Archivo | febrero 2016

No me llames gatita.

No me llames gatita

Catherine Queen es una abogada a la que le encanta su trabajo. Una noche al llegar a casa, es asaltada por dos hombres enmascarados a los que consigue reducir, pero cuando una patrulla de policía acude en su ayuda y ella les deja entrar en casa, descubre que esos dos tipos no son agentes y que tampoco están allí para ayudarla.

Consigue escapar y decide ir a casa de su amigo Elliot, la única persona en la que confía y a la que puede recurrir. Cuando llega al apartamento de Elliot, intuye que algo no va bien. Se encuentra con el Capitán John Stuart, el superior de Elliot. John se hace con la investigación del caso Parker, el caso en el que trabaja Cat.

El Capitán Stuart ordena mantener a Cat en una casa franco y decide formar parte del equipo de seguridad para encargarse personalmente de la seguridad de Cat. Entre ellos la tensión es más que palpable, ambos tienen mucho carácter y la convivencia en la casa franco es de lo más tensa.

Allí, todos los sentimientos se magnifican. Cat tendrá que descubrir qué siente por John y si él siente lo mismo o si, simplemente, trata de pasar un buen rato mientras cumple con sus obligaciones laborales de protección.

Si quieres leer más sobre esta historia, aquí tienes todos los capítulos:

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

Mi corazón en tus manos.

Mi corazón en tus manos

Mía Swan está encaminando su vida. Tras romper la relación con su novio, se mudó al barrio de sus padres, el mismo barrio en el que había nacido y crecido, dónde tenía a sus amigos. Decidida a olvidarse de su ex, se centra en su trabajo en la revista. Su jefa la deja al frente de un nuevo proyecto de entrevistas a empresarios jóvenes y emprendedores.

El primer empresario al que tiene que entrevistar es Juan Cortés, el soltero de oro de la ciudad, aunque Mía jamás había oído hablar de él. El hecho de que Juan Cortés la haya hecho esperar más de una hora para recibirla, no hace que empiecen con buen pie, pero él intenta hacer todo lo posible para que Mía cambie su opinión sobre él.

Pero todo se complica cuando son embestidos por un par de vehículos en la carretera y sufren un accidente de tráfico. Juan se empeñará en proteger a Mía y no permitirá que nadie se lo impida, ni siquiera el padre de ella. La falta de comunicación entre ellos y la presión a la que ambos estarán sometidos, creará malos entendidos mientras alguien les acecha esperando el momento oportuno para matarles.

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CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

CAPÍTULO 19

CAPÍTULO 20

CAPÍTULO 21

CAPÍTULO 22

CAPÍTULO 23

CAPÍTULO 24

Dulce tentación.

Dulce tentación

Norah está preocupada por el futuro de la empresa y, en consecuencia, por su trabajo. Un hombre misterioso ha comprado gran parte de las acciones de la empresa y se ha convertido en el accionista mayoritario.

Lo que no se imagina Norah es que, cuando lo conozca, se sentirá tan atraída por él que incluso terminará dejando que la ayude con sus problemas familiares.

A pesar de que Norah siempre se ha mostrado estricta con su norma de no mezclar el placer con el trabajo, la tentación que ambos sentirán será tan fuerte que ¿serán capaces de resistirse a ella?

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CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

Bajo la luz de la luna.

Bajo la luz de la luna

Lady Elisabeth Muller rompe su compromiso con Lord Mike Hudson dos meses antes de la boda y decide huir de Londres. No quiere ver ni hablar con nadie y, teniendo en cuenta el escándalo mediático que se formaría en la ciudad, decidió subirse a un avión y viajar a Barcelona.

Sus abuelos maternos eran españoles, pero ella no había regresado a España desde que fallecieron diez años atrás. Allí nadie la conocía y ella necesitaba tiempo para aclarar sus ideas, así que no se lo pensó dos veces y se marchó.

Tras instalarse en la casa de la playa, herencia de sus abuelos maternos, conoce a Fernando y Olivia, que no tardan en presentarle al resto de su grupo de amigos. Entre ellos se encuentra Alan, un chico que le mira con intensidad y hace que todo su cuerpo se estremezca y excite. Con ellos dejará de ser Lady Elisabeth para convertirse simplemente en Eli. Pero el pasado no se puede ocultar y una foto de Eli y Alan en actitud cariñosa es filtrada a los medios de comunicación, saliendo a la luz el escándalo de su boda con el Lord y complicando su relación con Alan.

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CAPÍTULO 19

No me llames gatita 11.

No me llames gatita

El sábado por la noche, tres días después de nuestra llegada a Westcoast, Berta y yo decidimos salir a tomar un par de copas.

He tenido el móvil apagado desde que llegué a Westcoast y decido encenderlo para echarle un rápido vistazo mientras Berta va a la barra del bar a pedir un par de copas al camarero. Veintitrés llamadas perdidas de Elliot, seis de John y nueve de Max Bomer, el fiscal del caso Parker. Varias llamadas perdidas de compañeros de los juzgados y alguna que otra desde algún número conocido. Veo los mensajes y solo hay uno que me interesa, un nuevo mensaje de John:

“Cat, necesito hablar contigo. Llámame cuando leas éste mensaje. Es importante.”

Reviso la fecha y hora de todas las llamadas y descubro que la mayoría de llamadas de Elliot y John son de hoy, de hace una hora más o menos para ser más exactos. Decido apagar el móvil y no decirle nada a Berta, probablemente me obligaría a llamar a John y a Elliot y no me apetece en absoluto.

Un tipo se acerca a la mesa donde estoy sentada y me dice con una sonrisa impecable:

–  No puedo creer que una señorita tan encantadora como usted esté sola en un sitio como este.

–  Gracias, pero no estoy sola. – Le respondo con una educada sonrisa.

El tipo asiente entendiendo lo que quiero decir y se marcha por donde ha venido. Lo último que me falta esta noche es aguantar las insinuaciones de completos extraños.

–  No me lo puedo creer, ese bombón se te ha acercado y tú le has despachado sin siquiera mirarle y, por si no te has dado cuenta, está como un tren. – Me dice Berta sentándose a mi lado mientras deja las copas sobre la mesa. – ¿No estás de humor para ligar? Y te lo pregunto porque estoy viendo en este momento como Elliot y un tío que está con él vienen hacia aquí con cara de pocos amigos.

–  ¿Se puede saber por qué cojones no has cogido el puñetero teléfono? – Me espeta John agarrándome del brazo con fuerza.

–  Déjame, ¿se puede saber qué te pasa? – Le espeto deshaciéndome de su agarre.

–  Parker se ha escapado. – Musita John furioso. Me agarra de nuevo del brazo y les dice a Elliot y Berta antes de sacarme a rastras del local: – Vámonos de aquí, este no es un lugar seguro.

Salimos a la calle y veo un despliegue de agentes de las fuerzas de seguridad custodiando la zona. ¿Tan grave es la situación? Pero prefiero no preguntar, no es un buen momento.

–  Yo iré con Cat en su coche, tú ve con la señorita Fox en el tuyo. – Le dice John a Elliot. Se vuelve hacia nosotras y añade: – Los agentes nos escoltarán hasta llegar a casa de los Queen y los Burns, donde por el momento permaneceremos hasta que capturen a Parker.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? – Le pregunto a John de sopetón.

–  Mi trabajo. – Me contesta furioso.

–  Claro, cómo no. – Murmuro entre dientes al mismo tiempo que camino los escasos cinco metros que hay hasta llegar a mi coche y me subo en el asiento del conductor.

John abre la boca para decir algo, pero finalmente decide cerrarla y subirse en el asiento del copiloto, eso sí, con su cara de pocos amigos.

Conduzco en silencio durante los escasos cinco minutos que tardamos en llegar a casa de mi padres, que ya está plagada de agentes de las fuerzas de seguridad. Aparco en la cochera y mis padres salen a recibirnos con una sonrisa en los labios.

–  ¿Os alegra que Parker se haya escapado? – Les pregunto molesta por saber cuál es el verdadero motivo de que ambos sonrían.

–  Catherine. – Me regaña mi padre. Acto seguido, se vuelve hacia a John y, sin borrar su sonrisa del rostro, le dice: – John, me alegro de tenerte por aquí, pero hubiera preferido que hubieras venido por placer y no por trabajo. – Le estrecha la mano con firmeza y añade abrazando a mi madre: – Ésta es Amelia, mi preciosa esposa y la madre de Cat.

–  Encantado de conocerla, señora Queen. – La saluda John estrechándole la mano con menos fuerza.

–  Lo mismo digo John y llámame Amelia, por favor.

No sé si reírme o llorar. Mis padres están encantados con John y ni siquiera le conocen. Esto es lo más surrealista que me ha pasado en la vida, no tiene ni pies ni cabeza, pero estoy demasiado nerviosa, enfadada y abatida que ni siquiera quiero protestar. ¿Qué más da? Igualmente no servirá de nada. En lugar de enfadarme más de lo que estoy, decido ir a la cocina y servirme una copa, quizás si me bebo un par incluso logre olvidar un rato lo que está pasando.

–  Cat, ¿por qué no le ofreces a John una copa o algo de beber? – Me sugiere mi madre al ver que me dirijo a la cocina. Se vuelve hacia John y le dice: – John, acompáñala y siéntete como en tu propia casa.

–  Gracias, Amelia. – Le responde John con una encantadora sonrisa.

John me sigue hasta la cocina en silencio y, cuando abro la nevera, le pregunto con indiferencia:

–  ¿Qué quieres beber?

–  Nada. – Me responde con la voz de hielo. Le miro a los ojos y entre nosotros la tensión aumenta, y no solamente la sexual. – ¿Vas a contarme qué cojones te pasa?

–  Nada. – Le respondo con la misa frialdad.

Me sirvo mi copa y me bebo la mitad de un solo trago bajo la atenta mirada de John, que ha pasado de mirarme con frialdad a mirarme con frialdad y reproche. Por suerte, Elliot y Berta entran en la cocina, seguidos de mis padres y los padres de Elliot. Tras hacer las presentaciones oportunas, John toma las riendas de la situación y empieza a hablar muy profesionalmente. Faltaría más, ya me ha dejado muy claro que está aquí por trabajo.

–  Cómo ya todos sabéis, Alan Parker estaba en prisión preventiva y se ha fugado. Creemos que estará tratando de salir del país pero es posible que, mientras lo consigue, dé órdenes a sus sicarios para que terminen de hacer el trabajo para el que les contrató. – Dice John sin mirarme ni una sola vez.

–  ¿Qué tratas de decirnos? – Le pregunta mi madre preocupada. – ¿Crees que van a venir a por Cat?

–  Es una posibilidad. – Le contesta John contrayendo el gesto. – Pero también pueden tratar de llegar hasta a ella utilizándoos a vosotros, por eso estamos aquí. Si todos permanecéis en una sola casa no tendremos que dividir a nuestros agentes y, por lo tanto, tendremos el doble de seguridad. – Se vuelve hacia mis padres y los de Elliot y añade: – Elliot me ha dicho que son prácticamente cómo de la misma familia, ¿habría algún inconveniente en que se instalaran juntos?

–  Ninguno. – Contestan los cuatro a la vez con una sonrisa en los labios.

–  Perfecto entonces. – Sentencia John.

–  Y vosotras dos os trasladáis a la casa principal. – Nos advierte Elliot. Me desafía con la mirada y finalmente dice: – Ya hablaremos tú y yo más tarde.

–  ¿Vas a aprovechar que tienes delante a un juez para juzgarme? – Le replico molesta.

–  Soy policía, no necesito a un juez para juzgarte. – Me responde Elliot.

–  Catherine, ¿qué te ocurre? – Me pregunta mi padre alertado por mi malhumor.

–  No le ocurre nada, es así. – Musita John lo suficientemente bajo para que tan solo Elliot y yo lo oigamos.

–  Vete a la mierda. – Le digo a John alto y claro para que todos lo oigan.

–  ¡Catherine! – Me regañan mis padres al unísono.

–  Genial, si Parker no aparece pronto, yo misma acabaré con mi vida. – Les respondo con sarcasmo mientras me sirvo otra copa.

Todos me miran sorprendidos y preocupados, pero ninguno sabe qué decir. Preferiría estar en cualquier otra parte antes que estar aquí, con todos adorando a John y tachándome como a la mala de la película o, mejor dicho, la bruja mala de la película.

–  Cat está un poco nerviosa, deberíamos dejar de agobiarla. – Dice John echándome una mano.

–  Iremos a recoger nuestras cosas de la casa de invitados, así pensará en otra cosa. – Dice Berta dispuesta a sacarme de allí.

–  Buena idea, pero me llevo la botella. – Le respondo antes de dar media vuelta con la botella en una mano y la copa en la otra para dirigirme a la casa de invitados. Una vez atravesamos la puerta principal de la casa, le digo a Berta: – Gracias, no sabes cuánto necesitaba salir de allí.

–  De nada, para eso están las amigas. – Me contesta abrazándome. Entramos en la casa de invitados y continuamos hablando mientras recogemos nuestras cosas y hacemos el equipaje: – Pero vas a tener que empezar a controlar tu ira si no quieres que te encierren en un psiquiátrico. ¿Cómo se te ocurre mandar a la mierda a John delante de todos? Por cierto, no te ha quitado el ojo de encima en ningún momento y ha tratado de salvarte el culo cuando tú misma te has puesto la soga al cuello.

–  ¿Ahora tú también estás de su parte? – Le pregunto arqueando una ceja.

–  No, yo siempre estaré de tu parte, Cat. – Me contesta. – Pero John no tiene que estar al otro lado, él también está de tu parte, está aquí para salvarte la vida.

–  Está haciendo su trabajo, no lo hace por mí. – Le contesto.

–  Hazte un favor y, la próxima vez que le veas, observa cómo te mira. – Me sugiere Berta. – Después seguimos hablando y me cuentas si sigues pensando lo mismo.

–  Lo haré. – Le respondo sacando la lengua como una niña pequeña.