Archivo | marzo 2016

Y de repente tú 18.

Y de repente tú

Madrugada del domingo 2 de septiembre de 2012.

Tras saludar a todos los invitados que han llegado puntuales, nos hicieron pasar al enorme salón de actos el cual habían amueblado y decorado para la ocasión, donde hemos cenado tras un breve discurso de Fabio y Leonor. Las mesas eran redondas y grandes, para ocho comensales, y en la nuestra estaban sentados Leonor, Fabio, Mía, Álex, Giovanni, Gina, Lucas y yo, en ese orden. Al estar sentada al lado de Leonor, he podido preguntar todo lo que necesitaba saber sobre el evento, ya que Lucas no ha mostrado el menor interés por la fiesta de sus padres.

–  Todos los años hacemos esta fiesta para recaudar dinero que posteriormente donaremos a los orfanatos de la ciudad. – Empieza a explicarme. – Cada año se dona a una organización diferente, pero siempre con el fin de ayudar a los ciudadanos más necesitados. El año pasado reformamos el hospital del barrio del sur, uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. Recibimos miles de propuestas al año y todas ellas son estudiadas para finalmente decidir a donde van a dirigirse los fondos recaudados. Este año, la propuesta seleccionada ha sido el orfanato de Lagos. Las instalaciones son pésimas, las aulas y las habitaciones de los niños están llenas de moho debido a la humedad y el material escolar que utilizan está completamente desfasado. Necesitan urgentemente una reforma.

–  ¿Quién se encarga de escoger la propuesta? – Le pregunto interesada.

–  Se encarga el comité de la Organización Benéfica de Lagos, la OBL, de la cual yo soy la presidenta desde hace quince años. – Me contesta orgullosa. – Si estás interesada, podríamos quedar un día y te enseñaré todo lo que solemos hacer y, si te animas, puedes hacerte miembro y poner tu granito de arena.

–  Mamá, no aburras a Mel. – Le reprocha Lucas severamente. – Dono el 5% de lo que gano a tu organización, eso debe bastar para evitar que la aburras.

–  No te preocupes Leonor, estoy muy interesada en la OBL y me encantaría que otro día pudieras enseñarme todo lo necesario para aportar mi grano de arena. – Le digo a Leonor al mismo tiempo que fulmino a Lucas con la mirada.

–  ¡Por fin una mujer que sabe plantarle cara a este hijo mío! – Se alegra Leonor. – No sé de quién ha sacado ese carácter, ni su padre ni yo somos cómo él. – Se vuelve hacia a mí y me susurra para que también la oiga Lucas: – Sinceramente, aún no sé cómo le aguantas.

–  ¡Mamá! – Exclama Lucas con su mirada de Iceman.

–  Oh, vamos. Solo estamos bromeando. – Intento mediar entre ambos. – Estamos pasando un rato agradable y disfruto escuchando a tu madre decir lo mucho que trabajan durante el año para recaudar fondos y hacer algo bueno para la comunidad. Es algo que tendría que hincharte de orgullo, no de aburrimiento.

–  Entonces, ¿por qué nunca vas a las galas benéficas que organizan constantemente tus padres? – Me pregunta Giovanni divertido. Le fulmino con la mirada y añade: – No me mires así, alguien tiene que defender a mi amigo, ¿no?

–  ¿Puedes explicarme eso? – Me pregunta Iceman en estado puro.

–  No voy, pero ayudo a organizarlas. – Me defiendo. – Además, el motivo por el que no voy nada tiene que ver con el evento en sí, sino por factores externos.

–  ¿Factores externos? – Me inquiere Lucas.

–  ¿Recuerdas el motivo de mi trato con Giovanni al cumplir los treinta y cinco? – Le doy una pista.

–  Estoy completamente de acuerdo en que no asistas a esos eventos, pero del trato que tienes con Giovanni tenemos que hablar. – Me susurra al oído.

El jardín trasero se ha convertido en una pista de baile con barras de bar por todas partes, como si estuviéramos en una de esas fiestas chil-out de Villasol. Lucas me coge de la mano en todo momento, evitando que me escape mientras él recibe educadamente el saludo de los invitados que no le habían saludado antes de la cena.

–  No me lo puedo creer, ¿cómo puedes estar con el serio de mi primo con lo divertida que eres tú? – Escucho una voz que me resulta familiar a mi espalda.

Tanto Lucas como yo nos giramos para poder ver al dueño de esa voz y mi sorpresa es encontrarme allí a Carlo, un chico al que conocí un verano en Villasol, un verano bastante peculiar.

–  ¡Carlo, qué alegría verte! – Exclamo abalanzándome sobre él para abrazarle.

–  Yo también me alegro de verte, aunque no me alegro tanto de verte con mi primo Lucas. Si me echabas de menos, sólo tenías que llamarme. – Bromea Carlo. – Ahora en serio, he escuchado por ahí que por fin Lucas se había echado novia y cuándo te he visto, no me lo he podido creer. Dime que se trata de una broma o algo parecido.

–  No es ninguna broma. – Sentencia Iceman con su mirada más gélida que nunca. Sus ojos se han ensombrecido tanto que se han vuelto del color del humo, un gris oscuro y temeroso.

–  Vaya, veo que va en serio. – Contesta Carlo sorprendido. – En fin, espero que cuando te aburras de él decidas llamarme y repetir una noche como la de la fiesta de la luna llena en la cueva de la playa.

Noto como los músculos de Lucas, que está pegado detrás de mí con sus manos en mi cintura, se contraen por la tensión y casi me olvido de respirar.

–  Carlo, lárgate. – Le dice Giovanni. – No es el momento ni el lugar para uno de tus numeritos.

–  Nos vemos, Mel. – Se despide Carlo lanzándome un beso al aire.

Apenas me da tiempo a abrir la boca para explicarle a Lucas lo que acaba de oír, Lucas me agarra del brazo y me lleva hasta el jardín delantero, dónde el aparcacoches ha ido aparcando los coches de los invitados. Lucas saca la llave del coche del bolsillo y dándole al botón abre su coche y las luces se encienden de inmediato. Abre la puerta del copiloto y me hace subir al coche para después sentarse él en el asiento del conductor.

–  ¿Qué pasa? – Le pregunto cuando soy capaz de hablar.

–  Nos vamos. – Me contesta arrancando el coche y sin mirarme.

–  ¿Nos vamos? ¿A dónde?

–  Nos vamos a casa.

–  ¿A casa de quién? – Le pregunto enfadada. – ¿A la tuya? ¿A la mía? ¿O cada uno a la suya y Dios en la de todos?

Lucas no me contesta, me fulmina con la mirada y sigue conduciendo. Me resigno a mi destino y cierro los ojos. Cuando por fin Lucas aparca el coche, abro los ojos y descubro que estamos en el parking del edificio de Lucas y Giovanni. ¿Me ha traído a su casa? Lucas sale del coche y espera a que yo le siga, sin abrirme la puerta y ayudarme a salir del coche como acostumbra a hacer.

Después de subir en el ascensor en silencio y entrar en su casa, Lucas se sirve un vaso de wiski con hielo mientras yo empiezo a decirle:

–  Lucas, lo que Carlo ha dicho ha sonado a algo que no es así y…

–  Déjalo, Mel. – Me espeta furioso. – Tú estás demasiado cansada y yo demasiado furioso. Lo mejor es que te vayas a dormir y mañana hablaremos más tranquilamente.

–  ¿Tú no vienes a dormir?

–  No, no tengo sueño y tengo trabajo pendiente por hacer. – Me contesta secamente. – Estaré en mi despacho si necesitas algo.

Y dicho esto, se da media vuelta y desaparece tras la puerta de su despacho. Resignada, me dirijo al dormitorio de Lucas, el único que hay, me desnudo y me meto en la cama. Doy vueltas intentando dormir, pensando en si debo o no ir a su despacho y hablar del tema, pero recuerdo lo enfadado que está y decido quedarme en la cama y seguir intentando dormir.

Y de repente tú 17.

Y de repente tú

Sábado, 1 de septiembre de 2012.

El día de la fiesta de fin de verano que dan los padres de Lucas ha llegado y yo estoy bastante nerviosa. Lucas se ha pasado la semana diciendo que teníamos una conversación pendiente y, hasta ahora, yo he logrado alargar dicha conversación. Pero Iceman se ha cansado de esperar y me ha asaltado en el coche de camino a la fiesta:

–  Mel, cuando lleguemos a casa de mis padres, no solo estará la gente más importante de la ciudad, también habrán periodistas y fotógrafos. -Empieza a decirme. – No suelo ir a esta clase de eventos y mucho menos acompañado, así que seremos el centro de atención de todo el mundo.

–  ¿Qué quieres decir con eso?

–  Que nos van a preguntar qué clase de relación tenemos. – Me responde lanzándome una severa mirada antes de volver la vista a la carretera. – Y, antes de que me digas nada, no pienso presentarte como a una amiga porque no pienso consentir que otro tipo te invite a bailar o trate de ligar contigo.

–  ¿Celoso y posesivo? – Me mofo. – No son cualidades muy comunes en mujeriegos que no creen en el amor, ¿no te parece?

–  Pues sí, pero en esto es en lo que me has convertido. – Me responde furioso. – Yo tenía mi vida organizada, tenía mi propio modo de pensar sobre las relaciones y de repente, tú. Llegas tú y me rompes todos los esquemas, permaneces en mi cabeza día y noche. Desde que te vi por primera vez en el Sweet me hechizaste. Estuve yendo todas las noches al pub, esperando volver a verte. Y, cuando ya casi he perdido la esperanza, resulta que eres la mejor amiga de Giovanni. No te voy a engañar, no tengo ningún tipo de experiencia en cuanto a relaciones estables se refiere. Siempre he pensado que solo me casaría si encontraba a alguien con quien formar un matrimonio como el de mis padres. Nunca he creído poder sentir lo que siento por ti, nunca antes lo había sentido. Sé que hace poco que nos conocemos, pero yo ya sé todo lo que tengo que saber de ti. Incluso que tienes un ex novio del SS que sigue tratando de conquistarte enviándote flores y llamándote constantemente.

–  ¿Estás seguro que quieres hacerlo público? ¿Y si mañana cambias de opinión?

–  No pienso dejarte escapar, Mel. – Me sonríe. – Te quiero conmigo siempre.

–  De acuerdo, pero no creo que la fiesta de esta noche sea la mejor ocasión para anunciar nada y antes tendrás que decírselo a tu familia, no les sentará bien enterarse al mismo tiempo que los demás.

–  Mi familia ya sabe lo que hay entre nosotros, Álex les ha contado a mis padres y a Mía que nos vio besándonos en el garaje y todos han visto cómo nos tratamos, es más que evidente que somos algo más que amigos que se acuestan de vez en cuando, pero tú eres la única que se empeña en no querer verlo.

–  No puedo creer que estemos manteniendo esta conversación en este momento.

–  No me has dejado otra opción, llevo intentando hablar de esto contigo toda la semana. – Me reprocha molesto. – No entiendo cuál es el problema en hacer público lo evidente.

–  Y, ¿qué es exactamente lo evidente?

–  Que somos pareja. – Me dice con firmeza. – Mantenemos una relación de amistad y confianza, mantenemos relaciones sexuales y a ambos nos gusta pasar el tiempo juntos, ¿cuál es el problema para que no quieras intentarlo?

–  Está bien, somos pareja. – Accedo finalmente. – Y que quede claro que eso significa que nada de terceras personas para ninguno de los dos.

–  ¿Es que estás viendo a otra persona? – Me pregunta medio en broma medio en serio.

–  Sabes muy bien que lo digo por ti. – Le acuso.

–  No he estado con ninguna otra mujer desde que te vi por primera vez en el Sweet. – Me dice en un susurro. – Te dije que no he podido sacarte de mi cabeza desde entonces.

Entramos en la villa de los Mancini y descubro que la entrada delantera está llena de periodistas y fotógrafos entrevistando y fotografiando a todos los invitados.

–  ¿Vamos a entrar por ahí? – Pregunto horrorizada.

No es que no esté acostumbrada a los periodistas y a los fotógrafos, pero eso no quiere decir que me gusten. Soy muy precavida en cuanto a mi vida privada se refiere y, aunque en Lagos sea una chica anónima, Lucas ya me ha advertido que esta noche íbamos a ser el centro de atención de todo el mundo.

–  Sí, pero no te preocupes. – Me dice apretando mi mano en señal de apoyo. – Solo posaremos, sonreiremos y entraremos, no tienes que decir nada si no quieres.

Lucas para el coche frente a las escaleras que conducen al porche de la casa, donde sus padres están recibiendo a los invitados mientras son fotografiados constantemente. Lucas me mira y me sonríe, me besa el dorso de la mano para darme fuerzas y baja del coche rápidamente. Dos segundos después, la puerta de mi lado se abre y Lucas me tiende su mano para ayudarme a salir del coche. Nada más salir, miles de destellos de luz blanca me ciegan y me aferro con fuerza a la mano de Lucas mientras intento mantener los ojos abiertos y sonreír.

–  Estás preciosa, cariño. – Me susurra al oído mientras me rodea la cintura con su brazo para después besarme en la sien, un gesto protector.

Los periodistas y los fotógrafos nos asaltan, impidiendo que podamos llegar al porche donde nos esperan Leonor y Fabio, que también están pendiente de nosotros. No nos queda otro remedio que parar y, cómo me ha dicho Lucas, posamos, sonreímos y entramos pero, justo cuando estamos a punto de llegar junto a Fabio y Leonor, un periodista se nos interpone en nuestro camino:

–  Señor Mancini, ¿podría decirnos cuál es su relación con la señorita Milano?

Lucas le dedica una amplia sonrisa al periodista y acto seguido me besa en los labios, pero con una pasión menor a la acostumbrada, para después responder al periodista:

–  Obviamente, la señorita Milano es mi pareja.

Dicho esto, Lucas me guía hasta que por fin llegamos al porche, donde somos recibidos por sus padres.

–  ¡Mel, estás preciosa! – Exclama Leonor abrazándome efusivamente. – No sabes cuánto me alegro de que hayas conseguido arrastrar a Lucas aquí esta noche.

–  Encantado de volver a verte, Mel. – Me dice Fabio sonriendo y saludándome con un par de besos en la mejilla. Se vuelve hacia su hijo y le dice bromeando: – Lucas, enséñale la casa a Mel mientras llegan el resto de invitados, así podéis evitar durante un rato el interrogatorio al que vais a ser sometidos esta noche, sobre todo después de ese beso.

Me ruborizo más de lo que ya estaba y Lucas me abraza desde mi espalda, dándome fuerzas y mostrándome a un Lucas cariñoso y romántico que pocas veces se deja ver.

Iceman se ha tomado la noche libre.

Entramos en la enorme casa y Lucas me lleva directamente hacia a las escaleras. Subimos hasta la segunda planta en silencio y, tras cruzar un pasillo, entramos en una habitación y Lucas cierra la puerta. Echo un rápido vistazo a los posters que hay colgados en las paredes pintadas de azul, todos de coches y motos. La cama king size con la colcha azul y blanca a juego con las cortinas. Colgado de la pared sobre el escritorio hay un corcho lleno de fotos. Observo las fotos con atención y rápidamente reconozco al niño y al adolescente que aparece continuamente en ellas, a veces solo, a veces rodeado por amigos y amigas.

–  ¿Esta es tu habitación? – Le pregunto volviéndome hacia Lucas.

–  Sí, mis padres la conservan tal y cómo la dejé antes de mudarme al campus de la universidad. – Me responde sonriendo. Señala una fotografía y añade: – Aquí estoy con Giovanni el día de nuestra graduación, también están mis padres, Mía y Álex.

–  ¿Este de aquí, eres tú? – Le pregunto señalando una fotografía en la que aparece un niño de unos cinco años pescando en el lago.

–  Sí, cuándo éramos pequeños mis padres siempre nos llevaban en verano a pasar unos días a su cabaña del lago, por eso yo también me compré una. – Me da un beso en los labios y añade: – Quién sabe, quizás algún día podamos llevar a nuestros hijos allí.

–  ¿Hijos? – Le pregunto escandalizada. – No tengo ninguna intención de pensar en tener hijos hasta los treinta, cómo mínimo.

–  Tampoco es algo que aparezca en mis planes de futuro próximo, así que cuando cumplas los treinta volveremos a hablar del tema. – Me responde divertido.

–  Deberíamos volver a la fiesta, la gente se estará preguntando dónde nos hemos metido. – Le recuerdo.

–  Volvamos, pero otro día te traeré a esta habitación y te haré gemir de placer. – Me susurra al oído.

–  No creo que importe que tardemos unos minutos más. – Le contesto excitada.

–  No, preciosa. – Susurra con la voz ronca. – Necesitaré horas para todo lo que quiero hacerte, la fiesta se terminaría antes de que acabemos.

–  Mm. ¿Por qué me haces esto? – Protesto. – ¿Me pones el caramelo en los labios para después arrebatármelo sin haberlo probado?

–  Cariño, eso es exactamente lo que estás haciéndome tú constantemente al llevar ese vestido puesto.

Nos besamos apasionadamente, pero sin dejar que el beso nos arrastre a la lujuria, y decidimos bajar al jardín trasero dónde todos los invitados están concentrados.

Una vez en el jardín, uno a uno los invitados se acercan a saludar a Lucas quién, con educación y mucha paciencia, me los va presentando. Ahora recuerdo por qué no me gustan nada estas fiestas, tienes que saludar y sonreír a todo el mundo. Sin embargo, el rostro de Lucas vuelve a mostrarse implacable, se ha puesto la máscara de Iceman.

Y de repente tú 16.

Y de repente tú

Martes, 28 de agosto de 2012.

Hoy he tenido la primera entrevista de trabajo para la Galería de Arte Nacional de Lagos, la mejor galería de la ciudad. Ha sido el mismo propietario de la galería quien me ha entrevistado, alegando que le gustaba conocer a todos los empleados que iban a trabajar para él. Es un hombre joven, de unos treinta y cinco o cuarenta años como mucho. Vestido con un traje de color gris perla de Armani y una corbata del mismo color que resaltaba levemente con el blanco impoluto de su camisa. Sus facciones afiladas le dan un aspecto de tipo duro que le hacen muy atractivo y sus ojos de color verde jade ligeramente rasgados le dan un aire exótico, típico del sur del país. El señor Uriarte, o Álvaro, cómo me ha pedido que le llame, ha sido muy amable conmigo, me ha enseñado la galería y me ha realizado algunas preguntas sobre los cuadros y esculturas que tienen en exposición y ha quedado bastante satisfecho con las respuestas.

–  Sinceramente, eres la candidata mejor preparada a la que he entrevistado. – Me ha dicho al finalizar la entrevista. – Te has licenciado en historia del arte con una media de 9,6 y además cuentas con mucha experiencia al haber crecido en una galería. No sólo sabes de arte, si no de financiación, subastas, administración, organización de exposiciones y demás eventos benéficos, que es todo lo que necesitamos. Eres la persona que buscamos para nuestra galería. – Ha colocado una hoja en la mesa y la ha deslizado hasta quedar ante mis ojos. – Este sería tu salario anual en bruto, tendrías el mes de agosto de vacaciones y diez días en Navidad. Las horas extras se pagan el doble que una hora normal y tu jornada laboral sería de 40 horas semanales repartidas de lunes a viernes, exceptuando las exposiciones y eventos que se realicen en fin de semana y festivos, por los cuales se te pagaría el triple que una hora normal. Si firmas ahora, empezarás a trabajar el lunes, ¿qué me dices, Mel?

–  Que acepto, sin duda alguna. – Le he respondido feliz.

Así que ya tengo trabajo y en la Galería de Arte Nacional de Lagos. Lo primero que he hecho nada más salir de la galería ha sido llamar a Gina y darle la buena noticia. Gina tiene su entrevista de trabajo mañana, tiene más la semana que viene, pero la que le interesa es la de mañana. Después he llamado a mis padres, que también se han alegrado, aunque mi madre no ha cesado de recordarme que también podría haberme quedado en Villasol y no haberme ido tan lejos, cosa que me recuerda cada vez que hablo con ella. Con mi padre es distinto, él me comprende y entiende mi necesidad de hacerme a mí misma, tal y cómo hizo él en su día. También aprovecha para decirme que tienen previsto venir a Lagos el fin de semana del 15 de septiembre, ya tienen reservados el vuelo y el hotel.

Nada más entrar en casa, suena mi teléfono móvil, es Lucas.

–  ¿Sí? – Contesto nada más descolgar.

–  ¿Qué tal ha ido la entrevista? ¿Has salido ya?

–  Acabo de llegar a casa ahora mismo. – Le respondo sentándome en el sofá. – Estás hablando con la nueva subdirectora de la Galería de Arte Nacional de Lagos.

–  ¡Esa es mi chica! – Grita contento al otro lado del teléfono. – ¿Puedo invitarte a cenar esta noche para celebrarlo?

–  Suena muy tentador, pero ya le he prometido a Gina que cenaríamos en casa para celebrarlo. – Le respondo haciéndole sufrir un poco. – De hecho, estaba a punto de llamarte para invitarte, en este momento Gina debe de estar haciendo lo mismo con Giovanni.

–  Hubiese preferido celebrarlo a solas, estoy empezando a cansarme de tener que ocultarnos. – Me reprocha molesto. – ¿Qué pasa si tengo ganas de besarte?

–  Gina y Giovanni no son tontos, saben que algo hay entre nosotros aunque nos neguemos a hablar del tema, así que no va a pasar nada si me besas delante de ellos. – Le respondo. – ¿Contento?

–  No del todo, pero por el momento me conformo. – Me contesta resignado. – Llegaré a tu casa sobre las ocho, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, aquí estaré.

–  ¿Me estás invitando a ir antes?

–  No lo estaba haciendo, pero reconozco que no me importaría en absoluto. – Le contesto maliciosamente. – Sabes que puedes venir cuando quieras.

–  Grrr. – ¿Acaba de gruñir? – No me tientes, preciosa. Soy capaz de ir ahora mismo.

–  Está bien, sólo porque sé que tienes mucho trabajo y sé que Giovanni me lo echaría en cara y me pediría algo a cambio, ya sabes, favor con favor se paga. – Le digo resignada.

–  Creo que estaré allí a las siete. – Sentencia Lucas finalmente y añade antes de colgar: – Ahora tengo que colgar, preciosa. Voy a tener que ponerme las pilas para llegar antes.

Mi relación con Lucas sigue en el mismo punto donde la dejamos. Durante estos días, hemos estado hablando por teléfono, mandándonos e-mails y viéndonos en público junto a Gina y Giovanni. También hemos salido a comer, a cenar y a tomar un par de copas a solas, pero Lucas siempre se encontraba con algún conocido que hacía más preguntas de las que podíamos contestar y terminábamos yendo a su casa para tener más intimidad. Nos compenetramos bastante bien, dentro y fuera de la cama, y debo reconocer que me siento muy cómoda con él. Me gusta y deseo estar con él, pero tengo miedo de que no salga bien, él no es de los que tienen relaciones estables, no es de los que se enamoran y yo cada día estoy más loca por él. Esto solo puede acabar de una manera: mal para mí. Pero, aun así, estoy dispuesta a afrontar ese riesgo y sentir lo que solo Lucas me hace sentir, a pesar de que nuestra relación tenga fecha de caducidad.

A las siete en punto de la tarde, Lucas llega a casa con Giovanni. Gina abre la puerta y les hace pasar al salón, donde les sirve una copa de vino mientras yo termino de programar el horno.

Cuando salgo al salón, Giovanni y Lucas me felicitan por mi nuevo trabajo, primero lo hace Giovanni con un fuerte abrazo acompañado de vueltas en el aire, como acostumbra a hacer y después lo hace Lucas, quien decide acompañar su felicitación con un beso en los labios excesivamente largo y apasionado para no estar solos, cosa que en ese instante no me preocupa lo más mínimo.

–  Felicidades, preciosa. – Me dice en cuanto nuestras bocas se separan. Me dedica una pícara sonrisa y me susurra al oído: – No te olvides de respirar, nena.

¿Por qué reacciono siempre así cuando me besa? Solo de pensar en lo que conlleva una de sus frases o uno de sus besos hace que me quede sin respiración. En lugar de preocuparle, a Lucas parece divertirle susurrarme algo al oído y devolverme a la realidad para que continúe respirando.

–  No voy a decir que me sorprende pero, ¿cómo se supone que debemos reaccionar a semejante beso de película? Os recuerdo que yo estoy a dos velas desde hace más tiempo que cualquier ser humano pueda soportar y eso ha sido un poco grosero por vuestra parte. – Bromea Gina.

–  Mel insiste en no ponerle nombre a nuestra relación e insiste en que la presente como a una amiga, aunque es evidente que ese término no es exacto del todo. – Le aclara Lucas a Gina.

–  Decir que somos amigos suena mejor que decir que nos acostamos juntos, ¿no crees? – Le replico sin importarme lo más mínimo dar más detalles de lo necesario, al fin y al cabo son mis mejores amigos los que están escuchando.

–  ¿Así es como lo describes tú? – Me pregunta Lucas con su mirada de Iceman. – ¿Sólo se trata de sexo para ti?

–  Vale, basta. – Nos interrumpe Giovanni. – Me alegro de descubrir la confianza que existe entre nosotros como para hablar de sexo tan abiertamente, pero cuando es Mel la que habla de sexo no me gusta. Mel es para mí lo que es Mía para ti, así que, en lo que a mí respecta, Mel es virgen.

Acto seguido, Giovanni se tapa los oídos con las manos, Gina suelta una carcajada y yo pongo los ojos en blanco mientras Lucas nos fulmina con la mirada. Esta noche, Iceman no se va a ir.

–  Chicos, ¿podéis dejarme a solas con Iceman unos minutos? – Les pido a Giovanni y a Gina, empezando a enfadarme con Lucas.

–  ¿Iceman? – Repite Lucas furioso. – ¿Me llamas Iceman?

–  Sí, pero solo cuando te pones así. – Le respondo mientras Gina y Giovanni salen huyendo en dirección a la cocina.

–  Así, ¿cómo? – Me espeta furioso.

–  Justo como estás ahora, enfadado, frío e impasible, como si no fueras humano, como si fueras el hombre de hielo. – Le replico intentando calmarme al mismo tiempo. Me siento en su regazo para que se relaje y le rodeo el cuello con los brazos. – ¿De verdad quieres seguir enfadado o prefieres que disfrutemos de una agradable cena?

–  Está bien, pero tarde o temprano tendremos que tener esta conversación. – Me contesta con seriedad.

–  Cómo usted ordene, señor Mancini. – Le susurro al oído con picardía.

–  Deja de provocarme o no respondo de mis actos.

–  Quédate a dormir esta noche. – Le propongo.

–  ¿En calidad de amigo o de amante? – Me pregunta burlonamente.

–  En calidad de ambas cosas, si lo deseas. – Le contesto tras besarle en los labios.

Justo en ese momento, llaman al timbre de la puerta y me levanto a abrir. Es un mensajero que trae un ramo de lirios blancos con una tarjeta dirigida a mí. Firmo el recibo del mensajero y entro en casa con el ramo de lirios en una mano y la tarjeta en la otra. Gina y Giovanni, que han salido de la cocina al escuchar el timbre de la puerta, me miran impacientes, esperando que les dé el nombre del emisor de las flores, pero como aún no tengo la respuesta, me limito a encogerme de hombros. Gina saca un jarrón de uno de los armarios del salón y lo llena de agua para después quitarme los lirios de las manos y ponerlos en agua. Giovanni logra contener la tentación de preguntar de quién son las flores mientras que Lucas me escruta con la mirada. Abro la tarjeta y leo una nota de Gonzalo:

“Felicidades por el trabajo, señorita subdirectora de la Galería de Arte Nacional de Lagos. Te debo un regalo de cumpleaños que me encargaré de darte personalmente en cuanto pueda escaparme a Lagos. Cuídate, princesa. Llámame siempre que lo necesites, sabes que me tienes a tu disposición. T.A. Gonzalo.”

Tras leer la tarjeta, la cierro y la dejo sobre uno de los muebles del salón, lejos del alcance de Lucas, Giovanni y Gina. Finalmente, es Gina quién decide hablar:

–  No hace falta que lea la tarjeta para saber de quién es y qué hay escrito en ella. ¿Cómo se ha podido enterar tan rápido de que ya tienes trabajo?

–  Trabaja para el SS, ¿recuerdas? – Se mofa Giovanni.

–  Y, ¿siempre está tan pendiente de ti? – Me pregunta Lucas, con su voz de Iceman.

–  Huy, Iceman está celoso. – Se mofa Giovanni.

–  Dejadle, que me lo enfadáis más. – Salgo en defensa de Lucas. Me siento de nuevo en su regazo y le susurro al oído: – ¿Te he dicho alguna vez que estás muy sexy cuando te pones en plan Iceman?

–  Esta noche te voy a hacer pagar por todo lo que me estás haciendo. – Me susurra al oído con voz ronca y sexy.

–  Me muero de ganas porque lo hagas. – Le susurro pícaramente.

Esa noche, después de cenar, Lucas y yo nos vamos a mi habitación, dejando a Gina y a Giovanni a solas en el salón.

Cita 11.

“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, si no por las que se sientan a ver lo que pasa.”

Albert Einstein.

Y de repente tú 15.

Y de repente tú

Sábado, 18 de agosto de 2012.

Regresamos a Lagos por la tarde, Lucas y Giovanni nos dejaron a Gina y a mí en nuestro apartamento y se fueron a su casa para ducharse y vestirse, pues tenían que volver a por nosotras para ir a casa de los padres de Lucas. Gina y yo estamos de nuevo en nuestro apartamento, nuestro hogar. Después de tantos días y, pese al poco tiempo que llevamos aquí, he echado de menos estar aquí, sentirme en casa.

Tras ducharnos y rebuscar en nuestros respectivos armarios, estamos vestidas para la ocasión y preparadas para salir. Gina se ha decidido por un vestido azul de tubo hasta las rodillas y unas sandalias romanas con tacón de aguja. Yo me he decidido por un vestido color vino recto, con escote en forma de corazón y zapatos negros de tacón de aguja con una pequeña plataforma.

–  Estáis preciosas. – Nos dice Giovanni cuando nos ve salir del edificio para dirigirnos – Hemos venido en dos coches, por si la cena se alarga y queréis volver antes. – Giovanni pasa por mi lado y me susurra: – O más tarde.

–  ¿Me estás pidiendo que te deje la casa libre para utilizarla con Gina? – Le susurro a Giovanni bromeando, sin que nadie más pueda oírme. – Me debes una o, mejor dicho, estamos empates y ya no te debo ninguna, ¿eh?

–  Eres mala. – Me dice Giovanni entre risas.

Lucas nos observa, ha escuchado lo último que me ha dicho Giovanni y su mirada se torna como el hielo, sus ojos se vuelven de un color gris niebla y su rostro se endurece. Me acerco a Lucas haciéndome la inocente y le digo con naturalidad:

–  Parece que te ha tocado llevarme, Giovanni ha hecho sus propios planes con Gina.

Me parece ver una tímida sonrisa en sus labios, más bien una pequeña mueca, pero no me dice nada, se limita a abrirme la puerta del acompañante de su BMW M6 para después ayudarme a entrar. A veces me saca de mis casillas con sus actos de caballerosidad, aunque reconozco que en el fondo me gustan.

Lucas conduce en silencio, prestando toda su atención en la carretera. Pasados unos diez minutos, llegamos a la casa de los padres de Lucas, o debería decir a la mansión Mancini. Se trata de una casa enorme de tres plantas, casa de invitados, garaje con seis plazas para coches y dos para motos, jardín delantero y una piscina que podría ser olímpica. Y eso es solo lo que he podido ver nada más entrar y desde el coche.

–  Lucas, no creo que yo…

–  Tranquila, a mi hermana y a mi madre les has encantado, mi padre es amable con todo el mundo por naturaleza y de mi hermano ya me ocupo yo. – Me interrumpe.

–  ¿Qué quieres decir con eso de que tú te encargas de mi hermano? – Le pregunto preocupada.

–  Relájate, no tienes de qué preocuparte. – Me dice cogiéndome de la mano y arrastrándome junto a él, envolviéndome en su abrazo, haciendo que nuestros cuerpos se peguen el uno contra el otro. – Mi hermano y yo tenemos nuestro propio juego y nos gusta hacer sufrir un poco al otro. Es la primera vez que llevo a una chica a casa, así que puedes contar con sus comentarios al respecto.

–  ¿Por qué no has traído a ninguna chica antes? – Le pregunto curiosa. – Estoy segura de que no te faltarán pretendientas.

–  No tengo relaciones estables, por eso las chicas con las que salgo nunca van a mi casa, a casa de mis padres o cualquier otro lugar público o privado donde me las pueda encontrar. – Me contesta deshaciendo su abrazo y dejando que Iceman salga a la luz en su totalidad, el hombre de hielo ha vuelto para quedarse.

No digo nada más, no me atrevo. Decido quedarme callada y caminar hacia a la puerta del garaje, pero Lucas me coge de la mano y tira de mí hasta dejarme frente a él. Me observa silenciosamente y después me besa en los labios. Suspira lentamente y me dice con su tono de voz segura y protectora:

–  Si no quieres estar aquí, aún estamos a tiempo de salir corriendo.

–  No me molesta estar aquí, pero no entiendo el por qué. – Le confieso.

–  Porque mi madre te ha invitado y tú has aceptado, lo cual te recuerdo que sigue teniendo solución.

–  Tu familia cree que soy tu novia, Lucas. – Le replico. – Y eso no me hace sentir muy cómoda, por no mencionar que está confiando en mí y abriéndome las puertas de su casa mientras yo me dedico a mentir.

–  No te preocupes, ya he hablado con ellos y les he dicho que somos buenos amigos, que nos estamos conociendo. Ninguno de ellos se atreverá a decir nada que no quieras escuchar, por su propio bien.

–  ¿Les has insinuado que somos amigos con derecho a roce? – Le pregunto escandalizada. – ¡Qué vergüenza, ahora sí quiero irme! No voy a poder mirarles ni a la cara.

–  Eh, tranquila, no les he dicho nada de eso. – Me dice burlonamente. – Les he dicho que eres una amiga especial a la que tengo intención de demostrar que puede confiar en mí y qué mejor manera de demostrarlo que traerte aquí, con mi familia.

–  No tienes por qué hacer esto si no quieres, confío en ti y no tienes que demostrarme nada.

–  Quiero hacer las cosas bien contigo, Mel. – Me susurra al oído. – No quiero tener que esconderme para poder besarte, no quiero ocultar que estamos juntos, y menos cuando es evidente que todo el mundo lo cree.

–  Eso es ir un poco deprisa, ¿no crees? – Contesto algo confusa.

–  Puede ser, pero estoy dispuesto a ir despacio si es lo que quieres.

–  Apenas nos conocemos y yo no sé si quiero una relación estable en este momento…

–  Solo te pido que te dejes llevar, que nos des una oportunidad. – Me interrumpe. – Esta noche somos dos amigos que cenan en familia y podemos seguir siéndolo hasta que lo tengas claro, solo te pido que no me des una negativa ahora, piénsalo.

–  No quiero correr hacia un precipicio, por ahora prefiero que las cosas se queden como están. – Le confieso con un hilo de voz. – Al menos hasta que nos conozcamos mejor y sepamos lo que queremos.

–  Yo sé muy bien lo que quiero, Mel. – Me susurra al oído con su voz ronca y sensual. – No quiero que tengas la menor duda al respecto. – Añade antes de volver a besarme en los labios.

–  Vaya, vaya, ¿eso es lo que lleváis haciendo desde que habéis llegado? – Nos interrumpe una voz masculina desde la puerta del garaje.

Lucas me agarra de la cintura con fuerza, suspira profundamente y me susurra al oído:

–  Tranquila, es mi hermano Álex.

–  Hermanito, ¿no me vas a presentar a tu amiga? – Pregunta Álex divertido. – Debo decir que es todo un honor conocer a una chica que sea capaz de aguantar a mi hermano. – Dice dirigiéndose a mí. – Pero tranquila, el resto de la familia somos bastante normales. Por cierto, soy Álex.

–  Encantada de conocerte, Álex. – Le respondo sonriendo.

–  Álex, ella es Mel. – Dice Lucas con su gélida voz.

Iceman ha vuelto. Álex pone los ojos en blanco y posteriormente me sonríe y me da dos besos en las mejillas. Pone su brazo derecho en jarras para que me sujete a él y obedezco alegremente, mientras Lucas nos observa ladeando la cabeza de un lado a otro con gesto de desaprobación.

Entramos en la enorme casa desde una puerta del garaje que da a un pasillo que a su vez da a otro pasillo que llega hasta el hall, donde nos reciben Mía, Leonor y un hombre de unos cincuenta y pocos años que debe ser Fabio, el padre de Lucas. Los tres nos sonríen al vernos llegar y esperan pacientemente a que lleguemos junto a ellos para saludarnos:

–  Mel, Lucas, qué bien que hayáis venido. – Nos dice Leonor abrazando primero a Lucas para acto seguido hacer lo mismo conmigo. – ¿Te felicitó Lucas de nuestra parte?

–  Sí, muchas gracias, Leonor. – Respondo.

–  Me alegra volver a verte, Mel. – Me dice Mía abrazándome. ¿Esta familia se saluda con abrazos o solo es cosa de las mujeres? – Creía que mi hermano sería capaz de inventar cualquier excusa para cancelar la cena.

–  Estamos encantados de tenerte aquí, Mel. – Me dice el padre de Lucas saludándome con un par de besos en la mejilla.

–  Gracias, señor Mancini.

–  Por favor, llámame Fabio. – Me responde sonriendo. – Pasemos al salón con Giovanni y Gina mientras se termina de hacer la cena.

En el salón, me siento en un sofá de dos plazas junto a Lucas, al lado del sofá en el que Giovanni y Gina están sentados. Leonor y Fabio se sientan en el sofá de en frente y Mía y Álex se sientan en el sofá de nuestro otro lado.

La conversación al principio resulta bastante banal, hablamos del tiempo, seguido del currículo académico de Gina y del mío, para después hablar de Villasol, de nuestra familia, de la clínica de los padres de Gina y de la galería de arte de mis padres.

–  He estado en la galería Milano y, sin duda alguna, es una de las mejores del país. – Comenta Fabio bastante interesado en el tema. – De hecho, allí compre los dos cuadros de Boticcelli que le regalé a Leonor por nuestro décimo aniversario.

–  No lo entiendo, ¿tus padres son propietarios de una galería de arte mundialmente conocida, una de las mejores del país, y vienes a Lagos para trabajar en una galería de otra persona? – Me pregunta Mía escandalizada. – No me malinterpretes, me alegro de que estés aquí, pero teniendo en cuenta la cantidad de buenos contactos que deben tener tus padres, no tienes por qué empezar desde cero.

–  Nuestros padres empezaron de cero y hoy en día son quienes son por su propio mérito. – Le respondo tímidamente. – Estudié historia del arte porque me encanta el arte y pretendo adquirir experiencia antes de crear mi propia galería. Por supuesto, tengo que reconocer que criarme en una galería de arte tiene sus ventajas.

–  Te honra tu humildad. – Me dice Leonor. – La mayoría de los hijos de padres ricos se conforman con ejercer un cargo en la empresa familiar, sin tener en cuenta otras posibilidades de futuro.

La cena discurre de igual manera. La conversación fluye de tema en tema, pero jamás se menciona mi relación con Lucas, es como un tema tabú. Leonor vuelve a preguntarnos si seguimos pensando en asistir a su fiesta del fin del verano, parece que no está muy segura de que su hijo mayor por fin asista a una de sus fiestas. Lucas le responde que sí, siempre y cuando yo siga estando dispuesta a acompañarle y yo asiento afirmando que asistiremos.

Después de cenar, tomar el postre y el café, Fabio nos hace salir al jardín, donde nos tomamos un par de copas todos juntos. Álex es un tipo muy divertido, aunque sus bromas se centran en tomarle el pelo a Lucas y Lucas hace lo mismo con él. Es como ver a dos hermanos discutir pero con elegancia, aunque en el fondo sólo es un paripé que tienen montado y se llevan bastante bien, a su manera.

A las doce y media de la noche, decidimos regresar a casa. A pesar de que mañana es domingo, Lucas y Giovanni tienen que pasar el día en la oficina para ponerse al día con el trabajo que han dejado retraso estos días por venir con nosotras al lago.