encontrar una gran variedad de escritos y estilos de muy buena calidad.

¡¡¡Felicidades Blogger House y por muchos años más!!!

Tú, yo y las estrellas 1.

Tú, yo y las estrellas

Cuando por fin termino de deshacer mis maletas y de ordenar un poco el apartamento, decido sacar a pasear a Thor, mi perro. Es un American Stanford y necesita salir a correr y hacer deporte si no quiero que acabe con todo el mobiliario. En cuanto me ve coger la correa, Thor se levanta desperezándose y camina hacia a la puerta moviendo la cola alegremente. Al salir del ascensor en la planta baja del edificio me encuentro a Tomás, el conserje del turno de tarde:

–  Buenas tardes, señorita Robles. – Me saluda educadamente.

–  Buenas tardes, Tomás.

Llevo a Thor a un parque cercano a casa y allí lo suelto para que corra, le lanzo su pelota, él la va a buscar y me la trae para volver que se la vuelva a lanzar. Es un perro muy bueno, a pesar de estar considerado como una raza peligrosa. Los hombres de este país son más peligrosos y ellos no están obligados a llevar correa y bozal, y más de uno lo necesita.

Regreso a casa un par de horas después, con el tiempo justo para ducharme y arreglarme antes de que mis padres vengan a recogerme para ir a cenar a casa de mis tíos, a los que no veo desde las pasadas navidades. Tengo ganas de ver a la familia, aunque eso suponga tener que contestar sus incesantes preguntas pero hasta eso he echado de menos desde que con veinte años me fui de Erasmus a Múnich y, hasta el día de hoy, viví allí. Lo que me hizo quedarme en Alemania fue Norbert, un chico al que conocí en la universidad de Múnich y del que me enamoré. Por él he pasado los últimos cuatro años lejos de mi familia, lejos de mis amigos y lejos de mi país. Al principio todo era perfecto, pero este último año apenas nos veíamos debido a mi trabajo como relaciones públicas en la multinacional del padre de Norbert, donde él ocupa el cargo de director financiero. Trabajábamos juntos en la misma empresa, aunque en distintos departamentos, pero en una empresa grande los rumores corren aún más y hasta a mí llegó el rumor de que Norbert se estaba acostando con Frida, su secretaria. En lugar de montar en cólera, decidí callar y no decir nada hasta poder confirmar qué había de cierto en el rumor. Una tarde le seguí y le vi entrar con Frida en un hotel. Me fui directamente al apartamento que compartía con Norbert, recogí todas mis cosas y me mudé a casa de Berta, una de mis pocas amigas en Alemania que nada tenían que ver con Norbert. Berta y yo nos conocimos en la universidad de Múnich hace cinco años y desde entonces nos hicimos inseparables, como uña y carne. Ella me consoló, me animó y me hizo más fuerte. Estuve de baja laboral dos semanas, lo último que me apetecía era encontrarme con Norbert en la oficina, y cuando me sentí más recuperada, regresé para presentar mi dimisión. Norbert no daba crédito a lo que ocurría, no le dije lo que había averiguado, simplemente desaparecí de su casa y de su vida como si nunca hubiera existido.

Han pasado dos meses y Norbert sigue llamándome constantemente, a pesar de que no he contestado ni a una sola de sus llamadas. Cuando presenté la dimisión en la oficina, intentó preguntarme qué me pasaba, pero lo único que le dije fue que se olvidara de que nos conocíamos y me dejara en paz de una vez. No me dio ninguna pena pese a que puso su carita de niño bueno que siempre me derretía, en ese mismo momento me di cuenta que ya no estaba enamorada de él.

–  Thor, pórtate bien y no destroces nada. – Le digo a mi perro que me mira con cara de pena, aunque estoy segura de que entiende lo que le digo. – Te prometo que cuando regrese te sacaré a pasear.

No me gusta la idea de tener que dejar a Thor solo en casa, se siente tan extraño y desubicado como yo misma lo estoy, pero si lo llevo a casa de mis tíos a mi tía Lola le da algo. Lola es la mujer de mi tío Paco, el hermano de mi padre. Mis tíos no han tenido hijos a pesar de que les hubiera encantado tenerlos, así que mi hermana y yo somos lo más parecido a unas hijas que tienen y nos quieren con locura.

Mis padres llegan puntuales como siempre y yo los saludo nada más entrar en el coche:

–  Hola papá, hola mamá.

–  Hola cariño, estás preciosa. – Me dice mi padre dándome un beso en la mejilla.

–  Manuel, nuestra hija pequeña se ha convertido ya en una mujer y no nos habíamos dado cuenta. – Se lamenta mi madre.

–  Para mí Eli siempre será mi niña, aunque cumpla sesenta años. – Le contesta mi padre. – Para un padre sus hijas nunca crecen, Rosa.

Llegamos a casa de mis tíos a las ocho y media, pero mi hermana y mi cuñado ya están allí, aunque no veo a mis sobrinos por ninguna parte.

–  Rocío, Jorge, ¿dónde habéis dejado a esos dos demonios? – Les pregunto a mi hermana y a mi cuñado.

–  Los hemos dejado en casa de los padres de Jorge, es la primera noche que salimos sin los niños desde que Iker nació y venimos a cenar a casa de los tíos. – Me dice mi hermana poniendo los ojos en blanco. – Tendríamos que habernos ido de cena romántica y después a un hotel.

–  Lo de la cena romántica no va a poder ser, pero sí podéis ir a un hotel cuando salgáis de aquí. – Les sugiero divertida. – Pero no me hables de sexo, la abstinencia no me está sentando nada bien.

–  Hermanita, han pasado ya dos meses desde que lo dejaste con el idiota de Norbert, llevas una semana en España y ni siquiera has salido de copas una noche con tus amigas. – Abro la boca para tratar de defenderme pero mi hermana continúa hablando: – No intentes ponerme ninguna excusa, me ha llamado Helena y me ha dicho que le estás dando largas para salir con ella y sus amigos. ¿Cuál es el problema?

–  No hay ningún problema, Rocío. – Le digo quitándole importancia al asunto. – Llevo toda la semana organizando mi nuevo apartamento, limpiándolo y decorándolo. Estoy agotada física y psicológicamente, necesito descansar y no me apetece en absoluto salir de fiesta con los amigos de Helena a los que ni siquiera conozco y, conociéndola a ella, les habrá contado a todos que lo acabo de dejar con mi novio o, peor aún, que le descubrí poniéndome los cuernos.

–  Es tu amiga, te quiere y se preocupa por ti. – Me recuerda mi hermana.

–  Vale, capto el mensaje. – Refunfuño. – Mañana la llamaré y quedaré con ella, ¿contenta?

–  ¡Eliana, ven y saluda a tu tía favorita! – Exclama mi tía Lola abrazándome.

–  Eres su tía favorita porque eres la única que tiene. – Le dice mi tío Paco con sorna.

–  Ahora que te tengo aquí tengo que aprovecharme no vaya a ser que te dé por irte a la china o a algún otro sitio más lejos aún. – Me reprocha mi tía.

–  No puedo prometer que viviré siempre aquí, nunca se sabe las vueltas que da la vida. – Le contesto con una amplia sonrisa. – Pero pienso quedarme una buena temporada, después de recordar lo que supone una mudanza, creo que las evitaré durante un largo tiempo.

–  Me alegro de que hayas vuelto a casa, Eliana. – Me dice mi tío Paco. – Te echábamos de menos.

Cenamos en familia charlando y bromeando. Por suerte para mí, nadie vuelve a mencionar a Norbert, la única que se atreve a hacerlo es mi hermana y solo cuando estamos a solas. Ya di las explicaciones pertinentes el mismo día que regresé a España, hace ya una semana, y les dejé muy claro que no quería volver a hablar más del tema.

Después de cenar, mi hermana y Jorge, siguiendo mi consejo, deciden marcharse temprano y así poder disfrutar de una noche en pareja sin niños y sin familia. Pero en el último momento mi cuñado se compadece de mí y me dice:

–  Eli, te acercamos a casa y así tus padres no tendrán que desviarse, nosotros tenemos que pasar por tu calle de todas formas.

–  Gracias, estoy agotada. – Me despido de mis padres y mis tíos y cuando paso por delante de mi cuñado le susurro: – Te debo una, cuñado.

–  Estamos en paz, tú me has conseguido una noche a solas con mi mujer. – Me responde divertido.

Jorge y Rocío me llevan hasta la puerta de mi edificio y esperan a que entre para marcharse. Nada más entrar en la portería, me topo con Jaime, el guarda de seguridad nocturno del edificio.

–  Buenas noches, señorita Robles. – Me saluda dedicándome una sonrisa.

Lo malo de vivir en un edificio propiedad de mi familia es que todo el mundo me conoce y, en consecuencia, te tratan de señorita.

–  Buenas noches, Jaime – Le respondo educadamente. – Pero llámame Eliana o Eli, por favor.

Jaime asiente encantado y me dice divertido:

–  Entonces, buenas noches, Eli.

Subo a casa, me pongo un pantalón corto de deporte y una camiseta y, tal y cómo le he prometido a Thor, lo saco a pasear al mismo parque dónde lo he llevado esta tarde y decido hacer un poco de ejercicio con él, pues desde que regresé no he salido a correr ni me he apuntado a ningún gimnasio, aunque pienso retomar mi rutina.

Estando en el parque con Thor, oímos unos gritos de mujer y Thor sale corriendo hacia donde proceden los gritos.

–  ¡Thor, no! – Le grito, pero ya es demasiado tarde y salgo corriendo detrás de él.

Cuando llego hasta dónde está Thor, me lo encuentro mordiéndole el pie a un tipo que sujeta con fuerza a una chica por el brazo y la zarandea.

–  Ayúdame, por favor. – Me suplica la chica con los ojos anegados de lágrimas.

–  Suéltala. – Le ordeno al tipo que ahora solo se preocupa de Thor. – Te doy tres segundos para que la sueltes y desaparezcas, mi perro no es muy paciente.

Sin tiempo que perder, el tipo, aterrorizado por Thor, suelta a la chica y sale huyendo. Thor sale detrás de él, pero le silbo y Thor regresa a mi lado de inmediato.

–  ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a la policía o a un médico? – Le pregunto preocupada.

–  No, gracias. – Me responde con un hilo de voz. – Estoy bien, solo un poco asustada.

–  Si quieres, puedo acompañarte a tu casa. – Me ofrezco al ver su rostro contrariado.

–  Esto te va a parecer extraño pero, necesito hablar con alguien sin que me juzgue. – Empieza a decirme la chica entre sollozos. – Creo que si no hablo con alguien estallaré y, aunque eres una completa desconocida, confío en ti más que en mis propias amigas.

–  Vivo a un par de calles de aquí, si quieres dejamos a Thor en casa y nos vamos a tomar una copa o si lo prefieres podemos quedarnos en mi casa y me cuentas todo lo que ha pasado. – Le propongo. – Eso sí, acabo de mudarme y no tengo nada de bebidas alcohólicas, así que si quieres emborracharte, tendremos que parar a comprar algo de beber. – Por fin logro arrancarle una sonrisa y le digo: – Por cierto, me llamo Eliana, pero casi todo el mundo me llama Eli.

–  Yo soy Carolina, pero casi todo el mundo me llama Carol. – Me responde más relajada. – Vamos a comprar bebidas, yo invito.

Dicho y hecho. De camino a casa paramos en un pakistaní y compramos una botella de tequila, una bolsa de hielo y un par de limones. Saludo de nuevo a Jaime y subimos a casa en el ascensor. Una vez en casa, la hago pasar al salón y, tras traer un par de copas, un plato, un cuchillo y una cubitera de la cocina, le pido a Carol que prepare unos tequilas con limón mientras me doy una rápida ducha.

Tú, yo y las estrellas.

Tú, yo y las estrellas

Tras romper su relación con Norbert, un alemán muy estirado e infiel, Eliana decide regresar a España junto a su familia y amigos. Han sido dos meses duros, pero por fin está instalada en su nuevo apartamento con Thor, su perro. Su sobrina Nerea es su principal fuente de alegría y felicidad, un pequeño demonio rubio que es su vivo retrato cuando tenía su edad.

Su hermana Rocío insiste en que debe recuperar su vida social, salir y divertirse, disfrutar de su soltería y rehacer su vida, pero Eliana no tiene demasiado interés en ello. Al menos no hasta que la casualidad hace que conozca a Carol, una chica de su edad que sufre la misma traición que sufrió ella. Tras una noche de copas y confidencias, Eliana decide que es hora de afrontar la vida y llama a su mejor amiga Helena para organizar una noche de chicas.

Pero lo que menos espera es toparse con Álex, un hombre de lo más seductor que la rescata cuando se encuentra en apuros, un hombre que resulta ser el hermano de su nueva amiga Carol, y mucho menos imagina que ese hombre también será su nuevo jefe.

A Eliana le preocupa que la historia con Norbert pueda repetirse con Álex, pero le resulta imposible no caer rendida a sus pies y no solo por su atractivo, si no por su forma de adorarla, tanto a ella como a su sobrina.

Si quieres saber más sobre ésta historia, aquí tienes todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

No tientes al diablo 21.

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Tardamos más de una hora en llegar a casa de mi padre, nos hemos entretenido más de la cuenta en la ducha. Aunque nos ha servido de terapia para relajarnos, ahora ambos estamos felices y sonreímos.

Ángel aparca en la cochera y, nada más salir del coche, coloca su brazo alrededor de mi cintura y caminamos hacia la puerta de la casa. Mi padre sale a recibirnos y, cuando ve cómo me tiene cogida Ángel, nos mira sonriendo y nos dice:

–  No me digáis nada, prefiero ahorrarme los detalles. – Se vuelve hacia a Ángel y le dice: – Ahora entiendo tu comportamiento en el hospital, creo que te debo una disculpa.

–  Olvidemos eso, lo importante es que ahora ya está todo claro. – Le responde Ángel dedicándome una dulce sonrisa que me derrite.

Entramos en casa y salimos al jardín trasero por la enorme cristalera del salón. Las chicas están sentadas a la mesa bajo la sombra de los árboles mientras que los chicos están alrededor de la barbacoa, rodeando y vigilando la comida como si alguien se la fuera a quitar. Ángel sigue envolviéndome con su brazo y todos nos miran esperando una explicación. La primera en hablar es Gloria, la madre de Ángel:

–  ¿Qué significa eso? – Nos pregunta encantada de la vida. – No nos estaréis gastando una broma, ¿verdad?

–  No es ninguna broma, mamá. – Le contesta Ángel para después besarme en la sien. – Megan y yo estamos juntos.

–  Eso no era ningún secreto pero, ¿vais en serio? – Le pregunta Paula.

–  ¿Alguna vez has visto a tu hermano reconocer públicamente que está saliendo con una chica? – Le pregunta retóricamente Adrián a Paula. – Si no supiera la fama que tiene, pensaría que mi hermano es gay.

–  No le hagas caso, me parece que quería a Megan para él. – Bromea Matías

–  Entonces, ¿puedo decirles a mis amigas que Megan es mi nuera? – Pregunta Gloria. – Se van a quedar alucinadas cuando les dé la noticia.

–  Como te descuides, Gloria te organiza la boda. – Se mofa Andrés.

–  Oye Ángel, puedes soltar a Meg, no te la vamos a quitar. – Bromea John.

–  Se me hace raro verte sonreír tanto. – Comenta Álvaro. – No pareces ni tú.

–  ¡Mira quién fue a hablar! – Espetamos Ángel y yo al unísono.

Todos se echan a reír y empiezan a hacernos preguntas sobre nuestra relación, quieren saberlo todo, pero Ángel les corta diciéndoles que mejor no pregunten sobre ese tema.

–  Sin que sirva de precedente, tengo que confesar que Ángel es el primer novio que Megan me trae a casa y me cae bien. – Dice mi padre divertido. – No quieras ni imaginar lo que he tenido que soportar.

–  Papá no sigas, por favor. – Le suplico muerta de la vergüenza.

–  Deja que hable, se estaba poniendo interesante. – Me dice Ángel divertido. – Solo conozco a uno de tus ex novios y la verdad es que es todo un personaje.

–  Se acabó. – Sentencio. – Como tu abogada te aconsejo que no entres al trapo y como mujer que no hagas preguntas de las que no quieres oír la respuesta.

–  Algún día tendrás que hablarme de ello. – Me susurra al oído. – Pero hoy me conformo con tenerte entre mis brazos todo el tiempo.

–  Te estás volviendo un poco cursi, hombre de hielo. – Me mofo.

–  Deja de tentar al diablo, nena. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  No te imaginas lo que me excita que me digas eso. – Murmuro excitada.

–  Joder Meg, no me digas eso en casa de tu padre con toda la gente que hay. – Me ruega. – ¿Acaso quieres que te coja en brazos y te haga el amor en la primera habitación vacía que encuentre?

–  Parejita, dejad de deciros guarradas y contarnos qué está pasando aquí. – Nos interrumpe Judith y ambos nos ruborizamos. – No me lo puedo creer, ¿os estabais diciendo guarradas de verdad?

–  ¿De verdad quieres saberlo? – Le pregunto con sorna.

–  No, ahórrate los detalles. – Me dice divertida. – Pero ya hablaremos tú y yo en casa.

–  Esta noche no va a poder ser. – Le dice Ángel. – Entiéndelo, la quiero para mí solo.

–  ¡Quién te ha visto y quién te ve! – Se mofa Álvaro. – Pero apoyo tu postura, yo también tengo planes con Judith para esta noche.

–  ¿Qué planes? – Pregunta Judith.

–  Es una sorpresa, ya lo verás.

Comemos en el jardín todos juntos como una gran familia, y en realidad lo somos. Solo falta mi madre, pero ella tiene a Harry y al menos no está sola.

Después de comer, tomamos café y charlamos durante un rato hasta que Ángel me susurra al oído:

–  Nena, quiero tenerte desnuda entre mis brazos.

Con solo siete palabras ha conseguido humedecerme. Me levanto de un salto y, sorprendiendo a todos, les digo tirando de Ángel:

–  La compañía es muy grata pero tenemos que irnos.

–  ¿Ya os vais? – Nos pregunta Gloria con pesar.

–  Gloria, los chicos tendrán que hablar de sus cosas después de todo lo que ha pasado. – Le dice Andrés a su mujer al mismo tiempo que me guiña un ojo con complicidad y yo me ruborizo. – Por cierto Meg, cuando tengas un hueco ven a la clínica a verme, necesito comentarte unos asuntos…

–  Ahora no, papá. – Le interrumpe Ángel. – Si quieres hablar con ella como abogada, tendrás que llamar al bufete el lunes y pedir una cita como hace todo el mundo.

–  ¿No voy a tener un trato preferente por ser tu suegro? – Se mofa Andrés.

–  El lunes a primera hora me paso por la clínica y hablamos, ¿de acuerdo? – Medio entre padre e hijo.

–  ¿No te dije que sería una nuera estupenda? – Le dice Gloria a su marido.

–  Cariño, vámonos de aquí antes de que me vea obligado a amordazar a mis padres. – Bromea Ángel.

Salimos de casa de mis padres y Ángel me lleva directamente a su casa.

–  Si voy a quedarme a dormir aquí, necesitaré ropa para ponerme mañana.

–  Aquí no te va a hacer falta la ropa, nena.

Dicho esto, me desnuda con gran destreza y me lleva a la habitación, donde me deposita sobre la cama para poder quitarse la ropa mientras yo lo observo con deleite.

–  ¿Te gustan las vistas?

–  Me encantan. – Le respondo disfrutando con los ojos lo que en breve voy a disfrutar con mi cuerpo.

–  Eres preciosa, Meg. – Me susurra al oído colocándose sobre mí. – Me has convertido en tu esclavo desde que te conocí.

Me besa, me acaricia, me lame y, sobretodo, me excita. Ángel es un buen amante, se toma su tiempo para excitarme, para seducirme. Disfruta haciendo el amor, no se limita a penetrarme y correrse, le gusta complacerme con sus manos, con su lengua, con sus labios y con sus ojos. Esa mirada lasciva que pone cuando le provoco y le tiento, cómo él dice. Todo en él me excita y me dejo llevar por la pasión y la excitación que ambos sentimos cuando estamos juntos, sintiéndome la mujer más feliz del mundo.

 

FIN

No tientes al diablo 20.

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Ángel conduce directamente hacia su casa, lo sé cuando entramos en el parking de su edificio. ¿Qué me traiga a su casa es una buena señal? Supongo que sí. Aunque se ha pasado todo el camino en silencio, no está serio (o al menos no tanto como de costumbre) y parece más relajado. Yo, por el contrario, estoy hecha un manojo de nervios.

Entramos en el ascensor y cuando nuestras miradas se cruzan en el espejo sé que me voy a rendir a su merced, pero también sé que ahora mismo es lo que más deseo. Veo el deseo en sus ojos, sin embargo sigue manteniendo las distancias conmigo.

Entramos en su casa y me sorprendo al ver el salón completamente plagado de papeles e informes. Miro a Ángel burlonamente al ver todo ese desorden pero él parece sentirse incómodo por algo. Cojo uno de los informes y entonces me doy cuenta del motivo, son informes de la DEA, todos relacionados con Jeff, con Colorado y conmigo.

–  ¿Cómo has conseguido todo esto? Se suponen que son confidenciales. – Le pregunto con total normalidad.

–  Dylan me los envió la noche del concierto y esta tarde, cuando me llamó Paula, los estaba revisando, por eso está todo desordenado. No te preocupes, lo recojo en un momento. – Me contesta sin mirarme a la cara.

–  No me molesta el desorden, Ángel. – Le contesto molesta. – Lo que me molesta es que tengas que leer un puñetero informe de la DEA para averiguar algo que puedes averiguar antes si me lo preguntas directamente a mí.

–  ¿Responderías con sinceridad?

–  Mira, sé perfectamente que mi vida y mi pasado son un poco… peculiares. – Opto por decir. – Pero no soy ninguna delincuente. Y sí, claro que responderé con sinceridad. No tengo nada que ocultar ni tampoco nada de lo que arrepentirme, lo que hice lo hice porque en su momento era lo que quería. Y con eso me refiero a todas y cada una de las cosas que he hecho en mi vida.

–  ¿Incluido lo de acostarte conmigo?

–  Sobre todo eso. – Le confieso. – Me atraes demasiado como para tratar de resistirme y, como bien sabes, creo que Óscar Wilde era un tipo sabio y tenía mucha razón en su opinión sobre la tentación.

–  Pequeña, deberías tener cuidado con lo que dices, puedes darme esperanzas. – Me susurra al oído.

–  ¿Estás excitado? – Le pregunto con picardía.

–  Es imposible no estarlo cuando te tengo delante. – Me susurra. – Pero no me refería a eso, pequeña. Me va a costar que me entiendas.

–  Prueba a decírmelo sin andarte por las ramas. – Le sugiero.

–  Es la tercera vez que te traigo a mi casa, desde que te conozco solo pienso en ti y cuando estás conmigo solo pienso en pasar el resto de mi vida a tu lado. – Me dice con seriedad. – ¿Te vale con eso o quieres un anillo de compromiso?

–  De momento, creo que me conformo con eso. – Le contesto entre risas. – ¿He conseguido derretir al hombre de hielo?

–  Completamente, cariño. – Me contesta divertido. – Por cierto, he descubierto que puedo llegar a ser muy celoso y posesivo, creo que deberías saberlo.

–  Como si lo hubieras podido ocultar. – Le contesto burlonamente.

–  ¿Tanto se me ha notado? – Me pregunta divertido.

–  Eres como el perro de Hortelano, ni come ni deja comer. – Me mofo.

–  Nena, no tientes al diablo. – Me advierte.

–  Lo siento, pero no pienso en otra cosa que no sea tentar al diablo desde que te conozco. Vamos a tener que dejarnos arrastrar por esa tentación a ver si así nos libramos de ella. – Le propongo divertida.

Ángel suelta una carcajada y yo le beso en los labios, dando el primer paso para derribar la barrera física que aún nos separa. Ángel me agarra de los muslos y me sienta sobre su regazo de cara a él sin dejar de besarme. Nuestras manos recorren cada centímetro de nuestros cuerpos con urgencia, ambos estamos hambrientos y no de comida precisamente. Pero de repente Ángel deja de besarme y me agarra con firmeza de las manos al mismo tiempo que me mira directamente a los ojos y me dice:

–  Espera, antes tenemos que hablar.

–  Creía que ya habíamos hablado de todo. – Le replico haciendo un mohín.

–  No hemos hablado de nuestro acuerdo, nena. – Me dice sonriendo. – No quiero prescindir de mi abogada.

–  Sexo y negocios. – Medito. – No puedo prometerte que vaya a salir bien, pero podemos intentarlo.

–  Amor y negocios. – Me corrige. – Obviamente, dentro del amor incluyo mucho sexo.

–  Ángel, puede que te estés precipitando. – Trato de hacerle entender. – Apenas nos conocemos y, teniendo en cuenta que no has tenido una relación estable en tu vida…

–  Estoy seguro de esto, Meg. – Me interrumpe con seriedad. – Casi me volví loco cuando tu padre le dijo a Dylan que Jeff era el único al que tú necesitabas a tu lado en el hospital. Casi me he vuelto loco hoy al verte bailar con ese tipo en la pista del Edén. Quiero que solo seas mía igual que yo solo soy tuyo desde que te conocí.

–  ¿Te estás declarando? – Le pregunto estupefacta.

–  O no prestas atención cuando hablo o yo no me estoy explicando bien, pero no debería quedarte ninguna duda de que te quiero a mi lado, nena. De hecho, he pensado en pagar a alguien para que te amenace y así podré tenerte otra vez en casa.

–  Creo que eso lo podemos resolver sin necesidad de que contrates a alguien para secuestrarme. – Le respondo riendo. – Y ahora, ¿podemos seguir con lo que estábamos haciendo?

–  Aún no, nena. – Me contesta disfrutando por hacerme esperar. – Tendremos que decírselo a tu padre y me gustaría que me dijeras cómo crees que se lo tomará.

–  Vamos a tomarnos esto con calma, nene. – Le contesto divertida. – De momento, creo que lo mejor es que esto quede entre nosotros y, cuando estemos más seguros de que lo nuestro va adelante, ya se lo diremos a todo el mundo.

–  De eso nada, nena. – Me contradice. – Quiero que tu padre sepa que el hombre al que quieres a tu lado soy yo. Eres mía, nena. Quiero que todo el mundo lo sepa.

–  Mi padre ha organizado una barbacoa en su casa y ha invitado a todos sus amigos, entre los que se incluyen tus padres. De hecho, creo que a ti también te ha invitado y le dijiste que no irías. – Le reprocho haciéndome la ofendida. – Iremos juntos, si eso lo que quieres.

–  Eso es lo que quiero. – Me contesta satisfecho. – Ven aquí, nena. Te he echado mucho de menos y estoy como loco de tenerte aquí.

Ángel me besa apasionadamente y yo le devuelvo el beso. Nos besamos, nos acariciamos y nos desnudamos para acabar haciendo el amor en el mismo suelo del salón. De allí pasamos a la habitación para meternos en la cama y hacer el amor una y otra vez hasta quedarnos dormidos por el agotamiento.

Me despierta el sonido del móvil de Ángel y, sin abrir los ojos, le digo medio dormida:

–  Apaga ese trasto.

–  ¡Mierda! – Le oigo musitar y se levanta de la cama de un salto al mismo tiempo que contesta al teléfono y sale de la habitación para hablar. Un par de minutos más tarde, me da un beso en la mejilla y me susurra al oído: – Nena, me acaba de llamar Álvaro. Han llegado ya todos a casa de tu padre y todos se están preguntando dónde estamos.

–  No, quiero dormir. – Le digo escondiendo mi cabeza bajo la almohada.

–  Dúchate conmigo. – Me pide con la voz ronca al mismo tiempo que me coge en brazos y yo le abrazo con gusto. – Voy a tener que hacerte el amor antes de irnos si quieres que me comporte como una persona y no como un animal delante de tu padre.

–  Me parece una idea estupenda. – Le susurro al oído.

Ángel entra en la ducha conmigo en brazos, regula la temperatura y el agua empieza a correr por nuestro cuerpo como si de caricias se tratara. Me deposita con cuidado frente a él y me besa en los labios, baja por mi cuello, recorre mi clavícula y desciende hacia mis pechos para besar, lamer y mordisquear mis pezones con verdadero erotismo mientras yo me dejo hacer.

La lujuria se apodera de nosotros y, a pesar de que todo el mundo nos espera en casa de mi padre, nosotros volvemos a hacer el amor.